Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del capítulo
Lot recibe a los ángeles con hospitalidad, a quienes los sodomitas buscan para un crimen abominable; por ello los ángeles, sacando a Lot, queman la Pentápolis con fuego celestial, excepto Segor, para la cual Lot obtiene el perdón. En segundo lugar, en el versículo 26, la mujer de Lot, al mirar hacia atrás, es convertida en estatua de sal, mientras sus hijas conciben de su padre y dan a luz a Moab y Ammón.
Texto de la Vulgata: Génesis 19:1-38
1. Y vinieron dos ángeles a Sodoma al atardecer, y Lot estaba sentado en la puerta de la ciudad. Cuando los vio, se levantó y salió a su encuentro, y se postró con el rostro en tierra, 2. y dijo: Os ruego, señores míos, que os desviéis a la casa de vuestro siervo y os quedéis allí; lavad vuestros pies, y por la mañana seguiréis vuestro camino. Ellos dijeron: No, sino que nos quedaremos en la calle. 3. Les instó con gran insistencia a que se desviasen hacia él; y cuando hubieron entrado en su casa, les preparó un banquete, y coció panes ácimos, y comieron. 4. Pero antes de que se acostasen, los hombres de la ciudad rodearon la casa, desde el muchacho hasta el anciano, todo el pueblo junto. 5. Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron a ti esta noche? Sácalos fuera para que los conozcamos. 6. Lot salió a ellos y, cerrando la puerta tras de sí, dijo: 7. Os lo ruego, hermanos míos, no cometáis esta maldad. 8. Tengo dos hijas que aún no han conocido varón; os las sacaré, y haced con ellas como os plazca, con tal de que no hagáis ningún mal a estos hombres, pues han entrado bajo la sombra de mi techo. 9. Pero ellos dijeron: Apártate de ahí. Y además: Tú viniste, dijeron, como forastero; ¿acaso ahora pretendes ser juez? Peor te trataremos a ti que a ellos. Y arremetieron contra Lot con suma violencia, y estaban a punto de derribar la puerta.
10. Y he aquí que los varones extendieron la mano y metieron a Lot consigo dentro, y cerraron la puerta, 11. y a los que estaban fuera los hirieron de ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que no podían hallar la puerta. 12. Y dijeron a Lot: «¿Tienes aquí a alguno de los tuyos? Yerno, o hijos, o hijas, a todos los que son tuyos, sácalos de esta ciudad: 13. porque vamos a destruir este lugar, pues el clamor de ellos ha crecido ante el Señor, que nos ha enviado a destruirlos.» 14. Salió entonces Lot y habló a sus yernos, que habían de tomar a sus hijas, y les dijo: «Levantaos, salid de este lugar; porque el Señor va a destruir esta ciudad.» Pero a ellos les pareció que hablaba en broma. 15. Y cuando llegó la mañana, los ángeles le apremiaron diciendo: «Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que tienes, para que no perezcas tú también en la iniquidad de la ciudad.» 16. Y como él se demoraba, le tomaron de la mano, y de la mano de su mujer y de sus dos hijas, porque el Señor le perdonaba. 17. Y lo sacaron fuera y lo pusieron fuera de la ciudad; y allí le hablaron diciendo: «Salva tu vida; no mires hacia atrás, ni te detengas en toda la región circundante; sálvate en el monte, no sea que perezcas tú también.» 18. Y dijo Lot a ellos: «Te lo ruego, Señor mío, 19. ya que tu siervo ha hallado gracia ante ti, y has engrandecido tu misericordia que me has mostrado, al salvar mi vida, pero no puedo salvarme en el monte, no sea que me alcance algún mal y muera. 20. Hay aquí cerca una ciudad a la que puedo huir; es pequeña, y en ella me salvaré: ¿no es acaso pequeña, y vivirá mi alma?» 21. Y le dijo: «He aquí que también en esto he aceptado tus súplicas, que no destruiré la ciudad de la cual has hablado. 22. Date prisa y sálvate allí, pues no puedo hacer nada hasta que entres allí.» Por eso aquella ciudad fue llamada Segor. 23. El sol había salido sobre la tierra, y Lot entró en Segor. 24. Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte del Señor desde el cielo: 25. y destruyó estas ciudades y toda la región circundante, y a todos los habitantes de las ciudades, y todo lo que crecía sobre la tierra. 26. Y su mujer, mirando hacia atrás, fue convertida en estatua de sal. 27. Y Abrahán, levantándose por la mañana, fue al lugar donde antes había estado con el Señor, 28. y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella región: y vio las cenizas subiendo de la tierra como el humo de un horno. 29. Pues cuando Dios destruyó las ciudades de aquella región, acordándose de Abrahán, libró a Lot de la destrucción de las ciudades en que había habitado. 30. Y Lot subió de Segor y permaneció en el monte, y sus dos hijas con él (pues temía quedarse en Segor); y habitó en una cueva, él y sus dos hijas con él. 31. Y la mayor dijo a la menor: «Nuestro padre es viejo, y no queda hombre en la tierra que pueda venir a nosotras según la costumbre de toda la tierra. 32. Ven, embriaguémoslo con vino y durmamos con él, para que conservemos descendencia de nuestro padre.» 33. Así pues, dieron a beber vino a su padre aquella noche. Y la mayor entró y durmió con su padre; pero él no advirtió cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. 34. Y al día siguiente la mayor dijo a la menor: «He aquí que anoche dormí con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y tú dormirás con él, para que conservemos descendencia de nuestro padre.» 35. Así pues, dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y la hija menor entró y durmió con él; y tampoco entonces advirtió él cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. 36. Así concibieron las dos hijas de Lot de su padre. 37. Y la mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab: él es el padre de los moabitas hasta el día de hoy. 38. También la menor dio a luz un hijo y lo llamó Ammón, esto es, «hijo de mi pueblo»: él es el padre de los ammonitas hasta el día de hoy.
Versículo 1: Los dos ángeles llegan a Sodoma
Y vinieron los dos ángeles. «Dos», a saber, los que se habían apartado de Abrahán, mientras el tercero había permanecido con él, en el capítulo precedente, versículo 22. Simbólicamente, uno de los tres ángeles, que representaba a Dios Padre, había permanecido con Abrahán para bendecir su casa y hacerlo padre para engendrar a Isaac: de donde parece que este ángel era el del medio y el principal entre los tres, a saber, Miguel, quien envió a sus dos compañeros Gabriel y Rafael a destruir Sodoma. Pues Gabriel, según su etimología, es «la fuerza de Dios», es decir, el fuerte ejecutor de la justicia divina, y aquí representa a la Segunda Persona de la Trinidad, a saber, el Hijo, porque anunció Su encarnación a la Santísima Virgen, Lucas 1. Pues la Encarnación fue obra de la suprema fuerza y poder de Dios. Rafael, en cambio, parece ser el ángel que preside la castidad y vengador de la impureza: de donde guardó castamente a Tobías de Asmodeo, quien había matado a los siete pretendientes impuros de Sara, Tobías 7 y 8. Por tanto, Rafael fue enviado a Sodoma para destruir a los impuros sodomitas. Representaba al Espíritu Santo, que es el guardián y vengador de la santidad, esto es, de la pureza y la castidad, y el supremo enemigo de la impureza y la lujuria. Por tanto, por estos dos ángeles se significa que el Hijo y el Espíritu Santo destruyeron Sodoma: pues, como dice Procopio: «El Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo juicio al Hijo; y el Espíritu Santo acompaña por naturaleza y está presente con el Hijo.» Algunos añaden que el Espíritu Santo fue unido al Hijo porque Dios Padre tempera y mitiga el juicio y la venganza con bondad y clemencia, que se apropia al Espíritu Santo, como si dijera: Envío al Hijo para juzgaros y destruiros, pero le añado al Espíritu Santo que os invitará al arrepentimiento, el cual, si lo abrazáis y pedís perdón, el Espíritu Santo detendrá y refrenará el juicio y la venganza del Hijo, y os concederá indulgencia.
Al atardecer del mismo día en que habían cenado con Abrahán, en el capítulo precedente, versículos 1 y siguientes. Simbólicamente, los ángeles traen luz a los justos, como a Abrahán; pero tinieblas a los malvados, como a los sodomitas. Así dice San Ambrosio, libro II de Sobre Abrahán, capítulo 6. En segundo lugar, el atardecer significaba que la tarde y la ruina eran inminentes para la ciudad, dice Cayetano. En tercer lugar, el atardecer presagia aquí la noche eterna que amenazaba a los sodomitas. Así dice San Gregorio, libro II de las Morales, capítulo 2.
Mientras Lot estaba sentado. Los judíos piensan que Lot estaba sentado aquí como juez principal entre otros jueces, que en aquel tiempo se sentaban en las puertas de las ciudades, como consta en Deuteronomio 21:22. Pero que esto es falso se deduce del versículo 9. Digo, pues, con Abulense: Lot, habiendo morado antes en casa de Abrahán, aprendió allí la hospitalidad; por eso la practica aquí a su manera acostumbrada, sentándose a la puerta de la ciudad para recoger huéspedes, a fin de que no sufrieran la violencia y el abuso de los sodomitas, tal como intentaron contra los dos ángeles en el versículo 5. Lot pensaba, al igual que Abrahán, que eran hombres, no ángeles, Hebreos 13:2.
Y se postró ante ellos. Nótese la humildad de Lot en su hospitalidad: pues se postró ante aquellos forasteros sin saber que eran ángeles; pues la belleza y el esplendor de sus rostros indicaban que eran hombres serios, o Profetas enviados por Dios. Así dice San Agustín, Cuestión 41. Además, se llama a sí mismo su «muchacho», es decir, siervo, como dice el hebreo.
Versículo 2: Los ángeles rehúsan y luego aceptan la hospitalidad de Lot
No. Los ángeles, invitados por Lot, primero rehúsan por cortesía, pero pronto, cuando se les insiste, acceden. Por tanto, se equivoca Casiano, Conferencias XVII, 24, quien piensa que los ángeles aquí cambiaron de parecer.
Versículo 3: Lot les insta con gran insistencia
Les instó con gran insistencia. Los invitó y apremiaba de manera extraordinaria. Panes ácimos. Pan sin levadura que rápidamente coció en un horno o en una sartén, tal como Abrahán había cocido: pues el pan ácimo es lo mismo que el pan cocido bajo cenizas. Véase lo dicho en el capítulo 18, versículo 6.
Versículo 4: Todo el pueblo rodea la casa
Todo el pueblo junto, incluso desde las partes más alejadas de la ciudad, como dice el hebreo; y esto, o bien para perpetrar o para presenciar el crimen. Moisés lo señala para que quede claro que no había diez justos en Sodoma, sino que todos, excepto Lot y su familia, eran malvados y abominables sodomitas. Así dicen Burgense, Cayetano y Pererio.
Versículo 5: Los sodomitas exigen conocer a los visitantes
Para que los conozcamos — es decir, para que abusemos vergonzosamente de ellos. Este es el crimen sodomítico, sobre cuya enormidad véase Hamer aquí, y Hieronymus Magius en un volumen entero publicado sobre este tema.
Versículos 7-8: Lot ofrece a sus hijas
«Abusad de ellas.» Algunos excusan este discurso y acción de Lot, como si hubiese sostenido (lo cual sostuvo Domingo de Soto, libro IV de Sobre la justicia, Cuestión 7, artículo 3, y muchos otros teólogos, y Santo Tomás lo sugiere suficientemente, Cuestión 1 de Sobre el mal, artículo 5, ad 14, y San Ambrosio, libro I de Sobre Abrahán, capítulo 6) que es lícito para quien desea cometer un crimen mayor aconsejarle uno menor: así, a quien desea cometer sodomía o violación, le es lícito aconsejarle que mejor acuda a prostitutas en un burdel, y a un ladrón que desea matar a un viajero, le es lícito aconsejarle que más bien lo robe. Por la misma razón, pues, Lot podía lícitamente aconsejar la fornicación a quienes intentaban la sodomía. De donde Gabriel Vázquez, II-II, Cuestión 43 sobre el Escándalo, duda 1, a partir de este hecho de Lot enseña que es lícito aconsejar un mal menor a quien está decidido a cometer un mal mayor, aunque la persona no estuviera pensando en el menor. Pues así Lot, a quienes querían cometer sodomía, les propuso y aconsejó la deshonra de sus hijas, en la cual ellos no pensaban.
Añádase que Lot no aconseja, sino que simplemente ofrece a sus hijas, obedientes a él en todo, a la deshonra, para evitar un ultraje e injuria mayores contra varones tan importantes.
Pero digo que Lot pecó, porque debía haber estado más preocupado y vigilante (como padre) por la reputación y la castidad de sus hijas, y por el peligro de que ellas consintieran en actos carnales, que por la seguridad de huéspedes extranjeros, aunque fuesen hombres santos y profetas.
En segundo lugar, Lot no era dueño de sus hijas, y en consecuencia no era dueño de sus cuerpos y de su castidad; por tanto, no podía ofrecerlas, especialmente sin su consentimiento, a la deshonra: pues ellas no estaban obligadas, e incluso no podían, obedecer a su padre en tal ofrecimiento; y es muy probable que rehusaran obedecer a su padre en esto; pues ¿qué doncella honesta no se estremecería ante semejante deshonra propia antes que ante la de cualquier otro?
En tercer lugar, los sodomitas no pensaban en violar a las hijas de Lot; por tanto, él injustamente las propuso y expuso ante tales hombres impuros para proteger a sus huéspedes; pues no es lícito evitar el daño a Pedro causando daño a Pablo, diciendo a un ladrón que quiere robar a Pedro: «Roba más bien a Pablo», en quien el ladrón no pensaba, como enseña doctamente nuestro Lesio, libro II de Sobre la justicia, capítulo 13, duda 3, número 19.
Sin embargo, la irreflexión y la confusión de Lot en tan peligrosa situación parecen haber disminuido grandemente la gravedad de su pecado; pues Lot estaba perplejo y sin saber qué consejo tomar en asunto tan complicado: pues quería por todos los medios proveer a la seguridad, el honor y la castidad de tan venerables huéspedes, y no se le ocurrió otro recurso que ofrecer a sus hijas en su lugar, lo cual abrazó de inmediato, sin pensar ni darse cuenta de que con este medio infligía injuria a sus propias hijas. Así dicen San Agustín en Sobre la mentira, capítulo 9, Lyra, Tomás el Inglés, Tostado, Lipomano y Pererio.
Cayetano añade que Lot ofreció a sus hijas no con la intención de redimir un crimen con otro, sino de apaciguar al pueblo enfurecido con una sumisión hiperbólica; pues pensaba, y razonablemente (como probó el desenlace del asunto), que el pueblo no aceptaría tal oferta, sino que, apaciguado por tan grande sumisión de parte de Lot, desistiría de su intento; y tanto más razonablemente cuanto que sus hijas ya estaban prometidas a ciudadanos de Sodoma. Así como un hombre que busca apaciguar a otro a quien ha ofendido con una injuria le ofrece un puñal desnudo diciendo: «Mátame» — no con la intención de ser matado, sino para que el ofendido se aplaque con tan grande sumisión. Por tanto, Lot dijo estas cosas por vía de exageración, así como David dijo a Jonatán, I Reyes 20:8: «Si hay iniquidad en mí, mátame tú mismo, y no me lleves a tu padre»; y Judá, Génesis 42, dijo a su padre Jacob: «Mata a mis dos hijos si no te devuelvo a Benjamín.» Así dice Cayetano.
Moralmente, San Juan Crisóstomo, en la Homilía 43, se maravilla de la caridad de Lot hacia sus huéspedes y forasteros, cuya seguridad antepone al pudor de sus propias hijas. «Pero nosotros», dice, «cuando frecuentemente vemos a nuestros hermanos caer en los abismos mismos de la impiedad y, por así decirlo, en las fauces del diablo, no nos dignamos siquiera hablarles, ni aconsejarles, ni amonestarles con palabras, ni arrancarles de la maldad y conducirles de la mano a la virtud. "Pues ¿qué tengo yo en común con él?", dices. "No tengo preocupación ni asunto con él." ¿Qué estás diciendo, hombre? ¿Nada en común con él? Es tu hermano, de la misma naturaleza que tú; estás bajo el mismo Señor, muchas veces también partícipes de la misma mesa espiritual», etc.
Bajo el amparo de mi techo. En hebreo, «bajo la sombra de la viga» o «del techo», es decir, de mi tejado y casa; pues el techo cubre con su sombra a quienes están en la casa, como una sombra, y los protege del calor y de otras inclemencias del tiempo. Además, los forasteros están bajo la sombra, es decir, la protección y el cuidado de su anfitrión, cuyo deber es procurar que no se les haga daño en su casa, y esto es precisamente lo que Lot pretende aquí.
Versículo 9: Los sodomitas amenazan a Lot
Apártate de ahí. Vete de aquí. Tú viniste como forastero; ¿acaso ahora pretendes ser juez? En hebreo es: «Ese vino a morar (a habitar entre nosotros como forastero), ¿y acaso va a juzgarnos juzgando?», como si dijeran: ¿Ha venido ese extranjero a ser nuestro juez, para juzgarnos? De donde la Septuaginta traduce: «Entraste para habitar, no también para pronunciar juicio.»
Y arremetieron contra Lot con violencia. Unos lo empujaban hacia atrás e intentaban arrastrarlo; otros derribaban la puerta, que Lot, al salir hacia ellos, había cerrado tras de sí, versículo 6.
Versículo 10: Los ángeles rescatan a Lot
Metieron a Lot consigo y cerraron la puerta. Los dos ángeles abrieron la puerta que Lot había cerrado, para meterlo dentro de la casa, arrebatado de la violencia de los sodomitas; y una vez introducido, cerraron la puerta de nuevo, para que los sodomitas no entrasen también.
Versículo 11: Los sodomitas heridos de ceguera
Los hirieron de ceguera. La Septuaginta dice aorasia, esto es, «no visión», por la cual, viendo otras cosas, no podían ver únicamente la puerta de Lot, que buscaban. Así dicen Josefo, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo y San Agustín, Cuestión 43. De donde Vatablo traduce: «Les deslumbraron los ojos, de modo que alucinaban, y aun agotados no podían encontrar la puerta.» Pues, dice San Agustín, si hubiesen quedado completamente ciegos, no habrían buscado la puerta de Lot, sino guías que los llevasen a sus casas.
Nótese: Esto sucedió de esta manera, que Dios les presentó otra apariencia, de modo que en lugar de la puerta veían, por ejemplo, un muro sólido, o alguna otra cosa; y lo hizo por uno de estos cuatro modos: a saber, cambiando o la apariencia del objeto, o el aire intermedio, o la potencia visual, o el sentido común, al cual se refieren todas las visiones y sensaciones. De manera semejante, los sirios en IV Reyes 6, buscando y viendo a Eliseo, no lo veían ni reconocían que era Eliseo. Así Cristo después de la resurrección se apareció a los dos discípulos como un forastero, y a Magdalena como un hortelano.
Semejante fue el ilustre milagro de Gregorio Taumaturgo, quien, huyendo con su diácono de los perseguidores a un monte, cuando fue delatado por alguien, los perseguidores rodearon el monte por todos lados y lo registraron, pero no lo vieron; regresando, pues, al delator, lo reprendieron; él afirmó con firmeza que el hombre había estado en aquel lugar: pero ellos aseguraron que en el sitio que indicaba no habían hallado a dos hombres, sino a dos árboles. Después de que se marcharon, el delator subió al lugar y vio a Gregorio con su diácono orando con las manos elevadas al cielo, quienes se habían aparecido a los perseguidores como dos árboles; por lo cual, cayendo a sus pies y convirtiéndose a Cristo, se hizo fugitivo con él en lugar de perseguidor. Así dice Gregorio de Nisa en su Vida.
Tropológicamente, San Ambrosio dice: «Aquí se muestra que toda lujuria es ciega y no ve lo que tiene delante.»
De modo que no podían hallar la puerta. En hebreo es vaiialu limtso happetach, «y se fatigaron» o «se agotaron buscando la puerta»: pero en vano, porque no podían encontrarla con todo su esfuerzo.
San Juan Crisóstomo añade, a partir del hebreo iilu, es decir, «se agotaron», que los sodomitas tuvieron sus miembros dislocados, de modo que les faltaron las fuerzas y el movimiento de sus miembros, y que esto fue hecho por Dios con este fin: para significar que estaban ciegos y debilitados en la mente y en los vicios, y que la lujuria sobre todo ciega la mente y la debilita tanto como al cuerpo.
La puerta. Ribera (sobre Sofonías, capítulo 1, número 81), Delrío y otros piensan que Moisés habla de la puerta de toda casa, tanto de la de Lot como de la de cada sodomita; como si cada uno, al regresar a su propia casa, no pudiera encontrarla ni entrar en ella: pues esto es lo que parece afirmar el Sabio, Sabiduría 19:16. Pues era conveniente que quienes quisieron derribar las puertas ajenas no encontrasen las propias.
Pero San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Agustín y Pererio juzgan mejor que Moisés habla aquí solamente de la puerta de la casa de Lot, que los sodomitas intentaban derribar, pero, heridos de ceguera, no podían encontrarla a pesar de todo su esfuerzo: pues esto es lo que requieren el texto llano de la Escritura, especialmente el hebreo, y la secuencia de la narración. El Sabio, sin embargo, en Sabiduría capítulo 19, versículo 16, habla de los egipcios, no de los sodomitas: pues solo compara a los egipcios con los sodomitas en esto, que ambos fueron heridos de ceguera, y que así como los sodomitas no pudieron encontrar la puerta de Lot que buscaban, así también cada uno de los egipcios no pudo encontrar su propia puerta que buscaba, en las tinieblas de tres días de Egipto.
Tropológicamente, Gregorio, libro VI de las Morales, capítulo 16: «¿Qué significa que, mientras los malvados se le oponen, Lot sea traído de vuelta dentro de la casa y fortalecido, sino que cada persona justa, mientras soporta las asechanzas de los depravados, regresa a su propia mente y permanece impertérrita? Pero los hombres sodomitas no pueden encontrar la puerta en la casa de Lot, porque los corruptores de mentes no hallan vía alguna de acusación contra la vida del justo. Pues, heridos de ceguera, rodean la casa como si tal cosa, porque en su envidia escudriñan las palabras y las obras: pero como por todos lados una acción fuerte y laudable de la vida del justo les sale al encuentro, vagando a tientas no palpan sino el muro. Bien, pues, se dice: "Como de noche, así palparán al mediodía": porque cuando no pueden acusar el bien que ven, cegados por la malicia buscan un mal que no ven, para acusar.»
Versículo 12: Los ángeles advierten a Lot que reúna a su familia
Dijeron. Aquellos dos varones, como dice el hebreo, a saber, los dos ángeles.
Versículo 14: Los yernos de Lot piensan que bromea
Como si hablase en broma. Jugar y bromear, o desvariar, y decir cosas frívolas más que serias.
Versículo 15: Toma a tu mujer y a tus hijas
Toma a tu mujer y a tus dos hijas. Estos cuatro, pues, a saber, Lot, su mujer y sus dos hijas, creyeron a los ángeles y salieron de Sodoma y fueron salvados: pero los yernos, siervos y siervas de Lot no creyeron, sino que, permaneciendo en Sodoma, fueron quemados con los demás.
Versículo 16: Lot se demora
Y como él se demoraba. En hebreo vaittmama, es decir, «cuando hacía demoras»: o bien para persuadir a sus yernos de que se marchasen, como sostiene San Ambrosio; o bien para rescatar su casa y muebles del fuego, como sostiene Ruperto; o bien orando a Dios para que perdonase la ciudad, como sostiene Abulense. He aquí que la amenidad y las riquezas de la Pentápolis habían invitado a Lot hacia sí; esas mismas cosas ahora lo retienen y casi lo destruyen. Aprended a despreciar las cosas terrenas y placenteras.
Versículo 17: Salva tu vida; no mires hacia atrás
Salva tu vida. Rescata tu vida de este fuego; deja atrás tu casa, tus muebles y todas las demás cosas: no sea que si te demoras y quieres salvarlas junto contigo, perezcas y te quemes con ellas.
De manera semejante, durante el saqueo godo de Roma en el año del Señor 410, el Papa San Inocencio fue rescatado por Dios, a causa de la inocencia y santidad de su vida, con la cual también defendió a San Juan Crisóstomo, y por ello excomulgó al emperador Arcadio y a Eudoxia, que lo habían desterrado; y condenó la naciente herejía de Pelagio: y por esta razón es elogiado por San Jerónimo en su carta a Demetríades, y frecuentemente por San Agustín al disputar contra los pelagianos. Sobre esto escribe Paulo Orosio, su contemporáneo, en el libro VII de su Historia, capítulo 39: «Alarico llega, asedia a la temblorosa Roma, la perturba, irrumpe», etc. «Sucedió también, para probar más aún que la invasión de la ciudad fue obra de la indignación de Dios más que del valor del enemigo, que San Inocencio, Obispo de la Iglesia Romana, como el justo Lot sacado de Sodoma, por la providencia oculta de Dios estaba entonces en Rávena y no vio la destrucción del pueblo pecador.»
Ni tú con los tuyos: pues este mandato no se da solo a Lot, sino también a su mujer e hijas; pues la mujer de Lot fue convertida en estatua de sal porque miró hacia atrás contra este mandato. Así dice Abulense.
No mires hacia atrás. Vatablo piensa que esto es un proverbio, que significa: No te arrepientas de lo que has comenzado. Pues así en Lucas 9 se dice: «Ninguno que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios.» Pero digo que estas palabras deben tomarse no proverbialmente, sino literalmente; esto es evidente por el hecho de que la mujer de Lot fue castigada porque miró hacia atrás, no porque se arrepintiese del viaje que había emprendido.
Preguntaréis: ¿por qué Dios prohibió tan estrictamente a Lot y a su familia mirar hacia atrás? Respondo: primero, para ejercitar la obediencia de Lot: pues así Dios ejercitó la obediencia de Adán prohibiéndole el fruto en el paraíso. Segundo, por la detestación de un pueblo malvado, al que Dios no quería que los suyos mirasen; pues Dios no quería que Lot se afligiese por los sodomitas que perecían; sino que quiso borrar toda compasión, pensamiento y recuerdo de aquellos hombres impísimos de la mente de los suyos: más aún, quiso que cuando su propia casa y bienes pereciesen con los malvados, no se afligiesen; pues había determinado hacer de toda la ciudad un anatema de fuego y combustión divina por su impiedad.
Así Cristo mandó a los Apóstoles sacudir el polvo de sus pies contra quienes rechazasen el Evangelio, de modo que con esta señal protestaran que no querían tener nada en común con tales impíos, ni siquiera el polvo. Tercero, porque Dios quería que Lot huyese lo más rápido posible y se salvase: pues la conflagración era inminente. Además, Dios quiso enseñar que todos debemos mortificar nuestra curiosidad, dice Filón de Chipre en la Catena. Cuarto, porque Dios no quiso dar a Lot ninguna señal de arrepentimiento, como mirar hacia atrás; y esto para que con este ejemplo enseñase tropológicamente a todos los cristianos, especialmente a los celosos de su salvación y perfección, a olvidar lo que queda atrás, a seguir siempre adelante y a ascender a la cima del monte, esto es, a la altura de la perfección evangélica. Así dice San Agustín, libro XVI de La Ciudad de Dios, capítulo 30.
Sálvate en el monte — a saber, el que domina la ciudad de Segor; pues Lot huyó allí, versículo 30. Tropológicamente, San Gregorio, Parte III de la Regla Pastoral, admonición 28: «Huir de la Sodoma que arde», dice, «es rehuir los fuegos ilícitos de la carne; la altura de los montes es la pureza de los continentes; estar en el monte es adherirse a la carne sin ser carnal. Pero quienes no pueden escalar los montes se salvan en Segor, porque la vida conyugal ni está lejos del mundo ni queda excluida del gozo de la salvación.»
Arsenio, tutor del emperador Arcadio, huyendo al desierto, llegó una vez a un río. Había allí una muchacha etíope, que tocó su capa de piel de oveja; él la reprendió, pero ella dijo: «Si eres monje, vete al monte.» El anciano, punzado por esta palabra, se dijo a sí mismo: «Arsenio, si eres monje, vete al monte»; y allí se decía continuamente: «Arsenio, ¿por qué saliste?» Así vivió en el desierto durante 55 años, y murió a los 95 años de edad.
Versículo 18: Te lo ruego, Señor
Te lo ruego, Señor. Había dos ángeles, pero uno conducía a Lot y a su mujer de la mano: a este se dirigió Lot diciendo «Señor»; el otro, que iba detrás en medio de las dos hijas, las conducía igualmente.
Versículo 19: No puedo salvarme en el monte
No puedo salvarme en el monte. Como si dijera: Tiemblo y temo, puesto que soy viejo y de paso lento, que no subiré la cuesta con bastante rapidez, sino que el fuego me alcanzará. Esta no fue una obediencia pronta sino lenta y reticente por parte de Lot, censurable en cuanto que, confiando demasiado en su propia debilidad, desconfiaba del ángel compañero y de la divina Providencia; pero loable en otro aspecto, a saber, que bajo este pretexto pidió y obtuvo que la ciudad de Segor fuese perdonada.
Versículo 20: ¿No es acaso pequeña?
¿No es acaso pequeña? Como si dijera: Puesto que esta ciudad de Segor es pequeña, tiene pocos ciudadanos y ha pecado solo moderadamente, concédeme sus pequeñas faltas para que la preserves, pequeña como es, como refugio y asilo para mí.
Versículo 21: He recibido tus súplicas
He recibido tus súplicas — te he recibido y escuchado, y tus oraciones y peticiones. La Septuaginta lo traduce como ethaumasa, «me he maravillado», es decir, he respetado y honrado maravillosamente tu persona, en cuanto que por amor y reverencia hacia ti, conforme a tus deseos, perdono la ciudad que estaba condenada al fuego.
Por eso aquella ciudad fue llamada Segor — la ciudad que antes se llamaba Bala fue ahora llamada Segor, es decir, «pequeña», porque Lot intercedió por ella como ciudad pequeña, para que no fuese quemada, en el versículo 20. Por tanto, cuatro ciudades de la Pentápolis, a saber, Sodoma, Gomorra, Adama y Seboím, fueron consumidas por este fuego celestial; la quinta, Segor, destinada a la conflagración común de las otras, fue salvada por las oraciones de Lot.
Teodoreto, Procopio, Suidas y Lyra piensan que Segor también, después de que Lot la dejó y huyó al monte, fue devastada y tragada por una abertura de la tierra. Pero lo contrario es más verdadero; pues el Señor ya la había perdonado por las oraciones de Lot, versículo 21, y así solo ella fue preservada. Así dicen San Jerónimo, Josefo, Borcardo y otros.
Diréis: En Sabiduría 10:6 se dice que el fuego descendió sobre la Pentápolis, por tanto también sobre Segor. Respondo: «sobre la Pentápolis», es decir, sobre aquella región que se llamaba Pentápolis por sus cinco ciudades, descendió el fuego y lo quemó todo, excepto Segor. Sobre Segor, a partir de San Jerónimo, Bredembach, Borcardo, Guillermo de Tiro y otros, Adrichomio escribe así: «Segor, ciudad pequeña, antiguamente llamada Bala, o Bale, o Bela, en hebreo Salissa, en latín "la novilla que pisa" (algunos leen corruptamente "consternando"), fue llamada así porque fue tragada y postrada por un tercer terremoto (que es lo que Segor significa en hebreo, Bala).»
En siríaco se llama Zoar, Zoarae y Seora; ahora se llama Balezona. Esta sola de las cinco ciudades de la Pentápolis fue salvada de la conflagración por las oraciones de Lot. Cerca de ella crece el bálsamo, y el fruto de las palmeras, señales de su antigua fertilidad. En tiempos de San Jerónimo se llamaba Palmerina; dista cinco leguas de Jericó, situada al pie del monte Engadi.
Versículo 22: Hasta que entres allí
Hasta que entres allí — «allí» significa no dentro de la ciudad, sino dentro del territorio de Segor, pues mientras Lot viajaba entre Segor y Sodoma, Sodoma ya estaba ardiendo; pues entre Segor y Sodoma, la mujer de Lot, al mirar hacia atrás a esta conflagración, fue convertida en estatua de sal, que aún permanece hasta el día de hoy. Así dicen Abulense, Adrichomio, Borcardo y otros.
Nuestro Prado, comentando Ezequiel capítulo 9, versículo 6, pondera bellamente estas palabras de Dios, «No puedo hacer nada hasta que entres allí»: «¡Oh», dice, «qué océano de bondad divina! ¿No bastaba haber empeñado Su palabra de que el ángel de Dios rescataría a Lot del incendio de Sodoma? ¿Por qué tan gran demora? Evidentemente el ángel había recibido de Dios un mandato no solo de salvar a Lot, sino también de preservarlo sano, ileso, seguro y libre de toda ansiedad. "No puedo hacer nada", dice; pero los pecados de Sodoma son grandísimos. "No puedo hacer nada"; pero los crímenes de los desvergonzados están colmados. "No puedo hacer nada"; pero claman al cielo. "No puedo hacer nada"; pero has venido a ejecutar la sentencia sin perdón. "No puedo hacer nada" hasta que Lot se ponga a salvo en el monte. ¿Por qué tan extraordinaria providencia? Para que ni el fuego toque ni alcance al sobrino de Abrahán, siervo de Dios, ni la calamidad de los que perecen lo perturbe. ¡Cuán rectamente cantó David: El que habita al amparo (en el refugio, en el escondrijo) del Altísimo, morará bajo la protección (bajo la sombra) del Dios del cielo. Dirá al Señor: Tú eres mi refugio (mi asilo y mi fortaleza).»
Versículo 23: El sol había salido; Lot entró en Segor
El sol había salido sobre la tierra, y Lot entró en Segor. Como si dijera: Lot, que había salido de Sodoma antes del amanecer, llegó a Segor al salir el sol, cuando Sodoma ya estaba ardiendo. Así dicen Lipomano y Cayetano; de donde parece que muy temprano por la mañana, al alba, apenas Lot hubo salido, Sodoma fue incendiada.
Versículo 24: El Señor hizo llover azufre y fuego
El Señor hizo llover de parte del Señor — es decir, el Señor hizo llover de Sí mismo, a saber, de Su propia omnipotencia, no de causas naturales, como si dijera: Esta lluvia de fuego y azufre no fue natural, sino celestial y divina. Así dicen Cayetano, Pagnino, Vatablo y Oleaster. Por tanto, esta combustión de Sodoma no fue terrestre, exhalada y vomitada por la tierra, como pretende Estrabón en el libro XV de su Geografía, quien lo prueba a partir del versículo 28 de aquí, pero erróneamente.
En segundo lugar, esta expresión sugiere una distinción de Personas en la Divinidad, como si dijera: El Señor hizo llover de parte del Señor, es decir, el Hijo hizo llover de parte del Padre; pues el Hijo recibe del Padre Su esencia, y asimismo Su poder y toda capacidad de hacer llover y de obrar. Así dicen San Hilario, libro V Sobre la Trinidad; Eusebio, libro V de la Demostración, capítulo 23; Jerónimo, sobre Zacarías capítulo 2; Agustín y otros; más aún, el Concilio de Sirmio, Canon 13, define este mismo punto.
Objetaréis: El Concilio de Sirmio en ese pasaje condena el primer sentido. Respondo: Lo condena solamente según la mente de Fotino, quien de este pasaje infirió que el Hijo no es Dios, ni coeterno con el Padre. Añádase que este Concilio no fue recibido por la Iglesia sino en cuanto condena a Fotino; pues, como dije en el capítulo precedente, este Concilio fue el de los arrianos; pues enseña que el Hijo, en cuanto es Dios, es obediente y ministro del Padre.
Azufre y fuego. Con el azufre se significó y castigó acertadamente el hedor de los pecados; con el fuego, el ardor de la lujuria, dice Gregorio, libro IV de las Morales, capítulo 10. Asimismo, este fuego y azufre eran símbolos y presagios del fuego del infierno. Así Layo, rey de Tebas, aunque pagano, juzgó que quienes castran a otros, como pervertidores de las leyes de la naturaleza, debían ser castigados con la pena del fuego, dice Platón, según lo cita Celio, libro XV, capítulo 16.
Versículo 25: Todos los habitantes destruidos
Todos los habitantes. Por tanto, en Sodoma tanto hombres como mujeres eran todos malvadísimos y sodomitas, ya en acto, ya en deseo y consentimiento. Véase Ezequiel 16:49.
Diréis: ¿Con qué derecho, por qué razón fueron quemados los pequeños y todos los inocentes? Respondo: porque Dios, que es Señor de todo, y de la muerte y la destrucción, quiso también por medio de ellos castigar a los padres, y castigar un crimen tan grande de los padres; pero proveyó bien a los pequeños con esta muerte, para que, si sobrevivían, no siguieran las huellas de sus padres y así fueran consignados a los fuegos eternos.
Cabe preguntarse si alguno de los sodomitas, al ver sus casas en llamas, se arrepintió a la hora de la muerte y se salvó. San Jerónimo lo afirma, pero comúnmente las demás autoridades piensan en general que todos murieron en su maldad y fueron condenados; pues estaban entregados a un crimen flagrante en la misma noche en que habían intentado asaltar a los dos ángeles, versículo 2. Añádase esto: la llama repentina los asió y aturdió, de modo que no tuvieron ni la conciencia ni el tiempo para el arrepentimiento. Fue distinto en el diluvio, que, creciendo gradual y lentamente, les dio tiempo para arrepentirse. Así dicen Tostado, Pererio y otros, y San Judas lo indica en su epístola, versículo 7.
Todo lo que crecía sobre la tierra. Nótese aquí el notable castigo de la lujuria sodomítica. La Pentápolis fue antiguamente fértil y amena, como un paraíso; después del pecado y de la conflagración celestial, toda la zona se volvió estéril y fétida. Pues la parte exterior quedó quemada y cubierta de cenizas: los árboles que allí crecen producen frutos hermosos, pero si los tocas se convierten en polvo. La parte interior restante está cubierta con las aguas más fétidas y espesas que brotan de la tierra, sobre las cuales flotan por doquier masas de betún, que los pozos de que este valle estaba lleno vomitaron desde las profundidades; de ahí que este lago fue llamado Asfaltites, y porque no produce peces ni cosa viva alguna, se le llama el Mar Muerto; y por su extrema salinidad es el más salado de los mares; por el lugar llano y desértico se le llama el Mar del Desierto, que se extiende por 72 millas de longitud y seis de anchura. El Jordán desemboca en este lago, y los peces con él, que mueren tan pronto como entran en el lago. Si algún animal vivo, como un caballo, un buey o un hombre, es arrojado en él, flota y no se hunde. Así dicen Tertuliano en su poema Sobre Sodoma, Josefo, Orosio, Tácito, Solino, Plinio y otros, donde tratan del Asfaltites.
Filón añade, en su libro Sobre Abrahán, que este mar, o lago, exhala continuamente humo y azufre, como restos de esta conflagración. Y Borcardo, testigo ocular, en su Descripción de la Tierra Santa: El Mar Muerto, dice, siempre humea y está oscuro, como vi con mis propios ojos, de modo que parece ser la boca del infierno; humea con un vapor tan fétido que vuelve estéril la zona circundante por medio día de camino, esto es, por cinco o seis leguas, de modo que no producen ni un brote.
En efecto, el Sabio dice en Sabiduría 10:7: «Como testimonio de maldad, el páramo humeante permanece desolado, y los árboles que dan fruto en estaciones inciertas.» Si estas cosas se hicieron en Sodoma, ¿qué sucederá en el infierno? Ved, mortales, ved, vosotros que sois carnales, vuestro ejemplo y tipo, 2 Pedro 2:6. «Aprended justicia, los que sois advertidos, y no despreciéis a los dioses.» ¿Quién de vosotros podrá habitar con fuego devorador (de cuerpo y alma)? ¿Habitar con brasas eternas? Con este fuego, y con la meditación sobre el fuego, sofocad el fuego de vuestra concupiscencia. Pues todos los fuegos y todos los castigos de este mundo, comparados con el fuego y el tormento del infierno, son solo como un fuego pintado comparado con un fuego verdadero y grande, dice San Policarpo el presbítero en la Vida de San Sebastián.
Nótese: Esta destrucción e incendio de la Pentápolis sucedió precisamente un año antes del nacimiento de Isaac, que ocurrió en el año centésimo de Abrahán. Esto es evidente: pues los ángeles que destruyeron Sodoma habían cenado el día anterior con Abrahán, y le habían prometido que Isaac nacería al año siguiente, capítulo 18:10; y de allí en el mismo día fueron a Sodoma, y al atardecer fueron recibidos por Lot, y durante la noche siguiente los sodomitas los atacaron, y por tanto al amanecer más temprano Sodoma fue quemada por esos mismos ángeles. De donde se sigue que el incendio de Sodoma ocurrió en el año 99 de Abrahán; puesto que Abrahán nació en el año 292 desde el diluvio, súmense los 99 años de vida de Abrahán, y se obtendrá el año 391 desde el diluvio, en el que ocurrió esta destrucción de Sodoma, que fue el año del mundo 2047; antes de las plagas de Egipto y la salida de los hebreos de Egipto, esto fue el año 406.
Versículo 26: La mujer de Lot convertida en estatua de sal
Y su mujer, mirando hacia atrás. Esto sucedió cerca de la ciudad de Segor, a la cual los ángeles la habían conducido con Lot y las hijas como a lugar seguro, y desde allí pronto ejecutaron la venganza de Dios sobre Sodoma, haciendo llover azufre y fuego sobre ella.
Miró hacia atrás, movida por el estruendo del fuego y la lluvia de azufre y los gritos de los que perecían, en parte por temor de que la llama la alcanzase también a ella, en parte por curiosidad, en parte por dolor de sus bienes perdidos y de sus conciudadanos y de su patria que ardía. Es castigada, por tanto, porque fue desobediente e incrédula, como dice Sabiduría 10:7; pues no creyó que importase para su seguridad y bienestar si miraba o no hacia atrás. De donde Dionisio Cartujano sostiene que pecó mortalmente. Otros, sin embargo, piensan que esto fue solo una falta venial, tanto porque la mujer de Lot miró hacia atrás movida por un miedo excesivo, como porque el no mirar hacia atrás le parecía asunto trivial, y así no pensó que esto fuese mandado y obligatorio bajo pecado mortal; fue castigada no obstante porque Dios quiso hacer de ella un ejemplo para otros, como pronto explicaré. Pues de manera semejante, como ejemplo para otros, Dios castigó con la muerte a aquel Profeta cuya historia se relata en III Reyes 13, por una desobediencia que fue solo venial, según parece.
Fue convertida en estatua de sal. Vatablo traduce: fue convertida en una columna perpetua; así en Números 18:19 se menciona un pacto de sal, es decir, un pacto eterno. Pero esto es bastante impropio y rebuscado; de donde generalmente las demás autoridades juzgan que fue propiamente convertida en una columna de sal, ni es lícito dudarlo.
Nótese primero: Esta estatua tenía forma de mujer. Pues era una estatua de la mujer de Lot, y por tanto la estatua conservaba su forma.
Segundo, esta sal parece haber sido del tipo mineral, que resiste la lluvia y es útil en las construcciones por su solidez, sobre lo cual escribe Plinio, libro 31, capítulo 7; pues esta estatua duró muchos siglos. Escuchad a Tertuliano, en su poema sobre Sodoma: «La imagen misma, conservando su forma sin cuerpo, perdura hasta hoy, nunca destruida por lluvias ni vientos; más aún, si algún forastero mutilase la forma, al instante rellena las heridas desde dentro de sí misma. Se dice que el sexo femenino vivo, ahora en otro cuerpo, acostumbra marcar sus cursos mensuales con sangre.»
Nótese aquí la palabra «vivo» — no que esta estatua verdaderamente viva, sino que a la manera de una mujer viva derrama una especie de flujo menstrual, lo cual es igualmente prodigioso como lo otro que Tertuliano afirma aquí, que esta estatua, si es mutilada por alguien, pronto repara y rellena esta mutilación como sanando su propia herida. Quede la credibilidad de estas afirmaciones a cargo de Tertuliano.
Además, Borcardo, que vivió hace trescientos años, atestigua que esta estatua aún existía en su tiempo, entre Engadi y el Mar Muerto, y Adrichomio enseña que aún se mantiene en pie. El Targum de Jerusalén añade también que esta estatua perdurará hasta el día de la resurrección y el juicio. De ahí un enigma sobre esta estatua de sal de la mujer de Lot: «Un cadáver, pero no tiene tumba; una tumba, pero no tiene cadáver; y sin embargo tumba y cadáver están dentro», porque ella es su propio cadáver y su propia tumba.
Cabe preguntarse por qué la mujer de Lot fue convertida en columna de sal. Los hebreos, según Lyra, responden que fue porque en la tarde precedente, cuando Lot recibió a los ángeles en la cena, ella no puso sal, con la que suelen sazonarse los alimentos, y esto por un odio hereditario a los huéspedes y a la hospitalidad; pues los sodomitas eran inhospitalarios. Pero esto es una fábula y ficción judía.
Digo, pues: La mujer de Lot fue convertida en columna de sal para que sirviese como una especie de monumento de mármol, un memorial perpetuo del castigo divino, con el cual la posteridad aprendería a obedecer y servir a Dios en todas las cosas, y a no mirar hacia atrás para abandonar los buenos comienzos y volver a los placeres del mundo y de la carne. Pues la sal con su sequedad ayuda a la memoria y preserva los cuerpos de la corrupción; la sal mineral, además, es sólida; de donde es un símbolo de eternidad y memoria eterna. De ahí que un pacto de sal se llame pacto eterno.
De donde tropológicamente San Próspero, libro I de Sobre las predicciones y las promesas, capítulo 16: «La mujer de Lot», dice, «convertida en estatua de sal, sazonó a los necios con su ejemplo, enseñando que en el santo propósito hacia el cual se esfuerzan los que avanzan, no se debe mirar hacia atrás con curiosidad dañina.» Pues a estos dice Cristo, Lucas 17:31: «Acordaos de la mujer de Lot.» Asimismo, San Agustín en el Salmo 75 aplica esto a los apóstatas que quebrantan su voto de castidad.
Cabe preguntar, en segundo lugar, si solo el cuerpo de la mujer de Lot pereció, o si también su alma pereció y fue convertida en columna de sal. Que el alma fue transformada en estatua junto con el cuerpo parece sugerirse, primero, por el hecho de que aquí se dice absolutamente, de manera maravillosa e inaudita, que la mujer fue transformada en estatua; pero una mujer consta de alma tanto como de cuerpo, e incluso más. Segundo, porque el Sabio parece decir esto en Sabiduría 10:7, cuando dice: «Un monumento permanente de sal, memorial de un alma incrédula.»
Pero respondo y digo que solo el cuerpo fue convertido en estatua; pues esta transformación fue la muerte de la mujer de Lot. En la muerte, sin embargo, el alma no perece, sino que solo el cuerpo se cambia en cadáver y de ahí en tierra. Segundo, porque el alma es incorpórea, y por tanto no podría ser propiamente transmutada en un cuerpo, a saber, una estatua. Tercero, el alma es inmortal, y por tanto no puede perecer ni ser cambiada. Y ¿por qué, pregunto, habría Dios por un milagro y contra la naturaleza hecho que fuese mortal aquí, y que de hecho muriese, cuando esto no serviría de ejemplo a los hombres? Para ese propósito basta que el cuerpo visible sea convertido en una estatua visible. Por tanto, por el Sabio esto se llama monumento de un alma incrédula, es decir, de la persona; pues de otro modo ni el alma, ni una transformación del alma, sino solo una transformación del cuerpo en estatua puede percibirse. Y así el alma de esta mujer, cuando el cuerpo fue cambiado en estatua, sobrevivió y fue al infierno, o más bien al Purgatorio; pues este mirar hacia atrás suyo parece haber sido solo una falta venial, como he dicho.
Versículo 27: Abrahán mira hacia Sodoma
Con el Señor — con aquel tercer ángel del que habla el capítulo 18:23, quien en el versículo 33 ya se había apartado de Abrahán.
Versículo 28: Las cenizas subiendo como humo
Cenizas — una mezcla de humo, llamas y ascuas. Así dicen los hebreos, caldeos y la Septuaginta. Pues Abrahán estaba contemplando la conflagración misma de Sodoma.
Versículo 29: Dios se acordó de Abrahán
Se acordó de Abrahán — para no destruir al justo Lot, sobrino de Abrahán, junto con los malvados sodomitas, por los méritos y las oraciones de Abrahán, quien había orado diciendo: «No destruyas al justo con el malvado», capítulo 18:23.
Versículo 30: Lot huye al monte
Y subió y permaneció en el monte. El ángel les había prohibido solamente no mirar hacia atrás mientras estaban en el camino; por tanto, cuando Lot llegó a Segor desde el camino, miró hacia atrás, y viendo aquella terrible lluvia de fuego y azufre, y la conflagración que devastaba por todas partes, se aterró, olvidándose de sí mismo y de la promesa angélica, y como si aún no estuviera bastante seguro en Segor, huyó de Segor a los montes.
Versículo 31: Ningún hombre quedó en la tierra
Ningún hombre quedó en la tierra. Orígenes piensa que las hijas de Lot habían recibido una tradición de su padre de que el mundo, así como había perecido una vez por el diluvio, perecería una segunda vez por el fuego; de donde el miedo excesivo y el horror de esta conflagración sodomítica las llevaron a pensar que todo el mundo había sido consumido, y este error, que pudieron y debieron haber corregido ya por medio de su padre, ya con el paso del tiempo, las condujo al incesto, no la lujuria. Véase San Agustín, libro 22 Contra Fausto, capítulos 42 y 43.
Nótese: Josefo, San Juan Crisóstomo, Teodoreto y Ambrosio excusan a estas hijas de Lot de pecado, y esto por dos razones: primero, por su ignorancia invencible; segundo, porque en tal caso donde solo ellas con su padre habrían sido los supervivientes, su unión con su padre habría sido lícita para la preservación del género humano, dice Ambrosio, libro I Sobre Abrahán, capítulo 6. Pues así Eva, que fue hecha de la costilla de Adán y era por tanto como una hija de Adán, fue sin embargo su esposa, porque era en aquel tiempo la única mujer en el mundo.
Pero San Agustín y los teólogos comúnmente enseñan lo contrario. Primero, esta ignorancia y error de las hijas fue vencible, como he dicho; segundo, la unión de una hija con su padre va contra toda modestia natural, de donde no es lícita en ningún caso ni necesidad, a menos que Dios dispensase y lo concediera.
Moralmente, Lipomano observa con razón que la cohabitación de mujeres con hombres, aunque estén unidos por lazos de sangre, nunca está exenta de peligro. De ahí que San Agustín no admitía ni sobrinas ni hermanas en su casa.
Versículo 33: La embriaguez de Lot
A beber vino — que habían comprado en Segor, y habían llevado consigo junto con otras provisiones para el sustento de varios días. «Lot pecó», dice San Agustín, libro 22 Contra Fausto, capítulo 44, «no en el grado que merece el incesto (que, ebrio y fuera de sí, cometió más allá de toda expectativa y sospecha), sino por aquella embriaguez.» Esta embriaguez, sin embargo, parece haber sido solo venial. Así dicen Teodoreto, San Juan Crisóstomo y Pererio. Pues Lot estaba completamente consternado y profundamente afligido por la pérdida de su mujer y de todos sus bienes, y por tanto bebió un poco más de la cuenta para aliviar su tristeza, pero no tanto como para pensar que se embriagaría. Pero el vino, quizá desconocido para él o más fuerte de lo habitual, rápidamente venció y abrumó su cerebro, ya debilitado por la fatiga y el dolor; pues quienes están tristes son inmediatamente presa del vino.
No lo advirtió. Hubo alguna sensación en Lot, como es evidente; pero fue confusa, embotada y perturbada, tal como es habitual en quienes duermen, especialmente en quienes están medio dormidos y medio despiertos. Así dice Cayetano. En particular, pues, Lot no advirtió ni reconoció a su hija, ni su acercamiento ni su retirada.
Versículo 35: La segunda noche
Dieron a beber vino a su padre también aquella noche. Esta segunda embriaguez de Lot fue un pecado mayor que la primera, porque de la primera ya había experimentado la fuerza del vino y su propia embriaguez, y debería haber sido más sabio y cauteloso, y abstenerse del vino, para no caer en una segunda borrachera. Pero ¿quién, especialmente cuando está tan afligido, es tan prudente en todas las cosas?
Versículo 37: Moab
Moab. Moab se dice como si fuera de me'ab, es decir, «del padre», como si dijera: Este hijo lo di a luz de mi padre, de modo que el mismo hombre es a la vez su padre y su abuelo; esta hija fue desvergonzada en su unión con su padre, y más desvergonzada aún en el nombre de su descendencia, con el cual publica su crimen.
Versículo 38: Ammón
Ammón. En hebreo, ben ammi, es decir, «hijo de mi pueblo», o como la Septuaginta dice, «de mi raza», a quien concebí de mi propia raza y nación, de mi parentesco y estirpe, a saber, de mi padre. Como si dijera: Este hijo mío no fue engendrado por los impíos sodomitas, entre quienes viví, sino que es enteramente de mi propio pueblo y nación, nacido ciertamente de la simiente de su progenitor y de la concepción de su hija. Dios quiso que la memoria de este incesto paterno, tan infame, permaneciese en los hijos, para que los hebreos no se contaminasen con sus matrimonios so pretexto de parentesco. Así dice Teodoreto.
Excurso moral sobre la embriaguez
Por lo cual, apropiadamente, «Santa Paula, viajando por Tierra Santa, cuando llegó a Segor o Zoar, recordó la cueva de Lot, y volviéndose a las lágrimas, amonestó a sus compañeras vírgenes que debían evitar el vino, en el cual está la lujuria, pues los moabitas y ammonitas son producto de él», como relata San Jerónimo en su Vida.
Ved aquí lo que es la embriaguez, incluso la embriaguez involuntaria, y a qué absurdos arrastra a la persona. ¿Qué es entonces la embriaguez voluntaria? ¿A qué males arrastra? ¡Para cuántos ha sido fatal!
¿Qué es la embriaguez? Oíd a San Basilio, en su homilía sobre la embriaguez: «Es un demonio voluntario, la madre de la malicia, la enemiga de la virtud; hace cobarde al fuerte, convierte al temperante en lascivo, ignora la justicia y extingue la prudencia. ¿Qué son, pregunto, los borrachos sino los ídolos de las naciones? Tienen ojos y no ven.»
¿Qué es la embriaguez? Oíd a San Ambrosio, Sobre Elías y el ayuno, capítulo 16: «Es el combustible de la lujuria, el estímulo de la locura, el veneno de la necedad. Por ella los hombres pierden la voz, cambian de color, les arden los ojos, jadean por aliento, bufan por las narices, arden de furor.»
¿Qué es la embriaguez? «Es un hombre ni muerto ni vivo», dice San Jerónimo sobre Gálatas capítulo 5.
¿Qué es un borracho? «Es un demonio voluntario, un cadáver animado; una enfermedad que no admite perdón, una ruina que carece de excusa, una ignominia común de nuestro linaje; donde hay embriaguez, allí está el diablo, allí hay palabras vergonzosas; donde hay exceso, allí los demonios danzan sus coros», dice San Juan Crisóstomo, homilía 57 al Pueblo.
Asimismo, homilía 58 sobre Mateo: «¡Cuánto mejor es un burro que un borracho! ¡Cuánto más excelente un perro! Ciertamente todas las bestias, cuando beben o comen, no toman más de lo suficiente por su propia voluntad, aunque mil hombres las forzasen.»
¿Qué es la embriaguez? «Es una locura voluntaria», dice Séneca, epístola 83.
Segundo, ¿queréis conocer los efectos de la embriaguez? Primero, provoca la ira de Dios. Isaías 5: «¡Ay de vosotros, los que os levantáis temprano para perseguir la embriaguez!» Proverbios 23: «¿De quién son los ayes? ¿De quién las riñas? ¿De quién las fosas? ¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos inyectados en sangre? ¿No es de los que se demoran ante el vino y estudian sus copas para apurarlas?» Segundo, arrebata la mente. Proverbios 23:31: «No mires al vino cuando se dora, cuando su color brilla en la copa: entra suavemente, pero al fin morderá como serpiente.» Oseas 4:11: «La fornicación, y el vino, y la embriaguez quitan el corazón.» Tercero, inflama la lujuria, como aquí es evidente en Lot. Proverbios 20:1: «El vino es cosa lujuriosa, y la embriaguez es tumultuosa.» Efesios 5:18: «No os embriaguéis con vino, en el cual hay lujuria.» Cuarto, causa la pérdida de la vida y la fortuna. Eclesiástico 37:34: «Muchos han muerto por la embriaguez; pero el que es abstinente añadirá a su vida»; y capítulo 19:1: «Un obrero borracho no se enriquecerá.» Quinto, quita la vergüenza, y una vez quitada la vergüenza, la persona prorrumpe en palabras sucias, pendencieras, contenciosas, y hasta en golpes y homicidios. Sexto, tiene esta peculiaridad: que pone al pecador en el peligro cierto e inevitable de la condenación eterna; pues los demás pecadores, si les sobreviene la muerte, se arrepienten, puesto que están en posesión de su razón, y son purificados por los sacramentos; solo el borracho es incapaz tanto de arrepentimiento como de sacramentos, de modo que si es herido o sofocado por un catarro, es con toda certeza condenado. De ahí que San Pablo dice, 1 Corintios 6:10 y Gálatas 5:21, que los borrachos no poseerán el reino de Dios.
Tercero, ¿queréis ejemplos? Lot, a quien Sodoma no venció, estando ebrio cometió un doble incesto. Noé, hombre perfecto, fue despojado de sus vestiduras estando ebrio y burlado por su hijo. Sansón, lleno de vino, fue entregado al enemigo por Dalila. El ebrio Holofernes fue decapitado por Judit. Los hijos de Job, mientras bebían vino, fueron aplastados por el derrumbe de la casa. Herodes en sus copas ordenó cortar la cabeza de Juan el Bautista. El rico Epulón, por su exceso en la bebida, no mereció ni una gota de agua después de esta vida, dice San Juan Crisóstomo. Alejandro, estando ebrio, mató a su queridísimo amigo Clito, y ciertamente a sí mismo también con la copa hercúlea. Baltasar, el último monarca de los babilonios, estando ebrio vio una mano que escribía mene, tekel, peres; y esa misma noche fue despojado de su reino y de su vida por Ciro. Que el borracho reflexione que la misma sentencia es pronunciada contra él por Dios: mene, los días de tu vida están contados y acortados; pronto, y quizá en este día, a esta hora, morirás; tekel, has sido pesado y hallado falto, carente de sobriedad y virtud, porque estás cargado de vino y vicios; peres, has sido dividido; tu cuerpo, que tanto has engordado, será entregado a los gusanos para un festín, tu alma será entregada a los demonios para escarnio y tormento.