Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del capítulo
Dios prescribe las víctimas establecidas que han de ofrecerse en los días de fiesta: primero, que cada día se sacrifique un cordero por la mañana y otro por la tarde; este era el sacrificio perpetuo. Segundo, versículo 9, que en el sábado se sacrifiquen dos corderos por la mañana. Tercero, versículo 11, que en el novilunio se sacrifiquen como holocausto dos becerros, un carnero y siete corderos; y por el pecado, un macho cabrío. Manda ofrecer las mismas víctimas en la fiesta de la Pascua, versículo 16, y en la fiesta de Pentecostés, versículo 26.
Nota: En este capítulo y en el siguiente, donde aparece «sacrificio», se entiende como la ofrenda de grano, a saber, la minjá; «incienso», sin embargo, no significa el incienso propiamente dicho, sino la víctima quemada y cremada a Dios; «holocausto perpetuo», finalmente, designa el sacrificio continuo del cordero.
Texto de la Vulgata: Números 28:1-31
1. Dijo también el Señor a Moisés: 2. Manda a los hijos de Israel, y les dirás: Ofreced mi oblación, y pan, e incienso de suavísimo olor, en sus tiempos debidos. 3. Estos son los sacrificios que debéis ofrecer: Dos corderos primerizos sin mancha cada día como holocausto perpetuo. 4. Uno lo ofreceréis por la mañana, y el otro por la tarde: 5. la décima parte de un efá de flor de harina, rociada con aceite purísimo, en la medida de la cuarta parte de un hin. 6. Es el holocausto perpetuo que ofrecisteis en el monte Sinaí, en olor suavísimo de incienso al Señor. 7. Y como libación ofreceréis la cuarta parte de un hin por cada cordero en el santuario del Señor. 8. Y ofreceréis el otro cordero de igual manera por la tarde, conforme a todo el rito del sacrificio matutino y de sus libaciones, oblación de suavísimo olor al Señor. 9. El día de sábado ofreceréis dos corderos primerizos sin mancha, y dos décimas de flor de harina rociada con aceite como sacrificio, y las libaciones, 10. que se derraman ritualmente cada sábado como holocausto perpetuo. 11. Y en los primeros días de los meses ofreceréis un holocausto al Señor: dos becerros del rebaño, un carnero, siete corderos primerizos sin mancha, 12. y tres décimas de flor de harina rociada con aceite como sacrificio por cada becerro; y dos décimas de flor de harina rociada con aceite como sacrificio por el carnero; 13. y un diezmo de un diezmo de flor de harina mezclada con aceite como sacrificio por cada cordero. Es un holocausto de suavísimo olor y una ofrenda encendida al Señor. 14. Y estas serán las libaciones de vino que se han de derramar por cada víctima: la mitad de un hin por cada becerro, la tercera parte de un hin por el carnero, y la cuarta parte de un hin por cada cordero. Este será el holocausto por cada mes, según se suceden en el curso del año. 15. También se ofrecerá al Señor un macho cabrío por los pecados, como holocausto perpetuo con sus libaciones. 16. Y en el primer mes, el día catorce del mes, será la Fase del Señor, 17. y el día quince la solemnidad: durante siete días comerán panes ázimos. 18. El primer día de los cuales será venerable y santo: no haréis en él obra servil. 19. Y ofreceréis una ofrenda encendida, un holocausto al Señor: dos becerros del rebaño, un carnero, siete corderos primerizos sin mancha; 20. y los sacrificios de cada uno de ellos, de flor de harina rociada con aceite: tres décimas por cada becerro, y dos décimas por el carnero, 21. y un diezmo de un diezmo por cada cordero, esto es, por los siete corderos: 22. y un macho cabrío por el pecado para hacer expiación por vosotros, 23. además del holocausto matutino, que siempre ofreceréis. 24. De esta manera haréis cada día de los siete días, como alimento del fuego, y en olor suavísimo al Señor, que se elevará del holocausto y de las libaciones de cada uno. 25. El séptimo día también será muy solemne y santo para vosotros: no haréis en él obra servil. 26. El día de las primicias también, cuando cumplidas las semanas ofreceréis frutos nuevos al Señor, será venerable y santo: no haréis en él obra servil. 27. Y ofreceréis un holocausto en olor suavísimo al Señor: dos becerros del rebaño, un carnero, y siete corderos primerizos sin mancha; 28. y en los sacrificios de cada uno, flor de harina rociada con aceite, tres décimas por cada becerro, dos por cada carnero, 29. un diezmo de un diezmo por cada cordero, que en total son siete corderos: también un macho cabrío, 30. que se inmola por la expiación: además del holocausto perpetuo y sus libaciones, 31. los ofreceréis todos sin mancha con sus libaciones.
Versículo 1: El Señor dijo a Moisés
1. Dijo también el Señor a Moisés. — No consta con certeza cuándo y dónde dijo Dios estas cosas: es verosímil, sin embargo, que aquí se conserva el orden del tiempo y de la narración (pues nada impide que se conserve, y por tanto que estas cosas fueron dichas a Moisés poco antes de su muerte, en el año 40 de la salida de Egipto, en el último campamento). Así lo sostiene el Abulense.
Versículo 2: Ofreced mi oblación y pan
2. Ofreced mi oblación, y pan, e incienso de suavísimo olor. — Por oblación, pan e incienso, no entiende los panes de la proposición ni el incienso propiamente dicho, sino únicamente las víctimas ofrecidas y quemadas a Dios. Pues estas son el pan, es decir, el alimento de Dios; esto es claro por el hebreo, que reza así: ofreced mi oblación (a saber) mi pan (es decir, mis víctimas) mediante mis ofrendas ígneas (por las cuales estas víctimas son encendidas y cremadas a Dios por el fuego) en olor de suavidad.
Versículo 3: Dos corderos primerizos sin mancha cada día
3. Dos corderos primerizos sin mancha cada día. — Aquí se describe el sacrificio que debía ofrecerse dos veces al día, a saber, una vez por la mañana y otra por la tarde, y que por ello se llamaba sacrificio perpetuo. La víctima que debía ofrecerse no era un becerro ni un cabrito (que podía ofrecerse en la Pascua), sino un cordero. Pues esto es lo único que significa la palabra hebrea kebes.
Nótese primero: Este cordero debía ser enteramente quemado a Dios, como Señor supremo de todas las cosas, y convertido en holocausto. Segundo, uno se quemaba por la mañana y otro por la tarde, para que tanto al principio como al final del día adorasen a Dios con este culto y terminasen el día como lo habían comenzado. ¿Qué cristiano, pues, descuidaría la oración matutina y vespertina, por la cual da gracias a Dios por la tarde por los beneficios del día, por la mañana por los de la noche, y se encomienda a Él junto con todos sus asuntos? Tercero, el cordero debía ser primerizo, es decir, no exceder de un año: de ahí que el Abulense piense que primerizo, o de un año, se llama así incluso si tuviera solamente 8 días; pues después de ocho días podían sacrificarse a Dios los corderos, cabritos y becerros, como consta en Éxodo xxii, 30. Cuarto, debía ser sin mancha, es decir, íntegro y sin defecto corporal; podía, sin embargo, ser blanco, negro, y tener manchas blancas o negras. Quinto, a cada cordero, en lugar de libación, debía añadirse una décima parte, o isarón, de flor de harina mezclada con aceite, que tenía la medida de la cuarta parte de un hin; también la cuarta parte de un hin de vino, que igualmente debía derramarse como libación sobre el cordero y la harina, y quemarse con ellos: entiéndase esto de una porción del vino y de un puñado de la harina o minjá. Pues solo esto se quemaba con el cordero; pero el resto de la harina y del vino correspondía al sacerdote que ofrecía, como dije en el cap. xv, versículo 5, y como enseña aquí el Abulense. Un isarón de harina equivale aproximadamente a cuatro libras; la cuarta parte de un hin son tres copas de trece onzas de agua o vino.
Versículo 6: El holocausto perpetuo ofrecido en el Sinaí
6. Es el holocausto perpetuo que ofrecisteis en el monte Sinaí. — De aquí se colige suficientemente que los hebreos en el desierto no ofrecieron estos corderos, ni sacrificaron después de su partida del Sinaí durante 38 años; pero que el sacrificio perpetuo fue ofrecido en el Sinaí consta por Levítico ix, 17 y Éxodo xxix, 38. Pues en el Sinaí se instituyó el sacerdocio y los sacrificios, y allí Aarón y sus hijos celebraron sus primicias sacrificando.
Del incienso. — En hebreo: de la ofrenda ígnea, es decir, de un sacrificio encendido y cremado a Dios. Véase lo dicho en el versículo 2.
Versículo 9: El día de sábado
9. El día de sábado ofreceréis dos corderos. — Estas son las víctimas para la fiesta del sábado, a saber, dos corderos. Por la mañana del sábado, por tanto, se sacrificaban tres corderos, a saber, uno por el sacrificio perpetuo y dos por el sábado; esto consta por el hebreo, como mostraré enseguida.
Y dos décimas de flor de harina mezclada con aceite, como sacrificio — para el sacrificio, a saber, para la minjá; pues esto es lo que comúnmente significa «sacrificio» en el Levítico, a saber, que es una ofrenda de grano, no de carne.
Versículos 9-10: Las libaciones del sábado y el sacrificio perpetuo
9 y 10. Y las libaciones (ofrendas líquidas de harina, aceite y vino) que se derraman ritualmente cada sábado, como holocausto perpetuo. — En hebreo y caldeo se lee: El holocausto del sábado en su sábado, es decir, cada sábado se ofrecerán dos corderos, como se ha dicho, además del holocausto perpetuo y su libación. Y así lo que nuestro traductor vierte como «y las libaciones», etc., debe entenderse del mismo modo, es decir: Además del sacrificio del sábado, ofreceréis también las libaciones, es decir, las ofrendas líquidas, que se derraman ritualmente según la ley cada sábado, esto es, cada día (pues el sábado frecuentemente significa esto), por, o además del, holocausto perpetuo y continuo. Así el Abulense. De donde consta que en el sábado, como en las demás fiestas, se mantenía el sacrificio perpetuo diario; pero además de este, era propio de la fiesta del sábado que, a causa del sábado, se sacrificasen otros dos corderos, que por la mañana, como las demás víctimas, después de la ofrenda del sacrificio perpetuo, se inmolaban juntos. Así el Abulense.
De igual modo, si dos fiestas coincidían en un mismo día, se hacían ese día los sacrificios propios de cada fiesta, y además el sacrificio perpetuo, que era primero y precedía a todos los demás. Así la fiesta de las Trompetas siempre caía en el novilunio, a saber, en el primer día del séptimo mes, y podía suceder que este primer día fuese sábado, y entonces debían ofrecerse las víctimas tanto del sábado como de las Trompetas y del novilunio, después del sacrificio perpetuo. Igualmente, la Pascua y Pentecostés podían caer en sábado, pero no en el primero del mes, porque la Pascua nunca caía en el primero sino siempre en el día 14 del primer mes; mientras que Pentecostés siempre caía en el sexto día del tercer mes.
Versículo 11: En las calendas
11. En los primeros días de los meses ofreceréis un holocausto. — Las calendas eran el primer día del mes, que también se llama novilunio o día de luna nueva, porque los hebreos calculaban sus meses según el curso de la luna, a saber, de un novilunio al siguiente, de modo que el primer día del mes siempre coincidía con el novilunio. Este primer día del mes no era propiamente una fiesta, porque en él no se cesaba de trabajar por precepto de Dios; aunque quizás por devoción muchos cesaban de trabajar, lo cual insinúa San Agustín cuando dice: «Mejor harían las mujeres judías hilando en los novilunios que danzando impúdicamente en ellos.» De ahí que en Levítico xxiii los novilunios no se cuenten entre las fiestas. Sin embargo, era solemne por el sonido de las trompetas y los sacrificios, como consta por este pasaje, y por Números x, 10, y por el Salmo 80, versículo 4: «Tocad la trompeta en el novilunio, en el día solemne de vuestra fiesta.»
Sobre el calendario hebreo y el novilunio
Además, aunque el novilunio y el primer día del mes caían en el mismo día, no siempre coincidían a la misma hora; pues como entre un novilunio y el siguiente median 29 días y 12 horas, y cada día tiene 24 horas, sucedía que el mes hebreo tenía alternativamente unas veces 29 y otras 30 días, al unirse las 12 horas sobrantes de ambos meses (el presente y el precedente) para completar el trigésimo día.
Por tanto, si suponemos que en el primer mes, que es de 29 días, el novilunio y el primer día del mes comienzan a la misma hora, es necesario que en el mes siguiente, que tiene 30 días, el novilunio no comience a la primera hora del primer día, sino después de 12 horas, a saber, al atardecer de ese día. Pues las 12 horas sobrantes del novilunio y mes precedentes fueron trasladadas al mes siguiente y a su primer día, después de las cuales comienza el siguiente novilunio.
De aquí se deduce que ningún mes intercalar de los hebreos fue de 22 o 23 días, como sostuvieron Sigonio y algunos otros; sino que todos fueron de 29 o 30 días: pues de otro modo las calendas se habrían celebrado en un día distinto del novilunio, y el primer día del mes no habría coincidido con el novilunio; lo cual, por lo dicho, es evidentemente falso.
De ahí que los judíos aún hoy, cuando se acerca el novilunio, suben a las torrecillas de sus sinagogas y observan diligentemente la salida de la luna, y tan pronto como aparece, inmediatamente anuncian el novilunio con el sonido de la trompeta. De manera semejante, los antiguos romanos contaban sus meses por lunaciones, antes de la reforma del año en meses solares, como enseña Macrobio, libro I de los Saturnales.
De aquí se deduce, en segundo lugar, que el año de los hebreos unas veces comenzaba antes del equinoccio de primavera y otras después de él; pues la intercalación, que se hacía cada dos años o cada tres, provocaba que el primer mes del año siguiente cayese después del equinoccio; la razón de esto era que el mes intercalar era el último del año, y por tanto no el primero sino el decimotercero, que en consecuencia estaba más próximo al equinoccio que el primer mes del año siguiente; y por ello el primer mes del año siguiente debía seguir al equinoccio, no precederlo, como enseña el Abulense en Levítico xxiii.
Se deduce, en tercer lugar, que los meses de los hebreos no correspondían por igual a los meses solares romanos. Pues así vemos también ahora que el novilunio frecuentemente no coincide con el primer día del mes, sino que ocurre mucho después, y por tanto una lunación y un mes lunar caen en parte en un mes solar y en parte en el siguiente.
Por qué Dios instituyó el novilunio
Se pregunta: ¿cuáles fueron las razones por las que Dios instituyó el novilunio? Respondo: La primera fue recordar el beneficio de la gobernación divina; pues así como en el sábado los hebreos celebraban el memorial de la creación, así en el novilunio celebraban la gobernación divina. Pues esta es aptamente significada por la luna nueva; porque la luna domina sobre estos cuerpos inferiores y suele alterarlos especialmente en el novilunio. Así Lira aquí, y Santo Tomás, I-II, Cuestión 102, artículo 4, ad 10. Por tanto, al celebrar el novilunio, los judíos daban gracias a Dios por el beneficio de la gobernación, tanto de todo género, pero especialmente de aquella que Dios nos dispensa mediante la influencia del sol, la luna y los demás cuerpos celestes.
Por esta razón los gentiles romanos «consagraron el año a Júpiter, es decir, al sol, y los meses a Juno, es decir, a la luna. Pues el sol produce el año, la luna los meses. Además, la luna fue llamada Juno por "rejuvenecer", y Lucina como si fuese "la que brilla"; y pensaban que ella prestaba auxilio a las mujeres en el parto, de donde el verso: A través del cerúleo polo de los astros, y la luna que acelera los partos. Pues las mujeres parecen dar a luz más fácilmente bajo la luna llena,» dice Plutarco en las Cuestiones Romanas.
Asimismo, los gentiles, para profesar la gobernación divina, enseñaban que doce dioses presidían los doce meses. Pues se creía que la tutela de enero la tenía Juno, la de febrero Neptuno, la de marzo Minerva, la de abril Venus, la de mayo Apolo, la de junio Mercurio, la de julio Júpiter, la de agosto Ceres, la de septiembre Vulcano, la de octubre Marte, la de noviembre Diana y la de diciembre Vesta, como enseña Giraldo, Sintagma 1.
La segunda razón fue que los hebreos ofreciesen a Dios las primicias tanto del tiempo y los meses como de las cosechas: de ahí que en el novilunio ofrecían como holocausto dos becerros, un carnero, siete corderos, con sus libaciones, como se dice en este versículo; también un macho cabrío por el pecado, como se dice en el versículo 15.
La tercera, que mediante sacrificios y oraciones pidiesen y obtuviesen de Dios, al comienzo mismo del mes, un curso próspero y saludable para todo el mes.
La cuarta, para escuchar la ley de Dios y lo que debía hacerse aquel mes en el tabernáculo. Por esta razón también entre los romanos, en las calendas, el pueblo se reunía en la ciudad, para que cada uno aprendiese y entendiese lo que había de hacerse aquel mes en los asuntos divinos y humanos; de donde el pontífice, habiendo convocado al pueblo al Capitolio (calata, es decir, llamada), anunciaba con la voz repetida de «calo» cuántos días faltaban hasta las nonas, y de aquí recibieron las calendas su nombre, sobre lo cual habla extensamente Macrobio, libro I de los Saturnales. Y de las calendas se llaman calendarios, es decir, registros diarios en los que se describían las calendas de cada mes con los demás días.
Puedes aplicar oportunamente estas cosas al primer domingo del mes, en el cual los cristianos más devotos suelen renovar su espíritu, confesarse, comulgar, dar gracias a Dios por los beneficios recibidos en el mes pasado, y ofrecerle el comienzo del nuevo mes, y el mes entero, y pedir todos los bienes en él; para lo cual los Sumos Pontífices han concedido indulgencias plenarias en nuestras iglesias; pues no conviene que los cristianos cedan ante los judíos en esta piedad y gratitud.
Versículo 13: Una décima de una décima de flor de harina
13. Y una décima de una décima de flor de harina mezclada con aceite. — Una décima de una décima era una sola décima. Pues así como por un becerro ofrecían tres décimas de flor de harina como libación, por un carnero dos, así por un cordero una décima, como consta del cap. xv, versículo 5. Aquella única décima, por tanto, aquí y en el versículo 21, se llama décima de una décima, es decir, la décima parte de un efá, que era la décima parte de un coro; pues un coro contenía 10 efás, y un efá contenía 10 décimas o isarones. Un isarón, por tanto, o décima, era la décima parte de la décima, es decir, del efá, pero la centésima parte del coro (pues diez veces diez son cien). En lugar de «décima de una décima», el hebreo tiene isarón isarón; lo cual, con el caldeo, también puede traducirse: y sendas décimas por cada uno de los corderos; pues la duplicación hebrea distribuye y equivale a «por cada uno».
Versículo 15: Un macho cabrío por el pecado
15. También se ofrecerá al Señor un macho cabrío por los pecados, como holocausto perpetuo con sus libaciones. — Hasta aquí ha descrito los holocaustos que debían sacrificarse en las calendas o luna nueva; ahora describe la víctima por el pecado que debía sacrificarse en las calendas: era un macho cabrío.
Los talmudistas fabulan que este macho cabrío se sacrificaba cada mes en las calendas como ofrenda por el pecado, no del pueblo, sino de Dios, porque Él, dicen, cometió un pecado al disminuir la luz de la luna y hacerla menguar, siendo que antes la luna tenía luz igual a la del sol; y esto porque la luna había dicho a Dios que un rey no debía tener dos coronas, deseando que Dios quitara la luz del sol para que ella misma superara al sol en su esplendor. Pero estas cosas son tan necias y estúpidas como blasfemas.
Digo, por tanto, que este macho cabrío se ofrecía por el pecado de todo el pueblo, indeterminada y genéricamente por todo el año, pero especialmente por los pecados cometidos en el mes precedente recién transcurrido.
Se pregunta: ¿cómo se llama a este macho cabrío por el pecado holocausto perpetuo? Asimismo, ¿cómo tenía libaciones? Podría responderse que este macho cabrío se llama holocausto perpetuo por catacresis, porque en tiempos señalados, a saber, en las calendas, la grasa del macho cabrío siempre debía quemarse a Dios; pues la carne restante correspondía al sacerdote, según la ley de Levítico vi, 25. De manera semejante, la grasa de la hostia pacífica se dice que se quema como holocausto, cap. iii, 5.
Asimismo, por «libaciones» aquí podría entenderse la sal; pues la minjá, es decir, la flor de harina, el vino y el aceite, no se ofrecían como libaciones en las víctimas por el pecado, como se dijo en el cap. xv, 3; ni se quemaba incienso con ellas, como consta de Levítico v, 12.
Pero estas explicaciones parecen forzadas y rebuscadas. Por lo cual digo que el sentido de este pasaje debe extraerse del hebreo, que el caldeo, los Setenta, Vatablo y otros traducen clara y llanamente así: ofreceréis un macho cabrío por el pecado, además del holocausto perpetuo con sus libaciones; es decir: En las calendas ofreceréis un macho cabrío por el pecado, además de y después del sacrificio perpetuo. Pues el holocausto perpetuo nunca podía omitirse, ni en las calendas ni en ninguna otra ocasión, aunque se ofrecieran muchas otras víctimas, y tenía sus propias libaciones de harina, aceite y vino. Que esto es así consta además del hecho de que del mismo modo exacto dijo, en el versículo 10, que en el sábado deben ofrecerse dos corderos además del sacrificio perpetuo, como consta del hebreo; pues allí aparecen las mismas palabras que aquí. Del mismo modo también, en el versículo 23, dice que en la Pascua las víctimas pascuales deben ofrecerse «además del holocausto matutino», como traduce nuestro intérprete, y lo mismo se repite en cada una de las demás fiestas, último versículo, y en el capítulo siguiente, versículos 6, 11, 16, 22, 25, 28, 32, 34, 38; por tanto, no cabe duda de que quiso decir lo mismo acerca de las calendas. Por lo cual nuestra traducción en este lugar debe explicarse del mismo modo según el hebreo, el caldeo y los Setenta, de suerte que «como holocausto» signifique «además del holocausto, con el holocausto, más allá del holocausto»; así decimos comúnmente: El rey dio vestiduras doradas a su hija como dote, es decir, además de la dote, con la dote; pues las vestiduras no suelen darse como dote en sí misma, y la preposición «en» a menudo se toma por «a, con», etc. Quizás también en lugar de «como holocausto» deba leerse «además del holocausto», como sostiene el Abulense, quien piensa que el texto latino aquí está corrompido o mutilado por culpa de los copistas.
Versículo 16: La Fase del Señor
16. Será la Fase del Señor — será la fiesta de la Pascua.
Versículo 19: Las ofrendas pascuales
19. Y ofreceréis una ofrenda ígnea como holocausto al Señor. — En lugar de «incienso», el hebreo tiene «ofrenda ígnea», es decir, una víctima que se quema por el fuego y se convierte en holocausto. De este versículo consta que en la fiesta de la Pascua se ofrecían como holocausto dos becerros, un carnero, siete corderos con sus libaciones, y un macho cabrío por el pecado.
Versículos 22-23: Expiación además del holocausto matutino
22 y 23. Para que se haga expiación (para que haya propiciación) por vosotros, además del holocausto matutino. — Entiéndase también el vespertino, pero no se expresa, porque no había motivo de duda acerca de él, como lo había acerca del matutino; pues el matutino podía parecer omisible, ya que aquella misma mañana se ofrecían tantos otros sacrificios: por lo cual Dios manda expresamente que no se omita.
Versículo 24: Como pábulo del fuego
24. Como pábulo del fuego. — En hebreo: como el pan, o alimento del fuego, es decir, como sustento del fuego.
Versículo 26: El día de las primicias
26. También el día de las primicias (en el cual ofrecían los primeros frutos maduros, es decir, panes de las primeras cosechas, a saber, el día de Pentecostés, que se celebra cumplidas siete semanas, contadas desde el segundo día de los Ázimos) será venerable y santo.
Versículo 27: Las ofrendas de Pentecostés
27. Y ofreceréis un holocausto. — Las mismas víctimas se manda aquí ofrecer en la fiesta de Pentecostés que las que se mandaron ofrecer en la Pascua, versículo 19. Nótese que estas víctimas son distintas de aquellas de las cuales véase Levítico xxiii, 18, como dije allí.