Cornelius a Lapide

Éxodo XII


Índice


Sinopsis del capítulo

Aquí se prescribe el rito de inmolar y comer el cordero pascual. En segundo lugar, en el versículo 29, el ángel exterminador hiere a los primogénitos de los egipcios, dejando intactos a los hebreos. En tercer lugar, en el versículo 33, los hebreos parten de Egipto con los despojos y riquezas de los egipcios.

Nota: Acerca del cordero pascual, Moisés trata aquí seis temas: Primero, la cualidad del cordero, versículo 5. Segundo, el tiempo para inmolarlo, versículo 6. Tercero, la unción de su sangre en las jambas de las puertas para escapar del ángel exterminador, versículos 7 y 13. Cuarto, versículo 8, el rito y modo de comerlo. Quinto, el nombre tanto del cordero como de la fiesta, que es Fase o Pascua, versículo 11. Sexto, las personas aptas para comer el cordero, versículo 43.


Texto de la Vulgata: Éxodo 12:1-51

1. El Señor dijo también a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: 2. Este mes será para vosotros el principio de los meses; será el primero entre los meses del año. 3. Hablad a toda la asamblea de los hijos de Israel y decidles: El día décimo de este mes tome cada uno un cordero por sus familias y casas. 4. Pero si el número es demasiado pequeño para poder bastar al consumo del cordero, tomará a su vecino que está unido a su casa, según el número de personas que puedan bastar para comer el cordero. 5. Y el cordero será sin defecto, macho, de un año: conforme al mismo rito tomaréis también un cabrito. 6. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda la multitud de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. 7. Y tomarán de su sangre, y la pondrán sobre ambas jambas y en los dinteles de las casas en que lo coman. 8. Y comerán la carne aquella noche asada al fuego, y panes ázimos con lechugas silvestres. 9. No comeréis de él nada crudo, ni cocido en agua, sino solamente asado al fuego: la cabeza con sus patas y entrañas devoraréis. 10. Nada quedará de él hasta la mañana. Si algo sobrare, lo quemaréis con fuego. 11. Y así lo comeréis: Ceñiréis vuestros lomos, tendréis calzado en los pies, sosteniendo báculos en las manos, y comeréis con prisa; porque es la Fase (esto es, el Paso) del Señor. 12. Y pasaré por la tierra de Egipto aquella noche, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el hombre hasta la bestia; y contra todos los dioses de Egipto ejecutaré juicios: yo soy el Señor. 13. Y la sangre os servirá de señal en las casas en que estéis; y veré la sangre, y pasaré de largo: y no habrá en vosotros plaga destructora cuando yo hiera la tierra de Egipto. 14. Y este día será para vosotros un memorial, y lo celebraréis como fiesta solemne al Señor en vuestras generaciones con observancia perpetua. 15. Siete días comeréis panes ázimos: en el primer día no habrá levadura en vuestras casas; cualquiera que comiere algo con levadura, su alma perecerá de Israel, desde el primer día hasta el séptimo. 16. El primer día será santo y solemne, y el séptimo será venerable con la misma festividad: ninguna obra haréis en ellos, excepto las que atañen al comer. 17. Y guardaréis la fiesta de los ázimos: porque en ese mismo día sacaré vuestro ejército de la tierra de Egipto, y guardaréis este día en vuestras generaciones con rito perpetuo. 18. En el mes primero, el día catorce del mes al atardecer, comeréis panes ázimos, hasta el día veintiuno del mismo mes al atardecer. 19. Siete días no se hallará levadura en vuestras casas: cualquiera que comiere algo con levadura, su alma perecerá de la asamblea de Israel, tanto si es forastero como si es natural de la tierra. 20. No comeréis nada con levadura: en todas vuestras moradas comeréis panes ázimos. 21. Y Moisés convocó a todos los ancianos de los hijos de Israel y les dijo: Id, tomad un animal por vuestras familias e inmolad la Fase. 22. Y mojad un manojo de hisopo en la sangre que está en el umbral, y rociad con ella el dintel y ambas jambas: que ninguno de vosotros salga por la puerta de su casa hasta la mañana. 23. Porque el Señor pasará hiriendo a los egipcios: y cuando vea la sangre en el dintel y en ambas jambas, pasará de largo la puerta de la casa, y no permitirá que el exterminador entre en vuestras casas para dañaros. 24. Guardad esta palabra como ley para vosotros y vuestros hijos para siempre. 25. Y cuando hayáis entrado en la tierra que el Señor os dará según lo prometido, observaréis estas ceremonias. 26. Y cuando vuestros hijos os digan: ¿Qué rito es este? 27. Les diréis: Es la víctima de la Pascua del Señor, cuando pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, hiriendo a los egipcios y librando nuestras casas. Y el pueblo se inclinó y adoró. 28. Y los hijos de Israel fueron e hicieron como el Señor había mandado a Moisés y a Aarón. 29. Y aconteció a medianoche que el Señor hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón que estaba sentado en su trono, hasta el primogénito de la cautiva que estaba en la cárcel, y a todo primogénito del ganado. 30. Y se levantó el Faraón de noche, y todos sus siervos, y todo Egipto, y se alzó un gran clamor en Egipto, porque no había casa en la que no yaciera un muerto. 31. Y el Faraón llamó a Moisés y a Aarón de noche y dijo: Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los hijos de Israel: id, sacrificad al Señor como decís. 32. Tomad vuestras ovejas y rebaños como habíais pedido, y al partir, bendecidme. 33. Y los egipcios apremiaban al pueblo para que saliera pronto de la tierra, diciendo: Todos moriremos. 34. Tomó pues el pueblo la masa antes de que fermentara; y atándola en sus mantos, la puso sobre sus hombros. 35. E hicieron los hijos de Israel como Moisés había mandado; y pidieron a los egipcios vasos de plata y de oro, y muchísimos vestidos. 36. Y el Señor concedió gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios, de modo que les prestaron; y despojaron a los egipcios. 37. Y los hijos de Israel partieron de Ramsés hacia Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. 38. Y también subió con ellos una multitud innumerable de gentes diversas, y ovejas y rebaños y ganado de varias especies, en gran cantidad. 39. Y cocieron la harina que poco antes habían sacado de Egipto en masa; e hicieron panes ázimos cocidos bajo ceniza, pues no había podido fermentar, urgidos por los egipcios a salir y sin permitirles dilación alguna; ni habían tenido tiempo de preparar alimento alguno. 40. Y la estancia de los hijos de Israel que moraron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. 41. Cumplidos los cuales, en aquel mismo día salió todo el ejército del Señor de la tierra de Egipto. 42. Esta es la noche que ha de observarse en honor del Señor, cuando los sacó de la tierra de Egipto: esta noche deben observarla todos los hijos de Israel en sus generaciones. 43. Y dijo el Señor a Moisés y a Aarón: Este es el rito de la Fase: ningún extranjero comerá de ella. 44. Pero todo esclavo comprado será circuncidado, y así comerá. 45. El forastero y el jornalero no comerán de ella. 46. Se comerá en una sola casa, y no sacaréis fuera de la casa la carne, ni quebraréis hueso alguno. 47. Toda la asamblea de los hijos de Israel la celebrará. 48. Y si algún forastero quisiere morar entre vosotros y celebrar la Fase del Señor, primero serán circuncidados todos sus varones, y entonces la celebrará conforme al rito: y será como el nacido en la tierra; pero si algún hombre no estuviere circuncidado, no comerá de ella. 49. La misma ley será para el que es natural de la tierra y para el prosélito que peregrina entre vosotros. 50. Y todos los hijos de Israel hicieron como el Señor había mandado a Moisés y a Aarón. 51. Y en aquel mismo día el Señor sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus compañías.


Versículo 1: Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón

Versículo 1. 1. Y el Señor dijo — en el mismo primer mes, a saber Nisán, esto es, marzo, algunos días antes de la partida de Egipto y antes de la matanza de los primogénitos; pues esta ocurrió el día 15 del mes, pero aquí se ordena el día décimo del mismo mes tomar el cordero, para ser inmolado el día 14. Por tanto, antes de la matanza, y consiguientemente antes del día décimo, estas cosas fueron dichas por Dios y promulgadas por Moisés. De ahí también que sean anteriores a la última conversación de Moisés con el Faraón, de la cual se trata al final del capítulo 10. Se trata pues de un hysteron proteron [inversión del orden]; porque Moisés quiso tejer primero toda la historia de las señales y plagas de Egipto, y luego narrar la partida de los hebreos de Egipto, a la cual antepone el rito de la Fase, o cordero pascual, que fue el símbolo y señal de la partida y la liberación.


Versículo 2: Este mes será para vosotros el principio de los meses

Versículo 2. 2. Este mes será para vosotros el principio de los meses: será el primero entre los meses del año. — Este mes es Nisán, que corresponde a nuestro marzo, o en parte a marzo, en parte a abril. Josefo afirma que los griegos lo llamaban Xántico, y los egipcios Farmuti.

Los hebreos utilizaban meses lunares, es decir, aquellos que la luna describe con su curso; pero este curso de la luna no es el recorrido del Zodíaco — pues la luna lo recorre en 27 días — ni el de iluminación, ya que este se completa en 28 días; sino el de la conjunción de la luna con el sol. Pues contando los días que transcurren entre una conjunción de la luna con el sol y la siguiente conjunción, cuando la luna, separándose del sol, comienza de nuevo a aparecer y produce la neomenia o luna nueva, que es el primer día del mes, se obtiene un mes lunar, que consta de 29 días y 12 horas adicionales. Estas 12 horas se añaden a meses alternos para que se forme un día entero — por ejemplo, si se asignan 29 días a este mes, se asignarán 30 al siguiente, luego 29 al tercero, 30 al cuarto, y así sucesivamente. De ahí resulta que el año lunar, compuesto de doce lunaciones o meses, tiene 354 días, y es menor que el año solar en once días. Por eso, para igualar el año lunar con el solar, añadían un decimotercer mes cada tercer o segundo año, duplicando el último mes Adar, esto es, febrero, al que por ello llamaban Veadar, como un segundo Adar, y aquel año se llamaba embolismal o intercalar. Así sucedía que cada 19 años el comienzo del año solar y lunar era exactamente el mismo; pues duplicando Adar siete veces, a saber en el año tercero, sexto, octavo, undécimo, decimocuarto, decimoséptimo y decimonoveno, los 209 días en que el año solar había excedido al lunar en 19 años eran todos restituidos por estos siete meses intercalados, como se verá fácilmente si se hace el cálculo, y se asignan 30 días a los seis meses que se intercalan, pero 29 días al séptimo mes, el último del decimonoveno año. Así dice Beda, libro Sobre el cómputo del tiempo, capítulo 43, y el Abulense, sobre Levítico 23, Cuestión 19. Véase Ribera, libro 5 Sobre el Templo, capítulo 2.

De ahí este es el canon del embolismo o intercalación entre los hebreos: tres, tres, dos, tres, tres, tres, dos — es decir: un mes debe intercalarse en el año tercero, y el sexto, y el octavo, y el undécimo, y el decimocuarto, y el decimoséptimo, y el decimonoveno. Por tanto, en 19 años insertaban siete meses intercalares; así el embolismo ocurría cada tercer o segundo año. De este modo igualaban sus años lunares con los años solares que otras naciones comúnmente usaban, para poder acomodarse a ellas y a sus estaciones.

Será el primero. — Por tanto, antes de esto no había sido el primero; y así, antes de la Pascua y antes de esta liberación de los hebreos de Egipto, el primer mes era Tisrí (palabra que entre los caldeos significa «comienzo», dice Josefo), que corresponde en parte a nuestro septiembre, en parte a octubre. Esto se recoge claramente del capítulo 23, versículo 16, donde el Señor, hablando de la Fiesta de los Tabernáculos, que se celebra en el séptimo mes, a saber Tisrí, dice: «Guardaréis la solemnidad al final del año.» Pero donde el año precedente termina y cesa, allí comienza el siguiente: por tanto en Tisrí, es decir, en septiembre, el año solía terminar y comenzar. De ahí también que en el capítulo 24, versículo 22, llama a la misma solemnidad la que tiene lugar «cuando al retorno del año se recogen todas las cosas.» De ahí también que san Jerónimo, sobre Ezequiel capítulo 1, escribe que el mes de octubre era el primero entre todos los orientales.

Nótese de paso: Los atenienses comenzaban el año desde el solsticio de verano, los asiáticos desde el equinoccio de otoño, los árabes y damascenos desde el equinoccio de primavera, desde el cual también los romanos antes de Numa Pompilio contaban el principio del año, definiendo el año con solo diez meses. Pero Numa añadió enero y febrero: de ahí que Ovidio, Fastos 1, diga: «El mes que sigue a Jano era el último del año antiguo.» Después de Numa, Julio César redujo el año al cómputo que ahora usamos, es decir, que el año comience poco después del solsticio de invierno, esto es, desde enero. Véase Solino, Polyhístor, libro Sobre los días intercalares, capítulo 1.

Así pues, aquí, en la partida de los hebreos, el año común o civil comenzó a distinguirse del año sagrado. El año civil comenzaba en Tisrí, o septiembre, y servía para el jubileo, como se ve en Levítico 25:9-10, y también para los contratos y asuntos seculares, como enseña Josefo, Antigüedades 1.4. Pero el año sagrado se instituye y ordena aquí que comience desde Nisán, esto es, marzo (pues en este mes tanto judíos como cristianos celebran la Pascua), para que sirviera a las fiestas, y esto en memoria de la salvación recibida y de la liberación de Egipto. Porque Dios quiso que el comienzo del año fuera el comienzo de su salvación y beneficios: pues así como después de Noé y el diluvio quiso que el arcoíris fuera el comienzo de la nueva era, monumento perpetuo de la alianza, misericordia y gracia divina, de que nunca más anegaría el mundo con un diluvio, así también ahora comenzamos el año desde la Circuncisión de Cristo, esto es, desde el comienzo de su redención.

La Escritura, sin embargo, siempre usa el año sagrado, como se ve en Zacarías 7:1; 1 Macabeos 4:52; Ester 3:7. Véase Ribera, sobre Ageo 2, al principio.

Nótense los elogios del mes de Nisán. El primero es que en Nisán se celebra la Pascua, la fiesta más célebre. Segundo, en Nisán los hebreos entraron en la Tierra Prometida, como se ve en Josué 4. Tercero, en Nisán fue creado el mundo. Cuarto, en Nisán Cristo fue concebido, padeció y resucitó. Quinto, Nisán es llamado el mes de los frutos nuevos, porque hacia marzo en Palestina los cultivos, especialmente la cebada, comienzan a madurar. Y estas son las razones por las cuales Dios quiso que la Pascua se celebrara en primavera, a saber, en Nisán. Óigase a san Ambrosio, Sobre el misterio pascual 2: «La Pascua,» dice, «es en primavera, principio del año, comienzo del primer mes, renovación de nuevos brotes, y, disipada la noche del lóbrego invierno, restituido el gozo de la naciente primavera. En esta estación, Dios, Creador de las cosas visibles e invisibles, suspendiendo de la tierra fija el mecanismo de los cielos, iluminó el día con el calor del sol,» etc.

Se preguntará cómo puede conocerse e identificarse el primer mes, o Nisán, en el que debe celebrarse la Pascua. Respondo: el primer mes y pascual es aquel cuyo día 14, o plenilunio, cae o en el equinoccio de primavera mismo o en el primer día después de él. Esto significa que la luna nueva del primer mes no puede ser ni antes del día 8 de marzo ni después del día 5 de abril. El equinoccio de primavera en tiempo del Concilio de Nicea caía el 21 de marzo, donde también cae ahora tras la corrección gregoriana del calendario. De ahí resulta que Nisán nunca puede estar enteramente dentro de marzo, sino que siempre se extiende a abril; aunque puede suceder que a veces esté enteramente fuera de marzo, nunca puede estar enteramente fuera de abril; puede, no obstante, estar a veces enteramente dentro de abril. Lo más frecuente es que coincida en parte con marzo y en parte con abril, y a veces se extienda hasta mayo, a saber si es un año embolismal, aumentado por un mes de Veadar, que precede a Nisán. Así Pererio según Clavio. Finalmente, óigase a san Ambrosio, epístola 83, a los obispos de Emilia: «Si,» dice, «el día decimocuarto cae en domingo — porque no debemos ayunar en domingo, ni romper el ayuno cuando la luna decimotercera cae en sábado, ayuno que debe observarse especialmente el día de la Pasión de Cristo — entonces la celebración de la Pascua debe diferirse a la semana siguiente. Como sigue la luna decimoquinta, en la que Cristo padeció, y será lunes: y el martes será también la luna decimosexta, cuando el cuerpo del Señor descansó en el sepulcro; mientras que el miércoles de esa semana será la luna decimoséptima, en la que el Señor resucitó.»

Entre los meses del año. — Nota: El primer mes de los hebreos es Nisán, que corresponde a marzo; el segundo es Iyyar, que corresponde a abril; el tercero Siván, que corresponde a mayo; el cuarto Tammuz, que corresponde a junio; el quinto Ab, que corresponde a julio; el sexto Elul, que corresponde a agosto; el séptimo Tisrí, que corresponde a septiembre; el octavo Marjesván, que corresponde a octubre; el noveno Kislev o Kaslev, que corresponde a noviembre; el décimo Tevet, que corresponde a diciembre; el undécimo Shebat, que corresponde a enero; el duodécimo Adar, que corresponde a febrero.

Nótese que estos nombres — Nisán, Iyyar, Siván y los demás — no son hebreos sino caldeos, que los hebreos recibieron de los caldeos durante la cautividad de Babilonia. De ahí que solo se encuentren en libros escritos después de la cautividad, a saber en Zacarías, Esdras, Ester y Macabeos. Pues antes se los designaba con número ordinal: el primer mes, el segundo, el tercero, y así sucesivamente, comenzando desde marzo; así como también los romanos llaman Quintilis, Sextilis, Septiembre, Octubre, Noviembre al quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno mes desde marzo, que era antiguamente también el primer mes del año entre los romanos.


Versículo 3: El día décimo tome cada uno un cordero

Versículo 2. 3. Hablad a toda la asamblea de los hijos de Israel. — Hablad a los ancianos, para que ellos individualmente proclamen lo mismo a cada persona del pueblo. Pues el Faraón nunca habría permitido que se reuniera toda la asamblea de los hebreos; y reunir esta asamblea en secreto sin su conocimiento era imposible. Así en el capítulo 4, versículo 29, se dice que Moisés reunió a los ancianos de Israel, y sin embargo inmediatamente en el versículo 30 se dice que habló al pueblo — a saber, al pueblo que los ancianos representaban. Pues lo que dijo a los ancianos se consideraba como dicho a todo el pueblo.

El día décimo de este mes tome cada uno un cordero — es decir, cuatro días antes del sacrificio del cordero, que debía tener lugar el día 14. Dios lo mandó, primero, para que durante estos cuatro días cualquier defecto, si lo hubiera en el cordero, se manifestase — pues debía ser de un año, entero, libre de todo defecto. Segundo, porque en el mismo día decimocuarto, estando todos los hebreos preparándose para la partida, no habrían tenido tiempo de buscar un cordero. Tercero, para que con la vista y la voz del cordero se acordaran de prepararse para su sacrificio y banquete, y al mismo tiempo para la partida de Egipto. «Pues cuantas veces el cordero emitía un balido, otras tantas, como sonido de trompeta, despertaba las filas del campamento a punto de marchar,» dice Ruperto. Cuarto, para que de la frecuente visión del cordero tuvieran ocasión de conversar entre sí sobre su redención de Egipto y dar gracias a Dios por ella, y con toda su esperanza puesta en Él, no temieran a los egipcios. San Epifanio añade, en la Herejía 50, que los judíos acostumbraban ayunar durante cinco días desde este día décimo hasta el decimocuarto.

Además, no solo en este primer año de la partida, como sostiene Pererio, sino después cada año en este día décimo el cordero era habitualmente adquirido por los judíos, como indica el ya citado Epifanio, junto con san Juan Crisóstomo en la Catena, santo Tomás y Lira sobre Juan 12, Ruperto sobre Juan capítulos 10 y 11, Anselmo sobre Mateo capítulo 21, y Beda en su homilía del Domingo de Ramos. De ahí también que en este día décimo, es decir, el Domingo de Ramos, Cristo, prefigurado por este cordero, entrara en Jerusalén con ramos de palma, para ser inmolado después del cuarto día, esto es, el viernes, como han observado Toledo sobre Juan capítulo 12 y otros.

Tome cada uno — es decir, el padre de familia, a no ser que su familia sea tan pequeña que deba unirse a otra, porque no bastaría para comer un cordero entero: pues nada del cordero se podía dejar. Los rabinos y Josefo (Guerra de los judíos 7.17) refieren que no menos de diez solían requerirse para comer un cordero. De ahí que, a partir de los 256.500 corderos sacrificados en la Pascua en tiempo del gobernador Cestio, bajo el cual los judíos comenzaron a rebelarse contra los romanos, Josefo calcula que había entonces tres millones setecientos mil judíos en Jerusalén, sin contar a los impuros; pues a estos se les prohibía comer el cordero.

Un cordero. — La palabra hebrea seh significa una res del rebaño, tanto ovina como caprina, es decir, tanto un cabrito como un cordero. Por tanto, tanto un cabrito como un cordero podían ser sacrificados y servir de Pascua, como diré en los versículos 5 y 21, y esto para significar a Cristo, que en sí mismo es cordero, pero para nosotros es cabrito, porque tomó sobre sí nuestros pecados para expiarlos. Así dice Ruperto.

Se preguntará por qué Dios eligió un cordero o cabrito y no un ternero o cerdo para la Pascua. Lira responde: para destruir la idolatría de los egipcios y apartar de ella a los hebreos. Pues los egipcios adoraban a Júpiter en forma de carnero; por eso Dios mandó que se matara y sacrificara un cordero, o pequeño carnero. Pero en tal caso habría elegido más bien un ternero: pues los egipcios adoraban sobre todo a Apis en forma de toro o becerro.

Digo pues que Dios eligió el cordero porque era de precio pequeño y podía ser adquirido incluso por cualquier familia pobre. Segundo, porque el cordero es un animal limpio y sencillo; de ahí que Festo Pompeyo diga: «El cordero (agnus) se llama así del griego hagnos, que significa casto, porque el cordero es una víctima pura y apta para el sacrificio.» De ahí también que san Cipriano, en su tratado Sobre la envidia, diga: «Cristo llama a su pueblo corderos, para que la sencillez de alma imite la naturaleza sencilla de los corderos.» Tercero, porque el cordero era tipo expreso de Cristo, que en la Pascua fue inmolado por nosotros como cordero manso, inocente y purísimo, Isaías 53:7 y Jeremías 11:19; de ahí también que Juan el Bautista, Juan capítulo 1, diga: «He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita los pecados del mundo.» Finalmente, con acierto inmolaron el cordero en Nisán, cuando el sol está en Aries: pues el carnero animal corresponde a la constelación de Aries en los cielos, y el carnero es padre del cordero. Así dice el Burgense.

Por sus familias y casas. — Pues en la misma casa podía haber varias familias, cada una de las cuales, si era grande, tenía y comía su propio cordero.


Versículo 5: El cordero será sin defecto, macho, de un año

Versículo 5. 5. Y el cordero será sin defecto, macho, de un año. — «Sin defecto», no de color, sino de deformidad, cojera, sarna o cualquier otro vicio o enfermedad; pues debía ser tamim, esto es, íntegro o perfecto, como dice el hebreo. Pues esto es lo que se dice de cualquier víctima en Levítico 22: «No habrá en él defecto alguno: si fuere ciego, o quebrado, o con cicatriz, o con pústulas, o con sarna, o con tiña, no los ofreceréis al Señor.»

Tropológicamente, la víctima de Dios debe ser pura e inocente. «Nada,» dice Lactancio, Instituciones divinas 6, «desea aquella santa y singular Majestad del hombre sino la sola inocencia; y si alguien la ofrece, ha rendido sacrificio a Dios con suficiente piedad y devoción.» San Gregorio dice piadosamente, Morales 2: «He vivido de tal modo,» dice, «que no temo un acusador de fuera: ¡ojalá hubiera vivido de tal modo que no tuviera dentro de mí la conciencia acusadora!» Sócrates, condenado a muerte, cuando Apolodoro lloraba y dijo: «¿Morirás inocente?», respondió: «¿Qué, preferirías que muriese culpable?» Aquella muerte, por tanto, debe ser aceptada de buen grado en la que un hombre es absuelto de la acusación de crimen, como atestigua Jenofonte en su Apología de Sócrates. Pues así mueren los corderos: inocentes.

«Cristo,» dice san Cipriano arriba, «llama a su pueblo ovejas, para que la inocencia cristiana se iguale a la de las ovejas.» Y san Lorenzo Justiniano, Sobre la disciplina monástica, capítulo 7: «El Señor Jesús,» dice, «se deleita en la gravedad de vida, en la pureza de corazones y en la perfección de sus siervos.» Y san Juan Crisóstomo, Homilía 6 sobre Mateo: «Así como,» dice, «ante la vista de los hombres un rostro hermoso es agradable, así ante los ojos de Dios una conciencia limpia es hermosa.» Además, Sexto el Pitagórico dice: «Un templo santo para Dios es la mente del piadoso, y el mejor altar para Él es un corazón limpio sin pecado.» Y el emperador Tito: «Nadie,» dice, «puede injuriarme ni afrentarme, porque no hago nada que pueda dañar a otros.» El rey Agis, condenado a muerte, dijo al lictor que lloraba por él: «Ahórrame esas lágrimas; pues muriendo injustamente soy mejor que quienes me condenaron a muerte.» Y Foción a un compañero que lloraba: «¿No te basta, Evipo,» dijo, «morir con Foción?» — a saber, con un hombre inocente.

Segundo, debe ser macho, porque el macho es superior a la hembra, y lo más excelente debe ser ofrecido a Dios. Además, porque es tipo de Cristo el Señor, que es aquel varón aborrecido por el dragón, Apocalipsis 12; pues no tiene nada femenino, es decir, blando, voluble ni inestable. De ahí que se diga que gobierna las naciones con vara de hierro, dice Ruperto.

Tropológicamente, Dios quiere que se le ofrezcan espíritus varoniles y obras varoniles; tales víctimas exige para sí; desea varones, no mujeres. «Varón,» dice Casiodoro sobre el Salmo 1, «se llama así de sus fuerzas (vires), el cual no sabe flaquear en soportar la adversidad, ni jactarse con elación alguna en la prosperidad, sino que, firme con espíritu constante y fortalecido por la contemplación de las cosas celestiales, permanece siempre intrépido.» Y san Gregorio, Morales 5: «La fortaleza,» dice, «solo se muestra en la adversidad; pues cada uno demuestra que ha avanzado en fortaleza en la medida en que soporta más valientemente los males de otros. Pues tiene menos fuerza en sí mismo aquel a quien la iniquidad de otros derriba, el cual, en lo que no puede soportar, yace traspasado por la espada de su propia pusilanimidad.» El mismo dice de nuevo: «Los Santos,» dice, «han sido hechos fuertes; dominan la carne, resplandecen en virtudes, fortalecen el espíritu, desprecian las cosas terrenas, desean las celestiales; pueden ser matados, pero no pueden ser doblegados. Ni temen por debilidad soportar la falsedad, ni cuando son injuriados callan jamás la verdad.»

Moisés añade «macho» al cordero; pues aunque entre los gramáticos «agnus» (cordero) se distingue por género de «agna» (cordera), sin embargo entre los retóricos «agnus» no discrimina frecuentemente el sexo sino la especie del animal, como cuando decimos: «Es un cordero, no un ternero» — es decir, es de la especie del cordero, sea macho o hembra. Especialmente porque el hebreo seh significa ambos sexos, tanto una cordera como un cordero macho.

Tercero, este cordero debe ser de un año — en hebreo, «hijo de un año», es decir, que tiene o está dentro de un año, de modo que no exceda un año de edad, aunque no haya completado un año entero; pues podía ser sacrificado después del octavo día desde su nacimiento, como se ve en Levítico 22:27. Dios exigió un cordero de un año porque, como dice Nicetas sobre la segunda oración de Gregorio Nacianceno Sobre la Pascua, los corderos alcanzan su plena madurez en el espacio de un año, de modo que pueden reproducirse, como dice Hesiquio sobre Levítico capítulo 14.

Simbólicamente, así como el sol completa su curso a lo largo del año, engendra todas las cosas y regresa a su punto de partida, así Cristo, que es el Sol de Justicia, siempre semejante a sí mismo, volviendo a sí mismo, engendra el círculo de las virtudes. Así dice Gregorio Nacianceno en el mismo lugar.

Tropológicamente, Dios quiere que le sirvamos desde nuestros tiernos años y le consagremos nuestra primera edad, como hicieron Cristo, la Bienaventurada Virgen, san Juan Bautista, san Nicolás, santa Inés y otros santos ilustres. Óigase a Hugo de San Víctor, Sobre el claustro del alma 3.10: «A aquella edad en que los cabellos se doran, la carne brilla como marfil, el rostro sonrosado se adorna con las gemas de los ojos, la salud corporal suministra fuerza y la edad juvenil promete una vida más larga; cuando la razón florece, también florecen los sentidos corporales — la vista es más aguda, el oído más pronto, el paso más recto, el semblante más alegre: quienes a esta edad se someten y se unen a Dios pueden esperar el premio de Juan.» Y nuevamente: «Tales personas,» dice, «ofrecen un sacrificio vivo, agradable a Dios, sin defecto, al que no le falta ni oreja, ni ojo, ni pie, ni cola. Oiga esto la conversión tardía de los ancianos — aquellos cuyos oídos están tapados por la decadencia de la vejez, cuyos ojos se oscurecen, y, por tocar todo brevemente, que desfallecen en sí mismos por sí mismos. No ofrecen un cordero sin defecto sino, por así decirlo, un cerdo cebado. Pues como el cerdo se revuelca en la inmundicia, así el anciano que yace en los vicios; y como el cerdo se alimenta de cáscaras, así el anciano se deleita en fábulas y rumores.»

Nota: Los judíos en la Pascua todavía en nuestro tiempo comen panes ázimos, pero no sacrifican un cordero, porque según la ley de Deuteronomio 16:2, el cordero debe ser sacrificado en Jerusalén, donde estaba el templo. Pero ahora los judíos carecen tanto de templo como de Jerusalén.

Obsérvese aquí que los judíos no guardan aquellas prescripciones ceremoniales que Dios mandó que se hicieran en el templo, o que se refieren al templo: tales son las ofrendas, sacrificios, diezmos, el año del jubileo, las purificaciones y limpiezas, el sacrificio de los primogénitos y su redención. Pues todas estas cosas debían hacerse en el templo; por tanto, como los judíos carecen del templo, no pueden ahora practicarlas. Pero otras cosas que no fueron mandadas a hacerse en el templo, estas las observan los judíos todavía hoy: tales son la circuncisión, el comer panes ázimos, los ayunos, el descanso del sábado y de otras fiestas. Pues los judíos guardan las fiestas en cuanto al descanso, pero no en cuanto a los sacrificios que por ley debían ofrecerse en esas fiestas; pues estos solo pueden hacerse en el templo. Los judíos observarían también los preceptos judiciales dondequiera que entre los suyos tuvieran un tribunal y jueces que juzgaran y castigaran según la ley de Moisés.

Conforme al mismo rito tomaréis también un cabrito. — A saber, si no hay cordero disponible, entonces en lugar del cordero tomaréis un cabrito que, como el cordero, sea sin defecto, macho y de un año. Pues Dios no manda que tomen un cordero y un cabrito a la vez (ni los hebreos lo hicieron nunca), sino o un cordero o un cabrito. Esto se ve claramente por el hebreo, que dice: «El animal será macho; de los corderos y (es decir, o) de los cabritos lo tomaréis.» Y por los Setenta, que dicen: «El cordero será perfecto, macho, sin defecto; de corderos y (es decir, o) de cabritos lo tomaréis.» Pues no podían tomar uno y el mismo animal de cabritos y ovejas al mismo tiempo. Así dicen Teodoreto, Ruperto, Hugo, el Abulense, Cayetano y Lipomano.

Por tanto, primero, yerran ciertos judíos que piensan que en familias grandes podía sacrificarse un ternero en lugar del cordero, y lo prueban a partir de Deuteronomio 16: «Sacrificaréis la Pascua al Señor de entre ovejas y bueyes.» Pero el sentido de ese pasaje es distinto, como explicaré allí.

Segundo, yerra el Burgense al negar que un cabrito pudiera sacrificarse en lugar del cordero. El hebreo, dice, lee: «de carneros y cabras lo tomaréis», es decir: tomaréis un cordero del rebaño en el que carneros y cabras suelen estar asociados. Pero nuestro traductor [el traductor de la Vulgata] lo refuta expresamente aquí cuando traduce: «conforme al mismo rito tomaréis también un cabrito.» Y todos los intérpretes, tanto latinos como hebreos, refutan esta misma opinión.

Tercero, yerran otros que pensaban que un cordero debía ser sacrificado por las familias individuales el día decimocuarto, pero un cabrito por todo el pueblo el día decimoquinto: estos son refutados extensamente por el Abulense y Lira.


Versículo 6: Toda la multitud lo inmolará al atardecer

Versículo 6. 6. Y toda la multitud de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. — Por tanto el cordero era una víctima, y su inmolación era un verdadero sacrificio, como se ve en el capítulo 13, versículo 5, y Números capítulo 9, versículo 7.

Nótese primero: «Lo inmolará», a saber, el día decimocuarto, como se dijo antes. Los judíos, pues, sacrificaban su Pascua en la misma decimocuarta luna, cualquiera que fuese el día en que cayera. Pero los cristianos, después del Concilio de Nicea, celebran su Pascua no en la decimocuarta luna, sino en el domingo inmediatamente siguiente, en honor de la Resurrección de Cristo. Pues nuestra Pascua no es un paso de la vida a la muerte, como fue la del antiguo cordero, sino de la muerte a la vida, que fue la culminación del sacrificio de Cristo en la Cruz. «Porque nuestra Pascua no es de pasión sino de gozo y resurrección,» dice san Ambrosio, epístola 83.

Nótese segundo: Había una tradición entre los antiguos hebreos de que el Mesías traería plena libertad a los hebreos en el mismo día en que ellos habían sido liberados de Egipto mediante la Pascua, según refiere Andrés Masio sobre Josué 5:10. Así como en aquel día había luna llena, cuando la luna, opuesta al sol, brillaba en su totalidad para el mundo: así Cristo, muriendo en aquel tiempo, iluminó al mundo entero; de donde aún ahora los judíos, como atestigua Eugubino, creen que su Mesías vendrá en este mismo día y redimirá a Israel.

Alegóricamente acerca de Cristo. Alegóricamente, dice Ruperto: El cordero se sacrifica en el plenilunio, es decir, Cristo vino y fue sacrificado en la plenitud de los tiempos, Gálatas 4:4. Segundo, el cordero fue sacrificado después del equinoccio de primavera, cuando la luz y el día crecen y vencen a la noche y las tinieblas; esto es, desde el sacrificio de Cristo, la luz de la justicia comenzó a vencer las tinieblas de los pecados. Tercero, «¿Acaso el mismo mes de Nisán, es decir, la suave temperatura primaveral de abril, cuando la tierra vuelve a florecer y el mundo entero rejuvenece después del invierno como después de la vejez — no enseña a cualquier persona sensata cuánto, con su espíritu de mente renovado, verde de fe, gozoso de esperanza y florido de caridad, debe participar en el banquete espiritual del cordero pascual?» dice Ruperto.

TODA LA ASAMBLEA. — De aquí se ve claramente que los sacerdotes no sacrificaban estos corderos pascuales en el templo, como pensaba Claudio Sainctes (I Repetit. Eucharist. cap. 7), el Abulense sobre Éxodo 16, y a partir de él Serario sobre Josué 5, Cuestión 22; sino que cada padre de familia sacrificaba el cordero en su propia casa en nombre de toda la familia: pues en aquel tiempo los sacerdotes legales aaronitas y sus sacrificios aún no habían sido instituidos. Filón lo enseña expresamente en el Libro III de La vida de Moisés, así como Josefo, a quienes sigue Francisco Suárez (III Parte, vol. II, disp. 40, secc. 2); y aunque los sacerdotes aaronitas fueron establecidos después, sin embargo los padres de familia permanecieron en su antiguo derecho y rito de sacrificar la Pascua, y en ese aspecto retuvieron el antiguo derecho del sacerdocio que pertenecía a los primogénitos o a los padres de familia. Esto se confirma por el hecho de que las familias eran más numerosas, y consiguientemente los corderos pascuales eran más que los levitas; pues bajo Cestio, como ya he dicho, los corderos pascuales se contaron en 256.500; y es claro que los levitas eran mucho menos numerosos.

Se objetará: En 1 Esdras 6:20 se dice que los sacerdotes y levitas se purificaron para sacrificar la Pascua por todos los hijos del cautiverio. Respondo: «Pascua» allí se toma por todo sacrificio pascual, tanto del cordero como de otras víctimas; pues otras víctimas solo las sacrificaban los sacerdotes, incluso en la Pascua; pero el cordero lo sacrificaba el padre de familia, a no ser que estuviese contaminado por impureza legal: pues entonces parece que Esdras encomendó esta tarea a los levitas, así como la misma tarea les fue encomendada en 2 Crónicas 30:17-18.

Se preguntará en segundo lugar si el cordero debía sacrificarse en la primera tarde del día decimocuarto o en la segunda. Ciertos autores modernos en España, a quienes Ribera refuta extensamente (Libro V, Sobre el Templo, cap. 3), y Suárez en su tratado Sobre la confección de la Eucaristía con pan ácimo, sostuvieron que el cordero debía sacrificarse en la primera tarde del día decimocuarto. Pero esta opinión es claramente falsa, como se prueba con múltiples argumentos de la Escritura, del contexto de la historia en este capítulo, del cómputo de los siete días de los ázimos y de la Pasión de Cristo.

AL ATARDECER — es decir, a la puesta del sol, como se dice en Deuteronomio 16:6. En hebreo es «entre dos tardes»; en caldeo, «entre dos soles.» Digo pues que la primera tarde es cuando el sol ya declina hacia su ocaso, y la segunda es la puesta del sol misma. Josefo enseña expresamente que los hebreos acostumbraban sacrificar las víctimas pascuales desde la hora novena hasta la undécima; ahora bien, la hora novena corresponde a nuestra tercera hora de la tarde. Por tanto, unas dos horas antes de la puesta del sol se sacrificaba y asaba el cordero; pero después de la puesta del sol, de noche, cuando ya había comenzado el día decimoquinto, se comía, de modo que antes de medianoche la comida del cordero y toda la cena quedaban terminadas.

Alegóricamente, cuando la tarde del mundo declinaba, en la consumación de los siglos, Cristo fue ofrecido, dice Hesiquio sobre Levítico 23, y esto en el plenilunio, cuando la luna, habiendo recibido la plenitud de su luz, sale por el Oriente mientras el sol ya se pone; porque cuando el Sol de justicia moría, la Iglesia, significada por la luna, disipando las tinieblas del pecado, se levanta con nueva luz y resurge a la vida. Así Ruperto y Radulfo sobre Levítico 10. Tercero, así como los hebreos comieron el cordero de noche, así también Cristo nos dio el Sacramento de su cuerpo para comer en aquella misma noche. Cuarto, así como al día siguiente, es decir, en el primer día solemne de los ázimos, se sacrificaban holocaustos, así también Cristo en la cruz se ofreció a Dios Padre como víctima viva: por tanto en un solo día, a saber el primer día pascual, ofreció ambos sacrificios, el cruento y el incruento. De ahí que los Padres enseñen que el sacrificio del cordero exhibía un tipo no menor del sacrificio eucarístico, que se realiza en la Misa, que del sacrificio de la cruz. Así san León, Sermón 7 Sobre la Pasión; san Cipriano, Sermón Sobre la Cena; san Gregorio, Homilía 22 sobre los Evangelios; Nacianceno, Oración 2 Sobre la Pascua; san Juan Crisóstomo, Homilía Sobre la traición de Judas; Ruperto y otros.

Anagógicamente, san Jerónimo sobre Marcos 14 dice: «La tarde del día indica el fin del mundo: pues hacia la hora undécima vendrán los últimos, que serán los primeros en recibir el denario de la vida eterna.»


Versículo 7: Tomarán de su sangre y la pondrán en las jambas de las puertas

7. Y tomarán de su sangre y la pondrán sobre ambas jambas y en los dinteles de las casas en que lo coman — para que cuando el ángel vea esta sangre del cordero, pase de largo aquellas casas de los hebreos y no hiera a sus primogénitos, como se ve en el versículo 23. San Jerónimo sobre Isaías 66, hablando de la señal de la cruz: «Con esta también fueron marcadas las jambas de las casas en Egipto, cuando Egipto era herida e Israel solo permanecía ileso» — como si la sangre del cordero se aplicara a las jambas en forma de cruz.

Nota: «de las casas en que lo coman.» Pues de aquí parece que quienes se habían unido a otra casa, porque eran demasiado pocos en número, y habían comido allí el cordero, pasaban también la noche en la misma casa: pues si hubieran regresado a su propia casa, que no estaba marcada con la sangre del cordero, habrían sido heridos por el ángel en ella. Tales eran, en efecto, casi todos aquellos hebreos que vivían en casas de egipcios: pues todos estos acudieron a las casas de los hebreos. Pero si algún primogénito egipcio se encontraba entonces en las casas de los hebreos, era expulsado antes del anochecer; de otro modo, o no todos los primogénitos egipcios habrían sido heridos, o algunos habrían sido heridos en las casas de los hebreos marcadas con la sangre del cordero — cualquiera de las dos cosas era contraria al decreto y mandato de Dios.

Epifanio narra (Herejía 18) que los egipcios, recordando aquel día en que los israelitas fueron librados de la matanza del ángel — los israelitas que habían untado las jambas de sus casas con la sangre del cordero — acostumbraban, al acercarse el equinoccio de primavera, tomar almagre rojo y untar con él todos los árboles y casas, exclamando: «Porque en este tiempo el fuego devastó todas las cosas,» contra cuya plaga consideran el almagre de color sanguíneo como remedio.


Versículo 8: Comerán la carne asada al fuego y panes ázimos

8. Y comerán la carne aquella noche asada al fuego, y panes ázimos con lechugas silvestres. — Nota: Este cordero representaba un doble beneficio de liberación: primero, del ángel exterminador; segundo, de Egipto, de donde los egipcios, temiendo plagas mayores, obligaron a los hebreos a partir con prisa. Además, en el comer del cordero dos cosas se representaban a los judíos. Primero, la dura servidumbre con que sirvieron en Egipto; los símbolos de esto eran el pan ácimo, y por tanto insípido, el asado del cordero y las lechugas amargas. Segundo, la prisa con que partieron: los símbolos de esto eran, primero, el pan ácimo, porque no tuvieron tiempo de fermentarlo; segundo, el asado del cordero; tercero, que no podían quebrar sus huesos (pues quienes están de prisa no tienen tiempo para ello) para succionar la médula; cuarto, que comían el cordero ceñidos, sosteniendo báculos en las manos; quinto, que no podían guardar lo sobrante, sino que lo quemaban con fuego.

Nótese aquí primero, que el cordero debía comerse de noche: y esta noche era la del día decimoquinto. Segundo, por «carne» entiéndanse también los nervios, las vísceras y cuanto hubiera de comestible en el cordero.

ASADA AL FUEGO. — Nota: Este era el rito de inmolar el cordero: primero, se degollaba el cordero; segundo, se rociaban con su sangre las jambas y el dintel; tercero, quitada la piel, los intestinos se sacaban del cordero y se volvían a poner, como sostiene el Abulense, o se dejaban en el cordero mismo, como sostiene Cayetano, y se lavaban para que pudieran asarse con el cordero y dentro del cordero. Pues todo lo asado debía comerse excepto la hiel y los intestinos que contenían heces, que se desechaban. Cuarto, el cordero entero, sin descuartizar (para que ningún hueso fuera dañado), se asaba con su cabeza y patas. A lo cual añádase que el cordero no podía comerse sino por los circuncidados, como se ve en el versículo 48, y solo en el lugar fijo donde estaba el tabernáculo, y luego el templo, a saber Jerusalén, Deuteronomio 16:6. Finalmente, con el rito que sigue.

CON LECHUGAS SILVESTRES — en hebreo al merorim, esto es, «con cosas amargas», a saber, con cualesquiera hierbas amargas. Pero los Setenta traducen una especie específica, a saber pikrides, que Teodoro Gaza traduce unas veces como «amargina» y otras como «lechuga silvestre», la cual, según Dioscórides, es amarga de sabor. De ahí que, aunque Ruellio piensa que esta lechuga es la endivia, sin embargo parece más verdaderamente que era propiamente esta lechuga silvestre, la cual, dice el Abulense, es como la lechuga de huerto, pero más pequeña y de sabor áspero y amargo. Dios mandó usar estas hierbas amargas con el cordero para que por medio de ellas los hebreos recordaran, dice Teodoreto, la amarguísima servidumbre en Egipto de la que Él los sacaba, a fin de que así se movieran a la alabanza y acción de gracias a Dios. De ahí que san Ambrosio lea «con amargura», como si se mandara a los hebreos comer el cordero con cierta amargura de alma.

Tropológicamente, el Señor mandó que las amargas palabras de los mandamientos de Cristo fueran devoradas junto con el Sacramento de la pasión del Señor (dice san Ambrosio, Sermón Sobre el grano de mostaza), y específicamente que la contrición y la penitencia deben preceder a la Eucaristía, especialmente en la misma semana santa de Pascua. Sobre lo cual san Epifanio (Herejía 70) dice: «En los días de Pascua, cuando entre nosotros durante la Fase hay dormir en el suelo, actos de castidad, aflicciones, comida de alimentos secos, oraciones, vigilias, ayunos y todas las salvaciones de las almas mediante santas aflicciones.» Y san Juan Crisóstomo (Homilía 30 sobre el Génesis): «Ahora los fieles tanto intensifican su ayuno como celebran vigilias y sagradas veladas nocturnas y dan limosnas, para honrar esta semana.» Y san Bernardo (Sermón para el miércoles de la semana de dolor): «Todos los cristianos en esta semana, o más de lo habitual o fuera de su costumbre, practican la piedad; muestran modestia, buscan la humildad, se revisten de gravedad, de modo que parezcan en cierto modo padecer con el Cristo que padece. Pues ¿quién es tan irreligioso que no sienta compunción? ¿Quién tan insolente que no se humille? ¿Quién tan iracundo que no perdone? ¿Quién tan dado a los placeres que no se abstenga? ¿Quién tan malicioso que no se arrepienta en estos días?»


Versículo 9: No comeréis de él nada crudo ni cocido en agua

9. No comeréis de él nada crudo, ni cocido en agua, sino solamente asado al fuego. — «Crudo»: así lo traducen los Setenta, y los hebreos y latinos generalmente; por tanto Oleaster traduce temerariamente el hebreo na como «quebrado» o «descuartizado.» Dios prohíbe que el cordero se coma crudo: tanto porque esto es inhumano, pues la persona se estremece al comer carne cruda; cuanto porque la carne cruda es malsana y apenas puede ser digerida por la persona; y para que después, mientras comen, no rechazaran la carne cruda con asco. Pues en algunos, aunque pocos, pueblos y naciones existe este salvaje y bárbaro apetito de comer carne cruda, que Dios aquí quiere refrenar y abolir: pues a los incultos hebreos, como a niños, les prescribe cada cosa y todas las cosas, aun las ordinarias, acostumbradas y evidentes, minuciosa y exactamente.

Tropológicamente, la carne cruda, dice san Gregorio (Homilía 22 sobre los Evangelios), es una consideración inconsiderada e irreverente de la bondad y excelencia divina, o más bien un olvido de ella: así la comen cruda en la Eucaristía quienes no consideran la excelencia de tan gran Sacramento, y la condescendencia y presencia de Dios nuestro Señor, que nos alimenta con su cuerpo y su divinidad.

NI COCIDO EN AGUA, SINO SOLAMENTE ASADO AL FUEGO. — Tanto porque la carne se asa más rápido de lo que se cuece: por tanto el asado era símbolo de la prisa de los hebreos preparándose para la partida; cuanto porque el asado significaba que los hebreos en Egipto habían sido, por así decirlo, asados y abrasados en el calor del ladrillo y la argamasa, y ahora eran liberados de ello mediante el comer de este cordero asado; y porque la carne asada es de alimento más sólido, y por tanto mejor fortalece a los que trabajan, como los hebreos que estaban a punto de emprender un largo viaje: pues la carne cocida se disuelve en un caldo acuoso, y por tanto pierde y desperdicia gran parte de su sustancia en él.

La razón alegórica y principal era que el cordero asado significara a Cristo abrasado en la cruz por amor a nosotros; pues el cordero se asaba extendido en forma de cruz: una estaca vertical se clavaba desde abajo hasta la cabeza; mientras que otra transversal extendía los hombros del cordero que se asaba, dice san Justino en Contra Trifón. Pues Cristo en la cruz no tuvo nada de agua, esto es, nada de mitigación, nada de consuelo en sus padecimientos, sino que fue asado y abrasado tanto por el dolor como por el amor hacia nosotros. Además, los judíos, negando la divinidad de Cristo y tomando crudamente lo que la Escritura dice sobre el reino y la gloria del Mesías, comen a Cristo crudo. Los herejes comen a Cristo cocido en agua, porque quieren investigar y comprender todos sus misterios con su propio intelecto y razón humana (pues esta es el agua): y así mediante la sabiduría humana vacían los sacramentos de su humanidad y divinidad. Pero los católicos, sobria y piadosamente meditando los misterios de Cristo, y por medio de ellos encendiendo la fe y la caridad, y sirviendo fervorosamente a Cristo, comen a Cristo asado. Así Pererio a partir de san Gregorio.

DEVORARÉIS LA CABEZA CON SUS PATAS Y ENTRAÑAS. — Dios especifica esto porque ordinariamente no asamos la cabeza, las entrañas y las patas, puesto que son huesudas y cartilaginosas; pero en el cordero Dios quiso que estas fueran asadas, tanto porque los hebreos en su prisa no tenían tiempo de cocerlas; cuanto porque Dios quiso que el cordero permaneciera entero; y porque significaba a Cristo, en quien estas partes fueron especialmente asadas — a saber, las entrañas por la compasión y el amor hacia nosotros, los pies por los clavos, y la cabeza por la corona de espinas.


Versículo 10: Nada quedará de él hasta la mañana

10. Nada quedará de él hasta la mañana: si algo sobrare, lo quemaréis con fuego — porque partiréis con prisa al amanecer. De ahí, para que no os ocupéis comiendo o empacando los restos del cordero, o para que esos restos no lleguen a ser comidos profanamente por personas profanas fuera del tiempo del sacrificio, o devorados por perros, o incluso se pudran, quiero que sean consumidos por el fuego en honor de Dios, así como fueron asados al fuego para Dios; y quiero que esto se observe de la misma manera en los años siguientes de ahí en adelante, para que recordéis continuamente la memoria de esta primera partida y prisa.


Versículo 11: Ceñiréis vuestros lomos y comeréis con prisa

11. Y así lo comeréis: Ceñiréis vuestros lomos, tendréis calzado en los pies, sosteniendo báculos en las manos, y comeréis con prisa. — Todas estas cosas indican prisa, y son propias de viajeros ceñidos para un largo y penoso viaje; de ahí que se les manda ponerse calzado.

Añádase: el calzado era signo de libertad, como dije sobre Efesios 6:13. Pues hasta ahora los hebreos habían andado descalzos como esclavos en Egipto hacia los campos y hacia sus durísimos trabajos; ahora se les ordena caminar calzados, como personas ingenuas y libres. Nótese la hipálage hebrea: «tendréis calzado en los pies», es decir, «tendréis vuestros pies en calzado», o calzados.

Algunos añaden que los antiguos de antaño no se sentaban a la mesa sino que se reclinaban, como se ve en Ester 1:6; Tobías 2:3; 1 Samuel 19:22; y para no ensuciar los almohadones, y poder cenar más cómodamente, y después de cenar descansar en sus lechos o triclinos, se quitaban el calzado e incluso se lavaban los pies, como se ve en Jueces 19:21. De ahí también que la Magdalena lavara los pies de Cristo mientras Él se reclinaba. Pero los hebreos aquí, porque están siendo preparados no para el descanso sino para la partida, se les ordena por tanto ponerse el calzado.

Nota: Del hecho de que dice «sosteniendo báculos en las manos», parece que los hebreos comían el cordero de pie, como si estuvieran de prisa, y Filón lo enseña expresamente en su libro Sobre los sacrificios de Caín y Abel, y Niseno lo insinúa. Pues ¿por qué sostendrían báculos en las manos, ceñidos los lomos y calzados, si no estuvieran de pie listos para el viaje? El Apóstol ciertamente parece haber aludido a esto, o más bien haber dado el sentido alegórico de este pasaje, en Efesios 6:14, cuando dice: «Estad firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y calzados vuestros pies con la preparación del Evangelio de la paz.»

Se objetará: en Mateo 26:20 se dice que Cristo, al celebrar la Pascua, se reclinó; por tanto no estaba de pie. Maldonado responde allí que «reclinarse» significa estar presente a la mesa, en cualquier postura. Pero puesto que expresamente se dice de Cristo en Juan 13: «Se levanta de la cena y deja sus vestiduras,» y poco después: «Cuando se hubo reclinado de nuevo, les dijo,» de ahí puede decirse más acertadamente que Cristo estuvo de pie, según la costumbre, en la cena del cordero, pero se reclinó en la cena común que siguió a la cena del cordero, y de allí se levantó para el lavatorio de los pies, y cuando este se completó, se reclinó de nuevo inmediatamente.

Simbólicamente, Filón dice: Quienes aspiran a la cumbre de las virtudes deben ceñir sus lomos, esto es, estar prontos a servir a Dios y trabajar en el ejercicio de las virtudes; y deben calzarse con calzado mediante el cual sujeten la masa de la carne con la razón; y deben estar erguidos con pies firmes; y deben tener la disciplina como vara en sus manos, para dirigir sin error todos los asuntos de la vida, y deben apresurarse en esta búsqueda de la virtud.

Tropológicamente, san Gregorio (Homilía 22 sobre los Evangelios): Quien quiera comer la Pascua cristiana debe ceñir sus lomos, esto es, someter sus placeres y refrenar la carne de la lujuria; debe tener calzado en los pies, esto es, contemplar la vida y los ejemplos de los santos difuntos, para guardar sus pasos de la herida del pecado; tercero, debe sostener un báculo en la mano, esto es, ejercer el cuidado pastoral sobre los que le están encomendados; cuarto, debe comer con prisa, esto es, anhelar la solemnidad de la patria celestial. Óigase también al beato Álger (Libro I, Sobre el sacramento del altar, cap. 22): «La Ley dio en el calzado una cautela, para que no seamos engañados por los vicios; en el báculo, la disciplina, con la cual corrijamos lo que hayamos hecho mal; en las lechugas, la compunción; en la prisa, el ardor del deseo, con el cual suspiremos por las cosas celestiales; en los lomos ceñidos, la continencia y la castidad, porque nada se opone tanto a Cristo, el Cordero inmaculado, Hijo de la Virgen crucificado, y a la unión con Él, como el placer y la unidad de una alianza fornicaria.»

Finalmente, el calzado significa la continencia, el ceñidor la modestia, y el báculo la esperanza, dice Niseno en La vida de Moisés: «De las espinas de los pecados defienda el calzado mediante una vida continentísima, austera y dura. La vestidura suelta y colgante, esto es, el modo de vivir lujosamente, debe recogerse con cierto ceñidor, es decir, con la modestia, que nos recuerda usar las cosas por necesidad, no por placer. Y el báculo, con el que tanto rechazamos a las fieras de los herejes como nos sostenemos, es la esperanza.»


Versículo 12: Porque es la Fase, la Pascua del Señor

PORQUE ES LA FASE, ES DECIR, EL TRÁNSITO DEL SEÑOR, Y (es decir, porque) PASARÉ POR LA TIERRA DE EGIPTO AQUELLA NOCHE, Y HERIRÉ A TODO PRIMOGÉNITO — como si dijera: Comeréis el cordero con prisa, porque este comer del cordero significa el tránsito veloz y apresurado del Ángel para herir a los primogénitos de Egipto.

Nótese primero: Por «fase» el hebreo dice pesach; Teodotión lo traduce phoix; los sirios y caldeos, añadiendo álef según su costumbre, lo rinden como pischa o pascha. Los Setenta siguieron esto, traduciéndolo como pascha. Nuestro traductor lo rinde «fase», porque la última gutural chet en el hebreo pesach, siendo difícil de pronunciar, suele suprimirse entre los griegos y los latinos.

Nótese segundo: Pesach, pascha y fase significan un tránsito, o más propiamente un salto; pues la raíz pasach significa «saltar por encima», como lo traduce nuestro intérprete en el versículo 23 y en 3 Reyes 18:26. De ahí también que pisseach signifique «cojo», porque camina como dando saltos. Se llama, pues, pascha, es decir, un salto, porque la Pascua significaba que el Ángel saltaría sobre las casas de los hebreos, dejándolas intactas, y saltaría dentro de las casas de los egipcios, matando a sus primogénitos.

Se objetará: Tertuliano, en su libro Contra los judíos, parece decir que pascha no es una palabra hebrea sino griega; pues la deriva de tou paschein, es decir, de «padecer». Respondo: Estos Padres hablan no literal sino místicamente, y explican este pasaje simbólicamente; pues sostienen que no sin designio de Dios fue acuñada esta palabra pascha, que tiene una etimología muy apropiada a la cosa tanto en griego como en hebreo.

Nótese tercero: hubo aquí un triple tránsito: primero, del Ángel exterminador; segundo, de los hebreos desde Egipto a Canaán; tercero, de los mismos a través del Mar Rojo. Digo que pascha significa primera y próximamente el tránsito del Ángel exterminador — pues eso es lo que se dice aquí; pero mediata y finalmente significa el tránsito de los hebreos desde Egipto, pues este tránsito del Ángel estaba ordenado a aquel como su fin. Así San Jerónimo y Josefo aquí, Libro II.

Nótese cuarto: Fase o pascha propiamente significa un tránsito o más bien un salto; de ahí, en segundo lugar, significa por metonimia el cordero sacrificado por este tránsito. En tercer lugar, de ahí se extendió a la fiesta pascual. En cuarto lugar, pascha significa cualesquiera víctimas de ovejas y bueyes que se sacrificaban durante aquellos siete días, sobre lo cual véase Números 28.

Alegóricamente, el cordero es Cristo, que pasó de la muerte a la vida, de la tierra al cielo, para que nosotros pasáramos del pecado a la gracia, del infierno al cielo. De ahí que tropológicamente el alma celebra la fase, es decir, un tránsito, cuando sale de los pensamientos de Egipto, es decir, del empeño del pecado, dice San Agustín (Tratado 55 sobre Juan). «La Pascua,» dice San Ambrosio (Libro I, Sobre Caín, cap. 8), «es un tránsito de las pasiones a los ejercicios de la virtud.» Y más claramente en el Libro I del Hexamerón, cap. 8: «La Pascua del Señor se celebra anualmente, es decir, el tránsito de las almas de los vicios a la virtud, de las pasiones de la carne a la gracia y sobriedad de la mente, de la levadura de la malicia y la iniquidad a la verdad y sinceridad de la regeneración.» Y San Gregorio (Homilía 10 sobre los Evangelios): «De nuestra patria,» dice, «nos apartamos por la soberbia, por la desobediencia, por seguir las cosas visibles, por gustar el alimento prohibido; pero a ella debemos volver por el llanto, por la obediencia, por el desprecio de las cosas visibles y por la mortificación del apetito de la carne. Por otro camino, pues, regresamos a nuestra patria: porque quienes nos apartamos de los gozos del paraíso por el deleite, somos llamados de vuelta a ellos por las lamentaciones.»

De aquí, en quinto lugar, arguye ingeniosamente Zuinglio: Si esta proposición es verdadera: «El cordero es la Pascua», y en ella debe admitirse la metonimia ya mencionada; entonces la misma debe admitirse en estas palabras de Cristo: «Esto es mi cuerpo», de modo que el sentido sería: Esto es la figura de mi cuerpo. Pero respondo primero: el antecedente es falso; pues el cordero se llama Pascua, es decir, víctima pascual, propiamente, no metonímicamente. Respondo segundo, negando la consecuencia: pues el cordero no puede ser propiamente la Pascua, es decir, el tránsito, porque el tránsito y el cordero son dos cosas enteramente dispares; pero cuando digo: «Esto es mi cuerpo», «esto» y «cuerpo» no son cosas dispares.


Versículo 13: La sangre os servirá de señal

Versículo 13. 43. Y la sangre os servirá de señal — Esta sangre será para vosotros señal y prenda de vuestra salvación, de que el ángel exterminador no os herirá; no porque el ángel necesite de esta señal corporal: pues él mismo ve bien cuáles son las casas de los hebreos en las que se come la Pascua y cuáles las de los egipcios; sino que Él quiere que por esta señal esperéis protección, custodia y salvación, y esto en razón del tipo de aquel Cordero que por su sangre os librará de la ira venidera y de la muerte eterna. Por tanto, mediante este rito los hebreos profesaban implícitamente que serían liberados de la muerte eterna por la sangre del Mesías; de ahí también que las jambas con el dintel, que descansa sobre ambos postes (todos los cuales debían ser rociados con la sangre del cordero), exhibían el tipo y la forma de la cruz, como enseña San Cipriano, Libro II de los Testimonios contra los judíos, capítulo XXII. Así en Ezequiel IX, se manda al ángel matar a todos excepto a los que estaban marcados con el signo de Tau, que tenía la figura de la cruz.

Por tanto, se manda aquí a los hebreos, no solo en esta primera Pascua de su liberación y salida, sino también en todas las que habrían de celebrarse anualmente en adelante, rociar los postes y el dintel de su puerta con la sangre del cordero, para que recordaran que una vez fueron liberados por una aspersión semejante del ángel exterminador.

Y CONTRA TODOS LOS DIOSES DE EGIPTO EJECUTARÉ JUICIOS. — Los Setenta dicen: Ejecutaré venganza. De aquí parece, dice Cayetano, que Apis o Serapis, y todas las demás imágenes de los dioses en Egipto, fueron derribadas y destrozadas en la noche pascual, ya por un terremoto, ya por rayos, como afirma San Jerónimo a partir de la tradición hebrea en su carta a Fabiola, Sobre las 42 Estaciones, en la primera estación. Los hebreos relatan además que los ídolos de piedra de Egipto fueron entonces reducidos a polvo; los de madera se pudrieron o fueron reducidos a ceniza; y los de metal fueron disueltos y fundidos.


Versículo 15: Por siete días comeréis panes ázimos

Por siete días comeréis panes ázimos. — «Ázimos» es el nombre del pan sin levadura: pues zyme es levadura. La levadura se llama así porque crece como fermentando: de ahí que el pan ázimo se cueza inmediatamente. «Comeréis ázimos», es decir, para que cada año recordéis los primeros ázimos de la Pascua, que comisteis cuando estabais a punto de salir de Egipto: pues cuando aquella noche habíais hecho la masa para cocer pan, en vuestra prisa no tuvisteis tiempo de leudarla, porque los egipcios os apremiaban a partir de inmediato; de ahí que Deuteronomio XVI, 3, diga: «Por siete días comeréis panes ázimos, pan de aflicción (porque el pan ázimo es insípido, pesado, malsano y difícil de digerir), porque con temor saliste de Egipto, para que te acuerdes del día de tu salida de Egipto, todos los días de tu vida.»

EL QUE COMA LEVADURA, ESA ALMA PERECERÁ DE ISRAEL. — «Perecerá», a saber, por sentencia de los jueces, si el asunto queda establecido, como si dijera: Sea condenado a muerte por los jueces; si ellos lo descuidan o lo ignoran, yo Dios como vengador lo castigaré con la muerte, ya sea muerte presente, o muerte eterna, o ambas. De aquí resulta claro que era delito capital para los hebreos comer levadura durante los días de los ázimos.

Nótese aquí que los días de los ázimos comenzaban con la Pascua, y al atardecer, a saber, al inicio del día decimoquinto, que por eso se llama el primer día de los ázimos. De aquí resulta claro que Cristo, observantísimo de la ley, instituyó la Eucaristía en pan ázimo; pues la instituyó después de la cena del cordero, en la cual comenzaba el comer de los ázimos, que duraba siete días. Por tanto, con razón, y siguiendo el ejemplo de Cristo, la Iglesia latina prescribe a los suyos celebrar la Eucaristía en pan ázimo.

Tropológicamente, por los ázimos, dice Teodoreto, se significa no solo la diligencia y urgencia de partir, y la facilidad y prontitud en preparar el alimento; sino también que convenía que no retuvieran ningún vestigio de la vida egipcia: de ahí que Cristo diga, Mateo XVI: «Guardaos de la levadura de los fariseos.»


Versículo 16: El primer día será santo y solemne

16. El primer día será santo y solemne, y el séptimo día será venerable con la misma festividad: no haréis ningún trabajo en ellos. — De aquí resulta claro que de los 7 días de los ázimos, el primero y el último eran los más celebrados, y solo ellos eran propiamente festivos, y en igual grado; pues en aquellos días no se permitía trabajar, lo cual sí se permitía en los otros cinco días intermedios; de ahí que el primer día se llame santo, es decir, dedicado al culto de Dios. Este primer día también se llama solemne, porque era festivo en razón de los sacrificios públicos y solemnes que se realizaban ese día, como consta en Números capítulo XXVIII, versículo 16 y siguientes; de ahí que los judíos entonces usaran vestidos más elegantes y comieran manjares más ricos.


Versículo 17: Guardaréis este día como rito perpetuo

Versículo 17. 47. Guardaréis este día a lo largo de vuestras generaciones como rito perpetuo — es decir, mientras dure el rito, culto y religión de vuestra estirpe y de la nación judía, a saber, el judaísmo: pues cuando este sea abolido por la religión de Cristo que sobreviene, entonces el rito de la Pascua también será abolido. Por tanto, este rito duró 1.530 años; pues esos son los que van desde la salida de Egipto hasta la pasión de Cristo, quien cumplió y abolió este rito y todos los demás antiguos. De ahí San Justino Contra Trifón: «Que el precepto del cordero pascual fue temporal,» dice, «resulta evidente del hecho de que Dios no permitió que fuese sacrificado sino en el lugar donde se invoca su nombre,» a saber, Jerusalén, donde estaba el templo; «evidentemente porque sabía que vendrían días después de la pasión de Cristo, cuando Jerusalén sería entregada a los enemigos, y cesarían al mismo tiempo todos los sacrificios.»

Por tanto, yerran los cristianos armenios que sacrifican un cordero, ungen sus jambas con su sangre, queman los huesos y conservan la ceniza mezclada con sangre para expiación, como relata San Nicón en su libro Sobre los errores de los armenios.

Supersticiosos eran también aquellos cristianos que, colocando la carne de un cordero junto al altar en Pascua, la consagraban con su propia bendición, y en el día de Pascua comían de la carne del cordero antes que de otros alimentos, como relata Walafrido Estrabón, Sobre asuntos eclesiásticos, capítulo XVIII; pues, como él mismo dice, Cristo nuestra Pascua ha sido inmolado: de ahí que Pablo quiera que festejemos, no con vieja levadura, sino con los ázimos de la sinceridad y la verdad.

Nota: Josefo relata que los hebreos que salieron de Egipto comieron ázimos durante 30 días; pues la masa que llevaron consigo duró ese tiempo, de la cual en Sucot y después cocían pan bajo ceniza, y cuando se agotó, Dios les dio maná del cielo; así como, a la inversa, el maná cesó cuando los hijos de Israel entraron en Canaán y comieron de los frutos de la tierra, como se dice en Josué V. Pues Dios no falta al hombre en la necesidad, ni a la inversa provee superfluamente donde no hay necesidad.


Versículo 20: En todas vuestras moradas comeréis ázimos

20. En todas vuestras moradas comeréis ázimos. — Nótese la palabra «moradas», que los que estaban en camino no siempre podían tener, y en consecuencia no siempre podían comer ázimos. Así dice Cayetano.


Versículo 21: Tomad un animal y sacrificad la Fase

21. TOMAD UN ANIMAL. — En hebreo, sacad una res, a saber, del redil; he aquí que no solo un cordero, sino también un cabrito (pues aquí en hebreo se llama seh, al igual que un cordero) podía ser sacrificado en lugar del cordero.


Versículo 22: Mojad un manojo de hisopo en la sangre

22. Y mojad un manojo de hisopo en la sangre que está en el umbral. — Los Setenta dicen: que está junto a la puerta. Por tanto, el cordero, dice San Agustín, debía ser o bien degollado junto a la puerta de la casa, o más bien debía llevarse su sangre hasta la puerta, para que mojaran el hisopo en la sangre fresca y líquida, con la cual rociarían las jambas y el dintel. Pues el hisopo aquí servía en lugar de aspersorio, como trataré en Levítico XIV, 4. La palabra hebrea saph significa no solo umbral, sino también vasija: de ahí que algunos, siguiendo al caldeo, traduzcan: con la sangre que está en el vaso, o vasija, en la que fue recogida cuando se degolló el cordero. Sin embargo, nuestro traductor mejor rinde saph como «umbral»; pues este es su significado común, de la raíz soph, es decir, terminar.

QUE NADIE SALGA HASTA LA MAÑANA — o al menos hasta que fuera cierto que el ángel exterminador había pasado: pues Moisés les advirtió esto para que tuvieran cuidado de no salir, no fuera que se encontraran con este destructor; y así, después de que los egipcios atestiguaron con su lamento la matanza ejecutada por él, salieron inmediatamente esa misma noche, como consta en el versículo 31, a saber, después de la medianoche, antes del amanecer.


Versículo 23: No permitirá que entre el exterminador

23. Y no permitirá al exterminador. — De aquí algunos piensan que este ángel exterminador era un ángel malo: pues se dice «no permitirá» Dios, como si este ángel hubiera querido matar también a los hebreos, si Dios lo hubiera permitido; pero esto sería ajeno a un ángel bueno. De ahí que Ruperto diga: «Con razón son entregados al ángel malo exterminador, después de que rehusaron someterse a Dios mismo que los corregía, y que con diez plagas los invitaba a la penitencia.» Sin embargo, es igualmente probable, o más probable, que esta plaga, como las anteriores, fue infligida por ángeles buenos. De ahí que por «no permitirá», el hebreo diga «no dará», a saber, orden u ordenanza; no ordenará que hiera a los hebreos, sino solo a los egipcios.


Versículo 26: ¿Qué significa este rito?

26. ¿QUÉ SIGNIFICA ESTE RITO? — En hebreo, ¿qué es este culto? ¿Con qué fin, por qué celebráis esta Pascua?


Versículo 29: A medianoche el Señor hirió a todo primogénito

Versículo 29. Y sucedió que a medianoche el Señor hirió a todo primogénito. — Pues a medianoche hasta el ciego silencio mismo aterroriza; por eso este castigo fue tanto más terrible; tal será también la venida de Cristo a juicio, como dije en el capítulo XI, versículo 5.

Todo primogénito — el que nació primero, aunque fuera hijo único, aunque fuera anciano; de ahí que en una sola casa fueron heridos a veces varios, a saber, abuelo, padre, hijo, esposa, si todos eran primogénitos: lo mismo digo de los siervos y los animales.

DESDE EL PRIMOGÉNITO DEL FARAÓN. — Aquí el Faraón es castigado en su hijo, pero él mismo estaba siendo reservado para mayor sufrimiento y venganza, para ser ahogado con todo su pueblo en el Mar Rojo.

HASTA EL PRIMOGÉNITO DE LA CAUTIVA — la esclava cautiva condenada al molino, como consta en el capítulo XI, versículo 5.


Versículo 30: Se levantó el Faraón de noche

30. Y se levantó el Faraón, etc., y habiendo llamado a Moisés y Aarón de noche dijo: Levantaos y salid. — Es verosímil que el propio Faraón, golpeado por tan gran matanza y temiendo cosas peores, se levantó para ir a Moisés, a quien encontró durmiendo plácidamente en su casa, y llamándolo lo despertó y dijo: Levantaos, salid; el hebreo expresa esto más claramente.

32. Bendecidme también — orad por mí, como lo traduce el caldeo.

Moralmente, aprende aquí que los corazones duros y obstinados no se quiebran ni ablandan con halagos, ni con amenazas, ni con azotes, sino con la muerte y terribles desastres: así como el diamante no se ablanda sino con sangre de macho cabrío, así por la matanza de todos los primogénitos fue quebrantado y doblegado el Faraón, y todos los egipcios. Así el soberbio Nabucodonosor inclinó su cerviz cuando fue transformado en bestia. Así Saulo, derribado en tierra, se convirtió en Pablo y dijo: «Señor, ¿qué queréis que haga?» Así María Magdalena, poseída por siete demonios, buscó a Cristo como médico.

Un ejemplo notable entre los paganos lo narra Plutarco, en su libro Sobre la tardanza de la venganza divina, cerca del final: Tespesio, dice, era un hombre de vida perversa y desesperada; cuando se consultó al oráculo sobre él, si había alguna esperanza de su enmienda, respondió: «Será mejor después de muerto.» Poco después Tespesio, derribado por una grave caída, yació sin vida: al tercer día, volviendo en sí, dijo que en esa caída su alma había sido sacada de su cuerpo, y había visto y percibido todas las demás cosas, y por tanto se había vuelto inmediatamente enteramente otra. Y así sucedió: pues el que antes era impío, lujurioso, borracho, etc., por esta caída y rapto se hizo piadoso, casto, sobrio, justo y espejo de virtudes. Así, para un nudo duro hay que buscar una cuña dura, y con agudo castigo hay que quebrantar la obstinada costumbre de una mente perversa.


Versículo 33: Los egipcios apremiaban al pueblo a salir rápidamente

33. Y los egipcios apremiaban al pueblo a salir de la tierra rápidamente — a saber, golpeados por el temor de la gran matanza de los suyos. De aquí se pueden ver las fábulas y calumnias de los paganos, como Cornelio Tácito, Libro V, y Trogo Pompeyo, o más bien Justino, Libro XXXVI, que afirman que los hebreos fueron expulsados de Egipto por los egipcios a causa de la sarna y la comezón, por mandato de un oráculo. Similar es lo que relatan Manetón, Queremón y Lisímaco, historiadores egipcios, en Josefo, Libro I Contra Apión, a saber, que Moisés se había llevado los ídolos de los egipcios — cuando por el contrario la Sagrada Escritura nos enseña que todos hasta el último fueron tragados por el Mar Rojo.

Tal es también la afirmación de Tácito de que los judíos son llamados como «ideos», porque descendieron del Monte Ida en Creta; segundo, que los judíos no comen cerdo, porque los cerdos como los judíos son propensos a la sarna; tercero, que los asnos mostraron el camino a los judíos que salían de Egipto, y por eso adoran a los asnos. Tal es también la afirmación de Justino de que José fue un mago, y que Moisés fue su hijo. De aquí se puede ver cuán hostiles e injustos fueron los paganos con los judíos, o cuán ignorantes e inexpertos en los asuntos judíos.


Versículo 34: El pueblo tomó la masa antes de que fuese leudada

34. Tomó, pues, el pueblo la harina amasada antes de que fuese leudada. — «Amasada», y trabajada con gran esfuerzo a mano o con los pies, a saber, la masa o pasta, como dice el texto hebreo, porque no tuvieron tiempo de leudarla y cocerla, con la intención de cocerla a la primera oportunidad.

Y atándola en sus mantos. — La palabra hebrea simlah propiamente significa un envoltorio o manto, con el que algo se cubre o envuelve. Y así estos mantos de los hebreos parecen haber sido lienzos de lino; pues la masa suele envolverse en ellos.


Versículo 36: El Señor concedió gracia al pueblo

Versículo 36. 36. Y el Señor concedió gracia al pueblo ante los ojos de los egipcios. — Por tanto, los egipcios prestaron estos bienes suyos a los hebreos, no tanto por temor, con el cual estaban golpeados a causa de la matanza de los primogénitos, cuanto porque Dios les dio gracia ante los ojos de los egipcios. Esta gracia, dice el Tostado, fue o bien cierta cualidad producida por Dios en los hebreos, que resplandecía maravillosamente en sus rostros y en todo su cuerpo, y en sus palabras y comportamiento, la cual hacía a los hebreos amables, agradables y graciosos a los egipcios. Por esta razón Platón amonestaba a su discípulo Jenócrates, que llevaba un semblante triste y severo, «a sacrificar a las Gracias», queriendo decir que debía añadir la elegancia placentera de la cortesía para ganar a las personas.

O más bien, «Dios concedió gracia», es decir, Dios inclinó los corazones de los egipcios hacia un tierno amor por los hebreos, y a desearles bien y hacerles bien, de modo que los hebreos parecían a los egipcios dignos no solo de compasión, sino de amor, honor y ciertamente de todo tipo de dones y beneficios; lo cual resultó en que de buena gana les prestaran sus bienes, e incluso se los ofrecieran, dice Cayetano, instándolos a que pidieran confiadamente todo cuanto quisieran.

PARA QUE SE LOS PRESTARAN. — Por tanto, yerra Josefo, que dice que estas cosas fueron dadas como regalos por los egipcios a los hebreos; pues la Escritura dice que estas cosas no fueron dadas como regalos, sino prestadas, y que los hebreos, al apropiárselas, despojaron a Egipto.

Véase aquí la mutabilidad de las riquezas, que pasan como en préstamo de uno a otro. Saladino había ganado el imperio de Egipto y Siria con gran esfuerzo: al morir, ordenó que su camisa interior fuese fijada a una lanza y llevada por el campamento, y que un pregonero proclamara: «Esta sola túnica es todo lo que queda al príncipe Saladino de tan grandes riquezas e imperio.»

Y DESPOJARON A LOS EGIPCIOS. — Diréis: por tanto, los hebreos cometieron expolio, es decir, hurto y rapiña. Respondo: El expolio, cuando es mandado por Dios, es justo y santo. Pues Dios, al mandarte despojar a alguien, por ese mismo acto te concede el derecho y el dominio sobre sus bienes. Así San Agustín, Ruperto, Santo Tomás, el Abulense y otros.

Segundo, aun prescindiendo del mandato de Dios, los hebreos podían tomar los bienes de los egipcios por expolio, tanto por título de salario: pues les habían servido con trabajo durísimo; como por título de guerra justa: pues los egipcios eran enemigos públicos de los hebreos. De ahí que Sabiduría X diga: «Dios dio a los justos la recompensa de sus trabajos.»

Tropológicamente, los Padres y Doctores católicos despojaron a Egipto cuando transfirieron la sabiduría y elocuencia extraídas de los paganos para iluminar la fe y la Iglesia de Cristo. Y en verdad vemos que ahora toda elocuencia, ciencia y sabiduría han desaparecido de entre los paganos, turcos y sarracenos, y han pasado a los cristianos, quienes solos florecen ahora en todo el mundo en toda arte, ciencia, elocuencia y disciplina.


Versículo 37: Partieron de Ramsés hacia Sucot

Versículo 37. 37. Y los hijos de Israel partieron de Ramsés hacia Sucot, unos seiscientos mil a pie. — «Partieron» con Dios como guía, que mostraba el camino mediante la columna de nube de día y la columna de fuego de noche, como consta en el capítulo siguiente, versículo 21.

Nota: Los hebreos, dirigiéndose de Egipto a Canaán, hicieron 42 estaciones o campamentos en el desierto, sobre los cuales San Jerónimo escribió un tratado a Fabiola. La primera estación o campamento fue en Ramsés: pues los hebreos que estaban a punto de partir se reunieron allí de todo Egipto; de ahí que Ramsés aptamente signifique en hebreo «trueno de gozo», dice San Jerónimo. Pues los hebreos se llenaron allí de un gozo admirable, nuevo y extraordinario, porque veían que ya habían escapado de la dura esclavitud de Egipto hacia la libertad. «El valor de la libertad,» dice Justiniano, «es incomparable.»

HACIA SUCOT. — Por tanto, el segundo campamento fue en Sucot, que estaba situado entre el Mar Rojo y la parte cultivada de Egipto. Se llamaba Sucot, es decir, «tabernáculos» (tiendas), porque los hebreos que salían de Egipto plantaron allí sus tiendas por primera vez, dice San Jerónimo a Fabiola.

UNOS SEISCIENTOS MIL A PIE. — «Unos», es decir, más o menos. Nota: Estos seiscientos mil eran soldados de infantería armados, u hombres en edad militar, a saber, los que habían alcanzado o superado los 20 años. Por tanto, aquí no se cuentan los niños ni los adolescentes que aún no habían cumplido veinte años, ni las mujeres, ni los muy ancianos, quienes todos juntos suelen constituir otra mitad y más de la población; según cuyo cómputo todo el pueblo hebreo aquí habría contado un millón quinientos mil personas. Más aún, los hebreos relatan que eran un millón ochocientos mil, a los cuales se agregó una multitud innumerable de egipcios que, adhiriéndose a los judíos, quisieron acompañar a los que partían; de modo que muchos creen que el número total de los que salieron fue de tres millones de hombres, a todos los cuales Dios alimentó con maná celestial en el desierto durante 40 años. Todos estos en un solo día, no en confusión, sino dispuestos en orden por sus divisiones, como en formación de batalla, salieron — lo cual Moisés señala y celebra en el versículo 41 como un prodigio.

SIN LOS NIÑOS. — Los Setenta traducen: además del bagaje — no solo lo que es transportado, sino también lo que se mueve por sí mismo, a saber, los niños pequeños y las mujeres, dice San Agustín, Cuestión 47.

Versículo 39. LO QUE HABÍAN TRAÍDO YA AMASADO DE EGIPTO. — «Ya», pues había estado amasado por más de un día entero, y no había sido leudado.

NI VIANDA ALGUNA. — Un pulmentum es un plato de acompañamiento, como carne, pescado, legumbres, y todo lo que se come con pan; pues los antiguos usaban gachas en lugar de pan.


Versículo 40: La permanencia en Egipto fue de cuatrocientos treinta años

40. La permanencia de los hijos de Israel que habitaron en Egipto fue de cuatrocientos treinta años. — Es cierto, y todos los doctores hebreos y latinos concuerdan, excepto Eugubino y Genebrardo, en que los hebreos no habitaron en Egipto los 430 años completos. Esto resulta claro incluso por el siguiente hecho: pues cuando Jacob, padre de los hebreos, descendió por primera vez a Egipto con su familia, Coat hijo de Leví descendió igualmente con él. Pero Coat vivió solo 133 años, cuyo hijo Amram vivió solo 137 años. Amram engendró a Moisés, y Moisés en el año 81 de su edad salió de Egipto con los hebreos. Ahora sumad los años de cada individuo, tomándolos incluso como completos — a saber, 133, 137, 81 — y no llegaréis a 430, sino solo a 351.

Preguntaréis, pues, ¿desde qué punto deben comenzar estos 430 años, y cómo deben calcularse? Digo brevemente, con San Agustín, Eusebio, Ruperto, el Abulense y Cayetano, que estos 430 años no deben comenzar desde el descenso de Jacob a Egipto, sino desde el año 75 de Abrahán, año en el cual Abrahán, llamado por Dios, comenzó desde su hogar y patria — a saber, Harán — a peregrinar hacia la tierra de Canaán: pues en ese año recibió aquellas bendiciones y promesas de las que trata el Apóstol en Gálatas capítulo 3.

Esto es claro primero: pues es evidente que los hebreos, desde el descenso de Jacob, no habitaron 430 años en Egipto. De aquí se sigue que estos 430 años deben contarse y comenzar no desde el descenso de Jacob, sino desde mucho antes — a saber, desde el viaje de Abrahán desde Harán hacia Canaán, y esto lo expresan los Setenta expresamente en este lugar, cuando traducen: «La permanencia de los hijos de Israel que habitaron ellos y sus padres en la tierra de Egipto y Canaán fue de 430 años.»

Segundo, porque el Apóstol en Gálatas 3 dice que la ley fue dada después de 430 años, que deben contarse no desde la de Jacob sino desde la vocación, viaje y promesa de Abrahán.

Tercero, porque de este modo calcularemos muy cómodamente este número. Pues Abrahán tenía 75 años cuando salió de Harán. De ahí hasta el nacimiento de Isaac transcurrieron 25 años. Desde Isaac hasta el nacimiento de Jacob son 60 años. Y Jacob descendió a Egipto en su año 130. Ahora sumad 25, 60, 130, y tendréis 215 años — de modo que el mismo número, es decir, 215, resta desde la entrada de Jacob hasta la salida de los hebreos de Egipto. Unid estos a los 215 anteriores, y llegaréis a 430 — tantos como cuentan tanto Moisés como el Apóstol.

Nota: La salida de los hebreos de Egipto ocurrió en el año del mundo 2454, en el año 797 del diluvio, en el año 505 del nacimiento de Abrahán, 215 del descenso de Jacob a Egipto, 144 de la muerte de José, 480 antes de la edificación del templo de Salomón, 1496 antes de Cristo, y 356 antes de la Guerra de Troya.


Versículo 41: En ese mismo día salió todo el ejército del Señor

41. EN ESE MISMO DÍA — en el cual, 430 años antes, Abrahán comenzó su peregrinación hacia Egipto. Así dicen algunos. Segundo y más genuinamente, «en ese mismo día» — a saber, de la Pascua; a no ser que prefiráis referir esto a todo el ejército de los hebreos, como si dijera: Todos juntos, aunque eran de tan gran número, en el mismo día en formación ordenada salieron de Egipto. Así dice el Abulense. Pues esto fue como un milagro.

Nota: Este día de la Pascua, o el primer día de los ázimos, en que los hebreos salieron de Egipto, fue un viernes, disponiéndolo Dios así para significar convenientemente el viernes en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado, y nos sacó del pecado y del infierno y nos liberó. Que así es consta por el hecho de que al día trigésimo primero después de la salida de los hebreos de Egipto comenzó a lloverles el maná; pero aquel día fue un domingo, como será evidente en el capítulo 16, versículos 1 y 5. Ahora bien, si el día trigésimo primero fue un domingo, entonces el primer día (a saber, de la Pascua, en que salieron) fue un viernes. De esto se sigue que los hebreos sacrificaron esta primera Pascua típica suya el día anterior, a saber, un jueves, del mismo modo que Cristo celebró su propia Pascua y la Eucaristía un jueves poco antes de su muerte.


Versículo 42: Esta noche es la observancia del Señor

Esta noche es la observancia del Señor, cuando los sacó de la tierra de Egipto. — En hebreo, lel schimmurim, es decir, la noche de las vigilias — esto es, una noche que debe ser guardada, que todos deben guardar, es decir, observar y celebrar. «Cuando los sacó», es decir, cuando hizo que fueran sacados, cuando a saber obligó al Faraón mediante la matanza de los primogénitos a liberar a los hebreos. Pues de noche se enviaron mensajeros a todos los hebreos para que salieran; y entonces ellos, empacando sus pertenencias ya preparadas y reunidas, se dispusieron para la partida, de modo que al amanecer todos se reunieron en la ciudad de Ramsés, como se había decretado. Por tanto, de noche salieron de manera incoada — es decir, comenzaron a salir, se prepararon para la partida; pero por la mañana salieron de hecho completamente, como se dice claramente en Números capítulo 33, versículo 3.

Místicamente, por esta noche se significaba que Cristo transferiría al pueblo de Dios del reino de la noche y las tinieblas, es decir, del pecado y la muerte, al reino de la luz de la vida eterna.


Versículo 43: Este es el rito de la Pascua

43. Y dijo el Señor — algún tiempo después de la salida.

ESTE ES EL RITO — este es el ritual de la Pascua: así la paráfrasis caldea; o, como dicen los Setenta, esta es la ley de la Pascua.

TODO EXTRANJERO — el que es de otra nación, el que no es hebreo. La paráfrasis caldea aquí judaiza, pues traduce: todo hijo destruido, es decir, todo cristiano. Pues los judíos llaman «destruidos» a los que se convierten del judaísmo a Cristo.

NO COMERÁ DE ELLA — a menos que por la circuncisión pase a vuestra comunidad y nación y se haga prosélito; pues tal persona podía comer la Pascua, como consta en el versículo 48.

Nota: Así como la Eucaristía no se da sino al bautizado, así nadie comía la Pascua a menos que estuviese circuncidado; pues la Pascua era el sacramento principal de los judíos, como la Eucaristía lo es de los cristianos. Los que celebraron la Pascua al año siguiente de la salida, Números capítulo 9, todos habían sido circuncidados previamente en Egipto. Pero desde entonces, durante 39 años peregrinando en el desierto, no celebraron la Pascua, porque todos los que nacieron después permanecieron incircuncisos hasta que llegaron a Canaán, y allí en Guilgal fueron circuncidados y comieron la Pascua, como consta en Josué capítulo 5. Exceptúense las mujeres; pues ellas no eran circuncidadas, y sin embargo comían la Pascua con los varones.


Versículo 44: Todo esclavo comprado será circuncidado

44. Todo esclavo comprado será circuncidado — es decir, debe ser circuncidado; ordeno que sea circuncidado, y así comerá del cordero. Pues la Escritura aquí distingue al esclavo del extranjero y del jornalero, y decreta que el esclavo puede comer del cordero, pero no el jornalero. La circuncisión, por tanto, para los siervos o esclavos de los hebreos no era libre y a su arbitrio, como sostienen algunos, sino mandada y obligatoria — y esto no solo en cuanto era corte del prepucio y signo distintivo del pueblo de Dios, sino también en cuanto era sacramento y profesión del judaísmo.


Versículo 45: El extranjero y el jornalero no comerán de ella

45. EL EXTRANJERO (un gentil, un comerciante, por ejemplo un cananeo que mora entre vosotros) Y EL JORNALERO (un sirviente o trabajador que os alquila su trabajo) NO COMERÁN DE ELLA — a menos que quieran ser circuncidados; pues para estos la circuncisión es libre y optativa.


Versículo 46: Se comerá en una sola casa

46. En una sola casa se comerá, y no llevaréis fuera nada de su carne. — De aquí resulta claro que el cordero fue sacrificado no en el templo, sino en una casa, tanto en esta primera vez como después. Por tanto, todo el cordero debía comerse en la casa en la que había sido sacrificado y asado; ni podía enviarse parte alguna de él a los que estaban en otras casas — y esto como signo de que aquella noche, mientras el ángel exterminador pasaba, nadie salió de casa, como enseña la Escritura.

Alegóricamente, para significar que el verdadero cordero — a saber, Cristo en la Eucaristía — debe comerse en una sola Iglesia, y que no es lícito a los que están fuera de la Iglesia, o separados de ella por cisma o excomunión, participar y gozar de esta sagrada comunión. Así San Cipriano, en su libro Sobre la unidad de la Iglesia; Procopio, Rábano y Ruperto.

NI QUEBRARÉIS NINGUNO DE SUS HUESOS. — Entiéndase literalmente el hueso o los huesos del cordero, no de Cristo el Señor, como algunos han querido; pues todo este discurso es literalmente sobre el cordero. Objetaréis: en Juan capítulo 19, versículo 36, de Cristo crucificado se dice: «Pues estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No le quebrantaréis ningún hueso.» Respondo que esta Escritura del Éxodo se dice cumplida en Cristo no en sentido literal, sino en sentido típico y alegórico.

Nótese aquí: Dios mandó en sentido literal que no se quebrase ningún hueso del cordero, para que por esto se significara la prisa y el apresurado tránsito del ángel. Pero la razón mística era significar que el sacrosanto cuerpo de Cristo el Señor permanecería inquebrantado e íntegro en la Pasión, y que los soldados no le quebrarían las piernas como era costumbre con los demás crucificados.

Para el sentido tropológico, véase San Bernardo, sermón Sobre la piel, la carne y los huesos del alma.


Versículo 47: Toda la asamblea lo celebrará

47. LO HARÁ — es decir, lo sacrificará por medio de su cabeza de familia, y con el rito aquí prescrito lo comerá y celebrará.


Resumen alegórico: El Cordero como tipo de Cristo

Alegóricamente, para abrazar todo brevemente de una vez: el sacrificio del cordero fue un tipo claro de Cristo que había de ser sacrificado en la cruz, por quien hemos sido liberados de la cautividad del Faraón — es decir, del diablo — y por su sangre y su cruz (que eran significadas por las jambas y los dinteles teñidos con la sangre del cordero) escapamos de la venganza divina y somos liberados del ángel exterminador. Pues esto es lo que dice el Apóstol en 1 Corintios capítulo 5: «Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.» Primero, el cordero se sacrificaba al atardecer: porque Cristo, largamente esperado, fue finalmente inmolado al fin de los siglos. Segundo, toda la multitud de los hijos de Israel lo sacrifica: porque todos los judíos pidieron a Pilato que Cristo fuera crucificado. Tercero, el día 14, cuando hay luna llena, se sacrifica el cordero: porque Cristo, inmolado, iluminó a toda la Iglesia. Cuarto, Cristo fue como un cordero por su pureza, mansedumbre y paciencia más que corderal; de ahí que Isaías diga, capítulo 53: «Como cordero ante su trasquilador enmudecerá, y no abrirá su boca.» Quinto, es macho por la fortaleza; primal, porque estaba en la flor de su edad; inmaculado, por su inocencia. Sexto, Cristo fue también como un cabrito, porque fue contado entre los inicuos, porque Él mismo fue víctima por el pecado, y porque tomó sobre sí nuestros pecados. Séptimo, este cordero lo sacrificamos y consumimos en la Eucaristía. De ahí que San Andrés, cuando el procónsul de Acaya lo amenazó con el suplicio de la cruz a menos que sacrificara a los ídolos, respondió: «Yo sacrifico cada día al Dios omnipotente, que es el único y verdadero Dios, no humo de incienso ni carne de toros mugientes, sino el cordero inmaculado, cuya carne después de que todo el pueblo de los creyentes ha comido, el cordero que ha sido sacrificado persiste íntegro y vivo.»

Octavo, ambas jambas se tiñen con la sangre del cordero, cuando la memoria de la Pasión de Cristo se coloca en el corazón por la fe y en los labios por la profesión: «pues con el corazón se cree para la justicia, y con la boca se confiesa para la salvación.» También se tiñe el dintel, cuando nuestro corazón se eleva a la esperanza de las cosas celestiales por el mérito de la Pasión de Cristo. Noveno, la sangre untada en las jambas libra del exterminador: porque todos los que no son salvados por los méritos de Cristo son condenados por la muerte eterna. Décimo, su carne se come de noche: porque no vemos a Cristo en la Eucaristía, sino que, reposando en la oscuridad de la fe, creemos. Undécimo, la carne no se come cruda ni hervida, sino asada: come carne cruda quien cree que Cristo es solo hombre; hervida en agua, quien examina los misterios de la Pasión y la Eucaristía con razón y sabiduría humanas; come carne asada quien considera y abraza la ardiente caridad con la que Cristo fue asado por nosotros. Pues Cristo, como canta Santo Tomás:

Al nacer, se dio como compañero,
Cenando juntos, como alimento,
Al morir, como precio de rescate,
Reinando, se da como premio.

Duodécimo, si algo queda de él hasta la mañana, se quema con fuego: porque lo que no podemos entender de los misterios de Cristo, lo reservamos humildemente al poder del Espíritu Santo, dice San Gregorio, Homilía 22 sobre el Evangelio. Decimotercero, todo el cordero debe comerse: porque todo Cristo, con todo lo que la Iglesia enseña sobre Él, debe ser creído, y no puede rechazarse ningún artículo de fe. Decimocuarto, solo los hebreos y los circuncidados — es decir, los cristianos y los bautizados — comen de él, y quien haya contraído el prepucio del pecado debe circuncidarlo antes de participar. Decimoquinto, el cordero debe comerse con ázimos y lechugas silvestres: así la Eucaristía debe recibirse con pureza de alma y dolor por los pecados; igualmente la Pasión de Cristo debe meditarse con gran pureza de mente y compunción. Oíd a Ambrosio en la oración que ha de decirse antes de la Misa: «¿Con cuánta contrición de corazón y fuente de lágrimas, con cuánta reverencia y temblor, con cuánta castidad de cuerpo y pureza de alma debe celebrarse aquel divino y celestial misterio, oh Señor Dios, donde tu carne es verdaderamente recibida, donde tu sangre es verdaderamente bebida, donde lo más bajo se une a lo más alto, lo humano a lo divino, donde está presente la compañía de los santos ángeles, donde tú eres sacerdote y sacrificio de manera admirable e inefable? ¿Quién podría dignamente celebrar este misterio, si tú, Dios omnipotente, no hicieras digno al oferente?»

Decimosexto, la cabeza con los pies y las entrañas deben ser consumidos: la cabeza significa la divinidad de Cristo; los pies, su humanidad; las partes interiores, los misterios más secretos — todos los cuales debemos consumir, es decir, creer. «El Sacramento del Dios altísimo,» dice San Bernardo en su Carta, «debe ser recibido, no examinado; venerado, no juzgado; obtenido por la fe, no innato; sancionado por la tradición, no inventado.» Y en el Sermón 20 sobre el Cantar de los Cantares: «Cristo,» dice, «puede ser tocado; pero con el afecto, no con la mano; con el deseo, no con el ojo; con la fe, no con los sentidos. Lo tocas con la mano de la fe, el dedo del deseo, el abrazo de la devoción; lo tocas con el ojo de la mente.»

Decimoséptimo, el cordero se come en muchas casas: porque en muchas iglesias Cristo es sacrificado y recibido. Decimoctavo, no se permite llevar una porción del cordero fuera de la casa: porque no se permite dar la Eucaristía a infieles, cismáticos y otros que están fuera de la Iglesia. Decimonoveno, no se quiebra ningún hueso: porque las piernas de Cristo colgado en la cruz no debían ser quebradas, como se hizo con los ladrones, Juan 19:36. Asimismo, el hueso — es decir, la fortaleza de la virtud y excelencia de Cristo — no debía ser quebrantado en la Pasión, sino solo su carne débil. Vigésimo, el que come el cordero debe ceñir sus lomos: el que come a Cristo en la Eucaristía debe refrenar la lujuria y los placeres de la carne, dice San Gregorio. Vigésimo primero, el mismo debe llevar un báculo, como viajero que se dirige al cielo: pues la Eucaristía es el viático de los peregrinos y los moribundos. Así narra Paulino de Ambrosio en su Vida que, estando a punto de morir, recibió la Eucaristía como viático de manos de Honorato, Obispo de Vercelli, quien había sido amonestado divinamente. Oíd también a San Juan Crisóstomo, en su libro Sobre el sacerdocio: «Alguien,» dice, «me refirió, habiéndolo visto y oído, que los que están a punto de partir de esta vida, si han participado de estos misterios con conciencia pura, cuando están por exhalar su último aliento, son conducidos directamente al cielo por ángeles que custodian sus cuerpos como guardias en razón de aquel Sacramento que han recibido.» Por esta razón la Eucaristía es llamada por los Padres la «Medicina de la inmortalidad», porque por su virtud no solo el alma es bienaventurada, sino que también el cuerpo resucitará de la muerte a la gloria. Vigésimo segundo, que esté calzado, para que a través de piedras y espinas — es decir, todas las dificultades — penetre hasta el cielo con pie ileso. Vigésimo tercero, el cordero se come con prisa: porque en la Eucaristía no se busca tanto el deleite como el alimento y la fuerza para soportar los trabajos en el camino de Dios y para apresurarse hacia la patria celestial. Vigésimo cuarto, los primogénitos de los egipcios, porque no comieron del cordero, murieron: así el que descuida la Eucaristía perecerá de muerte eterna. De ahí que Cristo diga, Juan 6: «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.» Así, a partir de San Gregorio, Beda y otros, el Abulense, Cuestión 50, y Ribera, libro 5 Sobre el Templo, capítulo 4.