Cornelius a Lapide
(La escalera de Jacob en Betel)
Índice
Sinopsis del capítulo
Jacob, huyendo de Esaú, va a Mesopotamia, y durmiendo en el camino ve a Dios apoyado sobre una escalera, por la cual subían y bajaban ángeles, consolándolo, y por ello llamó al lugar Betel; y finalmente en el versículo 20 hace un voto a Dios.
Nota: Todas estas cosas sucedieron en el año 77 de la edad de Jacob, como mostré al comienzo del capítulo 27.
Texto de la Vulgata: Génesis 28:1-22
1. Isaac pues llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes esposa de la raza de Canaán; 2. sino ve y parte hacia Mesopotamia de Siria, a la casa de Batuel, padre de tu madre, y toma de allí esposa de entre las hijas de Labán, tu tío. 3. Y que el Dios omnipotente te bendiga, y te haga crecer, y te multiplique: para que llegues a ser multitud de pueblos. 4. Y te dé las bendiciones de Abrahán, y a tu descendencia después de ti: para que poseas la tierra de tu peregrinación, que prometió a tu abuelo. 5. Y habiéndolo despedido Isaac, partió y llegó a Mesopotamia de Siria, a Labán, hijo de Batuel el sirio, hermano de Rebeca, su madre. 6. Y viendo Esaú que su padre había bendecido a Jacob, y lo había enviado a Mesopotamia de Siria para tomar esposa de allí, y que después de la bendición le había mandado diciendo: No tomarás esposa de las hijas de Canaán; 7. y que Jacob, obedeciendo a sus padres, había ido a Siria: 8. viendo también que su padre no miraba con agrado a las hijas de Canaán, 9. fue a Ismael y tomó por esposa, además de las que antes tenía, a Majalat, hija de Ismael, hijo de Abrahán, hermana de Nebayot. 10. Así pues, saliendo Jacob de Berseba, se dirigía a Harán. 11. Y habiendo llegado a cierto lugar, y queriendo descansar allí después de la puesta del sol, tomó de las piedras que allí yacían, y poniéndolas bajo su cabeza, durmió en aquel mismo lugar. 12. Y vio en sueños una escalera apoyada sobre la tierra, y cuya cima tocaba el cielo: y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella, 13. y el Señor, apoyado sobre la escalera, le decía: Yo soy el Señor Dios de Abrahán, tu padre, y el Dios de Isaac. La tierra en que duermes, te la daré a ti y a tu descendencia. 14. Y tu descendencia será como el polvo de la tierra: te extenderás al Occidente y al Oriente, y al Norte y al Sur: y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las tribus de la tierra. 15. Y seré tu guardián dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra: ni te abandonaré hasta que haya cumplido todo lo que he dicho. 16. Y cuando Jacob despertó del sueño, dijo: Verdaderamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía. 17. Y temblando, dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta del cielo. 18. Levantándose pues Jacob por la mañana, tomó la piedra que había puesto bajo su cabeza, y la erigió como monumento, derramando aceite sobre ella. 19. Y llamó a la ciudad Betel, que antes se llamaba Luz. 20. E hizo también un voto, diciendo: Si Dios estuviere conmigo, y me guardare en el camino por el que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestirme, 21. y yo volviere próspero a la casa de mi padre: el Señor será mi Dios, 22. y esta piedra, que he erigido como monumento, será llamada Casa de Dios: y de todo lo que me dieres, te ofreceré el diezmo.
Versículo 1: Lo bendijo
1. LO BENDIJO — confirmó la bendición dada poco antes. Así San Agustín.
Versículo 2: A Mesopotamia
2. A MESOPOTAMIA — a Harán, o Carras, ciudad de Mesopotamia, que distaba de Berseba, donde habitaban Isaac y Jacob, un camino de aproximadamente ocho días.
LA CASA DE BATUEL — que había sido de Batuel, pero muerto este, pertenecía ya a su hijo, esto es, a Labán, tío de Jacob.
Versículo 3: Que te haga crecer y multiplicar
3. QUE TE HAGA CRECER Y MULTIPLICAR, PARA QUE LLEGUES A SER MULTITUD DE PUEBLOS — que te haga crecer con mucha prole y familia, de modo que muchas tribus y multitudes de pueblos nazcan de ti. Y en efecto, las doce tribus que descendieron de Jacob fueron realmente populosas.
Versículo 4: A tu descendencia después de ti
4. A TU DESCENDENCIA DESPUÉS DE TI. — De aquí San Agustín, libro XVI de La Ciudad de Dios, capítulo 38, y Ruperto concluyen que las promesas de Dios sobre la posesión de la tierra de Canaán, sobre la numerosa descendencia y las riquezas, sobre Cristo que habría de nacer de él, etc., hechas a Abrahán e Isaac, fueron apropiadas a Jacob y sus descendientes: y por esta razón Esaú es considerado como excluido y ajeno a la estirpe y familia de Abrahán e Isaac, y como padre y fundador de una nación extranjera, a saber, los edomitas; de donde se sigue que la condición y obligación incluida en el pacto y la bendición de Abrahán, esto es, la ley de la circuncisión, no obligó a Esaú ni a los edomitas; aunque ellos voluntaria y libremente la aceptaron, como consta en Jeremías 9:25 y 26.
Versículo 5: Llegó a Mesopotamia
5. LLEGÓ A MESOPOTAMIA — por aquel viaje que se narra más extensamente en el versículo 10. Es pues una prolepsis; pues Moisés quiso poner ante los ojos de una vez, como en sinopsis, y contrastar los hechos tanto de Esaú como de Jacob, y la huida de Jacob de su hermano y su destino, para luego retomarla y narrarla más extensamente en lo que sigue. Porque Moisés pretende relatar extensamente los hechos de Jacob, como padre de los doce Patriarcas y de todos los israelitas; por ello, para poder dedicarse enteramente a estos, menciona brevemente de paso y resume los hechos de Esaú, que ocurrieron al mismo tiempo.
Moralmente, San Ambrosio, en el libro II de Sobre Jacob y la vida bienaventurada, enseña que Jacob fue feliz incluso en la huida y el destierro. «¿Acaso no fue feliz Jacob —dice— aun cuando abandonaba su patria? Ciertamente fue bienaventurado, pues aceptó las durezas del destierro para aplacar la ira de su hermano. Porque si es bienaventurado quien evita el pecado, ciertamente no se puede negar que es bienaventurado quien alivia la culpa ajena y aparta el crimen. Así evitó un parricidio preparado mediante un destierro voluntario, y con ello buscó la salvación para sí y concedió la inocencia a su hermano. Con razón, pues, la gracia divina lo acompañó por doquier, de modo que aun durmiendo adquiriera el don de la vida bienaventurada; pues veía los misterios de las cosas futuras y oía los oráculos divinos.»
Pues en sus sueños recibió magníficas consolaciones de Dios, visiones, bendiciones y promesas, conforme a aquello del Cantar de los Cantares 5:2: «Yo duermo, pero mi corazón vela.» De donde Clemente de Alejandría, libro II del Pedagogo, capítulo 9, equipara así a quienes duermen sobriamente con los ángeles siempre vigilantes, puesto que reciben la eternidad de la vida a partir de la meditación de su vigilia. Con lo cual significa que el alma, por así decir, muere si cesa de meditar, pero vive y se hace eterna si se ejercita en meditación continua.
Versículo 8: Del sirio
8. DEL SIRIO — esto es, el mesopotamio. Véase lo dicho en el capítulo 25, versículo 20.
VIENDO TAMBIÉN — es decir, observando y percibiendo. Así el hebreo. «Viendo» aquí, por tanto, no significa lo mismo que investigando, sino como si dijera: cuando por prueba y experiencia había aprendido y descubierto. Parece que Esaú quiso tomar esta tercera esposa que agradara a sus padres, o al menos les desagradara menos que las dos anteriores, que eran cananeas. Pero no quiso tomar esposa de la casa de Nacor, aunque sabía que eso sería más grato a sus padres: y esto por cierta altivez de espíritu, porque Jacob había ido allí, y no quería parecer que seguía e imitaba a su hermano, especialmente siendo él mismo mayor.
Versículo 9: Fue a Ismael
9. FUE A ISMAEL — esto es, a los ismaelitas: pues Ismael llevaba ya catorce años muerto; porque estos sucesos, como dije al comienzo del capítulo 27, ocurrieron en el año 77 de Jacob; pero Ismael murió a los 137 años de edad, que fue el año 123 de Isaac y el 63 de Jacob. Así Tostado.
Versículo 11: Tomó de las piedras
11. TOMÓ DE LAS PIEDRAS. — De estas palabras, el Rabino Nehemías, en el Midrash Tehilim, comentando el Salmo 90: «A sus ángeles mandó Dios acerca de ti», y el libro Rabá en este pasaje, opinan que Jacob tomó tres piedras y que estas se convirtieron en una sola, de la cual se dice en el versículo 18: «Tomó la piedra que había puesto bajo su cabeza y la erigió como monumento»; para que con ello se significara el misterio de la Santísima Trinidad, en la cual tres Personas se unen en una sola esencia, y por ello Jacob exclamó en el versículo 17: «¡Cuán admirable es este lugar!» Pero esto parece una ficción y fábula rabínica; pues San Jerónimo no dice nada semejante, ni ningún intérprete antiguo o moderno. Lo que se dice, pues: «Tomó de las piedras», entiéndase: una piedra más grande y más apta, como él mismo se explica en el versículo 18, diciendo: «Tomó la piedra que había puesto bajo su cabeza.»
Versículo 11: Poniéndola bajo su cabeza (Moral)
PONIÉNDOLA BAJO SU CABEZA. — Moralmente: Nótese aquí que Jacob se hace un lecho y almohada duros, a saber, una piedra; porque a los cortesanos del cielo les convienen lecho duro, alimento duro, y todas las cosas duras. «Mira —dice San Juan Crisóstomo— la fortaleza del muchacho, que usa piedras como almohada; mira su espíritu varonil: duerme sobre el suelo.» Pero con esta piedra (que era tipo de Cristo) se refrigera y fortalece. De donde San Jerónimo, comentando el Salmo 133, llama a esta piedra de Jacob la piedra de ayuda: «Quien tenía tal almohada —dice—, en la cual refrescaba el ardor de la persecución, ve una escalera por la cual, si fuera necesario, sería recibido en el cielo.» Cristo es, pues, la almohada de los que trabajan, en la cual descansan suavemente y reciben los refrigerios del cielo. Por el contrario, los lechos de oro y blandos son como sepulcros de sueño, molicie, torpeza y pereza, mientras que los duros y pétreos son gimnasios y palestras de fortaleza y virtud. Por lo cual San Ambrosio, libro II de Sobre Jacob: «Jacob —dice— fue buen obrero aun en su sueño, puesto que negoció más con Dios durmiendo que velando.»
Versículo 12: Y vio en sueños
12. Y VIO EN SUEÑOS. — Fue pues esta una visión imaginaria y simbólica.
UNA ESCALERA APOYADA. — Los Setenta leen «Una escalera firmemente asentada.» Alcázar, comentando el Apocalipsis capítulo 4, versículo 1, opina que Dios se situó junto a esta escalera no en el cielo sino en la tierra, en los peldaños más bajos de la escalera, para sostenerla y afirmarla; porque habló con Jacob, que dormía en la tierra junto a la escalera, y por tanto estaba cerca de él. Pero con mayor acierto, Josefo y Cayetano opinan que Dios se situó en el cielo y se apoyaba en los peldaños más altos de la escalera. Pues los ángeles subían a Dios por esta escalera para llevar sus mandatos a la tierra; y no es de extrañar que Dios hablara desde el cielo a Jacob que estaba en la tierra, porque esta locución, como también la visión, no fue sensible sino imaginaria o intelectual, la cual puede darse entre quienes están muy distantes, y frecuentemente se da, no solo por parte de Dios sino también de los ángeles.
¿Qué significa literalmente la escalera de Jacob?
Se pregunta primero: ¿qué significa literalmente esta escalera de Jacob?
Responden Filón y Orígenes, según los cita San Jerónimo, epístola 161, que esta escalera representa la metempsicosis, o la transmigración del alma humana de un cuerpo a otro. Pues sostienen que el alma de cada ser humano existió antes del cuerpo, y cuantas veces pecó entonces y descendió del cielo a la tierra, tantas veces cambia ahora de cuerpo, migrando de uno a otro, hasta que a través de ellos, como por ciertos grados de penitencia (a modo de peldaños de una escalera), asciende de nuevo al cielo.
Además, en este descenso del alma, Orígenes asigna estos grados. Primero, dice, el alma es enviada a cuerpos más sutiles; luego, si continúa pecando, a cuerpos más groseros; y finalmente es precipitada en cuerpos terrenales. Por otra parte, Filón, en su libro Sobre la plantación de Noé, escribe que por esta escalera se significa el descenso de las almas a los cuerpos cuando nacen, o que realmente se efectúa.
Pues explicando estas palabras, Orígenes dice que Jacob vio una escalera y escribe: «El aire, como una ciudad populosa, tiene ciudadanos inmortales, a saber, las almas, que son iguales en número a las estrellas; algunas de estas descienden para ser ligadas a cuerpos mortales», etc. De aquí también Orígenes imaginó que las almas de los seres humanos eran ángeles que, habiendo sido expulsados por pecados cometidos en el cielo, descendieron por esta escalera gradualmente a cuerpos cada vez más viles.
Oíd a San Jerónimo escribiendo a Pamaquio contra los errores de Juan de Jerusalén: «Orígenes enseña que por la escalera de Jacob las criaturas racionales descienden gradualmente hasta el último grado, es decir, hasta la carne y la sangre, y que es imposible que alguien sea precipitado repentinamente del número cien al número uno, sin pasar por cada número, como por los peldaños de una escalera, hasta el último, y que cambian tantos cuerpos cuantas moradas han cambiado del cielo a la tierra.» Pone un ejemplo: «Imagina a alguien con rango de tribuno degradado por su propia culpa, pasando por cada grado de la caballería hasta el título de recluta: ¿acaso un tribuno se convierte inmediatamente en recluta? No, sino que primero se hace primer oficial, luego senador, luego centurión, luego jefe de escuadra, luego oficial de patrulla, luego jinete, luego recluta.» Pero estos son los delirios de Pitágoras y Orígenes.
La escalera como símbolo de la providencia divina
Digo pues, con Teodoreto, Aben Ezra, los hebreos y Pererio, que esta escalera es, en primer lugar, símbolo de la providencia y la gobernación divina; de ahí que Dios se apoye en ella, como primera causa y primer motor de todas las cosas, que ordena al tiempo proceder desde la eternidad, y permaneciendo Él mismo estable, da movimiento a todas las cosas.
En segundo lugar, los ángeles suben y bajan como ministros y ejecutores de la providencia de Dios, a quienes Dios individualmente asigna sus funciones a cada uno.
En tercer lugar, esta escalera se extiende del cielo a la tierra, porque Dios gobierna las cosas inferiores por medio de las superiores, y a los hombres por medio de los ángeles.
En cuarto lugar, los dos lados de la escalera son la suavidad y la fortaleza; pues Dios, gobernando el mundo con su sabiduría, alcanza de un extremo a otro con poder, y dispone todas las cosas con suavidad.
En quinto lugar, los diversos peldaños de la escalera son los diversos modos de la providencia de Dios, y las diversas especies y perfecciones de las cosas que de ella emanan.
Así Homero, en la Ilíada, libro 8, describe y representa la providencia divina mediante una cadena de oro, bajada por Júpiter del cielo a la tierra, con la cual Júpiter comprende, ata y atrae todas las cosas hacia sí.
Las tres consolaciones de Dios para Jacob
En segundo lugar, más propia y particularmente, Diodoro de Tarso enseña que los ángeles que descienden significan la feliz partida de Jacob a Mesopotamia, y los que ascienden, su feliz retorno a Palestina. Pues Dios quiso con esta visión consolar y animar a Jacob, quien, dejando a sus padres y odiado por su hermano, fugitivo, desterrado y solitario, triste y ansioso, dormía duramente aquí sobre una roca, como diciéndole: No te entristezcas, no temas, oh Jacob. Sé que tres cosas te agobian y angustian: la patria, los padres, el hermano; contra estas pongo tres cosas para consolarte: la escalera, Dios, los ángeles.
Primero, has abandonado tu patria, y como extranjero te diriges a tierra ajena: pero mira la escalera, que te abre el cielo, que te muestra el camino preparado para ti hacia el cielo; segundo, has dejado a tus padres, y como fugitivo vas a desconocidos en Mesopotamia: pero sabe que Dios dirige este viaje tuyo, te asiste, te guía, te protege, y asimismo con su ayuda te bendecirá y enriquecerá; tercero, eres odiado por tu hermano, y peregrinas solo: pero sabe que los ángeles son tus compañeros y guías, que te conducirán sano y salvo a Mesopotamia y te traerán de vuelta ileso a tus padres en Canaán. Que este es el sentido literal consta por lo que sigue, que narra que estas cosas le sucedieron a Jacob exactamente de este modo.
Moral: El cuidado de Dios por los suyos
Moralmente: Nótese aquí que Dios cuida de los suyos, especialmente de los distinguidos en virtud y héroes como Jacob, con tal cuidado por sí mismo y por los ángeles, como si estuviera enteramente consagrado a ellos y no cuidara de nada más en todo el mundo, conforme a aquello del Cantar de los Cantares 2:16: «Mi amado es mío, y yo soy suya.» Donde San Bernardo, sermón 68 sobre el Cantar de los Cantares, dice: «¿Es posible que aquella majestad esté tan atenta a esta sola, ella a quien incumbe la gobernación del universo, y el cuidado de los siglos se transfiera a los solos asuntos, o más bien ocios, del amor? Así es ciertamente. Pues todas las cosas son por causa de los elegidos.» No negamos, pues, la providencia a las demás criaturas, pero la esposa sola reivindica para sí el cuidado especial de Dios.
Tal fue la Bienaventurada Virgen, que en esta escalera es el peldaño más alto, sobre el cual Dios se apoya, como diré enseguida. De donde Santo Tomás, II-II, Cuestión 103, artículo 4, respuesta a la objeción 2, enseña que ella debe ser venerada por encima de los demás santos con hiperdulía, porque, dice, por su cooperación se aproximó más estrechamente a los confines de la divinidad; pues en la Encarnación de Cristo hizo todo aquello a lo que podía extenderse la fuerza de la naturaleza, y cuando esta falló, sobrevino la divinidad, para completar ella sola la sustancia misma de la obra.
¿Qué significa la escalera alegóricamente?
Se pregunta en segundo lugar: ¿qué significa alegóricamente esta escalera de Jacob?
Responde Eustaquio que esta escalera significa la cruz de Cristo. Así también San Agustín, sermón 79: El Señor, dice, apoyado en la escalera es Cristo pendiente de la cruz; de allí tomó esposa, esto es, unió a sí la Iglesia. Aptamente; pues la cruz es escalera y camino por el cual Cristo y todos los cristianos han ascendido y diariamente ascienden al cielo.
Así leemos en el martirio de Santa Perpetua y Santa Felicidad, 7 de marzo, cuyo valor San Agustín celebra en el Salmo 47 y frecuentemente en otros lugares, que recibieron de Dios un presagio y señal de su martirio mediante una escalera. Pues estando cautivas en la cárcel, Santa Perpetua vio en una visión una escalera de oro que se extendía desde la tierra hasta el cielo, a cuyos peldaños estaban clavadas muchas espadas, y eran muy afiladas, de modo que parecía que nadie podía subirla sin grave herida. Abajo había un dragón horrible que quería impedir que alguien ascendiera. Vio luego a Sáturo (que era uno de sus cuatro compañeros, los cuales fueron todos coronados con el martirio junto con ella en el año del Señor 205) subiendo la escalera con gran ánimo, y exhortando a los demás a seguirlo intrépidamente y a no temer al dragón, porque no podía detenerlos. Despertó luego y narró esta visión a sus compañeros; quienes todos dieron gracias a Dios. Pues comprendieron que eran llamados al martirio; porque aquella escalera, erizada de tantos cuchillos y espadas, era el medio por el cual Dios quería conducirlos gloriosamente al cielo, y el dragón infernal no podía impedir su camino y ascenso.
La escalera de la Encarnación
Pero con mayor propiedad y autenticidad, Diodoro, Vatablo y Ruperto opinan que el Espíritu Santo representó por esta escalera la Encarnación del Verbo, esto es, la generación de Cristo, que habría de nacer de Jacob y descender por diversos grados, es decir, generaciones y progenitores, de los cuales el último es José con la Bienaventurada Virgen, y el más alto es Adán, que fue directa e inmediatamente creado por Dios.
En segundo lugar, los dos lados de la escalera son la misericordia y la verdad, o la fidelidad de Dios respecto del Mesías prometido; pues estas dos cosas hicieron que el Verbo descendiera a nosotros y asumiera nuestra carne.
En tercer lugar, esta escalera toca la tierra, porque el Verbo se encarnó en la tierra y la bendijo con el contacto de su encarnación; y toca el cielo, porque Cristo, que se encarnó, es el Hijo de Dios, es decir, Dios-hombre: pues Cristo unió en sí las cosas celestiales con las terrenales, lo ínfimo con lo sumo, y así a Dios con el hombre. De donde Él mismo dice: «Nadie sube al cielo, sino el que descendió del cielo»; Él es pues nuestra escalera, por la cual ascendemos a Dios: porque nadie va al Padre sino por Cristo.
En cuarto lugar, los ángeles descienden para anunciar a los hombres este misterio de la Encarnación; los mismos ascienden para llevar hacia arriba a Dios los ardientes deseos y oraciones de los Patriarcas. De donde el Beato Pedro Crisólogo, sermón 3 Sobre la Anunciación, llama a la Encarnación el negocio de todos los siglos, a saber, porque en ello se afanaron todas las edades, y por medio de los ángeles se trató vigorosamente con Dios acerca de este remedio común del mundo, hasta que dentro de la casa de la Virgen se cumplió el negocio celestial.
En quinto lugar, los peldaños de esta escalera son las diversas virtudes de Cristo, y especialmente cuatro, a saber: 1.ª la humildad en su nacimiento; 2.ª la pobreza en el pesebre; 3.ª la caridad en el curso de su vida; 4.ª la obediencia en su pasión: este es el camino al cielo, caminad por él.
Finalmente, la Bienaventurada Virgen es llamada Escalera de Jacob en sus Letanías; y así San Bernardo (o quienquiera que sea el autor) la llama en su Sermón sobre la Bienaventurada María, pág. 394: «Ella —dice— es la escalera, la zarza, la era, la estrella, la vara, el vellocino, el tálamo, la puerta, el jardín, la aurora. Pues ella es la Escalera de Jacob, que tiene doce peldaños entre dos lados. El lado derecho es el desprecio de sí mismo, hasta el amor de Dios; el izquierdo, el desprecio del mundo hasta el amor del Reino. Las ascensiones de esta escalera son los doce grados de la humildad. El primero es el odio al pecado; el segundo, la huida de la transgresión; el tercero, el temor del odio; el cuarto, en todas estas cosas estar sujeto al Creador; el quinto, obedecer al superior; el sexto, obedecer al igual; el séptimo, servir al inferior; el octavo, estar sujeto a sí mismo; el noveno, meditar constantemente en su fin; el décimo, temer siempre las propias obras; el undécimo, confesar humildemente los propios pensamientos; el duodécimo, en todo moverse por la mano, la señal y la voluntad del Señor. Por estos peldaños suben los ángeles y elevan a los hombres. Así se disponen las ascensiones en el corazón, progresando gradualmente y ascendiendo paso a paso. Así en la casa del Padre alcanzan las moradas luminosas. Estos son los doce Apóstoles, que siguen en el desierto las huellas de Jesucristo.»
La escalera de la perfección
De aquí, en segundo lugar, San Basilio, comentando el Salmo 1, dice: La escalera es la ascensión a la perfección; su cumbre es la caridad; sus peldaños son los diez grados de la renuncia, de los cuales el primero es abdicar de las cosas terrenas, para decir con los Apóstoles: «He aquí que hemos dejado todas las cosas»; el segundo, olvidar esas mismas cosas, Salmo 44: «Escucha, hija, etc., y olvida a tu pueblo»; el tercero, odiar y aborrecer esas mismas cosas como estiércol; el cuarto, despojarse del amor a los padres y parientes; el quinto, odiar su propia alma por Cristo, de modo que no se preocupe en absoluto de su propia vida, aunque tenga sentencia de muerte, dice San Basilio; el sexto, abnegar el propio juicio y voluntad; el séptimo, mortificar siempre los propios deseos, para cumplir aquello de Cristo: «Niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día»; el octavo, seguir a Cristo y aprender de Él, porque es manso y humilde de corazón; el noveno, amar constante y eficazmente a los prójimos, incluso a los enemigos; el décimo, en el cual fue visto el Señor, es adherirse a Dios y unirse a Él en un solo espíritu. Así dice Pererio.
¿Qué significa la escalera simbólicamente?
Se pregunta en tercer lugar: ¿qué significa simbólicamente esta escalera?
Responde Filón en su libro Sobre los sueños: La escalera, dice, es el alma; su base es el sentido y el apetito de las cosas terrenas; su cumbre es la mente purísima, que asciende a Dios por los grados de la contemplación, así como, a la inversa, la base mencionada desciende a la tierra y a las cosas terrenas por los grados de las concupiscencias. Vea pues el hombre que no descienda siguiendo la base, sino que más bien ascienda mirando a su cumbre.
En segundo lugar, el mismo Filón dice: La escalera es la inconstancia de esta vida, en la cual unos son derribados desde lo más alto hasta lo más bajo, y otros son elevados desde lo más bajo hasta lo más alto, y esto según la voluntad y designio de Dios, quien, apoyado en esta escalera, la rige y dirige. Así Pítaco, citado por Eliano, libro 2, hizo de la escalera una imagen de la fortuna y la vicisitud, de la felicidad y la infelicidad; pues los afortunados ascienden en la rueda de la fortuna, y los desafortunados descienden. Pero estas son nociones filosóficas, y no pertenecen a la intención del Espíritu Santo en este pasaje.
¿Qué significa la escalera tropológicamente?
Se pregunta en cuarto lugar: ¿qué significa tropológicamente esta escalera de Jacob?
Responde Tertuliano al final del libro III Contra Marción: Esta escalera es el camino por el cual los justos disponen ascensiones en su corazón hacia el cielo. Lo mismo insinúa el Espíritu Santo en Sabiduría 10:10, donde hablando de este Jacob nuestro y de la visión de esta escalera celestial, dice así: «Esta (la sabiduría) condujo al justo que huía de la ira de su hermano por caminos rectos, y le mostró el reino de Dios.» De donde Barlaán dijo a Josafat: «Las virtudes son como ciertas escaleras del cielo», como atestigua el Damasceno en su Historia, capítulo 20. Los dos lados de esta escalera son la fe y las obras; o la Palabra de Dios y los sacramentos; o «soporta y abstente»: las cuales dos palabras, si alguien las observa, vivirá una vida tranquilísima y santísima sin pecado, como solía decir Epicteto.
Los peldaños son los ascensos de las diversas leyes y virtudes; a su vez, estos peldaños pertenecen a los principiantes, a los que progresan y a los perfectos, a quienes Dios en la cima se une y en quienes se deleita y habita. Los ángeles que ascienden a Dios, dice San Gregorio, libro V de los Morales, y siguiéndolo Santo Tomás, II-II, Cuestión 181, último artículo, significan la vida contemplativa; mientras que los que descienden a las cosas humanas significan la vida activa.
De donde Alcázar con acierto entiende por estos ángeles a los Apóstoles y demás predicadores del Evangelio, que derraman sobre los hombres mediante la predicación la sabiduría que tomaron de Dios en la meditación. Por tanto, para que el predicador predique rectamente, primero debe ascender a Dios en el cielo mediante la meditación, para tomar de Él lo que ha de decir. Jacob vio pues en estos ángeles una prefiguración de sus hijos y descendientes, esto es, los heraldos del Evangelio, que habrían de nacer de Cristo, su descendiente, y enseñarían a los hombres la ciencia de los Santos, que por ello se dice que Dios dio y reveló a Jacob, Sabiduría 10:10.
La escalera como regla de la vida religiosa
Aquí pertenece también aquella explicación de Zenón, obispo de Verona, que sostiene que esta escalera significa los dos Testamentos, que por ciertos grados de observancia conducen al hombre desde la tierra hasta Dios. Los ángeles que descienden son los hombres que caen de las cosas espirituales a las mundanas, y que, alimentados antes con vestiduras de azafrán, ahora abrazan la inmundicia; los que ascienden, en cambio, son los hombres justos, que disponen ascensiones en su corazón, buscando las cosas que están en el cielo y no las que están en la tierra.
Pero ¿por qué nadie se detiene aquí? Responde San Bernardo, epístola 253, porque en este camino, entre el progreso y la decadencia, no hay término medio; así como en una rueda que gira, quien se sienta en ella no puede detenerse, sino que necesariamente sube o baja. ¡Oh monje, piensas que has trabajado bastante, no quieres progresar: necesariamente has de retroceder! Lo que aquí descuidas no podrás recuperarlo por toda la eternidad. Como la hormiga, pues, acumula méritos en esta vida, para que con ellos vivas, y vivas gloriosamente, en la vida eterna que te aguarda; «todo lo que pueda hacer tu mano, hazlo con empeño»; ¡cuánto te alegrarás en la eternidad de este breve tiempo bien empleado!
Finalmente, San Bernardo, en su sermón sobre el texto He aquí que hemos dejado todas las cosas: La escalera, dice, es la disciplina de la vida religiosa, o la regla de la Orden, por ejemplo, por la cual el amado de Dios, Benito, ascendió al cielo; los dos lados son la humildad de mente y la austeridad de vida; los peldaños son las diversas reglas y actos de virtud. Pues la escalera, siendo estrecha, significa el camino estrecho de la disciplina que conduce al cielo. Pues, como dice San Agustín en las Sentencias, Sentencia 19: «Estrecho es el camino que lleva a la vida, y sin embargo no se recorre sino con corazón dilatado; porque la senda de las virtudes por la que caminan los pobres de Cristo es ancha para la esperanza de los fieles, aunque sea estrecha para la vanidad de los infieles.» San Antonino en la Suma Teológica, parte III, título 26, capítulo 10, § 11: El bien de la vida religiosa, dice, fue significado por aquella noble escalera de Jacob, cuyos peldaños no son otros que los de la lectura, la meditación, la mortificación y otros ejercicios semejantes de los que consta la vida religiosa. En ella suben los ángeles, para ofrecer estas obras a Dios; y descienden, para traer a su vez a las almas religiosas los diversos dones y beneficios del Esposo. Y Dios se apoya en ella, porque por su gracia y su auxilio se sostienen todos nuestros esfuerzos, que, sosteniéndolos Él, no pueden caer; y Él mismo es el firme sustento de los que ascienden, y para los que llegan al final, es el premio. De donde con verdad se dice de ella: «No es sino la casa de Dios y la puerta del cielo.»
Así San Romualdo, como se refiere en su Vida, por la visión de una escalera que desde lo más bajo de la tierra alcanzaba con su cima el cielo, por la cual contemplaba monjes con vestidura blanca subiendo y bajando, reconoció admirablemente que se significaba la perfección de la vida religiosa y su hábito. Por lo cual pidió y obtuvo aquel mismo lugar de un noble varón, su señor, cuyo nombre era Máldulo, y allí edificó el monasterio primario de su Orden, en el año del Señor 1009, que desde entonces fue llamado Camáldoli, como si dijera «el campo de Máldulo»; está situado cerca de Florencia en el monte Apenino, floreciente ya desde hace seiscientos años con abundancia de santos ermitaños, es decir, ángeles terrestres.
Así San Antonino, tratando de la muerte de Santo Domingo: El Prior de Brescia, dice, a la misma hora en que Santo Domingo murió, vio una abertura en el cielo, por la cual se bajaban dos escaleras blanquísimas y brillantes: la Bienaventurada Virgen sostenía una, Cristo la otra; y los ángeles subían y bajaban; y al final de cada escalera había un asiento, y uno sentado en él que se parecía a un fraile predicador (este era Santo Domingo), con el rostro velado, como yendo hacia el cielo; y Cristo y su Madre tiraban de las escaleras hacia arriba, junto con el asiento y el que estaba sentado, y entonces la abertura se cerró. Con esta visión se significó el camino por el cual Santo Domingo pasó al reino celestial, a saber, que una señal cierta de predestinación y un camino seguro al cielo es tanto la regla y la vida religiosa, que Santo Domingo y otros fundadores de Órdenes instituyeron por inspiración de Dios, como la raíz y matriz de esta vida, esto es, la imitación diligente, el culto, y consecuentemente la ayuda y el patrocinio de la Bienaventurada Virgen. De ahí que la Bienaventurada Virgen sea llamada por los Padres, y en la Letanía Lauretana, puerta y escalera del cielo.
¿Qué significa la escalera anagógicamente?
Se pregunta en quinto lugar: ¿qué significa anagógicamente esta escalera? Respondo: Esta escalera son los diversos asientos, grados y coros de los Santos y de los ángeles en los cielos. Los ángeles descienden cuando son enviados a custodiar a los hombres; ascienden cuando regresan, y colocan las almas de los justos en los grados de esta escalera, esto es, en los asientos de los ángeles que cayeron y se convirtieron en demonios. También alude a esto el Sabio, capítulo 10, versículo 10, como dije arriba.
De ahí que frecuentemente a los Santos que luchan en esta vida se les ha mostrado su lugar en los cielos, su corona, como a San Esteban, a los Cuarenta Mártires cuya memoria se celebra el 9 de marzo, a San Nicolás de Tolentino, a San Francisco, a San Vital. Pues Vital, cuando era obligado por sus perseguidores a negar a Cristo, lo confesaba con mayor audacia; por lo cual fue torturado con todo género de tormentos, de modo que no había lugar en su cuerpo sin herida. Pero el Mártir, soportando los sufrimientos con espíritu valeroso y derramando oraciones ardentísimas, dijo: «Señor Jesucristo, Salvador mío y Dios mío, manda que sea recibido mi espíritu; porque ya deseo recibir la corona que tu santo ángel me ha mostrado.» Dicho esto, voló al cielo; son testigos San Ambrosio y San Jerónimo, Exhortación a las Vírgenes. Con razón pues el mismo Jerónimo, en su epístola a Juliano, tomo I: «Jacob vio —dice— la escalera, y al Señor apoyado en ella desde arriba, para extender la mano a los fatigados, para provocar con su propio aspecto al esfuerzo a los que ascienden.»
Versículo 13: La tierra en que duermes
13. LA TIERRA EN QUE DUERMES — toda la tierra de Canaán. TE LA DARÉ A TI Y A TU DESCENDENCIA. — «A ti», es decir, a tu descendencia: pues la conjunción «y» aquí es exegética, o nota de explicación, y significa «es decir».
Versículo 14: En ti serán benditas todas las tribus
14. EN TI Y EN TU DESCENDENCIA SERÁN BENDITAS TODAS LAS TRIBUS DE LA TIERRA. — «En ti», como en el origen y padre; pero «en tu descendencia», esto es, por medio de Cristo que ha de nacer de ti, serán próxima e inmediatamente benditas, es decir, dotadas de justicia, gracia y salvación, todas las tribus de la tierra, a saber, las que reciban a Cristo, crean en Él y le obedezcan.
Versículo 15: Seis bienes prometidos a Jacob
15. HASTA QUE HAYA CUMPLIDO — es decir, hasta que cumpla. Nótense aquí seis inmensos bienes que Dios promete a su siervo Jacob, triste y afligido. El primero es: «La tierra en que duermes, te la daré»; el segundo: «Tu descendencia será innumerable, como el polvo de la tierra»; el tercero: «En ti serán benditas todas las tribus de la tierra»; el cuarto: «Seré tu guardián dondequiera que vayas»; el quinto: «Te haré volver a esta tierra»; el sexto: «No te abandonaré hasta que haya cumplido todo lo que he dicho.»
Versículo 17: ¡Cuán terrible es este lugar!
17. Y TEMBLANDO — lleno de santo temor, reverencia y respeto. ¡CUÁN TERRIBLE! — ¡cuán sagrado, con cuánta reverencia, temor y humildad se ha de venerar este lugar, por la presencia de Dios y de los ángeles que suben y bajan por la escalera!
NO ES SINO LA CASA DE DIOS — donde, a saber, Dios, apoyado sobre la escalera, habita con sus ángeles que suben y bajan. El Caldeo traduce: ¡Cuán terrible es este lugar! No es un lugar común, sino un lugar en el que hay complacencia ante Dios, y frente a este lugar está la puerta del cielo.
Véase aquí cómo, desde el tiempo de Jacob y Abrahán, Dios ha distinguido ciertos lugares con su aparición, sus beneficios y sus milagros, y ha querido ser adorado e invocado allí. ¿Por qué pues los innovadores claman contra la Bienaventurada Virgen de Loreto, de Halle, de Aspricollis?
Tertuliano, en su libro Sobre la huida, opina que Jacob en esta visión vio a Cristo, que es la casa de Dios y al mismo tiempo la puerta por la cual entramos al cielo, y que esto entendía y significaba con estas palabras suyas.
Y LA PUERTA DEL CIELO — porque, a saber, desde allí vi a los ángeles salir, cuando descienden por la escalera; y entrar, cuando ascienden por ella a Dios.
Alegóricamente, la Iglesia es Betel, esto es, casa de Dios y puerta del cielo: porque en ella, como en su propia casa, Dios habita por su presencia, tanto espiritual como real y corporal en la Eucaristía; y porque en la Iglesia están los méritos de Cristo (cuyo antepasado y tipo fue Jacob), por los cuales la puerta del cielo fue abierta.
Así Ruperto. Véase Cayetano. Si pues tan augusto y terrible fue este lugar y esta piedra, ¿qué será la Iglesia de los cristianos, en la cual no se conserva una sombra, es decir, el arca de la alianza, como se hacía en el tabernáculo de Moisés, sino que el mismo omnipotente Creador de todas las cosas verdaderamente habita bajo el blanco velo del augustísimo Sacramento, como en una nube? Verdaderamente San Juan Crisóstomo, homilía 36 sobre 1 Corintios: «La Iglesia —dice— es el lugar de los Ángeles, el lugar de los Arcángeles, el reino de Dios, el cielo mismo; y si no lo crees, mira esta mesa», es decir, el altar.
Versículo 18: Lo erigió como monumento
18. LO ERIGIÓ COMO MONUMENTO — aquella piedra, o roca sobre la cual había dormido, Jacob la levantó y la puso erguida, para que fuera un monumento de la visión y aparición que se le había hecho.
Nota: «Título» (titulus) se usa en cuatro sentidos y significa cuatro cosas. Primero, título es la inscripción de una cosa, como el título de un libro, el título de la cruz; segundo, título es una columna o pirámide erigida como trofeo de victoria o de una hazaña notable; tercero, título es una estatua, imagen o ídolo erigido para culto y adoración, como el título prohibido en Levítico 26:1; cuarto, título es un madero, piedra u otra cosa, puesta o erigida como memorial e indicación de algún suceso, por ejemplo, la visión angélica hecha aquí a Jacob. Pues Jacob erigió esta piedra como monumento, para que en su regreso de Harán a su patria, en el mismo lugar recordara y venerara este beneficio de Dios, como consta que lo hizo en el capítulo 35, versículo 5.
De ahí también consagró la misma piedra como altar, como se verá en el último versículo; de donde este monumento significa no solo un memorial sino también un altar. Y de ahí los primeros cristianos, siguiendo el ejemplo de Jacob, llamaron a sus iglesias «títulos» (tituli), por el título, es decir, la señal de la cruz, y por el título, es decir, el nombre de algún Santo, en cuyo honor eran tituladas, esto es, nombradas, consagradas y distinguidas: así el título de Santa Práxedes es la iglesia de Santa Práxedes; el título de San Lorenzo es la iglesia de San Lorenzo. Este modo de hablar es frecuente en las Vidas de los primeros Pontífices. Así lo dice Jacobo Gretser, libro II Sobre la Cruz, capítulo 7. Y de estos títulos los Cardenales tomaron sus títulos y apellidos, como enseña Jerónimo Plato en su libro Sobre la dignidad de los Cardenales, capítulo 2.
Versículo 18: Derramando aceite sobre él
DERRAMANDO ACEITE SOBRE ÉL — como señal de consagración, dice el Abulense, porque las cosas que se consagran se ungen con aceite. Esta efusión de aceite no fue, pues, una libación o sacrificio; porque en ninguna parte leemos que se ofreciera a Dios solo aceite como libación o sacrificio. Así Jacob, despertando por la mañana de esta visión divina, trajo aceite de la cercana ciudad de Luz, que después fue llamada Betel por él, dice el Abulense, y con él ungió la piedra sobre la cual tan admirable visión le había ocurrido mientras dormía, y ungiéndola la consagró, por así decir, a Dios. De donde también después la usó como altar consagrado, y sobre ella ofreció sacrificio, como consta en el capítulo 35, versículo 7.
Así, siguiendo el ejemplo de Jacob, la Iglesia dedica y consagra altares y templos a Dios con unción sagrada, cuya significación moral véase en San Bernardo, sermón Sobre la dedicación de una Iglesia. Además, con unción semejante, dice Teodoreto, las mujeres piadosas acostumbran ungir los relicarios de los Mártires, para atestiguar tanto su santidad como su propia devoción hacia ellos. De donde también el demonio, como simio de Dios y de los Santos, imitó esta unción en sus propios ritos sagrados, cuando persuadió a los suyos a ungir y consagrar piedras al dios Término. Así San Agustín, libro XVI de La Ciudad de Dios, capítulo 38.
Alegóricamente, San Agustín en el mismo lugar opina que aquí se significa a Cristo y el Crisma de los cristianos: pues Cristo es la piedra angular de la Iglesia, Efesios 2:20, que unge y es ungido con el óleo de la alegría por encima de sus compañeros.
Significado tropológico del aceite
Tropológicamente, el aceite es símbolo de las gracias y las virtudes, por las ocho propiedades, analogías y semejanzas que posee. Pues primero, el aceite tiene la virtud de iluminar: es en efecto el alimento y combustible de la luz y las lámparas; segundo, el aceite tiene la virtud de condimentar los alimentos, tanto útilmente para la salud como agradablemente para el gusto; tercera virtud del aceite es la de flotar sobre los demás líquidos; la cuarta, calentar las heridas y mitigar los dolores: pues de ahí que en Lucas capítulo 10, aquel samaritano vendó las heridas de aquel a quien los ladrones habían dejado medio muerto tras infligirle gravísimos golpes, derramando aceite y vino; la quinta, alegrar el rostro y restaurar los miembros cansados y lánguidos: de donde aquello del Salmo 104: «Para que alegre el rostro con aceite»; la sexta, aliviar los trabajos y disminuir las molestias, a lo cual se refiere aquello de Isaías 10: «Se pudrirá el yugo ante la presencia del aceite»; la séptima, vigorizar y fortalecer el cuerpo, y hacerlo apto para la lucha y el combate, como solía hacerse entre los atletas; la octava, ablandar y enriquecer, según aquello del Salmo 22: «Ungiste con aceite mi cabeza»; de lo cual, por su blandura y riqueza, el aceite suele ser símbolo de misericordia. Todas estas cosas es fácil aplicarlas a la gracia y las virtudes.
Versículo 19: Lo llamó Betel
19. Y LLAMÓ A LA CIUDAD BETEL, QUE ANTES SE LLAMABA LUZ. — La ciudad que antes se llamaba Luz o Luza, por la abundancia de nogales o almendros (pues luz en hebreo significa «nuez»), dice San Jerónimo en sus Cuestiones Hebraicas, fue llamada Betel por Jacob, es decir, «casa de Dios», porque durmiendo junto a ella había visto a Dios apoyado sobre la escalera.
Este Betel no es Jerusalén, ni el monte Moria, como pretenden los hebreos, Lirano y Cayetano; sino que, como acertadamente sostienen el Abulense, Adrichomio y otros, es una ciudad distante más de dieciocho millas de Jerusalén, situada en el territorio de la tribu de Efraín, cerca de Siquem, en la cual, como también en Dan, como en los extremos confines de su reino, Jeroboán colocó sus becerros de oro para que el pueblo los adorara, abusando para ello del ejemplo de Jacob, que en el mismo lugar había erigido esta piedra como monumento; de donde este Betel es llamado por los Profetas, por antífrasis, Bet-Avén, es decir, «Casa del ídolo» o «de la iniquidad», como traduce Teodocio, Oseas 4:5 y 10.
Algunos opinan que hubo dos Betel, una aquí en la tribu de Efraín, otra en la tribu de Benjamín, cerca de Hai, de la cual habla Josué 18:22. Pero Andrés Masio refuta esto y prueba que hubo una sola y misma Betel, que estaba situada en el territorio de Luz, de modo que distaba algo de la misma Luz, aunque la propia Luz a veces era llamada Betel. Cuál de estas opiniones es más verdadera, lo discutiremos en Josué 18 y Jueces 1.
Versículo 21: El Señor será mi Dios
21. EL SEÑOR SERÁ MI DIOS. — El Señor ya era y había sido Dios de Jacob desde su nacimiento. El sentido, pues, es como si dijera: Si Dios me diere alimento, vestido y un feliz retorno a mi patria, le hago voto y le prometo que en adelante lo adoraré con un culto especial y mayor que el que antes le rendí, a saber, que le daré el diezmo, tanto para los sacrificios como para cualquier otro culto suyo; y que después de mi regreso de Mesopotamia dedicaré este lugar a Dios como altar, templo o capilla: pues así explica el propio Jacob este voto suyo en lo que sigue, como acertadamente observa Cayetano.
Moralmente, Ruperto pondera las palabras de Jacob, Si Dios estuviere conmigo y me diere pan, y dice: «Esto lo dijo como pobre, y verdaderamente mendigo de Dios. Y no es de extrañar, puesto que el gran rey David dice: Yo soy mendigo y pobre. Un buen ejemplo, pues, nos ha sido provisto a nosotros los hijos de parte de nuestros padres, para que, por ricos que seamos, digamos todos, como mendigos ante la puerta de la gracia divina: El pan nuestro de cada día dánosle hoy, etc., para que reconozcamos que lo tenemos como don suyo (de Dios), quien solo pudo crear el alimento necesario del pan tanto para el rey en su trono resplandeciente como para la viuda sentada al molino.» Además, Jacob pide pan, no carne, no perdices. Pues, como enseña el Niseno en su libro Sobre la oración: «Se nos manda buscar lo que basta para conservar la naturaleza del cuerpo: Danos pan, decimos a Dios, no lujo, no delicias, no adornos de oro, no esplendor de piedras preciosas, no campos, no prefecturas de naciones, no paños de seda, no entretenimientos musicales, ni nada con lo que el alma sea apartada del cuidado divino y superior; sino pan.» Y más adelante: «Poco es lo que debes a la naturaleza; ¿por qué multiplicas tributos contra ti mismo? El vientre es un perpetuo exacto de tributos, etc. Dile al que saca pan de la tierra, dile al que alimenta a los cuervos, al que da alimento a toda carne, al que abre su mano y llena de bendición a todo ser viviente: De ti tengo la vida, de ti también me venga el sustento de la vida. Tú da el pan, esto es, que yo obtenga alimento de trabajos justos. Pues si Dios es justicia, no tiene pan de Dios quien tiene alimento de cosa adquirida con fraude e injusticia.»
Finalmente, San Juan Crisóstomo reflexiona, en la homilía 54, sobre «y me diere pan.» Pues Jacob anticipó de hecho la oración que luego enseñó y estableció Cristo, diciendo: «El pan nuestro de cada día dánosle hoy»; el alimento del día, dice: no pidamos pues nada temporal de Él. Porque es muy indigno pedir a quien es tan liberal y dotado de tan gran poder aquellas cosas que se disuelven en la vida presente y tienen gran mutabilidad. De esta clase son todas las cosas humanas, ya hablemos de riquezas, o de poder, o de gloria humana. Pidamos más bien las cosas que siempre permanecen, que son suficientes y que no conocen mudanza.
Versículo 22: Esta piedra será llamada Casa de Dios
22. ESTA PIEDRA QUE HE ERIGIDO SERÁ LLAMADA CASA DE DIOS. — Es una metonimia: pues lo colocado se pone por el lugar, como si dijera: El lugar en que está esta piedra, por mi aplicación, designación y como consagración, será y se llamará santo, y casa o habitación de Dios, y sobre esta piedra, como sobre un altar, sacrificaré a Dios. Así dicen el Caldeo, Cayetano, Lipomano y otros. Que este es el sentido consta por el capítulo 35, versículo 7; pues allí Jacob cumple este voto suyo, de regreso de Harán, y sobre esta piedra, como sobre un altar, ofrece sacrificio a Dios.
TE OFRECERÉ EL DIEZMO. — De aquí consta, contra Calvino, que puede hacerse piadosa y religiosamente voto de una obra, incluso de una que no es mandada por Dios; tal es dar el diezmo, que Jacob aquí promete con voto.