Cornelius a Lapide (Cornelius Cornelissen van den Steen, 1567–1637)
(La Copa de Plata en el Saco de Benjamín)
Sinopsis del capítulo
José ordena que su copa sea colocada secretamente en el saco de Benjamín. De ahí reclama a Benjamín como esclavo suyo por el supuesto robo; Judá, en el versículo 18, se ofrece a sí mismo en esclavitud en su lugar.
Texto de la Vulgata
1. Y José mandó al mayordomo de su casa, diciendo: «Llena sus sacos de grano, cuanto puedan contener, y pon el dinero de cada uno en la boca de su saco. 2. Y pon mi copa de plata, y el precio que pagó por el trigo, en la boca del saco del menor.» Y así se hizo. 3. Y cuando amaneció, fueron despedidos con sus asnos. 4. Y habiendo ya salido de la ciudad y avanzado un poco, entonces José, habiendo llamado al mayordomo de su casa, dijo: «Levántate y persigue a aquellos hombres; y cuando los hayas alcanzado, diles: ¿Por qué habéis devuelto mal por bien? 5. La copa que habéis robado es aquella de la cual bebe mi señor, y en la cual suele adivinar. Habéis hecho algo muy perverso.» 6. Él hizo según le había mandado. Y habiéndolos alcanzado, les habló en orden. 7. Ellos respondieron: «¿Por qué habla así nuestro señor, como si vuestros siervos hubieran cometido semejante crimen? 8. El dinero que hallamos en la boca de nuestros sacos lo trajimos de vuelta a ti desde la tierra de Canaán; ¿y cómo es verosímil que hayamos robado oro o plata de la casa de tu señor? 9. Aquel de tus siervos en cuyo poder se hallare lo que buscas, que muera, y nosotros seremos esclavos de nuestro señor.» 10. Él les dijo: «Sea conforme a vuestra sentencia: aquel en cuyo poder se hallare, será mi esclavo, pero vosotros quedaréis sin culpa.» 11. Entonces rápidamente bajaron sus sacos al suelo y cada uno abrió el suyo. 12. Y registrándolos, comenzando desde el mayor hasta el menor, halló la copa en el saco de Benjamín. 13. Pero ellos, rasgando sus vestiduras y cargando de nuevo sus asnos, regresaron a la ciudad. 14. Y Judá el primero, con sus hermanos, entró ante José (pues aún no había salido del lugar), y todos juntos se postraron en tierra ante él. 15. Y él les dijo: «¿Por qué quisisteis hacer esto? ¿Acaso no sabéis que no hay nadie semejante a mí en la ciencia de adivinar?» 16. Y Judá le dijo: «¿Qué responderemos a mi señor? ¿O qué diremos, o qué podremos alegar justamente? Dios ha descubierto la iniquidad de tus siervos. He aquí que todos somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder se halló la copa.» 17. José respondió: «Lejos de mí obrar así. El que robó la copa, sea mi esclavo; pero vosotros, id libres a vuestro padre.» 18. Entonces Judá, acercándose más, dijo con confianza: «Te ruego, señor mío, que tu siervo hable una palabra a tus oídos, y no te aires contra tu siervo, pues tú eres como el Faraón, 19. señor mío. Tú primero preguntaste a tus siervos: "¿Tenéis padre o hermano?" 20. Y nosotros te respondimos, señor mío: "Tenemos un padre anciano y un muchacho que nació en su vejez; su hermano de madre ha muerto, y él solo le queda a su madre, y su padre lo ama tiernamente." 21. Y dijiste a tus siervos: "Traédmelo, y pondré mis ojos sobre él." 22. Sugerimos a mi señor: "El muchacho no puede dejar a su padre; pues si lo dejara, moriría." 23. Y dijiste a tus siervos: "Si no viene vuestro hermano menor con vosotros, no veréis más mi rostro." 24. Así pues, cuando subimos ante tu siervo nuestro padre, le contamos todo lo que mi señor había dicho. 25. Y nuestro padre dijo: "Volved y compradnos un poco de trigo." 26. Y le dijimos: "No podemos ir; si nuestro hermano menor va con nosotros, partiremos juntos; de lo contrario, en su ausencia, no nos atrevemos a ver el rostro de aquel hombre." 27. A lo cual él respondió: "Sabéis que mi mujer me dio dos hijos. 28. Uno salió, y dijisteis: Una fiera lo ha devorado; y no ha aparecido desde entonces. 29. Si tomáis también a este y algo le ocurre en el camino, llevaréis mis canas con dolor al sepulcro." 30. Por tanto, si voy ante tu siervo nuestro padre y el muchacho no está con nosotros (pues su vida depende de la vida del muchacho), 31. y ve que no está con nosotros, morirá, y tus siervos llevarán sus canas con dolor al sepulcro. 32. Sea yo verdaderamente tu siervo, pues recibí al muchacho bajo mi custodia y me comprometí, diciendo: "Si no te lo devuelvo, seré reo de pecado contra mi padre por siempre." 33. Me quedaré, pues, como siervo tuyo en lugar del muchacho al servicio de mi señor, y que el muchacho suba con sus hermanos. 34. Pues no puedo volver a mi padre sin el muchacho, para no ser testigo de la calamidad que sobrevendrá a mi padre.»
Versículo 2
«La copa, etc., pon en la boca del saco del menor» — de Benjamín. José hizo esto para probar por este medio los corazones de sus hermanos: si envidiaban a Benjamín como hijo de Raquel, y como aquel que había recibido porciones cinco veces mayores en el banquete; de modo que, si percibía esta envidia a través del silencio y la negligencia de los hermanos hacia Benjamín, lo retendría consigo, para que los hermanos no tramasen nada contra él en el camino, como una vez habían hecho contra el propio José. Pero si mostraban amor fraterno mediante su ansiedad y empeño por liberarlo, lo despacharía con ellos. Así Filón, Josefo, San Juan Crisóstomo y Teodoreto.
Versículo 5
«La copa que habéis robado.» Nótese: José podía justamente castigar a sus hermanos infundiéndoles este miedo y terror, a causa del crimen cometido contra él, para que, vueltos en sí por esta aflicción, reconocieran su pecado, como en efecto hicieron, dice San Agustín. Pero no podía afligir así a Benjamín. De ahí que la acusación del robo de la copa contra él fuese una calumnia leve y venial; pero fue ideada para el bien de Benjamín, como dije en el versículo 2, y fue de corta duración, que pronto compensó revelándose a sí mismo con la mayor alegría y los mayores beneficios. Hubo también aquí una mentira; pues José no dijo estas cosas a modo de prueba e interrogación, como había hecho en el capítulo 42, versículo 9, sino a modo de aseveración directa. Sin embargo, fue una mentira jocosa, no dañina.
Por tanto, cuando San Agustín, Cuestión 125, intenta excusar a José de mentir, entiéndase referido a una mentira seria y dañina.
Simbólicamente, así como José jugó con Benjamín, a quien al principio fingió prender y atar como ladrón, pero después mostró que todo se había hecho en broma, y abrazándolo lo prefirió por encima de los demás hermanos: así trata Dios con los humildes. Permite que sean despreciados, afligidos y acosados; pero si soportan estas cosas con humildad y paciencia, les será propicio y los exaltará, de modo que se tornan tanto más gloriosos cuanto más abyectos fueron. Por tanto, el juego de Dios es la humildad.
«En la cual suele adivinar.» Los Setenta traducen: «en la cual adivina por augurio.» Por eso el rabí Kimchi traduce erróneamente: «por la cual consultó augures.»
Julio Sirenio refiere (libro IX Sobre el destino, capítulo 18) que los egipcios y asirios acostumbraban llenar vasijas (y asimismo copas, según parece) con agua, luego invocar al demonio con ciertas palabras, y entonces el demonio emitía respuestas silbando desde las aguas acerca de las cosas sobre las que se le consultaba. Además, el demonio a veces expresaba en el agua la apariencia o imagen de la cosa o el autor que se buscaba, tal como ahora nuestros adivinos representan y muestran en el agua, mediante sus encantamientos, al autor de un robo.
Se dirá: ¿acaso José se profesaba como tal augur, es decir, mago y adivino? Calvino lo afirma, y por tanto asevera que José pecó con un grave fingimiento contra la religión. Pero ¿quién creería esto de José, que fue un profeta devotísimo y santísimo? San Agustín responde, pues, que José habla aquí no en serio, sino en broma; pues así parece hablar en el versículo 45. En segundo lugar, Teodoreto dice que José habla interrogativamente, no asertivamente. En tercer lugar, Santo Tomás dice que José habla no según su propia opinión, sino según la de los egipcios, que verdaderamente pensaban que José era un augur. Pero estas explicaciones no satisfacen este versículo y su contexto.
Digo, pues, que por «adivinar», en hebreo es nachas, que significa presagiar y adivinar, ya sea por augurio o por sagacidad natural, es decir, conjeturar, indagar e investigar. De ahí que el Caldeo y Aben-Ezra lo traduzcan como «probar». José, pues, mediante esta copa, ofreciéndola llena de vino a sus huéspedes, adivinaba y exploraba naturalmente la templanza, prudencia y los secretos de los corazones de sus huéspedes (pues en el vino está la verdad), y aquí exploraba qué disposición tenía cada uno de sus hermanos hacia Benjamín, como dije en el versículo 2. Sin embargo, permitía que sus hermanos se engañasen, para que creyeran que él era verdadera y propiamente un augur, y por eso usó una palabra ambigua.
Así Plinio emplea «augurio» por «conjetura» en el libro VII, epístola a Cornelio Tácito, cuando dice: «Auguro, y mi augurio no me engaña, que tus historias serán inmortales.» Así Aristóteles, Problemas 9, sección 33, llama al estornudo «sagrado augurio de la salud de la cabeza», porque es señal de que la cabeza está sana, capaz de digerir y expeler los humores superfluos y nocivos; pues cuando el calor de la cabeza vence y expulsa el humor y espíritu extraño, crudo y flatulento, entonces suele producirse el estornudo.
Versículo 15
«Que no hay nadie semejante a mí en la ciencia de adivinar.» «Adivinar», es decir, de profetizar y conjeturar; pues en hebreo es nachas, como dije en el versículo 5. Como si dijera: puesto que el Faraón y todo Egipto me reconocen y honran como augur, es decir, como profeta y adivino, ¿cómo es que vosotros solos pensasteis que podríais ocultaros de mí y de mi adivinación en este robo?
Versículo 16
«Dios ha descubierto el pecado de tus siervos.» Algunos, con San Agustín, entienden esto como el pecado de haber vendido a José; como si dijera: porque vendimos a José como esclavo, ahora justamente somos sometidos a esclavitud. Judá podía sentir esto en su corazón, pero exteriormente no habla a José de este pecado, sino del pecado del robo de la copa — pues de eso los acusaba José, y a la misma acusación respondió Judá reconociéndolo. Parece, pues, que Judá pensó y sospechó que Benjamín había verdaderamente robado la copa, especialmente porque Benjamín, al ser descubierto, callaba y no se defendía. O al menos, en una situación dudosa e incierta, Judá prefirió atribuir el pecado a su hermano y pedir humildemente perdón, y así suavizar la ira de José, antes que provocarla más excusando a Benjamín y, expresa o tácitamente, volviendo la culpa contra José y sus siervos, acusándolos de fraude, engaño y calumnia. Pues del hecho de que la copa fue hallada en el saco de Benjamín había una presunción de robo contra Benjamín. Así el Abulense. San Agustín dice con razón, Sentencia 118: «Mejor es la confesión en los males que la jactancia soberbia en los bienes.»
De ahí que, preguntado un ermitaño cuál era el camino más seguro que había hallado al cielo, respondió: «Que el hombre siempre se acuse a sí mismo.» El beato Doroteo es testigo, Instrucción 7. Así Santa Catalina de Siena y otros Santos humildes e ilustres, ante todos los males que les sobrevenían a ellos, a sus prójimos o a la república, solían decir: «Por mi culpa ha ocurrido este mal.»
Versículo 20
«Su madre lo tiene a él solo» — él solo sobrevive de su madre; en hebreo, «él quedó solo de su madre», lo cual también puede decirse de alguien que ha muerto; pues Raquel, la madre de Benjamín, ya había muerto.
Versículo 21
«Pondré mis ojos sobre él» — lo miraré con benevolencia, seré benévolo con él, lo favoreceré y ampararé; de ahí que los Setenta traduzcan: «Tendré cuidado de él.»
Versículo 30
«Su vida» — la vida del padre depende de la vida del hijo; pues si el hijo muriera o fuese arrebatado, el padre moriría de dolor.
Versículo 32
«Sea yo verdaderamente» — sea yo tu siervo personal, pues te seré más útil en fuerza y experiencia que el muchacho Benjamín.