Cornelius a Lapide (Cornelius Cornelissen van den Steen, 1567–1637)

Comentario sobre el Génesis, Capítulo XXXV

(El Regreso de Jacob a Betel)


Tabla de Contenidos


Sinopsis del Capítulo

Jacob purga a su familia de ídolos, edifica un altar a Dios, y de nuevo es llamado Israel por Dios. En segundo lugar, en el versículo 16, Raquel muere al dar a luz a Benoní, a quien el padre llama Benjamín. En tercer lugar, en el versículo 27, muere Isaac.


Texto de la Vulgata: Génesis 35:1-29

1. Entretanto habló Dios a Jacob: Levántate, y sube a Betel, y habita allí, y haz un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de Esaú tu hermano. 2. Y Jacob, habiendo reunido a toda su casa, dijo: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y purificaos, y mudad vuestros vestidos. 3. Levantaos, y subamos a Betel, para que hagamos allí un altar a Dios, que me oyó en el día de mi tribulación, y fue el compañero de mi camino. 4. Así le dieron todos los dioses ajenos que tenían, y los pendientes que estaban en sus orejas; y él los enterró debajo del terebinto que está detrás de la ciudad de Siquem. 5. Y cuando partieron, el terror de Dios cayó sobre todas las ciudades de alrededor, y no osaron perseguir a los que se iban. 6. Así llegó Jacob a Luz, que está en la tierra de Canaán, por sobrenombre Betel: él y todo el pueblo con él. 7. Y edificó allí un altar, y llamó el nombre de aquel lugar Casa de Dios: porque allí se le apareció Dios cuando huía de su hermano. 8. Al mismo tiempo murió Débora, la nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel debajo de una encina: y el nombre de aquel lugar fue llamado la Encina del Llanto. 9. Y Dios apareció de nuevo a Jacob después que volvió de Mesopotamia de Siria, y lo bendijo, 10. diciendo: Ya no te llamarás Jacob, sino Israel será tu nombre. Y lo llamó Israel, 11. y le dijo: Yo soy Dios Todopoderoso, crece y multiplícate: naciones y pueblos de naciones saldrán de ti, reyes saldrán de tus entrañas. 12. Y la tierra que di a Abraham e Isaac, te la daré a ti y a tu descendencia después de ti. 13. Y se apartó de él. 14. Mas él erigió un monumento de piedra en el lugar donde Dios le había hablado: derramando sobre él libaciones, y derramando aceite: 15. y llamando el nombre de aquel lugar Betel. 16. Y saliendo de allí, llegó en la primavera a la tierra que conduce a Efrata: en la cual, estando Raquel de parto, 17. por la dificultad del alumbramiento comenzó a estar en peligro. Y la partera le dijo: No temas, porque también tendrás este hijo. 18. Y al salir su alma por el dolor, y estando ya la muerte cercana, llamó el nombre de su hijo Benoní, esto es, hijo de mi dolor; pero su padre lo llamó Benjamín, esto es, hijo de la diestra. 19. Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino que conduce a Efrata, esto es Belén. 20. Y Jacob erigió un monumento sobre su sepulcro: Este es el monumento del sepulcro de Raquel, hasta el día de hoy. 21. Partiendo de allí, plantó su tienda más allá de la Torre del Rebaño. 22. Y cuando moraba en aquella región, Rubén fue y durmió con Bilhá, concubina de su padre: lo cual de ningún modo se le ocultó a él. Y los hijos de Jacob eran doce. 23. Los hijos de Lea: el primogénito Rubén, y Simeón, y Leví, y Judá, e Isacar, y Zabulón. 24. Los hijos de Raquel: José y Benjamín. 25. Los hijos de Bilhá, sierva de Raquel: Dan y Neftalí. 26. Los hijos de Zilpá, sierva de Lea: Gad y Aser. Estos son los hijos de Jacob, que le nacieron en Mesopotamia de Siria. 27. Y vino también a Isaac su padre en Mamré, la ciudad de Arbee: esto es Hebrón, donde peregrinaron Abraham e Isaac. 28. Y los días de Isaac fueron ciento ochenta años. 29. Y consumido por la edad murió, y fue reunido con su pueblo, siendo viejo y lleno de días: y Esaú y Jacob sus hijos lo sepultaron.


Versículo 1: Entretanto

1. ENTRETANTO. -- Mientras el afligido y angustiado Jacob teme y espera un ataque de los cananeos a causa de la matanza de los siquemitas, Dios pronto le quita este temor y lo consuela y fortalece. Así dice San Juan Crisóstomo.


Versículo 1: Y haz un altar

Y HAZ UN ALTAR -- de la piedra que ungiste y erigiste como columna, capítulo 28, versículo 18.


Versículo 2: Quitad los dioses ajenos

2. QUITAD LOS DIOSES AJENOS. -- Propiamente hablando, no hay dioses ajenos: pues solo el Dios de los fieles es verdaderamente Dios; sin embargo, se llaman dioses ajenos, esto es, distintos del verdadero Dios; o más bien, como dice el hebreo, elohe nechar, esto es, dioses de extranjeros, a los que los extranjeros adoran, a saber, los gentiles idólatras y paganos. De aquí resulta claro que había ídolos e idólatras en la familia de Jacob. ¿Y qué tiene de extraño? Pues había morado en la casa del idólatra Labán durante 20 años, y de allí había tomado esposas y siervos, de donde Raquel al huir había robado los ídolos de su padre, capítulo 31, versículo 19; quizá también de los recientes despojos de los siquemitas, los siervos de Jacob habían llevado sus ídolos, como sostiene Procopio. Ahora bien, durante nueve años desde su partida de Harán, Jacob había morado, o más bien había peregrinado, en Canaán, y no había tenido la oportunidad de purgar a su familia de ídolos e idolatría: ahora aprovecha esta ocasión del temor de los cananeos, por el cual todos estaban atemorizados, a causa de la matanza cometida en Siquem: pues el temor enseña a los hombres a reconocer a Dios y a refugiarse en Él. Aprendan aquí de Jacob los gobernantes y predicadores, que en un desastre público, calamidad y temor, deben aprovechar la ocasión mediante leyes piadosas y exhortaciones para purgar al estado y al pueblo de sus vicios, a fin de que por este temor y calamidad sean librados por Dios.


Versículo 2: Purificaos y mudad vuestros vestidos

PURIFICAOS Y MUDAD VUESTROS VESTIDOS -- esto es, vuestras ropas. Vestíos de saco o cilicio como señal de penitencia. En segundo y mejor lugar, es decir: En lugar de vestidos comunes y sucios, poneos vestidos limpios y festivos, para que con ellos profeséis la limpieza y novedad de vuestras almas, y os preparéis y dispongáis para el próximo sacrificio y fiesta, de modo que os acerquéis a ella con un atuendo limpio y decoroso: como hacen ahora los fieles los domingos y días de fiesta. Pues esto es lo que los Setenta quieren decir con «purificaos». Este vestido limpio y nuevo era, pues, un símbolo de penitencia, arrepentimiento y religión, por el cual declaraban que, habiendo desechado los ídolos, deseaban adorar al único Dios y comenzar una vida nueva y piadosa en el culto del Dios único. Así en Éxodo 19:10, Dios ordena a los hebreos, que estaban a punto de recibir la ley en el Sinaí en Pentecostés, que cambiasen su vestido ordinario por uno limpio y festivo.


Sentido tropológico: Los padres y la educación de los hijos

Para el sentido moral, véase Ruperto y San Juan Crisóstomo, homilía 59, donde enseña con el ejemplo de Jacob que los padres deben más bien trabajar para educar piadosamente a sus hijos, que amontonar riquezas para ellos. Pues «¿por qué», dice, «amontonáis estas cargas de espinas para vosotros mismos, y no percibís que dejáis a vuestros hijos materia para la maldad? ¿No sabéis que el Señor tiene mayor cuidado de vuestro hijo? ¿O no sabéis que la juventud de por sí está inclinada a la ruina, y cuando además ha recibido abundancia de riquezas, se precipita aún más hacia el mal? Así como el fuego, cuando encuentra combustible, se alza con llamas más fuertes, así también cuando la materia del dinero cae sobre un joven, enciende tal horno que la incontinencia y la intemperancia hacen arder toda el alma del joven.»


Versículo 4: Los enterró

LOS ENTERRÓ. -- Habiéndolos primero roto o fundido, como hizo Moisés, Éxodo 32:20, y Ezequías, 4 Reyes 18:4. Jacob habría podido convertir el material, a saber oro, plata y bronce, a otro uso, incluso sagrado (aunque Abulense lo niega); pero no quiso, para que no quedase rastro alguno de idolatría, y para infundir en su casa el horror de ellos, y todos aprendiesen a abominar los ídolos como cosas malditas.


Versículo 4: Debajo del terebinto

Debajo del terebinto. -- La palabra hebrea ela significa tanto encina como terebinto. Andrés Masio, sobre Josué, último capítulo, versículo 26, piensa que este era el ela, esto es, la encina o terebinto de Moré, es decir, el ilustre, bajo el cual Abraham primero erigió un altar a Dios, Génesis 12:6, y cerca del cual Abimélec fue consagrado rey, Jueces capítulo 9:6; y por tanto bajo él, como sagrado desde el tiempo de sus padres y antepasados, Jacob enterró los ídolos de su casa. Este ela de Siquem fue, pues, conservado durante muchos años por la religión de sus padres, e incluso consagrado. Pues también Josué ratificó una alianza entre Dios y el pueblo cerca de él, Josué, último capítulo, versículo 26.


Versículo 5: El terror de Dios cayó sobre todos

5. El terror de Dios cayó sobre todos. -- Dios envió este sagrado, y por así decirlo, pánico terror sobre los cananeos, para que no se atreviesen a atacar a Jacob cuando partía de Siquem, aparentemente en huida, y a vengar la matanza de los siquemitas. Ved, dice San Juan Crisóstomo, lo que merece el temor de Isaac y de Jacob, por el cual él mismo temía a Dios, a saber, que en correspondencia Dios lo hace terrible para todos. «Pues cuando Dios nos es propicio, todos los terrores son apartados de en medio de nosotros. Pues así como dio confianza al justo, así les dio temor a ellos», de modo que aunque eran muchos y estaban confederados, no se atrevieron a atacar a los pocos y débiles. Los hombres piadosos experimentan a menudo la misma protección divina en sus viajes, cuando se encuentran con ladrones o bandidos.


Versículo 3: Fue el compañero de mi camino

3. Fue el compañero de mi camino -- y guía y compañero del camino: guía en el camino a Harán, y guía de regreso en el retorno a Canaán.


Versículo 4: Los pendientes

4. LOS PENDIENTES -- con los que los ídolos, a la manera de los humanos, eran adornados en sus orejas. De donde, en segundo lugar, Agustín los llama filacterias de los dioses. San Juan Crisóstomo enseña lo mismo, homilía 35 sobre el Génesis, como también Lirano y ambas Glosas. De manera algo distinta, Gaspar Sánchez, sobre Isaías capítulo 44, número 20, piensa que estos pendientes no estaban colgados en las orejas de los ídolos, sino en las de los siervos, pero que tenían grabadas en ellos imágenes o signos de los ídolos que antes adoraban, y que por tanto fueron enterrados junto con los ídolos por Jacob. Pues así los gentiles llevaban imágenes de sus dioses en anillos, brazaletes, gemas o placas colgadas del cuello, por lo cual Pitágoras más tarde lo prohibió, como también Clemente de Alejandría, Libro III del Pedagogo, capítulo 11. Así Oseas capítulo 2 dice: «Que quite sus adulterios de en medio de sus pechos», porque entre los pechos y sobre el corazón llevaba una placa o colgante en el que estaban grabados sus adulterios, esto es, los ídolos. A la inversa, el esposo ordena a la esposa, Cantar de los Cantares 8: «Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo», a saber, para que la esposa marque su corazón y su brazo con la imagen de su esposo, grabada por supuesto en la tablilla del corazón, o en los brazaletes de los brazos. De ahí que los judíos piadosos llevaban la ley de Dios y las insignias de su profesión en anillos, colgantes y collares, según Proverbios 7: «Átalos a tus dedos, escríbelos en las tablillas de tu corazón.»


Versículo 6: Todo el pueblo

6. Todo el pueblo -- esto es, su numerosa y populosa familia.


Versículo 7: Llamó el nombre de aquel lugar Casa de Dios

7. LLAMÓ EL NOMBRE DE AQUEL LUGAR CASA DE DIOS. -- Este lugar ya había sido nombrado Betel por Jacob, capítulo 28, versículo 29; aquí, pues, repite y confirma el nombre que había dado al lugar, y al mismo tiempo lo aplica al altar recientemente edificado por él allí. Nombró pues el altar, y le inscribió un nombre hebreo, a modo de título: El Betel, esto es, el Dios poderoso de Betel; esto significa un altar dedicado al Dios de Betel, o a Dios que habita en Betel como en su propia casa, y que se le apareció allí como poderosísimo, y con su fuerza lo fortaleció contra Esaú, los siquemitas, y todos los enemigos y terrores. Véase lo dicho en el capítulo 28, versículo 19.


Versículo 8: Débora

8. Débora. -- Esta era la nodriza de Rebeca, madre de Jacob, que vino con ella desde Harán a Canaán, a Isaac. Los hebreos relatan que esta Débora fue enviada de vuelta por Rebeca a Harán para llamar a Jacob de allí, y que murió en el camino mientras regresaba con Jacob, como se dice aquí.


Versículo 8: Al pie de Betel

AL PIE DE BETEL. -- Betel estaba, pues, situado en un monte.


Versículo 8: La encina del llanto

La encina del llanto -- porque Jacob con su casa lloró allí la muerte de Débora.


Versículo 9: Y Dios apareció de nuevo a Jacob

9. Y DIOS APARECIÓ DE NUEVO A JACOB. -- Poco antes se le había aparecido, mandándole ir a Betel; ahora, al llegar a Betel, allí se le aparece de nuevo. Así los Setenta. «Esta es la tercera aparición», dice Hugo Cardenal, «en la que el Señor apareció a Jacob. Pues primero se le apareció cuando huía de Esaú, apoyado en la escalera. En segundo lugar, cuando regresaba de Mesopotamia en la lucha. En tercer lugar, aquí en Betel. En esto se significa la triple aparición de Cristo. Pues se aparece a los que duermen en la contemplación; se aparece también a los que luchan en la tribulación; se aparece finalmente a los que viven en la bendición eterna. De la primera, San Bernardo dice: Cristo desea ser visto, no ver; como un valiente capitán, desea que el rostro de su devoto soldado se eleve hacia sus heridas: el soldado no sentirá sus propias heridas mientras contempla las heridas de Cristo. Esto es ver a Cristo apoyado en la escalera, de donde el Apóstol dice, Hebreos capítulo 12: Mirando al autor de la fe, y consumador, Jesús, quien por el gozo puesto ante Él soportó la cruz, despreciando la ignominia. De la segunda, el mismo San Bernardo dice: El Amado te soportó a ti; soporta tú también al Amado. Tus pecados no lo vencieron a Él; que tampoco sus azotes te venzan a ti, y obtendrás la bendición. De la tercera se dice, 1 Corintios 13: Vemos ahora por espejo y oscuramente, pero entonces cara a cara; y Salmo 16: Seré saciado cuando aparezca tu gloria.»


Versículo 9: Y lo bendijo

Y lo bendijo -- llamándolo Israel, otorgándole nuevas promesas, nuevo valor, nueva fuerza y nuevos dones de gracia.


Versículo 10: Ya no te llamarás Jacob, sino Israel

10. YA NO TE LLAMARÁS JACOB, SINO ISRAEL. -- Preguntaréis: ¿por qué se da aquí de nuevo el nombre de Israel a Jacob? Cayetano responde que el nombre de Israel se repite aquí con un significado diferente, a causa de un nuevo beneficio aquí prometido a Jacob, a saber, que sus descendientes serían Israel, esto es, príncipes con Dios, como traducen Áquila, Símaco y Teodocio, significando que tendrían y conservarían su reino e imperio mientras ellos mismos permaneciesen Israel, esto es, mientras Dios reinase sobre ellos; como si dijera: Te llamarás «Israel», esto es, Dios reinará: pues te prometo a ti y a tus descendientes que, mientras me permitan reinar en sus corazones mediante la verdadera fe, religión y piedad, tanto tiempo serán Israel, esto es, príncipes con Dios, porque de Dios obtendrán su dominio, principado y reino; pero cuando arrojen de sí el gobierno de Dios y rehúsen estar sujetos a Dios, entonces perderán igualmente su principado y reino terrenales.

Pero de las mismas palabras resulta claro que el nombre de Israel se da aquí a Jacob no en un sentido diferente, sino en el mismo sentido en que le fue dado en el capítulo 32, versículo 28, y así lo enseñan comúnmente los intérpretes; y aunque algunos piensan que allí el nombre solo fue prometido, pero aquí fue realmente dado a Jacob: sin embargo, es más cierto que fue dado allí, pero aquí se repite y confirma a causa de una nueva razón y motivo.

Digo, pues, que así como en el capítulo 32 Jacob estaba angustiado a causa de Esaú, así aquí, angustiado a causa de los siquemitas y cananeos, para que no vengasen la matanza de su pueblo y lo atacasen, es fortalecido por Dios de modo que no necesite temer, y se convierte y es llamado Israel, esto es, el que reina sobre Esaú, los siquemitas y todos sus enemigos por medio de Dios y mediante Dios. De nuevo es llamado Israel, como futuro señor de toda la tierra, a saber Canaán, y padre de naciones y reyes, como resulta claro de los versículos 11 y 12; y según esto, la primera exposición de Cayetano puede ser admitida. «De aquí lo que dice: Ya no te llamarás Jacob, el sentido es, como si dijera: En adelante no serás meramente Jacob, esto es, el suplantador de Esaú, sino Israel, esto es, el que reina sobre todos por medio de Dios y mediante Dios, de modo que deberías más bien ser llamado Israel que Jacob.»

Del mismo modo, a causa de esta nueva segunda visión y aparición de Dios, Jacob da al lugar el mismo nombre por segunda vez, y lo llama Betel, esto es, Casa de Dios. De donde «Abulense cree que obtuvo aquellos dos nombres, Jacob e Israel, luchador y vidente de Dios, por su fortaleza y victorias: pues como otro Hércules luchó con muchísimos trabajos -- con las amenazas de su hermano, con la ingratitud de Labán; de nuevo con el temor de su hermano, con el ángel toda la noche, con las sediciones de sus hijos en Siquem, con la muerte de José infligida, según él pensaba, por una bestia crudelísima, con la amargura del hambre, con el dolor por Benjamín llevado a cambio de provisiones, por omitir otras cosas. Verdaderamente Jacob, verdaderamente luchador; pero no obstante verdaderamente Israel, verdaderamente vidente de Dios: pues siete veces vio a Dios o a un ángel. Primero, cuando se le apareció en la escalera, Génesis 28. Segundo, en Mesopotamia, cuando le mostró la cría de los rebaños, Génesis 30. Tercero, cuando Dios le mandó partir de Mesopotamia, Génesis capítulo 31. Cuarto, cuando vio los campamentos de ángeles preparados para su defensa, Génesis 32. Quinto, cuando bajo la apariencia de un hombre experimentó al luchador. Sexto, cuando después de la matanza de los siquemitas Dios le mandó ir a Betel, y allí sacrificar, Génesis 35. Séptimo, cuando de nuevo le dio el nombre de Israel, Génesis 35. Además, visiones de este tipo iban acompañadas de especiales favores de gracia, con los que Dios admirablemente temperaba la amargura mezclada con sus trabajos: y así aconteció que el mismo hombre fue a la vez Jacob e Israel, como si fuera una especie de balanza entre luchas y visiones de Dios», dice Fernando, Visión 2.


Sentido tropológico: Jacob e Israel

En tercer lugar, Santo Tomás, Lirano y Abulense dicen: Jacob es aquí llamado Israel porque Dios aquí elevó a Jacob, de modo que el que hasta este momento había sido Jacob, esto es, el suplantador, y había llevado una vida activa y de lucha, combatiendo contra enemigos y vicios, llevase ahora una vida contemplativa, y fuese Israel, esto es, el que ve a Dios, o el que reina con Dios, o el que es fuerte con Dios, de modo que nada pudiera apartarlo de Dios y de la contemplación de Dios, y de aquí se haría invencible y vencedor de todos los enemigos visibles e invisibles. Este sentido es verdadero y piadoso, pero tropológico.


Sentido anagógico: San Agustín

En cuarto lugar, San Agustín, Cuestión 114: Jacob, dice, esto es, el suplantador, significa las luchas y trabajos de la vida presente; pero Israel, esto es, el que ve a Dios, significa la recompensa de la futura bienaventuranza y la visión de Dios. Pero esto también es igualmente simbólico y anagógico.


Versículo 11: Yo soy Dios Todopoderoso

11. Yo soy Dios Todopoderoso -- que puedo cumplir lo que prometo, y lo cumplo: en hebreo es Shaddai, acerca del cual hablé en el capítulo 17, versículo 1; como si dijera: A ti, oh Jacob, me presento como Shaddai, esto es, que lleva un pecho, para que de él extraigas crecimiento y multiplicación: crece, pues, y multiplícate. Dios repite aquí las promesas que oímos en los capítulos 28, 31 y 32, para que a causa de la matanza de los siquemitas perpetrada por sus hijos, Jacob no pensase que Dios las había revocado, especialmente tres promesas sobre las cuales podía haber duda. Pues primero, pesaba a Jacob que él y su casa fueran pocos, y sin embargo tuviese tantos adversarios; contra esto oye: «Crece y multiplícate: naciones y pueblos de naciones saldrán de ti.» En segundo lugar, le pesaba que sus hijos lo hubiesen hecho odioso a los pueblos vecinos; contra esto se le dice: «Reyes saldrán de tus entrañas» -- no serás, pues, odiado ni despreciado. En tercer lugar, temía que los pueblos vecinos, habiéndose congregado, lo expulsasen de la tierra; contra esto oye: «Esta tierra te la daré a ti.» Verdaderamente, pues, podía decir Jacob: «Según la multitud de mis dolores, tus consolaciones han alegrado mi alma.» Ved, pues, que todas las cosas se someten al justo, para que él a su vez se someta a Dios.


Versículo 11: Naciones y pueblos de naciones saldrán de ti

NACIONES Y PUEBLOS DE NACIONES SALDRÁN DE TI. -- Pues las doce tribus que de ti se propagarán crecerán de tal modo que serán iguales a muchas naciones y pueblos.


Versículo 12: A ti y a tu descendencia

12. A TI Y A TU DESCENDENCIA. -- El «y» es exegético, significando «esto es»; pues Dios no dio Canaán al propio Jacob, sino a su descendencia, esto es, a sus descendientes, bajo Josué.


Versículo 14: Erigió un monumento

14. ERIGIÓ UN MONUMENTO -- que serviría a la vez como monumento, esto es, un memorial de esta aparición y promesa divina, y al mismo tiempo como altar; de donde sobre él Jacob sacrifica y derrama libaciones, esto es, vierte en honor de Dios libaciones, a saber, varias medidas de vino.


Versículo 14: Derramando aceite

DERRAMANDO ACEITE -- para la consagración del altar. Véase lo dicho en el capítulo 28, versículo 18.


Versículo 16: En la primavera

16. En la primavera. -- El hebreo tiene kibrat, que R. Menájem toma por metátesis como equivalente a ke rah, esto es, «como una gran distancia», significando: Cuando quedaba una distancia grande y larga hasta Efrata. En segundo lugar, R. Salomón sostiene que kibrat es un nombre de medida, que significa una milla o una legua, significando: Cuando quedaba una legua hasta Efrata. En tercer lugar, nuestro traductor muy acertadamente deriva kibrat de bara, esto es, nutrir o producir grano (pues de aquí bar significa espelta o grano), con el kaph servil, que significa «según» o «cerca de», significando: Cerca del tiempo en que la tierra produce y da alimentos y cosechas, lo cual San Jerónimo a veces llama el tiempo de verdor, a veces primavera, a veces tiempo escogido, derivando kibrat no de bara, sino de bur, que significa escoger.


Versículo 16: La estación de la muerte de Raquel

Moisés señala que era primavera al morir Raquel, para indicar que a causa del aire más cálido de la primavera, no era posible que Jacob llevase el cuerpo de Raquel a Hebrón, para que no se corrompiese, a fin de ser enterrada allí en la tumba de Abraham y Sara.


Versículo 16: La edad de Raquel al morir

Los hebreos relatan que Raquel murió a la edad de 36 años; pero puesto que Raquel estaba en edad casadera cuando Jacob llegó por primera vez a ella junto al pozo en Harán, y Jacob permaneció en Harán durante 20 años, y después de su regreso de Harán vivió con ella en Canaán unos diez años hasta este momento: de aquí resulta claro que Raquel tenía cerca de cincuenta años al morir.


Versículo 18: Benjamín

18. Benjamín. -- Raquel al morir llamó a su hijo Benoní, esto es, hijo de dolor; pero el padre Jacob lo llamó Benjamín, y esto después de la muerte de la madre, para mostrar que soportó su muerte con ecuanimidad, y para animar a este hijo y a sus hermanos a lo mismo, con esta esperanza y nombre, de que sería Benjamín, esto es, hijo de la diestra, significando afortunado y fuerte, aunque hubiese nacido en la vejez de su padre: pues la diestra es símbolo de fuerza y buena fortuna. Así los hebreos llaman a una mujer u hombre «de la diestra» o «de virtud» al que es vigoroso, agudo y fuerte.


Versículo 18: Niños nacidos a la muerte de su madre

Era opinión de los antiguos que los niños que venían a la luz después de que su madre hubiese sido muerta serían afortunados, y tal fue Escipión el Africano, y Julio César, el primero de los Césares, de quien dicen que fue llamado César por la incisión del vientre de su madre (aunque otros lo derivan de su espeso cabello, y otros de otra parte): y tal fue también Benjamín.


Versículo 18: La fortaleza de los descendientes de Benjamín

Cuán fuertes fueron los descendientes de Benjamín resulta claro de la guerra que ellos solos libraron contra todas las demás tribus, Jueces 20:46.


Versículo 18: Benjamín, el más querido por su padre

En segundo lugar, fue llamado Benjamín, esto es, hijo de la diestra, porque era el más querido por su padre: pues los padres aman especialmente a los hijos más jóvenes, a quienes engendraron últimos y en su vejez, y los colocan sobre sus rodillas o a su diestra.


Versículo 18: La edad de Benjamín

Benjamín nació en el año 107 de Jacob; era, pues, menor que José en dieciséis años: pues José nació en el año 91 de Jacob, y consecuentemente en el mismo año en que nació Benjamín, José fue vendido, a saber en el año 16 de su edad, acerca de lo cual se dirá más en el versículo 28.


Versículo 18: Sentido alegórico: Benjamín y Cristo

Alegóricamente, Raquel es la Sinagoga, Benjamín es Cristo y los Apóstoles, y especialmente San Pablo, que descendía de Benjamín, dice Cirilo: pues cuando se hizo cristiano y Apóstol, su madre la Sinagoga lo envidió y se afligió por él; pero el Padre celestial lo hizo Benjamín, para que sometiese poderosísimamente a todos los enemigos, y para que muriendo se sentase a su diestra en el cielo. Así dice Ruperto.


Versículo 19: El camino a Efrata, esto es Belén

19. EL CAMINO QUE CONDUCE (desde la capital Jerusalén) A EFRATA, ESTO ES BELÉN. -- Esta ciudad fue primeramente llamada Efrata, de Efrat esposa de Caleb, 1 Crónicas 2:24, a quien los hebreos piensan que era Miriam la hermana de Moisés, pero erróneamente. Esta ciudad fue después llamada Belén, esto es, casa del pan, por la fertilidad que allí había, después del hambre que ocurrió en tiempos de Elimélec, como se encuentra en el libro de Rut, dice Lirano. Del mismo modo, Efrata en hebreo significa fértil, fructífera, de la raíz para, esto es, dio fruto; pues este es un lugar fértil.


Versículo 19: San Jerónimo y Santa Paula en Belén

Así como Raquel dio a luz a Benjamín, así la Bienaventurada Virgen dio a luz a Cristo en Belén, porque Cristo es el pan y la delicia de los hombres y los ángeles. Cristo, digo, como su Benoní, esto es, varón de dolores, lo dio a luz en la más extrema humildad y pobreza; a quien por tanto el Padre celestial hizo su Benjamín. Así dice San Jerónimo, quien por esta razón se trasladó con Santa Paula a Belén. Escuchadlo en el Epitafio de Santa Paula: «Paula solía jurar que en Belén podía ver con los ojos de la fe al niño envuelto en pañales, al Señor llorando en el pesebre, a los Magos adorando, a la estrella brillando en lo alto, a la madre virgen, al diligente padre nutricio, a los pastores viniendo de noche, y con lágrimas mezcladas con gozo solía decir: ¡Salve, Belén, casa del pan, en la cual nació aquel pan que bajó del cielo! ¡Salve, Efrata, región fertilísima, cuya fecundidad es Dios! He aquí que hemos oído de ella en Efrata, la hemos encontrado en los campos del bosque; este es mi lugar de descanso, porque es la patria del Señor: aquí habitaré, porque el Salvador la ha escogido.»


Versículo 20: Y Jacob erigió un monumento

20. Y JACOB ERIGIÓ UN MONUMENTO. -- Brocard relata que este monumento, o memorial de Raquel, era una pirámide elegantísima, en cuya base estaban dispuestas doce piedras muy grandes, según el número de los doce hijos de Israel. Ved aquí la antiquísima costumbre de erigir monumentos y epitafios en memoria de los difuntos cerca de sus tumbas, entre los cuales el primero que encontramos en la Escritura es este de Raquel. Así Simón Macabeo erigió un magnífico monumento sobre la tumba de su padre y hermanos, 1 Macabeos 13:30. San Jerónimo escribe que solía orar junto al mausoleo del rey David, en su epístola a Marcela; acerca del cual también San Pedro dice: «Y su sepulcro está entre nosotros», Hechos 2:29.


Versículo 21: Más allá de la Torre del Rebaño

21. MÁS ALLÁ DE LA TORRE DEL REBAÑO. -- Los hebreos piensan que este lugar era Jerusalén y Sión, o el sitio del Templo, por el hecho de que Jerusalén es llamada torre del rebaño por Miqueas, capítulo 4, versículo 8. Pero Miqueas la llama así por un tropo, enigmática y parabólicamente: pues la torre de Éder, esto es, del rebaño, está solo a mil pasos de Belén; mientras que Jerusalén está a seis mil pasos de Belén. La torre del rebaño es, pues, un lugar riquísimo en pastos, donde en consecuencia había abundancia de rebaños, situado entre Hebrón y Belén, donde Jacob también apacentó su rebaño. Así dice San Jerónimo en el Epitafio de Santa Paula, Euquerio y Ruperto. De donde San Jerónimo, Tostado, Adrichomio y otros piensan que cerca de esta torre el ángel se apareció a los pastores que velaban sobre su rebaño, y les anunció el nacimiento de Cristo. De ahí que Santa Elena, madre de Constantino el Grande, edificó una notable iglesia cerca de esta torre, bajo el nombre de los Santos Ángeles.


Versículo 22: Rubén durmió con Bilhá

22. Rubén durmió con Bilhá. -- A causa de esto, el padre Jacob despojó a Rubén de su primogenitura, y lo maldijo en su lecho de muerte, Génesis 49:4. Y Jacob en adelante abandonó a Bilhá, y ya no se acercó a ella, como contaminada por este incesto: así como David se abstuvo de las concubinas que Absalón había violado, 2 Reyes 16:22. Esta fue la sexta cruz y aflicción de Jacob: pues la quinta había sido la muerte de Raquel, versículo 19.


Versículo 26: Los que le nacieron en Mesopotamia

26. LOS QUE LE NACIERON EN MESOPOTAMIA. -- Esto es, once nacieron en Harán, pero uno, Benjamín, se exceptúa: pues nació en Canaán, cerca de Belén. Así San Agustín, Cuestión 117. Por tanto, menos correctamente San Cirilo, Crisóstomo y Procopio concluyen de este pasaje que Benjamín fue concebido en Harán pero nació en Canaán: pues Benjamín nació diez años después de la partida de Jacob de Harán y su establecimiento en Canaán. Moisés enumera aquí a los descendientes de Israel como la descendencia escogida, para contrastarlos con los descendientes de Esaú como la rechazada, a quienes enumera en el capítulo siguiente.


Versículo 27: La ciudad de Arbee

27. LA CIUDAD DE ARBEE -- en Quiriat-Arbá, o Hebrón. Así como allí había morado, igualmente Isaac murió y fue sepultado allí. Tropológicamente, San Ambrosio escribe a Ireneo, Sobre el Sacrificio de Egipto: «Sigamos los caminos de San Jacob, para que lleguemos a aquellos sufrimientos, a aquellos encuentros; lleguemos a la paciencia» (alude a Rebeca, madre de Jacob, cuyo nombre él interpreta como paciencia), «la madre de los fieles, y al padre Isaac, esto es, uno capaz de gozo, rebosante de alegría; pues donde hay paciencia, hay alegría», como si dijera: Así como Rebeca e Isaac están unidos, así la paciencia y el gozo, de modo que el gozo, como un esposo fiel, nunca abandona a la paciencia, por así decirlo su esposa.


Cronología de la vida de Jacob

En tercer lugar, Jacob sobrevivió a su padre Isaac por 27 años: pues Isaac murió cuando Jacob estaba en el año 120 de su vida. Pero Jacob murió en el año 147 de su vida. Obsérvense de paso aquí los años climatéricos de la vida de Jacob, a saber, 77 de su exilio en Harán, 84 de sus matrimonios con Raquel y Lea, 91 del nacimiento de José, y 147 de su muerte. Pues todos estos años son septenarios, esto es, años séptimos, que los médicos afirman que traen un gran cambio a la persona, como lo trajeron a Jacob aquí.

Jacob, huyendo de Esaú, fue a Mesopotamia en el año 77 de su edad. Permaneció allí 20 años; luego regresó a Canaán en el año 97 de su edad. Allí peregrinó durante diez años, y eso apartado de su padre Isaac, porque ambos eran ricos y tenían abundancia de rebaños, para los cuales los pastos de un solo y mismo lugar no habrían bastado; sin embargo Jacob visitaba a su padre de tiempo en tiempo, tanto en persona como por medio de siervos, mensajeros y cartas. Después de 10 años, a saber en el año 107 de la edad de Jacob, en el cual año Raquel murió y Benjamín nació, Jacob vino a Hebrón, a su padre Isaac que ya desfallecía de vejez, con la intención de permanecer con él permanentemente: permaneció con su padre 13 años, después de los cuales Isaac murió a la edad de 180 años, que era el año 120 de Jacob y el 26 de José.


El hýsteron próteron de la muerte de Isaac

De nuevo, en el mismo año en que murió Raquel, el mismo año en que nació Benjamín, que era el 107 de Jacob, José a la edad de 16 años fue vendido por sus hermanos y llevado a Egipto. Por tanto, cuando Isaac moría, en el año 180 de su edad, José en Egipto estaba en su año 13 de servidumbre, el 29 de su edad, que era el año 527 desde el diluvio, y 2228 desde la creación del mundo. Este es, pues, un hýsteron próteron: pues la muerte de Isaac se coloca aquí antes de lo que cronológicamente debería haber sido colocado después de la venta de José, cerca del final del capítulo 40 del Génesis. Así dicen Abulense, Pererio y otros.


Versículo 28: Se cumplieron los días de Isaac

Versículo 28. Y SE CUMPLIERON LOS DÍAS DE ISAAC, CIENTO OCHENTA AÑOS.


Versículo 29: Consumido por la edad

Versículo 29. Y consumido por la edad, al faltar el calor natural y secarse la humedad radical que nutre y conserva el calor natural, así como la llama de una lámpara se alimenta del aceite. Fue reunido con su pueblo, esto es, con los padres en el Limbo. Véase lo dicho en el capítulo 25, versículo 8. Isaac vivió 180 años; nosotros vivimos 60 o 70. Los hombres se quejan de que la vida es corta, porque todos viven para otros, pocos para sí mismos: la razón es que viven como si fueran a vivir para siempre. Consideren al menos aquella sentencia de Séneca: El tiempo de la vida o es, o fue, o será; lo que estamos haciendo es breve; lo que estamos por hacer es incierto; lo que hemos hecho es cierto. ¿Por qué, pues, de este pequeño y fugaz paso del tiempo, no nos entregamos con toda el alma a aquellas cosas que son inmensas, que son eternas? ¿Qué lugar espera a vuestra alma después de la vida, qué suerte os aguarda, dónde después de la muerte os colocará la naturaleza, o más bien Dios?