Cornelius a Lapide

Génesis XXIV


Índice


Sinopsis del Capítulo

Abrahán hace jurar a su siervo que buscará esposa para Isaac en Harán; el siervo trae a Rebeca, e Isaac toma a la que le fue traída.


Texto de la Vulgata: Génesis 24:1-67

1. Era ya Abrahán viejo y entrado en años, y el Señor le había bendecido en todas las cosas. 2. Y dijo al siervo más anciano de su casa, que tenía a su cargo todo cuanto poseía: Pon tu mano debajo de mi muslo, 3. para que te haga jurar por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, entre los cuales habito; 4. sino que irás a mi tierra y a mi parentela, y allí tomarás esposa para mi hijo Isaac. 5. Respondió el siervo: Si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo llevar a tu hijo al lugar de donde saliste? 6. Y dijo Abrahán: Guárdate de llevar jamás a mi hijo allá. 7. El Señor Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mi nacimiento, que me habló y me juró diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, Él enviará su ángel delante de ti, y tomarás de allí esposa para mi hijo. 8. Mas si la mujer no quisiere seguirte, no estarás obligado por el juramento; solamente no lleves a mi hijo allá. 9. Puso entonces el siervo su mano debajo del muslo de Abrahán su señor, y le juró sobre este asunto. 10. Y tomó diez camellos del rebaño de su señor y partió, llevando consigo algo de todos los bienes de su señor, y se puso en camino y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor. 11. Y cuando hubo hecho arrodillar a los camellos fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua, al atardecer, a la hora en que suelen salir las mujeres a sacar agua, dijo: 12. Señor Dios de mi señor Abrahán, sal hoy a mi encuentro, te lo ruego, y muestra misericordia a mi señor Abrahán. 13. He aquí que estoy junto a la fuente de agua, y las hijas de los habitantes de esta ciudad saldrán a sacar agua. 14. Sea, pues, que la doncella a quien yo diga: Baja tu cántaro para que beba; y ella responda: Bebe, y también daré de beber a tus camellos: sea ella la que Tú has preparado para tu siervo Isaac; y por esto conoceré que has mostrado misericordia a mi señor. 15. Aún no había acabado de hablar dentro de sí, y he aquí que Rebeca salía, hija de Batuel, hijo de Milcá, esposa de Nacor, hermano de Abrahán, llevando un cántaro sobre su hombro. 16. Una doncella muy hermosa, virgen bellísima, desconocida de varón: había bajado a la fuente, llenado su cántaro, y volvía. 17. El siervo corrió a su encuentro y dijo: Dame un poco de agua para beber de tu cántaro. 18. Ella respondió: Bebe, señor mío; y rápidamente bajó el cántaro sobre su brazo y le dio de beber. 19. Y cuando hubo bebido, ella añadió: También sacaré agua para tus camellos, hasta que todos hayan bebido. 20. Y vertiendo el cántaro en los abrevaderos, corrió de nuevo al pozo a sacar agua, y sacó para todos los camellos. 21. Pero él la observaba en silencio, deseando saber si el Señor había prosperado su viaje o no. 22. Después que los camellos hubieron bebido, el hombre sacó unos pendientes de oro que pesaban dos siclos, y brazaletes del mismo número que pesaban diez siclos. 23. Y le dijo: ¿De quién eres hija? Dime: ¿hay lugar en la casa de tu padre para alojarnos? 24. Ella respondió: Soy hija de Batuel, hijo de Milcá, a quien ella dio a luz para Nacor. 25. Y añadió, diciendo: También tenemos abundancia de paja y heno, y un lugar espacioso para alojaros. 26. El hombre se inclinó y adoró al Señor, 27. diciendo: Bendito sea el Señor Dios de mi señor Abrahán, que no ha apartado su misericordia y su verdad de mi señor, y me ha conducido por camino recto a la casa del hermano de mi señor. 28. Corrió entonces la doncella y anunció en la casa de su madre todo lo que había oído. 29. Tenía Rebeca un hermano llamado Labán, que se apresuró a salir hacia donde estaba el hombre junto a la fuente. 30. Cuando hubo visto los pendientes y los brazaletes en las manos de su hermana, y hubo oído todas las palabras de su relato: Este hombre me habló así, vino al hombre que estaba junto a los camellos cerca de la fuente de agua, 31. y le dijo: Entra, bendito del Señor; ¿por qué te quedas fuera? He preparado la casa y un lugar para los camellos. 32. Y lo introdujo en el alojamiento, desensillaron los camellos, y les dieron paja y heno, y agua para lavar sus pies y los pies de los hombres que habían venido con él. 33. Y se le puso pan delante. Pero él dijo: No comeré hasta que haya dicho mi mensaje. Él respondió: Habla. 34. Y dijo: Soy siervo de Abrahán. 35. Y el Señor ha bendecido grandemente a mi señor, y ha llegado a ser grande: y le ha dado ovejas y vacas, plata y oro, siervos y siervas, camellos y asnos. 36. Y Sara, la esposa de mi señor, dio a luz un hijo a mi señor en su vejez, y le ha dado todo cuanto tenía. 37. Y mi señor me hizo jurar, diciendo: No tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; 38. sino que irás a la casa de mi padre, y de mi parentela tomarás esposa para mi hijo. 39. Y respondí a mi señor: ¿Y si la mujer no quiere venir conmigo? 40. El Señor, dijo él, en cuya presencia camino, enviará su ángel contigo y dirigirá tu camino: y tomarás esposa para mi hijo de mi parentela y de la casa de mi padre. 41. Quedarás libre de mi maldición cuando llegues a mis parientes y no te la den. 42. Llegué, pues, hoy a la fuente de agua y dije: Señor Dios de mi señor Abrahán, si Tú has dirigido mi camino por el cual ahora ando, 43. he aquí que estoy junto a la fuente de agua, y la virgen que salga a sacar agua y oiga de mí: Dame un poco de agua para beber de tu cántaro; 44. y me diga: Bebe tú, y yo sacaré para tus camellos: sea ella la mujer que el Señor ha preparado para el hijo de mi señor. 45. Y mientras yo revolvía estas cosas en silencio dentro de mí, apareció Rebeca, viniendo con un cántaro que llevaba sobre su hombro; bajó a la fuente y sacó agua. Y le dije: Dame un poco de beber. 46. Y rápidamente bajó el cántaro de su hombro y me dijo: Bebe tú, y yo daré de beber a tus camellos. Bebí, y ella abrevó a los camellos. 47. Y le pregunté y dije: ¿De quién eres hija? Ella respondió: Soy hija de Batuel, hijo de Nacor, a quien Milcá le dio a luz. Entonces le puse los pendientes para adornar su rostro, y le coloqué los brazaletes en las manos. 48. E inclinándome, adoré al Señor, bendiciendo al Señor Dios de mi señor Abrahán, que me había conducido por camino recto para tomar a la hija del hermano de mi señor para su hijo. 49. Por tanto, si queréis mostrar misericordia y verdad a mi señor, decídmelo; pero si otra cosa os place, decídmelo también, para que yo vaya a la derecha o a la izquierda. 50. Labán y Batuel respondieron: Del Señor ha salido este asunto; no podemos hablarte nada más allá de lo que Él ha decretado. 51. He aquí que Rebeca está ante ti; tómala y parte, y sea la esposa del hijo de tu señor, como el Señor ha hablado. 52. Cuando el siervo de Abrahán oyó esto, se postró en tierra y adoró al Señor. 53. Y sacando vasos de plata y de oro, y vestiduras, se los dio a Rebeca como regalos; también ofreció presentes a sus hermanos y a su madre. 54. Se preparó un banquete, y comiendo y bebiendo juntos, se quedaron allí. Levantándose por la mañana, el siervo dijo: Dejadme ir, para que regrese a mi señor. 55. Respondieron sus hermanos y su madre: Que la doncella se quede con nosotros al menos diez días, y después partirá. 56. No me detengáis, dijo él, porque el Señor ha dirigido mi camino; dejadme ir para que continúe hacia mi señor. 57. Y dijeron: Llamemos a la doncella y preguntemos su propia voluntad. 58. Y cuando fue llamada y vino, le preguntaron: ¿Quieres ir con este hombre? Ella dijo: Iré. 59. La despidieron, pues, con su nodriza, y el siervo de Abrahán, y sus compañeros, 60. deseando prosperidad a su hermana y diciendo: Tú eres nuestra hermana; que te multipliques en millares de millares, y que tu descendencia posea las puertas de sus enemigos. 61. Así Rebeca y sus doncellas, montando en los camellos, siguieron al hombre, que se apresuró a volver a su señor. 62. En aquel tiempo Isaac andaba por el camino que conduce al pozo cuyo nombre es el Pozo del Viviente y del que Ve; pues habitaba en la tierra del sur. 63. Y había salido a meditar en el campo, cuando el día declinaba; y cuando alzó sus ojos, vio camellos que venían de lejos. 64. Rebeca también, habiendo divisado a Isaac, descendió del camello, 65. y dijo al siervo: ¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro? Él dijo: Es mi señor. Y ella rápidamente tomó su manto y se cubrió. 66. El siervo entonces contó a Isaac todo lo que había hecho. 67. Él la introdujo en la tienda de Sara su madre, y la tomó por esposa; y la amó tanto que se templó el dolor que le había sobrevenido por la muerte de su madre.


Versículo 1: Abrahán era ya viejo

Abrahán tenía 140 años cuando envió a su siervo a buscar a Rebeca como esposa para Isaac; pues Isaac se casó con Rebeca a los 40 años de su edad (como consta del capítulo siguiente, versículo 20), que era el año 140 de Abrahán: pues Isaac nació en el año centésimo de Abrahán; por tanto, la edad de Abrahán supera a la de Isaac en cien años. Así dice San Agustín.


Versículo 2: Pon tu mano debajo de mi muslo

Su siervo más anciano — su mayordomo Eliezer, sobre el cual véase el capítulo 15, versículo 2.

Pon tu mano debajo de mi muslo — es decir: Estando yo sentado, pon tu mano debajo de mi cadera, y por este rito y ceremonia júrame que no tomarás una esposa cananea para mi hijo. Literalmente, este era el rito de quienes juraban por el muslo, porque el muslo es la causa y el símbolo de la generación y la vida. Al sostener el muslo, pues, los que juraban llamaban a Dios como testigo en cuanto autor de la vida, en cuya mano está nuestra salvación, como diciendo: Si juro recta y verdaderamente, y cumplo lo que he jurado, concédame Dios una vida larga y feliz, que es significada por el muslo; pero si engaño y me perjuro, que perezca y no tenga parte en la vida que ha procedido del muslo.

Así dice Martín de Roa, libro IV de Singularia, capítulo 4.

Los hebreos piensan que esta ceremonia de poner la mano debajo del muslo era una práctica solemne entre los judíos al prestar juramentos, a causa de la significación y reverencia del sacramento de la circuncisión, que se realizaba en el miembro cercano al muslo. Pero esto parece ser falso: pues solamente Abrahán y Jacob usaron esta ceremonia para conjurar a los suyos; todos los demás en la Escritura consta que juraron con la mano alzada hacia lo alto (como también se hace hoy).

Nótese, pues, que por el muslo o cadera, también se entienden y se incluyen tácitamente las partes genitales, que están entre los muslos. Pues así se dice que los hijos de Jacob salieron de su muslo, esto es, de sus partes generativas, Génesis 46:26 y en otros lugares.

Por tanto, con este símbolo y ceremonia de poner la mano debajo del muslo, Abrahán significa que Isaac ya había nacido de su muslo, y que del mismo, a través de Isaac, nacería una gran posteridad, y en verdad Cristo, su simiente bendita, prometida por Dios. Para que esta posteridad, y Cristo, nacieran de él a través de Isaac, por esta razón busca aquí una esposa fiel para Isaac, y conjura a su siervo, para que le busque tal esposa, por el muslo, como por el origen de su descendencia; asimismo por el muslo, esto es, por Cristo, que habría de nacer de su muslo, lo conjura, es decir, lo obliga y lo compele a jurar. Pues el primero que usó esta forma de conjuración fue Abrahán; su nieto Jacob le siguió luego en el capítulo 47, versículo 29. Así dicen San Jerónimo, Teodoreto, San Agustín (Sermón 75), San Ambrosio (libro 1 de Sobre Abrahán, capítulo final), Próspero (Parte 1, Predicciones, capítulo 7) y San Gregorio, quien dice así: «Mandó poner la mano debajo del muslo, porque por aquel miembro había de descender su carne, quien sería hijo de Abrahán por su humanidad, y su Señor por su divinidad, como diciendo: Toca a mi hijo y jura por mi Dios. De ahí que mandara poner la mano no sobre el muslo, sino debajo de él; porque de allí habría de descender quien sería hombre ciertamente, pero vendría como uno superior a los hombres.»


Versículo 3: Para que te conjure

Para que te conjure — es decir, te obligaré por tu juramento, te haré jurar. Así dice el hebreo. Pues Abrahán compele a su siervo a jurarle por medio de esta ceremonia. De ahí que el siervo efectivamente le juró por este rito, como consta del versículo 9. Por tanto, «conjurar» aquí no significa invocar a alguien por cosas sagradas, sino compelerlo a prestar juramento, y por este juramento obligarlo a prometer o hacer algo.


Versículo 4: No de las hijas de los cananeos

Que no tomarás esposa para mi hijo de las hijas de los cananeos (porque los cananeos eran impíos e idólatras), sino que irás a mi tierra y a mi parentela — no a Caldea, sino a Mesopotamia, a saber, a Harán, a la casa de mi hermano Nacor, como consta del versículo 10; pues a Harán había emigrado Abrahán con su padre y toda su parentela, capítulo 12, versículo 1. Porque aunque la casa de Nacor, siguiendo la costumbre de la nación con la que habitaba, adoraba ídolos, como consta del capítulo 31, versículo 30; sin embargo, conocían y conservaban algo del culto del Dios único, y así adoraban al Dios del cielo junto con sus ídolos, como consta aquí en el versículo 31. Y esta familia era de buenas costumbres, como se evidencia por lo que sigue.

Tropológicamente, cuánto deben evitarse los matrimonios con infieles, herejes e impíos, véase en San Juan Crisóstomo y San Ambrosio, libro 1 de Sobre Abrahán, capítulo final: «Muchas veces», dice San Ambrosio, «el atractivo de una mujer ha engañado incluso a los maridos más fuertes, y los ha hecho apartarse de su religión. Por tanto, en el matrimonio se busca primero la religión. Aprende, pues, lo que se busca en una esposa: Abrahán no buscó oro, ni plata, ni posesiones, sino la gracia de un buen carácter.» Alegóricamente, el mismo autor dice en el mismo lugar:

«¿Dónde debía hallarse la esposa de Isaac, esto es, de Cristo — a saber, la Iglesia — sino en Mesopotamia? Allí está rodeada por dos ríos, el baño de la gracia y las lágrimas de la penitencia. El Tigris la guarda, esto es, la prudencia; y el Éufrates, esto es, la justicia y la iluminación fecunda, separándola de las naciones bárbaras.»


Versículo 6: Guárdate de llevar jamás a mi hijo allá

«Llevar de vuelta» significa «prometer llevar de vuelta», como diciendo: Si la doncella que buscas en Harán no quiere venir aquí conmigo e Isaac, sino que quiere que Isaac vaya allá a ella, no consientas, y no le prometas el matrimonio de mi hijo; porque Dios quiso que yo y mi pueblo partiéramos de Mesopotamia para siempre, y viniéramos a esta tierra que Él me prometió a mí y a los míos.


Versículo 7: Él mismo enviará su ángel

He aquí que los antiguos hebreos creían que Dios daba a los hombres ángeles guardianes, para custodiarlos, guiarlos, enseñarles y dirigirlos. Similar es Tobías capítulo 5, versículo 5. Escalígero piensa que la palabra «ángel» proviene del persa angar, que significa correo o mensajero, con la r cambiada en l, así como se dice Beliar en vez de Belial; pues así también los hebreos, del persa angar, llaman a la carta llevada por correos o angari, iggeret, como si fuera ingeret.


Versículo 9: Le juró

Juró que llevaría a cabo fielmente las palabras y mandatos de su señor Abrahán.


Versículo 10: A la ciudad de Nacor

Es decir, a Harán, en la cual estaba la casa de Nacor, distante de Berseba, donde Abrahán se hallaba entonces, un viaje de siete u ocho días. Así dice Abulense.


Versículo 12: Haz que suceda

En hebreo hacre, es decir, haz que me salga al encuentro, a saber, aquello que busco, es decir, una doncella tal como Abrahán desea como esposa para Isaac. Los Setenta traducen: Haz que mi encuentro sea próspero.

Aprendan aquí los cristianos a buscar cónyuges para sí y para sus hijos, no tanto por disposición de los hombres cuanto de Dios; y que no miren tanto la riqueza, la belleza y el linaje, como la educación y el carácter bueno y conveniente. Así Pulqueria procuró para su hermano, el emperador Teodosio, a Eudoxia como esposa, que era pobre pero bien educada y de buenas costumbres. Pero como muchos hacen lo contrario, vemos tantos matrimonios contenciosos e infelices. Con razón, pues, dice el Sabio en Proverbios 19:14: «Casas y riquezas son dadas por los padres; pero una esposa prudente viene propiamente del Señor.» Así Rebeca para Isaac, Rut para Booz, Sara para Tobías — esposas dadas por Dios — tuvieron un matrimonio pacífico, fecundo y feliz. Pues, como dice el Sabio en Proverbios 18:22: «El que halla una buena esposa halla un bien, y obtendrá deleite del Señor.» Pues una esposa buena, diligente y prudente es un ave rara sobre la tierra.

Salomón dice en Eclesiastés 7:29: «He hallado un hombre entre mil, pero entre todas ellas no he hallado una mujer.» De ahí que Catón dijera que la mujer es un mal necesario. ¿Quieres saber cuán gran mal es una mala mujer? Escucha a Sirácida 25:17: «Toda malicia es la maldad de una mujer;» y el versículo 22: «No hay cabeza más perversa que la cabeza de una serpiente, y no hay ira sobre la ira de una mujer: sería más agradable habitar con un león y un dragón que vivir con una mujer malvada;» y el versículo 31: «Una mujer malvada es una herida para el corazón.» Dios, pues, da malas esposas a los fornicarios, adúlteros y demás impíos como castigo del pecado; y esta es la plaga mayor y más duradera, pues perdura durante toda la vida.

Por el contrario, «Bienaventurado el marido de una buena mujer. Una mujer valerosa deleita a su marido, y llenará los años de su vida con paz. Una buena esposa es una buena porción; será dada al hombre que teme a Dios como recompensa de sus buenas obras» (Sirácida 26:1-3). Un ejemplo memorable de esto se encuentra en Sofronio, o más bien Juan Mosco en el Prado Espiritual, capítulo 250, acerca de cierto noble de Constantinopla que, distribuyendo sus bienes entre los pobres, al morir dejó a Jesucristo como tutor de su hijo. Pues Cristo, a causa de las limosnas del padre, procuró para el hijo una esposa rica y virtuosa, con la cual llevó una vida santa y gozosa. Verdaderamente, pues, dice Sirácida (26:16): «La gracia de una mujer diligente deleitará a su marido, y engordará sus huesos; su disciplina es un don de Dios; gracia sobre gracia es una mujer santa y modesta; como el sol naciente sobre el mundo en las alturas de Dios, así es la belleza de una buena mujer ornamento de su casa.»


Versículo 13: He aquí que estoy

Aquí el siervo pide a Dios que le revele a la futura esposa de Isaac por cierta señal designada por él mismo; fue movido e impulsado por Dios a designar esta señal; de ahí que también la empleó con cierta esperanza en la providencia, ayuda y dirección divinas, conforme a lo que sabía que Dios había prometido a Abrahán, y Abrahán le había dicho, diciendo: «Dios enviará su ángel delante de ti.» De ahí que también pidió que se le mostrara esta señal, anteponiéndole una humilde oración. Finalmente, el resultado que siguió, tan próspero, declaró que esta señal era de Dios; de otro modo, este siervo habría tentado a Dios con un presagio y una adivinación temerarios.

Similar fue el presagio de Jonatán, que tomó por impulso de Dios de las palabras de los filisteos sobre atacarlos, y siguiéndolo los venció: «Si dicen: subid a nosotros, subamos; porque el Señor los ha entregado en nuestras manos — esta será nuestra señal» (1 Reyes 14:10). Igualmente, Gedeón tomó un presagio de victoria del sueño de un madianita (Jueces 7:13).

Similar fue el presagio de Clodoveo, quien, moviendo su campamento contra los godos, envió regalos a Tours a San Martín, instruyendo a sus enviados: «Al entrar en el templo, observad lo que pueda dar una conjetura del futuro resultado de la guerra que preparamos.» Obedecieron, y al llegar a la iglesia, oyeron a los monjes cantar aquel versículo de David: «Me ceñiste de fortaleza para la batalla.» Habiendo recibido este feliz presagio, regresaron al rey y se lo refirieron; y el acontecimiento declaró que no era vano sino divino. El testigo es Fulgosio, libro 1, capítulo 3.

Por el contrario, supersticioso fue el presagio de Nabucodonosor, que tomó no por impulso de Dios sino por instinto propio o del diablo, cuando dudaba si debía atacar a los amonitas o a los judíos. Pues tomando dos flechas, en una inscribió el nombre Rabbat (que era Petra de Arabia, la capital de los amonitas), y en la otra el nombre Jerusalén; luego las mezcló. Enseguida sacó una a ciegas, y viendo inscrito en ella Jerusalén, marchó inmediatamente contra ella (Ezequiel 21:21).

Similar fue el presagio de los filisteos, quienes por el curso y la marcha de las vacas que llevaban el Arca del Señor, conjeturaron si la plaga infligida sobre ellos era de Dios o había ocurrido por casualidad (1 Reyes 6:7). Sobre los presagios sagrados y lícitos, y los profanos, ilícitos y supersticiosos, véase a Pererio aquí.

Nótese: Esta señal que el siervo estableció era conveniente; pues era señal de una buena esposa y de un carácter afable, hospitalario, providente y diligente. Así dicen San Juan Crisóstomo, Teodoreto y Ruperto.

Fuente — es decir, un pozo, como consta de los versículos 11 y 20; pues en la Escritura, fuente y pozo son lo mismo.


Versículo 14: Sea ella la elegida

Sea ella la que Tú has preparado como esposa para Isaac, como diciendo: Te suplico, Señor, que aquella a quien Tú quieres que sea la esposa de Isaac, solo ella haga y diga las cosas que aquí pido; para que por estos hechos y palabras suyas yo sepa que es ella, y no otra.


Versículo 15: Y he aquí que Rebeca salía

Nótese aquí el espejo de las vírgenes en Rebeca: pues primero, no se sienta ociosa como la mayoría, sino que laboriosamente lleva su cántaro y saca agua; segundo, cuando ha sacado el agua, regresa y no se demora mucho en público; y aunque vio al siervo de Abrahán, no lo mira con curiosidad ni se dirige a él; tercero, cuando el siervo le pide de beber, ella inmediatamente se detiene, se lo ofrece, le habla amablemente, lo llama señor; ofrece más de lo que él había pedido; no le resulta gravoso servir a un extranjero, mientras que nuestras mujeres de hoy a veces son tan difíciles que apenas se dignan hablar a la gente, especialmente a los forasteros, como si no fueran asunto suyo; cuarto, aunque oyó que era siervo de Abrahán, ella misma no lo introduce en la casa — pues esto habría sido impropio de una doncella; corre a casa y lo reporta a su madre; quinto, no pregunta con curiosidad por qué ha venido este siervo o qué quiere, pues una doncella no debe ser curiosa; sexto, obedece a sus padres, y cuando ve que ellos consienten en que ella vaya con Isaac, aunque le era difícil dejar a sus padres y su patria, no se opone; séptimo, no es blanda sino varonil: pues monta un camello y emprende un largo viaje; octavo, cuando vio a Isaac, inmediatamente descendió del camello y se cubrió: de donde se evidencia su modestia y reverencia hacia su prometido.


Versículo 21: La observaba en silencio

Admirando no solo su belleza, sino su atención, diligencia, bondad y generosidad, y examinando si se conducía en todas las cosas conforme a ello, y si era tal persona que fuese digna de Isaac, y que respondiera a sus propios deseos y a los de Abrahán.


Versículo 22: Pendientes de oro que pesaban dos siclos

Nótese: Este siervo dio a cada oreja de Rebeca un pendiente, es decir, dos en total, de modo que cada uno pesaba medio siclo, o una dracma, como dicen los Setenta, el hebreo y el caldeo, y en consecuencia ambos juntos pesaban un siclo, o dos dracmas.

Se preguntará: ¿Cómo entonces nuestro traductor dice dos siclos? Respondo: Nuestro traductor entiende siclos menores, es decir, medios siclos. Pues un medio siclo a veces se llama siclo, así como entre nosotros el real es tanto mayor como menor (o partido por la mitad); pues el mayor es de 10 stuivers, el menor de 5 stuivers. Véase lo que se dijo al final del libro Sobre los Pesos y Medidas.


Versículo 27: No ha apartado su misericordia y su verdad

Es decir: Dios ha sido misericordioso y veraz con mi señor Abrahán: misericordioso al prometer, veraz al cumplir sus promesas; como ahora veo que Dios ha dirigido misericordiosa y verazmente mi viaje hasta los parientes de Abrahán, y hasta Rebeca, para que la tome como esposa de Isaac.


Versículo 28: A la casa de su madre

Porque en la casa de los antiguos hebreos había habitaciones y aposentos separados para hombres y para mujeres. Pues la madre vivía aparte con las muchachas en los aposentos de las mujeres, como enseña Nicolás Serario en su comentario a Ester, capítulo 2, página 469. Además, los hombres en aquel tiempo tenían múltiples esposas, que vivían separadas para mantener la paz. Así dicen Cayetano y Tomás Ánglico. A estos aposentos de mujeres corrió Rebeca, mostrando los pendientes que había recibido del siervo de Abrahán.

Nótese: Rebeca muestra sus regalos a su madre; pues comúnmente se dice: Ninguna mujer que recibe regalos es buena mujer — entiéndase esto así: si los recibe en secreto y sin el consejo o consentimiento de su familia.


Versículo 29: Rebeca tenía un hermano llamado Labán

Así como Rebeca fue un espejo para las vírgenes, así Labán lo fue para los padres de familia. Pues primero, cuando oyó las palabras de su hermana, inmediatamente sale a invitar al hombre, sin esperar a que se lo pidan; segundo, le habla amable y piadosamente: «Entra», dice, «bendito del Señor;» tercero, introduce no solo a él sino también a quienes lo acompañaban, sin temer en absoluto la magnitud del gasto; cuarto, Labán mismo desensilló los camellos, trajo agua para lavar los pies, preparó la mesa, etc. Véase aquí cuán grande era la hospitalidad de los antiguos. Quinto, cuando oyó cómo había sucedido el asunto, no se opuso, sino que concluyó: «Del Señor ha salido este asunto», con lo cual atribuyó este negocio no al azar o a la fortuna, sino a la ordenación divina; sexto, él y su padre Batuel no fuerzan a la doncella, sino que indagan su voluntad; séptimo, cuando ven que el siervo se apresura, no la retienen, sino que le permiten partir, y le añaden a su nodriza, para que tenga quien la cuide e instruya; octavo, desea lo mejor a su hermana.


Versículo 30: Y cuando hubo visto

Después de haber visto y oído. Este es un hebraísmo, que Vatablo explica claramente traduciendo así: pues había visto los pendientes y había oído las palabras de Rebeca.


Versículo 31: Entra, bendito del Señor

Es decir, bendecido por el Señor, que estás en la gracia de Dios, a quien Dios favorece y prospera, y rogamos y deseamos que continúe favoreciéndote y prosperándote.

He preparado la casa — he mandado preparar una casa, he ordenado a los siervos que preparen alojamiento para ti.


Versículo 35: El Señor ha bendecido grandemente a mi señor

Lo ha enriquecido notablemente.


Versículo 36: Y le ha dado todas las cosas

Había resuelto darle; había destinado darle todas las cosas, como a su hijo unigénito; pues Abrahán aún no se había despojado de la posesión de sus bienes, ni los había transferido todavía a Isaac. La palabra «dio», pues, significa un acto no consumado, sino comenzado e intencionado, tal como la palabra «he preparado» en el versículo 31.


Versículo 40: En cuya presencia camino

A quien considero presente, y reverencio, y adoro. Así Enoc caminó en la presencia de Dios, o ante Dios y con Dios (capítulo 5, versículo 22), y Noé (capítulo 6, versículo 9): véase lo que se dijo allí. Como diciendo: Porque adoro a Dios así, a cambio Dios enviará su ángel, para que por medio de ti dirija y prospere a mí y mis asuntos.


Versículo 41: Quedarás libre de mi maldición

Quedarás libre de tu juramento imprecatorio, y en consecuencia de la maldición y el castigo que invocaste sobre ti al jurar, en caso de que lo violases, diciendo según la costumbre: «Que Dios me haga esto y añada más», si no cumplo los mandatos de Abrahán mi señor.


Versículo 47: Le puse los pendientes

Le puse — se los di para que se los pusiera; esto consta del versículo 30.


Versículo 49: Si queréis mostrar misericordia y verdad

Nótese: Con estas dos palabras la Escritura abarca todo deber de virtud: pues todo es o no debido y dado gratuitamente, y esto es la misericordia; o es mandado y debido, ya sea por justicia, o piedad, o alguna otra virtud, y se llama verdad. Aquí, pues, verdad es la piedad que los padres de Rebeca debían a su pariente, más aún a su tío Abrahán. Así dice Oleaster.

Cayetano dice de otro modo: Verdad, dice, significa aquí verificación, como diciendo: Si queréis verificar, y mostrar que son verdaderas y llevar a cabo tantas señales de la voluntad divina, por las cuales Dios ha mostrado que quiere que Rebeca sea dada a Isaac.

Para que yo vaya a la derecha o a la izquierda. — Este es un hebraísmo, como diciendo: Para que yo sepa hacia dónde debo ir, qué debo hacer; si debo permanecer aquí o proseguir a otra parte: pues habría podido buscar esposa para Isaac entre los demás hijos de Nacor (pues tenía once, como consta del capítulo 22:21), y lo habría hecho si le hubiesen sido negado en el caso de Rebeca.


Versículo 50: Labán y Batuel respondieron

Labán era hermano de Rebeca, y en consecuencia hijo de Batuel, pero parece haber estado administrando la casa mientras su padre envejecía; de ahí que aquí con frecuencia habla en nombre de su padre y arregla el matrimonio de Rebeca con Isaac. Sabiamente dice San Ambrosio: Rebeca, dice, «espera el juicio de sus padres; pues no conviene a la modestia virginal elegir marido.» De ahí también Andrómaca en Eurípides: «Mi padre se encargará de mi desposorio; pues esto no es asunto mío.»

Del Señor ha salido este asunto — este negocio se conduce por voluntad divina; es voluntad de Dios que demos a Rebeca a Isaac.

Parece que en aquellos tiempos era costumbre que en los matrimonios de las vírgenes se consultara a los hermanos antes que a los padres, o al menos en igual medida, y que los hermanos tuvieran el derecho de proteger a sus hermanas. Cf. más abajo 34:13; Jueces 21:22. Arvieux relata que los árabes se afligen menos por una ofensa al honor de sus esposas que al de sus hermanas. Lo que sigue: No podemos hablarte ni bien ni mal, es decir, no podemos contradecirte en nada. Pues bien y mal abarcan todo; y así esto equivale a decir que no tenían nada que objetar a su petición, y aprobaban plenamente lo que él había pedido.


Versículo 51: Como el Señor ha hablado

No con voz, sino con una señal, por la cual mostró su voluntad en el versículo 14. Así dice San Agustín, Cuestión 67.


Versículo 52: Mozo, es decir, siervo

Mozo — es decir, siervo.


Versículo 57: Preguntemos su propia voluntad

No sobre el matrimonio con Isaac, pues se colige que Rebeca ya había consentido a ello por los versículos 51, 53, 54 y 55; sino sobre la partida repentina de sus padres y el viaje a Canaán hacia Isaac. Así dice San Ambrosio.

Alegóricamente, San Ambrosio dice: Rebeca representa a la Iglesia llamada del paganismo por Cristo al matrimonio: «Ella, cuando fue llamada, no demoró, y por eso fue más grata al Señor; porque el pueblo judío, que había sido invitado al banquete, no era digno de venir; pero la asamblea de los gentiles, tan pronto como se vio convocada, corrió a su encuentro. Cuando montó sobre el camello, vino a su marido, porque el pueblo de las naciones, áspero con cierta deformidad bestial de méritos, que no tenía la belleza de su propia forma, iba a recibir la fe y la inteligencia de la Iglesia.»

El hebreo dice: y preguntemos a su boca, indaguemos de ella cuál es su ánimo.


Versículo 62: Por el camino del pozo del Viviente y del que Ve

Por el desierto, a saber, de Sur, en el cual, por estar cercano, Isaac solía pasear solo para meditar. Pues la soledad es sumamente apropiada para la oración, así como para la especulación y la contemplación.

Los paganos lo sabían. Platón, habiendo regresado a Atenas tras un largo viaje al extranjero, se retiró a un lugar suburbano, sombreado de árboles, que se llamaba la Academia por su dueño Academo, y allí filosofó y estableció una escuela. Cicerón con frecuencia se retiraba de los negocios y la ciudad al campo, y allí filosofaba. Él mismo lo atestigua en el libro 3 de Sobre los Deberes. Los poetas antiguos solían retirarse a montañas remotas, y allí, en la soledad del retiro, componían sus cantos. Así Hesíodo canta que aprendió la poesía de las Musas, pero en el monte Helicón mientras apacentaba corderos, indicando que la soledad es despertadora del ingenio; en efecto, «los poemas buscan el retiro y el ocio del escritor.» Eurípides escribió sus tragedias en la isla de Salamina, en una cueva oscura y espantosa, que Aulo Gelio escribe haber visto. Horacio dice que no puede componer poemas en Roma.

Entre los fieles, Elías, Eliseo, Juan el Bautista, San Jerónimo, San Basilio, San Gregorio Nacianceno y muchísimos otros se retiraron al desierto, y allí se consagraron a la sabiduría y la contemplación; y esto a ejemplo de Cristo, quien de noche se retiraba a los montes a orar, como en el Tabor en la transfiguración, y al huerto en el tiempo de su Pasión.

Vimos aquí el manuscrito autógrafo de la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, al comienzo del cual se leía este dicho: «En todas las cosas he buscado reposo, y no lo he hallado»dan in een hoecxken met een boecxken, es decir, «sino gradualmente, sentado en un rincón con un librito». Esto es lo que aquel gran ermitaño Arsenio solía decir: «No puedo habitar al mismo tiempo con Dios y con los hombres.»

Al pozo — sobre el cual véase el capítulo 16, versículo 14, y el capítulo siguiente, versículo 11.

En la tierra del sur — de Canaán, a saber, no lejos de Berseba.

Pues «caminaba», en hebreo es «venía de venir», como dicen los franceses, venait d'arriver (acababa de llegar).


Versículo 63: A meditar

Los Setenta traducen adoleschesai, es decir, ejercitarse, a saber, realizar el ejercicio espiritual de la meditación; pues adoleschein significa estar aplicado a algo con gran celo y destreza, dice Procopio, y es la actividad del alma que piensa y medita con sumo ardor y deleite, dice San Agustín. Isaac, pues, estaba aquí meditando sobre las cosas naturales, como los movimientos y cursos de los astros, y su Autor y Motor, Dios. Así dicen los hebreos, Liranus y Tostado.

Más bien, Isaac estaba meditando sobre las cosas celestiales y divinas. Así San Ambrosio, en su libro Sobre Isaac, capítulo 1: «Pues es propio del hombre sabio», dice, «separarse de los placeres de la carne, elevar el alma y apartarla del cuerpo. Pues esto es lo que significa conocerse a sí mismo como ser humano.» San Ambrosio continúa a lo largo de todo el libro, describiendo bajo el tipo de Isaac el progreso del alma santa que aspira a un matrimonio espiritual con Cristo. De ahí que el caldeo lo traduzca como: había salido a orar. De aquí Alcuino enseña que Isaac fue aquí un tipo de Cristo, que se retiraba a un monte al atardecer y de noche a orar. Incorrectamente Áquila y Símaco traducen: Isaac salió a conversar en el campo, es decir, con sus trabajadores y labradores rústicos.

«La vida del sabio es la meditación;» y: «Para el hombre instruido, pensar es vivir.» Así Carnéades se alimentaba, por así decirlo, de sus pensamientos. De ahí que el sabio no se admire de nada, mientras que los niños se asombran de todo; pues para aquel todas las cosas son previstas y premeditadas, para estos nada lo es.


Versículo 64: Rebeca descendió del camello

Rebeca igualmente, habiendo divisado a Isaac, descendió — sospechando, por supuesto, lo que era cierto, que aquel era Isaac su marido — se dejó caer del camello al suelo, por el respeto que debía mostrarse a su prometido.

En segundo lugar y mejor, diremos que se trata de un hysteron-proteron; pues parece que Rebeca primero preguntó al siervo quién era aquel hombre que venía a su encuentro, y que él respondió que era Isaac; y solo entonces Rebeca saltó del camello al suelo.


Versículo 65: El manto y el velo nupcial

El manto — para que con él, como con un velo nupcial, por pudor y recato, la nueva novia se cubriese y velase ante su prometido. Véase lo que se dijo en el capítulo 20, versículo 16.

He aquí la modestia de la nueva novia Rebeca. «Considera», dice San Juan Crisóstomo en la Homilía 48, «cómo en ninguna parte hay aquellas cosas superfluas e inútiles, en ninguna parte la pompa diabólica, en ninguna parte címbalos y flautas y danzas y aquellos banquetes satánicos y chistes llenos de toda obscenidad; sino que todo es dignidad, todo es sabiduría, todo es bondad», etc. Y San Ambrosio dice: Rebeca, viendo a Isaac, «descendió y comenzó a cubrirse la cabeza con un manto, enseñando que la modestia debe preceder al matrimonio. Pues de este mismo acto tomaron las bodas (nuptiae) su nombre, porque por un sentido de pudor las jóvenes se velaban (obnuberent). Aprende, pues, oh virgen, a guardar tu pudor, no sea que salgas con la cabeza descubierta ante extraños, ya que Rebeca, estando ya desposada, no consideró propio mirar a su futuro esposo con la cabeza descubierta.»


Versículo 67: En la tienda de Sara

Tres años después de la muerte de Sara, Isaac se casó con Rebeca, como consta de lo dicho en el versículo 1 de este capítulo; de lo cual se evidencia que las esposas vivían separadas de sus maridos, como dije en el versículo 28.

Nannio observa sobre Cantares 3 que antiguamente se conducía a la novia a la tienda o aposento de su suegra, para significar que la nueva esposa sería la futura madre de la familia, de quien se desarrollaría y propagaría el hilo de los hijos, la sucesión y la familia; y que ella ocuparía el mismo honor y rango entre los miembros de la casa que la madre del novio había tenido. Por tanto la novia misma, para que su amor fuese más firme, a su vez promete que ella hará lo mismo, diciendo en Cantares 3:4: «Lo llevaré a la casa de mi madre, y al aposento de la que me concibió», como diciendo: El novio me tendrá a mí en lugar de su madre, y me introducirá en su aposento y lugar. «Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa;» a su vez yo, la novia, lo tendré a él en lugar de mis padres, y lo llevaré al lugar de mi madre, y al aposento de la que me concibió.


Alegoría de todo el capítulo

Alegóricamente, Abrahán significa a Dios Padre, Isaac representa a Cristo, Rebeca a la Iglesia — y ciertamente a toda alma fiel — y el siervo de Abrahán representa a los Apóstoles. Considera lo que estas cuatro personas hicieron en este capítulo, y verás lo que Dios Padre ha hecho por nuestra salvación, lo que Cristo ha hecho, lo que los Apóstoles han hecho, y lo que nosotros debemos hacer.


Abrahán es Dios Padre: seis analogías

Primero, pues, así como Abrahán tenía un hijo único a quien dio todo cuanto tenía, así también Dios Padre.

Segundo, Abrahán no quiere que su hijo esté solo, sino que proyecta darle una esposa para que engendre hijos: así Dios Padre quiere que Cristo se una a la Iglesia, y le dice: «Pídeme, y te daré las naciones como herencia tuya», etc.

Tercero, Abrahán es el primero en mencionar el matrimonio, él mismo envía al siervo que de otro modo no habría ido; él mismo hace que la esposa sea llamada, que de otro modo no habría venido por sí misma: así Dios es el autor y el principio de nuestra salvación, de otro modo nunca habríamos venido a Cristo. Él mismo envió a los Profetas y Apóstoles a llamarnos.

Cuarto, Abrahán lo llevó a cabo no por sí mismo, sino a través de su siervo más anciano y fiel: así también Dios confía sus ovejas y su novia a los pastores más fieles. De ahí que dice a Pedro tres veces: «¿Me amas más que estos? Apacienta mis ovejas.»

Quinto, Abrahán obliga al siervo con un juramento: así Dios impone el deber de la predicación a los predicadores bajo severa pena: «¡Ay de mí si no predico el Evangelio!», dice San Pablo en 1 Corintios 9, y en Ezequiel 3, Dios exige la sangre de los que perecen de la mano de los centinelas.

Sexto, Abrahán desea una esposa para su hijo, pero una que sea de la misma sangre, dotada del mismo carácter que Isaac: así Dios quiere tener una Iglesia santa, que traiga honor, no vergüenza, a su Hijo. «Sed santos», dice, «porque yo soy santo.»


Isaac es Cristo: ocho analogías

En Isaac vemos lo que Cristo hizo en el tiempo de sus desposorios.

Primero, Isaac había salido al campo, Cristo al mundo.

Segundo, Isaac salió al atardecer: Cristo vino en la última edad del mundo.

Tercero, Isaac entonces habitaba en la región del sur: Cristo, viniendo del frío norte, que significa el juicio, se volvió hacia el sur de la misericordia.

Cuarto, Isaac caminaba junto al pozo del Viviente y del que Ve. El Viviente y el que Ve es Dios, pues a sus ojos todas las cosas están desnudas y abiertas. La fuente de este Viviente y que Ve es la Sagrada Escritura. El camino a la fuente es la humildad de la Pasión; por este camino caminó Cristo en su peregrinación terrena, cumpliendo ahora esta Escritura, ahora aquella, hasta que, habiendo cumplido todas las cosas, dijo «Consumado es.»

Quinto, Isaac fue al encuentro de su novia cuando ella se acercaba: y Cristo sale al encuentro de todos los que vienen a Él por medio de la gracia, como es evidente en el caso de Zaqueo y del hijo pródigo.

Sexto, Isaac recibió a Rebeca como esposa, no como sierva: así también Cristo recibió a la Iglesia.

Séptimo, Isaac introdujo a Rebeca en la tienda de su madre Sara: Cristo introdujo a la Iglesia de los gentiles en el lugar de la Sinagoga de los judíos, de quienes Él descendía.

Octavo, Isaac amó tanto a Rebeca que templó su dolor por la muerte de su madre: así también Cristo, viendo la ciudad, lloró sobre ella; pero habiendo ganado la Iglesia de los gentiles, templó su dolor.


El siervo son los Apóstoles: trece analogías

En el siervo de Abrahán se describe el oficio de los Apóstoles y predicadores.

Primero, el siervo salió por mandato de su señor a buscar una novia, sin saber cuál ni cómo sería, pero confió el resultado y éxito del asunto al Señor: así los Apóstoles salieron y predicaron por todas partes, sin saber quién creería. Esparcieron la semilla y confiaron el fruto al Señor.

Segundo, el siervo llevó consigo algo de todos los bienes de su señor, con que adornar a la doncella: así los Apóstoles no vinieron con las manos vacías, sino que trajeron grandes dones — a saber, gracia, paz, milagros, santidad de vida y de costumbres, etc.

Tercero, el siervo de Abrahán se coloca junto al pozo y delibera qué doncella debe elegir: así los Apóstoles no echaban perlas a los cerdos, sino que predicaban a quienes esperaban mayor fruto; ni bautizaban o reconciliaban a los obstinados e indignos, sino a los penitentes y debidamente dispuestos.

Cuarto, el siervo no va si no es enviado: así también los verdaderos Apóstoles, pues de los falsos se dice: «Corrían, y yo no los envié.»

Quinto, el siervo ora antes de emprender la tarea: así también los Apóstoles, pues predicar sin oración previa no da fruto.

Sexto, tan pronto como el siervo cumplió su deber, encontró a la virgen que buscaba: así también Dios cooperó con los Apóstoles, de modo que entre cualesquiera naciones que fueran, encontraban gente que los recibiera y creyera.

Séptimo, el siervo pide de beber a la virgen; la sed de los Apóstoles es el deseo de la salvación de las almas: quienes oyen sus palabras y las cumplen en obras les dan de beber.

Octavo, el siervo, viendo que la virgen actuaba conforme a su oración, dio gracias a Dios: así también Pablo daba gracias a Dios en todas partes por la conversión de los gentiles.

Noveno, el siervo da a la novia adornos para sus orejas y manos: los Apóstoles adornan a la Iglesia, para que tenga adornadas las orejas por la fe, y las manos por las buenas obras. Los fariseos solo adornaban las manos, es decir, solo enseñaban las obras de la Ley. Simón y los herejes solo adornan las orejas, es decir, solo predican la fe, que viene por el oído: pero en verdad ninguna de las dos sola basta.

Décimo, el siervo da mayores regalos a la virgen que consiente en el matrimonio: así también mayores dones del Espíritu Santo se otorgan a los fieles.

Undécimo, el siervo, una vez concluido el negocio, regresa prontamente, porque atiende solo a los asuntos de su señor: así hicieron los Apóstoles, y así deberán hacer todos los predicadores.

Duodécimo, el siervo conduce a la virgen de la casa de su padre a la casa de Abrahán: así también los Apóstoles conducían las almas del paganismo a la Iglesia.

Decimotercero, el siervo no trae a la novia para sí, sino para su señor: así también hizo Pablo, diciendo: «Os desposé con un solo marido, para presentaros como virgen pura a Cristo.»


Rebeca es el alma fiel: diez analogías

Rebeca muestra el carácter de la Iglesia y del alma fiel.

Primero, Rebeca en hebreo significa lo mismo que engordada, enriquecida: porque tiene a Isaac como marido, esto es, risa — a saber, Cristo, que es el gozo del alma.

Segundo, Rebeca era virgen: y Cristo quiere tener como novia a una virgen, pura de todo amor de la carne y del mundo; véase lo que se dijo en 2 Corintios capítulo 11, versículo 2.

Tercero, Rebeca se encuentra trabajando: Cristo no quiere tener ociosos.

Cuarto, Rebeca mostró caridad al siervo de Abrahán: y Cristo exige caridad del alma fiel.

Quinto, Rebeca ofrece al siervo de Abrahán hospitalidad y alimento: así deben hacer los fieles con los predicadores.

Sexto, Rebeca, dejándolo todo atrás, sigue al siervo de Abrahán: así hace el alma fiel.

Séptimo, Rebeca lleva consigo a sus doncellas acompañantes: así también la persona fiel lleva consigo a su familia.

Octavo, Rebeca, acercándose a Isaac, descendió del camello: así la persona fiel se humilla al acercarse a Cristo, y con vergüenza y arrepentimiento abandona todo lo que era torcido y soberbio.

Noveno, Rebeca, al ver a Isaac, inmediatamente se cubrió: así la persona fiel, cuanto más llega a conocer a Cristo, más se sonroja de su vida pasada, como en Romanos 6: «¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis?»

Décimo, Rebeca permanece para siempre con Isaac y no regresa a la casa de su padre: así la persona fiel que persevera con Cristo hasta el fin será salva. Así San Gregorio, libro 35 de la Moralia, capítulo 17; Eucherio, libro 2 sobre el Génesis, capítulo 40; Fero y otros.