Cornelius a Lapide

Levítico XIV


Índice


Sinopsis del capítulo

Se describe el rito de lustración por el cual el leproso ha de ser legalmente purificado, cuando la lepra ya ha sido curada en una persona, versículo 2, y en vestiduras y casas, versículo 34.

El rito era el siguiente: primero, el sacerdote rociaba al que debía ser purificado con la sangre de un gorrión, mediante otro gorrión atado a una vara de cedro, con hilo de escarlata e hisopo; luego dejaba volar al gorrión vivo, versículo 5; segundo, el que debía ser purificado lavaba sus vestiduras, rasuraba el vello de su cuerpo y se lavaba, versículo 8; tercero, al octavo día ofrecía un cordero como sacrificio por la culpa, y un cordero como sacrificio por el pecado, y una oveja de un año como holocausto con tres décimas de flor de harina y un sextario de aceite, versículo 10. Si el que debía ser purificado era pobre, en lugar de lo ya mencionado ofrecía un cordero como sacrificio por la culpa, y dos tórtolas, o dos pichones, uno como sacrificio por el pecado, el otro como holocausto con tres décimas de flor de harina y un sextario de aceite, versículo 21; cuarto, con la sangre del cordero el sacerdote tocaba la oreja derecha del que era purificado, y los pulgares de su mano y pie derechos; quinto, del aceite rociaba siete veces ante el tabernáculo, y derramaba el aceite restante sobre la punta de la oreja derecha, y sobre los pulgares de la mano y el pie derechos, y sobre la cabeza del que era purificado.


Texto de la Vulgata: Levítico 14:1-57

1. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 2. Este es el rito para el leproso, cuando ha de ser purificado: Será llevado al sacerdote; 3. quien, habiendo salido fuera del campamento, cuando encuentre que la lepra ha sido curada, 4. mandará al que está siendo purificado que ofrezca por sí mismo dos gorriones vivos, de los que es lícito comer, y madera de cedro, e hilo de escarlata, e hisopo. 5. Y mandará que uno de los gorriones sea inmolado en un vaso de barro sobre aguas vivas; 6. pero el otro, vivo, con la madera de cedro, y la escarlata, y el hisopo, lo mojará en la sangre del gorrión inmolado, 7. con la cual rociará al que ha de ser purificado, siete veces, para que sea debidamente purificado, y soltará el gorrión vivo, para que vuele al campo. 8. Y cuando el hombre haya lavado sus vestiduras, rasurará todo el vello de su cuerpo, y será lavado con agua, y purificado entrará en el campamento, con la condición solamente de que permanezca fuera de su tienda durante siete días, 9. y al séptimo día rasurará el cabello de su cabeza, y su barba y cejas, y todo el vello de su cuerpo. Y habiendo lavado de nuevo sus vestiduras y su cuerpo, 10. al octavo día tomará dos corderos sin defecto, y una oveja de un año sin mancha, y tres décimas de flor de harina para sacrificio, que será rociada con aceite, y aparte un sextario de aceite. 11. Y cuando el sacerdote que purifica al hombre lo haya puesto, a él y a todas estas cosas, ante el Señor a la entrada del tabernáculo del testimonio, 12. tomará un cordero, y lo ofrecerá como sacrificio por la culpa; y el sextario de aceite, y habiendo ofrecido todo ante el Señor, 13. inmolará el cordero, donde suele inmolarse la víctima por el pecado y el holocausto, esto es, en el lugar santo. Pues así como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa pertenece al sacerdote: Es cosa santísima. 14. Y el sacerdote, tomando de la sangre de la víctima que fue inmolada por la culpa, la pondrá sobre la punta de la oreja derecha del que está siendo purificado, y sobre los pulgares de la mano y el pie derechos; 15. y del sextario de aceite derramará en su propia mano izquierda, 16. y mojará en él su dedo derecho, y rociará ante el Señor siete veces. 17. Y lo que reste del aceite en su mano izquierda, lo derramará sobre la punta de la oreja derecha del que está siendo purificado, y sobre los pulgares de la mano y el pie derechos, y sobre la sangre que fue derramada por la culpa; 18. y sobre su cabeza. 19. Y rogará por él ante el Señor, y hará el sacrificio por el pecado; entonces inmolará el holocausto, 20. y lo pondrá sobre el altar con sus libaciones, y el hombre será debidamente purificado. 21. Pero si es pobre, y su mano no puede hallar las cosas que se han mencionado, tomará un cordero como sacrificio por la culpa como oblación, para que el sacerdote ruegue por él; y la décima parte de flor de harina rociada con aceite para sacrificio, y un sextario de aceite, 22. y dos tórtolas o dos pichones, de los cuales uno será para sacrificio por el pecado, y el otro para holocausto; 23. y los ofrecerá al octavo día de su purificación al sacerdote, a la entrada del tabernáculo del testimonio ante el Señor; 24. quien, recibiendo el cordero por la culpa y el sextario de aceite, los elevará juntamente. 25. E inmolado el cordero, pondrá de su sangre sobre la punta de la oreja derecha del que está siendo purificado, y sobre los pulgares de su mano y pie derechos; 26. y derramará parte del aceite en su propia mano izquierda, 27. en el cual, mojando el dedo de su mano derecha, rociará siete veces ante el Señor; 28. y tocará la punta de la oreja derecha del que está siendo purificado, y los pulgares de la mano y el pie derechos, en el lugar de la sangre que fue derramada por la culpa; 29. y la parte restante del aceite, que está en su mano izquierda, la pondrá sobre la cabeza del purificado, para que aplaque al Señor en su favor; 30. y ofrecerá una tórtola o un pichón, 31. uno como sacrificio por la culpa, y el otro como holocausto con sus libaciones. 32. Este es el sacrificio de un leproso, que no puede tener todas las cosas para su purificación. 33. Y habló el Señor a Moisés y a Aarón, diciendo: 34. Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, que yo os daré en posesión, si hubiere plaga de lepra en un edificio, 35. el dueño de la casa irá y lo comunicará al sacerdote, y dirá: Algo como una plaga de lepra me parece que hay en mi casa. 36. Y él mandará que saquen todo de la casa antes de que entre a examinarla y vea si es leprosa, para que no se hagan inmundas todas las cosas que están en la casa. Y después entrará para examinar la lepra de la casa; 37. y cuando vea en sus paredes algo así como pequeñas cavidades deformadas por palidez o enrojecimiento, y más hundidas que el resto de la superficie, 38. saldrá por la puerta de la casa e inmediatamente la cerrará por siete días. 39. Y volviendo al séptimo día, la examinará; si encuentra que la lepra se ha extendido, 40. mandará arrancar las piedras en las que está la lepra y arrojarlas fuera de la ciudad a un lugar inmundo; 41. y que la casa misma sea raspada por dentro todo alrededor, y que el polvo de la raspadura sea esparcido fuera de la ciudad en un lugar inmundo, 42. y que se pongan otras piedras en lugar de las que fueron quitadas, y que la casa sea enlucida con argamasa fresca. 43. Pero si después de arrancadas las piedras, y raspado el polvo, y aplicada tierra fresca, 44. el sacerdote entrando ve que la lepra ha vuelto, y las paredes están salpicadas de manchas, la lepra es persistente, y la casa es inmunda, 45. la cual destruirán inmediatamente, y sus piedras y maderas, y todo su polvo lo arrojarán fuera del pueblo a un lugar inmundo. 46. Quien entre en la casa cuando esté cerrada será inmundo hasta la tarde; 47. y quien duerma en ella, o coma algo allí, lavará sus vestiduras. 48. Pero si el sacerdote, entrando, ve que la lepra no se ha extendido en la casa después de haber sido enlucida de nuevo, la purificará, pues su salud ha sido restablecida, 49. y para su purificación tomará dos gorriones, y madera de cedro, e hilo de escarlata e hisopo; 50. y habiendo inmolado un gorrión en un vaso de barro sobre aguas vivas, 51. tomará la madera de cedro, y el hisopo, y la escarlata, y el gorrión vivo, y mojará todo en la sangre del gorrión inmolado y en las aguas vivas, y rociará la casa siete veces, 52. y la purificará tanto con la sangre del gorrión como con las aguas vivas, y con el gorrión vivo, y con la madera de cedro y el hisopo y el hilo de escarlata. 53. Y cuando haya soltado al gorrión para que vuele libremente al campo, rogará por la casa, y será debidamente purificada. 54. Esta es la ley para todo tipo de lepra y plaga, 55. de la lepra de las vestiduras y de las casas, 56. de la cicatriz y de las pústulas que brotan, de la mancha reluciente y de las diversas especies de decoloración, 57. para que pueda saberse en qué momento algo es limpio o inmundo.


Versículo 2: El rito para el leproso cuando ha de ser purificado

2. ESTE ES EL RITO PARA EL LEPROSO, CUANDO HA DE SER PURIFICADO, es decir, ordeno que esta ceremonia se emplee cuando un leproso, esto es, aquel que previamente había sido juzgado por el sacerdote como leproso, después aparece limpio de lepra, sea porque el sacerdote juzgó erróneamente, sea porque fue curado de la lepra natural o milagrosamente, como muchos fueron curados por Cristo. Nótese: «ha de ser purificado» significa que ha de ser legalmente limpiado y restituido a la comunidad de las demás personas. De ahí que en hebreo se lea «en el día de su purificación»: pues se presupone que ya ha sido purgado de la lepra, como es claro por el versículo 3. Pues el sacerdote aarónico no podía curar la lepra, sino solamente declarar que había sido curada, y entonces purificaba legalmente al que había sido leproso, y lo restituía a la sociedad de los hombres y al tabernáculo. Mayor es el poder de los sacerdotes de Cristo, que pueden curar y abolir la lepra espiritual, es decir, el pecado, en el Sacramento de la Penitencia. Así lo dice San Juan Crisóstomo, libro III, Sobre el Sacerdocio.


Versículo 4: Dos gorriones vivos

4. QUE OFREZCA DOS GORRIONES VIVOS POR SÍ MISMO, DE LOS QUE ES LÍCITO COMER. En hebreo tsippor tehorot, es decir, limpios; pues los gorriones no están enumerados en el capítulo 11 entre las aves inmundas: eran, por tanto, limpios, de los que era lícito comer.

Simbólicamente, el gorrión expiatorio representa a Cristo, y a todo justo, y esto primeramente, por la prudencia respecto a la parte racional. Pues el gorrión anida en los tejados de las casas, y no en el suelo, para que sus crías no sean atrapadas por las serpientes: así los justos habitan en su mente no en la tierra, sino en el cielo. En segundo lugar, el justo es llamado gorrión por la templanza respecto a la facultad concupiscible. Pues el gorrión no es fácilmente atrapado en lazos, ni engañado por la glotonería del vientre con el atractivo de los alimentos: así los justos no se entregan a las delicias, sino que mortifican la carne con el ayuno. En tercer lugar, por la paciencia respecto a la facultad irascible: pues como dice el Filósofo, el gorrión no se vuelve blanco sino en la enfermedad; así los justos se vuelven blancos en la adversidad: pues «la fuerza se perfecciona en la debilidad». En cuarto lugar, Cristo y el justo dicen con David: «He velado, y he llegado a ser como gorrión solitario en el tejado.» Pues se retira de la vida del mundo al secreto de la conciencia, la oración y la compunción. En quinto lugar, el mismo dice con el mismo: «Nuestra alma, como gorrión, fue arrancada del lazo de los cazadores,» a saber, de los demonios y perseguidores. Así el alma de un mártir es arrancada de los lazos del diablo por el martirio, dice San Agustín sobre el Salmo 123:7.


Versículo 5: Uno de los gorriones ha de ser inmolado

5. Y MANDARÁ QUE UNO DE LOS GORRIONES SEA INMOLADO. En hebreo dice «ser degollado»: pues esto no era propiamente un sacrificio que se ofreciera a Dios, ya que tenía lugar fuera del campamento, lejos del altar; sino que esta matanza del gorrión se hacía solamente para recoger su sangre, a fin de que con ella fuera rociado el leproso que debía ser purificado. De ahí que esta matanza no era realizada por el sacerdote, sino por mandato del sacerdote, como es claro por la palabra «mandará».


Sobre aguas vivas

SOBRE AGUAS VIVAS, es decir, aguas de fuente o de río, que se mueven y fluyen: pues dado que en los seres vivos el movimiento es signo de vida, de ahí, por catacresis, las aguas que se mueven y fluyen son llamadas «vivas»; por el contrario, las que no fluyen sino que están quietas son llamadas «muertas», como los pantanos y los estanques. Se manda, pues, aquí que el gorrión expiatorio del leproso sea inmolado sobre aguas vivas, que están en un vaso de barro, porque estas son más puras y, por tanto, más aptas para la purificación.


Versículos 6-7: El instrumento de aspersión

6 Y 7. PERO EL OTRO (GORRIÓN), VIVO, CON LA MADERA DE CEDRO Y LA ESCARLATA, Y EL HISOPO, LO MOJARÁ EN LA SANGRE DEL GORRIÓN INMOLADO, CON LA CUAL ROCIARÁ AL QUE HA DE SER PURIFICADO, SIETE VECES. El instrumento de aspersión con el cual se purificaba al leproso era el siguiente: a una vara de cedro se ataba en la parte superior un gorrión vivo, de modo que su cola sobresaliera en el extremo, mientras su cabeza quedaba vuelta hacia el lado opuesto, mirando hacia el mango; a esta vara junto con el gorrión se ataban hilo de escarlata e hisopo; así la punta de la vara, es decir, la cola y las alas del gorrión junto con la escarlata y el hisopo se sumergían en agua viva teñida con la sangre del gorrión inmolado; luego se extraía esta punta de la vara, y con ella se rociaba al que debía ser purificado.


Sentido literal y simbólico del cedro, la escarlata, el hisopo y el gorrión

Puede preguntarse: ¿qué significan todas estas cosas literal y simbólicamente?

Respondo: primero, se emplea aquí madera de cedro porque es incorruptible: de ahí que aptamente significaba que el leproso había sido limpiado de la corrupción de la lepra. Así, en segundo lugar, el gusanillo, o hilo de escarlata teñido dos veces (y, como añaden los Setenta, retorcido), que es del más vivo color rojo, significaba que la sangre y la salud habían sido restituidas a su carne. Lo mismo, en tercer lugar, significaba el gorrión vivo, al que se dejaba volar, a saber, que la vida había sido devuelta a la carne, y que el hombre, liberado de la lepra, era ya admitido a la sociedad de los vivos y los limpios. En cuarto lugar, se empleaba el hisopo porque es muy apto para la aspersión de la sangre, que aquí debía hacerse.


Sentido alegórico del instrumento de aspersión

Puede preguntarse en segundo lugar: ¿qué significa este instrumento de aspersión alegóricamente?

Respondo: La lepra es el pecado; este es expiado primeramente, por la madera de cedro, que es la más fuerte e imperecedera, es decir, por la Cruz de Cristo, que ha vencido y superado todas las cosas; en segundo lugar, por la escarlata, es decir, por la sangre de la Pasión de Cristo; en tercer lugar, por el hisopo, que es de grata fragancia, es decir, por la gracia del Espíritu Santo, que es cooperadora de nuestra purificación; en cuarto lugar, por el gorrión vivo, es decir, por la divinidad de Cristo; en quinto lugar, por el gorrión que muere, es decir, por la humanidad de Cristo que fue inmolada: pues por su muerte es vivificado el pecador; en sexto lugar, por las aguas vivas del bautismo. Así lo dicen Hesiquio, Radulfo y Teodoreto, Cuestión 19. De ahí que Jansenio, comentando el Salmo 50:9, abarcando todas estas cosas y aplicándolas a Cristo crucificado, dice: «Cristo,» dice, «atado al madero de la cruz por el vínculo de la caridad, es el verdadero hisopo, ligado a la madera de cedro por un hilo de escarlata; pues Cristo con su humildad sana la hinchazón de nuestro corazón, así como el hisopo, hierba humilde, es útil para purgar y sanar el corazón: este hisopo, mojado en la cruz en su propia sangre, rocía por la fe a los que creen en Él, según aquello de Isaías 52:15: Él rociará a muchas naciones; de ahí que también David ora: Rocíame con hisopo, y seré limpio; deseando, es decir, ser perfectamente purificado: pues en la antigua ley los inmundos eran purificados o por aspersión o por lavado.» Hasta aquí Jansenio.


Sentido tropológico del instrumento de aspersión

Puede preguntarse en tercer lugar: ¿qué significa este instrumento de aspersión tropológicamente?

Respondo: El hisopo es la fe, el cedro es la esperanza, la escarlata es la caridad, el gorrión vivo es la humildad, el gorrión que muere es la mortificación, las aguas vivas son las lágrimas del penitente; pues por estas cosas somos limpiados de la lepra del pecado. Así lo dice San Agustín, Cuestión 33 sobre Números, Radulfo y Ruperto. Pues el hisopo, hierba humilde, se adhiere con sus raíces a la roca: de ahí que aptamente significa la fe, que se apoya en Dios y en la verdad infalible de Dios. El cedro se eleva a la mayor altura: de ahí que es símbolo de la esperanza. La escarlata brilla roja como el fuego: tal es la caridad. Además, todas estas cosas se mojan en sangre, porque por la fuerza, eficacia y memoria de la Pasión de Cristo todas estas virtudes son excitadas. Así lo dice Radulfo. Verdaderamente dijo el Abad Pastor en las Vidas de los Padres: «La humildad es la tierra en la que el Señor mandó que se hiciera el sacrificio»; y el Abad Hiperiquio: «El árbol de la vida está en lo alto, y la humildad asciende a él»; y el Abad Sisoes: «No es grande que tu mente esté con Dios; pero es grande que te veas a ti mismo por debajo de toda criatura.»


Siete veces: la aspersión séptuple

CON LA CUAL ROCIARÁ AL QUE HA DE SER PURIFICADO (al que ha de ser legalmente limpiado, como dije en el versículo 2), SIETE VECES.

En todas estas lustraciones, la aspersión se hacía siete veces, como es claro por el capítulo 4, versículo 13, y este capítulo versículos 7, 13, 16, y el capítulo 16, versículos 16 y 19, de modo que por ello se significara una purgación, expiación y remisión plena de los pecados. De ahí también que el número siete de las semanas marca y produce Pentecostés, en el cual el Espíritu Santo realizó una plena purificación de pecados y vicios en los Apóstoles. Así lo dice Hesiquio.


Para que sea debidamente purificado

PARA QUE SEA DEBIDAMENTE PURIFICADO, es decir, para que sea purificado ritual y legalmente, a saber, según la ley y el rito aquí establecido.


Soltará el gorrión vivo

Y SOLTARÁ EL GORRIÓN VIVO, PARA QUE VUELE AL CAMPO, de modo que por esta libertad del ave se signifique el hombre liberado de la lepra, como dije en el versículo 6. Así, alegóricamente, la divinidad fue libre en la Pasión de Cristo. Por el contrario, San Antonio compara al demonio con un gorrión que ha sido atrapado y enlazado: «El demonio,» dice, «como un gorrión enlazado, es retenido y atado por Cristo. Los cristianos, por tanto, confiando en Cristo, no deben temer al demonio, sino reírse de él.»


Versículo 8: Lavado de vestiduras y rasura

8. Y CUANDO EL HOMBRE HAYA LAVADO SUS VESTIDURAS, RASURARÁ TODO EL VELLO DE SU CUERPO, Y SERÁ LAVADO CON AGUA. La razón física y médica de este lavado la di en el capítulo 13, versículo 47.

Tropológicamente, el pecador lava sus vestiduras cuando santifica su conducta exterior; rasura el vello cuando cercena las concupiscencias de la carne; lava el cuerpo cuando no da consentimiento en su conciencia a obras ilícitas. Así dicen Radulfo y Ruperto; e igualmente Hesiquio: «Rasurar el vello,» dice, «es excluir todos los pensamientos antiguos; lavar las vestiduras es purificar las propias acciones.»


Entrará en el campamento, pero permanecerá fuera de su tienda

Y PURIFICADO ENTRARÁ EN EL CAMPAMENTO, CON LA CONDICIÓN SOLAMENTE DE QUE PERMANEZCA FUERA DE SU TIENDA (su propia casa) DURANTE SIETE DÍAS. Y esto era para que, si acaso alguna lepra permanecía oculta, no la transmitiese a otros, y especialmente a su esposa por el uso del matrimonio, o por otro contacto.


Versículo 9: La segunda rasura en el séptimo día

9. Y AL SÉPTIMO DÍA RASURARÁ SU CABELLO. Esta es la segunda rasura, como también el segundo lavado; pues la primera se hizo en el versículo 8.


Versículo 10: Las ofrendas para la purificación

10. TOMARÁ DOS CORDEROS SIN DEFECTO, Y UNA OVEJA DE UN AÑO SIN MANCHA, Y TRES DÉCIMAS DE FLOR DE HARINA, ETC., Y UN SEXTARIO DE ACEITE. Nótese: Se manda aquí al leproso que en su purificación ofrezca tres pequeñas ovejas, la primera como sacrificio por la culpa, la segunda como sacrificio por el pecado, la tercera como holocausto. De ahí que también se le manda ofrecer tres décimas, o tres gomores de flor de harina; pues con cada animal debía ofrecerse una décima, o un gomor de flor de harina, como minjá, es decir, como ofrenda de cereal.

Nótese: El sextario, en hebreo לוג log, era una medida de líquidos, y era la duodécima parte de un hin, con capacidad de seis huevos, la vigésima cuarta parte de un seá.


El sextario: medida hebrea de líquidos

Pues el sextario de los hebreos era igual al sextario ático, y por tanto contenía una libra y media, es decir, 18 onzas, según sostiene Roberto Cenalis, o más bien una libra y un cuarto, según sostiene Vilalpando en Sobre el Aparato del Templo, parte 2, libro 3, capítulo 7. De ahí que un gomor, conteniendo 7 sextarios y un quinto, contenía alrededor de 8 libras, como dije en Éxodo capítulo 16, versículo 16. Por tanto, un sextario de grano en Judea pesaba 20 onzas. De grano, digo; pues un sextario de harina no pesaba tantas onzas, porque el volumen de la harina es mayor que el volumen del grano del que fue hecha; y un sextario de vino pesaba 20 onzas, pero de aceite 16, dice Vilalpando, libro 3, capítulo 21. Pero es más exacto que el sextario hebreo era menor que el romano y el ático, y contenía solamente 43 onzas y media de agua o vino, como mostraré al final de este libro.


Versículo 12: La ofrenda de tenufá

12. LO OFRECERÁ COMO SACRIFICIO POR LA CULPA, Y EL SEXTARIO DE ACEITE. Nótese: La palabra «ofrecerá» aquí no significa lo mismo que «sacrificará»; pues el sextario de aceite no se sacrificaba a Dios. «Ofrecerá» significa, por tanto, lo mismo que «los elevará» según el rito de la tenufá, como diré en seguida, ante el Señor; y luego, como se dice en el versículo siguiente, degollará y sacrificará el cordero ante Él.

Y HABIENDO OFRECIDO TODO ANTE EL SEÑOR. En hebreo se lee, «y los agitará,» תנופה tenufá, ante el Señor. La tenufá era una ceremonia, o un rito determinado de ofrecer la víctima, y la minjá antes de la inmolación, tal como ahora ocurre en el Ofertorio de la Misa antes de la consagración, acerca del cual hablé en Éxodo capítulo 29, versículos 24, 26, 27.


Versículo 13: En el lugar santo

13. EN EL LUGAR SANTO, en el atrio del tabernáculo junto al altar de los holocaustos, ante el Santuario.


Cosa santísima: la histerología explicada

PUES ASÍ COMO LA VÍCTIMA POR EL PECADO, ASÍ TAMBIÉN LA VÍCTIMA POR LA CULPA PERTENECE AL SACERDOTE; ES COSA SANTÍSIMA. Esta es una histerología, o un orden invertido; pues la palabra «pues» da la razón de lo que precede, a saber, por qué la víctima por la culpa debe ser degollada y sacrificada en el lugar santo. La razón es esta: porque la víctima por la culpa es cosa santísima. Estas palabras, por tanto, deben ordenarse y conectarse del siguiente modo, con este sentido: Quiero que la víctima por la culpa sea sacrificada en el lugar santo, porque es cosa santísima, es decir, sacratísima: de ahí que también quiero que, al igual que la víctima por el pecado, sea comida por el sacerdote, no por los laicos, como se hacía con la víctima pacífica. Que esto es así consta por el capítulo 6, versículo 25, donde exactamente lo mismo, en el orden que se acaba de indicar, se dice sobre la víctima por el pecado: «Esta,» dice, «es la ley de la víctima por el pecado: en el lugar donde se ofrece el holocausto, será inmolada ante el Señor; es cosa santísima: el sacerdote que la ofrece la comerá en el lugar santo.»


Versículo 14: La sangre sobre la oreja, el pulgar y el dedo del pie

14. PONDRÁ DE LA SANGRE DE LA VÍCTIMA SOBRE LA PUNTA DE LA OREJA DERECHA DEL QUE SE ESTÁ PURIFICANDO, para significar místicamente que su oreja debe ser purificada, y así preparada para la obediencia a la ley de Dios. De igual manera se ungen las manos y los pies, para la pronta y fácil ejecución de esa misma ley de Dios.


Versículos 16-17: El aceite sobre la sangre

16 Y 17. ROCIARÁ DELANTE DEL SEÑOR (delante del tabernáculo): Y LO QUE QUEDE DEL ACEITE, LO DERRAMARÁ SOBRE LA PUNTA DE LA OREJA, Y SOBRE LA SANGRE, que a saber se adhiere, o con la cual han sido ungidas las orejas y los pulgares del que se purifica. Esto es claro por el hebreo, el caldeo y los Setenta; de ahí que el versículo 28 lo exprese más claramente cuando dice: «En el lugar de la sangre que fue derramada por el delito,» es decir: No en otro lugar, ni en otro lado de la oreja, sino directamente sobre aquella parte que ha sido teñida con sangre, derramará también el aceite.

Místicamente, con esta unción de aceite, el sacerdote estaba, por así decirlo, rogando que Dios tuviese misericordia de la sangre, es decir, de la vida y la sangre del leproso ya limpiado y que estaba siendo purificado según la ley.

Otros traducen אל aquí como «además de», es decir, aquellas partes debían ser teñidas no solo con sangre, sino también con aceite.


Versículo 18: El aceite sobre su cabeza

18. Y SOBRE SU CABEZA, para que con este rito, a saber, con esta efusión de aceite, invocase tácitamente la misericordia de Dios sobre su cabeza; pues el aceite es símbolo de misericordia.

Nótese: Así como las víctimas por el pecado y por el delito correspondían al sacerdote, como se dice en el versículo 13, así también le correspondía el sextario de aceite, excepto lo que se rociaba delante del altar y lo que se usaba para ungir la oreja y los pulgares del que se purificaba: del mismo modo, la minjá correspondía al sacerdote, excepto el puñado de cada décima, que se quemaba para el Señor. Diferente era con la ofrenda pacífica; pues esta correspondía en su mayor parte a los oferentes, como es claro por lo dicho en el capítulo 2, versículo 3.


Versículo 19: El sacrificio por el pecado y el holocausto

19. HARÁ EL SACRIFICIO POR EL PECADO, es decir, sacrificará el segundo cordero por el pecado, así como sacrificó el primero por el delito, como dije en el versículo 10. Cómo se distinguen el delito y el pecado, lo traté en el capítulo 7, versículo 1.

ENTONCES INMOLARÁ EL HOLOCAUSTO, a saber, la oveja de un año, de la que habló en el versículo 10; pues primero el alma debía ser purificada mediante el sacrificio por el pecado y el delito, para que luego pudiese ofrecer a Dios un holocausto puro y agradable.


Versículo 20: Significado alegórico de las tres ofrendas

20. LO COLOCARÁ EN EL ALTAR CON SUS LIBACIONES, a saber, con la ofrenda de harina fina, aceite y vino; pues estas son las libaciones: entiéndanse libaciones similares para el sacrificio por el pecado y por el delito. Véase Números 15, 20.

Alegóricamente, los dos corderos y la oveja de un año significaban la perfección del sacrificio de Cristo (pues los animales de un año son plenamente maduros y aptos para la generación); pero como el que se purifica debe profesar la fe en toda la Santísima Trinidad, por eso con las tres pequeñas ovejas se ofrecen tres décimas, rociadas con aceite, porque este sacrificio del Hijo de Dios fue realizado por compasión hacia nosotros. El sextario, siendo una medida única e igual, significa la integridad y sinceridad de la fe; la oreja se unge con la sangre de Cristo y el aceite de su gracia, para fortalecer el oído; y las manos, para dirigir las acciones; y los pies, para dirigir y fortalecer los movimientos y pasos; finalmente, el resto se derrama sobre la cabeza, para proporcionar santificación a todo el cuerpo, y para hacer limpio al ungido del Señor. Así dice Hesiquio.


Versículo 21: Provisión para los pobres

21. PERO SI ES POBRE. Para la persona pobre que se purifica de la lepra, Dios ordena aquí que en lugar de tres pequeñas ovejas ofrezca un cordero por el delito, y dos tórtolas o dos pichones de paloma, uno por el pecado, el otro como holocausto, según el rito que prescribió para las pequeñas ovejas en el versículo 13.


Versículos 30-31: La ofrenda de la tórtola

30 Y 31. Y OFRECERÁ UNA TÓRTOLA, O UN PICHÓN DE PALOMA, UNO POR EL DELITO. Nuestro traductor aquí confunde «delito» y lo usa por «pecado»; pues propiamente el cordero se ofrecía por el delito, pero la tórtola se ofrecía no por el delito, sino por el pecado, como es claro por el versículo 22, y por el hebreo, el caldeo y los Setenta aquí.


Versículo 34: La lepra de las casas

34. CUANDO HAYÁIS ENTRADO EN LA TIERRA DE CANAÁN, QUE YO OS DARÉ, SI HUBIERE PLAGA DE LEPRA EN LOS EDIFICIOS. Pues en el desierto, donde los hebreos peregrinaban en aquel tiempo, no tenían edificios que pudiesen ser infectados; pero tenían pieles, vestidos y tiendas, las cuales, si eran infectadas con lepra, debían observarse estas leyes y ceremonias sobre la lepra aquí prescritas incluso en el desierto. De ahí que en Números 5, 2, en el desierto se manda separar a los leprosos del campamento.

SI HUBIERE PLAGA. En hebreo, «si yo diere plaga de lepra.» De donde es claro que esta lepra era infligida por Dios sobre las casas a causa de los pecados cometidos en ellas; así dice Teodoreto, Cuestión 17. Esta lepra de las casas no era propiamente, sino analógicamente lepra: pues era una cualidad nociva en las casas, que las roía y consumía, tal como la lepra lo hace en una persona; de ahí que Dios manda aquí que sea legalmente expiada de manera y ceremonia semejante a como lo hace con una persona. Véase lo dicho en el capítulo 13, 47.


Sentido tropológico: La corrupción en una comunidad

Tropológicamente, la lepra de una casa es la corrupción de la fe o de las costumbres en una comunidad: de ahí que el sacerdote y el párroco saque los utensilios de ella, porque separa de su sociedad a cuantos puede, y por eso también se dice que cierra la casa; lo demás es igual a lo que se dijo sobre otras formas de lepra en el capítulo 13. Véase Radulfo.


Versículo 37: Signos de lepra en las paredes

37. CUANDO VEA EN SUS PAREDES ALGO COMO PEQUEÑAS CAVIDADES, DESFIGURADAS POR PALIDEZ O ENROJECIMIENTO, Y MÁS BAJAS QUE EL RESTO DE LA SUPERFICIE. Estos signos de lepra en las casas son los mismos que en una persona, en el capítulo 13, versículo 3. Llama «pequeñas cavidades» a los hoyos o cavidades erosionadas por la lepra.

Nótese: En lugar de «palidez», el hebreo y los Setenta tienen «verdoso.»


Versículos 39-40: Remoción de las piedras infectadas

39 Y 40. Y VOLVIENDO AL SÉPTIMO DÍA, ETC., SI ENCUENTRA QUE LA LEPRA SE HA EXTENDIDO, MANDARÁ ARRANCAR LAS PIEDRAS. Se ordena aquí que las piedras leprosas de una casa leprosa sean arrancadas, y se substituyan otras nuevas en su lugar, y que la casa sea raspada y cubierta con argamasa fresca: si después de hacer esto se ve que la lepra ha vuelto, se ordena destruir toda la casa, y arrojar las piedras y la madera fuera de la ciudad; pero si la lepra no vuelve, se ordena purificar la casa, en el versículo 48.

Tropológicamente, los viciosos deben ser expulsados de una comunidad, y los probos substituidos; si también estos se infectan, toda la comunidad debe ser suprimida y destruida.

Hay quienes piensan que la erosión o deterioro de los edificios por el salitre eflorescente es lo que Moisés designa con el nombre de lepra.


Versículo 48: Purificación de la casa

48. PERO SI EL SACERDOTE, AL ENTRAR, VE QUE LA LEPRA (latente en el interior) NO SE HA EXTENDIDO (no se ha expandido al exterior, y por tanto ni aparece ni es verdadera lepra), LA PURIFICARÁ. Se prescribe aquí el mismo rito de purificación para la lepra de una casa que el prescrito para la lepra de una persona, en el versículo 4 y siguientes.


Versículo 52: Purificación con el gorrión vivo

52. LA PURIFICARÁ CON EL PÁJARO VIVO, es decir, usando el gorrión vivo y el instrumento de aspersión para la expiación, como se dijo en el versículo 6.


Versículos 53-54, 56: La ley para toda clase de lepra

53, 54 Y 56. Y SERÁ DEBIDAMENTE (ritualmente, legalmente) LIMPIADA. ESTA ES LA LEY PARA TODA CLASE DE LEPRA (sobre toda lepra) Y DE PLAGA (en hebreo נתק netec, es decir, de fractura; los Setenta leen θραύσεως, es decir, de desgarro o ruptura, es decir: Cuando la lepra se ha introducido en una herida, o a partir de una herida o desgarro), Y DE CICATRIZ, a saber, cuando la lepra ha surgido en la cicatriz de una úlcera o herida, como se dijo en el capítulo 13, versículo 18: pues nuestro traductor repite de allí y suple lo que el hebreo aquí pasa en silencio y sobreentiende.

Versículo 57. Literalmente: para enseñar al sacerdote en el día del impuro y el día del puro, es decir, sobre aquellas cosas que él debe hacer en el día en que se debe declarar si algo es impuro o puro.