Cornelius a Lapide (Cornelius Cornelissen van den Steen, 1567–1637)
(José se revela a sus hermanos)
Sinopsis del Capítulo
José se revela a sus hermanos y, en el versículo 17, los envía de regreso a su padre con regalos, para que lo traigan a él; Jacob, en el versículo 26, apenas puede contenerse de gozo.
Texto de la Vulgata (Versículos 1–28)
1. No pudiendo ya contenerse José estando tantos presentes, mandó que saliesen todos fuera, y que ningún extraño estuviera presente en el mutuo reconocimiento. 2. Y alzó la voz con llanto, que oyeron los egipcios y toda la casa de Faraón. 3. Y dijo a sus hermanos: «Yo soy José; ¿vive aún mi padre?» Sus hermanos no podían responderle, sobrecogidos de un terror excesivo. 4. Y les dijo con dulzura: «Acercaos a mí.» Y cuando se hubieron acercado: «Yo soy», dijo, «José, vuestro hermano, a quien vendisteis para Egipto. 5. No temáis, ni os parezca duro que me hayáis vendido a estas regiones, porque Dios me envió delante de vosotros a Egipto para vuestra salvación. 6. Pues ya son dos años que comenzó el hambre en la tierra, y quedan aún cinco años en los cuales no se podrá ni arar ni segar. 7. Y Dios me envió por delante para que seáis preservados sobre la tierra, y podáis tener sustento para vivir. 8. No por vuestro consejo, sino por la voluntad de Dios fui enviado aquí, el cual me ha hecho como un padre para Faraón, y señor de toda su casa, y príncipe en toda la tierra de Egipto. 9. Daos prisa, y subid a mi padre, y le diréis: Esto es lo que manda tu hijo José: Dios me ha hecho señor de toda la tierra de Egipto; desciende a mí, no tardes, 10. y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú, y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ovejas y tus rebaños, y todo lo que posees. 11. Y allí te sustentaré (pues quedan aún cinco años de hambre), para que no perezcas tú, y tu casa, y todo lo que posees. 12. He aquí que vuestros ojos y los ojos de mi hermano Benjamín ven que es mi boca la que os habla. 13. Contad a mi padre toda mi gloria, y todo lo que habéis visto en Egipto; daos prisa y traedlo a mí.» 14. Y cayendo sobre el cuello de su hermano Benjamín, lloró, y Benjamín igualmente lloró sobre su cuello. 15. Y José besó a todos sus hermanos y lloró sobre cada uno; después de lo cual se atrevieron a hablarle. 16. Y se oyó, y se divulgó con pública fama en la corte del rey: «Han venido los hermanos de José», y Faraón y toda su casa se alegraron. 17. Y le dijo a José que mandara a sus hermanos, diciendo: «Cargad vuestras bestias e id a la tierra de Canaán, 18. y tomad de allí a vuestro padre y a vuestra parentela, y venid a mí; y yo os daré todos los bienes de Egipto, para que comáis la médula de la tierra. 19. Mandadles también que tomen carros de la tierra de Egipto para el transporte de sus pequeños y de sus esposas; y decid: Tomad a vuestro padre y venid con toda presteza. 20. Y no dejéis nada de vuestros enseres, porque todas las riquezas de Egipto serán vuestras.» 21. Y los hijos de Israel hicieron como se les había mandado. Y José les dio carros según la orden de Faraón, y provisiones para el camino. 22. También mandó sacar dos vestiduras para cada uno; pero a Benjamín le dio trescientas piezas de plata con cinco de las mejores vestiduras. 23. Y envió la misma cantidad de dinero y ropa a su padre, añadiendo diez asnos cargados con todas las riquezas de Egipto, y otras tantas asnas que llevaban trigo y pan para el camino. 24. Despidió pues a sus hermanos, y al partir les dijo: «No riñáis en el camino.» 25. Y subiendo de Egipto, llegaron a la tierra de Canaán, a su padre Jacob, 26. y le anunciaron, diciendo: José, tu hijo, vive, y él gobierna en toda la tierra de Egipto. Al oír esto Jacob, como despertando de un sueño profundo, sin embargo no les creía. 27. Ellos por el contrario le refirieron todo el orden del asunto. Y cuando vio los carros, y todo lo que había enviado, revivió su espíritu, 28. y dijo: Me basta si aún vive mi hijo José: iré, y lo veré antes de morir.
Versículo 3: «Yo soy José»
«Yo soy José.» Esta voz inesperada, como un rayo, dice Ruperto, golpeó a los hermanos y los dejó atónitos, mudos y casi fuera de sí; pues del temible poder de José, no esperaban sino la muerte merecida por su crimen.
Interpretación alegórica (San Ambrosio)
Alegóricamente, San Ambrosio, en su libro Sobre José, capítulo 12, dice: «¿Qué otra cosa clamó entonces, sino "Yo soy Jesús", cuando dijo a Pilato: "Tú lo dices, porque soy Rey. Acercaos a mí, porque yo me he acercado a vosotros, para que por la asunción de la carne me hiciera partícipe de vuestra naturaleza"?» Y mucho más después de su resurrección se mostró a sus discípulos, diciendo: «No temáis, yo soy. Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.» Así dice San Ambrosio. Véase también Hugo el Cardenal.
La caridad de José
Nótese aquí la caridad de José, quien, injuriado hasta la muerte, vengó su agravio primero con el olvido y el silencio; luego con caricias, abrazos, besos, lágrimas y suspiros; luego con el sustento benéfico y perpetuo de sus hermanos. «Besaba pues a cada uno, y lloraba sobre cada uno, y bañaba con lágrimas que brotaban los cuellos de los temblorosos, y así lavaba el odio de sus hermanos con las lágrimas de la caridad», dice San Agustín, Sermón 83 Sobre los Tiempos. Aprende de José que el filtro de amor más eficaz es: «para que seas amado, ama». Verdaderamente San Juan Crisóstomo, Homilía 13 al Pueblo, dice: «¿Quieres ser alabado? Alaba a otro. ¿Quieres ser amado? Ama. ¿Quieres obtener los primeros puestos? Cédelos primero a otro.»
Con este filtro de amor San Gregorio Nacianceno exhortó a sus católicos constantinopolitanos; pues cuando estos, hostigados y oprimidos por los arrianos bajo Valente, emperador arriano, y tras su muerte, bajo Teodosio, emperador ortodoxo, pensaban en devolver a aquellos lo mismo y afligirlos con iguales molestias, Nacianceno les dijo esto: «Cristo no exige estas cosas de nosotros, rebaño mío, ni así nos enseña el Evangelio. Ahora se nos ofrece la oportunidad de convertir a los que fueron extraviados por el error. Reconozcan los instruidos sus delitos, póstrense ante el Señor, confiesen su impiedad, mézclense con nuestro rebaño. Sea esta mi venganza: que quienes nos injuriaron alcancen la salvación, y profesen ser nobles las cosas que antes persiguieron. Sed mansos de espíritu, hijos míos. Aquel cuyo ánimo es apacible y paciente sobresale en prudencia. Haced bien a los que os persiguen con odio, y perdonadles enteramente sus ofensas. Pero si el ánimo arde vehementemente y no se deja refrenar de la ira, conceded al menos esto segundo: que encomendéis estas cosas a Cristo y las reservéis para el tribunal futuro. «Mía es la venganza, yo retribuiré, dice el Señor.»» Con estas palabras apaciguó al pueblo y lo atrajo a su parecer, como narra Gregorio el presbítero en la Vida de Gregorio Nacianceno.
Así San Martín rehusó privar al presbítero Bricio, su calumniador, de su cargo, diciendo: «Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a Bricio?» Es testigo Severo Sulpicio, en el Diálogo 3.
Con este filtro de amor los Mártires convirtieron a menudo a sus verdugos, cuando sanaron con sus oraciones a los castigados por Dios, como consta por la Vida de Santa Inés, que resucitó al hijo del Prefecto que la había atacado; por la Vida de los Santos Juan y Pablo, que libraron de un demonio al hijo del Prefecto Terenciano; por la Vida de los Santos Lorenzo y Pergentino, que con la oración devolvieron el vigor a sus verdugos que se habían quedado rígidos; por la Vida de San Sabino, que sanó al gobernador Venustiano, herido con dolor en los ojos; por la Vida de Santa Potamiena, Santa Cristina, Santa Anatolia, Santa Eugenia, Daría, y otros muchos más.
Versículo 5: «Dios me envió»
Nótese en segundo lugar con San Juan Crisóstomo: José aquí atenúa el pecado de sus hermanos, no por el hado ni por la homérica Ate, es decir, la diosa que los paganos creían que traía males y cosas nocivas, sino por la providencia de Dios, que ordenó su crimen a la gloria de José y al bien de ellos mismos y del público. De ahí que José los consuela y exhorta a no afligirse, ni a afligirse mutuamente por esto, pues él mismo no se aflige sino que se regocija; por lo cual dice:
5. «Dios me envió», como si dijera: Dios, mediante vuestro crimen por el que me vendisteis, me envió y dirigió aquí, para que proveyese al hambre de vosotros y de otros; por tanto, no tanto ha de condenarse vuestra iniquidad contra mí, cuanto ha de proclamarse la providencia y misericordia de la sabiduría divina. Así dice San Juan Crisóstomo.
Versículo 6: El hambre y el Nilo
6. «Ni se podrá arar», excepto solo en unos pocos campos adyacentes al Nilo; pues los demás serán estériles, porque el Nilo, que sirve de lluvia para Egipto, no se desbordará como de costumbre ni fertilizará los campos.
Nota cronológica
«Ya son dos años.» De aquí se deduce que estas cosas sucedieron, y que los hermanos y su padre Jacob descendieron a Egipto en el segundo año del hambre, cuando Jacob tenía 130 años y José tenía 39; pues a los 30 años de edad José fue elevado al principado: luego siguieron 7 años de fertilidad y dos de hambre; por tanto, en este segundo año de hambre tenía 39 años, y consecuentemente nació en el año 91 de Jacob; pues si restas 39 de 130, obtendrás 91, como dije antes. Esta es la base y la clave de la cronología de esta época: de ahí que deba repetirse frecuentemente.
Versículo 8: La voluntad de Dios y la acción humana
8. «No por vuestro consejo, sino por la voluntad de Dios fui enviado aquí.» «Por la voluntad», es decir, que predeterminó mi exaltación, y solo permitió mi venta, para que a través de ella fuese exaltado: así Suárez y otros generalmente. De ahí que no dice: «Vosotros me enviasteis», porque al enviarme pecasteis; sino: «Fui enviado», porque Dios es el autor del padecimiento, así como de mi paciencia, con la que sufrí y toleré vuestro crimen; pero no es el autor de vuestra acción: pues esta fue pecado. Así sobre Cristo dice Pedro en Hechos, capítulo 2, versículo 23: «A este, entregado por el determinado consejo y presciencia de Dios, vosotros, por manos de inicuos, lo crucificasteis y lo matasteis.» Pues Dios había decretado la pasión de Cristo, pero no la crucifixión por parte de los judíos.
Pues, como dicen los Teólogos, «la acción (de los judíos) desagradó, pero la pasión (de Cristo) fue grata» a Dios.
Versículo 8: «Padre de Faraón»
«Quien me hizo como padre de Faraón.» «Padre», es decir, rector, consejero, gobernador. Pues José gobernaba todos los asuntos de Faraón con su consejo y prudencia, como si hubiese sido su padre. Así dice Vatablo. Además, administraba el grano y las provisiones para toda la corte, más aún, para todo el reino de Faraón, como si hubiese sido el padre de familia de todo el reino. Así el rey de Tiro llama a su íntimo consejero, a saber, Hiram, su padre, en 2 Crónicas 11:13. Y Amán es llamado padre de Artajerjes, Ester 13:6. Por tanto, «padre del rey» era un título de honor y de la más alta dignidad en las cortes de los reyes de Tiro, Egipto y Persia, así como entre los españoles, italianos y franceses existe el ecónomo, que llaman Mayordomo, quien administra las provisiones y demás necesidades de la corte, así como un padre de familia administra su hogar. Así dice Pineda, libro 5, Sobre Salomón, página 197.
Bellamente San Juan Crisóstomo dice en la Homilía 64, en la persona de José: «Aquella servidumbre me conquistó esta soberanía, aquella venta me elevó a esta gloria; aquella aflicción fue para mí la ocasión de este honor; aquella envidia me produjo este renombre. No solo oigamos estas cosas, sino también imitémoslas, y así consolemos a quienes nos afligieron, no imputándoles lo que cometieron contra nosotros, y soportando todas las cosas con gran benevolencia, como aquel varón admirable.»
Versículo 9: El mensaje de José a Jacob
9. «Manda», es decir, significa, anuncia, pide: pues José no podía, ni quería, propiamente mandar a su padre.
Versículo 11: «Para que no perezcas tú también»
11. «Para que no perezcas tú también.» En hebreo es: pen tivvaresh, para que no te empobrezcas, es decir, para que no padezcas necesidad y hambre, y así perezcas. Así el Caldeo y Vatablo.
Versículo 18: «La médula de la tierra»
18. «La médula de la tierra.» En hebreo es, la grasa de la tierra, es decir, las cosechas y los mejores y más ricos frutos de la tierra.
Versículo 22: «Dos vestiduras»
22. «Dos vestiduras.» En hebreo es, mudas de vestidos: por tanto al menos dos, para que pudieran cambiar una por otra de vez en cuando. Pues el número plural entre los hebreos comprende el dual.
Nótese: Las mudas de vestidos son llamadas por los hebreos hermosas y excelentes, tales como las que nos ponemos en las fiestas, cuando cambiamos las cotidianas más baratas por las festivas más honrosas: de ahí que nuestro Traductor vertió «vestiduras».
Trescientas piezas de plata
«Trescientas piezas de plata.» Trescientos florines brabantinos; pues el siclo de plata, o estáter, valía y pesaba cuatro reales españoles. Sobre esto véase más en Éxodo 30:43.
Versículo 24: «No riñáis en el camino»
24. «No riñáis en el camino.» En hebreo es, no contendáis, a saber, echándose unos a otros y reprochándose el crimen cometido contra mí. Así como Rubén había comenzado a hacer poco antes, diciendo: «¿No os dije: No pequéis contra el muchacho, y no me escuchasteis? He aquí que se pide cuenta de su sangre», capítulo 42, versículo 22. Así dice San Juan Crisóstomo.
Moralmente, San Ambrosio, en su libro Sobre José, capítulo 13, dice: «Enseña que la discordia ha de evitarse especialmente en el camino, donde la misma compañía del viaje debe ser inviolable, y ha de tener la comunión de la gracia.»
Versículo 26: «Como despertando de un sueño profundo»
26. «Como despertando de un sueño profundo.» Asombrado y estupefacto, de modo que no podía ni hablar, ni entender, ni concebir cosa tan grande: pues tales son los que despiertan de repente; en hebreo es, su corazón desfallecía, es decir, recibió tan gran consuelo que de gozo y admiración su corazón casi faltó, cesó su espíritu vital, y así casi cayó en un desvanecimiento.
Versículo 27: «Revivió su espíritu»
27. «Revivió su espíritu.» Como la llama de una lámpara que, muriéndose al acabarse el aceite, revive cuando se le echa aceite, dice San Juan Crisóstomo. De ahí que lee según los Setenta: «El anciano se reencendió (es decir, dice él, "de viejo se hizo joven"), el decrépito mirando la tierra.» De igual manera Jacob, cuyo corazón antes había desfallecido por la admiración de cosa tan inesperada e increíble y de la noticia más gozosa, versículo 26, ahora viendo los carros y todo el equipamiento que le había enviado José, volvió en sí, creyó la gozosa noticia de que José vivía, y así como que revivió. El Caldeo traduce: El Espíritu Santo reposó sobre Jacob, padre de ellos; porque, como explican los hebreos, el Espíritu Santo no permanece en los hombres tristes, afligidos, melancólicos, y por tanto perezosos e indolentes, sino en los animosos, alegres, vigorosos, resueltos y activos, cual Jacob se tornó entonces: y por eso recibió el espíritu profético, como consta en el capítulo siguiente, versículo 4, del que hasta entonces, estando en duelo, había carecido. Así dicen ellos, por lo que su testimonio valga.
Versículo 28: «Me basta»
28. «Me basta.» En hebreo, es mucho para mí, como si dijera: Me regocijo en abundancia; esta noticia tan gozosa supera mis deseos y esperanzas; no hay nada más que pueda desear o anhelar. «Ahora aquel joven ha levantado mi mente, y ha ahuyentado la debilidad de la vejez, y ha fortalecido mi razón», dice San Juan Crisóstomo, Homilía 65.