Cornelius a Lapide, S.J.
(Comentario sobre el Pentateuco de Moisés)
Argumentum
Los hebreos, como atestigua san Jerónimo en su Prólogo Galeado, cuentan tantos libros de la Sagrada Escritura —esto es, del Antiguo Testamento— cuantas letras tienen, a saber, veintidós, y los dividen en tres clases: a saber, Torah, esto es, la Ley; Nebiim, esto es, los Profetas; y Ketubim, esto es, los Hagiógrafos. La Torah o Ley comprende el Pentateuco, a saber, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, los cuales fueron así divididos y nombrados no por Moisés, como sostiene Filón, sino por los Setenta Traductores, ya que anteriormente era un solo libro de la Ley.
Cuentan un doble conjunto de Profetas, los Anteriores y los Posteriores: llaman Profetas Anteriores a Josué, Jueces, Rut y los cuatro libros de los Reyes; a los Profetas Posteriores los enumeran como Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores.
Los Hagiógrafos los enumeran como Job, los Salmos, Proverbios, Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, Daniel, los libros de las Crónicas, Esdras y Ester.
El Pentateuco, esto es, este quíntuple volumen de Moisés, es una crónica del mundo. Pues su propósito es tejer la historia y la cronología del mundo, y los hechos de los patriarcas desde la primera creación del mundo hasta la muerte de Moisés. Pues en el Génesis, Moisés traza desde el principio la creación del mundo y los hechos de Adán, Eva, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y otros hasta la muerte de José. En el Éxodo, la persecución de Faraón, y de ahí las diez plagas de Egipto, la salida de los hebreos de Egipto y su peregrinación por el desierto, donde en el Sinaí recibieron el Decálogo y las demás leyes de parte de Dios. En el Levítico se describen los ritos y sacrificios sagrados, los alimentos prohibidos, las fiestas y demás rituales, purificaciones y ceremonias, tanto del pueblo como de los sacerdotes y levitas. En los Números se cuentan el pueblo, los príncipes y los levitas, igualmente las cuarenta y dos estaciones de los hebreos, y sus hechos así como los hechos de Dios en el desierto; además, se relata la profecía de Balaam y la guerra de los hebreos contra los madianitas. El Deuteronomio, o segunda ley, repite e inculca a los hebreos las leyes previamente dadas por Dios a través de Moisés en el Éxodo, el Levítico y los Números.
Nótese primero. El autor del Pentateuco es Moisés: así lo enseñan todos los griegos y latinos, e incluso el propio Cristo, como consta por Juan 1:17 y 45; Juan 5:46, y en otros lugares.
Además, Moisés fue más antiguo y precedió con mucho en el tiempo a todos los sabios de Grecia y de los gentiles, a saber, Homero, Hesíodo, Tales, Pitágoras, Sócrates, y a aquellos aún más antiguos que estos —Orfeo, Lino, Museo, Hércules, Esculapio, Apolo— e incluso al mismo Hermes Trismegisto, que fue el más antiguo de todos. Pues este Hermes Trismegisto, dice san Agustín en el libro XVIII de La Ciudad de Dios, capítulo 39, fue nieto del Hermes mayor, cuyo abuelo materno Atlas, el astrónomo, contemporáneo de Prometeo, floreció en el tiempo en que vivía Moisés. Nótese aquí que Moisés simplemente escribió el Pentateuco a modo de diario o anales; sin embargo, Josué, o alguien semejante, dispuso estos mismos anales de Moisés en orden, los dividió y añadió e intercaló ciertos pasajes. Pues así al final del Deuteronomio, la muerte de Moisés —estando él, por supuesto, ya muerto— fue añadida y descrita por Josué o por algún otro. Asimismo, no fue Moisés sino otro, según parece, quien intercaló el elogio de la mansedumbre de Moisés en Números 12:3. Igualmente, en Génesis 14:15, la ciudad de Lais es llamada Dan, aunque fue llamada Dan mucho después del tiempo de Moisés; por lo tanto, el nombre Dan fue sustituido allí en lugar de Lais, no por Josué, sino por otro que vivió después. Igualmente en Números 21, los versículos 14, 15 y 27 fueron añadidos de manera similar por otro. Del mismo modo, la muerte de Josué fue añadida por otro, en Josué, el último capítulo, versículo 29. Del mismo modo, la profecía de Jeremías fue dispuesta y ordenada por Baruc, como mostraré en el prefacio a Jeremías. Así también los proverbios de Salomón no fueron reunidos y ordenados por él, sino por otros a partir de sus escritos, como consta por Proverbios 25:1.
Además, Moisés aprendió y recibió estas cosas en parte por tradición, en parte por revelación divina, y en parte por observación personal: pues las cosas que narra en el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio, él mismo estuvo presente para verlas y hacerlas.
Nótese segundo. Moisés escribió el Génesis mientras vivía como exiliado en Madián, Éxodo 2:15, dice Pererio, y esto para consuelo de los hebreos, que eran oprimidos por Faraón en Egipto. Pero Teodoreto, Beda y Tostado sostienen una opinión mejor (de la cual Eusebio no disiente, en el libro VII de la Preparación, capítulo 11, si se examinan cuidadosamente sus palabras): que tanto el Génesis como los cuatro libros siguientes fueron escritos por Moisés después de la salida de los hebreos de Egipto, cuando él mismo se ocupaba en el desierto como guía, sumo sacerdote, profeta, maestro y legislador del pueblo, y estaba formando e instruyendo una república e Iglesia de Dios a partir de la asamblea y Sinagoga de los judíos, para que reconociesen, amasen y adorasen a Dios Creador a partir de la creación y el gobierno de las cosas.
Cánones que portan una antorcha ante el Pentateuco
Canon 1. Puesto que Moisés escribe aquí una historia del mundo, es claro que su narración no es simbólica, ni alegórica, ni mística, sino histórica, simple y llana; y por lo tanto las cosas que narra sobre el paraíso, Adán, Eva y la creación de todas las cosas completada sucesivamente en el espacio de seis días, etc., deben tomarse histórica y propiamente, tal como suenan. Esto va contra Orígenes, quien pensaba que todas estas cosas debían exponerse alegórica y simbólicamente, y así destruyó la letra y el sentido literal. Pero todos los demás Padres transmiten nuestro canon, y la Iglesia, que aquí condena las alegorías de Orígenes. Véase san Basilio argumentando contra Orígenes aquí, Homilías 3 y 9 sobre el Hexamerón. San Jerónimo dice con verdad: «Orígenes hizo de su propio intelecto los misterios de la Iglesia.»
Canon 2. La filosofía y la ciencia natural deben adaptarse a la Sagrada Escritura y a la palabra de Dios, de quien deriva todo número, orden y medida de la naturaleza, dice san Agustín. Por lo tanto, a la inversa, la Sagrada Escritura no debe torcerse para ajustarse a las opiniones de los filósofos, ni a la luz y dictamen de la naturaleza.
Canon 3. Moisés usa frecuentemente la prolepsis o anticipación: pues llama a las ciudades y lugares por el nombre que les fue dado mucho después. Así en Génesis 14:2, llama a la ciudad Bala por el nombre de Ségor, la cual sin embargo no era llamada entonces sino solo después Ségor, cuando Lot se había refugiado allí huyendo de Sodoma. Igualmente en el versículo 6 del mismo capítulo, llama Seír a los montes, que fueron llamados Seír solo mucho después, por Esaú. Igualmente en el versículo 14 del mismo, llama Dan a lo que entonces se llamaba Lais.
Canon 4. «Eterno» frecuentemente no significa la eternidad propiamente dicha, sino un largo período de tiempo cuyo fin no se prevé: pues el hebreo olam, esto es, «eterno», significa una edad, en cuanto que está oculta, o cuyo límite y fin no se percibe. Pues la raíz alam significa ocultar o esconder. Además, «eterno» se dice frecuentemente no de modo absoluto sino relativo, y significa la duración entera de una cosa, que es eterna no en sentido absoluto sino con respecto a un determinado estado, república o nación. Así se dice que la antigua ley perdura para siempre, esto es, siempre —no en sentido absoluto, sino con respecto a los judíos: porque aquella ley duró mientras perduró la república y Sinagoga judía, a saber, durante todo el tiempo del judaísmo, hasta que la nueva ley la sucediese; pues debía durar hasta que la verdad amaneciese por medio de Cristo. Que esto es así consta: pues en otras partes la misma Escritura dice que la antigua ley ha de ser abolida y una nueva ley Evangélica sustituida en su lugar, como consta por Jeremías 31:32 y siguientes. Así Horacio toma «eterno» cuando dice: «El que no sabe usar un poco servirá para siempre.» Pues no puede servir para siempre en sentido absoluto aquel cuya vida misma en la que sirve no puede ser eterna. San Agustín transmite este canon en la Cuestión 31 sobre el Génesis, sobre la cual véase más en Pererio, vol. III sobre el Génesis, p. 430 y siguientes.
Canon 5. Los hebreos, por enálage, frecuentemente intercambian un sentido por otro, y especialmente toman la vista por cualquier sentido, tanto porque la vista es el más excelente y más seguro de todos los sentidos, como porque en el sentido común, que está por encima de la vista y los ojos, convergen las sensaciones de todos los sentidos. Así la vista se toma por el tacto en Juan 20:29: «Porque has visto, esto es, tocado a mí, Tomás, has creído.» Por el olfato se toma en Éxodo 5:21, en el hebreo: «Habéis hecho que nuestro olor (nombre y reputación) hediese a los ojos,» esto es, a las narices de Faraón. Por el gusto se toma en el Salmo 33:9: «Gustad y ved (esto es, saboread) que el Señor es dulce.» Por el oído se toma en Éxodo 20:18: «El pueblo vio, esto es, oyó, las voces;» por lo tanto «ver» significa lo mismo que conocer o percibir claramente.
Canon 6. «Pecado» frecuentemente, especialmente en el Levítico, se toma metonímicamente: primero, por el sacrificio ofrecido por el pecado; segundo, por el castigo del pecado; tercero, por la irregularidad o impureza legal contraída por el flujo de sangre menstrual, de semen, de lepra, o por el contacto con un cadáver. Así en Levítico 12:6, el parto se llama «pecado», esto es, impureza legal; y en Levítico 14:13, la lepra se llama «pecado» —no pecado propiamente dicho, sino legal, esto es, una irregularidad que excluía al leproso de los ritos sagrados y de la compañía de los hombres.
Canon 7. Las leyes de Dios se llaman, primero, preceptos, estatutos u observancias, porque prescriben las cosas que deben guardarse o evitarse; segundo, se llaman juicios, porque dirigen y resuelven las disputas entre los hombres —pues en un tribunal se debe juzgar según las leyes. Tercero, se llaman justicias, porque establecen lo que es equitativo y justo. Cuarto, se llaman testimonios, porque atestiguan la voluntad de Dios, o lo que Dios requiere de nosotros, lo que desea que sea hecho por nosotros. Quinto, se llaman testamento, esto es, alianza y pacto —esto es, las condiciones del pacto establecido con Dios— porque con esta condición hizo Dios alianza tanto con los judíos como con los cristianos: que él sería su Dios y Padre, si ellos guardasen sus leyes.
Canon 8. En el Pentateuco, la sinécdoque es frecuente. Así el género se toma por la especie: «hacer un cabrito, un cordero, un becerro» significa sacrificar un cabrito, un cordero, un becerro. Así la parte se toma por el todo: «llenar la mano» —entiéndase, de aceite— significa consagrar a alguien como sacerdote mediante la unción. Así «descubrir la desnudez», o «conocer a una mujer», o «entrar a ella», significa que un hombre tenga relaciones con una mujer. Así «abrir el oído de alguien» significa hablarle al oído, o susurrar, indicar y revelar algo.
Canon 9. De igual manera, la metonimia es frecuente, como en Génesis 14:22 y Éxodo 6:8: «Alzo mi mano,» esto es, con la mano alzada invoco al Señor del cielo como testigo y juro por Dios. Así «boca» significa una palabra o precepto que se da de viva voz. Así «mano» significa poder, fuerza o castigo, que se ejecuta por la mano. Así «alma» significa vida, o el animal mismo, cuya forma y vida es el alma. Así «hombre de sangre» es como se llama a un homicida.
Canon 10. De igual manera, la catacresis es frecuente; como cuando se dice que es «padre» de algo aquel que es el autor, fundador o inventor de la cosa, o aquel que es el primero y principal en ella. Así Dios es llamado «padre» de la lluvia, esto es, autor. Así el diablo es llamado «padre» de la mentira, esto es, autor. Así Tubalcaín es llamado «padre» de los que tocan instrumentos: padre, esto es, el primero e inventor del instrumento. Así dicen: «Los hirió con la boca, esto es, con el filo, de la espada» —pues «boca» de la espada es como se llama al filo mismo de la espada, que consume y devora a los hombres, así como una boca devora el pan. Pues de este modo los leones, tigres, lobos y otras fieras hieren a las ovejas, perros y bueyes con sus bocas, cuando los desgarran, despedazan y devoran con las fauces abiertas. Por una catacresis similar, llaman «hijas» a las ciudades y aldeas menores que están adyacentes y sujetas a la ciudad madre como a una madre. Igualmente, llaman «hijas» a las ciudades mismas por su belleza y elegancia, como «hija de Sión» es la ciudad y ciudadela de Sión; «hija de Jerusalén» es la ciudad de Jerusalén; «hija de Babilonia» es la ciudad de Babilonia, esto es, Babilonia misma. Del mismo modo, «edificar una casa» para alguien, o destruirla, significa dar a alguien, o destruir, una familia y descendencia. Pues «casa» significa descendencia y posteridad. De ahí que los hebreos llamen a los hijos banim, como si fuese abanim, esto es, «piedras», de la raíz bana, esto es, «él edificó»; pues de los hijos como de las piedras se edifican las casas y familias de los padres, como dice Eurípides: «Las columnas de las casas son los hijos varones.»
Canon 11. Los hebreos frecuentemente toman los verbos reales por verbos verbales o mentales. Así en Levítico 13:6, 11, 20, 27, 30, se dice que el sacerdote «limpiará» o «contaminará» al leproso, esto es, lo declarará y pronunciará limpio o contaminado, para que sea restituido a la compañía de los hombres, o excluido de ella. Así en Jeremías 1:10, se dice: «Te he puesto sobre naciones y sobre reinos, para arrancar, y para destruir, y para dispersar, y para derribar, y para edificar, y para plantar» —esto es, para profetizar y predicar que estas naciones han de ser arrancadas y destruidas, pero aquellas han de ser edificadas y plantadas. Así se dice en Levítico 20:8, y capítulo 21:8, 15 y 25: «Yo soy el Señor que os santifico,» esto es, os mando ser santos.
Canon 12. Los hebreos frecuentemente dejan sin expresar el sujeto, ya sea la persona o cosa que actúa o sobre la que se actúa, porque lo dejan sobreentenderse del contexto precedente o siguiente, como en Deuteronomio 33:12, y en otros lugares.
Canon 13. Las palabras y oraciones de la Sagrada Escritura no siempre deben referirse a las inmediatamente precedentes, sino a veces a otras más remotas que vinieron mucho antes. Así aquel pasaje de Éxodo 22:3 — «Si él (el ladrón) no tiene con qué restituir por el hurto, él mismo será vendido» — debe conectarse no con las palabras inmediatamente precedentes, sino con el versículo 1, donde dice: «Si alguien ha robado un buey, restituirá cinco veces.» Igualmente en el Cantar de los Cantares 1, dice: «Soy morena pero hermosa, como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomón,» donde «tiendas de Cedar» no puede conectarse con «hermosa», pues ellas mismas eran desagradables, quemadas por el calor, negras y feas. Por lo tanto, estas palabras deben conectarse y explicarse así: Soy morena como las tiendas de Cedar, pero al mismo tiempo soy hermosa como las cortinas bordadas y reales de Salomón.
Canon 14. Una negación en hebreo niega todo lo que sigue; por lo tanto «no todos» en hebreo significa lo mismo que «ninguno», mientras que en latín significa «algunos... no» (es decir, no todos y cada uno).
Canon 15. La Escritura acostumbra prometer ciertas cosas a ciertas personas que no se cumplen en ellas mismas sino en sus descendientes, para significar que Dios concede estas cosas a los descendientes en consideración de los destinatarios originales; porque lo que se da a los descendientes se considera dado a aquellos de quienes los descendientes son porción, como a la fuente y cabeza de la posteridad. Así a Abraham se le promete la tierra de Canaán no en sí mismo sino en su descendencia, Génesis 13:14. Así a Jacob, esto es, a los jacobitas, se le promete el dominio sobre Esaú, esto es, los edomitas, Génesis 27:29. Así en Génesis 29, a los doce Patriarcas se les promete lo que había de llegar a sus descendientes. San Crisóstomo transmite este canon, Homilía 8 sobre Mateo.
Canon 16. Aunque san Cipriano, libro II Contra los judíos, capítulo 5; Hilario, libro IV sobre la Trinidad; y Nacianceno, en el tratado Sobre la fe, piensan que Dios apareció en una forma corporal asumida y se manifestó visiblemente a Abraham, Moisés y los Profetas, sin embargo es más verdadero que todas estas apariciones fueron realizadas por medio de ángeles, quienes en cuerpos asumidos llevaban la persona de Dios, y por eso son llamados Dios. Así Dionisio, capítulo 4 de la Jerarquía Celeste; san Jerónimo sobre el capítulo 3 de Gálatas; Agustín, libro III de la Trinidad, el último capítulo; Gregorio en el prefacio de los Morales, libro 1, y otros passim. Y se prueba así. Pues aquel que apareció a Moisés y dijo: «Yo soy el Dios de Abraham,» era un ángel, como enseña san Esteban en Hechos 7:30. Así el Señor que entregó la ley a Moisés en el Sinaí, Éxodo 19 y 20, es llamado ángel por Pablo en Gálatas 3:19. Pues los ángeles son espíritus ministrantes, por medio de los cuales Dios lleva a cabo todas sus obras. Por lo tanto, lo que el Concilio de Sirmio, canon 14, define —que aquel que luchó contra Jacob, Génesis 32, era el Hijo de Dios— entiéndase en el sentido de que era un ángel que representaba al Hijo de Dios. Añádase que los decretos de este Concilio no son definiciones de fe, ni siquiera dogmas de la Iglesia, salvo en cuanto condenan las herejías de Fotino; pues consta que este Concilio fue una asamblea de arrianos.
Canon 17. Cuando la Sagrada Escritura impone un nombre nuevo a alguien, debe entenderse que no le quita el nombre anterior, sino que añade el posterior al anterior, de modo que la persona pueda ser llamada por cualquiera de los dos nombres, ora por uno, ora por el otro. Así en Génesis 35:10, dice: «Ya no serás llamado Jacob, sino Israel» —el sentido es, como si dijera: No serás llamado solamente Jacob, sino también Israel; pues frecuentemente después sigue siendo llamado Jacob. Así Gedeón, en Jueces 6:32, se dice que desde aquel día fue llamado Jerubaal, y sin embargo la Escritura continúa llamándolo Gedeón. Así Simón, después de que fue llamado Cefas por el Señor, no pocas veces sigue siendo llamado Simón después.
Nótese aquí: Dios y los hebreos imponían nombres a sus gentes a partir de los acontecimientos, a saber, nombres que significaban un acontecimiento, ya presente o futuro; y entonces los nombres eran como augurios, o advertencias, o deseos para el futuro; pues al imponer un nombre a alguien, vaticinaban o deseaban que esa persona fuera tal como lo significado por aquel nombre. Que esto es así consta en los nombres Adán, Eva, Set, Caín, Noé, Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, etc., como mostraré en sus lugares propios.
Los romanos, griegos y germanos imitaron esta misma práctica. Los romanos llamaron Corvino por el cuervo (corvus) que le dio un augurio de victoria en el campamento; César por la abundante cabellera (caesaries) con la que se dice que nació; Calígula por la bota militar (caliga) que usaba frecuentemente. Así los Pisones fueron así llamados porque sembraban guisantes (pisa) excelentemente; del mismo modo que los Cicerones recibieron su nombre de los garbanzos (cicer), los Fabios de las habas (faba), y los Léntulos de las lentejas (lens) excelentemente sembradas. Así Anco fue nombrado por su codo torcido, dice Festo —pues «codo» en griego se llama ankon. Así Servio, porque nació de madre esclava; Paulo, por su pequeña estatura; Torcuato, por el torques que arrebató a un galo en batalla; Planco, por sus pies planos. Así Escipión fue el cognomen de los Cornelios, que P. Cornelio (abuelo de P. Cornelio Escipión el Africano, que derrotó a Aníbal) originó. Pues porque guiaba y conducía a su padre en lugar de un bastón (scipio), fue el primero en recibir el sobrenombre de Escipión, y transmitió aquel cognomen a su posteridad.
Los griegos llamaron a Platón, por así decirlo, «el ancho», por sus anchos hombros, aunque antes se llamaba Aristocles; Crisóstomo, por así decirlo, «boca de oro», por su elocuencia; Laónico, por así decirlo, «vencedor del pueblo»; Leónico, como si fuese «del león»; Estratónico, como si fuese «vencedor del ejército»; Demóstenes, como si fuese «el firmamento del pueblo»; Aristóteles, como si fuese «el mejor fin»; Gregorio, como si fuese «el vigilante»; Diógenes, como si fuese «nacido de Zeus»; Aristóbulo, como si fuese «hombre del mejor consejo»; Teodoro, como si fuese «don de Dios»; Hipócrates, como si fuese «dotado de la fuerza de un caballo»; Calímaco, por «una bella batalla».
Los germanos y belgas nombraron a Federico, por así decirlo, «rico en paz», esto es, enteramente pacífico; Leonardo, como si fuese «de carácter leonino»; Bernardo, como si fuese «de carácter de oso»; Gerardo, como si fuese «de carácter de buitre»; Cuno, como si fuese «audaz»; Conrado, como si fuese «de consejo audaz»; Adelgiso, como si fuese «de espíritu noble»; Canuto, por apurar copas; Faramundo o Framundo, por la belleza de su rostro. Así Guillermo por un yelmo dorado; Gúdela, como si fuese «buena porción o suerte»; Lotario, como si fuese «corazón de plomo»; Leopoldo, como si fuese «pie de león»; Lanfranco, como si fuese «libertad duradera»; Wolfgang, como si fuese «andar de lobo». Véase más en Goropio, Scrieckio y Ponto Heútero sobre Bélgica.
Canon 18. Cuando, para alguien que ya tiene nombre, el nombre no se cambia, sino que simplemente —dejando su nombre tácito y presupuesto— se dice que se llama esto o aquello, entonces no se le está imponiendo otro nombre, sino que se significa que será tal que con razón podría ser llamado y designado por ese otro nombre. Así en Isaías 7:14, Cristo es llamado Emmanuel; y en el capítulo 8, versículo 3: «Apresúrate a tomar los despojos, date prisa en saquear»; y en el capítulo 9, versículo 6: «Admirable, Consejero, Dios, Fuerte, Padre del siglo venidero, Príncipe de la Paz»; y en Zacarías capítulo 6, versículo 12, es llamado el Oriente. Así Juan el Bautista es llamado Elías por Malaquías; y los hijos de Zebedeo en el Evangelio son llamados Boanerges, esto es, hijos del trueno.
Canon 19. Los hombres y mujeres de la antigüedad llevaban muchos nombres: de ahí que no sea sorprendente si la misma persona en la Escritura es llamada ora por un nombre, ora por otro. Así la esposa de Esaú que en Génesis 36:2 se llama Adá, hija de Elón el hitita, en Génesis 26:34 se llama Judit, hija de Beerí el hitita; y su otra esposa que en Génesis 36:2 se llama Oholibamá, hija de Aná, en Génesis 26:34 se llama Basemat, hija de Elón. Igualmente, frecuentemente en 1 Crónicas, a lo largo de los primeros diez capítulos, se dan a hombres y mujeres nombres diferentes —diferentes, digo, de los que tienen en Génesis, Josué, Jueces y los libros de los Reyes. Así Abimélec y Ahimélec son el mismo, Job y Jobab, Acar y Acán, Aram y Ram, Arauná y Ornán, Jetró y Ragüel. Nótese aquí de paso que los nombres, cuando se transfieren a otra lengua, se cambian de tal manera que apenas parecen ser los mismos, especialmente cuando aluden e inclinan hacia una etimología diferente en su propia lengua.
Canon 20. La Escritura acostumbra llamar causa a lo que fue meramente una ocasión, y ponerlo en lugar de la verdadera causa del asunto, porque la gente comúnmente habla de este modo, llamando efecto a cualquier resultado proveniente de cualquier fuente, y llamando causa a una ocasión. Así en Génesis 43:6, Jacob dice: «Habéis obrado para mi desdicha, al decirle que teníais otro hermano.» Pues los hijos de Jacob no pretendían la desdicha de su padre, sino que esta siguió accidental e incidentalmente de sus hechos y palabras mientras hacían otra cosa. Véase Ribera sobre Amós 2:19.
Canon 21. Los hebreos frecuentemente ponen lo abstracto por lo concreto, como «abominación» por una cosa abominable o abominada, Éxodo 8:28: «¿Sacrificaremos las abominaciones de los egipcios al Señor?» Salmo 20:2: «El deseo (esto es, la cosa deseada) de su corazón le has concedido.» Así Dios es llamado nuestra esperanza, esto es, la cosa esperada, y nuestra paciencia y gloria, esto es, aquel por quien padecemos, en quien nos gloriamos.
Canon 22. Los hebreos toman los verbos ora en acto completo, ora en acto continuo, ora en acto incoativo, de modo que «hacer» es lo mismo que intentar, emprender, comenzar a hacer algo. Así se dice que los hebreos partieron de Egipto unas veces por la tarde, como en Deuteronomio 16:6, otras veces de noche, como en Éxodo 12:42, y en otros lugares por la mañana, como en Números 23:3, porque por la tarde sacrificaron el cordero, que fue la causa y principio de la partida; de noche, después de que los primogénitos de los egipcios fueron muertos, recibieron de Faraón el permiso, e incluso el mandato de partir, y empacando sus pertenencias comenzaron a salir; pero por la mañana de hecho plena y completamente partieron.
Canon 23. Cuando los hebreos quieren exagerar algo, o expresar el grado superlativo (del cual carecen), usan o un sustantivo abstracto o un sustantivo concreto duplicado, como «santidad es» o «el santo de los santos es», esto es, «es santísimo» —lo cual es frecuente en el Levítico.
Canon 24. En la Escritura, la hipálage es frecuente, como en Éxodo 12:11: «Tendréis sandalias en vuestros pies,» lo cual es, por inversión, tendréis vuestros pies en sandalias, esto es, calzados. Pues las sandalias no están sobre los pies, sino los pies están en las sandalias. Éxodo 3:2, en hebreo: «La zarza ardía en fuego,» esto es, el fuego ardía en la zarza. Jueces 1:8, en hebreo: «Arrojaron la ciudad al fuego,» esto es, arrojaron fuego a la ciudad. 4 Reyes 9:30, se dice de Jezabel en hebreo: «Se puso los ojos en el colirio,» esto es, se puso colirio en los ojos, se pintó los ojos con colirio. Salmo 76:6, en hebreo: «Nos has dado a beber una medida en lágrimas,» esto es, lágrimas en una medida, ciertamente grande, como dice Rabí David. Salmo 18:5: «Del sol puso su tabernáculo,» esto es, puso el sol en su tabernáculo, o puso un tabernáculo para el sol en los cielos, como lo tiene el hebreo. Salmo 80:6: «Puso un testimonio en José,» esto es, puso a José como testimonio, pues ciertamente todas las cosas le fueron bien porque guardó la ley de Dios. Así el Caldeo: aunque hay otro sentido más genuino de este pasaje, como dije sobre el Salmo 80.
Canon 25. Los hebreos toman los sustantivos ora en sentido activo, ora en sentido pasivo. Así «temor» se emplea tanto para el temor con que tememos a alguien, como para aquel que es temido, como en Génesis 31:42, donde Dios es llamado el temor de Isaac, es decir, aquel que era temido por Isaac, a quien Isaac reverenciaba y veneraba con temor. Así «paciencia» se emplea no sólo para aquella virtud que nos impulsa a sufrir con fortaleza, sino también para el sufrimiento mismo y para la adversidad que soportamos, e incluso para el mismo Dios, por cuya causa sufrimos, como en el Salmo 70:5: «Tú eres mi paciencia, Señor.» Igualmente «amor» se emplea no sólo para el amor con que amamos, sino también para lo que es amado, como «Dios mío, amor mío y mi todo.»
Canon 26. En la Escritura es frecuente la lítotes (que más propiamente debería llamarse lítotes, es decir, atenuación), esto es, una disminución por la cual cosas grandes se expresan con palabras exiguas y, por así decirlo, se minimizan, como aquella de Virgilio, Geórgicas libro 3: «¿Quién no conoce al cruel Euristeo, o los altares del infame Busiris?» «Infame», es decir, perversísimo y merecedor de toda censura. Pues Busiris acostumbraba degollar y sacrificar a sus huéspedes. Así en 1 Samuel 12:21 se dice: «No os apartéis en pos de cosas vanas, que no os aprovecharán», es decir, no os apartéis hacia los ídolos, que os dañarán grandemente y os serán perjudiciales. 1 Macabeos 2:21: «No nos es útil (es decir, nos dañará grandemente) abandonar la ley.» Miqueas 2:1: «¡Ay de los que maquinan lo que es inútil!», es decir, lo que es pernicioso. Levítico 10:1: «Ofreciendo ante el Señor un fuego extraño, que no les había sido mandado», es decir, que les había sido prohibido.
Canon 27. Moisés, dice Clemente (Stromata, libro 6), porque fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, emplea de tiempo en tiempo su método jeroglífico en sus leyes, y las transmite mediante símbolos y enigmas. Así también el sumo sacerdote Eleazar, cuando Aristeas (como él mismo atestigua en su tratado Sobre los Setenta Intérpretes, volumen 2 de la Biblioteca de los Santos Padres), enviado de Ptolomeo Filadelfo, le preguntó por qué Moisés había prohibido comer o sacrificar ciertos animales que otras naciones usaban, respondió: Estos preceptos de Moisés son simbólicos y enigmáticos, tales como son los símbolos de Pitágoras y los jeroglíficos de los egipcios. Además, los enigmas de Pitágoras, dice san Jerónimo (Contra Rufino, libro 3), eran tales como estos: «No pises la balanza», es decir, no transgredas la justicia. «No atices el fuego con la espada», es decir, no provoques con palabras a quien está airado. «La corona no debe ser arrancada», es decir, las leyes de las ciudades no deben ser socavadas sino conservadas. «No comas el corazón», es decir, destierra la tristeza de tu ánimo. «No camines por la vía pública», es decir, no sigas el error de la multitud. «No se debe recibir la golondrina en casa», es decir, no se debe admitir a los charlatanes en el hogar. «La carga debe imponerse a los que están cargados, pero no debe compartirse con los que la deponen», es decir, a los que se esfuerzan hacia la virtud deben aumentárseles los preceptos; pero a los que huyen del trabajo y se entregan a la ociosidad, hay que dejarlos en paz.
Canon 28. Los hebreos más recientes desconocen el verdadero significado de los nombres propios, de los animales, hierbas, árboles y gemas; sino que cada uno conjetura lo que le place. Y así en esta materia la regla más segura es seguir a los más doctos hebreos antiguos, y sobre todo a nuestro intérprete [el traductor de la Vulgata], quien por juicio de la Iglesia es el mejor de todos.
Canon 29. Los nombres hebreos de animales, árboles y piedras son genéricos y comunes a muchos. Así saphan, Levítico 11:5, significa el conejo; pero Proverbios 30:26, significa la liebre; Salmo 104:18, sin embargo, significa el erizo. Véase Ribera sobre Zacarías capítulo 5, número 21.
Canon 30. Los hebreos frecuentemente ponen el acto, el hábito y la facultad por el objeto, y viceversa, por metonimia. Así llaman al color «ojo» o «mirada», ya que el color es el objeto del ojo y de la vista, como en Levítico 13:10, donde se dice que la lepra cambia la «mirada», es decir, la apariencia y el color. Así también Dios es llamado nuestro temor, amor, esperanza, paciencia y gloria, porque él es el objeto de nuestro temor, amor, esperanza, paciencia y gloria; pues él es a quien tememos, amamos, esperamos, por cuya causa sufrimos, en quien nos gloriamos.
Canon 31. Moisés en el Pentateuco actúa primero como historiador, segundo como legislador, tercero como profeta; de donde debe ser expuesto ora históricamente, ora jurídicamente, ora proféticamente.
Canon 32. La conjunción «y» entre los hebreos es frecuentemente exegética, es decir, una marca de explicación que significa «esto es», como en Levítico 3:3: «Cuyas manos han sido llenadas, y (esto es) consagradas»: pues llenar las manos con óleo era consagrarlas para el sacerdocio. Así Colosenses 2:8: «Mirad que nadie os engañe por medio de la filosofía, y (esto es) del vano engaño.» Pues el Apóstol no pretende condenar la verdadera Filosofía, sino sólo la falsa y sofística. De modo semejante se toma «y» en Mateo 13:41; Jeremías 34:21, y en otros lugares.
Canon 33. Los hebreos usan frecuentemente la forma interrogativa no en asunto dudoso sino en uno claro, y no para reprender sino para excitar y aguzar la atención del oyente. Así en Génesis 47:19, los egipcios dicen a José: «¿Por qué hemos de morir ante tus ojos?» Así en Éxodo 4:2, Dios dice a Moisés: «¿Qué es eso que tienes en la mano?» y en el capítulo 14, versículo 15: «¿Por qué clamas a mí?» Así también aquella palabra de Cristo a su madre: «¿Qué hay entre mí y ti, mujer?» no es una reprensión, sino una prueba de la esperanza, aguzándola.
Canon 34. Todos los preceptos del Pentateuco, incluso los judiciales, son de derecho divino, porque fueron sancionados por Dios; sin embargo, algunos de ellos no parecen haber sido obligatorios bajo pecado mortal, sino sólo bajo pecado venial, por la levedad de la materia, como «No sembrarás tu campo con semilla diversa» (Levítico 19:19), y «Si encuentras un nido, toma las crías, pero deja ir a la madre» (Deuteronomio 22:6).
Canon 35. La Escritura, especialmente en las profecías, de tiempo en tiempo abraza simultáneamente tanto el tipo como el antitipo, es decir, la cosa que las palabras propiamente significan, y al mismo tiempo la alegoría que aquella cosa representa; pero de tal manera que algunas cosas convienen mejor al tipo y otras convienen mejor al antitipo; y entonces hay un doble sentido literal de aquel pasaje: el primero histórico, el segundo profético. Pues aun los jóvenes ingeniosos frecuentemente bromean y se ríen de un compañero, diciendo, por ejemplo, «Tienes una nariz larga», y al mismo tiempo quieren decir que es astuto, como si dijeran: «Eres igualmente perspicaz y narigudo»: donde la palabra «nariz» retiene tanto su significado propio como adquiere otro mediante una elegante alusión y alegoría. ¿Por qué, entonces, el Espíritu Santo no habría de poder en un solo concepto y discurso abrazar tanto el signo como la cosa significada, el tipo y la verdad? Ejemplos se hallan en 2 Samuel 7:12, donde habla literalmente de Salomón, pero dice de él ciertas cosas por hipérbole que propia y plenamente en sentido literal pertenecen sólo a Cristo. Así en Génesis 3:14, Dios habla a la serpiente, y a través de ella al demonio que se ocultaba en su interior. De donde dice algunas cosas que propiamente pertenecen a la serpiente, como: «Sobre tu pecho reptarás, y comerás tierra»; y otras que propiamente pertenecen al demonio, como: «Pondré enemistad entre ti y la mujer; ella aplastará tu cabeza.» Así Moisés en Deuteronomio 18:18, por el Profeta que promete después de sí, entiende tanto a cualesquiera profetas como propiamente a Cristo. Así Balaam, diciendo que Israel devastará a Moab, Edom y a los hijos de Set (Números 24:17), por Israel entiende tanto a David como a Cristo. Así Isaías, capítulo 14:11 y siguientes, describe la caída del rey de Babilonia a través de la caída de Lucifer; de donde dice algunas cosas que propiamente convienen a Lucifer, y a Baltasar sólo figurativamente, es decir, hiperbólicamente o parabólicamente, como: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer! Tu soberbia ha sido arrastrada al infierno, tú que decías: Subiré al cielo, exaltaré mi trono sobre las estrellas de Dios, seré semejante al Altísimo.» Pero dice otras cosas que propiamente convienen a Baltasar, como: «Tu cadáver ha caído, la polilla será extendida debajo de ti, y los gusanos serán tu cobertura.» De manera semejante, Ezequiel capítulo 28, versículos 2 y 14, describe la riqueza y la caída del rey de Tiro según el modelo de la riqueza y la caída de cierto Querubín. Pues la mente del Profeta es arrebatada por la altísima luz profética, en la cual todas las cosas están cercanas y conexas, y una cosa parece ser figura de otra; de donde los Profetas frecuentemente saltan de una cosa a otra, tanto por la razón ya dicha como por elegancia, con la que comparan y prefiguran cosas semejantes con semejantes.
Canon 36. Que puede haber múltiples sentidos literales de la Sagrada Escritura —no sólo típicos y típicamente subordinados, sino incluso disímiles y dispares— lo enseña san Agustín, Confesiones libro 12, capítulos 18, 25, 26, 31 y 32, a quien Santo Tomás cita y sigue (Suma Teológica I, q. 1, art. 10, en el cuerpo), y esto se colige del Concilio de Letrán, capítulo Firmiter, sobre la Santísima Trinidad, donde el Concilio, a partir de aquel pasaje de Génesis 1, «En el principio creó Dios el cielo y la tierra», según dos sentidos literales, concluye dos verdades: a saber, que el mundo tuvo un principio, como si «en el principio» significase el principio del tiempo; y que nada fue producido antes del mundo, como si «en el principio» significase lo mismo que «antes de todas las cosas». Así aquel pasaje del Salmo 2:7: «Hoy te he engendrado», los Padres lo explican tanto de la generación humana como de la divina de Cristo. De ahí también que la versión de los Setenta dé de tiempo en tiempo un sentido literal diferente del nuestro, y antiguamente hubo muchas otras versiones que diferían entre sí. Así en un sentido Caifás, en otro el Espíritu Santo a través de su boca, dijo: «Os conviene que un solo hombre muera por el pueblo» (Juan 11:50); y sin embargo san Juan narra y significa con estas palabras el sentido y la intención de ambos, a saber, tanto de Caifás como del Espíritu Santo. Pero en esto, como en la mayoría de los demás casos, un sentido está de algún modo unido al otro y, por así decirlo, subordinado a él.
Canon 37. Entre los hebreos, especialmente los Profetas, son frecuentes la enálage y la permutación: de persona, de modo que pasan de la primera o segunda persona a la tercera, como en Deuteronomio 33:7; de tiempo, de modo que ponen el pasado por el futuro, en virtud de la certeza de lo futuro, como en Deuteronomio 32:15, 16, 17, 18, 21, 22 y siguientes; de número, de modo que pasan del singular al plural y viceversa, como en Deuteronomio 32:45 y 16; de género, de modo que pasan del femenino al masculino y viceversa, como en Génesis 3:15.
Canon 38. Los climas, o regiones del mundo, tales como Oriente, Occidente, Mediodía y Norte, en la Escritura deben entenderse según la posición de Judea, Jerusalén y el Templo. Pues Moisés y los demás escritores sagrados escriben para los judíos; y Judea, situada como en el centro del mundo habitado y cultivado, era la tierra y posesión especial de Dios.
Canon 39. Una misma cosa puede ser figura de dos cosas incluso contrarias, pero bajo aspectos diferentes. Así el diluvio, en cuanto Noé sobrevivió a él mediante el arca, fue para los fieles un tipo del bautismo; pero en cuanto los impíos fueron sumergidos por él, fue un tipo del castigo que ha de infligirse a los réprobos en el juicio final. Así Cristo es la roca y la piedra angular de la Iglesia; pero para los piadosos es la piedra de salvación, mientras que para los incrédulos y los malvados es piedra de tropiezo y roca de escándalo. Así Cristo es llamado león por su fortaleza; pero el demonio es llamado león por su crueldad y rapacidad. San Agustín (Epístola 99 a Evodio) y san Basilio (sobre Isaías capítulo 2) transmiten este canon.
Canon 40. En el sentido literal, todas las sentencias y todas las palabras deben explicarse y aplicarse a la cosa significada; pero esto no es necesario en el sentido alegórico. En efecto, san Jerónimo, Gregorio, Orígenes y otros frecuentemente quieren que la alegoría sea libre, y al explicarla no observan el rigor de la historia. Un ejemplo es el adulterio de David, que san Agustín, san Ambrosio y otros enseñan que fue tipo del amor de Cristo por la Iglesia de los gentiles, la cual anteriormente había vivido con los ídolos como adúltera. Pero una alegoría propia y sólida debe corresponder a la historia, y cuanto más aptamente corresponde, tanto más adecuada es; en efecto, de otro modo no es un sentido propio de la Escritura, sino más bien un sentido acomodaticio. Pues así como el sentido literal es aquel que las palabras primeramente significan, así el sentido alegórico es aquel que las cosas significadas por el sentido literal prefiguran y significan. Así lo enseña san Jerónimo sobre Oseas capítulo 5, donde retracta la opinión contraria que había expresado en otro lugar.
Canon 41. En Moisés y en la Escritura no es infrecuente la hendíadis — figura por la cual una sola cosa se divide en dos, de donde más correctamente se llama hen dia dyoin, es decir, uno a través de dos, como en Virgilio, Eneida 1: «Puso sobre ellos una mole y altos montes», es decir, puso las moles de altos montes; y en otro lugar: «Mordió el oro y el freno», es decir, mordió el freno de oro; y en otro lugar: «Hacemos libaciones con copas y oro», es decir, con copas de oro. Tal es Génesis 1:14: «Sean (el sol y la luna) para señales, y tiempos, y días, y años», es decir, sean para señales de tiempos, días y años. Tal es también Colosenses 2:8: «Mirad que nadie os engañe por medio de la filosofía y del vano engaño», es decir, por medio de la filosofía del vano engaño, o que es vano engaño, como si dijera: No condeno toda filosofía, sino sólo aquella que no es otra cosa que vano engaño. Pues la palabra «y» allí y en otros lugares debe explicarse como significando «esto es».
Canon 42. Moisés y los demás Profetas acostumbran significar la redención de Cristo con un doble nombre, y generalmente pareado — a saber, matanza y salvación, venganza y redención, indignación y paz, sangre y seguridad, rescate y victoria. De ahí, en segundo lugar, que los Profetas, sin distinguir entre enemigos y ciudadanos, presenten a Cristo viniendo a redimir al género humano como un comandante armado que, impulsado por furor divino, se lanza contra los hombres y derriba, pisotea y mata a cuantos encuentra. Pues así canta Balaam en Números 24:17 de Cristo Salvador: «Herirá a los príncipes de Moab, y devastará a todos los hijos de Set», es decir, a todos los hombres; pues estos descienden de Adán por Set. Y el Salmista en el Salmo 109:6: «Juzgará entre las naciones, las llenará de ruinas, aplastará las cabezas en la tierra de muchos, beberá del torrente en el camino.» E Isaías en el capítulo 61 describe la consolación y redención de Cristo, pero en el capítulo 63 su venganza: «Los he pisoteado, dice, en mi furor, y los he embriagado en mi indignación, y he arrastrado su fortaleza hasta la tierra. Pues el día de la venganza estaba en mi corazón.» E inmediatamente añade: «En su amor y en su misericordia él mismo los redimió», etc.
La causa de esta materia y modo de hablar es doble: la primera, porque cada liberación temporal, que precedió como tipo a la liberación espiritual del género humano — a saber, la egipcia y la babilónica (pues a estas aluden) — no fue llevada a cabo sin la sangre y la matanza de los enemigos, a saber, de los egipcios en el Mar Rojo, y de los caldeos por medio de Ciro, fue ganada y cumplida. La segunda razón es que en esta venganza y redención de Cristo, las mismas personas son a la vez enemigos y amigos, conquistados y liberados, muertos y redimidos — pero disímiles en disposición, carácter y afecto. Pues los que antes eran incrédulos e impíos, por medio de Cristo se hicieron creyentes y piadosos. Cristo, pues, mató a las naciones y a los hombres, y levantó a otros — más aún, a los mismos; porque, por ejemplo, mató a Pedro idólatra, borracho, adúltero, y levantó al mismo hombre y lo hizo Pedro adorador de Dios, sobrio, casto, etc.
Nótese: El pecador representa una doble persona y subsiste en una doble naturaleza, por así decirlo — a saber, la del hombre y la del demonio, o del vicio y el pecado. La primera es un soldado, la segunda un enemigo de Cristo; la primera debía ser liberada, la segunda vencida. A la primera pertenece el año de la remisión, a la segunda el día de la venganza. La primera se compara con los israelitas redimidos, la segunda con los egipcios y babilonios degollados. Así pues, el furor de Cristo combate contra el demonio y sus seguidores, a saber, los vicios, y los expulsa del hombre, a fin de establecer el reino de Dios en el hombre y restituir al hombre a sí mismo y a Dios.
Cronología Sagrada
Puesto que el Pentateuco contiene las crónicas del mundo, pareció oportuno presentar aquí una cronología breve y probable, útil y agradable para el lector, en la cual, como en una sinopsis, se pudiera contemplar de una sola mirada las edades y tiempos de las personas individuales o de los acontecimientos notables de la Sagrada Escritura, y sus distancias entre sí. La recibí del Reverendo Padre Henricus Samerius, de feliz memoria, quien la elaboró con precisión; sin embargo, no estaba libre de errores, de los cuales la purgué diligentemente. Él mismo omite a Cainán; a Saúl solo después de Samuel le asigna 40 años, como se indica en Hechos 13:21; y los 70 años de cautividad o servidumbre, que Jeremías profetizó en el capítulo 25:12 y el capítulo 29:10, probablemente los comienza desde la deportación y cautividad de Jeconías o Joaquín, que fue hijo de Joaquím y nieto de Sedecías — sobre cuyas materias y otras trataré más extensamente en sus lugares propios, y las examinaré con mayor precisión. Los años escritos en esta tabla en la primera serie vertical, y anotados en la columna adjunta, significan los años del mundo sucesivamente crecientes hasta Cristo. Los años anotados en las líneas y columnas horizontales significan las distancias entre los mismos, si los que están en la serie vertical se combinan de modo que converjan en una misma columna — por ejemplo, la segunda columna horizontal convergiendo con la cuarta en la línea vertical significa que desde el diluvio hasta Abraham transcurrieron 292 años.
Nótese primero: El mismo acontecimiento se registra a veces un año antes, a veces un año después. Por ejemplo, desde la salida de los hebreos de Egipto hasta el templo de Salomón, unas veces se cuentan 479 años, a saber, años completos; otras veces 480, a saber, años comenzados — pues el año 480 había comenzado cuando se inició la construcción del templo. De ahí que sea axioma común de los cronólogos que un año en cronología no hace diferencia en el cómputo de los tiempos, y por tanto no debe considerarse significativo.
Nótese segundo: Así como los judíos y los cristianos comienzan su cronología desde Adán, o desde el diluvio, o desde Abraham, o desde la salida de los hebreos de Egipto, así los paganos computan sus tiempos primeramente desde Nino y Semíramis, que fundaron la primera monarquía de los asirios, en cuyo tiempo vivió Abraham. Segundo, desde el diluvio de Ógiges y el reinado de Ínaco y Foroneo como reyes, que corresponde al tiempo del patriarca Jacob. Tercero, desde la guerra y destrucción de Troya, que ocurrió en el tiempo de Sansón y del sumo sacerdote Elí. Cuarto, desde el inicio de las Olimpíadas, que comenzaron cerca del final del reinado de Ozías, rey de Judá. Quinto, desde la fundación de la ciudad de Roma, que ocurrió cerca del final del reinado de Jotam, rey de Judá.
Sinopsis de la Cronología del Mundo del Antiguo Testamento hasta Cristo
Los siguientes datos cronológicos establecen referencias cruzadas de los principales acontecimientos bíblicos con múltiples sistemas de datación. Cada entrada da el acontecimiento y el número de años desde el principio del mundo.
Años desde el principio del mundo hasta Noé: 1056
Años desde el principio del mundo hasta el diluvio (fin del diluvio): 1657
Años desde el principio del mundo hasta Abraham: 2024
Años desde el principio del mundo hasta la promesa hecha a Abraham: 2084
Años desde el principio del mundo hasta la entrada de Jacob en Egipto: 2299
Años desde el principio del mundo hasta la muerte de José: 2370
Años desde el principio del mundo hasta la servidumbre en Egipto en barro y paja: 2431
Años desde el principio del mundo hasta la salida de los israelitas de Egipto: 2531
Años desde el principio del mundo hasta la entrada en la tierra prometida, y los Jueces: 2571
Años desde el principio del mundo hasta el templo de Salomón: 3011
Años desde el principio del mundo hasta los Reyes: 3046
Años desde el principio del mundo hasta las Olimpíadas: 3228
Años desde el principio del mundo hasta la fundación de Roma: 3250
Años desde el principio del mundo hasta la cautividad de las 10 tribus bajo Salmanasar: 3283
Años desde el principio del mundo hasta la deportación de Jeconías o Joaquín: 3405
Años desde el principio del mundo hasta la cautividad babilónica y la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor: 3416
Años desde el principio del mundo hasta la libertad bajo Ciro: 3486
Años desde el principio del mundo hasta las semanas de Daniel: 3486
Años desde el principio del mundo hasta la era griega o de los Seléucidas: 3694
Años desde el principio del mundo hasta la sujeción de Judea a los romanos por Pompeyo: 3888
Años desde el principio del mundo hasta la Natividad de Cristo: 3950
El primer año de Cristo: 3951
Años desde el principio del mundo hasta el Bautismo del Salvador: 3981
Años desde el principio del mundo hasta la Pasión del Redentor: 3984
Años desde el principio del mundo hasta el fin de las semanas de Daniel: 3984
Desde la cautividad babilónica hasta los años de los griegos o Seléucidas, a partir de quienes los libros de los Macabeos computan y registran sus historias, y que comienzan después de la muerte de Alejandro Magno en el duodécimo año cuando Seleuco asumió el título real, transcurrieron 278 años.
Y para que tengáis un resumen de todas estas cosas, notad y recordad: Desde Adán hasta el diluvio transcurrieron 1656 años, como se colige de Génesis 5 y 7; hasta el fin del diluvio, sin embargo, transcurrieron 1657 años, pues el diluvio duró un año entero, Gén. 7 y 8.
Cristo, pues, nació en el año del mundo 3950.
Cronología de la Biblia
Las investigaciones de los eruditos modernos al consultar los libros y monumentos de los antiguos hasta ahora no han liberado la materia de la cronología de todo enredo y nudo; por el contrario, la han dejado más intrincada y difícil. Por esta razón, hemos considerado suficiente para nuestro propósito señalar a nuestros Lectores una excelente obra de este género titulada Fasti Hellenici, de Clinton, y también haber puesto ante sus ojos la breve tabla tomada de la obra del Dr. Sepp escrita en francés, La Vie de N.-S. Jesus-Christ, vol. II, p. 454.
Genealogía Patriarcal
Adán, de 130 años de edad, engendra a Set. Año del mundo: 130. Años antes de Cristo: 4061.
Set, de 105 años de edad, engendra a Enós. Año del mundo: 235. Años antes de Cristo: 3956.
Enós, de 90 años de edad, engendra a Cainán. Año del mundo: 325. Años antes de Cristo: 3866.
Cainán, de 70 años de edad, engendra a Malaleel. Año del mundo: 395. Años antes de Cristo: 3796.
Malaleel, de 65 años de edad, engendra a Jared. Año del mundo: 460. Años antes de Cristo: 3731.
Jared, de 162 años de edad, engendra a Enoc. Año del mundo: 622. Años antes de Cristo: 3569.
Enoc, de 65 años de edad, engendra a Matusalén. Año del mundo: 687. Años antes de Cristo: 3504.
Matusalén, de 187 años de edad, engendra a Lamec. Año del mundo: 874. Años antes de Cristo: 3317.
Lamec, de 182 años de edad, engendra a Noé. Año del mundo: 1056. Años antes de Cristo: 3135.
Noé, de 500 años de edad, engendra a Sem, Cam y Jafet. Año del mundo: 1556. Años antes de Cristo: 2635.
Matusalén muere a los 969 años de edad. El diluvio se completa en el 34.° jubileo después de la creación (el mismo número de años que Cristo vivió en la tierra), estando Noé en su año 600 de vida. El diluvio cesa. Año del mundo: 1657. Años antes de Cristo: 2534.
Dos años después, Sem, de 100 años de edad, engendra a Arfaxad. Año del mundo: 1659. Años antes de Cristo: 2532.
Arfaxad, de 35 años de edad, engendra a Salé. Año del mundo: 1694. Años antes de Cristo: 2497.
Salé, de 30 años de edad, engendra a Éber. Año del mundo: 1724. Años antes de Cristo: 2467.
Éber, de 34 años de edad, engendra a Peleg. Año del mundo: 1758. Años antes de Cristo: 2433.
Peleg, de 30 años de edad, engendra a Reu. Año del mundo: 1788. Años antes de Cristo: 2403.
Reu, de 32 años de edad, engendra a Serug. Año del mundo: 1820. Años antes de Cristo: 2371.
Serug, de 30 años de edad, engendra a Najor. Año del mundo: 1850. Años antes de Cristo: 2341.
Najor, de 29 años de edad, engendra a Taré. Año del mundo: 1879. Años antes de Cristo: 2312.
Taré, de 70 años de edad, engendra a Abram, Najor y Harán. Año del mundo: 1949. Años antes de Cristo: 2242.
Abram, de 75 años de edad, llega a la tierra de Canaán. Año del mundo: 2084. Años antes de Cristo: 2107.
Abraham, de 86 años de edad, engendra a Ismael. Año del mundo: 2095. Años antes de Cristo: 2096.
Abraham, de 100 años de edad, engendra a Isaac. Año del mundo: 2109. Años antes de Cristo: 2082.
Isaac, de 40 años de edad, se casa con Rebeca. Año del mundo: 2149. Años antes de Cristo: 2042.
Isaac, de 60 años de edad, engendra a Esaú y Jacob. Año del mundo: 2169. Años antes de Cristo: 2022.
Abraham, de 175 años de edad, muere. Año del mundo: 2184. Años antes de Cristo: 2007.
Esaú, a los cuarenta años, se casa con la hija de Beerí el hitita. Año del mundo: 2209. Años antes de Cristo: 1982.
Jacob, de 77 años de edad, huye a Mesopotamia. Año del mundo: 2246. Años antes de Cristo: 1945.
Jacob, de 91 años de edad, engendra a José. Año del mundo: 2260. Años antes de Cristo: 1931.
Jacob, de 97 años de edad, regresa a la tierra de Canaán. Año del mundo: 2266. Años antes de Cristo: 1925.
José, de 16 años de edad, es vendido por sus hermanos. Año del mundo: 2276. Años antes de Cristo: 1915.
Isaac, de 180 años de edad, muere. Año del mundo: 2289. Años antes de Cristo: 1902.
Jacob, de 130 años de edad, llega a Egipto, en el año 24 después de la propia llegada de José, y 215 años después de la migración de Abraham. Año del mundo: 2299. Años antes de Cristo: 1892.
Jacob muere, de 147 años de edad. Año del mundo: 2316. Años antes de Cristo: 1875.
José muere, de 110 años de edad. Año del mundo: 2370. Años antes de Cristo: 1821.
Los israelitas salen de Egipto en el año 430 de la cautividad. Año del mundo: 2700. Años antes de Cristo: 1491.
Reyes de Judá
Se cuentan 480 años desde la cautividad egipcia hasta la edificación del Templo, en el cuarto año del reinado de Salomón. Año del mundo: 3011. Años antes de Cristo: 1180.
Desde este punto hasta la edificación del templo herodiano transcurrieron 1000 años. Salomón, además, reinó 36 años después de edificar el Templo. Año del mundo: 3046. Años antes de Cristo: 1145.
Roboam reina 17 años. Año del mundo: 3082. Años antes de Cristo: 1109.
Abías reina 3 años. Año del mundo: 3085. Años antes de Cristo: 1106.
Asá reina 41 años. Año del mundo: 3126. Años antes de Cristo: 1065.
Josafat reina 25 años. Año del mundo: 3151. Años antes de Cristo: 1040.
Jorám reina 8 años. Año del mundo: 3159. Años antes de Cristo: 1032.
Ocozías reina 1 año. Año del mundo: 3160. Años antes de Cristo: 1031.
Atalía reina 6 años. Año del mundo: 3166. Años antes de Cristo: 1025.
Joás reina 40 años. Año del mundo: 3206. Años antes de Cristo: 985.
Amasías reina 29 años. Año del mundo: 3235. Años antes de Cristo: 956.
Ozías reina 52 años. Año del mundo: 3287. Años antes de Cristo: 904.
Jotam reina 16 años. Año del mundo: 3303. Años antes de Cristo: 888.
Acaz reina 16 años. Año del mundo: 3319. Años antes de Cristo: 872.
Ezequías reina 29 años. Año del mundo: 3348. Años antes de Cristo: 843.
Manasés reina 55 años. Año del mundo: 3403. Años antes de Cristo: 788.
Amón reina 2 años. Año del mundo: 3405. Años antes de Cristo: 786.
Josías reina 31 años. Año del mundo: 3436. Años antes de Cristo: 755.
Joacaz reina 3 meses. Año del mundo: 3436. Años antes de Cristo: 755.
Joaquím reina 11 años. Año del mundo: 3447. Años antes de Cristo: 744.
Jeconías reina 3 meses. Año del mundo: 3447. Años antes de Cristo: 744.
Sedecías reina 11 años, antes de que Jerusalén fuera asaltada por Nabucodonosor. Este asalto ocurrió 430 años después de la edificación del templo salomónico, 580 años antes del nacimiento de Cristo, o 166 años después de la fundación de Roma. Año del mundo: 3611. Años antes de Cristo: 580.
Pues Jeconías estuvo cautivo en Babilonia durante 37 años, hasta el reinado de Evil-Merodac (4 Reyes 25). Desde allí hasta la toma de Babilonia por Ciro transcurrieron 23 años según el canon de Ptolomeo, luego 233 años hasta Ptolomeo Lago, luego 275 años hasta que Alejandría fue tomada por Augusto (año 724 de la Ciudad). Ahora bien, si se restan 166 años de 747 (cuando la Ciudad fue fundada), se obtendrá 581, o el año del mundo 4191.
Por tanto, desde la creación del mundo hasta el nacimiento de Cristo mediaron 4191 años solares, pero 4320 años lunares y 5625 años sacerdotales.
Cf. des Vignoles, Cronología de la Historia Sagrada.