Cornelius a Lapide

Éxodo XXIX


Índice


Sinopsis del Capítulo

Dios manda que Moisés consagre a Aarón y a sus hijos como sacerdotes con este rito: primero, que los lave; segundo, que los vista con las vestiduras sacerdotales; tercero, que ofrezca un becerro por el pecado y dos carneros, uno como holocausto, el otro como sacrificio pacífico con panes ácimos; cuarto, que durante siete días unja diariamente tanto a ellos como al altar, versículo 35. Todo lo cual puede exponerse rectamente en sentido místico y aplicarse a las consagraciones y primicias de los sacerdotes del Nuevo Testamento. Finalmente, en el versículo 38, prescribe el sacrificio de un cordero que debía inmolarse diariamente, tanto por la mañana como por la tarde.


Texto de la Vulgata: Éxodo 29:1-46

1. Y también esto harás, para que me sean consagrados en el sacerdocio: Toma un becerro del rebaño, y dos carneros sin mancha, 2. y panes ácimos, y una torta sin levadura rociada con aceite, y también obleas ácimas untadas con aceite: todo ello lo harás de harina de trigo. 3. Y los pondrás en un canastillo y los ofrecerás: también el becerro y los dos carneros. 4. Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y cuando hayas lavado al padre con sus hijos en agua, 5. vestirás a Aarón con sus vestiduras, es decir, la túnica de lino y la sobretúnica, y el efod, y el pectoral, que sujetarás con el ceñidor. 6. Y le pondrás la mitra en la cabeza, y la lámina santa sobre la mitra, 7. y derramarás el aceite de la unción sobre su cabeza; y por este rito será consagrado. 8. Llevarás también a sus hijos, y los vestirás con túnicas de lino, y los ceñirás con un cinturón, 9. a Aarón, digo, y a sus hijos, y les pondrás mitras, y serán mis sacerdotes por ordenanza perpetua. Después de que hayas consagrado sus manos, 10. llevarás también el becerro ante el tabernáculo del testimonio. Y Aarón y sus hijos impondrán las manos sobre su cabeza, 11. y lo degollarás en presencia del Señor, junto a la puerta del tabernáculo del testimonio. 12. Y tomando parte de la sangre del becerro, la pondrás con tu dedo sobre los cuernos del altar, y el resto de la sangre lo derramarás junto a la base del mismo. 13. Y tomarás toda la grasa que cubre los intestinos, y la redecilla del hígado, y los dos riñones, y la grasa que hay sobre ellos, y los quemarás como incienso sobre el altar; 14. pero la carne del becerro, y el cuero, y el estiércol los quemarás fuera, más allá del campamento, porque es sacrificio por el pecado. 15. Tomarás también un carnero, sobre cuya cabeza Aarón y sus hijos impondrán las manos. 16. Y cuando lo hayas degollado, tomarás de su sangre, y la derramarás alrededor del altar. 17. Y cortarás el carnero mismo en pedazos, y una vez lavados sus intestinos y sus patas, los pondrás sobre los trozos cortados y sobre su cabeza. 18. Y ofrecerás el carnero entero como holocausto sobre el altar: es una ofrenda al Señor, olor suavísimo de víctima al Señor. 19. Tomarás también el otro carnero, sobre cuya cabeza Aarón y sus hijos impondrán las manos. 20. Y cuando lo hayas inmolado, tomarás de su sangre, y la pondrás sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y de sus hijos, y sobre los pulgares de su mano y pie derechos, y derramarás la sangre sobre el altar en derredor. 21. Y cuando hayas tomado de la sangre que está sobre el altar, y del aceite de la unción, rociarás a Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y sus vestimentas. Y una vez consagrados ellos y sus vestiduras, 22. tomarás la grasa del carnero, y la cola, y el sebo que cubre las entrañas, y la redecilla del hígado, y los dos riñones, y la grasa que hay sobre ellos, y la espaldilla derecha, porque es el carnero de la consagración: 23. y una hogaza de pan, una torta rociada con aceite, una oblea del canastillo de los ácimos, que está puesto en presencia del Señor: 24. y pondrás todas las cosas sobre las manos de Aarón y de sus hijos, y los santificarás, elevándolos ante el Señor. 25. Y tomarás todas las cosas de sus manos; y las quemarás sobre el altar como holocausto, olor suavísimo en presencia del Señor, porque es su ofrenda. 26. Tomarás también el pecho del carnero, con el cual fue consagrado Aarón, y lo santificarás, elevado ante el Señor, y será tu porción. 27. Y santificarás el pecho consagrado, y la espaldilla que separaste del carnero, 28. con el cual fue consagrado Aarón y sus hijos, y serán porción de Aarón y de sus hijos por derecho perpetuo de parte de los hijos de Israel: porque son las primicias y los comienzos de sus sacrificios pacíficos que ofrecen al Señor. 29. Y la vestidura sagrada que usa Aarón la tendrán sus hijos después de él, para que sean ungidos en ella y sus manos consagradas. 30. Siete días la usará aquel que sea constituido sumo sacerdote en su lugar de entre sus hijos, y que entre en el tabernáculo del testimonio para ministrar en el Santuario. 31. Y tomarás el carnero de la consagración, y cocerás su carne en lugar santo, 32. y de ella comerán Aarón y sus hijos. También los panes que están en el canastillo los comerán en el vestíbulo del tabernáculo del testimonio, 33. para que sea sacrificio propiciatorio, y para que sean santificadas las manos de los oferentes. Un extraño no comerá de ellos, porque son santos. 34. Y si quedare algo de la carne consagrada, o del pan hasta la mañana, quemarás los restos con fuego: no se comerán, porque son santificados. 35. Todas las cosas que te he mandado, las harás sobre Aarón y sus hijos. Siete días consagrarás sus manos, 36. y ofrecerás un becerro por el pecado cada día para expiación. Y purificarás el altar cuando hayas inmolado la víctima de expiación, y lo ungirás para santificación. 37. Siete días harás expiación por el altar y lo santificarás, y será el Santo de los Santos. Todo el que lo toque será santificado. 38. Esto es lo que ofrecerás en el altar: Dos corderos de un año cada día continuamente, 39. un cordero por la mañana, y el otro por la tarde, 40. una décima parte de harina mezclada con aceite batido, que tendrá la medida de la cuarta parte de un hin, y vino para libación de la misma medida con un cordero. 41. Y el otro cordero lo ofrecerás por la tarde según el rito de la oblación matutina, y según lo que hemos dicho, en olor de suavidad. 42. Es un sacrificio al Señor, ofrenda perpetua por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo del testimonio ante el Señor, donde dispondré hablaros. 43. Y allí hablaré a los hijos de Israel, y el altar será santificado por mi gloria. 44. Y santificaré el tabernáculo del testimonio con el altar, y a Aarón con sus hijos, para que ejerzan mi sacerdocio. 45. Y habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios, 46. y sabrán que yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para morar entre ellos, yo el Señor su Dios.


Versículo 2: Una torta sin levadura rociada con aceite

2. UNA TORTA — una torta redonda, un panecillo o una galleta; pues esto es el hebreo challot. QUE ESTÉ ROCIADA CON ACEITE — En hebreo, que esté mezclada con aceite, es decir, cuando se amasaba la harina, se trabajaba con aceite, y esto para significar la unción de Aarón; pues esto es lo que significa la palabra griega pephyramenous en los Setenta.

TAMBIÉN OBLEAS UNTADAS CON ACEITE — «Obleas» son tortas delgadas; pues esto es lo que significa el hebreo rekike. Estas obleas se mezclaban con agua cuando se amasaban; pero cuando se ofrecían, se freían en aceite: pues esto es lo que significa el hebreo meschiche schemen, es decir, ungidas o untadas con aceite, a saber, para que se frieran en él. Así Abulense y Oleaster.


Versículo 3: El becerro y los dos carneros

3. Y EL BECERRO Y LOS DOS CARNEROS — es decir, los ofrecerás, esto es, los presentarás y llevarás al tabernáculo, para que después, en el versículo 10, sean inmolados. En el becerro o toro, dice Lipomano, se significa la cerviz de la soberbia; en el carnero, se indica el liderazgo del rebaño. Se manda, pues, a los sacerdotes, que han de ser rectores del pueblo, inmolar un toro y un carnero, para que por este símbolo sean amonestados a matar cualquier hinchazón de soberbio mando que hubieran saboreado; y a ser santificados durante siete días, para que sean amonestados a perseverar en la santidad durante toda su vida.


Versículo 5: Vestirás a Aarón

5. VESTIRÁS A AARÓN, ETC. Con la túnica de lino (que en hebreo se llama ketonet) y la sobretúnica — a saber, la de color jacinto.

No se hace aquí mención de los calzones, porque Aarón y sus hijos ya se los habían puesto, para que pudieran ser lavados decorosamente. Así Beda.

QUE SUJETARÁS CON EL CEÑIDOR — En hebreo, lo ceñirás con el hábil tejido del efod mismo. Nótese aquí: El ceñidor se llama tejido, u obra hábil del efod mismo, porque este ceñidor ceñía apretadamente el efod, y era de la misma materia que el efod. Así Vatablo.


Versículo 6: La lámina santa

6. Y LA LÁMINA SANTA — En hebreo, la corona de santidad. Así se llama la lámina de oro, en la cual estaba inscrito «Santo para el Señor»; pues ésta ceñía y adornaba la frente a modo de corona.


Versículo 7: El aceite de la unción

7. Y EL ACEITE DE LA UNCIÓN (aceite con el que uno es ungido — es un pleonasmo) DERRAMARÁS SOBRE SU CABEZA — Este aceite, dice San Cipriano, en el tratado Sobre la unción del Crisma, significaba primero que una riqueza espiritual está presente en los sagrados misterios. Segundo, que así como el aceite flota por encima de todos los demás líquidos, así la excelencia de la dignidad sacerdotal sobrepasa todos los estados y grados, y obtiene el gobierno y la protección tanto de la vida activa como de la contemplativa. Tercero, este aceite de la consagración de los sacerdotes era tipo del sacramento del Orden, en el cual se da al ordenado la riqueza del Espíritu.


Versículo 9: Después de que hayas consagrado sus manos

9. DESPUÉS DE QUE HAYAS CONSAGRADO (en hebreo, después de que hayas llenado de aceite, es decir, ungido, y ungiendo consagrado) SUS MANOS — Por «manos» se significa la potestad de consagrar otras cosas, que por esta unción de las manos los sacerdotes recién ordenados reciben aquí. Así San Agustín, Cuestión CXXV. Pues con sus manos debían manejar víctimas y otras cosas, ofrecerlas a Dios y consagrarlas. De aquí moralmente sepa el sacerdote que debe tener manos santas, es decir, castas y puras, tanto de la lujuria como de la sangre y de la avaricia. Oye a Filón, en el libro Sobre las víctimas: «Dios exige,» dice, «del que sacrifica, primero una mente buena, santa y ejercitada en la piedad. Después una vida adornada con buenas obras (especialmente limosnas), para que cuando imponga las manos, pueda decir con conciencia libre: Estas manos no están corrompidas por mujeres, ni manchadas con sangre inocente; no han infligido daño, injuria, herida ni violencia a nadie; no han prestado su servicio a cosa alguna torpe, sino a cosas honestas y útiles, que son aprobadas por hombres justos, honrados y sabios.»

Por tanto, las manos de todos los sacerdotes eran ungidas; pero era peculiar del sumo sacerdote que también su cabeza fuese ungida, en el versículo 7, para significar que de él, como de una cabeza, se derivaba a los demás la potestad de ofrecer y consagrar; y esto místicamente prefiguraba el oficio pontifical de la nueva ley. Así Santo Tomás, I-II, Cuestión CII, artículo 5, respuesta al 8. De aquí se dice en el Salmo CXXXII, versículo 2: «Como ungüento en la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón.»

Los hebreos notan que Dios exige especialmente para su sacrificio aquellos animales y miembros que están sujetos a las pasiones: requiere los riñones, que son la primera oficina de la concupiscencia; quiere el hígado, que fortalece la lujuria; y la grasa, que hace desenfrenada la concupiscencia, según aquello: «Se engordó Israel y dio coces.» Todas estas cosas quiere el Señor en su sacrificio, no porque los riñones le deleiten, sino porque estas cosas significan que nuestros miembros sobre la tierra deben ser mortificados, y esto debe hacerlo todo hombre, pero especialmente el sacerdote, el prelado y el príncipe, sobre lo cual véase de nuevo el versículo 22.

Alfonso, rey de Aragón, solía decir que «nada hay más inconveniente que si alguien manda a otros y no puede mandar a sus propias pasiones;» pues ¿cómo refrenará los defectos ajenos quien es vencido por los propios y los consiente? Demóstenes decía que es propio del sabio nunca ser indulgente en el ánimo, ni consentir a las pasiones de ningún modo con demasiada libertad, no sea que abandonen el gobierno de la razón desenfrenada. Tales, al ser preguntado «¿quién es feliz?», respondió: «Quien es sano de cuerpo y casto de ánimo.» Pues la lujuria y la concupiscencia son enfermedades del alma. Catón, según atestigua Plutarco, solía decir que el mejor gobernante es aquel que puede gobernar sus propias pasiones. Cicerón, en el discurso por Sila: «Es regio,» dice, «vivir de tal modo que no sirvas a hombre alguno, ni siquiera a deseo alguno: despreciar todas las lujurias; no necesitar oro, ni plata, ni cosa alguna; consultar la utilidad del pueblo más que su voluntad; no ceder ante nadie, resistir a muchos.»


Versículo 10: Impondrán las manos sobre su cabeza

10. Y AARÓN Y SUS HIJOS IMPONDRÁN LAS MANOS SOBRE SU CABEZA — Para que por este rito reconozcan que son pecadores, y depositen sus pecados sobre el becerro, y lo ofrezcan como víctima por sus propios pecados, de modo que, así purificados, sean hechos dignos de interceder y sacrificar por los pecados de los demás. Diré más sobre este rito en Levítico, capítulo 1, versículo 4.


Versículo 11: Lo degollarás en presencia del Señor

11. Y LO DEGOLLARÁS EN PRESENCIA DEL SEÑOR — «Lo degollarás», tú, es decir, oh Moisés. Moisés, pues, desempeñó aquí el oficio sacerdotal, y así consagró a los sacerdotes y al sumo sacerdote mismo, como jerarca. De donde Nacianceno, oración 22, llama a Moisés sacerdote de sacerdotes; así también San Agustín, Cuestión XX sobre el Levítico: de donde en el Salmo XCVIII, versículo 6 se dice: «Moisés y Aarón entre sus sacerdotes.» Véase Levítico, capítulo VIII. Moisés fue, pues, el primero del pueblo que fue a la vez sumo sacerdote, y caudillo y príncipe. Pero después de que Moisés entregó el sacerdocio a Aarón y a sus descendientes, en adelante los descendientes de Moisés fueron contados no entre los sacerdotes, sino entre los levitas, como es claro por I Paralipómenos, capítulo XXIII, versículo 14.


Versículo 13: La grasa y los dos riñones

13. Y TOMARÁS LA GRASA, Y LOS DOS RIÑONES, ETC. Y LOS OFRECERÁS COMO INCIENSO SOBRE EL ALTAR — es decir, todas estas cosas las encenderás y quemarás como incienso, para que se evaporen en humo y se quemen en honor de Dios: la grasa y los riñones se llaman aquí, pues, «incienso», esto es, víctima quemada, como es claro por el hebreo.


Versículo 14: La carne la quemarás fuera del campamento

14. PERO LA CARNE DEL BECERRO, Y EL CUERO, Y EL ESTIÉRCOL LOS QUEMARÁS FUERA, MÁS ALLÁ DEL CAMPAMENTO, PORQUE ES SACRIFICIO POR EL PECADO — «Más allá del campamento», para significar la grandeza del pecado de los sacerdotes (puesto que deben ser santísimos, y deben santificar a los demás con la palabra, el ejemplo y los sacrificios); en detestación de él, pues, la carne de su víctima se quemaba fuera del campamento. Del mismo modo, por los pecados de los sacerdotes solamente, se inmolaba un becerro; pero por los pecados de los príncipes y la gente común, se inmolaban animales menores, como cabras, carneros o aves. En tercer lugar, por la misma razón se quemaba el estiércol del becerro; pero en otras víctimas, incluso por el pecado, esto no se hacía, excepto la vaca roja, que se ofrecía por todos los pecados de todo el pueblo, Números capítulo XIX. Véase más sobre estas materias en Levítico capítulos IV y V, y siguientes. De aquí que Cristo padeció fuera del campamento, es decir, fuera de Jerusalén. Véase lo dicho sobre Hebreos capítulo XIII, versículo 11.


Versículo 16: Derramarás la sangre alrededor del altar

16. Y CUANDO LO HAYAS DEGOLLADO, TOMARÁS DE SU SANGRE, Y LA DERRAMARÁS ALREDEDOR DEL ALTAR — para significar que Dios, que está representado por el altar, acepta esta sangre del animal por el pecado del hombre, y es aplacado por ella.


Versículo 18: Es una ofrenda al Señor

18. ES UNA OFRENDA AL SEÑOR — En hebreo ola, es decir, es un holocausto al Señor; el holocausto se llama ola, es decir, «ascensión», porque en él toda la víctima asciende a Dios por el fuego y el humo.

OLOR SUAVÍSIMO DE VÍCTIMA AL SEÑOR — En hebreo es, olor de reposo, en el cual a saber el sentido del olfato reposa muy suave y agradablemente; lo cual se atribuye a Dios aquí metafóricamente, porque este sacrificio hacía a Dios aplacado (de donde el Caldeo traduce, para que sea recibido con beneplácito), y expiaba los pecados por la fe en Cristo; cuyo sacrificio prefiguraban con este suyo, con sus víctimas, a saber, el becerro y el carnero. Este sacrificio suyo era, pues, grato y agradable a Dios, no por la obra realizada (ex opere operato), como lo es el sacrificio de la nueva ley, sino por la obra del que lo realizaba (ex opere operantis); pues era un acto de culto y de obediencia.

DE VÍCTIMA AL SEÑOR — En hebreo, ignición, es decir, ofrenda ígnea, es para el Señor, esto es, es un holocausto, en el cual todas las cosas se queman y consumen.

Nótese: En esta consagración de Aarón y de sus hijos como sacerdotes, se ofreció todo género de sacrificios, a saber, holocausto, pacífico y por el pecado: pues para ofrecerlos eran ordenados y consagrados ellos mismos. Pues un carnero fue ofrecido primariamente como holocausto, aunque también concomitantemente se ofrecía por los pecados; el otro carnero fue ofrecido como víctima pacífica; y finalmente el becerro fue ofrecido por el pecado. Por razón similar, en la nueva ley, en la ordenación y consagración de sacerdotes y obispos, se celebra y ofrece el sacrificio de la Misa, como el acto y oblación para la cual son ordenados los sacerdotes.

Alegóricamente, Radulfo sobre Levítico capítulo IX dice: Moisés significa la ley, el becerro significa a Cristo, Aarón y sus hijos significan a los doctores y predicadores evangélicos. Moisés, pues, es decir la ley, degüella el becerro por el pecado ante Aarón y sus hijos, cuando informa la ciencia de los doctores sobre la pasión de Cristo. Ofrece en segundo lugar un carnero como holocausto, porque les enseña a ofrecerse a sí mismos como holocausto de perfecta conducta, para que sean guías de fe y de buenas obras para los demás. Ofrece en tercer lugar un carnero como víctima pacífica, porque les enseña a proponer por doquier la vida de Cristo a los fieles para su imitación.


Versículo 19: El otro carnero

19. TOMARÁS TAMBIÉN EL OTRO CARNERO — Ésta es la tercera víctima en orden. Pues la primera era por el pecado, a saber, el becerro. La segunda era como holocausto, a saber, el carnero. La tercera es aquí el otro carnero, que se ofrece como víctima pacífica, para que los sacerdotes recién ordenados emprendieran el sacerdocio prósperamente, y para que fuese pacífico para ellos y para el pueblo, es decir, fausto y afortunado.


Versículo 20: El lóbulo de la oreja derecha de Aarón

20. Y CUANDO LO HAYAS INMOLADO — cuando lo hayas sacrificado a Dios degollándolo. Pues después este carnero debía ser quemado para la plena consumación del sacrificio.

Y PONDRÁS (la sangre del carnero) SOBRE EL LÓBULO DE LA OREJA DERECHA DE AARÓN Y DE SUS HIJOS, Y SOBRE LOS PULGARES DE SU MANO Y PIE DERECHOS — Así como la boca de Isaías, que iba a profetizar en el capítulo VI, fue purificada por el toque de un carbón encendido a través de un ángel, como si fuera a hablar purísima y santísimamente con la asistencia del Espíritu Santo: así aquí los oídos, manos y pies de los sacerdotes se tiñen con sangre, para indicar que éstos deben ser purísimos y estar muy bien ordenados en ellos, y que deben buscar esto del Dios que los llama por su gracia, y obtenerlo mediante oraciones y sacrificios.

Además, el lóbulo de la oreja derecha se tiñe con sangre, para que tengan oídos tiernos y una obediencia prontísima para oír y cumplir la ley y la doctrina (tanto la antigua como la nueva y evangélica, que nos ofrece la sangre de Cristo como purificación lustral). Asimismo, para significar que esta obediencia debe ser perpetua y debe extenderse hasta el final. Pues esto es lo que significa «el lóbulo», dice San Cirilo, libro XI Sobre la adoración en espíritu y verdad, folio 229.

Y el pulgar de la mano derecha (pues solo ése era rociado con sangre en cada caso) se tiñe con sangre para la firme ejecución de la obediencia a la ley; igualmente el dedo gordo del pie derecho, para el rápido movimiento en ejecutarla y caminar en ella, dice Radulfo sobre el capítulo VIII de Levítico.

Además, la oreja y el pulgar derechos se ungen, no los izquierdos: tanto porque el derecho es más excelente que el izquierdo; como para que por este símbolo se pida tácitamente que esta unción, y todas las cosas, les sean diestras, propicias y felices.

Y DERRAMARÁS LA SANGRE SOBRE EL ALTAR EN DERREDOR — es decir, sobre las paredes del altar por todos lados, desde sus cuatro lados; la sangre no se derramaba, pues, sobre los cuernos del altar desde arriba, porque esto no se hacía en ningún sacrificio pacífico, como es claro por Levítico capítulo III; ni sobre el pavimento junto al altar; sino sobre sus cuatro paredes: pues esto era peculiar de este sacrificio pacífico, para significar que con este sacrificio se pedía que el contacto con el altar fuera próspero y saludable para estos sacerdotes recién ordenados.


Versículo 21: El aceite de la unción

21. DEL ACEITE DE LA UNCIÓN (cuya composición se describirá en el capítulo XXX, versículo 23) ROCIARÁS A AARÓN Y SUS VESTIDURAS — Por tanto, con sangre y aceite, ya sea cada uno por separado, o, lo que es más probable, mezclados entre sí, eran purificados tanto los sacerdotes como sus vestiduras, y así eran, por así decirlo, consagrados, para que fuesen aptos para sus funciones y para la expiación de los pecados; así como ahora también las vestiduras sacerdotales son bendecidas por el Obispo. Este aceite mezclado con sangre era, pues, rociado sobre las vestiduras, y así una leve mancha era salpicada sobre las vestiduras, para significar que el sacerdote revestido con estas vestiduras limpiaría y purgaría las manchas y pecados del pueblo. La misma unción debía aplicarse cuando después se confeccionaran otras vestiduras sacerdotales nuevas, una vez gastadas estas viejas.


Versículo 22: La grasa del carnero y la cola

22. TOMARÁS LA GRASA DEL CARNERO Y LA COLA — Pues éstas son las partes más grasas y delicadas del animal. Dios quiere aquí, pues, que todas las partes grasas, y todo lo que cubre las entrañas, como las más dignas y mejores, sean quemadas para Él.

Tropológicamente, San Gregorio, libro I de los Morales, capítulo XL: «Se manda quemar la cola para Dios,» dice, «para que todo bien que comenzamos, lo completemos también con el final de la perseverancia.» Asimismo, la grasa significa la gula, los riñones significan la lujuria, la fibra del hígado significa la bilis y la potencia irascible, que está unida al hígado en el cuerpo. Todas estas cosas deben morir, y ser consagradas a Dios por la mortificación del sacerdote. Así Teodoreto y San Basilio, en el libro Sobre la verdadera virginidad.

Para este fin, la frecuente meditación sobre la muerte es de grandísima ayuda. «Cuando se desea la carne,» dice San Gregorio, capítulo XVIII de los Morales, «considérese qué es cuando está sin vida, y se comprenderá lo que se ama. Pues nada es tan eficaz para domar el apetito de los deseos carnales como que cada uno considere cómo es aquello que ama en vida cuando está muerto.» Así en las Vidas de los Padres, libro V, capítulo 1, número 7. El abad Juan dice: «Por la mañana piensa en toda virtud, y en todo vicio que debe ser mortificado, encerrándote en un sepulcro como si ya estuvieras muerto, para que la muerte te parezca cercana cada día.» En el mismo lugar, capítulo X, número 63, el abad Moisés, al ser preguntado «¿qué clase de hombre se mortifica a sí mismo?», dijo: «Si el hombre no ha puesto en su corazón que lleva tres años en el sepulcro, no alcanza esta palabra.»

PORQUE ES EL CARNERO DE LA CONSAGRACIÓN — es decir, ofrecido en la consagración de los sacerdotes, para su prosperidad. Esto quiere decir: En los sacrificios pacíficos, la espaldilla derecha, así como el pecho, corresponde al sacerdote. Pero para que esta víctima de la consagración de los sacerdotes tenga algo especial por encima de las demás, quiero que además de la cola, también la espaldilla sea quemada para Mí, y solamente el pecho sea tu porción, oh Moisés, como sacerdote y consagrador, para que lo comas con tu familia; pero el resto de la carne corresponderá a Aarón como oferente, como suele hacerse en la ofrenda de una víctima pacífica. Así Hugo.


Versículo 23: Puesto en presencia del Señor

23. QUE ESTÁ PUESTO EN PRESENCIA DEL SEÑOR — es decir, ante el altar de los holocaustos.


Versículo 24: Los santificarás elevándolos ante el Señor

24. Y PONDRÁS TODAS LAS COSAS SOBRE LAS MANOS DE AARÓN Y DE SUS HIJOS, Y LOS SANTIFICARÁS, ELEVÁNDOLOS ANTE EL SEÑOR — Esta santificación de los sacerdotes no era, pues, otra cosa que la elevación de sus manos con los dones, realizada por Moisés: por cuya elevación u ofrenda se significaba que aquellos dones pertenecen a Dios, y que en adelante dones semejantes debían ser santificados y ofrecidos a Dios por manos de los sacerdotes. Pues cuando Moisés aquí ofreció las manos de los sacerdotes a Dios, consiguientemente ofreció también a Dios aquello que ellos tenían en sus manos. De aquí, a su vez, el sacerdote era considerado más santo, y como perteneciente a la familia y posesión de Dios, que es la santidad misma, en cuanto dedicado y ofrecido a Él.

Nótese: «Santificar» es aquí en todas partes lo mismo que «ofrecer», sobre lo cual véase de nuevo el versículo 27. En hebreo es: pondrás todas las cosas sobre las manos de Aarón y de sus hijos, y las elevarás con una elevación ante el Señor. Pues el hebreo nuph significa elevar, o agitar; de donde tenupha se llama elevación; y de aquí la ofrenda misma, por este rito de elevar, se llama tenupha. Rabí Salomón y los hebreos refieren que había una ceremonia y rito definido de esta elevación y ofrenda llamada tenupha, a saber, que Moisés ponía sus manos debajo de las manos de los sacerdotes recién ordenados, y las elevaba hacia arriba, y luego las bajaba hacia abajo; después de Oriente a Occidente, y finalmente de Sur a Norte las movía del mismo modo; y así trazaba la forma de la cruz, como para indicar que Dios a quien sacrificaba es Señor del cielo y de toda la tierra (de aquí también noph, de donde desciende tenupha, significa las regiones y climas del mundo), y al mismo tiempo para prefigurar el sacrificio de la cruz de Cristo.

Que la misma ceremonia de tenupha, y el rito de elevar la ofrenda, se empleaba también en el sacrificio de los celos es claro por Números capítulo V, versículo 25, y en el sacrificio del nazareo, Números capítulo VI, versículo 20, y en cualquier otro sacrificio pacífico, Levítico capítulo VII, versículo 30, donde nuestro Traductor vierte, una vez que ambas cosas ofrecidas a Dios hayan sido consagradas; en hebreo es, una vez que ambas hayan sido elevadas a Dios; de hecho los hebreos llaman a la ofrenda misma teruma, o tenupha, sobre lo cual véase el versículo 27. Finalmente, San Jerónimo, en su carta a Fabiola, refiere tenupha, es decir, elevación, también a la cosa sacrificada, como si dijera: Ofrecerás a Dios una cosa elevada, eminente, egregia, primera y principal, que por lo tanto merece ser elevada y ofrecida a Dios con rito solemne.


Versículo 26: Con el cual fue consagrado Aarón

26. CON EL CUAL FUE CONSAGRADO AARÓN — es decir, el carnero que fue inmolado por la feliz consagración de Aarón. El hebreo y los Setenta tienen, que es de Aarón, como si dijeran: Que en adelante, al sacrificar, pasará al derecho de Aarón.


Versículo 27: Santificarás el pecho

27. Y SANTIFICARÁS EL PECHO — Es decir, ofrecerás el pecho a Dios. Pues todas las cosas que se ofrecen a Dios son santas, no física, sino moralmente, y se santifican al ser ofrecidas, porque se dedican a Dios y se le destinan enteramente.

Y SANTIFICARÁS EL PECHO CONSAGRADO, Y LA ESPALDILLA QUE SEPARASTE DEL CARNERO — Se establece aquí una ley general sobre el sacrificio pacífico, no el que aquí se ofrece por la consagración de los sacerdotes, sino sobre todos los que los hijos de Israel ofrecerían en el futuro: a saber, que de él den el pecho y la espaldilla a los sacerdotes, así como los sacerdotes mismos en este sacrificio suyo dieron ambas cosas a Dios. «Santificarás», pues, significa separarás y dedicarás a Mí y a mis ministros el pecho de la víctima, y por eso será santo y santificado por esta ofrenda hecha a los sacerdotes. En hebreo es: santificarás, o consagrarás para Mí el pecho como tenupha, y la espaldilla como teruma, que fue agitada y elevada a lo alto por Aarón y sus hijos.

Nótese aquí: La oblación o víctima llamada tenupha es aquella que era elevada ante Dios con un cierto rito con agitación de las manos hacia todas las partes del mundo, como dije que los hebreos transmitieron en el versículo 24. Pero la oblación llamada teruma es distinguida por algunos de tenupha, de modo que teruma es una oblación que desciende de arriba hacia abajo y es agitada; mientras que tenupha es una oblación agitada hacia las cuatro partes del mundo. Pero San Jerónimo no distingue estas dos, y siempre traduce teruma como «separación», por la cual la víctima era separada de los usos profanos y ofrecida a Dios. Así también los Setenta traducen teruma como aphairema, y el Caldeo como aphrashuta, es decir, separación, de la raíz parash, es decir, separó, aunque literalmente teruma es lo mismo que elevación, de la raíz rum, es decir, elevó; pues de ahí se llama teruma, como si dijeras oblación, o algo que ha de ser levantado, que se levanta, se toma y se ofrece a Dios. El sentido, pues, es: el pecho de elevación, y la espaldilla de elevación, que me elevaste y ofreciste con rito solemne, las mismas (no en número, sino en especie) recibirás de los hijos de Israel, cuando ellos por sí mismos ofrezcan sus víctimas pacíficas a Mí.

Tropológicamente, San Gregorio, Parte II de la Regla Pastoral, capítulo 4: El sacerdote, dice, recibe del pueblo el pecho y la espaldilla derecha, para que recuerde que debe y ha de rendir a Dios su pecho, para que no piense sino lo que es recto; y la espaldilla, es decir, el brazo derecho, para que despreciando fortísimamente toda prosperidad y adversidad, ejecute generosamente las cosas de Dios, de modo que en él sea verdadero aquel dicho de Julio César en el Catilina de Salustio: «En la máxima fortuna, hay mínima licencia.»

Así obró, entre otros, San Carlos Borromeo, quien no escatimaba trabajo alguno, austeridad alguna, peligro alguno, para promover la gloria de Dios y la salvación de los suyos; y tanto deseaba morir en tales labores, considerando tal muerte como ganancia. De donde al Arzobispo de Valencia, que le advertía que se moderara y no abreviara su vida con excesivos trabajos y penitencias, respondió así: «Aunque mientras se trabaja por la Iglesia, por la cual Cristo sufrió la muerte más amarga, haya pérdida de fuerzas que deben debilitarse, y de vida que debe perecer, esto ciertamente debe ser considerado como la mayor ganancia y provecho. Es propio de un hombre demasiado delicado, por no decir de un Obispo, dejarse apartar de la administración y cuidado de su oficio, del cual ninguno es mayor, ninguno más excelente, ya sea por preocupación por la salud o por temor a la muerte.» Lo atestigua el autor de su Vida, libro VIII, capítulo 21.

San Silverio, Papa y Mártir, expulsado por la emperatriz Eutiquiana a través de Belisario a la isla de Poncia, escribió así al obispo Amator: «Me sustento con pan de tribulación y agua de angustia, pero no he abandonado, ni abandono mi oficio.» De donde, habiendo convocado allí un Concilio, condenó a Eutiques, y, consumido por las penalidades, murió mártir.

San Juan Crisóstomo, arrojado al destierro por su libertad en reprender los vicios, mientras soportaba las molestias de los viajes nocturnos, las incursiones de los isaurios, una fiebre violenta, vómitos, dolores de cabeza, inapetencia y otras cosas muy terribles, escribió así, epístola 130: «Ni por el asedio, ni por las incursiones de los bandidos, ni por la soledad del lugar, ni por la multitud de seiscientas adversidades me abato o me perturbo, sino que gozo de gran seguridad y reposo.»

Asimismo, el laico debe ofrecer al sacerdote, el inferior a su superior, el pecho, es decir, una voluntad llena de humildad y obediencia; y la espaldilla, o brazo, dispuestísimo para cargar los pesos impuestos por él. A la obediencia se debe, pues, tanto el pecho como la espaldilla, y no basta uno sin el otro, porque no sólo la voluntad, ni sólo la ejecución de la tarea encomendada, sino ambas cosas deben ofrecerse, a saber, una voluntad pronta que corra y salte hacia la obra mandada.


Versículo 28: Las primicias de los sacrificios pacíficos

28. Y SERÁN PORCIÓN DE AARÓN Y DE SUS HIJOS, PORQUE SON LAS PRIMICIAS Y LOS COMIENZOS DE LOS SACRIFICIOS PACÍFICOS QUE OFRECEN AL SEÑOR. — Es decir: Del sacrificio pacífico, el pecho y la espaldilla derecha corresponderán primero al sacerdote, porque éstas son las primeras partes, que al principio se separan del sacrificio pacífico para Dios, y en nombre de Dios se ofrecen al sacerdote, y por eso estas partes son nobilísimas. Pues su mayor nobleza y dignidad consiste en esto, que primero se separan para Dios, y en lugar de Dios se ofrecen al sacerdote; luego, en segundo lugar, el que del pueblo ofrece la víctima pacífica, recibe de ella la porción restante.


Versículo 29: La vestidura sagrada

29. Y LA VESTIDURA SAGRADA QUE USA AARÓN LA TENDRÁN SUS HIJOS DESPUÉS DE ÉL, PARA QUE SEAN UNGIDOS EN ELLA Y SUS MANOS CONSAGRADAS. — Es decir: Las vestiduras del sumo sacerdote destinadas a los usos sagrados, cuando muera el padre que es sumo sacerdote, las recibirá el hijo mayor, que sucederá a su padre en el pontificado, para que revestido con ellas sea ungido y consagrado como sumo sacerdote, no sea que alguien piense que el sumo sacerdote, al morir, deba ser sepultado con sus vestiduras pontificales, y que deban confeccionarse nuevas vestiduras pontificales para el hijo sucesor. Así, con las vestiduras de Aarón, después de su muerte, fue vestido su hijo Eleazar, Números 20, versículos 26 y 28.

Nótese: Esta unción y consagración del nuevo sumo sacerdote después de la muerte de Moisés era realizada por uno de los sacerdotes menores; pues no había nadie mayor que lo consagrase. Así entre nosotros el Pontífice Romano es consagrado por el Obispo de Ostia. Así Abulense.


Versículo 30: Siete días la usará

30. SIETE DÍAS USARÁ LA VESTIDURA SAGRADA AQUEL QUE HAYA SIDO CONSTITUIDO SUMO SACERDOTE EN SU LUGAR. — Por el número siete, siendo número pleno, se completaba la consagración del sacerdote; pues durante aquellos siete días se realizaban unciones diarias, así como oblaciones y expiaciones del altar, como ceremonias de consagración, como es claro por el versículo 35 y siguientes; ni podía el sacerdote que estaba siendo consagrado apartarse del tabernáculo durante aquellos siete días, Levítico 8:33. Todas estas cosas se hacían para que la autoridad y la santidad del sacerdocio fueran más ilustres.


Versículos 31 y 32: El carnero de la consagración

31 Y 32. Y TOMARÁS EL CARNERO DE LA CONSAGRACIÓN, Y COCERÁS SU CARNE EN LUGAR SANTO, Y DE ELLA COMERÁN AARÓN Y SUS HIJOS. — Es decir: La carne restante de este sacrificio pacífico, a saber, el carnero ofrecido en la consagración de los sacerdotes (pues su espaldilla había sido quemada y consumida para Dios, y el pecho Dios había ordenado que se diera a Moisés como consagrador), la cocerás en lugar santo, no en el altar, sino cerca de él en el atrio santo, que estaba ante el tabernáculo, donde la carne del sacrificio pacífico solía cocerse con fuego tomado del altar. Así Cayetano.

32. TAMBIÉN LOS PANES QUE ESTÁN EN EL CANASTILLO LOS COMERÁN EN EL VESTÍBULO DEL TABERNÁCULO. — Es decir: Los mismos sacerdotes recién ordenados comerán los panes y las obleas que restan en el canastillo; pues las tortas con los panes y obleas que fueron puestos sobre las manos de los sacerdotes ya habían sido quemados en el versículo 25. Y así no todos los panes que estaban en el canastillo fueron puestos sobre las manos de los sacerdotes, sino que en él quedó una porción para los oferentes, que ahora se manda que sea comida por ellos.


Versículo 33: Un sacrificio propiciatorio

33. PARA QUE SEA SACRIFICIO PROPICIATORIO. — En hebreo: con los cuales, a saber los panes, se hizo propiciación, es decir, con los cuales Aarón fue expiado, y la voluntad divina fue aplacada. Nuestro traductor atendió al fin del sacrificio, que se entiende en el hebreo: pues a los sacerdotes recién ordenados, que aquí son los oferentes, se les manda comer los sacrificios pacíficos, con los cuales se hizo propiciación, para que sea sacrificio propiciatorio, o para que Dios muestre que ha sido aplacado por este sacrificio, en cuanto que tan benignamente los admite como invitados a su mesa, es decir, a sus ofrendas.

Y PARA QUE SEAN SANTIFICADAS LAS MANOS DE LOS OFERENTES. — A saber, para que del contacto con este alimento santo, y de esta ceremonia y santo convite, sus manos sean en cierto modo más consagradas y santificadas.

UN EXTRAÑO (QUE NO SEA DE LA ESTIRPE DE AARÓN, AUNQUE SEA DE LA ESTIRPE DE LEVÍ) NO COMERÁ DE ELLOS, PORQUE SON SANTOS. — Porque, a saber, estos panes fueron ofrecidos a Dios para la consagración no de los levitas, sino de los sacerdotes.


Versículo 34: Quemarás los restos con fuego

34. Y SI QUEDARE ALGO DE LA CARNE CONSAGRADA, O DEL PAN HASTA LA MAÑANA, QUEMARÁS LOS RESTOS CON FUEGO; NO SE COMERÁN, PORQUE SON SANTIFICADOS. — Dios da aquí la razón por la cual por esta ley ceremonial decreta que lo que ha sido santificado, es decir, ofrecido a Él, no se coma al día siguiente, como si dijera: Las cosas santas, para que se diferencien de las profanas, requieren una ceremonia especial; y para designar y definir esta distinción con alguna observancia conveniente, quiero y ordeno que la carne y los panes santos se coman el mismo día en que son ofrecidos a Dios por los sacerdotes, y sólo por ellos; si algo queda al segundo día, no se comerá sino que se quemará: pues no conviene que se den a los perros o a personas profanas; ni es consistente con mi dignidad, o con la dignidad de la carne santa, si se sirviera al segundo día, ya rancia, a sacerdotes que usaron porciones frescas el día anterior, con alguna repugnancia, o ciertamente con menor reverencia. Para los sacrificios de la gente común se ordenó de otro modo; pues su carne podía comerse al segundo día, pero no al tercero, Levítico 7:16. Pero porque estas porciones sacerdotales se tenían por más sagradas, y para encarecer la mayor santidad de los sacerdotes, Dios no les permite comer ni siquiera al segundo día. Algo similar se dijo del cordero pascual, capítulo 12, versículo 10.

Anagógicamente, San Cirilo, libro 11, Sobre la adoración en espíritu, folio 230: De los sacrificios, dice, nada se conserva para el segundo día, porque en el siglo futuro tendremos un modo diferente de ofrecernos y unirnos a Dios que a través de sacrificios, cuando Cristo esté con nosotros, y sea abolido lo que es en parte; pues entonces Dios será todo en todos.


Versículo 35: Siete días consagrarás sus manos

35. SIETE DÍAS CONSAGRARÁS SUS MANOS, ETC. — Se manda aquí que en la consagración de los sacerdotes durante siete días, se hagan diariamente estas cuatro cosas: primero, se unjan las manos de los sacerdotes; segundo, se inmole un becerro; tercero, se purifique el altar; cuarto, se unja el altar. Dios ordenó estas cosas tanto para completar la consagración de los sacerdotes, como también para inaugurar y, por así decirlo, consagrar el nuevo altar de los holocaustos.

Josefo añade que durante estos siete días se realizaron aspersiones repetidas de las vestiduras sacerdotales, así como del tabernáculo y los vasos sagrados, con aceite y con sangre de toros y carneros, que eran degollados en días alternos. Pero esto no concuerda suficientemente con la Escritura aquí, que manda que cada día se sacrifique solamente un becerro, y no alternadamente un toro y un carnero.


Versículo 36: Lo ungirás para santificación

36. LO UNGIRÁS PARA SANTIFICACIÓN. — Lo ungirás para que sea santo y consagrado a Dios.


Versículo 37: El Santo de los Santos

37. Y SERÁ EL SANTO DE LOS SANTOS. — Será santísimo. TODO EL QUE LO TOQUE SERÁ SANTIFICADO. — Es decir, debe ser santificado, para que una persona profana no toque cosas tan santas. Pues lo que algunos dicen, que el altar santificaba todo lo que lo tocaba, es universalmente falso; de hecho, una cosa impura, si tocaba una cosa santa, la contaminaba; pero no a la inversa — una cosa santa que tocaba una impura no la santificaba con su contacto. Véase Números 19, versículos 13, 14 y 22, donde se prescribe el agua de lustración de las cenizas de la vaca roja, con la cual los inmundos debían purificarse y santificarse antes de tocar o manejar cosas sagradas.


Versículo 38: Dos corderos de un año cada día

38. ESTO ES LO QUE HARÁS EN EL ALTAR. — Es decir: Quiero que este altar de los holocaustos se erija especialmente para este uso, a saber, que en él hagas, es decir, inmoles (pues esto es lo que el hebreo asa significa, como también el latín facio a veces) un sacrificio perpetuo y diario, u holocausto, de dos corderos cada día, a saber, uno por la mañana y el otro por la tarde: de donde, por este sacrificio más digno y más frecuente, se llamó altar de los holocaustos, aunque en él se sacrificaban también otras víctimas, tanto pacíficas como por el pecado.

Se describe aquí, pues, el sacrificio que diariamente inmolaban los hebreos, a saber, un cordero por la mañana y un cordero por la tarde, sobre lo cual véase Números 28:3, para que tanto por la mañana como por la tarde adoraran a Dios con esta víctima, y le ofrecieran tanto las primicias como el fin del día; y de ahí este sacrificio se llama matutino y vespertino, del cual el Salmista y los Profetas hacen mención frecuente.

Nótese primero: Este cordero debía ser semejante al cordero pascual, a saber, de un año de edad e inmaculado, como es claro por Números 28:3.

Segundo, con el cordero se ofrecía una décima parte de un efa de harina fina mezclada con aceite, cuyo aceite debía ser una cuarta parte de la medida de un hin: la misma medida de vino, a saber, una cuarta parte de un hin, debía libarse con el cordero, es decir, derramarse en honor de Dios. Pues este sacrificio era como un banquete diario de Dios consistente en la carne de un cordero, pan de harina fina y vino; pues en un banquete se requiere tanto bebida como comida.

Tercero, este sacrificio diario se ofrecía a expensas públicas, dice Josefo, libro 3 de las Antigüedades, capítulo 10.

Cuarto, nunca se omitía en ningún día, aunque en ese día cayera alguna fiesta, como la neomenia, el sábado, la Pascua, etc., en la cual, según la naturaleza de la fiesta, debían sacrificarse otras víctimas, como es claro por Números capítulo 28, versículo 9.

Nótese aquí: Cada día se ofrecía primero el sacrificio diario matutino; después de él, sin embargo, se sacrificaban los demás. Pero el sacrificio diario vespertino se ofrecía el último después de todos los demás; de donde se quemaba en el altar toda la noche, como ordena Dios, Levítico 6:9.

Alegóricamente, el sacrificio diario significaba el sacrificio diario de Cristo en la Eucaristía, que se ofrece y se ofrecerá todos los días hasta el Anticristo, que lo suprimirá, al menos para que no se haga públicamente en los reinos sometidos a él, como es claro por Daniel 11:31.

Primero, pues, Cristo es este cordero diario, pero Uno que quita los pecados del mundo, lo cual no podía hacer el cordero diario y legal. De aquí que Cristo es llamado cordero por Isaías, Jeremías y otros Profetas. «Se elige un cordero,» dice San Agustín, «para que se signifique la simplicidad y la inocencia; se busca macho, para que se pruebe la fortaleza; sin mancha, para que esté sin culpa.»

Segundo, Cristo es el cordero que en la mañana del mundo, es decir, desde el origen mismo del mundo, fue inmolado por los pecados de los antiguos padres; y que en la tarde, es decir, desde la venida de Cristo hasta el fin de los siglos, se sacrifica como sacrificio por los hijos del Nuevo Testamento.

Tercero, con el cordero se ofrecía harina fina y vino, porque Cristo no sólo quiso ser inmolado por nosotros, sino que también en el sacrificio mismo nos dejó el Sacramento de su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y vino, con el cual nuestras almas se nutren, se fortalecen y se recrean maravillosamente. Esta harina fina estaba mezclada con aceite, porque Cristo instituyó este sacramento de la Eucaristía por suavísima caridad y misericordia; la medida del aceite y del vino era igual, porque la misericordia de Cristo es tan grande como la virtud de su sangre derramada por nosotros.

San Bernardo, sermones 2 y 4 Sobre la Purificación, por el cordero matutino entiende a Cristo niño presentado y ofrecido en el templo en la fiesta de la Purificación; por el cordero vespertino entiende a Cristo ya hombre, sacrificado en la cruz al final de su vida. Así San Cipriano, libro 2, epístola 3 a Cecilio, enseña que el cordero vespertino prefiguró no sólo la muerte de Cristo en la cruz, sino también la hora de su muerte; pues Cristo murió hacia la tarde.

Tropológicamente, el sacrificio diario es la oración matutina y vespertina, que todo fiel debe ofrecer a Dios diariamente: igualmente el sacrificio de la Misa, que oigan diariamente quienes puedan, para que en él ofrezcan a Cristo, el verdadero cordero, inmolado a Dios Padre. Así San Clemente, libro 2 de las Constituciones Apostólicas, capítulo 36, amonesta a los cristianos a ir a la iglesia a orar tanto por la mañana como por la tarde. «No te ausentes,» dice, «de la iglesia de Cristo; levantándote, ve a ella por la mañana, antes de emprender trabajo alguno, y de nuevo ve a ella por la tarde, para dar gracias a Dios por aquellas cosas por las cuales te ha otorgado la vida.» Esto lo observan todavía los cristianos más devotos, que tan pronto se levantan por la mañana, antes de emprender su trabajo, van a la iglesia, y si pueden, oyen Misa. Lo mismo hacía diariamente Santa Mónica, como refiere su Vida tomada de San Agustín.

Nuestro Toledo asigna brevemente cinco frutos de esta práctica, libro 6 de la Summa, capítulo 10: «El primero,» dice, «es el aumento de la gracia; pues quien está en gracia, al oír el rito sagrado, obtiene aumento de gracia, tanto porque ofrece, como porque el rito sagrado se ofrece también por él. Segundo, obtiene la remisión de la pena temporal debida por los pecados. Tercero, obtiene más fácilmente lo que pide: pues ofrece a Dios Padre una ofrenda aceptísima, a saber, a Cristo. Cuarto, se ejercitan actos de virtud, y especialmente de tres, que son de gran mérito, a saber, la Fe, la Caridad y la Religión. Quinto, la persona comparece en presencia de Cristo; y del modo que puede, a saber por la fe, ve a Cristo presente, y tiene y obtiene lo que obtendría si lo viese, si lo pide del modo debido, como el ciego obtuvo.» Nuestro Suárez trata los mismos puntos más ampliamente, tomo 3, sobre la Parte III, disputación 79, sección 8, párrafo 4, quien además piadosa y probablemente opina que los asistentes a la Misa (a quienes también considera oferentes) obtienen su propio fruto ex opere operato, aunque el sacerdote por su intención no les aplique tal fruto.

Por estas razones San Anselmo, Arzobispo de Canterbury, cuando por su vejez ya no podía celebrar la Misa, era llevado al oratorio y oía Misa diariamente, dice Eadmero en su Vida, libro 2. Santo Tomás de Aquino, incluso en medio de sus mayores estudios, celebraba la Misa diariamente, y oía otra, y a menudo servía en ella. En las Crónicas de España, es célebre el capitán Pascual Vivas, quien durante el tiempo de la batalla contra el rey moro de Córdoba, mientras oía Misa en la iglesia de San Martín, fue visto en la batalla peleando valerosamente, matando al abanderado, y siendo causa de la victoria, aunque no había estado presente en la batalla, pues un ángel combatía bajo su forma. Nuestro Pinelo ha recopilado muchos que fueron librados de peligros, de la muerte, de la pobreza, porque oían Misa diariamente, en su libro Sobre los frutos de la Misa. ¡Qué maravilla! Los ángeles mismos asisten y ministran en la Misa. De donde en el Canon el sacerdote ora: «Manda que sean llevadas por las manos de tu santo ángel.» San Crisóstomo vio, como atestigua el Beato Nilo su discípulo, a los ángeles traer auxilio y fortaleza a los sacerdotes que distribuían la Eucaristía. Cirilo escribe en la Vida de San Eutimio que una multitud terrible de ángeles fue vista frecuentemente por él ministrando juntamente con él a Dios, y manejando las cosas sagradas. De donde San Buenaventura dice: «Sirve gustoso en las Misas, porque éste es oficio de los ángeles; pues ellos ministran a su Dios devotísimamente.» Y San Efrén: «Los ángeles puros,» dice, «ministran con temblor, y cubriendo sus rostros no se atreven a mirar.» San Ambrosio sobre Lucas capítulo 1: «No dudes,» dice, «que un ángel está presente cuando Cristo es sacrificado.» San Crisóstomo, libro 6, Sobre el sacerdocio, dice que el altar está lleno de coros de ángeles, que alzan clamores mientras Cristo es sacrificado.


Versículo 40: Harina fina mezclada con aceite batido

40. UNA DÉCIMA PARTE (DE UN EFA, COMO SE AÑADE EN NÚMEROS 28:5) DE HARINA FINA MEZCLADA CON ACEITE BATIDO, QUE TENGA LA MEDIDA DE LA CUARTA PARTE DE UN HIN, Y VINO PARA LIBACIÓN DE LA MISMA MEDIDA CON (ES DECIR, JUNTO CON) CADA CORDERO. — Repítase «harás», es decir, ofrecerás y sacrificarás.

Una décima parte de un efa es un ómer, como dije en el capítulo 16, último versículo, que en trigo de Palestina era de 8 libras, pero en harina cerca de 4 libras. Segundo, esta harina fina debía estar mezclada, es decir, amasada, con aceite en lugar de agua, o junto con agua, con la cual suele amasarse la harina. Tercero, este aceite debía ser no prensado por la molienda de un molino, que es menos puro, sino bien batido con un mortero, o al menos de flujo espontáneo, que es más puro y más límpido. Cuarto, la medida de un hin, dice Josefo, contiene dos coes áticos; dos coes hacen doce sextarios. Los hebreos dicen que una cuarta parte de un hin es la medida de dieciocho huevos, de modo que un hin contiene setenta y dos huevos, o doce logim: pues un log es la medida de seis huevos, a saber, huevos de Palestina, que son más grandes que los nuestros; por tanto, una cuarta parte de un hin eran unas tres libras de aceite.


Versículo 41: El otro cordero por la tarde

41. Y EL OTRO CORDERO LO OFRECERÁS POR LA TARDE. — En hebreo, entre las dos tardes, a saber, una del sol poniente, la otra de las tinieblas y la noche después del ocaso del sol, tiempo en el cual también debía sacrificarse el cordero pascual, como dije en el capítulo 12:6.


Versículo 42: A la puerta del tabernáculo

42. A LA PUERTA DEL TABERNÁCULO DEL TESTIMONIO. — Es decir, sobre el altar de los holocaustos, que estaba ante la puerta del tabernáculo, y cerca de ella, en su lado norte. Así Abulense. ANTE EL SEÑOR. — En el altar del Señor, o ante el tabernáculo del Señor, donde parece estar, por así decirlo, en la casa de Dios. Así Abulense.

DONDE DISPONDRÉ HABLAROS. — De aquí es claro que Dios no sólo respondía desde el propiciatorio, que estaba en el Santo de los Santos, sino también a la puerta del tabernáculo, como si dijera: Es conveniente que donde Yo me muestro presente, y donde hablo, allí se me ofrezca el sacrificio diario, para que allí, por así decirlo, como fruto del sacrificio, Yo asigne mi presencia y conversación. Así antes del oráculo y del Santo de los Santos, Dios mandó quemar incienso diario, a saber, una vez por la mañana y una vez por la tarde, y eso diariamente, porque en el Santo de los Santos parecía estar presente y residir sobre el arca, y desde allí daba oráculos. Así Cayetano.


Versículo 43: Allí mandaré a los hijos de Israel

43. Y ALLÍ MANDARÉ A LOS HIJOS DE ISRAEL. — A saber, a través de ti, mi mensajero. En vez de «mandaré», la palabra hebrea es la misma que nuestro Traductor vertió poco antes como «dispondré», a saber iaad, que significa primero, encontrarse y fijar un lugar o tiempo para el encuentro; segundo, testificar y mandar. De aquí es claro que el tabernáculo, que en hebreo se llama moed (de la raíz iaad), que nuestro Traductor vierte «del testimonio», alude tanto al encuentro de Dios con los hombres, como a la testificación y la ley, que en el tabernáculo, es decir, en la asamblea pública del pueblo, se leía y proponía. Se llama, pues, el tabernáculo primero, ohel edut, es decir, del testimonio, porque en él estaba el testimonio, es decir, la ley y las tablas de la ley, como es claro por Éxodo capítulo 25:21. Segundo, moed, es decir, de la asamblea, a la cual el pueblo se reunía en las fiestas y solemnidades establecidas, por así decirlo, para orar a Dios y celebrar, y para oír la ley de Dios. O moed, es decir, del testimonio, esto es, de la ley, como ya he dicho. Asimismo, del testimonio, porque estaba confirmado y establecido por la presencia y los oráculos de Dios, como por un testimonio. Pues en el tabernáculo, y especialmente en el Santo de los Santos, o en el oráculo, Dios mostraba y atestiguaba que estaba presente, como guardián y protector de su Iglesia y de su pueblo, oyendo y escuchando sus plegarias, protegiéndolos, instruyéndolos, tanto interiormente como exteriormente por la voz de los sacerdotes, y por su propia voz desde el oráculo, etc. Así Alcázar sobre Apocalipsis 15:5. Donde, sin embargo, rechaza erróneamente la primera exposición de «testimonio» como la ley, e intenta establecer sólo esta segunda, cuando la Escritura enseña expresamente que en el tabernáculo y en el arca fue colocado el testimonio, es decir, la ley, o las tablas de la ley; y de ahí que el arca se llama arca del testimonio. Éxodo 25:21 y 22, y capítulo 31:18, llama a las tablas de la ley tablas del testimonio. Y es claro que el arca de la alianza (lo mismo que del testimonio) o del pacto se llama así no por la asamblea del pueblo, sino porque contenía las tablas de la ley, que eran la condición del pacto hecho entre Dios y el pueblo.

Y EL ALTAR SERÁ SANTIFICADO EN MI GLORIA. — Es decir, el altar será declarado santo, cuando mi gloria aparezca en torno a él, y especialmente cuando envíe fuego del cielo sobre él en el octavo día de la consagración de los sacerdotes, para consumir mis sacrificios, Levítico 9:24. Así «limpiar» se toma por «declarar limpio», y «contaminar» o «manchar» por «juzgar contaminado y manchado», como ocurre a menudo en el Levítico, como Levítico 13, versículos 6, 11, 20, 25, 27, 34, 59.


Versículo 44: Santificaré el tabernáculo

44. SANTIFICARÉ TAMBIÉN EL TABERNÁCULO. — Lo declararé santo, y lo guardaré como santo de las cosas profanas, cuando por una milagrosa erupción de fuego prohíba que se introduzca en él fuego extraño, Levítico 10:2. Entonces también santificaré «a Aarón con sus hijos», a saber, Itamar y Eleazar, deputándolos y designándolos como mis sacerdotes, y preservándolos de la conflagración con la cual consumiré a Nadab y Abihú, sus hermanos y sacerdotes, pero que serán rechazados por Mí, porque ofrecerán fuego extraño.


Versículo 45: Habitaré en medio de los hijos de Israel

45. Y HABITARÉ EN MEDIO DE LOS HIJOS DE ISRAEL. — A saber, habitaré en mi tabernáculo, que está entre los hijos de Israel, y en él, como en mi casa, moraré, y allí me mostraré presente, dirigiendo y protegiendo a mi pueblo, al cual saqué de Egipto. El Caldeo traduce: Pondré la presencia de mi divinidad, a saber, en el tabernáculo y el propiciatorio; pues él y los hebreos llaman a esto la Shekiná, es decir, reposo, porque en ella, como en su sede, la majestad de Dios reposaría y residiría.