Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del Capítulo
Aarón es consagrado por Moisés como sumo sacerdote, y los hijos de Aarón son consagrados como sacerdotes; de ahí que primero sean lavados y revestidos con vestiduras sacerdotales, versículo 6. Segundo, versículo 14, se ofrece un toro por el pecado; y versículo 18, un carnero en holocausto; y versículo 22, otro carnero como sacrificio pacífico. Tercero, versículo 24, se ungen su oreja derecha y sus pulgares. Cuarto, versículo 33, se les ordena permanecer en el tabernáculo durante siete días.
Texto de la Vulgata: Levítico 8:1-36
1. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 2. Toma a Aarón con sus hijos, sus vestiduras y el óleo de la unción, un becerro por el pecado, dos carneros y un canastillo con panes ázimos, 3. y congregarás a toda la asamblea a la entrada del tabernáculo. 4. Hizo Moisés como el Señor le había mandado, y congregada toda la multitud ante las puertas del tabernáculo, 5. dijo: Esta es la palabra que el Señor mandó que se hiciera. 6. E inmediatamente presentó a Aarón y a sus hijos. Y habiéndolos lavado, 7. vistió al sumo sacerdote con la túnica interior de lino, lo ciñó con el cinturón y lo revistió con la túnica de jacinto, y sobre ella le puso el efod, 8. el cual ajustó con el ceñidor y lo acomodó al racional, en el cual estaban la Doctrina y la Verdad. 9. Cubrió también su cabeza con la mitra; y sobre ella, junto a la frente, colocó la lámina de oro consagrada en santificación, como el Señor le había mandado. 10. Tomó también el óleo de la unción, con el cual ungió el tabernáculo con todos sus enseres. 11. Y cuando, santificando, hubo rociado el altar siete veces, lo ungió a él y a todos sus vasos, y el lavatorio con su base los santificó con óleo. 12. Y derramándolo sobre la cabeza de Aarón, lo ungió y lo consagró; 13. y también vistió a sus hijos que habían sido presentados, revistiéndolos con túnicas de lino, ciñéndolos con cinturones y poniéndoles mitras, como el Señor había mandado. 14. Ofreció también un becerro por el pecado; y cuando Aarón y sus hijos hubieron puesto sus manos sobre la cabeza de éste, 15. lo inmoló; y sacando la sangre, y mojando su dedo, tocó los cuernos del altar en todo su contorno, y habiendo sido expiado y santificado, derramó la sangre restante al pie del altar. 16. Mas la grasa que estaba sobre las entrañas, y la redecilla del hígado, y los dos riñones con sus capas de grasa, los quemó sobre el altar: 17. el becerro con su piel, su carne y su estiércol lo quemó fuera del campamento, como el Señor había mandado. 18. Ofreció también un carnero en holocausto: sobre cuya cabeza Aarón y sus hijos impusieron las manos, 19. y lo inmoló, y derramó su sangre alrededor del altar. 20. Y cortando el carnero en trozos, quemó su cabeza, sus miembros y su grasa en el fuego, 21. habiendo lavado primero los intestinos y las patas, y quemó el carnero entero sobre el altar, porque era un holocausto de suavísimo olor al Señor, como Él le había mandado. 22. Ofreció también el segundo carnero, para la consagración de los sacerdotes; y Aarón y sus hijos impusieron las manos sobre su cabeza: 23. y habiéndolo inmolado Moisés, tomó de su sangre y tocó la punta de la oreja derecha de Aarón, y el pulgar de su mano derecha, y asimismo el de su pie. 24. Presentó también a los hijos de Aarón; y cuando hubo tocado la punta de la oreja derecha de cada uno con la sangre del carnero inmolado, y los pulgares de la mano y del pie derechos, derramó el resto sobre el altar en todo su contorno; 25. mas la grasa, y la cola, y toda la gordura que cubre los intestinos, y la redecilla del hígado, y los dos riñones con su grasa y la espaldilla derecha los separó. 26. Y tomando del canastillo de los ázimos que estaba ante el Señor, pan sin levadura, y una torta untada con aceite, y una oblea, los colocó sobre la grasa y la espaldilla derecha, 27. entregándolos todos juntos a Aarón y a sus hijos. Y después de que los hubieron elevado ante el Señor, 28. recibiéndolos de nuevo de sus manos, los quemó sobre el altar del holocausto, porque era la ofrenda de consagración, en olor de suavidad del sacrificio al Señor. 29. Y tomó el pecho, elevándolo ante el Señor, del carnero de la consagración como su propia porción, como el Señor le había mandado. 30. Y tomando el ungüento y la sangre que estaba sobre el altar, roció sobre Aarón y sus vestiduras, y sobre sus hijos y sus vestiduras. 31. Y cuando los hubo santificado en sus vestiduras, les mandó, diciendo: Coced la carne ante la entrada del tabernáculo, y allí comedla. Comed también los panes de la consagración que han sido colocados en el canastillo, como el Señor me mandó, diciendo: Aarón y sus hijos los comerán: 32. mas lo que sobrare de la carne y de los panes, el fuego lo consumirá. 33. No saldréis de la entrada del tabernáculo durante siete días, hasta el día en que se cumpla el tiempo de vuestra consagración. Porque en siete días se completa la consagración: 34. como se ha hecho en el presente, para que se cumpla el rito del sacrificio. 35. Día y noche permaneceréis en el tabernáculo, guardando las vigilias del Señor, para que no muráis: pues así me ha sido mandado. 36. E hicieron Aarón y sus hijos todas las cosas que el Señor habló por mano de Moisés.
Este capítulo es el mismo que el capítulo XXIX del Éxodo. Pues el rito de la consagración de Aarón y los sacerdotes, que allí se prescribe, aquí se narra como realizado y completado. Moisés repite, pues, estas cosas en el Levítico para incluir en este solo libro todas las ceremonias de los sacrificios, y especialmente las que solían emplearse en la consagración de los sacerdotes. Así pues, despacharé este capítulo con unas pocas notas: para lo demás, véase el capítulo XXIX del Éxodo.
Versículo 1: Y el Señor habló a Moisés
1. Y EL SEÑOR HABLÓ A MOISÉS. — Es probable que todas estas cosas narradas en este capítulo se reseñen aquí a modo de recapitulación: pues el tabernáculo ya había sido erigido antes, como consta de Éxodo, último capítulo, versículo 16; pero al mismo tiempo, junto con la erección del tabernáculo, se realizó esta consagración de Aarón y los sacerdotes, como consta del mismo pasaje, versículo 12.
Versículo 5: Esta es la palabra que el Señor mandó que se hiciera
5. ESTA ES LA PALABRA QUE EL SEÑOR MANDÓ QUE SE HICIERA. — Josefo relata que los israelitas querían hacer a Moisés sumo sacerdote, pero que él se excusó con este mandato del Señor, quien ordenó que Aarón fuera consagrado como sumo sacerdote, porque él mismo estaba ocupado en conversar con el Señor y en gobernar al pueblo.
Versículo 6: E inmediatamente presentó a Aarón y a sus hijos
6. E INMEDIATAMENTE PRESENTÓ A AARÓN Y A SUS HIJOS. — Por «presentó», el hebreo tiene iacreb, es decir, «hizo acercar»; los Setenta traducen «condujo»; el Caldeo, «aplicó»; así también nuestro Intérprete lo traduce en Éxodo 29:4, diciendo: «Harás acercar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo», es decir, colocándolos ante el Señor y ofreciéndolos para el ministerio de Dios: pues de este modo los levitas fueron solemnemente ofrecidos al Señor en su consagración, Números 8:41 y 21.
Versículo 7: Vistió al sumo sacerdote
Versículo 7. VISTIÓ AL SUMO SACERDOTE. — El Sumo Sacerdote era revestido con ocho vestiduras en este orden. Le ponía primero, calzones de lino; segundo, sobre ellos una túnica de lino; tercero, ceñía esta túnica con un cinturón; cuarto, sobre esta túnica de lino le ponía la túnica de jacinto; quinto, sobre ésta le colocaba el efod con el pectoral; sexto, ceñía el efod con un cinturón de múltiples colores; séptimo, cubría la cabeza con una tiara; octavo, a la tiara le sujetaba la lámina de oro, en la cual estaba inscrito «Santidad» o «Santo para el Señor». Los sacerdotes menores, sin embargo, vestían solo cuatro vestiduras, a saber: primero, calzones; segundo, una túnica de lino; tercero, un ceñidor; cuarto, una tiara: carecían, por tanto, de la túnica de jacinto, del efod con el pectoral, de su cinturón y de la lámina de oro inscrita con el nombre tetragrámaton. Véase el comentario a Éxodo XXVIII.
Aarón representaba el tabernáculo
Nota: Aarón, como sumo sacerdote y vicario de Dios, revestido con sus vestiduras pontificales, representaba el tabernáculo, es decir, la Iglesia, y consecuentemente a Dios como gobernante del tabernáculo y residente en él como en su propia casa. Pues primero, el pectoral, o el racional del juicio, representaba el arca: pues así como el arca contenía las tablas de piedra, así el racional contenía 12 gemas. Segundo, así como el arca en sus tablas contenía la ley escrita, así el racional contenía la escritura de los Urim y Tumim: pues en él estaban escritas la doctrina y la verdad. Tercero, el efod del racional representaba el propiciatorio del arca. Cuarto, el arca tenía dos querubines: así la túnica del sumo sacerdote tenía dos piedras de ónice. Quinto, la lámina del sumo sacerdote en la que estaba inscrito «Santidad del Señor» representaba la gloria del Señor que habitaba en el tabernáculo. Sexto, la túnica del sumo sacerdote significaba el velo y las cortinas que encerraban todo el interior del tabernáculo. Séptimo, así como el tabernáculo representaba el cielo y todos los elementos: así en la vestidura talar estaba el mundo entero, dice el Sabio.
Las cinco prerrogativas del sumo sacerdote
Nota segunda: El sumo sacerdote se diferenciaba de los demás sacerdotes por cinco prerrogativas. Primera, el sumo sacerdote era el primogénito o hijo mayor de Aarón y de sus sucesores: los demás eran menores en edad.
Segunda, él durante toda su vida era uno solo; los demás eran muchos. Tercera, al santuario, a saber, al Santo de los Santos, solo él entraba una vez al año, a saber, en el Día de la Expiación: a los demás nunca les estaba permitido entrar en él. Cuarta, el sumo sacerdote tenía vestiduras diferentes y mayor ornamentación que los demás. Quinta, a la muerte del sumo sacerdote, los homicidas fugitivos regresaban a sus hogares: lo cual no sucedía a la muerte de los demás sacerdotes.
La túnica interior de lino
La túnica interior de lino, — la cual en Éxodo 28 se llama túnica de lino ajustada al cuerpo.
Versículo 9: La lámina de oro consagrada en santificación
9. LA LÁMINA DE ORO CONSAGRADA EN SANTIFICACIÓN — es decir, la lámina de oro consagrada por la unción con óleo para usos sagrados. En hebreo es nezer haccodes, es decir, la corona o diadema de santidad, es decir, santa.
Versículo 11: Y cuando estaba santificando
11. Y CUANDO ESTABA SANTIFICANDO — a saber, el tabernáculo y sus enseres, ungiéndolos con óleo santo. Esta santificación, por tanto, no era otra cosa que la unción del tabernáculo y de sus vasos, por la cual eran consagrados a Dios.
Versículo 14: Ofreció también un becerro por el pecado
14. OFRECIÓ TAMBIÉN UN BECERRO POR EL PECADO. — En Éxodo capítulo 29, versículos 35 y 36, se manda ofrecer un becerro diariamente durante siete días: por lo tanto, así se hizo, aunque aquí no se exprese explícitamente; sin embargo, se insinúa suficientemente en el versículo 34.
Versículo 15: Derramó la sangre restante al pie del altar
15. Habiendo sido expiado y santificado el altar, DERRAMÓ LA SANGRE RESTANTE AL PIE DEL ALTAR. — En hebreo dice: Así expió el altar, y derramó la sangre al pie del altar, y lo expió para santificar sobre él, es decir, como traducen los Setenta, para hacer propiciación sobre él, para que en adelante este altar, consagrado por aquel rito, sirviera para los sacrificios con los cuales se propicia y aplaca a Dios. Por lo tanto, mediante esta ceremonia fue consagrado el altar.
Versículo 30: Roció sobre Aarón
30. Y TOMANDO EL UNGÜENTO Y LA SANGRE QUE ESTABA SOBRE EL ALTAR, ROCIÓ SOBRE AARÓN. — Nota: Este ungüento estaba compuesto de mirra, cinamomo, cálamo, casia y aceite de oliva, como consta de Éxodo 30:23 y 30. La unción, por tanto, o más bien el derramamiento de ungüento sobre la cabeza, era la consagración del sumo sacerdote, como consta aquí en el versículo 12 y Éxodo 29:7. La unción común tanto al sumo sacerdote como a los sacerdotes menores era la aspersión de ungüento mezclado con sangre sobre ellos y sus vestiduras; además, la unción de la oreja derecha y los pulgares, como consta de Éxodo 29:20.
La triple lustración del sumo sacerdote
En la consagración del sumo sacerdote, por tanto, había una triple lustración: a saber, derramamiento, unción y aspersión, tanto de óleo como de sangre; en la consagración de los sacerdotes menores, sin embargo, solo había una doble lustración, a saber, unción y aspersión. Pues el derramamiento, que denotaba la plenitud de gracia, espíritu y potestad, era propio del sumo sacerdote. Dios quiso enseñar aquí que en la jerarquía eclesiástica debe haber orden, o subordinación, con mutuo respeto y concordia. San Jerónimo escribe oportunamente a Nepociano: «Sé sujeto», dice, «a tu Obispo, y ámalo como padre de tu alma. Pero sepan los Obispos que son sacerdotes, no señores: honren a los clérigos como clérigos, para que los clérigos tributen a los Obispos el honor debido como Obispos. Conocido es aquel dicho del orador Domicio: ¿Por qué», dijo, «habría yo de considerarte un líder, cuando tú no me consideras un senador?»
Segundo, esta unción amonestaba al sumo sacerdote cuánto debía sobresalir en misericordia (cuyo símbolo es el óleo), caridad y demás virtudes, y superar a todos los otros. «La luz del rebaño», dice San Gregorio, «es la llama del pastor. Pues conviene que el Pastor y sacerdote del Señor resplandezca en costumbres y vida, de modo que el pueblo a él encomendado pueda, como en un espejo de su vida, tanto elegir lo que debe seguir como ver lo que debe corregir.» El mismo autor, en su Pastoral: «¿Con qué temeridad», dice, «asumen los inexpertos el oficio pastoral? pues el gobierno de las almas es el arte de las artes. Esta es la maestría de la disciplina, que se sepa perdonar las faltas con discreción y cortarlas con piedad.» Y de nuevo: «La conducta del Obispo», dice, «debe superar la conducta del pueblo tanto cuanto la vida del pastor suele diferir de la del rebaño.» Pues como dice Claudiano, en I Estilicón:
En verdad, los ejemplos de los gobernantes fluyen hacia el pueblo;
y así como los campamentos siguen las trompetas de los generales, así siguen sus costumbres.
El mismo autor amonesta así al emperador Honorio, Consulado 4:
Esto además te amonestaré con frecuente discurso,
que sepas que vives en el centro de toda la tierra,
que tus actos están patentes a todas las naciones,
y que ningún secreto puede darse en parte alguna a los vicios reales.
Significado místico de la unción y el óleo
Místicamente, sobre la triple unción y el óleo — primero, de compunción; segundo, de devoción; tercero, de piedad — véase San Bernardo, Sermón 10 sobre los Cánticos. «El ungüento de la contrición», dice, «es bueno, con el cual se ungen los pies del Señor; el ungüento de la devoción es mejor, con el cual se unge la cabeza; el ungüento de la piedad es óptimo, con el cual se unge todo el cuerpo del Señor. El ungüento de la contrición consiste en el recuerdo de los pecados; el de la devoción, en el recuerdo de los beneficios de Dios; el de la piedad, en el alivio de los prójimos.»
El mismo autor, Sermón 22 sobre los Cánticos: «Cuatro», dice, «son los ungüentos de Cristo Sumo Sacerdote: sabiduría, justicia, santificación, redención; sabiduría, en la predicación; justicia, en la absolución de los pecados; santificación, en la vida; redención, en la pasión.» En el mismo lugar, dice que los cuatro ungüentos de Cristo son las cuatro virtudes cardinales: pues de estas debe estar imbuido y fortalecido contra la adversidad y la prosperidad el Sumo Sacerdote y todo fiel que milita al servicio de Dios y se consagra a su obediencia.
El mismo autor, a lo largo de todo el Sermón 2 sobre los Cánticos, trata de la unción y el óleo de la misericordia, y entre otras cosas dice: «¡Oh alma cualquiera que así estés dispuesta, así imbuida del rocío de la misericordia, así desbordante de las entrañas de la piedad, así haciéndote todo para todos, así hecha para ti misma como un vaso perdido, para que en todas partes y siempre estés presta a socorrer y ayudar a los demás, así finalmente muerta para ti misma para vivir para todos: tú verdaderamente posees, alma feliz, el tercer y mejor ungüento, y tus manos han destilado el licor de toda suavidad. Dios se acordará de todo sacrificio tuyo, y tu holocausto se hará abundante.»
Luego aduce ejemplos. «Tal era Pablo, cuando dice: ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se escandaliza, y yo no me abraso? Y Job diciendo en los capítulos 29 y 31: Fui ojos para el ciego, y pies para el cojo: padre era de los pobres, quebrantaba las muelas del impío. Si comí mi bocado solo, etc. Y José, quien después de haber hecho que todo Egipto corriera tras él al aroma de sus ungüentos, al fin también ofreció la misma fragancia a quienes lo habían vendido. Y Samuel, que lloraba por Saúl, que buscaba matarlo. Y Moisés diciendo: Perdona a este pueblo; pero si no, bórrame de tu libro que has escrito. ¡Oh verdaderamente hombre ungido con la unción de la misericordia! Y David: Acuérdate, dice, Señor, de David y de toda su mansedumbre. Y Jeremías, de quien se dice en 2 Macabeos 15: Este es el amante de sus hermanos y del pueblo de Israel: este es el que ora mucho por el pueblo y por toda la ciudad santa. Con este ungüento de piedad la Magdalena ungió a Cristo.»
Versículo 33: Porque en siete días se completa la consagración
33. PORQUE EN SIETE DÍAS SE COMPLETA LA CONSAGRACIÓN. — En hebreo, «en siete días llenará», supliendo «con óleo», es decir, consagrará mediante la unción con óleo vuestras manos: así los Setenta; y esto primero, para que durante estos siete días los sacerdotes recién ordenados aprendieran a olvidar las cosas terrenas y a morar con Dios en el tabernáculo, es decir, en el atrio del tabernáculo. Segundo, para que durante estos siete días se les recordara que habían sido consagrados a Dios para toda su vida, y que habían pasado a su familia y casa. Pues siete días son todos los días de la semana. Así Cirilo, en el Libro II De la Adoración: «Por siete días», dice, «es decir, siempre y perpetuamente.»
Versículo 34: Como se ha hecho en el presente
34. COMO SE HA HECHO EN EL PRESENTE PARA QUE SE CUMPLA EL RITO DEL SACRIFICIO — es decir, así como vosotros y vuestras vestiduras fuisteis rociados con la sangre de la víctima en este día, para completar el rito del sacrificio ofrecido para la consagración: así es necesario hacer esto, y repetir esta aspersión durante siete días, durante los cuales se completa la consagración de los sacerdotes.
Versículo 36: E hicieron todas las cosas
36. E HICIERON TODAS LAS COSAS QUE EL SEÑOR HABÍA HABLADO POR MANO DE MOISÉS — es decir, por medio de Moisés, como por su instrumento y mano. Pues la mano es el instrumento de los instrumentos, dice Aristóteles, Libro II De Anima. Este hebraísmo aparece con frecuencia en la Escritura.