Cornelius a Lapide

Éxodo VI


Índice


Sinopsis del capítulo

Dios alienta a Moisés y le revela su nombre Jehová. En segundo lugar, versículo 14, se recuenta la genealogía de Rubén, Simeón y Leví hasta Moisés y Aarón.


Texto de la Vulgata: Éxodo 6:1-30

1. Y el Señor dijo a Moisés: Ahora verás lo que haré al Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano poderosa los expulsará de su tierra. 2. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Yo soy el Señor 3. que aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso; y Mi nombre Adonai no se lo di a conocer. 4. Y establecí Mi alianza con ellos, para darles la tierra de Canaán, tierra de su peregrinación, en la cual fueron extranjeros. 5. He oído el gemido de los hijos de Israel, con el que los egipcios los han oprimido; y me he acordado de Mi alianza. 6. Por tanto, di a los hijos de Israel: Yo soy el Señor, que os sacaré del presidio de los egipcios y os rescataré de la servidumbre; y os redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. 7. Y os tomaré como pueblo mío, y seré vuestro Dios; y sabréis que Yo soy el Señor vuestro Dios, que os saqué del presidio de los egipcios, 8. y os introduje en la tierra sobre la cual alcé Mi mano para darla a Abraham, a Isaac y a Jacob; y os la daré en posesión, Yo el Señor. 9. Moisés pues refirió todo esto a los hijos de Israel, quienes no le escucharon por la angustia de espíritu y el durísimo trabajo. 10. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 11. Entra y habla al Faraón, rey de Egipto, para que deje ir a los hijos de Israel de su tierra. 12. Respondió Moisés ante el Señor: He aquí que los hijos de Israel no me escuchan; ¿y cómo escuchará el Faraón, siendo yo además incircunciso de labios? 13. Y el Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio mandato para los hijos de Israel y para el Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 14. Estos son los jefes de las casas de sus padres, por sus familias. Los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc y Falú, Hesrón y Carmí: 15. estas son las familias de Rubén. Los hijos de Simeón: Jamuel, y Jamín, y Ahod, y Jaquín, y Soar, y Saúl hijo de cananea: estos son los descendientes de Simeón. 16. Y estos son los nombres de los hijos de Leví por sus familias: Guersón y Caat y Merari; y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete. 17. Los hijos de Guersón: Lobní y Semeí, por sus familias. 18. Los hijos de Caat: Amram, e Isar, y Hebrón, y Oziel; y los años de la vida de Caat fueron ciento treinta y tres. 19. Los hijos de Merari: Majlí y Musí. Estas son las familias de Leví por sus linajes. 20. Y Amram tomó por esposa a Jocabed, hermana de su padre, la cual le dio a luz a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete. 21. Los hijos de Isar: Coré, y Néfeg, y Zicrí. 22. Los hijos de Oziel: Misael, y Elisafán, y Sitrí. 23. Y Aarón tomó por esposa a Elisabet, hija de Aminadab, hermana de Nahasón, la cual le dio a luz a Nadab, y a Abiú, y a Eleazar, y a Itamar. 24. Los hijos de Coré: Asir, y Elcaná, y Abiasaf. Estas son las familias de los coreítas. 25. Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó esposa de entre las hijas de Putiel, la cual le dio a luz a Finées. Estos son los jefes de las familias levíticas por sus linajes. 26. Este es el Aarón y Moisés a quienes el Señor mandó sacar a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones. 27. Estos son los que hablaron al Faraón, rey de Egipto, para sacar a los hijos de Israel de Egipto: este es Moisés y Aarón, 28. el día en que el Señor habló a Moisés en la tierra de Egipto. 29. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Yo soy el Señor; habla al Faraón, rey de Egipto, todo lo que Yo te digo. 30. Y Moisés dijo ante el Señor: He aquí que soy incircunciso de labios; ¿cómo me escuchará el Faraón?


Versículo 1: Ahora verás lo que haré al Faraón

1. Y EL SEÑOR DIJO A MOISÉS — que estaba orando e invocando a Dios, como se ve en el capítulo precedente, versículo 22. Dijo, digo, o bien por medio de un ángel que aparecía en forma visible y hablaba con voz audible — pues Dios trataba familiarmente con Moisés, como consta de Números 12 — o bien mediante una inspiración oculta e interna, como suele hablar y responder a los profetas. Y esto parece más verosímil, tanto porque aquí no se expresa ninguna especie, forma ni símbolo de Dios, como ocurre en el capítulo 3, versículo 2, y en el capítulo 4, versículo 24; como porque no es creíble que Dios aquí tantas veces, esto es, en cada una de las plagas, se apareciese visiblemente a Moisés; y también porque Dios aquí respondió a Moisés del modo en que se dice que Moisés se acercó y consultó al Señor en el capítulo precedente, versículo 22. Moisés, sin embargo, no se acercó al Señor aparecido visiblemente, sino que en su aposento y oratorio se acercó y consultó espiritualmente a Dios.

AHORA VERÁS. Como si dijera: No me demoraré; he aquí que me ciño para la obra de libraros del Faraón.

LO QUE HARÉ AL FARAÓN — qué males, qué plagas estoy por infligirle; de ahí que él mismo, «con mano poderosa,» es decir, obligado por la mano poderosa de Dios, «los expulsará» — no solo los dejará ir, sino que obligará a los hebreos a partir, y ello apresuradamente, para apartar de sí la mano vengadora de Dios.


Versículos 2 y 3: Yo soy el Señor que aparecí a Abraham

2 y 3. YO SOY EL SEÑOR QUE APARECÍ A ABRAHAM, A ISAAC Y A JACOB COMO DIOS TODOPODEROSO. En hebreo es beel saddai, es decir, «como Dios fuerte y generoso,» o liberal. Ahora bien, «como Dios» significa «a semejanza de Dios,» o «como Dios liberal»; pues los hebreos a menudo toman beth por el afín kaph, que es la marca de semejanza. Nótese: Saddai significa a Dios como si fuera «mamario» [mammeus], que otorga toda suficiencia y abundancia, como expliqué extensamente en Génesis 17:1. A lo cual se añade que Saddai, en segundo lugar, puede derivarse de scadad, es decir, «saquear,» de modo que Dios se llama Saddai, esto es, saqueador y devastador de cuanto le place, a lo cual alude Isaías en el capítulo 13, versículo 6, cuando dice: «Como devastación del Todopoderoso» (en hebreo, «como devastación de scod, de Saddai,» es decir, como devastación de Dios devastador) «vendrá»; y Job capítulo 23, versículo 16, cuando dice en el hebreo: «Saddai me ha turbado.» Ahora bien, el sentido de este pasaje es, como si dijera: Yo, Dios, traté con vuestros padres, a saber, Abraham, Isaac y Jacob, y viví entre ellos como Dios Saddai, es decir, me les mostré como todopoderoso y munífico, les mostré que tenía riquezas en abundancia para enriquecerlos: pues arrebaté las riquezas de los cananeos, los geraritas, los sodomitas, Labán, Esaú y otros, y se las di a Abraham, Isaac y Jacob, como consta del Génesis.

Místicamente, Dios Saddai aparece a los santos a quienes hace estar contentos con su suerte, aun cuando sea mísera, y a quienes colma de su gracia y dones espirituales, y especialmente a aquellos a quienes hace ser generosos para con los demás. San Gil, compañero de San Francisco, cuando le preguntaron quién es bienaventurado, respondió: «El que ama y no desea ser amado; el que sirve y no desea ser servido; el que se conduce bien hacia los demás, pero no con el fin de que ellos a su vez se conduzcan bien hacia él.» Pues tal persona imita a Dios Saddai, de quien dice el Salmista en el Salmo 15:2: «Dije al Señor: Tú eres mi Dios, pues no necesitas de mis bienes.» Pues Dios se comunica a Sí mismo y todas sus cosas a todos, y no recibe ni espera nada de nadie.

Y MI NOMBRE ADONAI NO SE LO DI A CONOCER. En hebreo no es Adonai, sino el Tetragrámmaton, compuesto de cuatro letras, a saber, yod, he, vav y he. Puesto que es inefable, el Traductor [Vulgata], siguiendo la costumbre de los antiguos, sustituyó por él el nombre Adonai; pues de otro modo, Dios en el Génesis sí reveló el nombre Adonai a los patriarcas, y se llama a Sí mismo Adonai. Nótese aquí de paso que Adonai es trisílabo, no tetrasílabo; porque la última sílaba es el diptongo ai, y por tanto este nombre ha de pronunciarse A-do-nai, no A-do-na-i.


Los diez nombres de Dios

San Jerónimo señala, en la Epístola 136 a Marcela, que hay diez nombres de Dios. El primero es El, es decir, «fuerte,» como traduce Áquila. El segundo es Eloha, que significa a Dios como providente, gobernante, juez y vengador, como dije en Génesis 1:1. El tercero es Elohim, que es el plural del nombre Eloha. El cuarto es Sabaoth, es decir, «de ejércitos» o «de huestes,» como traduce Áquila: este no es un nombre sino un sobrenombre de Dios; de ahí que siempre se une con otro nombre de Dios, pues se dice Adonai Sabaoth, esto es, «Señor de las potencias» o «de los ejércitos.» El quinto es Elion, es decir, «Altísimo,» Génesis 14:22. Además, veneramos una triple excelsitud y sublimidad en Dios: primera, de ser, porque Dios es el primer y supremo ser; segunda, de causalidad, porque Dios es la primera causa de la que dependen todas las demás causas; tercera, de perfección, porque Dios es la suprema e infinita perfección. El sexto nombre es eie azer eie, esto es, «Yo soy el que soy,» o «el que es.» De ahí que en Éxodo 3 se diga: «El que es, me ha enviado.» El séptimo es Adonai, esto es, «Señor.» El octavo es Yah, que es una abreviación de Jehová, y suena en el Aleluya. Pues Aleluya se compone de hallelu, es decir, «alabad,» y yah, es decir, «Dios.» El noveno es Saddai, esto es, munífico, liberal, todopoderoso. El décimo es el Tetragrámmaton e inefable, que comúnmente se pronuncia Jehová.


Cuestión 1: Por qué el Tetragrámmaton se llama inefable

Se pregunta aquí en primer lugar por qué el Tetragrámmaton fue llamado por los antiguos y por San Jerónimo anekphoneton, es decir, «inefable,» por Teodoreto aphraston, es decir, «indecible,» y por el Damasceno aparrheton, es decir, «inexpresable.» Algunos piensan que este nombre era verdaderamente inefable porque consta de solo cuatro consonantes y carece de vocales, sin las cuales no podemos pronunciar ni articular las letras consonantes. Pero esto es improbable; pues Dios aquí pronunció este nombre suyo cuando lo reveló y lo profirió ante Moisés. Además, el mismo Moisés lo profirió ante los israelitas y ante el Faraón, y el propio Faraón repitió repetidamente este nombre, pronunciado por Moisés, en sus respuestas. Finalmente, sería inútil que este nombre se distinguiese por cuatro letras si aquellas no tuvieran sus propios puntos tácitos, o vocales, para que con ellos pudiera leerse, expresarse y pronunciarse, del mismo modo que sucede con otros nombres de Dios, de hombres y de ángeles.

Digo por tanto que este nombre se llama inefable porque era tenido por los hebreos como sacratísimo y supremamente venerable, como el nombre primario, propio y esencial de Dios, que era el fundamento y raíz de todos los demás nombres de Dios, puesto que este nombre significa la misma inmensa esencia y la incomprensible e inefable majestad de Dios, de la cual dimanan todas las demás cosas. Por esta razón también Platón, según atestigua Eusebio en el libro 11 de la Preparación, capítulo 8, dijo que el nombre de Dios no es pronunciable. Pues Dios, dice Platón, es asomatos, y aphrastos, y anonumatos, es decir, incorpóreo, indecible e innombrable. A su vez, Platón en el Parménides dice: «A Dios no se le ha dado nombre alguno; Dios no puede ser definido, ni aprehendido por el conocimiento, ni caer bajo nuestros sentidos, ni puede tenerse opinión alguna sobre Él; por lo cual no puede ser nombrado, ni dicho, ni comprendido por el pensamiento, ni conocido, ni percibido por ser alguno.» Y San Dionisio dice: «Dios es inefable por toda palabra, un bien que supera toda palabra.»

De ahí las tantas opiniones y errores de los filósofos acerca de Dios. Anaximandro pensó que las estrellas y los cuerpos celestes eran dioses. Anaxímenes pensó que Dios era aire infinito. Demócrito dijo: Dios es una mente ígnea y el alma del mundo. Pródico estableció los cuatro elementos como dioses. Diógenes de Apolonia dijo: Dios es aire dotado de razón divina. Crisipo sostuvo que Dios era el hado o la necesidad divina. Parménides pensó que Dios era una corona, o el orbe que circunda los cielos. Jenófanes dijo: Todo lo infinito dotado de mente es Dios. Estratón dijo que la naturaleza era Dios. Epicuro constituyó a sus dioses a partir de átomos, y los hizo corpóreos y de figura humana. Heráclides dijo que la tierra y el cielo eran dioses. Marco Varrón sostuvo que el mundo era Dios. Plinio pensó que o bien el sol era Dios, o bien no había Dios en absoluto. Heráclito creyó que los dioses estaban hechos de fuego — de ahí que los atenienses castigaron con la muerte a Anaxágoras porque dijo que el sol era una piedra ardiente. Cleantes postuló que el éter era el Dios supremo. Finalmente, por esta razón, dice Pierio en los Jeroglíficos 17, la cigüeña es un jeroglífico de Dios; pues la cigüeña, careciendo de lengua, significa que Dios realiza todas las cosas en tácito silencio, y que no debemos hablar acerca de Aquel a quien ningún poder del intelecto humano puede admirar suficientemente. La misma es la razón por la cual Dios fue representado por el cocodrilo, dice el mismo autor en los Jeroglíficos 29.

Verdadera y justamente, pues, dice Crisóstomo en la Homilía 28 sobre Mateo: «Así como quien intenta navegar el innavegable Océano, cuando no puede cruzarlo, necesariamente debe regresar por el mismo camino por donde entró, así los antiguos filósofos, esforzándose por investigar la naturaleza de Dios, fueron vencidos en el intelecto, desfallecieron en el habla, y al final confesaron que no podían descubrir nada más sino que Dios es incognoscible.»

De ahí resultó que los hebreos, por religión y reverencia, no osaban proferir ni pronunciar el nombre de Dios; excepto los sacerdotes o sumos sacerdotes, quienes en los sagrados oficios, a saber, en los sacrificios y en la bendición solemne del pueblo, y especialmente al entrar en el Santo de los Santos, lo pronunciaban, como dice Filón en el libro Sobre la vida de Moisés. De ahí que también Josefo diga que no le es lícito ni justo pronunciar este nombre. Cuando, pues, este nombre se presentaba a quienes leían en la Escritura, los hebreos leían Adonai en su lugar, o, si coincidía con Adonai, leían Elohim en su lugar. De ahí resultó que los masoretas, que añadieron puntos o vocales a las Biblias hebreas, colocaron bajo el Tetragrámmaton los puntos vocálicos ajenos del nombre Adonai (como demuestra Belarmino con cuatro argumentos en su ejercicio gramatical sobre el Salmo 33, en el versículo 1), a saber, sheva (que en el nombre Adonai está combinado con patach, por la gutural álef), cholem y kametz, para indicar que por reverencia debía leerse y pronunciarse no el Tetragrámmaton sino Adonai. Siguieron esta costumbre de sus tiempos no solo los Setenta, traduciendo kurios, y nuestro Traductor [la Vulgata], así como Orígenes en sus Tétraplas y Héxaplas, sustituyendo aquí el nombre Adonai por el Tetragrámmaton; sino también Cristo y los Apóstoles, quienes siempre que citan la Escritura hebrea en la que aparece el Tetragrámmaton, sustituyen por él el nombre «Señor.» De ahí ha resultado que los judíos no saben cómo debe pronunciarse ese nombre, ni cómo lo pronunciaron Dios, Moisés y los sacerdotes, y transmiten que el último sacerdote que pronunció este nombre de Dios fue Simeón el Justo, que recibió a Cristo en el templo en sus brazos, y que después de él nadie pronunció este nombre, y que no saben cómo debe pronunciarse; pero cuando venga el Mesías, Él les enseñará la verdadera pronunciación del mismo. Así dicen ellos.

Debido a esta reverencia y religión hacia su nombre, el sumo sacerdote lo llevaba grabado en una lámina de oro sobre su tiara, la cual Alejandro Magno, al encontrarse con Jaddo el sumo sacerdote, postrándose en tierra, reverentemente adoró, como atestigua Josefo. De ahí también que Lucano, hablando del Dios de los hebreos, diga: «Judea de un Dios incierto,» porque adoraban a un Dios desconocido cuyo nombre no conocían.

Véase aquí cuán grande fue la reverencia de los hebreos de antaño por el nombre divino, el cual muchos cristianos profanan mediante juramentos temerarios, pronunciándolo casualmente por doquier; es más, incluso los judíos modernos nunca se atreven a jurar expresamente por el nombre del Tetragrámmaton, sino que juran por él con esta fórmula, y eso raramente y solo cuando se ven obligados: «Juro por yod, he, vav, y yod» (que son las cuatro letras del nombre del Tetragrámmaton), y este juramento es tenido entre ellos como el más alto y sacratísimo. De manera similar, entre los gentiles no estaba permitido nombrar el nombre de su falso dios Demogorgón; y si alguien lo hacía, la deidad, o más bien el demonio, mostraba que estaba ofendido mediante un terremoto, como atestigua Lucano en el libro 6, y Boccaccio en el libro 1 de la Genealogía de los dioses, capítulo 2.


Cuestión 2: Cómo debe pronunciarse el Tetragrámmaton

Se pregunta en segundo lugar cómo debe pronunciarse este nombre, o qué vocales deben sustituírsele. Ciertos griegos, dice San Jerónimo a Marcela, leyendo este nombre hebreo en libros griegos según las letras griegas a las cuales estas cuatro letras hebreas son semejantes, leyeron Pipi. En segundo lugar, San Justino, en Contra Trifón, folio 58, lee y entiende el nombre Jesús en lugar del Tetragrámmaton. En tercer lugar, Isidoro pronuncia este nombre Jediod. Pues dice que este nombre se compone de una doble letra yod. Pero todos estos o se apartan o yerran respecto a las letras hebreas del Tetragrámmaton.

En cuarto lugar, Ireneo lo pronuncia Jaoth, el cual, dice él, significa una medida predeterminada; o, si se escribe con ómicron, el que pone en fuga los males. Los gentiles también parecen haber pronunciado este nombre de esta manera. De ahí que Diodoro Sículo, libro 3, diga que Moisés recibió la ley del dios Jao; y Apolo de Claros, preguntado quién era el dios Jao, respondió: «El más alto de todos los dioses, llámalo Jao.» Es testigo Macrobio, libro 1 de las Saturnales, capítulo 18.

En quinto lugar, Teodoreto aquí, en la Cuestión 15: El Tetragrámmaton, dice, es llamado Javé por los samaritanos, Ja por los hebreos. En sexto lugar, algunos autores recientes de los últimos cien años pronuncian este nombre según los puntos vocálicos colocados bajo él por los masoretas, como Jehová. Pero estos puntos vocálicos, como dije arriba, no son los puntos del Tetragrámmaton sino del nombre Adonai; de ahí que incluso los propios masoretas y todos los hebreos lean Adonai en lugar del Tetragrámmaton. Yerran por tanto quienes derivan Júpiter, el dios supremo de los gentiles, de Jehová o Jova (por contracción); pues Júpiter tiene un nombre latino, no hebreo, y se deriva de «juvando» (ayudar). También erró Varrón, quien, como atestigua San Agustín en el libro 1 De la concordancia de los Evangelios, capítulo 22, pensó que los judíos adoraban a Júpiter, el dios de los romanos; pero Varrón pensó esto no porque hubiese oído de los hebreos que Dios se llamaba Jehová o Júpiter, sino porque juzgó que los judíos adoraban a un Dios supremo que él creía no ser otro que Júpiter.

Debe notarse, sin embargo, que el nombre Jehová no es tanto un verbo cuanto un nombre derivado de un verbo; pues Jehová es el nombre propio de Dios. Así como comúnmente en otros nombres se forma un nombre a partir de un verbo, a saber, de la tercera persona del futuro, significando cómo es o será aquel a quien se impone el nombre — así Jacob significa «el suplantador» y el que suplantará a Esaú; Israel significa «el dominador» y el que dominará con Dios; Isaac significa «el que ríe» y el que hará reír a sus padres — así también Jehová es un nombre que tiene la misma terminación que el futuro kal del verbo haia, y significa «el ser» y «el que es y será.» Pues la letra yod, la primera en el nombre Jehová, es heemántica, es decir, formativa del nombre, como lo es en los nombres ya mencionados y en muchos otros; pues aunque la misma yod es también una letra, o la característica de un verbo en tiempo futuro, sin embargo en los nombres es heemántica, es decir, formativa del nombre, y así transfiere el futuro del verbo a un nombre.

Lo mismo se confirma por el hecho de que el nombre o palabra Jehová no se encuentra precisamente en el capítulo 3, versículo 14, sino en este capítulo, en el hebreo. Pues en el capítulo 3, versículo 14, donde nosotros tenemos «El que es me envió,» en hebreo no es Jehová sino eie, es decir, «yo soy,» como si dijera: «Aquel cuyo nombre es "Yo soy el que soy" me envió.» De ahí se sigue además que es mejor decir Jehová que Jeheve: pues un nombre suele distinguirse del futuro de un verbo por el punto vocálico kametz, como es evidente en el nombre Israel, que se distingue del futuro iisre, esto es, «dominará,» por el kametz; pues los nombres suelen terminar no en segol sino en kametz.

Digo por tanto que es muy probable que este nombre deba pronunciarse iive o ieheve, es decir, «él es» o «él será.» Esto se prueba porque este nombre es el mismo que Dios se dio a Sí mismo en el capítulo 3, versículo 14, diciendo: «Así dirás a los hijos de Israel: "El que es" me envió a vosotros.» Ahora bien, «el que es» en hebreo se dice iie o iive, o iehere: por tanto, ese mismo es el Tetragrámmaton. Pues no es creíble que Dios aquí se hubiese dado dos nombres, sino uno solo, y que por consiguiente esté repitiendo aquí el nombre «El que es» dado a Sí mismo en el capítulo 3, para animar a Moisés y para enseñarle a presentarlo en su embajada al Faraón y a los hebreos. Así lo juzgan Belarmino arriba, Genebrardo en su Prefacio a los Salmos, y Pererio aquí, y esto quedará más claro con la cuestión siguiente.

Nuestro Alcázar, sin embargo, en Apocalipsis capítulo 1, versículo 4, arguye extensamente que Jehová está compuesto de cuatro letras, cada una de las cuales significa una palabra completa. Jehová, por tanto, dice él, es lo mismo que ihie, hovie, vehaia, es decir, «el que será, el que es, el que fue.» De ahí que Jehová sea lo mismo que lo que dice Juan en Apocalipsis 1:4: «El que es, y el que era, y el que ha de venir,» y por tanto este nombre se llama Tetragrámmaton e inefable: porque sus letras individuales no pueden expresar la palabra completa que representan. Pero esta etimología no es literal, como él mismo sostiene, sino simbólica, o más bien cabalística, sobre lo cual se dirá más en Apocalipsis 1:4.

Que el nombre de Júpiter (Jovis) fue derivado del nombre Jehová es opinión de Marino en su Diccionario, Masio en su carta a Arias Montano antepuesta a los Salmos de este último, y Mariano Victorio en sus notas a San Jerónimo, Epístola 136. Pero San Agustín se aparta de esta conjetura en el libro 6 de la Ciudad de Dios, capítulo 6, y libro 7, capítulo 5, y Galatino en el libro 2, capítulo 10.


Cuestión 3: Qué significa el Tetragrámmaton

Se pregunta en tercer lugar: ¿qué significa el Tetragrámmaton? Oleáster lo deriva de la raíz hava, es decir, «triturar,» de donde hova es «trituración,» como si Jehová fuese lo mismo que «triturador,» a saber, del Faraón y los egipcios. Esta es una alusión del nombre, pero no su origen; pues Moisés alude a esta etimología en el capítulo 15, versículo 3, cuando dice: «El Señor» (en hebreo es el Tetragrámmaton Jehová) «es como varón guerrero; Todopoderoso es su nombre.»

Otros, en cambio, comúnmente y con razón derivan genuinamente este nombre de la raíz haia, es decir, «él es» o «él fue,» de modo que Jehová es lo mismo que «el que es,» pero en varios sentidos. Primero, el rabino Salomón, Lipomano y Vatablo lo explican como «el que es,» a saber, constante, fiel, veraz en las promesas, como si dijera: Yo soy ahora Jehová, es decir, ahora haré que se cumpla lo que prometí, a saber, que os sacaré de Egipto a Canaán; de ahí que siga: «Y establecí Mi alianza con ellos, para darles la tierra de Canaán.» Segundo, Ruperto y el Burgense lo explican como «el que es,» a saber, terrible, glorioso y obrador de milagros. Tercero, Jerónimo Prado, sobre Ezequiel capítulo 1, página 47, sostiene que el nombre Jehová, esto es «el que es,» no significa la esencia de Dios — pues esa la conocieron Abraham y los demás patriarcas — sino la operación de Dios hacia las creaturas, a saber, la liberación de los hebreos de Egipto, como si dijera: Yo soy el que soy, es decir, el que voy a ser, a saber, el redentor de Israel; Yo soy Aquel a quien ahora experimentaréis como vengador de vuestra libertad; pues esto es lo que sigue en el versículo 6: «Yo soy el Señor que os sacaré del presidio de los egipcios.» Pasajes semejantes son Isaías 3:3 y Salmo 67:5.

Pero digo que este Tetragrámmaton Jehová significa la esencia de Dios, el abismo mismo y el océano inmenso de la esencia divina; pues esto es lo que significa el nombre «El que es,» como dije en el capítulo 3, que es lo mismo que el Tetragrámmaton. Jehová, por tanto, dice Masio, es lo mismo que «Aquel que existe desde la eternidad, que es su propia esencia, y del cual depende la esencia de todas las cosas.» Así Aristóteles en el libro 1 Del cielo llama a Dios aeima, como si fuera aei ona, es decir, «siempre siendo y existiendo»; porque Dios es el océano de la esencia y el principio de toda esencia, que da el ser a todas las cosas. Y Trismegisto dice: «Dios, el Uno, no necesita nombre, pues Él es ho on anonumos,» es decir, ser sin nombre.

Vilalpando observa sobre Ezequiel capítulo 28 que el nombre Jehová o Jeheva significa la esencia de Dios en Sí mismo, esto es, ad intra, así como Adonai significa la misma en relación con sus obras ad extra. Por esta razón los profetas acostumbran unir ambos nombres, diciendo: «Así dice el Señor Dios»; en hebreo, Adonai Jehova. Jehová, es decir Dios, a saber, la majestad de Dios en Sí mismo; Adonai, es decir Señor y sustentador de todo lo que creó.

Podrás preguntar si el Tetragrámmaton significa la esencia de Dios tal como es en Sí mismo. Escoto y Gabriel en el Primer Libro de las Sentencias, distinción 22, sostienen que los hombres, especialmente los doctos y agudos, pueden conocer a Dios en Sí mismo tal como es, y consiguientemente pueden darle un nombre que lo signifique tal como es, y que el Tetragrámmaton es tal nombre, que por tanto es propio, esencial y adecuado a Dios. Pero mejor sostiene Santo Tomás, en la Primera Parte, Cuestión 13, que es imposible para el hombre en esta vida conocer y nombrar a Dios en Sí mismo. La razón es: Primero, porque en esta vida nadie puede conocer a Dios intuitivamente; por tanto, nadie puede conocerlo en Sí mismo tal como es, plena y perfectamente. Segundo, aun si alguien conociera a Dios en Sí mismo tal como es, lo conocería esto solo en Dios mismo, viéndolo y contemplándolo; pero el nombre que le impusiera estaría fuera de Dios y de la esencia de Dios, que no puede ser discernido, nombrado, significado ni conocido por ningún signo creado tal como es en Sí mismo. Es verdad, sin embargo, que entre todos los nombres de Dios que tenemos, ninguno le es tan propio ni tan sustancial como el Ser, o Jehová, es decir, «el que es,» como enseña el Damasceno en el libro 1 De la fe, capítulo 12, y Santo Tomás en la Primera Parte, Cuestión 13, y San Dionisio en el libro De los nombres divinos, capítulo 1.


Cuestión 4: El sentido de «Mi nombre Adonai no se lo di a conocer»

Se pregunta en cuarto lugar: ¿cuál es el sentido de este pasaje: «Yo soy el Señor que aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, y Mi nombre Adonai no se lo di a conocer»?

Primero, Beda lo lee interrogativamente: «¿No se lo di a conocer?» Como si dijera: Ciertamente les di a conocer Mi nombre. Pero esto discrepa de la lectura común de todos los códices hebreos, griegos y latinos, que carecen del signo de interrogación y leen estas palabras asertivamente, a saber, que Dios afirma que no les dio a conocer este nombre suyo.

Segundo, otros lo explican así: «No les di a conocer Mi nombre Adonai,» es decir, Señor, como si dijera: No les mostré Mi pleno y supremo dominio sobre todas las cosas, por el cual puedo girar y transformar todas las cosas a voluntad mediante milagros y prodigios en cualesquiera otras que desee; pero esto lo mostraré ahora por medio de ti, oh Moisés, en las plagas que infligiré a Egipto. Pero estos yerran: Primero, en cuanto al nombre Adonai, es decir, Señor; pues en hebreo no es Adonai sino el Tetragrámmaton Jehová. Segundo, porque Dios mostró suficientemente su dominio a los padres antes de Moisés en el diluvio, en la destrucción de Sodoma y en la dispersión de Babel.

Tercero, el rabino Salomón, Vatablo y Lipomano dan este sentido: No di a conocer a los padres Mi nombre del Tetragrámmaton, Jehová, es decir, «Yo soy el que soy,» a saber, soy constante y veraz en las promesas; porque no cumplí a los padres mis promesas relativas a Canaán que habría de dárseles; pero estas cosas ahora las concederé a ti, oh Moisés, y a tu pueblo; de ahí que os mostraré en la realidad que soy Jehová, es decir, que soy fiel en las promesas. Pero el Tetragrámmaton no significa fidelidad, sino el mismo «ser» de Dios.

Cuarto, Ruperto y el Burgense lo explican así: «No di a conocer a los padres el nombre Adonai» — es decir, de cuánto poder y fuerza es, cuán terrible, cuán glorioso, cuán milagroso y cuán productivo de plagas, como ahora mostraré y demostraré por medio de ti, oh Moisés, multiplicando prodigios y plagas.

Quinto, Oleáster: El Tetragrámmaton, dice, Jehová, es lo mismo que «triturador,» como si dijera: No mostré a los padres que soy Jehová, es decir, el triturador del Faraón y los egipcios; pero esto te lo mostraré ahora, oh Moisés.

Sexto, Lirano, siguiendo a San Agustín, sostiene que Moisés en un rapto, en Éxodo 33, vio la esencia de Dios, y que entonces le fue revelado y declarado el nombre del Tetragrámmaton; pues este significa la esencia de Dios. Pero es más cierto que Moisés no vio la esencia de Dios, como diré en el capítulo 33. Además, aquella visión fue posterior a la revelación del Tetragrámmaton; pues este fue revelado a Moisés aquí y en el capítulo 3. Pero Moisés, si vio la esencia de Dios, no la vio sino en el capítulo 33.

Digo por tanto que el sentido llano y genuino de este pasaje es este: Yo, Dios, fui conocido y venerado por los padres como El Saddai, es decir, Dios fuerte y liberal; pero Mi nombre propio Jehová no se lo di a conocer, sino que lo revelo primeramente a ti, oh Moisés, y junto con el nombre te comunico un conocimiento más claro de la realidad significada, a saber, de Mi esencia y divinidad; y esto lo hago con el fin de elevarte a ti y al pueblo afligido por el Faraón a la esperanza de Mi auxilio que está a punto de llegar; en cuanto que ahora me muestro a ti y a los hebreos tan familiar, y me doy a conocer y a llamar por Mi nombre propio, para que sepáis que estáis ahora más en Mi cuidado y corazón que antes.

De ahí queda claro que el Tetragrámmaton fue, en primer lugar, revelado a Moisés. Queda claro en segundo lugar que Moisés recibió aquí un conocimiento más claro de la divinidad que el que habían recibido Abraham, Isaac y Jacob. El sentido, por tanto, es como si dijera: Yo, Dios, fui conocido y llamado por los padres Adonai, Elohim, El Saddai, es decir, Señor, Gobernador, Fuerte, Liberal, Todopoderoso (nombres que significan una cierta forma determinada y perfección a modo de cualidad en Dios); pero a ti, oh Moisés, te revelo Mi nombre esencial, que significa Mi propia sustancia en sí misma, y Mi esencia, que es la fuente y causa de todas las cosas, y un océano inmenso. Que este es el sentido se prueba primero, porque este Tetragrámmaton es el mismo que el del capítulo 3: «Yo soy el que soy,» como ya mostré. Pues Dios habla aquí de este nombre no como si hubiera sido dado por primera vez en este lugar, sino de él como ya conocido por Moisés desde la primera aparición, capítulo 3, versículos 14 y 15. Por tanto, este nombre no significa a Dios como veraz, o como vengador, o como triturador, sino como conteniendo toda la plenitud del ser, o como el mismo ser subsistente, inmenso, inmutable, eterno e infinito.

Se prueba en segundo lugar, porque es falso que Dios no apareció a los padres como triturador en el diluvio y en Sodoma; o como veraz: pues Dios se mostró veraz a Noé cuando impidió un nuevo diluvio, como había prometido a Noé, Génesis capítulo 9, versículo 15. Igualmente se mostró veraz en la protección de Abraham, Génesis capítulo 17, versículos 7 y 10; en el parto de Sara, ibídem, versículos 16 y 21; en la bendición de Isaac, Génesis 28:15.

Se prueba en tercer lugar, porque de otro modo parecería decirse lo mismo, y la segunda parte de la frase entraría en conflicto con la primera, si se explica así: Aparecí a los padres como fuerte, pero no como triturador; aparecí a los padres como liberal, pero no como fiel y veraz. Pues si Dios es liberal, mucho más es fiel y tenaz en su promesa.

Se prueba en cuarto lugar, porque a partir de esta revelación Moisés se volvió tan ávido de conocer o incluso de ver la divinidad, como veremos en el capítulo 33, versículo 18. De ahí también que, a partir de esta revelación particular del nombre hecha a Moisés, este augustísimo y santísimo nombre haya sido siempre tenido en tal consideración que en la Escritura no se atribuye a nadie sino al Dios verdadero, o al que se estima como tal. De ahí que este nombre en todas partes de la Escritura se atribuya solo a Dios, mientras que los demás nombres de Dios se atribuyen también a ángeles y a hombres que son príncipes.

Se prueba en quinto lugar, porque esta es la interpretación más simple y más llana; de ahí que también los Padres expliquen este pasaje como referido a una revelación más clara de la divinidad y la esencia divina, ya abierta, ya enigmática, hecha a Moisés. Así San Gregorio, Homilía 16 sobre Ezequiel, Procopio, Teodoreto, Cirilo, Filón, Abulense, Cayetano, Pererio y otros aquí.

Se objetará: Mucho antes de Moisés este nombre fue revelado a los padres; pues en el Génesis se repite con mucha frecuencia, y los padres invocaron a Dios por este nombre, como hizo Henoc, Génesis 4:26, y Abraham, Génesis capítulo 15, versículo 8.

Algunos responden, como Cayetano, Lirano y Pererio, que este nombre ciertamente fue revelado a los padres en cuanto a su sonido y letras, pero en cuanto a su significado claro y pleno, fue revelado primeramente a Moisés. Pero la Escritura aquí claramente significa que este nombre fue revelado a Moisés primero no solo en cuanto a su significado, sino también en cuanto al mismo sonido y nombre, y el hebreo lo expresa más claramente, que dice así: «Y por Mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.»

Respondo por tanto que los padres antes de Moisés no conocieron ni usaron el nombre Jehová, sino que llamaron a Dios Adonai, Elohim, Saddai, del mismo modo que los judíos aun ahora en todas partes leen Adonai o Elohim en lugar de Jehová. Pero Moisés, que compuso el Génesis, después de haber recibido este nombre, lo usó en el Génesis porque significa al mismo Dios y es, por así decirlo, propio de Dios; pues Moisés no reprodujo las palabras sino el sentido de las oraciones de Henoc y Abraham. Así la ciudad de Bala es llamada Segor, que no entonces sino después fue llamada Segor; y la ciudad es llamada Dan, que fue posteriormente llamada Dan, pero en aquel tiempo se llamaba Laís. Véase el Canon 3.


Cuestión 5: El significado simbólico del Tetragrámmaton

y Macrobio, libro 1 sobre el Sueño de Escipión, capítulo 6, donde entre otras cosas dice: Los pitagóricos veneran tanto el cuaternario como perfección del alma entre sus secretos, que de él también se hicieron un juramento, a saber, este: «No ciertamente por aquel que transmitió a nuestra alma el cuaternario.»

Siguiendo el modelo de este nombre tetragrámmaton, la mayoría de las demás naciones dieron a Dios un nombre de cuatro letras; pues así los egipcios llaman a Dios Theuth, los persas Sura, los etruscos Esar, los árabes Allah, los asirios Adad, los turcos Aydi, los griegos Theos, los latinos Deus, los germanos Godt, los franceses Dieu, los españoles Dios, etc. Así dice Giraldo, De los dioses de las naciones, colección 1. Para más sobre este nombre véanse Ángelo Caninio, y Galatino, libro 2, capítulo 10, y libro 3 extensamente.

Finalmente, todas estas cuatro letras del nombre tetragrámmaton son letras quiescentes entre los hebreos, para indicar que en Dios solo consiste y reposa el verdadero y sólido descanso, y la eterna felicidad y bienaventuranza misma. Pues Él es el alfa y la omega, el principio y el fin; Él es el centro de nuestro corazón; Él es la saciedad y el gozo de todos los ángeles y los bienaventurados.

Alegóricamente, Jehová, el redentor de Israel de Egipto, fue tipo de Jesús, que fue el redentor del mundo de la cautividad y tiranía del diablo; de ahí que el nombre de Jesús estuviese contenido y representado en Jehová, y este era como un enigma de aquel nombre, y el nombre mismo de Jesús es como la declaración del nombre Jehová: de ahí a su vez que el nombre de Jesús sea más santo y más venerable que el nombre Jehová, como demostré a partir de Abulense en Filipenses 2:10.

Es más, nuestro Prado sobre Ezequiel sostiene que el nombre Jehová se refiere principalmente al misterio de la encarnación y la redención humana, y afirma que se deriva de la futura hazaña del Verbo. Pues Jehová, dice, es lo mismo que «seré quien seré,» a saber, hombre y redentor del mundo, esto es Jesús, esto es Salvador de los hombres. Esto es verdad, pero alegórico, no literal, como es claro de lo dicho.

Se pregunta en quinto lugar qué significa simbólicamente este nombre Jehová, y por tanto por qué es un tetragrámmaton.

Los hebreos responden que por este nombre se significa la Santísima Trinidad, y al mismo tiempo la encarnación del Verbo. Pues la primera letra yod, que es el indicador y principio del número diez, significa la primera Persona, a saber, el Padre. La segunda letra he significa la segunda Persona, a saber, el Hijo; pues he significa esencia y sustancia (de la raíz haia, que significa «ser»), la cual el Hijo tiene en común con el Padre; pues es consustancial con el Padre. A su vez, por medio del Hijo todas las cosas creadas fueron hechas y recibieron su esencia. La tercera letra vav significa la tercera Persona, a saber, el Espíritu Santo; pues vav entre los hebreos es una conjunción que significa «y, también»: así como el Espíritu Santo es el vínculo, la unión y el amor nocional del Padre y del Hijo. De donde el Escoliasta griego, por lo que nosotros tenemos: «Y Mi nombre Adonai no se lo di a conocer,» traduce: No les di a conocer el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. De ahí también que los hebreos escriban el nombre tetragrámmaton con un triple yod, bajo el cual colocan un kametz dentro de un círculo: pues como yod significa un principio, y toda la Trinidad es un solo principio de las cosas fuera de sí, en una sola esencia y naturaleza, de ahí la trinidad de personas se representa por un triple yod; pero la unidad de esencia se representa tanto por una y la misma yod como por la única vocal kametz. A su vez, la segunda letra he, duplicada en este nombre, significa dos naturalezas en el Hijo, divina y humana; de donde también esta letra he, que es el indicador del Hijo en el nombre tetragrámmaton, fue añadida a Abraham y a Sara, cuando el primero fue llamado Abraham en lugar de Abram, y la segunda fue llamada Sara en lugar de Sarai: porque de Abraham y Sara fue engendrado y se encarnó Cristo.

Pero, ¿por qué este nombre tiene cuatro letras? Respondo: la causa gramatical y propia es que los nombres hebreos perfectos son cuatrilíteros; pues tienen tres letras de la raíz, a las que añaden una cuarta heemántica, o formativa del nombre.

La causa simbólica es que el cuaternario es el primer número par perfecto, que consta de principio, medio y fin. En segundo lugar, este número constituye un cuadrado y un cuadrilátero geométrico, que es la figura más sólida; de ahí que de la ciudad celestial diga San Juan, Apocalipsis 21, versículo 16, que está dispuesta en cuadro. En tercer lugar, este número es virtualmente todo, a saber, todo número, toda música, toda cantidad, todos los elementos, toda virtud; de ahí que sea sagrado en la Escritura, como es evidente en los cuatro Querubines, Ezequiel 1, y las cuatro criaturas vivientes, Apocalipsis 4. Estas y más cosas se encuentran en Filón, De la plantación de Noé, libro 2, pasada la mitad, y libro 3 De la vida de Moisés, después del comienzo.


Versículo 6: Yo soy el Señor que os sacaré

6. YO SOY EL SEÑOR QUE OS SACARÉ DEL PRESIDIO DE LOS EGIPCIOS. — En hebreo, «de debajo de las cargas de los egipcios»: con razón y claridad, pues, nuestro traductor lo vertió como «del presidio»; pues un presidio es un lugar en el cual los cautivos o esclavos son obligados a trabajar; pues ergastulum se deriva del griego, es decir, de trabajar y laborar.

Y OS REDIMIRÉ CON BRAZO EXTENDIDO. — En hebreo, «con brazo extendido,» a saber, para herir y someter a vuestros enemigos los egipcios. Por antropopatía se atribuye a Dios un brazo, y significa el poder y la fuerza de Dios; pues esto es lo que un hombre suele mostrar en su brazo.

Místicamente, el brazo que procede del cuerpo es el Hijo que procede del Padre, así como el dedo que procede del cuerpo y del brazo es el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo. Así dice San Jerónimo sobre Isaías capítulo 52.

Y CON GRANDES JUICIOS — con grandes plagas, con gran venganza. Pues «juicio» se toma metonímicamente por el efecto del juicio, a saber, por el justo castigo y plaga infligidos por el juicio y por el juez.


Versículo 7: Seré vuestro Dios

7. Y SERÉ VUESTRO DIOS. — En hebreo, «seré vuestro Elohim,» es decir, vuestro proveedor, gobernador, protector, conductor.


Versículo 8: Sobre la cual alcé Mi mano

8. SOBRE LA CUAL ALCÉ MI MANO — la cual juré daros; pues los que juran suelen jurar con la mano alzada en alto; la misma expresión se encuentra en Génesis 14:22, II Esdras 9:15. En otros lugares «alzar la mano» es el gesto del que ora, en otros del que golpea, en otros del que trabaja.

PARA DARLA A ABRAHAM, A ISAAC Y A JACOB — para darla a la posteridad de Abraham, que desciende por Isaac y Jacob, pero no a los que descienden por Ismael y Esaú.


Versículo 9: No le escucharon por la angustia de espíritu

9. QUIENES NO LE ESCUCHARON POR LA ANGUSTIA DE ESPÍRITU — Los Setenta traducen, apo tes oligopsuchias, «por la pusilanimidad.» Pues estaban tan oprimidos por sus cargas que apenas podían respirar, de modo que su espíritu parecía estar cerrado; y por tanto no les era ni posible ni grato pensar, esperar o maquinar otra cosa.


Versículo 12: ¿Cómo escuchará el Faraón?

Versículo 12. ¿CÓMO ESCUCHARÁ EL FARAÓN, SIENDO YO ADEMÁS INCIRCUNCISO DE LABIOS? — Puesto que adolezco de un defecto de la lengua, puesto que soy de lengua más lenta e impedida. Los hebreos llaman incircunciso de corazón, mente o lengua a quien adolece de algún defecto de corazón, mente o lengua. Pues así como la circuncisión era para los hebreos el primero y más alto sacramento, así ser incircunciso era el mayor defecto y oprobio; de ahí que por la incircuncisión, o por el prepucio, significan cualquier defecto. A esta queja de Moisés responderá el Señor al comienzo del capítulo 7. Pues lo que sigue de aquí en adelante en este capítulo mira a otro asunto, y está entretejido con este propósito: preparar el camino para la genealogía de Moisés.

De esto queda claro que este defecto de lengua permaneció en Moisés después de su conversación con Dios, en su misma embajada al Faraón; y esto fue para ejercicio de humildad, y para que Dios mostrase que se vale de instrumentos débiles e ineptos, para que la gloria no se dé a los instrumentos, sino solo a Dios.

Alegóricamente, Moisés, siendo como mudo, se valió de Aarón como intérprete, para significar que la ley antigua, siendo como silenciosa y muda, era sombra y figura de la ley nueva, que proclama claramente a Dios y a Cristo.


Versículo 13: El Señor habló a Moisés y a Aarón

Versículo 13. Y EL SEÑOR HABLÓ A MOISÉS Y A AARÓN, Y DIO MANDATO A LOS HIJOS DE ISRAEL. — Este es un epílogo general, o resumen de todo lo dicho antes, que Moisés añade aquí para pasar por medio de él a su propia genealogía y la de Aarón; y esto con el fin de que quedase establecida la credibilidad de la historia del Éxodo, y de la promesa cumplida por Dios acerca de la liberación de los hebreos de Egipto, puesto que resultaría muy ciertamente evidente que la hazaña fue realizada y completada no por algún extraño, sino por aquel que descendía de la posteridad de Abraham, Isaac y Jacob, a quienes se había hecho la promesa, a saber, por Moisés.


Versículo 14: Estos son los jefes de sus casas

14. ESTOS SON LOS JEFES DE LAS CASAS DE SUS PADRES POR SUS FAMILIAS, como si dijera: Estos son los jefes de las familias israelitas; pues «casas» es lo que se llama familias, que en otros lugares se llaman parentelas. En hebreo es «estos son los jefes de la casa de sus padres,» es decir, estos son los jefes que presidían las familias de sus mayores, o sus padres; pues cada hijo de los doce patriarcas tenía y constituía una familia particular, en la cual él mismo era el jefe, y después de él su hijo primogénito. Por ejemplo, los hijos de Rubén eran cuatro, a saber, Henoc y Falú, Hesrón y Carmí; estos individualmente tenían sus propias familias, en las cuales ellos mismos eran jefes.


Versículo 16: Los nombres de los hijos de Leví

16. Y ESTOS SON LOS NOMBRES DE LOS HIJOS DE LEVÍ. — Moisés se detiene en la genealogía de Leví, porque de Leví descendían Moisés y Aarón, cuyo linaje el Espíritu Santo pretende especialmente trazar aquí, porque ellos fueron los libertadores y caudillos de Israel. Así San Agustín, Cuestión 15. Nótese aquí: El primer hijo de Jacob fue Rubén, el segundo Simeón, el tercero Leví; de estos tres solamente traza Moisés aquí la genealogía, tanto por la razón ya dicha, como porque Jacob parecía haberlos maldecido, Génesis capítulo 49, versículos 3 y 5. De ahí que, para que no se pensara que estas tres tribus habían sido rechazadas por Dios, quiso Moisés conmemorar las muchas e ilustres familias de estos tres hijos de Jacob.

POR SUS PARENTELAS. — En hebreo, «por sus generaciones,» es decir, sus familias. Por tanto, estos tres términos significan lo mismo: generación, familia, parentela; y así una generación es una familia, porque desciende de un solo progenitor.

Y LOS AÑOS DE LA VIDA DE LEVÍ FUERON CIENTO TREINTA Y SIETE — Por lo dicho en Génesis 30, consta que Leví era cuatro años mayor que José. De aquí se sigue primero, que Leví tenía 43 años cuando descendió a Egipto con Jacob, porque entonces José tenía 39 años, como mostré en Génesis 41. Se sigue en segundo lugar, que Leví murió 23 años después de la muerte de José; pues este murió en el año de su edad 110, pero Leví a los 137. Se sigue en tercer lugar, que Leví, después de la entrada de Jacob en Egipto, vivió en Egipto 94 años. Se sigue en cuarto lugar, que Leví murió 121 años antes de la salida de los hebreos de Egipto: pues desde la entrada de Jacob en Egipto hasta la salida de los hebreos transcurrieron 215 años; pero Leví, después de la entrada de Jacob en Egipto, vivió allí 94 años: por tanto, después de la muerte de Leví hasta la salida de los hebreos de Egipto, los años restantes fueron 121. Se sigue en quinto lugar, que Leví murió 41 años antes del nacimiento de Moisés; pues este tenía 80 años al salir los hebreos de Egipto.


Versículo 20: Jocabed, su parienta

20. JOCABED, SU PARIENTA — su pariente, no su tía, como dije en el capítulo 2, versículo 2.

Y LOS AÑOS DE LA VIDA DE AMRAM FUERON CIENTO TREINTA Y SIETE. — Eusebio en la Crónica relata que Amram, que fue padre de Moisés, engendró a Moisés a los 70 años de edad; de donde se sigue que murió cuando Moisés tenía sesenta y siete años, es decir, 13 años antes de la salida de los hebreos de Egipto; aunque Alejandro Polihistor, citado por Eusebio, quiere que Amram muriese 20 años antes de la salida de los hebreos de Egipto.

Los hebreos relatan, según refiere Genebrardo en el libro 1 de la Cronología, que siete hombres abarcan todo el curso de los siglos desde el principio del mundo hasta su fin. Pues Adán vio a Matusalén, Matusalén vio a Sem, Sem vio a Jacob, Jacob vio a Amram, Amram vio a Ahías el silonita, Ahías vio a Elías, que vive y vivirá hasta el fin del mundo. Pero yerran respecto a Amram; pues él, como dije, murió 13 años antes de la salida de los hebreos de Egipto: por tanto, no pudo haber visto a Ahías el silonita, que es presentado como profeta después de la muerte de Salomón en III Reyes 11. Pues desde la salida de los hebreos de Egipto hasta el año 4 de Salomón, en que fue edificado el templo, transcurrieron 480 años, como consta de III Reyes 6:1. Más breve y más verdaderamente, podrían medir toda la era con dos hombres: pues Adán vio a Henoc, y Henoc, arrebatado, volverá y verá el fin del mundo.

Véase aquí cuán exiguo es todo este tiempo nuestro, cuán fugaz toda esta era. Oiga el cristiano al verdadero filósofo Lelio en Séneca, libro 6 de las Cuestiones naturales. Pues cuando alguien le dijo: «Tengo sesenta años,» elegantemente respondió: «¿Llamas tuyos esos sesenta años que aún no tienes? Los años, las horas y las edades pasadas no los tenemos; ni tampoco los futuros; vivimos por momentos y puntos de tiempo fugaz; del día de la vida y de sus horas tenemos ciertos puntos.» Y de nuevo: «Ni lo que es futuro es mío, ni lo que fue: pendo de un punto de tiempo fugaz.» Pues aquel filósofo dijo con razón que no tenemos propiamente tiempo, sino un punto de tiempo, a saber, el ahora presente: pues lo pasado no es, sino que fue; lo futuro no es, sino que será: por tanto, solo tenemos el presente mismo, a saber, el momento ahora. Véase cuán exiguo es nuestro tiempo, cuán exiguo nuestro placer, y esta vida presente.


Versículo 23: Aarón tomó por esposa a Elisabet

23. Y AARÓN TOMÓ POR ESPOSA A ELISABET, HIJA DE AMINADAB, HERMANA DE NAHASÓN. — Este Nahasón, en la salida de Egipto, era el príncipe de la tribu de Judá, como consta de Números 1:7.

Nótese: Moisés, hombre humilde, aquí cuidadosamente traza la genealogía de Aarón, pero casi descuida la suya propia, excepto en cuanto era necesario para conocer la vocación divina y la misión de una persona determinada.


Versículo 25: Estos son los jefes de las familias

25. ESTOS SON LOS JEFES DE LAS FAMILIAS. — En hebreo, «estos son los jefes de los padres,» a saber, aquellos que entre los padres eran jefes y cabezas de las familias.


Versículo 26: Este es Aarón y Moisés

26. ESTE ES AARÓN Y MOISÉS — quienes, es decir, fueron enviados al Faraón.

«Este es, pues, Aarón y Moisés,» quienes fueron los caudillos de tan gran hazaña, quienes como dos rayos de guerra abatieron al Faraón y a todos sus enemigos, quienes como el sol y la luna iluminaron a Israel. He aquí cuánto puede un hombre u otro, un solo caudillo insigne de un pueblo. Así un solo Epaminondas elevó a los tebanos al imperio, de modo que Agesilao, viéndolo, aunque enemigo, justamente exclamó: «¡Oh qué hombre magnífico!» Así un solo Escipión resolvió el largo duelo entre romanos y cartagineses por el imperio, y lo aseguró para los romanos, de modo que con razón dijo de él Catón siendo aún soldado: «Solo él tiene sabiduría, los demás vagan como sombras»; y Metelo dio gracias a los dioses por causa de Roma de que Escipión no hubiese nacido en otra parte. Es más, los propios numantinos, enemigos de los romanos, cuando se les preguntó por qué ahora huían de los romanos bajo el mando de Escipión, a quienes antes habían puesto en fuga, respondieron: «Las ovejas ciertamente son las mismas, pero ahora tienen un pastor diferente.» Plutarco lo atestigua en sus Apotegmas romanos.

¿Cuántos años hemos vivido? ¿Qué hemos hecho de extraordinario?

Entre los fieles, ¿qué no logró un solo Moisés, un solo Josué, un solo David, un solo Josías, un solo Elías, un solo Eliseo, un solo Daniel, un solo Pablo, un solo Gregorio, un solo Atanasio, un solo Crisóstomo, un solo Jerónimo, un solo Benito, un solo Francisco, un solo Domingo, un solo Bernardo, un solo Javier? ¿Y qué hacemos nosotros? Somos meros números. «Has multiplicado la nación, Señor, no has aumentado la alegría.» Julio César lloraba leyendo las hazañas de Alejandro, y decía: «He aquí que a la edad en que Alejandro venció a Darío, yo aún no he hecho nada extraordinario.»


Versículo 28: El día en que el Señor habló a Moisés

28. EL DÍA EN QUE EL SEÑOR HABLÓ A MOISÉS EN LA TIERRA DE EGIPTO. — En el hebreo y el caldeo comienza aquí una nueva frase, de esta manera: «Y sucedió el día en que el Señor habló a Moisés así: Yo soy el Señor, habla al Faraón.» De ahí que también los manuscritos latinos comiencen el versículo 28 desde aquí.


Versículo 29: Habla al Faraón

29. HABLA AL FARAÓN. — Aquí Moisés retoma y continúa la narración comenzada en el versículo 14, e interrumpida por la descripción de su genealogía.


Versículo 30: Soy incircunciso de labios

30. Y MOISÉS DIJO ANTE EL SEÑOR — dijo al Señor, que estaba presente, o ante cuya presencia Moisés se hallaba y actuaba.

SOY INCIRCUNCISO DE LABIOS — soy de lengua impedida, torpe para hablar e inepto, como dije en el capítulo 4, versículo 10.