Cornelius a Lapide

Génesis XVI


Índice


Sinopsis del capítulo

Agar concibe de Abram; por ello se ensoberbece, es afligida y huye al desierto; allí, en el versículo 7, el ángel la consuela y le ordena regresar, y al mismo tiempo le promete y le describe al hijo Ismael: al cual, tras regresar, en el versículo 15, Agar da a luz.


Texto de la Vulgata: Génesis 16:1-16

1. Sarai, esposa de Abram, no le había dado hijos; pero teniendo una sierva egipcia llamada Agar, 2. dijo a su marido: He aquí que el Señor me ha cerrado para que no dé a luz; entra a mi sierva, para que quizá al menos de ella reciba hijos. Y cuando él accedió a su ruego, 3. tomó a Agar la egipcia, su sierva, después de haber habitado diez años en la tierra de Canaán, y la dio a su marido por esposa. 4. Y él entró a ella. Mas ella, viendo que había concebido, despreció a su señora. 5. Y Sarai dijo a Abram: Obras injustamente contra mí. Yo di a mi sierva en tu seno, y ella, viendo que ha concebido, me tiene en desprecio. Juzgue el Señor entre tú y yo. 6. Y Abram le respondió: He aquí que tu sierva está en tu mano; haz con ella lo que te plazca. Así pues, afligiéndola Sarai, ella emprendió la huida. 7. Y cuando el Ángel del Señor la halló junto a una fuente de agua en el desierto, que está en el camino de Sur en el desierto, 8. le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y adónde vas? Ella respondió: Huyo de la presencia de Sarai mi señora. 9. Y el Ángel del Señor le dijo: Vuelve a tu señora y humíllate bajo su mano. 10. Y de nuevo: Multiplicando multiplicaré, dijo, tu descendencia, y no se podrá contar por su multitud. 11. Y además: He aquí, dijo, has concebido y darás a luz un hijo; y llamarás su nombre Ismael, porque el Señor ha oído tu aflicción. 12. Él será un hombre fiero: su mano contra todos, y las manos de todos contra él; y plantará sus tiendas frente a todos sus hermanos. 13. Y ella invocó el nombre del Señor que le hablaba: Tú eres el Dios que me ha visto. Pues dijo: Ciertamente aquí he visto la espalda del que me ve. 14. Por eso llamó a aquel pozo, el Pozo del Viviente que me ve. Está entre Cadés y Barad. 15. Y Agar dio a luz un hijo a Abram, quien llamó su nombre Ismael. 16. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar le dio a luz a Ismael.


Versículo 2: El Señor me ha cerrado — Entra a mi sierva

«El Señor me ha cerrado.» Nótese el hebraísmo: abrir el vientre es hacer fecunda, dar descendencia; por el contrario, cerrar el vientre, o a una mujer, es hacerla estéril, privarla de la concepción y de la prole.

«Entra a mi sierva» — como marido a tu esposa, a quien mediante esta entrada, es decir, mediante la unión conyugal, te unes en matrimonio.

Calvino censura aquí a Sara como alcahueta y a Abram como adúltero con su sierva Agar. Pero a ambos los excusan San Juan Crisóstomo, San Agustín, San Ambrosio, Josefo, San Jerónimo y otros. Pues Abram no tomó a Agar como concubina, sino que la desposó aquí como esposa secundaria; porque entonces la poligamia estaba permitida. Y no fue la lujuria sino la esperanza y el deseo de prole y posteridad lo que movió tanto a Sara como a Abram. Bellamente dice San Agustín en el libro XVI de La Ciudad de Dios, capítulo 25, acerca de Abram: «¡Oh varón, que usa virilmente de las mujeres: de la esposa con templanza, de la sierva con obediencia, de ninguna con intemperancia!»

Josefo añade que Sara, advertida por Dios, instó a Abrahán al matrimonio con Agar. San Agustín insinúa lo mismo en el libro X Contra Fausto, capítulo 32.

Donde nótese: primero, la fe y la piedad de Sara, que, olvidada de su propia dignidad, actúa para que la promesa de Dios acerca de la descendencia y el linaje de Abrahán se cumpla. Segundo, su prudencia, pues da a su marido una esposa que no es ajena sino sierva, para poder reclamar como propios a los hijos nacidos de ella. Tercero, su humildad, pues voluntariamente cede su derecho y antepone a la sierva sobre sí misma: por cuya razón mereció ser exaltada por Dios mediante la concepción de Isaac. Cuarto, su amor hacia su marido, para proveer a su linaje. Quinto, su castidad, pues al ver que no puede concebir, ya no desea a su marido. Solo en una cosa fue Sara menos perfecta que Abrahán: en que fue demasiado precipitada para obtener descendencia, como suelen hacer las mujeres. Pues Abrahán y todo verdadero fiel espera, aunque el Señor se demore. Por lo cual fue castigada en este mismo asunto, a saber, cuando Agar, habiendo dado a luz, despreció a su señora.

Adviertan esto los padres que buscan hijos con deseo excesivo: pues serán castigados por medio de ellos, cuando sus hijos resulten tales que no creen para sus padres sino dificultades y miserias, de modo que a veces deseen que nunca hubieran nacido.

«Y cuando él accedió a su ruego.» Nótese aquí la castidad de Abrahán, que no pudo ser llevado al matrimonio con Agar sino por los ruegos de Sara, y aun entonces solo con reluctancia.

«Reciba hijos.» En hebreo es «seré edificada», es decir, edificaré mi casa. Otros derivan la palabra hebrea de ben, hijo, y traducen: «obtendré un hijo de ella».


Versículo 3: Agar la egipcia

San Juan Crisóstomo piensa que Agar fue dada como regalo por el Faraón a Abrahán cuando este peregrinaba en Egipto, capítulo 12, versículo 16. Filón añade que ella fue convertida a la verdadera fe y al culto del verdadero Dios por Abrahán y Sara, tanto por su palabra como por el ejemplo de su santa vida (los hebreos añaden: también por el milagro con el cual Dios castigó la corte del Faraón a causa del rapto de Sara, capítulo 12, versículo 16); además, que Abram se abstuvo de ella después de que vio que había concebido.

«Después de haber habitado» — es decir, desde que habían comenzado a habitar.


Versículo 5: Obras injustamente contra mí — Juzgue el Señor

«Obras injustamente contra mí.» En hebreo: mi injuria (la que me es infligida por mi sierva) está sobre ti, es decir, ha de ser imputada a ti, porque no castigas a Agar mi sierva, que se insolenta contra mí, sino que la toleras. Así dice San Juan Crisóstomo.

«Juzgue el Señor entre tú y yo.» Acerca de mi causa y la tuya, si acaso es justo que yo sufra esta injuria y que tú la disimules. Véase aquí cuán poco fiables y engañosos son los designios de los hombres, para que aprendamos a confiar no en nosotros mismos sino en Dios. Primero, Sara esperaba la descendencia prometida de Agar, pero es engañada. Segundo, pensaba que mediante el matrimonio vincularía más estrechamente a Agar consigo; pero pronto la halló insolente. Así las siervas y los siervos, si son elevados, se alzan contra sus señores. Proverbios 29:21: «El que desde la niñez nutre con delicadeza a su siervo, al final lo hallará rebelde»; y capítulo 30, versículo 21: «Por tres cosas se conmueve la tierra, y la cuarta no la puede soportar: por el siervo cuando reina; por el necio cuando se harta de comida; por la mujer odiosa cuando es tomada en matrimonio; y por la sierva cuando hereda a su señora.» Tercero, mediante esta soberbia de la madre se prefiguró la fiereza del hijo que habría de nacer, al cual Sara experimentó como perseguidor de su hijo Isaac. Véase cuán mal resultan los planes precipitados y demasiado humanos. Así Ezequías, al mostrar sus tesoros, cortejaba la amistad de los babilonios; pero por medio de ellos mismos los incitó a invadir su reino. De igual modo, cada día hallamos como adversarios especialmente a aquellos a quienes hemos elogiado o promovido en exceso.


Versículo 6: Tu sierva está en tu mano

«He aquí, dijo, tu sierva está en tu mano» — como si dijera: No me imputes a mí la culpa ajena, o más bien la tuya propia. Si fuera un siervo varón, yo lo reprimiría; trata a tu sierva como merece: es de tu jurisdicción, no de la mía. «Sé qué honor te debo: solo una cosa procuro, que estés libre de pena y perturbación, y tengas todo honor», dice San Juan Crisóstomo, Homilía 38. Quien también añade una enseñanza moral: «Esta es la verdadera compañía conyugal, este es el deber del marido, cuando no atiende con demasiada diligencia a las palabras de su esposa, sino que concede algún perdón a la debilidad de su sexo, procurando solo esto: que la tristeza sea eliminada de su medio, y la paz y la concordia se estrechen más firmemente.» Y más adelante: «Para que ella también se vuelva hacia su marido, y el marido huya de los negocios y perturbaciones exteriores y públicas hacia ella como hacia un puerto, y halle todo género de consolación. Pues fue dada como ayuda», etc.

Se objetará: La poligamia es contraria a la ley natural; por tanto, nadie, ni siquiera Dios, puede dispensar de ella ni concederla. Durando, en el libro IV, distinción 33, y el Abulense sobre Mateo capítulo 19, niegan el antecedente. Pues sostienen que la poligamia fue prohibida solo por la ley positiva de Cristo en el Evangelio, Mateo 19:6. Pero todos los demás enseñan que la poligamia es ilícita no solo por ley positiva, sino también por ley natural. De donde San Ambrosio, en el libro I Sobre Abrahán, capítulo 4, la llama adulterio, pero permitido en aquella época a causa de su misterio.

Respondo, pues, negando la consecuencia: porque Dios puede dispensar de la ley natural, especialmente si esta es secundaria, como lo es la ley que prohíbe la poligamia. La poligamia está prohibida en sí misma, a menos que sea permitida por una potestad superior, a saber, la divina; pues entonces es lícita; porque solo es mala y prohibida en sí misma porque repugna en cierta medida a la paz de la familia y a la buena educación de los hijos, a la cual están obligados los padres: pero Dios puede liberar a los padres de esta obligación y compensarla por otro medio y un bien mayor (por ejemplo, la propagación de la verdadera fe). Por tanto, Dios, al dispensar de la ley natural, por ejemplo la monogamia, no tanto suprime y cambia la ley cuanto el objeto y la materia de la ley. Así, cuando mandó a Oseas tomar una meretriz, convirtió a la meretriz en esposa de Oseas. Así, cuando mandó a los hebreos despojar a los egipcios, dio los bienes de los egipcios a los hebreos, y en consecuencia ni el acto de Oseas fue fornicación, ni el de los hebreos fue hurto: porque Dios había dado a Oseas un derecho sobre el cuerpo de la que antes había sido meretriz; y a los hebreos les había dado un derecho sobre los bienes de los egipcios. Así como Dios dio a los hebreos los bienes de los egipcios, del mismo modo perdonó y remitió a Abrahán y a otros de aquella época la obligación de procurar tanta paz en la familia y tan conveniente educación de los hijos como la naturaleza exige a los padres y como suele existir en la monogamia; y en consecuencia Dios les permitió la poligamia, en la cual la educación de los hijos es algo menos conveniente y la paz de la familia algo menor.

Pues Dios puede no solo descuidar sino también perturbar y dispersar, e incluso destruir y matar tanto a la prole como a toda la familia; y esto tanto por medio de otros hombres, incluso los padres, como por sí mismo. Pues Él es el señor supremo de todas las cosas y de la naturaleza misma. Añádase esto: la poligamia, si la esposa principal lo solicita, como aquí lo solicitó Sara, y para la conservación y propagación de la nación y de la verdadera fe y religión, con la aprobación de Dios, no es contraria a la ley natural, como enseñan universalmente los Doctores junto con Santo Tomás.

«Así pues, afligiéndola Sarai» — cuando Sara castigó y reprimió su insolencia.


Versículo 7: El Ángel del Señor

Dios envió este ángel a Agar, movido por las oraciones de Agar, dice Josefo; o más bien, por los méritos y en favor de Abrahán su amigo, para proveer a su descendencia, a saber, Ismael.

«Una fuente» — es decir, un pozo, como se deduce del versículo 14. Pues la Escritura llama fuente al pozo, porque en los pozos hay un manantial y un brotar de aguas.

«Que está.» Es decir, la fuente en aquella parte del desierto por la cual se viaja desde Canaán a través de Sur hacia Egipto: pues Agar, huyendo, se dirigía a Egipto, ya que era su patria. Los sirios llaman a este desierto Agara, por Agar: de donde surgieron los agarenos, que también se llaman ismaelitas, por Ismael, y sarracenos — no por Sara la esposa de Abrahán, como piensa el vulgo basándose en San Jerónimo: pues entonces deberían llamarse saranios; sino por Saraca, ciudad de Arabia, dice Esteban: así también Covarrubias, tomo II, Varias resoluciones, libro IV, capítulo 9.


Versículo 8: Agar, ¿de dónde vienes?

«Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes?» El ángel pregunta, no porque lo desconozca, sino para provocar la confesión del pecado, como si dijera: ¿Cómo te has arrojado de una casa tan buena y feliz como la de Abrahán a este vago y miserable destierro? Así dijo Dios a Adán: «Adán, ¿dónde estás?»; y a Caín: «¿Qué has hecho?»


Versículo 9: Humíllate bajo su mano

«Humíllate bajo su mano» — sométete a su autoridad y corrección. Esta es la primera visión de un ángel en la Escritura. Nótese aquí que la obra y el oficio de los ángeles es reconducir a las personas, como siervos, tanto a Dios como a sus señores. Asimismo, este sano consejo del ángel, «Humíllate bajo su mano», debe darse a las siervas y a los siervos desobedientes y fugitivos.

Tropológicamente, Agar significa el alma pecadora y penitente, Sara la Iglesia, Abram a Cristo: el alma se reconcilia con Cristo mediante la humilde confesión. Véase Fero en este pasaje.


Versículo 10: Multiplicando multiplicaré

«Multiplicando multiplicaré.» Multiplicaré grandemente a tus descendientes por medio de Ismael, porque él es hijo de Abrahán. Así vemos que aun hoy los ismaelitas, o sarracenos, se han extendido y ocupado no solo Arabia, Egipto, Mauritania, Numidia, Turquía, Persia y Armenia, sino también las Indias y casi todo el Oriente en número inmenso.


Versículo 11: Llamarás su nombre Ismael

«Llamarás su nombre Ismael, porque Dios ha oído tu aflicción.» Ismael, pues, significa lo mismo que «la escucha de Dios», o literalmente, «Dios ha oído». Ismael, por tanto, equivale a shama el, es decir, «Dios ha oído», a saber, tu oración, que derramaste cuando eras afligida.

El Abulense y Pereyra observan con razón que cinco, o más bien seis, varones ilustres tuvieron su nombre predicho por Dios antes de su nacimiento. El primero es Ismael, aquí. El segundo es Isaac, Génesis 17:19. El tercero es Salomón, 1 Crónicas 22:9. El cuarto es Josías, 1 Reyes 13:2. El quinto es Juan el Bautista, Lucas 1:60. El sexto es Jesucristo, Mateo 1:21.

«Tu aflicción.» Los rabinos, a quienes sigue el Abulense, relatan que Agar, en parte como castigo por haber despreciado a su señora y en parte por la fatiga del viaje, había perdido al niño en su vientre, y que esta es la aflicción de Agar que aquí se entiende; pero como ella obedeció al ángel que la instaba a regresar y a humillarse bajo su señora, por esta razón Dios revivió al niño que había muerto en el vientre, y esto es lo que el ángel quiere decir con: «He aquí, has concebido», o, como ellos traducen, «concebirás», como si dijera: Recientemente concebiste de Abram, pero ahora has concebido de nuevo de Dios, que ha revivificado a tu hijo muerto; y por eso llamarás el nombre de tu descendencia Ismael, porque Dios ha oído las oraciones de tu aflicción, resucitando al niño. Pero estas son invenciones de los judíos; por tanto, la aflicción aquí se refiere al hambre, la sed, las fatigas, las angustias y otras miserias de la huida y del viaje.


Versículo 12: Será un hombre fiero

«Será un hombre fiero.» En hebreo, será pere, es decir, un onagro, como traduce el Caldeo, o sea: como un onagro, fiero, duro, indomable, solitario, errante sin morada fija e impaciente del yugo. Pues como dice Job, capítulo 11, versículo 12: «El hombre vano se hincha de soberbia y se cree nacido libre como pollino de onagro.»

Nótese: El ángel predice estas cosas no solo de Ismael, sino de sus descendientes: tal como los vemos y experimentamos incluso hoy. Véase Amiano Marcelino, libro 14, Sobre las costumbres de los sarracenos.

«Su mano contra todos, y la mano de todos contra él» — como si dijera: Los descendientes de Ismael atacarán a todos, y serán atacados por todos. Pues en torno al desierto de Parán, en el cual habitó Ismael, vivían muchas naciones que solían combatir contra Ismael y sus descendientes.

«Y plantará sus tiendas frente a todos sus hermanos» — como si dijera: Ismael será audaz e intrépido; pues no será parte de una nación, sino que por sí mismo constituirá separadamente una nación (y esto en favor de Abrahán, cuyo hijo es), que se atreverá a habitar con seguridad frente a sus hermanos y cualesquiera otros pueblos.

Nótese: Los hermanos de Ismael fueron Isaac y los demás hijos de Abrahán nacidos de Queturá; frente a estos habitó Ismael en el desierto de Parán, Génesis capítulo 21.

«Plantará sus tiendas.» Así también hoy muchos nómadas y otros ismaelitas habitan no en casas, sino en pabellones. Estas son las tiendas de Cedar, sobre las cuales véase Cantar de los Cantares, capítulo 1, versículo 5.

En hebreo: habitará ante la faz de todos sus hermanos, es decir, al oriente de sus hermanos. Pues los hebreos, cuando quieren describir la posición de una región, acostumbran volver el rostro hacia el Oriente.


Versículo 13: Tú eres el Dios que me ha visto

«Ella invocó el nombre del Señor.» Invocó el nombre del Señor, diciendo lo que sigue.

«Tú eres el Dios que me ha visto.» Nótese: Agar llama Dios al ángel, porque representaba la persona de Dios, así como un virrey representa al rey. Tú, pues, oh Dios, es decir, oh ángel en lugar de Dios, has visto, es decir, has mirado por mí y por mi aflicción, y has ejercido cuidado y providencia hacia mí en este terrible desierto. Pues aquí Agar da gracias a Dios por su paternal visitación, providencia y protección hacia ella. Así dicen Cayetano, Lipomano y otros.

En segundo lugar, Vatablo traduce: Tú eres el Dios de la visión, porque, esto es, Tú ves todas las cosas, y por tanto incluso a mí, errante y fugitiva en el desierto, donde nadie más me ve ni se preocupa por mí. De donde el Caldeo traduce: Tú eres el Dios que ve todas las cosas.

«Vi la espalda del que me ve» — a saber, de Dios, o más bien del ángel que representaba a Dios, como si dijera: Con estos ojos contemplé a Dios, o más bien al ángel, vuelto de espaldas hacia mí, cuando me hablaba.

Nótese: Dios, o más bien el ángel que representaba a Dios, mostró a Agar — así como mostró a Moisés en Éxodo 33:23 — no su rostro, sino solo su espalda en el cuerpo que había asumido: y esto para significar que el rostro, es decir, el conocimiento claro y la visión de Dios — no solo de la esencia divina, sino también de la gloria del cuerpo asumido por Dios, que en cierta medida corresponde a la majestad de Dios y, como es costumbre, resplandece con mayor brillo en el rostro — no puede ser captado por el ojo mortal.

Además, porque Agar aquí conocía y amaba a Dios imperfectamente, en cuanto huía de la obediencia a su señora y por tanto también huía de Dios; y así, al no haber regresado aún, al no estar plenamente convertida, volvió, por así decirlo, la espalda a Dios: de donde, en reciprocidad, Dios le mostró no su rostro sino su espalda. Por tanto, Dios realizó exteriormente ante los ojos corporales de Agar lo que acontecía en su interior en los ojos de su corazón. Por la misma razón, como atestigua San Gregorio en la Homilía 23 sobre los Evangelios, Cristo, aunque glorificado, apareció como peregrino a los dos discípulos de Emaús, y como hortelano a la Magdalena.

Alegóricamente, Agar es la Sinagoga de los judíos, Sara es la Iglesia de los cristianos, por la cual la primera es expulsada a causa de su insolencia. Véase Ruperto, libro 5, capítulo 25.

De otro modo, e incluso contrariamente, a saber, negativamente, Vatablo y Cayetano traducen y explican estas palabras de este modo, como si dijera: ¿Acaso vi alejarse al que me vio, o se me apareció? No, no lo vi. De donde supe que era un ángel del Señor; pues mientras me hablaba, lo veía: pero luego desapareció de modo que no pude verlo; mientras que habría podido verlo partir si hubiera sido un hombre. Por tanto, verdaderamente supe que el Señor había enviado a su ángel hacia mí para consolarme. Como si Agar concluyera aquí, a partir de la súbita desaparición, que era un ángel del Señor. Pero los Setenta, el Caldeo, nuestra Vulgata y otros generalmente traducen estas palabras no negativamente, sino afirmativamente.


Versículo 14: El pozo del Viviente que me ve

«Llamó» — la propia Agar, o quienquiera que dio este nombre a la fuente o pozo.


Versículo 15: Y Agar dio a luz un hijo

«Y dio a luz» — después de que siguió el consejo del ángel, regresó a casa, y se reconcilió con Abrahán y Sara humillándose.