Cornelius a Lapide

Génesis XLVIII

(Jacob bendice a Efraín y Manasés)



Sinopsis del capítulo

Jacob adopta a Efraín y Manasés como sus propios hijos, y bendiciéndolos en el versículo 14, antepone a Efraín sobre Manasés, el mayor, y en el versículo 22, reserva una porción para José.


Texto de la Vulgata

1. Pasadas estas cosas, fue anunciado a José que su padre estaba enfermo; y tomando a sus dos hijos Manasés y Efraín, fue a verle. 2. Y se dijo al anciano: He aquí que tu hijo José viene a ti. Y él, fortalecido, se sentó en el lecho. 3. Y cuando hubo entrado a él, le dijo: Dios todopoderoso se me apareció en Luz, que está en la tierra de Canaán, y me bendijo, 4. y dijo: «Yo te acrecentaré y multiplicaré, y te haré una multitud de pueblos; y daré esta tierra a ti y a tu descendencia después de ti en posesión perpetua.» 5. Así pues, tus dos hijos, que te nacieron en la tierra de Egipto antes de que yo viniera aquí a ti, serán míos: Efraín y Manasés serán contados como míos, igual que Rubén y Simeón. 6. Pero los demás que engendres después de ellos serán tuyos, y serán llamados por el nombre de sus hermanos en sus herencias. 7. Pues cuando yo venía de Mesopotamia, murió Raquel en la tierra de Canaán en el mismo camino, y era primavera; y yo entraba en Efratá, y la sepulté junto al camino de Efratá, que por otro nombre se llama Belén. 8. Y viendo a sus hijos, le dijo: ¿Quiénes son éstos? 9. Respondió: Son mis hijos, que Dios me ha dado en este lugar. «Tráelos», dijo, «a mí, para que los bendiga.» 10. Pues los ojos de Israel estaban oscurecidos por la mucha vejez, y no podía ver con claridad. Y habiéndolos acercado a él, los besó y abrazó, 11. y dijo a su hijo: «No he sido privado de tu vista; además Dios me ha mostrado tu descendencia.» 12. Y cuando José los hubo tomado del regazo de su padre, se postró con el rostro en tierra. 13. Y puso a Efraín a su derecha, esto es, a la izquierda de Israel; y a Manasés a su izquierda, a la derecha de su padre, y los acercó a ambos a él. 14. Y él, extendiendo su mano derecha, la puso sobre la cabeza de Efraín, el hermano menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, que era el mayor, cruzando las manos. 15. Y Jacob bendijo a los hijos de José, y dijo: «Dios, ante cuya presencia caminaron mis padres Abrahán e Isaac; Dios que me apacienta desde mi juventud hasta el día presente; 16. el Ángel que me ha librado de todos los males, bendiga a estos niños; y sea invocado sobre ellos mi nombre, y también los nombres de mis padres Abrahán e Isaac, y multiplíquense en abundancia sobre la tierra.» 17. Y cuando José vio que su padre había puesto su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pesó, y tomando la mano de su padre, intentó levantarla de la cabeza de Efraín y trasladarla a Manasés. 18. Y dijo a su padre: «No conviene así, padre, pues éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.» 19. Pero él, rehusando, dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; y éste ciertamente llegará a ser pueblos, y será multiplicado; pero su hermano menor será mayor que él, y su descendencia crecerá en naciones.» 20. Y los bendijo en aquel tiempo, diciendo: «En ti será bendecido Israel», y se dirá: «Hágante Dios como a Efraín y como a Manasés.» Y antepuso a Efraín sobre Manasés. 21. Y a José su hijo le dijo: «He aquí que yo muero, y Dios estará con vosotros y os hará volver a la tierra de vuestros padres. 22. Te doy una porción más que a tus hermanos, la cual tomé de mano del amorreo con mi espada y mi arco.»


Versículo 2

«Fortalecido» — tanto por el gozo concebido ante la llegada de su hijo queridísimo José, como por el don especial y la fortaleza de Dios, quien infundió al cuerpo un espíritu de fortaleza, y asimismo al alma de Jacob, que estaba a punto de morir y despedirse de los suyos, un espíritu de profecía, como es evidente por lo que sigue.


Versículo 4

«Te daré esta tierra» — a saber, Canaán. Jacob aquí, seguro por la promesa de Dios de que Canaán le sería entregada, esto es, a su posteridad, aquí y en el capítulo siguiente la divide y distribuye entre sus doce hijos.

«En posesión perpetua» — no de modo absoluto, sino con respecto a tu estirpe y nación, como si dijera: Mientras perdure tu nación, tu pueblo, la república y el reino de tus hijos, por tanto tiempo poseerán Canaán; y en consecuencia, siempre, es decir, durante todo el tiempo de su república y reino la poseerán. Pues si la nación es derribada o perece, ¿qué tiene de extraño que ya no posea su tierra? Véase el Canon 4.


Versículo 5

«Serán míos» — los considero mis hijos, igual que a Rubén y Simeón. Nótese: Jacob aquí adopta a los dos hijos de José, sus nietos, a saber Efraín y Manasés, como sus propios hijos, para que cada uno de ellos constituyera una tribu separada y entrara en su propia herencia en Canaán, igual que Rubén, Simeón y sus demás hijos. Pues de otro modo Efraín y Manasés, sucediendo a su padre José, habrían constituido una sola tribu de José y habrían entrado en una sola porción paterna en Canaán. Pero ahora la tribu de José es dividida por Jacob en dos, a saber en Efraín y Manasés, de modo que son contados y suceden con igual derecho junto a Rubén, Judá y sus demás hijos inmediatos.


Versículo 6

«Pero los demás que engendres después de ellos serán tuyos» — serán considerados tuyos. Pues Efraín y Manasés, adoptados por mí, son considerados míos. No leemos que José haya engendrado otros.

«Y serán llamados por el nombre de sus hermanos en sus posesiones.» «Hermanos», a saber Efraín y Manasés, como si dijera: Si engendras algunos hijos después de éstos, no constituirán una tribu separada, sino que serán agregados a la tribu de Efraín o de Manasés, y en la división de Canaán recibirán la misma porción de herencia con ellos.


Versículo 7

«Pues cuando yo venía de Mesopotamia, murió Raquel.» En lugar de «pues», el hebreo puede traducirse «pero». Así Vatablo. Jacob introduce aquí ante José la mención de Raquel, primeramente porque Raquel era la madre de José y la esposa más amada de Jacob; pues los padres acostumbran frecuentemente a reavivar ante los hijos la memoria de las madres, como si dijera: He hablado de tus hijos, que los adopto como míos; pues en cuanto a Raquel tu madre, me fue arrebatada prematuramente, y murió cuando aún podía haberme dado más hijos; y por eso, en lugar de ellos, adopto a tus hijos como míos.

En segundo lugar, parece que Jacob, por la conversación con José en el capítulo precedente, había percibido en él algunas señales de asombro acerca de por qué el padre deseaba tan ardientemente y con tanto gasto ser sepultado en Canaán, a saber en Hebrón entre sus antepasados, cuando sin embargo no había sepultado allí a su amadísima Raquel, sino en Belén. Jacob aquí, pues, sale al paso de este asombro y se excusa diciendo que tuvo que sepultar a Raquel no para evitar gastos o las dificultades del camino, sino por la primavera, en la que los cuerpos muertos fácilmente se corrompen y pudren, inmediatamente en el lugar donde se encontraba, a saber cerca de Belén, y no pudo, como deseaba, trasladarla a Hebrón. Así Lirano, Abulense y otros.

La Glosa añade, en tercer lugar, que quizás proféticamente Jacob conmemora aquí que Raquel está sepultada en Belén, porque allí había de nacer Cristo, como si Jacob previese esto mismo aquí en espíritu.


Versículo 11

«No he sido privado de tu vista.» El hebreo es más expresivo: «Que yo viera tu rostro, jamás lo habría pensado, y he aquí que Dios me ha mostrado incluso tu descendencia.» Así Vatablo.


Versículo 12

«Del regazo de su padre.» Efraín y Manasés, acercándose a su abuelo Jacob, quien estaba sentado en el lecho a causa de la vejez, se habían arrodillado y colocado sus cabezas en su regazo. Para que no gravaran al abuelo, y para que él pudiera bendecirlos más cómodamente, José los retiró de allí y los colocó a uno y otro lado de su padre.

Nótese: Efraín y Manasés en este año 147 de Jacob, que fue el 56 de José, tenían fácilmente 22 años; pues nacieron antes de los siete años de hambre, poco después del comienzo del gobierno de su padre, que tuvo lugar en su año 30, como es claro por el capítulo 41, versículos 50 y siguientes.

«Adoró» — José adoró tanto a su padre, inclinándose reverentemente ante él, como propiamente a Dios, dando gracias por este beneficio y la bendición de su padre. Nótese aquí la humildad, obediencia, piedad y caridad del príncipe José hacia su progenitor humilde y enfermo. Así el Beato Tomás Moro, siendo Canciller de Inglaterra, de rodillas pedía la bendición a su padre, y asimismo servía devotamente al sacerdote celebrante. Alfonso, rey de Aragón, saliendo al encuentro de su padre Fernando, desmontó de su caballo y lo acompañó a pie; y cuando su padre le exhortó a cabalgar a su lado como hacían los demás nobles, respondió: «Los demás pueden ser libres de hacer lo que quieran; yo jamás me dejaré persuadir de no seguir a pie a mi padre, a mi rey, y además enfermo.» Testigo es Panormitano. El rey Salomón, levantándose, salió al encuentro de su madre Betsabé, y postrándose ante ella, le rindió honor, y mandó colocar un trono para ella a su derecha, añadiendo: «Pide, madre mía; pues no es justo que yo rechace tu rostro», 3 Reyes 2, 20.


Versículo 14

«Puso su mano derecha sobre la cabeza de Efraín.» Jacob aquí proféticamente prefiere al menor Efraín sobre el mayor Manasés. Primero, porque de Efraín habían de nacer los reyes de Israel, a saber de las diez tribus. Así Eusebio. Segundo, porque esta tribu superaría a la tribu de Manasés tanto en gloria como en número, como predice Jacob en el versículo 19. Tercero, porque de Efraín había de nacer Josué, que fue el caudillo de Israel y los condujo a Canaán, de donde también fue tipo de Cristo, que nos conduce al cielo. Así San Jerónimo.

Nótese: Jacob significa esta preferencia y preeminencia de Efraín sobre Manasés por medio de la mano derecha que puso sobre él; pues la mano derecha es más noble, más poderosa y más fuerte que la izquierda. Obsérvese aquí que la mano derecha es símbolo en las Escrituras: primero, de fuerza y fortaleza, como en el Salmo 10: «Que tu diestra encuentre a todos los que te aborrecen»; y en el Salmo 43: «Su brazo no los salvó, sino tu diestra.» Segundo, de auxilio y asistencia, como en Job 14: «Extenderás tu diestra a la obra de tus manos.» Tercero, de honor y gloria, como en el Salmo 109: «Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra.» Y en Mateo 25, se dice que los elegidos en el día del juicio serán colocados a la diestra de Cristo; y Salomón, en 3 Reyes 2, queriendo honrar a su madre, la colocó en un trono a su diestra. Cuarto, de amor extraordinario, como en Cantares 2: «Su diestra me abrazará.» Quinto, de admirable deleite y dulzura, como en el Salmo 15: «Delicias a tu diestra.» Sexto, la diestra en las Escrituras significa lo que es bueno, recto y santo, así como la izquierda significa lo que es malo, pequeño y perverso, como en Proverbios 14: «El Señor conoce los caminos que están a la derecha; pero perversos son los que están a la izquierda.» Y Eclesiastés 10: «El corazón del sabio está a su derecha, y el corazón del necio a su izquierda.» Así decimos comúnmente: sospecha siniestra, ojo siniestro, juicio siniestro, es decir, malo. Séptimo, la diestra significa los bienes supremos, que son eternos; mientras que la izquierda significa los bienes pequeños y escasos, que son temporales, Proverbios 3, 16: «Longitud de días hay en su diestra, y en su izquierda riquezas y gloria.» Donde por longitud de días se significa la eternidad de la vida bienaventurada, que trae la sabiduría; y por riquezas y gloria se significan los bienes humanos y temporales de la vida presente. Así Pererio.

«Cruzando las manos.» En hebreo es sickel et iadav, «hizo entender sus manos», es decir, voluntaria, consciente y prudentemente traspuso sus manos, a saber en forma de aspa, a modo de cruz.

De ahí que alegóricamente, Ruperto dice: Efraín representa a los gentiles, quienes por la transposición de las manos, es decir, por la cruz de Cristo, en quien creyeron, fueron preferidos a Manasés, es decir, a los judíos. Así también Tertuliano, en su libro Sobre el bautismo, y Damasceno, libro 4, capítulo 12, enseñan que las manos cruzadas de Jacob prefiguraron la cruz de Cristo.


Versículo 15

«Ante cuya presencia caminaron» — a quien, como presente y observándolos siempre, reverenciaron; a quien, como siervos, asistieron y sirvieron; ante quien mis padres vivieron siempre de manera santa y reverente. Véase lo dicho en el capítulo 5, versículo 22.

«Dios que me apacienta desde mi juventud.» «Éstas», dice San Juan Crisóstomo, «son palabras de un alma agradecida y piadosa, que bien recuerda los beneficios de Dios.»


Versículo 16

«El Ángel» — mi custodio, supliendo aquí la palabra «también», como si dijera: Que Dios bendiga a estos niños, y que mi ángel también los bendiga. Así Vatablo y Abulense.

«Sea invocado sobre ellos mi nombre» — es decir, que sean llamados mis hijos, y en consecuencia hijos de Isaac y de Abrahán. Así Teodoreto. Pues esto es lo que significa en la Escritura «que el nombre de alguien sea invocado sobre otro», como cuando se dice: «Tu nombre ha sido invocado sobre nosotros», el sentido es: somos llamados con tu nombre, a saber, somos llamados tus hijos, tu pueblo.

Moralmente, San Juan Crisóstomo, homilía 66, enseña a los padres que, a ejemplo de Jacob, deben dejar a sus hijos no tanto riquezas como la bendición de Dios. «No pongamos, pues», dice, «nuestro empeño en acumular riquezas para dejarlas a nuestros hijos. Sino enseñémosles la virtud, y roguemos por la bendición de Dios sobre ellos. Éstas son las riquezas inefables que no se consumen, que diariamente acrecientan nuestra hacienda. Pues nada es igual a la virtud, nada más poderoso que la virtud: si no la posee quien lleva la corona, será más miserable que cualquier pordiosero harapiento. Enseñemos por tanto a nuestros hijos esto: que prefieran la virtud a todas las cosas, y que tengan en nada la abundancia de riquezas.» Pues esto es frecuentemente para los jóvenes lo que el cuchillo es para los niños, que las madres les quitan para que no se hagan daño. «Pues de las riquezas nacen el lujo, la molicie, los placeres absurdos e infinitos males.»


Versículo 19

«Crecerá en naciones.» En hebreo, «será una plenitud o multitud de naciones», es decir, naciones, familias y pueblos plenos, numerosos y abundantes nacerán de él, e incluso reyes que gobernarán sobre las diez tribus, como sobre muchas naciones.


Versículo 20

«En ti será bendecido Israel.» «En ti», es decir, a tu ejemplo: pues la beth de la preposición se usa por la kaph afín de comparación, como si dijera: Cuando los padres quieran orar bien por sus hijos israelitas, dirán: Que Dios te multiplique, como multiplicó a Efraín y Manasés.

Tropológicamente, Teodoreto dice: Aprende aquí que Dios no elige ni prefiere las cosas primeras y más nobles, como hacen los hombres, sino las últimas y más humildes. Así Dios prefirió y antepuso al hombre sobre el ángel, a Abel sobre Caín, a Isaac sobre Ismael, a Jacob sobre Esaú, a José sobre Rubén, a Moisés sobre Aarón, y a David sobre sus siete hermanos.


Versículo 22

«Te doy una porción más que a tus hermanos, la cual tomé de mano del amorreo con mi espada y mi arco.» Esta porción singular, que Jacob separó de la división de Canaán y dio por donación especial a José, era el campo de la ciudad de Siquén o Sicar, como es claro por Juan 4, 5 y por los Setenta, que traducen: «Te doy Siquén, preeminente sobre todos tus hermanos», etc. Pues tomaron el hebreo sechem como nombre propio, que significa Siquén o Siquima, que San Jerónimo, el Caldeo y otros tomaron como nombre común, que significa «hombro», es decir, una porción.

Se objetará: Jacob compró este campo, capítulo 33, versículo 19, y Josué, último capítulo, versículo 32. ¿Cómo se dice entonces aquí que lo adquirió con la espada? Primero, Eusebio y San Juan Crisóstomo responden que Simeón y Leví sometieron la ciudad y el campo de Siquén a sí mismos y a su padre por derecho de guerra, a causa de la violación de Dina infligida por los siquemitas. Pero el propio padre Jacob condenó esta violencia y esta guerra, no sólo en vida sino también al morir, como es claro por el capítulo siguiente, versículo 6.

Segundo, el Caldeo, y a partir de él Abulense e Ibn Ezra, traducen: «la cual tomé con la espada», es decir, con oración y súplicas; pues éstas son las armas y las espadas de los piadosos y los santos, como era Jacob.

Tercero, San Jerónimo dice: «Con espada y arco», es decir, con fuerza, a saber con dinero que adquirí con mucho trabajo y sudor. De ahí que el hebreo keschet, que la Vulgata traduce como «arco», si se escribe con thet, significa una moneda. Así en latín, sagittarius es una voz ambigua: pues significa tanto un hombre (un arquero) como una moneda persa, así llamada por el tipo de grabado que llevaba. Este tipo de moneda era el mismo que las también llamadas dáricos, como atestigua Plutarco en sus Apotegmas. De aquí nació el célebre dicho de Agesilao, que «había sido expulsado de Asia por treinta mil arqueros», cuando el rey persa, habiendo corrompido a los atenienses por medio de Timócrates con aquella suma de monedas, logró que se retirase de la provincia.

Cuarto, algunos hebreos piensan que se trata de una prolepsis e intercambio de tiempo: «la cual tomé», es decir, la cual tomaré y recibiré, a saber por medio de mis nietos y descendientes, que bajo Josué conquistarán Siquén y toda Canaán y la someterán.

Quinto, y mejor que todo: Jacob primero compró con dinero el campo situado en Siquén a Hamor, capítulo 33, versículo 19. Pero cuando, tras la matanza infligida a Siquén por sus hijos, temiendo que los cananeos a su vez lo atacaran, partió de allí, entonces los amorreos vecinos ocuparon este campo de Siquén. Cuando Jacob regresó, los expulsó por la fuerza y las armas, y recuperó su campo con espada y arco. Pues esto se afirma aquí claramente, aunque el acontecimiento no se narre en otra parte. Así Pererio, siguiendo a Andrés Masio.