Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del Capítulo
Dios ordena que se haga el arca, versículo 10, y el propiciatorio con dos Querubines, versículo 17. Segundo, la mesa de los panes de la proposición, versículo 23. Tercero, el candelabro de siete brazos de un talento de oro, versículo 31.
Moisés pasa de las leyes morales y judiciales a las ceremoniales. Nota: Las leyes del Antiguo Testamento eran de tres clases, a saber: morales, judiciales y ceremoniales. Las morales las prescribió Dios en el capítulo 20, las judiciales en los capítulos 21, 23, 24; las ceremoniales comienza a prescribirlas aquí.
En este capítulo, pues, junto con los tres siguientes, se describe la forma del tabernáculo con sus vasos y enseres. Sobre este tabernáculo, véase Abulense aquí, Beda y Ricardo de San Víctor en su libro Sobre el Tabernáculo, y detalladamente Ribera, libro 5 Sobre el Templo, y Villalpando en su Descripción del Templo.
Texto de la Vulgata: Éxodo 25:1-40
1. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 2. Di a los hijos de Israel que me traigan primicias; de todo hombre cuyo corazón le mueva voluntariamente, las recibiréis. 3. Estas son las cosas que debéis recibir: Oro, plata y bronce, 4. jacinto y púrpura, y escarlata dos veces teñida, y lino fino, pelo de cabra, 5. y pieles de carnero teñidas de rojo, y pieles de color violeta, y madera de setim: 6. aceite para preparar las lámparas: aromas para el ungüento e incienso de suave olor: 7. piedras de ónice y gemas para adornar el efod y el pectoral. 8. Y me harán un santuario, y habitaré en medio de ellos: 9. conforme a toda la semejanza del tabernáculo que yo te mostraré, y de todos sus vasos para el culto; así lo haréis: 10. Construid un arca de madera de setim, cuya longitud sea de dos codos y medio: la anchura, de un codo y medio: la altura, igualmente de un codo y medio. 11. Y la revestirás con el oro más puro por dentro y por fuera; y por encima harás una corona de oro alrededor: 12. y cuatro anillos de oro, que pondrás en las cuatro esquinas del arca; dos anillos en un lado y dos en el otro. 13. Harás también varales de madera de setim, y los revestirás de oro. 14. Y los pasarás por los anillos que están en los lados del arca, para que sea transportada en ellos: 15. siempre permanecerán en los anillos, y nunca serán sacados de ellos. 16. Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré. 17. Harás también un propiciatorio del oro más puro; dos codos y medio tendrá su longitud, y un codo y medio su anchura. 18. Harás también dos Querubines de oro, de obra batida, a los dos lados del oráculo. 19. Un Querubín esté en un lado, y el otro en el otro. 20. Cubran ambos lados del propiciatorio, extendiendo sus alas y cubriendo el oráculo, y mírense el uno al otro, vueltos sus rostros hacia el propiciatorio con que ha de cubrirse el arca, 21. en la cual pondrás el testimonio que te daré. 22. Desde allí daré mandatos y hablaré contigo sobre el propiciatorio, y desde en medio de los dos Querubines, que estarán sobre el arca del testimonio, todas las cosas que mandaré a los hijos de Israel por medio de ti. 23. Harás también una mesa de madera de setim, que tenga dos codos de largo, un codo de ancho y un codo y medio de alto. 24. Y la revestirás con el oro más puro; y le harás un borde de oro alrededor, 25. y al borde mismo una corona calada de cuatro dedos de alto; y encima de ella, otra pequeña corona de oro. 26. Prepararás también cuatro anillos de oro, y los pondrás en las cuatro esquinas de la misma mesa, junto a cada pie. 27. Debajo de la corona estarán los anillos de oro, para que se pasen por ellos los varales y pueda ser transportada la mesa. 28. Los varales también los harás de madera de setim, y los revestirás de oro para transportar la mesa. 29. Prepararás también fuentes y copas, incensarios y cálices, en los cuales se han de ofrecer las libaciones, del oro más puro. 30. Y pondrás sobre la mesa los panes de la proposición en mi presencia siempre. 31. Harás también un candelabro de obra batida del oro más puro, su fuste y ramas, copas, esferas y lirios que salgan de él. 32. Seis ramas saldrán de los lados, tres de un lado y tres del otro. 33. Tres copas en forma de nuez en cada rama, con una esfera y un lirio; e igualmente tres copas en forma de nuez en la otra rama, con una esfera y un lirio. Esta será la obra de las seis ramas, que han de sacarse del fuste: 34. y en el candelabro mismo habrá cuatro copas en forma de nuez, con esferas en cada una y lirios. 35. Esferas debajo de dos ramas en tres lugares, que juntas hacen seis, saliendo de un solo fuste. 36. Y las esferas, pues, y las ramas saldrán de él mismo, todo de obra batida del oro más puro. 37. Harás también siete lámparas, y las pondrás sobre el candelabro, para que alumbren desde el lado opuesto. 38. Las despabiladeras también, y donde lo despabilado se apague, serán hechas del oro más puro. 39. Todo el peso del candelabro con todos sus utensilios tendrá un talento del oro más puro. 40. Mira, y hazlo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.
Versículo 2: Que me traigan primicias
2. QUE ME TRAIGAN OFRENDAS. — Porque esta fue la primera ofrenda común de los hebreos, hecha para la construcción del tabernáculo.
Teodoreto, Cuestión 70, y Abulense lo explican de otro modo: «Primicias», dicen, es decir, las cosas primeras y más selectas; pues estas son las que deben ofrecerse a Dios.
CUYO CORAZÓN LE MUEVA VOLUNTARIAMENTE. — En hebreo, a quien su corazón haya hecho espontáneo y generoso.
Versículo 4: Jacinto
4. JACINTO. — Propiamente, el jacinto es una especie de violeta; de ahí que signifique una gema de color semejante a la violeta: pues esta se llama jacinto. En tercer lugar, significa lana de color jacintino, es decir, violáceo y celeste, lana que era un lujo entre los antiguos. De ahí que Homero en la Odisea, libro 4, hablando de Helena, dice: Mas sobre ella se extendía la rueca, portando lana violácea. Aquí, en todas partes, jacinto designa esta lana violácea.
Tropológicamente, el jacinto representa una mente y un modo de vida celestiales. De ahí que la Iglesia, y toda alma santa, se calce con un calzado violeta, es decir, celestial. Ezequiel capítulo 16, versículo 9: «Te calcé con violeta», o como tienen los Setenta, con jacinto, es decir, con un calzado de color violeta y celestial; para que con este símbolo Dios significase que el modo de vida de los Santos que están en la Iglesia es celestial. Así calzado con violeta, San Pablo, pisando los cielos y las estrellas con los pies de su mente, decía: «Nuestra ciudadanía está en los cielos.» Así calzado, San Jerónimo pronunciaba aquella sentencia socrática: «Asciendo al cielo, y miro desde lo alto esta tierra y este firmamento.» Pues, como dice el Apóstol: «Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los Santos y miembros de la casa de Dios.» Y nuevamente: «Os habéis acercado al monte Sión, y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a la compañía de muchos millares de ángeles, y a la Iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos, y a Jesús Mediador de la Nueva Alianza», Hebreos 12:22. Por eso San Martín, contemplando constantemente el cielo tanto en la vida como en la muerte, cuando en una fiebre ardiente yacía boca arriba con el rostro levantado hacia el cielo, y sus discípulos le pidieron que girase su cuerpo un momento hasta que la fuerza de la enfermedad cediese, y descansase boca abajo, dijo: «Dejadme mirar al cielo más que a la tierra, para que mi espíritu, a punto de emprender su viaje hacia el Señor, sea bien dirigido.» Con los ojos y las manos siempre fijos en el cielo, nunca relajó su espíritu invicto de la oración. Por eso la Iglesia con razón canta de él: «Martín es recibido gozosamente en el seno de Abrahán; Martín, pobre y humilde aquí, entra rico en el cielo, y es honrado con himnos celestiales.»
De igual modo, San Esteban, intrépido entre la granizada de piedras que se estrellaban, dijo: «Veo los cielos abiertos, y a Jesús de pie a la diestra del poder de Dios»; e inmediatamente, exclamando: «Señor Jesús, recibe mi espíritu», voló hacia Él en el cielo para ser coronado.
Y púrpura
Y PÚRPURA. — La púrpura es un pez, o más bien un molusco, con cuya sangre tiñen la lana, que teñida con este color rojo oscuro se llama igualmente púrpura: de ella se hacían antiguamente, y aún se hacen, las vestiduras regias; de ahí su uso aquí en el tabernáculo.
Cabalísticamente, según refiere Valverde en su Alfabeto de Salomón, notan que argamán, es decir, púrpura, está compuesto de cuatro letras iniciales, de las cuales toman comienzo los nombres de cuatro ángeles, a saber: Rafael, Gabriel, Miguel, Nuriel; los cuales afirman ser los nombres de aquellas criaturas vivientes que Ezequiel vio en el capítulo 1. Pues Dios se revestía de aquel esplendor como de púrpura regia, según el versículo: «Revestido de luz como de vestidura.» ¡Ved cuán fácilmente estos tejedores de bagatelas tejen sus ángeles de la púrpura — más fácilmente, en verdad, que una araña teje su tela!
Y escarlata dos veces teñida
Y ESCARLATA DOS VECES TEÑIDA. — La escarlata es un grano tintóreo (de ahí que también se le llame a veces «grano»), que nace en el arbusto del batanero, semejante a la encina: este grano produce dentro de sí un pequeño gusano de color rojo, y con su sangre se enrojecen las lanas, que por ello se llaman escarlata, y en hebreo «gusano» o «gusanillo». De este gusanillo, o escarlata, se dice en Isaías 1:18: «Si vuestros pecados fueren rojos como un gusanillo.» Ahora bien, la lana, para que fuese más roja, solía sumergirse dos veces en esta sangre del gusano — primero, cuando todavía era solo lana cruda; y segundo, cuando al hilarla había sido convertida en hilos: de ahí que se llamase dos veces teñida, y en hebreo tolaat scani, es decir, escarlata o gusano repetido. De ahí también que la palabra scani, usada sola, signifique escarlata dos veces teñida o doblemente sumergida, que los Setenta llaman diploun, es decir, doble.
Y lino fino
Y LINO FINO. — El lino fino (biso), dice Jerónimo Prado sobre Ezequiel 16:10, página 186, es el lino más blanco y suave, o bien es la pelusa de un árbol, que es algo intermedio entre la lana y el lino; pues en su origen es lino, pero en suavidad es lana, y cuando se teje se asemeja al lino, dice Pólux. Es, digo, la pelusa de un árbol encerrada en una vaina, que comúnmente se llama gossipio o algodón — los flamencos y franceses lo llaman coton —, del cual se hacía tela de algodón o bisina en Egipto y Palestina, y aún se hace en Creta, Sicilia y España. Así de Pólux y Plinio, libro 10, capítulo 1, Prado en el lugar ya citado.
De donde Prado nota en segundo lugar, en el mismo lugar, que esta pelusa, a saber el algodón o biso, a veces se teñía de púrpura, y entonces aquí se llama púrpura; a veces de violeta, y entonces aquí se llama jacinto; a veces de escarlata, y entonces aquí se llama escarlata. Pero se llama biso cuando no se tiñe de ningún color, sino que en su estado natural es blanquísimo y suavísimo. Esto lo prueba por Deuteronomio 22:11, donde se prohíbe hacer tela de lana y lino; por tanto, aquí en las cortinas y vestiduras del tabernáculo, la lana no podía tejerse con el lino, y en consecuencia el biso del tabernáculo no era lino, sino lana o el algodón ya mencionado. Segundo, si el biso fuera lino, la tela hecha de él no habría sido lisa y pura; pues los hilos de lino no absorben el tinte de jacinto o púrpura de modo que brillen; pero la lana o el algodón sí lo absorben, y saturados de color, relucen.
Pero Plinio, libro 19, capítulo 1, distingue el biso del algodón, donde después de tratar primero del lino de algodón, trata luego del lino bisino como algo distinto; por tanto, este biso no era la pelusa del algodón. Además, el biso aquí se llama lino, como es claro por el capítulo 39, versículo 28, en el hebreo: pero la escarlata, el jacinto y la púrpura eran lana, como enseñan todos los intérpretes; en efecto, la Escritura misma distingue claramente el biso del jacinto, la escarlata y la púrpura; por tanto, la materia del biso era distinta de la de los otros tres: a saber, la materia del biso era lino, mientras que la materia de los otros era lana.
Digo por tanto que el biso aquí no es la seda, que hilan los gusanos, a saber los gusanos de seda, y que el vulgo ahora llama biso y seda; ni es algodón, como ya he demostrado; sino que es una especie del lino más blanco y fino, y por ello biso es el lino más fino. Y el lino más fino, dice Plinio, es aquel que tiene, primero, una blancura y brillo extraordinarios; segundo, una finura admirable; tercero, una consistencia y resistencia de hilo pareja, densa y nerviosa. El lino de esta clase, de cualquier provincia que provenga, será biso, dice Alcázar sobre el Apocalipsis 1:43, nota 11, pues es precioso: de ahí que el biso de Acaya se vendía al precio del oro; y el biso judío era superior al de Acaya, dice Pausanias. Este biso, pues, era lino que crecía en Egipto y Palestina, en las vainas de cierta planta (semejantes a las cápsulas de la amapola), y de él dicen que se hace un tejido que, como el asbesto, no se consume con el fuego sino que se purifica (de ahí que Plinio también compare este biso con la piedra de asbesto, que arde y no se consume), que aún hoy es conocido por los venecianos, y es semejante en blancura y finura a nuestro tejido de Cambrai. Así Delrío sobre Génesis 43:42, y otros.
De donde en hebreo este biso se llama shesh, es decir, blanquísimo: de ahí que también el mármol se llame shesh, Ester 1:6, porque es blanquísimo; en latín y griego se llama biso del hebreo buts. De ahí también que este biso, por ser muy fino, era retorcido y doblado, como lo tienen los Setenta aquí y el hebreo, y nuestro traductor en lo que sigue.
A los argumentos de Prado respondo que en Deuteronomio 22 solo se prohíbe a los particulares hacer vestiduras de lana y lino, no a los sacerdotes para el culto público de Dios. Además, la prohibición es contra mezclar hilos de lana y lino en la trama del tejido o tela; pero aquí no se mezclaban en la trama: pues la urdimbre era de biso, mientras que la trama era de lana — a saber, jacintina, escarlata y purpúrea.
Qué significan estas cuatro cosas
Cabe preguntar: ¿qué significan simbólica y místicamente estas cuatro cosas — a saber, el biso, la escarlata, la púrpura y el jacinto — de las que estaba hecho el tabernáculo?
Respondo que significan los cuatro elementos y el mundo entero; pues el tabernáculo era un tipo del mundo. Porque el biso significa la tierra, ya que crece de la tierra; la púrpura significa el mar, porque se tiñe con conchas marinas; el jacinto significa el aire, porque es de color aéreo; por la misma razón, la escarlata significa el fuego y el aire superior: pues todas estas cosas representan la majestad de Dios, y nos recuerdan con qué reverencia y pureza se debe acceder al tabernáculo y al templo. Segundo, todas estas cosas significan que el sacerdote es ministro del Creador, y que intercede en el tabernáculo por toda la creación y el mundo entero. Así San Jerónimo a Fabiola sobre las vestiduras sacerdotales, Filón, Josefo, Teodoreto y Beda.
Tropológicamente, a nuestro tabernáculo, es decir, la Iglesia, unos aportan escarlata dos veces teñida, es decir, el doble amor de Dios y del prójimo; otros púrpura, es decir, la mortificación del cuerpo; otros biso, es decir, la castidad; otros jacinto, es decir, la contemplación de las cosas celestiales; otros pelo de cabra, es decir, el hábito de la penitencia y la paciencia; otros pieles violetas, es decir, la esperanza de las cosas de arriba; otros pieles de carnero enrojecidas, es decir, la fortaleza y el martirio, como practicaron los Apóstoles y Mártires; otros madera de setim, es decir, la pureza de corazón; otros el aceite de la misericordia; otros el incienso de un buen y piadoso ejemplo. Véase Beda sobre Orígenes, capítulo 27. Oíd también a Orígenes aquí, homilía 9: La fe, dice, puede compararse al oro, la palabra de la predicación a la plata, la paciencia al bronce, el conocimiento a la madera incorruptible, la virginidad al biso, la gloria de la confesión a la escarlata, el vigor de la caridad a la púrpura, la esperanza del reino de los cielos al jacinto.
Pelo de cabra
PELO DE CABRA, — del cual se hacen telas llamadas camelotes, aptas para soportar la lluvia: pues no absorben rápidamente el agua. Así Arias, tratado Sobre el Arca de Noé. Estas telas, porque estaban hechas de pelo, se llamaban por ello cilicios; sin embargo, eran hermosas y pulcras por fuera: de donde se dice que mujeres hábiles en hilar hilaron estos pelos, capítulo 35, versículo 23. Así Cayetano.
Versículo 5: Pieles de carnero y pieles violetas
5. Y PIELES DE CARNERO TEÑIDAS DE ROJO, Y PIELES DE COLOR VIOLETA. — Por «de color violeta» el hebreo tiene tachas, cuyo significado es incierto; los judíos piensan que significa tejón. El tejón, al que también se llama taxus, es un animal áspero y mordedor, ávido de miel, del tamaño de un zorro, enemigo de las colmenas. ¿Pero quién no ve que están convirtiendo la palabra hebrea tachas en una palabra latina, y solo por las letras adivinando que es el taxus (tejón), cuando las pieles de tejón son de color leonado, no violeta? Por tanto, debe confiarse más en los Setenta, que traducen tachas como de color violeta; y en San Jerónimo, que lo traduce como yantino, es decir, violeta; y en Josefo, que dice que tanto estas pieles como las precedentes no eran de tejones sino de carneros y ovejas, teñidas en parte de violeta, en parte de rojo. Pues así como la misma lana se teñía de color jacintino y se llamaba jacinto, o de color purpúreo y se llamaba púrpura, como dije sobre el versículo 4: así algunas pieles de carnero se teñían de rojo, otras de violeta, que en hebreo se llamaban tachasim.
Y madera de setim
Y MADERA DE SETIM. — Quimji y otros rabinos entienden setim como cedro; pero se equivocan. Pues San Jerónimo sobre Isaías capítulo 59 dice: «Setim es una especie de árbol que crece en el desierto (en el desierto de Arabia, y quizá en el lugar llamado Setim, donde los hijos de Israel fornicaron con Beelfegor, Números 25:1), que tiene la apariencia de una espina blanca, de la cual se hicieron todos los utensilios de madera del arca y del tabernáculo»; y es una madera incorruptible, como la traducen los Setenta, y muy ligera, y supera a todas las demás maderas tanto en resistencia y solidez como en hermosura y esplendor.
He dicho que la madera de setim es semejante a la espina blanca, a saber, en sus hojas y color; de donde resultó que setim sea llamada espina por los latinos y griegos. De ahí también que Teodocio y San Jerónimo, en Isaías 41:19 y Joel 3:18, tradujeron setim como espina. Pero que setim difiere de la espina en tamaño es evidente porque los setim son árboles grandes, de los que se cortan tablas anchas, como es claro aquí en la construcción del tabernáculo; mientras que la espina blanca tiene solo un pulgar de grosor y dos codos de altura, como la experiencia muestra y Dioscórides enseña, libro 3, capítulo 12.
El rabino Salomón cuenta una fábula cuando dice, según Lyra: «Jacob previó por el Espíritu Santo que sus descendientes iban a construir un tabernáculo en el desierto, y llevó consigo semillas a Egipto, y raíces de árboles de setim, y los plantó y nutrió allí, mandando a sus descendientes que los llevasen consigo al salir de Egipto.» Pues, como he dicho citando a San Jerónimo, el setim crece naturalmente en el desierto.
Alegórica y anagógicamente, el tabernáculo hecho de madera incorruptible de setim significa la Iglesia, tanto militante como, más aún, triunfante, que en todas sus partes es incorruptible y eterna: así Beda. Augusto César, cuando Pisón estaba cuidadosamente construyendo una casa desde los cimientos hasta el tejado, dijo: «Alegras mi corazón, construyendo como si Roma fuera a durar para siempre.» Del mismo modo, con toda verdad, Dios edificó la Iglesia, que había de ser eterna. Los Setenta añaden, o más bien anticipan, piedras de sardio. Pero de estas oiremos más abajo.
Versículo 7: Gemas para adornar el efod
7. GEMAS PARA ADORNAR EL EFOD. — En hebreo, piedras milluim, es decir, «de relleno», que, como dice el Caldeo, llenan los engastes del efod y del pectoral, como una gema suele llenar el bisel de un anillo.
Versículo 8: Me harán un santuario
8. Y ME HARÁN UN SANTUARIO, — es decir, un tabernáculo, que sea como un templo sagrado en el que se celebren ritos y sacrificios sagrados para mí; que sea como mi casa, en la que soy adorado, buscado y hallado mediante el culto solemne y público de todos.
Versículo 9: Conforme a la semejanza del tabernáculo
9. CONFORME A TODA LA SEMEJANZA DEL TABERNÁCULO QUE YO TE MOSTRARÉ. — De esto y del último versículo es evidente que Dios mostró a Moisés en el monte Sinaí el modelo del tabernáculo, para que lo construyera conforme a él.
Aprended aquí cuán gran reverencia se debe a los templos y lugares consagrados a Dios. Primero, por el hecho de que Dios mandó a Moisés y a Salomón erigir y consagrarle un templo; y cuando fue incendiado por los babilonios, mandó por medio de Ageo y otros que fuese reconstruido: así como la Santísima Virgen quiso ser heredada por Juan el Patricio, en tiempos del papa Liberio, edificando un templo en el lugar que ella había cubierto milagrosamente de nieve el cinco de agosto, cuando el calor en Roma es grande — el cual ahora se llama iglesia de Santa María la Mayor.
Segundo, porque el templo es la casa de Dios que habita entre los hombres, así como el cielo es la casa de Dios que habita entre los ángeles y los bienaventurados. Por tanto, así como debemos reverenciar a Dios, así también debemos reverenciar su templo, y decir: «En presencia de los ángeles te cantaré alabanzas.» De donde el Salmista dice en el Salmo 64:5: «Santo es tu templo: admirable en equidad.» Y en este lugar Dios dice: «Me harán un santuario, y habitaré en medio de ellos.» En el templo, pues, ante Dios, seamos como ángeles.
Tercero, porque el templo es casa de oración, y allí Dios oye las plegarias. Pues esto prometió a Salomón cuando oró y consagró el templo, 3 Reyes [1 Reyes] 8.
Cuarto, porque en los templos se estableció un lugar de asilo para los acusados y culpables. De ahí que el sumo sacerdote Joyadá prohibió que Atalía fuese matada en el templo, y ordenó que fuese sacada fuera, 4 Reyes [2 Reyes] 11:15. Así también Benaías, a punto de matar a Joab, le ordenó salir del tabernáculo del Señor, 3 Reyes [1 Reyes] capítulo 2, versículo 30. Así también San Juan Crisóstomo protegió de la muerte a Eutropio cuando éste se refugió en el templo.
Quinto, porque el templo se llama santuario: «Temed mi santuario, yo soy el Señor», Levítico 19:30. Además, en hebreo se llama hechal, es decir, basílica, palacio augusto, poderoso y espléndido, en el cual habita el Todopoderoso.
Sexto, porque Dios es un vengador fiero del templo profanado y violado. De ahí que Él mismo dice en Isaías 31:9: «Ha dicho el Señor, cuyo fuego está en Sión, y cuyo horno está en Jerusalén»; de modo que desde un templo violado por los enemigos, se lance sobre ellos como fuego y los consuma. Así Cristo expulsó con un azote a los que vendían y compraban palomas en el templo, y volcó las mesas, y en ninguna otra ocasión mostró semejante celo, diciendo: «Mi casa será llamada casa de oración; pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones», Mateo 21:14. Y Pablo: «Si alguno viola el templo de Dios, Dios lo destruirá», 1 Corintios 3:17.
Séptimo, porque estableció en el templo el oráculo y el propiciatorio, y desde él, cuando era consultado por Moisés y el sumo sacerdote, daba respuestas, como es claro aquí en el versículo 22. De donde Salomón dijo con asombro: «¿Es acaso creíble que Dios habite con los hombres sobre la tierra? Si el cielo y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado!», 2 Crónicas 6:18.
Octavo, porque los gentiles honraban sus santuarios y templos con gran devoción. Pues entre ellos un templo era un lugar marcado por un augur, ya en el cielo, ya en la tierra. De donde «templo» (templum) se deriva de «observar» (tuendo), es decir, de contemplar, porque puede ser visto desde todas las direcciones, o porque desde él se puede ver en todas las direcciones, como dice Donato. Primero llamaron templo al cielo mismo, porque lo contemplamos a primera vista. En la tierra, un templo era cualquier lugar consagrado para el culto religioso. También llamaban al templo fanum, de fando (hablar), porque en él Apolo, o alguno de sus otros dioses, cuando era consultado, hablaba y daba respuestas.
Noveno, esto es evidente por los ejemplos de Santos y Reyes. Primero, David dice: «Entraré en tu casa, adoraré en tu santo templo con tu temor», Salmo 5:8. Y «Entraremos en su tabernáculo, adoraremos en el lugar donde se posaron sus pies», Salmo 132:7. Segundo, Jacob dijo de Betel, Génesis 28:17: «¡Cuán terrible es este lugar! No es otro sino la casa de Dios y la puerta del cielo.» Tercero, Isaías capítulo 2, versículo 3, dice: «Venid, subamos al monte del Señor, y a la casa del Dios de Jacob; y Él nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas.» Cuarto, Constantino el Grande y Santa Elena, tanto en Roma como en Jerusalén y en otros lugares, construyeron muchísimos templos magníficos. El propio Constantino, depuesta su corona y postrado en el suelo derramando un torrente de lágrimas, tomó una azada y cavó la tierra, y después de retirar doce cestas de tierra en honor de los doce Apóstoles, en el sitio designado para la basílica del Príncipe de los Apóstoles, edificó una iglesia de admirable obra, que San Silvestre consagró, cuya memoria se celebra ahora en la Iglesia el 18 de noviembre. Quinto, en esto Constantino fue imitado por Teodosio, Carlomagno, Pulqueria y otros cristianísimos emperadores y príncipes. Para omitir a otros, oíd a Crancio, libro 3, Metrópolis, capítulo 8: Había, dice, en la Diócesis de Minden, una noble matrona llamada Hilburgis, que, cuando perdió la esperanza de que su esposo, que había partido por voto a Palestina, regresase de allí, gastó toda su fortuna en construir un convento y nueve iglesias. No mucho después, su esposo regresó, y ella, deseando aplacarlo, salió a su encuentro y, después de saludarlo, dijo: «Te he dado nueve hijas en tu ausencia; pero aún no han renacido en Cristo.» El piadoso hombre entendió que nueve iglesias habían sido construidas, pero aún no consagradas, y ratificó lo que su esposa había hecho y lo dio por aprobado. Sexto, San Ambrosio se mantuvo firme por el templo de Dios hasta el punto de la muerte y el martirio. Pues cuando los arrianos, por medio de la emperatriz arriana Justina, exigieron que les fuese entregado, y Justina había persuadido a su hijo el emperador Valentiniano para que lo hiciese, Ambrosio le resistió cara a cara, diciendo: «Los palacios y las murallas pertenecen al emperador; las iglesias pertenecen al obispo.» Véase su extenso escrito sobre este asunto en su carta a su hermana Marcelina. Séptimo, San Juan Crisóstomo, cuando el emperador le pidió que cediese una de las iglesias católicas al general arriano Gainas, respondió: «No, emperador, le prometas esto, ni ordenes que se den las cosas santas a los perros. Pues jamás permitiré que aquellos que alaban a Dios con himnos de noche y de día sean expulsados de una iglesia, y que esa iglesia sea entregada a quienes profieren blasfemias contra Él.»
Versículo 10: Construid un arca de madera de setim
10. CONSTRUID UN ARCA DE MADERA DE SETIM. — Nótese primero: El arca era como un pequeño cofre cuadrado, o más bien rectangular. Pues el arca tenía un codo y medio de alto, un codo y medio de ancho, pero dos codos y medio de largo. Segundo, el arca estaba hecha de madera de setim recubierta de oro, con el fin de guardar en ella las tablas del Decálogo, dadas por Dios a Moisés. Pues que solo estas estaban guardadas en el arca es claro por 3 Reyes [1 Reyes] 8:9, y por ello había la mayor reverencia y veneración por el arca, y de ahí que se llamase arca de la alianza, o del testimonio, como diré sobre el versículo 16. Por tanto, el arca fue colocada en el Santo de los Santos. Pues el arca era la gloria de Israel: de donde la esposa de Finés dijo, 1 Reyes [1 Samuel] 4:21: «La gloria se ha apartado de Israel, porque el arca de Dios ha sido capturada.» Además, el arca se llama la fortaleza y hermosura de Israel, Salmo 78:61: «Y entregó su fortaleza al cautiverio, y su hermosura en manos del enemigo» — es decir, entregó el arca en manos de los filisteos. Tercero, el arca estaba abierta por arriba; pero encima tenía el propiciatorio, como una tapa, hecho no de madera de setim sino de oro macizo. Cuarto, dos Querubines estaban sobre el propiciatorio, de modo que con sus alas extendidas y unidas presentaban como un trono para Dios, mientras que el propiciatorio con el arca era como el escabel de sus pies. Quinto, el arca estaba rodeada por arriba de una corona en todo su contorno, de la cual hablaré en el versículo 11; y en cada lado tenía dos anillos de oro, por los cuales se insertaban dos varales dorados, con los que el arca era transportada por los sacerdotes sobre sus hombros cuando el campamento debía moverse. Sexto, el arca estaba colocada en el suelo del Santo de los Santos; sin embargo, es probable que este suelo estuviese cubierto con alguna alfombra o tapiz: o más bien el arca tenía sus propios pies — a saber, cuatro bolas o esferas en las cuatro esquinas, sobre las cuales se apoyaba como sobre cuatro ruedas. Pues así puede traducirse el hebreo del versículo 12. De ahí que el arca fuese como la carroza de Dios, o el carro real y triunfal de Dios sobre los egipcios derrotados, y esta carroza la vio Ezequiel en el capítulo 1. Así Jerónimo Prado en el mismo lugar, de lo cual más sobre el versículo 18.
Y por esta razón el arca se llama la gloria del Señor, porque en ella Dios manifestaba a los hebreos su presencia, su auxilio y su triunfo glorioso; y esto es lo que se dice en Deuteronomio 4:7: «No hay otra nación tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella, como nuestro Dios está presente en todas nuestras súplicas»; y Salmo 26: «He amado la hermosura de tu casa, y el lugar donde habita tu gloria.» De ahí que Elí no se desplomó por la doble muerte de sus hijos, ni por tan gran matanza del pueblo, sino que se derrumbó al oír la noticia de que el arca había sido capturada, y su nuera dio a luz diciendo: «La gloria se ha apartado de Israel.» Séptimo, esta arca, después de que el templo fue construido por Salomón, fue colocada en él en el Santo de los Santos, y permaneció allí mientras se mantuvo en pie, es decir, hasta la cautividad de Babilonia. Pues entonces Jeremías llevó el arca y el tabernáculo al monte Nebo, desde el cual Moisés vio la tierra prometida, y la escondió junto con el altar del incienso en cierta cueva, como se dice en 2 Macabeos 2:4 y siguientes, diciendo: «El lugar permanecerá desconocido hasta que Dios reúna a la congregación del pueblo.» De ahí que Epifanio en su Vida de Moisés, Doroteo en su Sinopsis, en el capítulo Sobre Jeremías, y otros refieran que el arca no estaba en el segundo templo, que los judíos construyeron después de su retorno de Babilonia, sino que habría de permanecer oculta hasta el fin del mundo, y entonces sería revelada para la conversión de los judíos. Ciertamente Josefo, en su propio tiempo cuando el templo fue destruido por los romanos, afirma expresamente en el libro 6 de La Guerra de los Judíos, capítulo 6, que no había absolutamente nada en el Santo de los Santos; las palabras de Josefo son: «La parte más interior del templo tenía veinte codos. Estaba igualmente separada de la parte exterior por un velo, y no había absolutamente nada colocado en ella»; por tanto, ni el arca ni los Querubines; «se la tenía por inaccesible, inviolable e invisible para todos, y se llamaba el Santo de los Santos.» Por tanto, se equivocan quienes piensan que el arca fue llevada en triunfo por Tito y que aún se conserva en Roma en la iglesia del Laterano, porque en el arco triunfal de Tito en Roma parece estar representada un arca en la procesión triunfal; pues aquella no es el arca, sino la mesa de los panes de la proposición, como afirma Josefo, que fue espectador del triunfo de Tito. Finalmente, Epifanio en su Vida de Jeremías dice lo siguiente sobre el arca: En la resurrección, dice, el arca se levantará primero y saldrá de la roca y será colocada en el monte Sinaí: Moisés la abrirá, y todos los Santos acudirán a ella, para recibir allí al Señor y poner en fuga al enemigo. Esta roca está en el desierto, donde el arca fue originalmente construida, en medio de los montes donde yacen enterrados Moisés y Aarón, y allí por la noche una pequeña nube brilla como fuego. La credibilidad de estas cosas queda en manos de San Epifanio.
Sentido alegórico del arca
Cabe preguntar: ¿qué significaba el arca alegóricamente? Ruperto responde que el arca significa la humanidad de Cristo; y San Gregorio, en su última homilía sobre Ezequiel, dice: «El arca dentro del velo es nuestro Redentor.»
Pero digo: Propia y genuinamente el arca, que estaba en el Santo de los Santos, el cual representaba el cielo, significaba a los bienaventurados en el cielo, entre los cuales la Santísima Virgen destaca especialmente: de ahí que no sin razón sea llamada arca de la alianza por San Bernardo, sermón Sobre la Bienaventurada María, y por otros. Oíd al mismo autor en las Sentencias: «El Autor de los prodigios, Dios, obró tres prodigios ciertos en María. Primero, levantó admirablemente la integridad de la pureza, de modo que el arca de la alianza fue revestida con el oro más puro. Segundo, hizo poderosamente fecunda la pureza virginal, de modo que la zarza ardiente no se consumiese. Tercero, unió inefablemente las cosas más bajas con las más altas, de suerte que por medio de la escala de Jacob las cosas terrenas se unieron a las celestiales.» La longitud del arca es la longanimidad y sabiduría de los Santos; la anchura, la caridad; la altura, la contemplación y el deseo de los bienes eternos. Estas tienen la medida de un codo, que es perfecta, porque en los bienaventurados todas las cosas en toda dirección son íntegras y perfectas.
Segundo, el arca estaba hecha de madera de setim, porque los bienaventurados después de la resurrección tendrán cuerpos inmortales; estaba recubierta de oro, porque tanto las almas de los Santos brillarán con el resplandor inefable de la visión divina, como sus cuerpos con admirable esplendor. En ella están las tablas de la ley, porque los Santos antiguamente meditaban la ley de Dios día y noche, y ahora se deleitan continuamente en ella. Oíd a San Jerónimo, a Eustoquia, sobre la virginidad: «La Esposa de Cristo es el arca de la alianza, dorada por dentro y por fuera, guardiana de la ley del Señor. Así como en aquella arca no había otra cosa sino las tablas de la alianza, así en ti no haya ningún pensamiento exterior. Sobre este propiciatorio, como sobre los Querubines, el Señor quiere sentarse.» Y San Gregorio, libro VII del Registro, epístola 30: «¿Qué es un corazón sacerdotal, sino el arca de la alianza? En la cual, porque florece la doctrina espiritual, sin duda yacen las tablas de la ley.»
Tercero, el arca tenía encima el propiciatorio, porque los Santos tienen sobre sí a Cristo Redentor, Romanos III, 21.
Cuarto, el arca está rodeada de Querubines, porque los bienaventurados están rodeados de santos ángeles.
Quinto, la corona del arca significaba las coronas de los Santos, como quienes son vencedores, triunfadores, reyes y sacerdotes de Dios: igualmente las coronas especiales de Vírgenes, Mártires y Doctores. Los anillos y varales del arca significaban los dones del Espíritu Santo, por los cuales el alma santa se hace movible y ágil para todo bien: por tanto, los cuatro anillos de oro son los cuatro dones que pertenecen al entendimiento, a saber, sabiduría, inteligencia, ciencia y consejo; los dos varales son los tres restantes, a saber, piedad, temor y fortaleza, que pertenecen a la voluntad. Los varales deben insertarse en los anillos, porque a menos que la voluntad sea movida, poco aprovecha el movimiento y la iluminación del entendimiento.
Finalmente, ante el arca estaba la urna con el maná, porque los bienaventurados siempre recuerdan el pan celestial de la Eucaristía, con el cual fueron alimentados en el desierto de esta vida. Ante el arca estaba la vara de Aarón, que al florecer confirmó el sacerdocio a Aarón; ellos recuerdan el sacerdocio de Cristo, que con el sacrificio de su propio cuerpo quitó los pecados del mundo, y por ello incesantemente alaban a Cristo y a Dios: estas cosas y más en Ribera, libro II Sobre el Templo, capítulo III.
¿Por qué entonces no anhelamos esta arca, estas coronas? «Consideramos el paraíso como nuestra patria», dice San Cipriano, tratado Sobre la Mortalidad, «ya hemos comenzado a tener a los patriarcas como padres nuestros. Un gran número de seres queridos nos espera allí; una multitud frecuente de padres, hermanos e hijos nos anhela, ya seguros en su inmortalidad, pero aún solícitos por nuestra salvación. Allí está el coro glorioso de los Apóstoles, allí el número de los Profetas exultantes, allí la innumerable hueste de Mártires coronados por la victoria de su lucha y pasión; allí triunfan las vírgenes que subyugaron la concupiscencia de la carne con la fuerza de la continencia.»
Y San Bernardo, Sobre la Recompensa de la Patria Celestial: «Los bienaventurados verán a Dios a su voluntad, lo poseerán para deleite, lo gozarán para gozo. En la eternidad florecerá, en la verdad brillará, en la bondad se alegrará. Así como tendrá la eternidad de permanecer, así la facilidad de conocer, la felicidad de reposar. Pues será ciudadano de aquella ciudad santa, de la cual los ángeles son ciudadanos, Dios Padre es el templo, su Hijo el esplendor, el Espíritu Santo es la caridad.» El mismo, en un sermón: «¡Oh bienaventurada región del paraíso, oh bienaventurada región de delicias, por la cual suspiro desde el valle de lágrimas! Donde la sabiduría sin ignorancia, donde la memoria sin olvido, donde la inteligencia sin error, donde la razón brillará sin oscuridad. Bienaventurados los que allí habitan: alabarán a Dios por los siglos de los siglos, amén. El reino de Dios es concedido, prometido, mostrado, recibido: es concedido en la predestinación, prometido en la vocación, mostrado en la justificación, recibido en la glorificación.» Y San Agustín: «Allí están los coros de los ángeles que cantan himnos, allí la comunión de los ciudadanos de arriba, allí la dulce solemnidad de los que regresan del triste trabajo de esta peregrinación, allí la fiesta sin fin, la eternidad sin mancha, la serenidad sin nube.»
Simbólicamente, Santo Tomás, III, Cuestión CII, artículo 4, respuesta 6: Las tres cosas, dice, que estaban en el arca o junto al arca significaban tres atributos de Dios, a saber, las tablas de la ley significaban la sabiduría, la vara el poder, el maná la bondad de Dios. Además, el arca, es decir, la Iglesia y la república y su gobernante, debe tener las tablas de la ley, la vara de la disciplina y corrección, el maná de la dulzura en el gobierno: así San Gregorio, epístola 25, libro I. De ahí que el samaritano, dice, derrama aceite y vino sobre el herido, «para que con el vino se escuezan las heridas, con el aceite se suavicen. Haya, pues, amor, pero no enervante; haya vigor, pero no exasperante.» Véase al mismo autor, Parte II de la Regla Pastoral, capítulo VI, y libro XX de los Morales, capítulo VIII. Las abejas tienen miel, y también tienen un aguijón con el que defienden sus colmenas. Así pues, quien gobierne la república tenga miel, es decir, la dulzura de la clemencia; y tenga el aguijón de la justicia, con el cual proteja la república contra los hombres malvados. Aquel prudentísimo rey indicó esto, quien quiso tener una granada como emblema de su gobierno, que tiene dulzura mezclada con acidez. «En el gobierno», dice San Gregorio, «la mansedumbre debe mezclarse con la severidad, de modo que cuando sonríe sea temido, y cuando se enoja sea amado, no sea que la alegría excesiva lo haga despreciable, o la severidad inmoderada lo haga odioso.» Ahora volvamos al texto.
Versículo 11: La revestirás de oro
Versículo 11. LA REVESTIRÁS DE ORO — con planchas de oro, no con pan de oro; esto es suficientemente claro por el hecho de que en el hebreo, en lugar de «revestirás», dice «ocultarás, cubrirás y vestirás de oro»: y esto tanto por dentro como por fuera, de modo que tropológicamente signifique que el alma del justo debe ser santa tanto interior como exteriormente, y estar rodeada por todos lados con el oro de la caridad. San Jerónimo objeta contra Rufino que «por dentro es un Nerón, por fuera un Catón», que vive en privado entre lujos, pero exhibe públicamente severidad en el vestido y el porte: esto es hipocresía que desagrada a Dios y a los hombres. Sea la persona santa, tanto por dentro como por fuera, no un Catón, sino un Pablo, un Juan, un ángel.
Y HARÁS POR ENCIMA UNA CORONA DE ORO ALREDEDOR. — Esta corona del arca no era redonda, sino cuadrada; pues el arca misma era cuadrada, y esta corona la rodeaba por todos los lados como un borde. Así Hugo. Este borde, pues, era exterior, y se elevaba y sobresalía por encima del arca. Los Setenta traducen: harás cimaciones de oro, giratorios o más bien retorcidos; me sorprende que el traductor complutense lo traduzca como «harás ondulaciones de oro»: pues cimaciones no significan solo pequeñas olas y ondas, sino también, por metáfora tomada de las olas, significan en Vitruvio la parte más alta del epistilo o capitel de las columnas — lo cual los Setenta acertadamente imitaron cuando llamaron cimaciones al borde sobresaliente del arca, y además retorcidos, es decir, fijos ciertamente, pero trabajados con artesanía retorcida, como torques retorcidos. Así San Agustín, Cuestión CIV.
Versículo 12: Y cuatro anillos de oro
12. Y cuatro anillos de oro. — Estos eran anillos en las cuatro esquinas del arca, y por ellos se insertaban varales, para que con estos el arca pudiera ser transportada magníficamente sobre los hombros de cuatro sacerdotes: pues no convenía que el arca fuese arrastrada o transportada en un carro. Además, los varales se extendían a lo largo del arca, no a lo ancho; y el arca era transportada y llevada a lo largo, no a lo ancho ni transversalmente, como sostiene Cayetano; Josefo lo indica cuando dice: «Desde cada uno de los dos lados más largos entran los anillos», por los cuales se insertaban los varales para transportar el arca. Dios además ordenó en el versículo 15 que los varales nunca debían sacarse de estos anillos, para que los sacerdotes no pensasen jamás estar libres del cuidado y la carga de transportar el arca, dice Arias.
QUE PONDRÁS EN LAS CUATRO ESQUINAS DEL ARCA. — Por «esquinas» el hebreo tiene pa'amotav, que propiamente significa pasos y pies; de donde parece que el arca no estaba en el suelo, sino que tenía cuatro pies, es decir, globos y pequeñas esferas, sobre los cuales se apoyaba, que tenían la apariencia de pequeñas ruedas: pues el arca era la carroza de la gloria de Dios, como diré en el versículo 18.
El codo aquí debe entenderse no como el codo mayor o real, que contiene 27 dedos, como atestigua Heródoto, libro I; mucho menos el máximo, es decir, el codo geométrico, que contiene seis codos comunes, como enseña San Agustín citando a Orígenes, libro XV de La Ciudad de Dios, capítulo XXVII; sino el codo común, que es aquella longitud que se extiende desde el pliegue del brazo hasta la punta del dedo llamado índice, y contiene veinticuatro dedos transversales, o dos palmos; un palmo es el espacio entre el pulgar y el índice cuando la mano está extendida, y contiene doce dedos transversales. Esto es claro por Josefo, libro III de las Antigüedades, capítulo VI, y Beda, libro I Sobre el Tabernáculo, capítulo IV. «La longitud del arca», dice Josefo, «era de cinco palmos, y la altura y la anchura de tres palmos»; pues el palmo en griego es spithama, que he dicho contiene doce dedos. De modo que dos codos y medio hacen cinco palmos.
Versículo 16: Pondrás en el arca el testimonio
16. PONDRÁS EN EL ARCA EL TESTIMONIO — es decir, la ley, o las tablas de la ley: pues la ley se llama frecuentemente testimonio o atestación, porque contiene la atestación de la voluntad divina, y por ella Dios dejó constancia formal de lo que quiere que sea hecho por los hombres.
De ahí que se llamase «arca del testimonio», es decir, de la ley, y «arca de la alianza», es decir, del pacto: pues contenía la ley, que era la condición de la alianza establecida entre Dios y los hebreos; en consecuencia, el tabernáculo fue nombrado por el arca que contenía, «tabernáculo de la alianza» y «tabernáculo del testimonio»; más aún, de ahí que la propia arca se llame «el testimonio», capítulo XXX, 6; Números XVII, 4; Levítico XXIV, 3, y esto por metonimia, porque el arca contenía dentro de sí el testimonio, es decir, las tablas de la ley. Además, que solo las tablas de la ley estaban en aquella arca, por la cual había tan gran reverencia entre los hebreos, y no la urna con el maná ni la vara de Aarón, lo enseña expresamente la Escritura, 3 Reyes VIII, 9, y 2 Paralipómenos V, 10, y Josefo, libro VIII de las Antigüedades, capítulo II. De ahí que tanto la urna con el maná como la vara de Aarón se narran en el Pentateuco como depositadas no en el arca, sino en el tabernáculo ante el Señor, es decir, ante el arca, como es claro por Éxodo XVI, 33; Números XVII, 4. Véase lo dicho en Hebreos IX, 4.
Versículo 17: Harás también un propiciatorio
17. HARÁS TAMBIÉN UN PROPICIATORIO DEL ORO MÁS PURO. — Nótese primero: El propiciatorio era la cubierta del arca, o una lámina que cubría y techaba el arca, como es claro por el versículo 20; de donde tenía igual longitud y anchura que el arca: por ello es también llamado por los Setenta epithema, es decir, algo puesto encima, a saber, sobre el arca, es decir, la cubierta del arca, que estaba unida al arca por bisagras de oro, como enseña Josefo, libro III de las Antigüedades, capítulo VI: «El arca tenía una cubierta ajustada con bisagras de oro, que no sobresalía por ningún lado.»
Segundo, el propiciatorio era una lámina hecha no de madera de setim revestida de oro, como el arca, sino de oro puro.
Tercero, el propiciatorio se llama en hebreo kapporet, que significa tanto propiciatorio como cubierta del arca. De donde los Setenta lo traducen como hilasterion epithema, es decir, cubierta placatoria o propiciatoria.
Cuarto, se llamaba propiciatorio, como si fuera lugar de aplacamiento, porque allí Dios, apareciéndose a Moisés y hablando con él, se aplacaba y se hacía propicio al pueblo; en el propiciatorio, pues, estaba el oráculo de Dios, como es claro por el versículo 18, y capítulo XXXVII, 6, y Números VII, último versículo: «Y cuando Moisés entraba en el tabernáculo de la alianza para consultar el oráculo, oía la voz de Uno que le hablaba desde el propiciatorio, que estaba sobre el arca del testimonio entre los dos Querubines»; y por eso se decía que Dios se sentaba sobre los Querubines: pues ellos cubrían el propiciatorio. De ahí que aquella parte del templo, o del Santo de los Santos, en la que estaba el propiciatorio, se llamase el oráculo, porque desde allí Dios daba oráculos.
Quinto, el propiciatorio con los dos Querubines era como un asiento y trono de Dios; el arca era el escabel de sus pies, como es claro por el Salmo XCVIII, donde dice: «Adorad el escabel de sus pies», es decir, adorad el arca, postraos ante el arca. De donde algunos sostienen probablemente, como Santo Tomás, Cayetano, Delrío y a Castro en Lamentaciones II, 1, que el propiciatorio estaba elevado y levantado en alto sobre el arca por los Querubines: pues de otro modo no habría podido ser el asiento de Dios, de modo que el arca fuese el escabel de sus pies. Más verdaderamente, sin embargo, Abulense, Alcázar, Ribera y otros sostienen que el propiciatorio estaba inmediata y directamente puesto sobre el arca, tocándola y cubriéndola.
Alegóricamente, el propiciatorio significa a Cristo, «a quien Dios puso como propiciación mediante la fe en su sangre», Romanos III, 21. Primero, pues, el propiciatorio estaba sobre el arca, porque Cristo supera a todos los bienaventurados en gracia y gloria; sin embargo, el arca se une a Él por bisagras, porque toda la gracia y gloria de los Santos desciende de Cristo y de los méritos de Cristo. Segundo, era enteramente de oro, porque la humanidad de Cristo no subsiste en sí misma, sino en la divinidad, a saber, en el Verbo; y por ello en Él «habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente.» Y, como dice San Juan: «Vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.» Tercero, Cristo es la cubierta del arca, porque está rodeado por la gloria y las coronas de los Santos, dice Orígenes, y los propios Santos ponen y ofrecen sus coronas a Cristo. Cuarto, Cristo es el oráculo del Padre, declarando las cosas que vio ocultas en el seno del Padre desde la fundación del mundo. Quinto, la humanidad de Cristo era como un asiento y trono, más aún, un escabel de la divinidad del Verbo. «Cristo», dice San Bernardo, sermón 22, «se ha hecho para nosotros sabiduría en la predicación, justicia en la absolución de los pecados, santificación en su modo de vida, redención en su pasión.» Y San Gregorio, homilía 4 sobre Ezequiel: «Nuestro Redentor se hizo hombre al nacer, becerro al morir, león al resucitar, águila al ascender al cielo.»
Por lo cual San Ambrosio: «Todas las cosas las tenemos en Cristo, y Cristo es todas las cosas en nosotros. Si deseas ser curado de una herida, Él es el médico: si ardes de fiebres, Él es la fuente: si estás agobiado por la iniquidad, Él es la justicia: si necesitas auxilio, Él es la fortaleza: si temes la muerte, Él es la vida: si huyes de las tinieblas, Él es la luz: si deseas el cielo, Él es el camino: si buscas alimento, Él es el sustento.»
Pues Cristo fue el verdadero Noé, que nos hizo descansar de nuestros trabajos y cargas.
Nuestro propiciatorio, pues, al cual debemos acudir en toda dificultad, es Cristo paciente y crucificado. «La Pasión de Cristo sostiene el cielo, rige el mundo, traspasa el infierno; por ella los ángeles son confirmados, los pueblos redimidos, los enemigos aplastados, los seres son establecidos, los vivientes son animados, los que sienten concuerdan, los inteligentes son iluminados», dice Rábano, Sobre la Alabanza de la Cruz.
Y así que nuestra esperanza, nuestro amor, nuestro refugio sea siempre y en todas partes Cristo. Así Teodoro el Mártir respondió a Publio que le preguntaba: «¿Preferirías estar con tu Cristo, o con nosotros?» Respondió: «Con mi Cristo estoy, estuve y estaré: y por eso no temo tus tormentos.» Así Carlos Quinto invirtió aquel dicho de Julio César, «Vine, vi, vencí», diciendo: «Vine y vi, pero Cristo venció.» Así Pablo: «Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.»
Versículo 18: Dos Querubines de oro
Versículo 18. HARÁS TAMBIÉN DOS QUERUBINES DE ORO, LABRADOS A MARTILLO, A CADA LADO DEL ORÁCULO.
Se pregunta aquí primero: ¿qué eran estos dos Querubines? Nótese: Moisés apenas expresa o indica la apariencia de estos Querubines, y esto para que los judíos, propensos a la idolatría, no hiciesen y adorasen un ídolo de ellos. Primero, pues, Filón, en el libro Sobre los Querubines, dice que los Querubines son símbolos o signos que significan y representan la circunferencia extrema de todo el cielo. Segundo, Josefo, libro III de las Antigüedades, capítulo VI: «Los Querubines son seres alados, de apariencia novedosa, nunca vistos por humano alguno, que Moisés había visto representados en el trono de Dios.»
Pero digo primero: estos dos Querubines tenían apariencia y forma humanas. Así lo enseñan comúnmente los hebreos y los cristianos; y esto es claro por 2 Paralipómenos III, 13, donde de los Querubines se dice: «Estaban de pie con los pies erguidos.» Digo segundo: Es probable que estos Querubines, además de la apariencia de hombre, tuviesen también la apariencia de otros animales. Pues Ezequiel, capítulo 1, enseña expresamente que los Querubines tenían la apariencia de cuatro animales, a saber: de hombre, de águila, de león y de becerro.
Por tanto, los Querubines eran efigies de oro, con la apariencia de un joven alado e imberbe, para que con esta apariencia representasen el vigor, la vivacidad y la eternidad de los ángeles, que son como príncipes que siempre asisten y están de pie ante Dios.
Posición de los Querubines
Su posición era tal que en parte con sus alas, en parte con sus cuerpos cubrían todo el propiciatorio. Pues un Querubín estaba al lado sur del propiciatorio, el otro al norte, de modo que con el grosor de sus cuerpos cubrían aquellos lados que representaban la anchura del propiciatorio: pero los lados oriental y occidental, que eran los lados de la longitud del propiciatorio, los cubrían y velaban con sus alas extendidas una hacia la otra; como si dos hombres se mirasen mutuamente y se tomasen de las manos.
Estos dos Querubines no estaban sujetos al propiciatorio, sino que fueron producidos del propio propiciatorio mediante martilleo; pues esto es lo que significa «labrados», y más claramente el hebreo que dice, «del propiciatorio los harás». De donde se sigue que los Querubines estaban hechos de oro macizo.
Digo por tanto: parece más verdadero que los Querubines no sostenían el propiciatorio, sino que estaban de pie sobre él con sus pies, de modo que con sus alas extendidas en parte cubrían el propiciatorio como un techo o dosel, de donde son llamados por el Apóstol «que dan sombra al propiciatorio», Hebreos IX, 5; y en parte con las mismas alas proporcionaban un asiento a Dios, que por ello se dice que se sienta sobre los Querubines: de suerte que el arca con su cubierta, a saber el propiciatorio, era el escabel de los pies de Dios.
Esto se prueba por Josefo, quien expresamente lo afirma, libro III de las Antigüedades, capítulo VI: «Estaban colocadas sobre la cubierta (del arca, es decir, el propiciatorio) dos figuras, que los hebreos llaman Querubines.»
Nótese aquí que estos Querubines tenían la apariencia no solo de estar de pie, sino de volar: pues tenían las alas extendidas, porque con ellas significaban a los ángeles, que vuelan con suma rapidez, de quienes dice el Salmista, y San Pablo: «El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.» De ahí también que se diga que Dios vuela sobre los Querubines, Salmo XVII, 11.
Sentido alegórico de los Querubines
Los Querubines son, por así decirlo, los guardaespaldas de Dios. De ahí que lleven los cuatro escudos e insignias del Señor su Dios: pues la semejanza del águila significa la sabiduría de Dios; la semejanza del hombre significa la bondad, mansedumbre y clemencia de Dios; el buey significa la justicia de Dios, el culto y devoción que se le debe; el león significa la fortaleza y el poder de Dios. Estos atributos los propios Querubines, es decir, los ángeles, participan en sí mismos y representan de Dios. Pues son águilas por la rapidez y la contemplación; son leones por la fortaleza; son hombres por la mansedumbre; son bueyes por la paciencia y los trabajos. Así dice San Dionisio, Jerarquía Celestial, capítulo 15.
Alegóricamente, este carro de los Querubines significa el carro triunfal de Cristo redentor de la humanidad; cuyo carro es la Iglesia, de la cual se dice en Cantares 1, versículo 4: «A mi caballería te he comparado.» Las cuatro ruedas son los Apóstoles, Pastores y Doctores, que poderosa y velozmente, como un rayo, impulsan y propagan el carro del Evangelio y de la Iglesia por todo el orbe. De ahí que los Querubines lleven las cuatro insignias de Cristo: pues la semejanza del hombre significa la encarnación de Cristo; la semejanza del becerro significa la muerte e inmolación de Cristo en la cruz; la semejanza del león significa la fortaleza de Cristo en la resurrección; la semejanza del águila significa la ascensión de Cristo al cielo.
Alegóricamente, San Gregorio, homilía 26 sobre los Evangelios: Los dos ángeles que Magdalena vio en el sepulcro de Cristo, y los dos Querubines del arca, son los dos testamentos: el propiciatorio es Cristo encarnado. «Y mientras el Antiguo Testamento anuncia que esto ha de hacerse, lo que el Nuevo Testamento proclama como hecho por el Señor, los dos Querubines, por así decirlo, se miran mutuamente, cuando vuelven sus rostros hacia el propiciatorio: porque cuando ven al Señor encarnado puesto entre ellos, no discrepan en su mirada, quienes narran concordemente el misterio de su dispensación.»
Etimología de Querubín
Preguntas: ¿de dónde se llaman Querubines, y qué significa Querubín en hebreo? Se llaman Querubines por la multitud de fortaleza, gloria, ciencia y sabiduría, como enseña San Dionisio, capítulo 7 de la Jerarquía Celestial. Además, Querubín significa multitud de ciencia, de la raíz nachar, es decir, «él conoció», y rab, es decir, «mucho». O más bien, y más simplemente, de ke y rab, es decir, «como un rabí», es decir, como un sabio, poderoso, honrado y glorioso. El nombre Querubín también alude, por metátesis, a recheb, es decir, carro: pues los Querubines acompañaban y adornaban el carro de la gloria de Dios; y a rocheb, es decir, el que cabalga, es decir, príncipe, director y gobernador. Tales son los ángeles, que rigen el mundo, y lo dirigen, mueven e impulsan como un carro de la divina providencia.
El nombre Querubín también alude, por metátesis, a cabbir, es decir, múltiple. Finalmente, por el recurso anagramático hebreo ethbash, kerub es lo mismo que kannescer, es decir, como un águila. Así Querubín, tanto por su forma como por su nombre, incluye y expresa en sí las semejanzas de los cuatro animales.
Los Querubines como símbolo de sabiduría
Moralmente, los Querubines son el símbolo de la sabiduría, que sobresale sobre todas las demás cosas, y que sola es apta para el gobierno. Pues la sabiduría de Dios, al gobernar este universo, «alcanza de un extremo a otro poderosamente, y dispone todas las cosas con suavidad.» Este es el modelo del mejor gobierno. ¿Deseas gobernar de la mejor manera? Gobierna como Dios, con poder y con suavidad.
Platón dijo que las repúblicas serían bienaventuradas si los sabios las gobernasen, o si sus gobernantes se dedicasen a la sabiduría. Y Aristóteles dice: «Ser sabio es propio del gobernante.» Apuleyo: «El sabio ni se enaltece en la buena fortuna, ni se abate en la adversidad.» Y Séneca, epístola 60: «El sabio está fortalecido y alerta contra todo ataque: ni la pobreza, ni el duelo, ni la deshonra, ni el dolor le harán retroceder si lo asaltan. Irá intrépido contra ellos y entre ellos. El sabio está lleno de gozo, alegre, sereno e inconmovible, vive en igualdad con los dioses.»
Cicerón, libro 3 de las Disputaciones Tusculanas: «Al sabio nada puede parecerle grande en los asuntos humanos, a quien toda la eternidad y la grandeza del mundo entero le son conocidas.» ¿Deseas, pues, ser sabio? Desprecia el tiempo y las cosas temporales, piensa en las eternas y en la eternidad.
San Gregorio, libro 10 de los Morales, capítulo 27: «La sabiduría de los justos consiste en no fingir nada por ostentación, en revelar el propio sentir con las palabras, en amar las cosas verdaderas tal como son, en evitar las falsas, en mostrar los bienes libremente, en soportar los males con más gusto que hacerlos, en no buscar venganza por la injuria, en considerar como ganancia el insulto recibido por causa de la verdad.»
Lactancio, libro 3, capítulo 30: «Quien quiera ser sabio y bienaventurado, oiga la voz de Dios, aprenda la justicia, conozca el misterio de su nacimiento, desprecie las cosas humanas, mire a las divinas, para que pueda alcanzar aquel sumo bien para el cual nació. La sabiduría suprema consiste, pues, en esta sola cosa: que el hombre conozca y adore a Dios.»
Versículo 21: En la cual pondrás el testimonio
Versículo 21. EN LA CUAL PONDRÁS EL TESTIMONIO. — Es decir, la ley, a saber, las tablas de la ley. Véase lo dicho en el versículo 16.
Versículo 22: Desde allí mandaré y hablaré
Versículo 22. DESDE ALLÍ MANDARÉ Y HABLARÉ CONTIGO SOBRE EL PROPICIATORIO. — De esto es claro que Moisés, el caudillo y legislador del pueblo, entraba con frecuencia en el Santo de los Santos, para consultar a Dios sobre cosas inciertas, o para escuchar allí a Dios que amonestaba y mandaba, como se dice aquí. Por tanto, lo que Dios ordena en Levítico capítulo 16, que el sumo sacerdote entre en el Santo de los Santos solo una vez al año, no se aplica a Moisés, que no era sumo sacerdote, sino embajador e intermediario de Dios.
Versículo 23: Harás una mesa de madera de setim
Versículo 23. HARÁS TAMBIÉN UNA MESA DE MADERA DE SETIM. — Nótese: Esta mesa fue hecha para recibir los doce panes que habían de ponerse ante Dios; de ahí que esta mesa estuviera delante del Santo de los Santos, en el Santo, junto al altar del incienso: pues el Santo tenía estas tres cosas, a saber: el altar del incienso, que a su lado norte o izquierdo tenía esta mesa, y a su lado sur o derecho tenía el candelabro. De ahí que la mesa se llame en hebreo schulchan, que significa «envío» o «despacho», porque en ella estos panes eran enviados a Dios.
La mesa estaba hecha de madera de setim revestida de oro. Tenía dos codos de largo, un codo de ancho y un codo y medio de alto: de aquí es claro que la mesa no era redonda, sino rectangular. La mesa tenía un borde, es decir, un reborde de oro a su alrededor; sobre el borde mismo había una corona calada de cuatro dedos, sobre la cual se colocaba otra corona menor para ornato, y para que la corona fuera más alta, y para que contuviese mejor los panes a fin de que no cayesen. La mesa tenía cuatro patas, y en la parte superior de cada pata tenía un anillo de oro, de modo que a través de cuatro anillos colocados en los lados, no de la longitud, sino de la anchura, se insertaban dos varales, con los que la mesa era transportada sobre los hombros de cuatro sacerdotes. Así dice Ribera, basándose en Josefo.
Alegóricamente, el Santo es la Iglesia en la tierra, la Iglesia Militante, que tiende hacia el Santo de los Santos, es decir, hacia el cielo: en la cual unos se dedican a la limosna y a las obras de caridad: estos son significados por esta mesa de panes; otros se dedican a la enseñanza y a la vida santa: estos son significados por el candelabro; otros se dedican a la oración, a la alabanza de Dios y a la contemplación: estos son significados por el altar del incienso. Así como esta mesa estaba en el Santo junto al Santo de los Santos, en el cual estaba el trono de Dios, así «la limosna», dice San Juan Crisóstomo, homilía 9 sobre Mateo, «se presenta como amiga de Dios, y siempre está cerca de Él: para quienquiera que desee, fácilmente obtiene un don, desata las ataduras de los pecados, ahuyenta las tinieblas, apaga el fuego: a esta se le abren con mucha confianza las puertas del cielo, y como si entrase una reina, ninguno de los porteros, ninguno de los guardias que la asisten, osa decir: ¿Quién eres, o de dónde vienes?, sino que todos la reciben por doquier. Es una virgen con alas de oro, adornada por todos lados con belleza, pero ceñida, con un rostro hermoso y apacible, es alada y ligera, y siempre está de pie ante el trono real.»
Además, esta mesa significa la mesa del cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía. Así dicen Ruperto y San Jerónimo sobre 1 Malaquías, y Damasceno, libro 4, capítulo 14, y Cirilo, Catequesis 4, mistagógica. De esta mesa canta el Salmista en el Salmo 115, versículo 4: «¿Qué daré al Señor por todo lo que me ha dado? Tomaré el cáliz de la salvación, e invocaré el nombre del Señor.» Y Salmo 22, versículo 5: «Has preparado una mesa ante mí contra los que me atribulan. Has ungido mi cabeza con óleo, y mi cáliz embriagador, ¡cuán excelente es!»
Versículo 24: Un borde de oro alrededor
Versículo 24. Y LE HARÁS UN BORDE DE ORO: — «borde», es decir, un reborde alrededor.
Versículo 25: Una corona calada de cuatro dedos de alto
Versículo 25. Y AL BORDE MISMO UNA CORONA CALADA DE CUATRO DEDOS DE ALTO. — En hebreo: al borde mismo, o reborde, harás una clausura, es decir, otro reborde que cierre los límites de la mesa, para que de ella no caigan los panes. Villalpando describe esta obra calada del siguiente modo: Si pones, dice, una tabla de cuatro dedos de grosor, de los cuales los dos del medio se retiran hacia el interior y se hacen más ásperos con diversas tallas, esto es obra calada; mientras que los dos dedos restantes, a saber, uno abajo y otro arriba, serán un cimacio (moldura) para la tabla misma.
Y ENCIMA DE ELLA, OTRA PEQUEÑA CORONA DE ORO. — Este era el tercer reborde de la mesa, colocado sobre el segundo. Nuestro traductor llama a esta corona aureola (pequeña corona de oro), no porque no fuese de oro puro, sino porque era pequeña, y por tanto contenía menos oro que las demás. De ahí que se piense que los Escolásticos tomaron el nombre de aureola, para significar con él ciertos dotes accidentales de la bienaventuranza, que serán propios de Vírgenes, Mártires y Doctores, así lo sostienen Ribera y otros.
Versículo 27: Varales
Versículo 27. PARA QUE SE PASEN POR ELLOS LOS VARALES. — Es probable que estos varales estuviesen insertados en los anillos y se extendiesen, no a lo largo, sino a lo ancho de la mesa, para que la pesada mesa pudiera ser transportada por cuatro hombres sobre sus hombros. Así Abulense.
Versículo 29: Fuentes, copas, incensarios y cálices
Versículo 29. PREPARARÁS TAMBIÉN FUENTES Y COPAS, INCENSARIOS Y CÁLICES, EN LOS CUALES SE HAN DE OFRECER LAS LIBACIONES, DEL ORO MÁS PURO. — «Fuentes» (acetábulos), en hebreo, escudillas; los Setenta los traducen como paropsides, bandejas o cuencos, a saber, para recibir y contener la flor de harina cuando debía ofrecerse; igualmente para recibir los sacrificios de la sartén y del horno, de los cuales véase Levítico capítulo 2.
COPAS. — Son vasos pequeños y cóncavos, conocidos en los banquetes más nobles; en hebreo se llaman cappoth, por la curvatura de la palma de la mano, que imitan. Estas copas estaban preparadas para derramar vino y otras libaciones en los sacrificios. Estos vasos alegóricamente significan la medida de la predicación, para que se adapte y se dé a cada persona según la capacidad de su carácter e intelecto.
San Gregorio, homilía 6 sobre los Evangelios, toma las copas como los más doctos, y los cálices como los menos doctos y sabios. «En el tabernáculo, no solo copas, por mandato del Señor, sino también cálices fueron hechos. Por las copas ciertamente se designa la doctrina que rebosa, pero por los cálices el conocimiento pequeño y estrecho. Puestos, pues, en el tabernáculo de Dios, es decir, en la Iglesia, si no podéis en modo alguno ministrar copas por la enseñanza de la sabiduría, en cuanto os baste por la generosidad divina, dad a vuestros prójimos cálices de la buena palabra. Llevad también consigo a otros, desead tener compañeros en el camino del Señor: si os dirigís hacia Dios, cuidad de no llegar solos a Él.»
INCENSARIOS — a saber, para conservar tanto el incienso que había de quemarse, como el olíbano que había de ponerse sobre los panes de la proposición, como se dice en Levítico capítulo 24, versículo 7.
Versículo 30: Panes de la proposición
30. Y PONDRÁS SOBRE LA MESA LOS PANES DE LA PROPOSICIÓN EN MI PRESENCIA SIEMPRE. — Nótense los «panes de la proposición», que así se llaman porque se proponen, o se colocan, ante el Señor, o en presencia del arca y del propiciatorio, en el cual Dios se muestra presente. De ahí que en hebreo se llamen lechem panim, es decir, «pan de la faz». Sobre estos panes diré más en Levítico xxiv, 5.
Nótese: Así como al candelabro de Moisés corresponden en los templos cristianos los candeleros y las luces, y especialmente la lámpara que arde ante el Santísimo Sacramento (pues este es nuestro Santo de los Santos); y así como al altar del incienso corresponden nuestros incensarios, y la incensación en el sacrificio de la Misa: así a la mesa de los panes de la proposición corresponde la mesa del Espíritu Santo, como la llaman, que en muchos lugares se pone en los templos los domingos llena de panes, para que estos se distribuyan a los pobres, y esto según el antiguo rito de la Iglesia. Pues San Pablo, 1 Corintios capítulo xvi, versículo 2, manda que se haga una colecta de limosnas en la iglesia el día del Señor, para que se distribuyan a los pobres.
Versículo 31: El candelabro de oro batido
31. HARÁS TAMBIÉN UN CANDELABRO DE OBRA BATIDA DEL ORO MÁS PURO. — Nótese primero: Este candelabro era una de las tres cosas que estaban en el Santo, y estaba a la derecha del altar del incienso. Este candelabro era de obra batida, es decir, producido por martilleo y conformado por cincelado a partir de un talento de oro: pues era hueco y pequeño. Segundo, el fuste central del candelabro tenía a cada lado tres ramas, o brazos, es decir, seis en total, que todas se elevaban igualmente en altura con el fuste: de ahí que el candelabro fuese de siete brazos; y en la parte superior tanto del fuste como de cada rama tenía una lámpara; tenía, pues, siete lámparas. Además, todas estas partes no estaban insertadas ni pegadas, sino que eran de obra batida, producidas por martilleo a partir de una sola masa y talento de oro. Tercero, las ramas estaban adornadas con una triple, y el fuste con una cuádruple disposición de copas, esferas o globos, y lirios alternándose sucesivamente unos a otros. Cuarto, estas lámparas iluminaban el tabernáculo o Santo, el altar del incienso y la mesa de los panes de la proposición, pero solo de noche, como diré más ampliamente en el capítulo xxvii, versículo 21. Quinto, el candelabro tenía sus despabiladeras, igualmente incensarios o vasos, en los que lo despabilado se apagaba. Sexto, el candelabro colocado en el Santo estaba puesto oblicuamente, de modo que las lámparas miraran hacia el sur y el este. Así Josefo. Séptimo, en el tabernáculo había solo un candelabro; pero en el templo de Salomón había diez candelabros, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, como es claro por III Reyes vii, 49.
Simbólicamente, este candelabro era imagen de la esfera celeste con sus siete luminares, es decir, de los siete planetas. Pues el tabernáculo llevaba el tipo del mundo, mientras que el Santo de los Santos representaba el cielo empíreo de los bienaventurados. Así Filón y Josefo.
Alegóricamente, el candelabro es Cristo, o más bien la Iglesia, Apocalipsis capítulo 1, último versículo, que es la luz y maestra de la verdad. Primero y muy aptamente, el candelabro es la fe y la doctrina de la Iglesia que resplandece al mundo entero e ilumina. Segundo, sus siete lámparas son todos los doctores, que brillan durante toda la noche de la era presente con su vida y enseñanza. Tercero, las copas significan la sed de Dios y de las cosas divinas, las esferas el desprecio de las cosas terrenas (pues una esfera o globo toca la tierra solo en un punto), y los lirios la belleza de las virtudes y la fragancia de una buena vida. Todas estas cosas fueron hechas de oro, porque las virtudes ya mencionadas deben brotar de la caridad. Además, el candelabro es de obra batida, no fundida, porque los doctores deben ser golpeados y pulidos por muchas tentaciones y persecuciones antes de alcanzar la cumbre de la virtud.
Cuarto, este candelabro iluminaba la mesa, el altar y todo el Santo de noche, porque la fe y la doctrina de la Iglesia deben iluminar y dirigir las oraciones, las obras de misericordia y todas las obras santas de los fieles en esta vida. Quinto, las despabiladeras representan las disputas y explicaciones por las cuales se eliminan los errores y se restituye a la verdad su propia luz. Sexto, en el tabernáculo había un candelabro, en el templo diez, porque la luz de la doctrina y el conocimiento de los misterios divinos es mayor en la Iglesia de lo que fue en la Sinagoga.
Moralmente, pues, los doctores y la doctrina son la luz y los candelabros de la Iglesia. Sea esta su primera regla: «El doctor», dice San Bernardo, «debe ser una concha, no un canal» — es decir, primero debe recibir la ciencia y llenarse de ella, para que lleno la derrame luego sobre los demás; debe enseñarse a sí mismo antes de enseñar a otros. Tercero, debe impregnar no solo el entendimiento sino también los afectos, «pues la enseñanza del espíritu no agudiza la curiosidad, sino que enciende la caridad», dice San Bernardo. Cuarto, debe enseñar con la obra antes que con la palabra. Pues así Jesús primero comenzó a obrar, y luego a enseñar. «La doctrina», dice San Gregorio, «se enseña con plena autoridad cuando se practica antes de que se diga.»
Versículo 33: Tres copas en forma de nuez
33. Tres copas en forma de nuez en cada rama. — Llama «copas» a las partes del candelabro que sobresalen como nueces, o, como dice el hebreo, almendras (pues la almendra es una especie de nuez), en cuanto a la curvatura de los lados.
Y UNA ESFERA JUNTAMENTE CON UN LIRIO. — Por «esfera» el hebreo tiene caphtorim, es decir, manzanas, pequeños globos o esferas como manzanas. De donde parece que en este candelabro había cierta semejanza con un árbol, en cuanto que extendía brazos y ramas a cada lado, y estaba cargado de flores y frutos.
Y UN LIRIO. — Filón refiere que estos lirios estaban en la parte superior de las ramas, y que la lámpara se colocaba sobre estos lirios. Finalmente, como se dice en el versículo 31, todas estas cosas eran «procedentes de él mismo»; pues del tronco o fuste del candelabro todo se sacaba y se daba forma con el martillo; ninguna parte hecha en otro lugar se incrustaba.
Versículo 34: En el candelabro mismo
34. Pero en el candelabro mismo — en el fuste mismo o tronco del candelabro, de donde salen las ramas, habrá cuatro disposiciones de copas, esferas y lirios.
Versículo 35: Esferas debajo de dos ramas
35. ESFERAS DEBAJO DE DOS RAMAS EN TRES LUGARES, QUE JUNTAS HACEN SEIS, SALIENDO DE UN SOLO FUSTE — como si dijera: En el fuste habrá tres lugares de los cuales surgirán tres series de dos ramas, y debajo de cada lugar y serie de dos ramas habrá una esfera. Para ver esto claramente, he aquí la disposición en el fuste mismo: en la parte inferior, al pie del fuste, estaba la primera copa, y luego la primera esfera; después de esta, las dos ramas más largas ascendían a cada lado. Después de estas dos primeras ramas más bajas, ascendiendo por el fuste, seguía el primer lirio, después de este la segunda copa y la segunda esfera; después de esta esfera seguían las dos ramas intermedias. Después de estas estaba el segundo lirio, después de este la tercera copa con la tercera esfera, tras las cuales venían las dos últimas y más cortas ramas. Después de estas el tercer lirio, y finalmente la cuarta copa, la cuarta esfera y el cuarto lirio, con la lámpara en la cumbre.
Tropológicamente, después de las esferas sigue la rama, porque el santo doctor es una esfera, es decir, de semblante y disposición redondos e iguales siempre, en los tiempos alegres y tristes; de donde, como una rama, se eleva en alto para dar luz a los demás.
Versículo 37: Para que alumbren desde el lado opuesto
37. PARA QUE ALUMBREN DESDE EL LADO OPUESTO — Hacia la mesa de los panes de la proposición, que estaba en la parte opuesta, a saber, la septentrional, del tabernáculo: pues esta mesa era la mesa de Dios, en la cual Dios como que cenaba; y en una cena nocturna se pone una vela o lámpara que ilumine la mesa, para que los comensales vean lo que comen.
Versículo 38: Despabiladeras
38. PARA QUE LO DESPABILADO SE APAGUE — a saber, vasos que reciban las cenizas despabiladas de las mechas, para que se apaguen allí, no sea que esparcidas por el tabernáculo lo ensucien e infecten con mal olor. El Caldeo llama a estos vasos incensarios.
Versículo 39: Un talento de oro
39. TODO EL PESO DEL CANDELABRO, ETC., TENDRÁ UN TALENTO DE ORO. — Un talento, dice Josefo, libro III, capítulo VII, era un peso de 100 minas; lo que Ribera entiende de la mina hebrea, que contenía sesenta siclos, es decir, 240 dracmas. Pero en el capítulo xxxviii, versículo 23, demostraré que el talento hebreo contenía solamente tres mil siclos; y puesto que el siclo contenía 4 dracmas áticas, es decir, 4 piezas de oro, se sigue que el talento hebreo que contenía tres mil siclos pesaba y valía doce mil piezas de oro. Hablo de un talento de oro; pues un talento de plata era de igual peso, pero de valor desigual, como es obvio. De un talento se podía hacer un candelabro, porque era pequeño y hueco, para significar el Espíritu interior de Dios, que se comunica íntimamente a la Iglesia y a sus Doctores.
Versículo 40: Hazlo conforme al modelo
40. MIRA, Y HAZLO CONFORME AL MODELO QUE TE FUE MOSTRADO EN EL MONTE. — «Hazlo conforme al modelo» — en hebreo se añade «de ellos», a saber, del candelabro y del tabernáculo con sus vasos, que te es descrito con la viva voz de Dios durante estos 40 días en el monte Sinaí, y al mismo tiempo se propone a la vista mediante alguna representación sensible. Pues San Esteban enseña que estas palabras deben entenderse literalmente de aquel antiguo tipo del tabernáculo, Hechos VII, 44.
Segundo, del Apóstol, Hebreos VIII, 5, parece claro que aquí también Dios mostró un modelo anagógico, es decir, las realidades celestiales y el tabernáculo espiritual que era significado por este material, como si a Moisés se le ordenase aquí construir su tabernáculo material conforme a este modelo, a saber, para que corresponda a aquel tabernáculo espiritual como su antitipo, y lo signifique y represente aptamente. Así lo entiende Beda aquí. De ahí que San Justino, en su Exhortación a los Griegos, cerca del final, piense que Platón derivó su teoría de las ideas de este pasaje de Moisés.
Tropológicamente, San Gregorio en el libro I sobre los Reyes, capítulo x, dice: Esta es la forma de la obediencia elegida: que en todo lo que hacemos exteriormente, miremos al poder y la sabiduría del Creador como un modelo presente en todas partes. Además, mira el modelo de obediencia, paciencia, fortaleza, caridad, humildad, desprecio del mundo y de todas las virtudes, que te fue mostrado en el monte Calvario por Cristo, y que Moisés prefiguró mediante su altar de holocaustos y de incienso, y mediante el tabernáculo, las vestiduras sagradas y las víctimas — exprésalo e imítalo; y así construirás en tu alma un tabernáculo adornado y perfeccionado con todas las virtudes para Dios. Pues, como dice San Agustín, en el libro Sobre la Verdadera Religión, capítulo xvi: «Toda la vida de Cristo fue una disciplina de costumbres. Los esclavos del placer deseaban ruinosamente las riquezas: Él eligió ser pobre. Ellos anhelaban los honores y el poder: Él rehusó ser hecho rey. Ellos tenían a los hijos carnales por gran bien: Él despreció tal matrimonio y descendencia. Ellos aborrecían las afrentas con soberbia: Él soportó todo género de afrentas. Ellos pensaban que las injurias eran intolerables: ¿qué mayor injuria que condenar a un hombre justo e inocente? Ellos execraban los dolores corporales: Él fue flagelado y torturado. Ellos temían la muerte: Él fue castigado con la muerte. Ellos tenían la cruz por el género más ignominioso de muerte: Él fue crucificado. Todas las cosas que, deseando poseer, vivíamos mal — al carecer de ellas Él las hizo viles; todas las cosas que, tratando de evitar, nos desviábamos de la búsqueda de la verdad — al soportarlas las derribó.»
San Francisco contempló constantemente este modelo de Cristo crucificado para expresarlo en sí mismo, y por ello recibió no solo en su mente sino también en su cuerpo los sagrados estigmas divinamente impresos en él. San Buenaventura escribe en su Vida, libro I, capítulo XIII: «Había crecido en él un incendio insuperable de amor por el buen Jesús, que ardía como lámparas de fuego y llama. Cuando, pues, era llevado hacia Dios por el ardor seráfico de sus deseos, una mañana hacia la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, mientras oraba en la ladera de un monte, vio un Serafín de seis alas, tan ígneas como espléndidas, que descendía de los cielos. Cuando llegó a un lugar del aire cercano al varón de Dios, apareció entre las alas la figura de un hombre crucificado. Al ver esto quedó vehementemente atónito, y un gozo mezclado de dolor asaltó su corazón. Comprendió al fin por revelación del Señor que él había de ser transformado enteramente en la semejanza de Cristo crucificado, no por el martirio de la carne, sino por el fuego de la mente. La visión, pues, al desaparecer, dejó un ardor admirable en su corazón; pero también imprimió en su carne una imagen de signos no menos admirable. Pues inmediatamente en sus manos y pies comenzaron a aparecer las marcas de los clavos; su costado derecho también, como traspasado por una lanza, estaba cubierto de una cicatriz roja, que a menudo, derramando sangre sagrada, salpicaba su túnica y sus ropas interiores.»
Finalmente San Bernardo, en el tratado Sobre la Vida Solitaria: «Una casa de la belleza de Dios ha de ser edificada por cada uno, que se le muestra en la altura de la mente y en la piadosa meditación, como en un modelo, para que edifique según la forma de la pobreza — no casas para habitar, sino tabernáculos para abandonar — para así suscitar en sí el desprecio de todas las cosas exteriores y el amor de las interiores y celestiales.»