Cornelius a Lapide

Números IV


Índice


Sinopsis del Capítulo

Los levitas desde su trigésimo año son contados en 8.380, los cuales han de transportar los vasos del tabernáculo cuando deba moverse el campamento: y a los coatitas se les asignan ambos altares, el arca, la mesa y el candelabro; a los gersonitas los velos y cortinas, versículo 24; y a los meraritas las tablas, columnas y bases, versículo 31.


Texto de la Vulgata: Números 4:1-49

1. Y habló el Señor a Moisés y a Aarón, diciendo: 2. Toma la suma de los hijos de Coat de entre los levitas, por sus casas y familias, 3. desde los treinta años en adelante, hasta los cincuenta años, de todos los que entran a prestar servicio y a ministrar en el tabernáculo de la alianza. 4. Éste es el servicio de los hijos de Coat: el tabernáculo de la alianza y el Santo de los Santos. 5. Entrarán Aarón y sus hijos, cuando deba moverse el campamento, y descenderán el velo que pende ante la entrada, y envolverán en él el arca del testimonio, 6. y la cubrirán de nuevo con una cubierta de pieles violáceas, y extenderán encima un paño enteramente de jacinto, y meterán las varas. 7. Envolverán también la mesa de la proposición en un paño de jacinto, y pondrán sobre ella los incensarios y los morteros pequeños, las copas y las cráteras para las libaciones; los panes estarán siempre sobre ella; 8. y extenderán encima un paño escarlata, que cubrirán de nuevo con una cubierta de pieles violáceas, y meterán las varas. 9. Tomarán también un paño de jacinto con el que cubrirán el candelabro con sus lámparas y tenazas y despabiladeras y todos los vasos de aceite necesarios para aderezar las lámparas; 10. y sobre todo pondrán una cubierta de pieles violáceas, y meterán las varas. 11. Y también el altar de oro lo envolverán en un paño de jacinto, y extenderán encima una cubierta de pieles violáceas, y meterán las varas. 12. Todos los vasos con que se ministra en el Santuario los envolverán en un paño de jacinto, y extenderán encima una cubierta de pieles violáceas, y meterán las varas. 13. Y limpiarán también el altar de cenizas, y lo envolverán en un paño de púrpura, 14. y pondrán con él todos los vasos que se usan en su ministerio, esto es, los braseros, las horquillas y tridentes, los garfios y las paletas. Todos los vasos del altar los cubrirán juntamente con una cubierta de pieles violáceas, y meterán las varas. 15. Y cuando Aarón y sus hijos hayan envuelto el Santuario y todos sus vasos al moverse el campamento, entonces entrarán los hijos de Coat para transportar lo envuelto; y no tocarán los vasos del Santuario, para que no mueran. Éstas son las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de la alianza: 16. sobre ellos estará Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, a cuyo cuidado pertenece el aceite para aderezar las lámparas, el incienso de composición, el sacrificio que siempre se ofrece, el óleo de la unción, y todo lo que pertenece al culto del tabernáculo y de todos los vasos que están en el santuario. 17. Y habló el Señor a Moisés y a Aarón, diciendo: 18. No dejéis perecer al pueblo de Coat de entre los levitas; 19. sino haced esto con ellos, para que vivan y no mueran, si tocan el Santo de los Santos: Aarón y sus hijos entrarán, y ellos dispondrán las tareas de cada uno, y asignarán lo que cada uno deba llevar. 20. No miren los demás con curiosidad alguna las cosas que están en el Santuario antes de que sean envueltas; de lo contrario, morirán. 21. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 22. Toma también la suma de los hijos de Gersón, por sus casas y familias y parentelas, 23. desde los treinta años en adelante, hasta los cincuenta años. Cuenta a todos los que entran y ministran en el tabernáculo de la alianza. 24. Éste es el oficio de la familia de los gersonitas, 25. llevar las cortinas del tabernáculo y la tienda de la alianza, la otra cubierta, y sobre todo el velo violáceo, y la cortina que pende a la entrada del tabernáculo de la alianza, 26. las cortinas del atrio, y el velo de la entrada que está delante del tabernáculo. Todo lo que pertenece al altar, las cuerdas y los vasos del ministerio, 27. por mandato de Aarón y sus hijos, lo llevarán los hijos de Gersón; y cada uno sabrá a qué carga ha de ser destinado. 28. Éste es el servicio de la familia de los gersonitas en el tabernáculo de la alianza, y estarán bajo la mano de Itamar, hijo de Aarón sacerdote. 29. Contarás también a los hijos de Merarí por sus familias y casas de sus padres, 30. desde los treinta años en adelante, hasta los cincuenta años de edad, todos los que entran al oficio de su ministerio y al servicio de la alianza del testimonio. 31. Éstas son sus cargas: llevarán las tablas del tabernáculo y sus travesaños, las columnas y sus bases, 32. también las columnas del atrio en derredor con sus bases, estacas y cuerdas. Recibirán todos los vasos y enseres por número, y así los llevarán. 33. Éste es el oficio de la familia de los meraritas y su ministerio en el tabernáculo de la alianza; y estarán bajo la mano de Itamar, hijo de Aarón sacerdote. 34. Contaron, pues, Moisés y Aarón y los príncipes de la congregación a los hijos de Coat por sus linajes y casas de sus padres, 35. desde los treinta años en adelante, hasta el año quincuagésimo, todos los que entran al ministerio del tabernáculo de la alianza: 36. y se hallaron dos mil setecientos cincuenta. 37. Éste es el número del pueblo de Coat que entra en el tabernáculo de la alianza: a éstos contaron Moisés y Aarón según la palabra del Señor por mano de Moisés. 38. Fueron contados también los hijos de Gersón por sus linajes y casas de sus padres, 39. desde los treinta años en adelante, hasta el año quincuagésimo, todos los que entran para ministrar en el tabernáculo de la alianza: 40. y se hallaron dos mil seiscientos treinta. 41. Éste es el pueblo de los gersonitas, a quienes contaron Moisés y Aarón según la palabra del Señor. 42. Fueron contados también los hijos de Merarí por sus linajes y casas de sus padres, 43. desde los treinta años en adelante, hasta el año quincuagésimo, todos los que entran para cumplir los ritos del tabernáculo de la alianza: 44. y se hallaron tres mil doscientos. 45. Éste es el número de los hijos de Merarí, a quienes contaron Moisés y Aarón según el mandato del Señor por mano de Moisés. 46. Todos los que fueron contados de los levitas, y a quienes hicieron contar por nombre Moisés y Aarón y los príncipes de Israel, por sus linajes y casas de sus padres, 47. desde los treinta años en adelante, hasta el año quincuagésimo, entrando al ministerio del tabernáculo y al transporte de las cargas, 48. fueron en total ocho mil quinientos ochenta. 49. Según la palabra del Señor los contó Moisés, a cada uno según su oficio y sus cargas, como el Señor le había mandado.


Versículos 2-3: Toma la suma de los hijos de Coat, desde los treinta años en adelante hasta los cincuenta años

En el capítulo anterior, versículo 15, los levitas fueron contados desde el primer mes de edad, como sustitutos de casi el mismo número de primogénitos; pero aquí los levitas se cuentan desde el trigésimo año, porque aquí solo se cuentan los varones fuertes, que podían llevar las pesadas cargas y partes del tabernáculo cuando el campamento debía moverse. De igual modo, entre los hebreos nadie podía enseñar antes del trigésimo año: de ahí que en el trigésimo año tanto Cristo como Juan el Bautista comenzaron a predicar. Pues ésta es la edad de juicio maduro y justa autoridad.

De igual modo, es probable que se hubiera establecido una edad fija para los sacerdotes, antes de la cual no podían ejercer el sacerdocio, dice Abulense, Cuestión XLII; pero cuál fuera esa edad no se expresa en ningún lugar de la Escritura. Pues lo que Josefo refiere, que el hijo de Hircano ejerció el pontificado a los dieciocho años de edad, con razón se puede dudar si esto se hizo legítimamente y según las leyes. Porque si en los levitas se requería una edad mayor, con mucha más razón en los sacerdotes y sumos sacerdotes.


Versículo 3: De todos los que entran a prestar servicio

En hebreo: todo el que entra al servicio militar, o al ejército. Pues esto es lo que significa el hebreo tsaba; nuestro traductor, sin embargo, traduce tsaba como estación, porque tsaba se deriva de iatsab, es decir, él estuvo de pie: de donde también los versados en la lengua hebrea, como Mercero, Forstero y otros, enseñan que el ejército se llama tsaba, es decir, estación, porque es una estación militar.

Además, el servicio militar o estación se llama aquí el propio ministerio eclesiástico de los levitas en el tabernáculo, como traduce nuestro Intérprete en el versículo 30. Pues este servicio militar no es humano sino divino, por el cual los levitas montaban guardia en un orden perfectísimo como soldados: primero, para la custodia del tabernáculo; segundo, para transportarlo y protegerlo; tercero, para asistir a los sacerdotes, de modo que los sacrificios se realizaran debidamente, y para todo sagrado servicio de Dios. Imitando este hebraísmo, San Pablo exhorta al obispo Timoteo a «pelear la buena batalla, teniendo buena fe y conciencia», I Timoteo 1:8. Por tanto, los clérigos son soldados, cuyos capitanes y abanderados son los obispos. Pues entre los hebreos, el servicio militar significa toda clase de servicio: de ahí que los levitas, los ángeles, los cielos, los astros y todas las criaturas se llamen soldados de Dios, y Dios se llame Sabaoth, es decir, de los ejércitos, a saber, de los soldados ya mencionados, y Sabaoth es uno de los diez nombres de Dios, que los Setenta traducen unas veces como dynameon, es decir, de poderes o fuerzas; otras como pantokratora, es decir, omnipotente, que todo lo vence, que sobre todo domina, como atestigua San Jerónimo, epístola 136 a Marcela. Nótese aquí: se dice que los levitas entran al servicio militar, a saber, de Dios y del tabernáculo; pero otros soldados comunes que van a la guerra se dice que salen al servicio militar, porque parten al extranjero a la guerra y contra sus enemigos.


Versículo 4: Éste es el servicio

Es decir, el ministerio, la función sagrada de los coatitas. Esto es claro por el hebreo.


Versículos 4-5: Aarón y sus hijos entrarán en el Santo de los Santos

De aquí se evidencia que también los sacerdotes menores entraban en el Santo de los Santos para desmontarlo, cuando el campamento debía moverse. Por tanto, lo que se dice en Levítico 16 y Hebreos 9:7, que solo el sumo sacerdote entraba en el Santo de los Santos una vez al año, debe entenderse cuando el campamento estaba fijo y el tabernáculo permanecía en reposo en él, para ministrar y realizar los sagrados ritos en él: pues esto era prerrogativa exclusiva del sumo sacerdote; pero no cuando, durante el movimiento de los campamentos, el tabernáculo debía ser desmontado: pues esto era tarea de los sacerdotes menores, como bien demuestra Abulense, Cuestión V; porque cuando el Santo de los Santos debía ser desmontado, entonces Dios, o más bien un ángel, retiraba aquel cuerpo o nube que reposaba sobre el propiciatorio y como que se sentaba sobre él y daba oráculos: de ahí que en ese momento no había peligro de irreverencia, ni de que los sacerdotes menores vieran aquel cuerpo que representaba a Dios. Añade Abulense, Cuestión XVIII, que los propios levitas, a saber, los coatitas, entraban en el Santo de los Santos para sacar su mobiliario —esto es, el arca, los querubines y el propiciatorio— después de que hubieran sido envueltos y atados por los sacerdotes, como se indica en el versículo 15, porque una vez removidos de su lugar y envueltos aquellos objetos, toda la gloria del Santo de los Santos había sido retirada, y el lugar se consideraba ya no sagrado sino común y, por así decirlo, profano.


Versículo 5: Descenderán el velo

Que separa el Lugar Santo del Santo de los Santos; y así los sacerdotes envolvían primero el arca y los querubines en este velo; luego con un paño escarlata envolvían de igual modo la mesa, el altar y el candelabro, que estaban en el Lugar Santo. Pues estos se tenían por santos y sagrados, hasta tal punto que ni siquiera a los levitas les era permitido tocarlos o verlos al descubierto, bajo pena de muerte, como aquí se dice. Por tanto, los sacerdotes envolvían y velaban todos estos vasos cuando el campamento debía moverse y, en consecuencia, el tabernáculo debía ser desmontado; luego los entregaban, velados, a los levitas, a saber, los coatitas, para que los transportaran. En segundo lugar venían los gersonitas, enrollando y sacando sus cortinas y velos. Por último venían los meraritas, desmontando y sacando las columnas y tablas del tabernáculo.

El orden inverso se seguía en la erección del tabernáculo, cuando el campamento debía establecerse: pues entonces venían primero los meraritas, para fijar las columnas y ensamblar las tablas del tabernáculo. En segundo lugar venían los gersonitas, para cubrirlas con sus cortinas y velos. En tercer y último lugar venían los coatitas, para depositar sus vasos velados tanto en el Lugar Santo como en el Santo de los Santos: los cuales los sacerdotes luego desenvolvían y colocaban en sus posiciones propias.


Versículo 6: Y meterán las varas

No en el arca, porque ya habían sido puestas en ella y nunca se sacaban, como es claro por Éxodo 25:15; por tanto, meterán y colocarán estas varas sobre los hombros de los porteadores, a saber, los coatitas.


Versículo 7: Los incensarios

Nuestro traductor los coloca primero, mientras que en el hebreo se colocan al final, y esto para unir los vasos propios de las libaciones, a saber, las copas y cráteras, con lo que sigue, para las libaciones que se han de derramar (como tiene el hebreo); pues el incienso se quemaba junto con los sacrificios, y se guardaba en estos incensarios; en los morteros, es decir, pequeños platillos, se recibía la flor de harina para la minchá, u ofrenda de cereales; en las copas y cráteras, finalmente, se recibía el vino o el aceite para derramar y ofrecer como libación. Pues esto es lo que significa ad liba fundenda. Nótese aquí: aunque el incienso y la harina a veces se llaman libaciones, propiamente hablando solo los líquidos, como el vino y el aceite, son libaciones.

Los panes (de la proposición) estarán siempre sobre ella. — «Sobre ella», a saber, la mesa. Entiéndase esto referido a la tierra prometida, donde los hebreos, estando en reposo, darían culto debidamente a Dios y observarían estas ceremonias. Así dicen algunos. Pero lo contrario parece más verdadero; pues aquí Moisés habla de lo que debía hacerse en el desierto, cuando el campamento debía moverse y los enseres del tabernáculo debían ser empacados.


Versículo 10: Y meterán las varas

En el candelabro no había varas; por tanto, las ataban al bulto del candelabro, luego las colocaban sobre sus hombros, y así transportaban el candelabro; pero en el arca, la mesa y el altar había varas; de ahí que lo que se dice inmediatamente en el versículo 11, acerca del altar: «Y meterán las varas», debe entenderse no como dentro del altar, sino sobre los hombros de los porteadores, como dije en el versículo 6.


Versículo 11: El altar de oro

El altar del incienso, que estaba hecho de madera de acacia pero cubierto con placas de oro, mientras que el altar de los holocaustos estaba cubierto con placas de bronce en sus lados.


Versículo 13: Limpiarán también el altar de cenizas

Tanto de las víctimas quemadas en él en el Sinaí, como de la leña con la que en adelante debía mantenerse el fuego sagrado, según el precepto de Dios dado en Levítico capítulo 6, versículo 12. Pues después de su partida del Sinaí, los hebreos ya no sacrificaron víctima alguna en el desierto.


Versículo 14: Las horquillas, los tridentes y los garfios

En hebreo, para estos tres hay una sola palabra mislegot, que significa una horquilla, ya sea un tridente o un garfio de una sola punta, es decir, un gancho con un solo diente. Aquí se omiten las palanganas, que se encuentran en el hebreo, de las cuales hablé en Éxodo 25:29.


Versículo 15: No tocarán los vasos

A saber, cuando están al descubierto y no envueltos. Santo Tomás añade que los levitas no tocaban ni siquiera los vasos mismos, aunque estuvieran envueltos, sino solo las varas colocadas sobre ellos.

Tropológicamente, Orígenes, homilía 4, dice: «El pueblo cristiano lleva el Santo de los Santos velado sobre sus hombros cuando recibe los Sacramentos y cumple los preceptos cuyo significado no comprende».


Versículo 16: Sobre ellos estará Eleazar

Sobre ellos (los coatitas) estará Eleazar, por ser él mismo descendiente de Coat. Sobre los gersonitas y meraritas, en cambio, presidía Itamar, el hijo menor de Aarón, pero de tal manera que Eleazar ejercía la superintendencia y cuidado generales sobre todos.

A cuyo (de Eleazar) cuidado pertenece el aceite, el incienso y el (perpetuo) sacrificio que siempre se ofrece. — No es que solo Eleazar sacrificara o quemara incienso, sino que era su deber velar y proveer que este material, a saber, el aceite, la flor de harina y el incienso, no faltara. Este cuidado fue luego distribuido en ciertos aspectos a los levitas, a saber, el cuidado de la flor de harina, el vino, el incienso, el aceite y las especias, como es claro por I Paralipómenos 9:29.


Versículo 18: No dejéis perecer al pueblo de Coat

No permitáis que los coatitas sean destruidos y muertos por Mí, lo cual sucederá si tocan el Santo de los Santos, es decir, los vasos más sagrados del tabernáculo.


Versículo 28: Éste es el servicio

Es decir, el ministerio de los gersonitas. Pues el hebreo abodá significa trabajo, servicio, ministerio, y porque aquí éste era sagrado, por eso nuestro traductor lo llama cultus (culto).


Versículo 37: A éstos contaron Moisés y Aarón, según la palabra del Señor por mano de Moisés

La expresión por mano de Moisés debe referirse no a «contaron» sino a «la palabra del Señor», como si dijera: Todos fueron contados según la palabra y mandato del Señor, quien ordenó que esto se hiciera «por mano de Moisés», es decir, por medio de Moisés como su ministro e instrumento. Pues esto es lo que «mano» significa, en cuanto que la mano en el hombre es el órgano de los órganos.


Versículo 49: Moisés los contó, a cada uno según su oficio y sus cargas

Es decir, diciendo y mandando a cada uno: Aquellos gersonitas llevarán las cortinas del tabernáculo, éstos la cubierta de pelo de cabra, aquéllos el velo de la entrada, y de igual modo para los meraritas y coatitas, distribuyendo a cada uno sus tareas particulares. Y esto parece haber sido la función entera y todo el oficio ordinario de los levitas hasta el tiempo de David, a saber, transportar y custodiar los vasos del tabernáculo, como se indica en I Paralipómenos 23:26. Pero David, como se dice en el mismo lugar, les asignó el oficio de cantar, o salmodiar, y otros deberes, y los distribuyó entre ellos. Digo ordinario: pues extraordinariamente, los levitas ayudaban a los sacerdotes a desollar, despedazar y quemar las víctimas, cuando los sacerdotes mismos no eran suficientes para estas tareas, como es claro por II Paralipómenos 29:34.


Los ministros de la Antigua Ley y de la Nueva

De estos ministros de la antigua ley surgieron los ministros de la nueva ley, es decir, según su modelo fueron establecidos los ministros de la nueva ley en la Iglesia; a saber, de los levitas, los diáconos; de los sacerdotes, hijos de Aarón, los presbíteros; del sumo sacerdote, los obispos; de los cantores del templo, los cantores de la Iglesia; de Aarón y sus hijos, que cuidaban las lámparas, Éxodo 27:21, los acólitos, a quienes llaman portavelas; de los natineos, de quienes hablaremos en Josué capítulo 9, último versículo, los subdiáconos; de los nazireos, de quienes se trata en el capítulo 6, los religiosos. Así lo enseña Inocencio III, libro I, Del Sagrado Misterio del Altar, desde el capítulo II al VII. Pues si el oficio de los levitas de antaño, que meramente servían a los sacerdotes en torno al tabernáculo, era tan grande que Dios aquí asigna cuidadosamente a cada uno individualmente sus tareas particulares, ¡cuán grande será el oficio de los diáconos y ministros del Nuevo Testamento, que sirven en el sacrificio del Cuerpo y la Sangre de Cristo! Ciertamente es angélico, y frecuentemente ha sido asumido por ángeles.


Ángeles que ministran en los sagrados ritos

Cuando un día de Pascua el Papa Gregorio I celebraba en la iglesia de Santa María la Mayor, y había dicho: «La paz del Señor sea siempre con vosotros», un ángel del Señor respondió en voz alta: «Y con tu espíritu». Por lo cual, cuando el Papa celebra allí en ese día y dice «La paz del Señor», etc., nada se responde, dice Juan el Diácono, en la Vida de San Gregorio.

El obispo Próculo, mártir, vino de Siria a Roma en tiempo del emperador Justino, y recorriendo toda la provincia romana predicó, resplandeciendo con milagros y la santidad de su vida. Cuando un día celebraba los sagrados ritos en presencia de Valentín, obispo de Terni, un ángel del Señor tomó el cáliz del altar y lo elevó en el aire a la vista de todos, y luego lo volvió a colocar sobre el altar con la sangre consagrada, y el santo sacerdote, por mandato del ángel, bebió la sangre consagrada. Así lo refiere Pedro, obispo de Aquila, libro I, Catálogo de los Santos, capítulo 15.

En la Vida de San Osvaldo, obispo de Worcester, que vivió en el año del Señor 1170, se refiere que un ángel le ministraba diligentemente mientras ofrecía el sacrificio, y respondía en cada parte.

El hermano Juan de Parma, Ministro General de los franciscanos, llegó a la hora señalada para ofrecer el sacrificio, y no apareció ningún hermano para servir: inmediatamente un ángel se presentó y se hizo servidor, portando el rostro y el hábito de un religioso. Terminado el sacrificio, llegó el hermano y preguntó: «¿Os place, padre mío, celebrar los Sagrados Ritos?» Entonces el varón de Dios supo que había sido un ángel, no un religioso, quien había servido en los Sagrados Ritos. Así lo relatan sus Crónicas, tomo II, libro I, capítulo LVII.

San Nilo el Abad, en su epístola al obispo Anastasio, escribe de San Juan Crisóstomo que casi cada vez que celebraba, veía ángeles: «Cuando había comenzado», dice, «el santo sacrificio, muchísimas de aquellas Potencias Celestiales descendían inmediatamente del cielo, vestidas con túnicas espléndidísimas, con los pies descalzos, los ojos fijos y los rostros inclinados, y con gran silencio y reverencia permanecían alrededor hasta que aquel venerable misterio se completaba. Entonces, dispersas una por una por toda la iglesia, se unían a los sacerdotes y diáconos mientras distribuían el Cuerpo y la preciosa Sangre, asistiendo y ayudando diligentemente».

Escuchad algo aún más admirable. Cristo el Señor dio la sagrada comunión a San Dionisio el Areopagita. Pues cuando éste estaba encerrado en prisión con Rústico y Eleuterio, y no podía celebrar, Cristo se le apareció con una multitud de ángeles, y tomando el pan santo, se lo dio diciendo: «Recibe esto, mi amado, que pronto cumpliré para ti junto con mi Padre; pues conmigo está tu mayor recompensa, y para los que te escuchan, la salvación en mi reino. Obra ahora valientemente, y tu memoria será en alabanza». Así escribe Hilduino en la Vida de San Dionisio.

San Buenaventura, absteniéndose de la sagrada comunión por humildad, como si fuera indigno, recibió una partícula de la hostia consagrada de mano del celebrante por medio de un ángel, que la colocó en su boca, significando que debía desechar todo escrúpulo acerca de celebrar frecuentemente y conversar familiarmente con su Creador, por quien era amado. Así lo relata su Vida.

Lo mismo le sucedió a cierta santa matrona llamada Bertranda, como consta en la Vida de San Elzear, capítulo XVII.

En la Vida de los Santos Faustino y Jovita, mártires, leemos que cuando habían bautizado al soldado Segundo en Milán y quisieron darle la sagrada comunión, pero no tenían pan del cual confeccionarla, la recibieron traída por una paloma, y se la ofrecieron para que la consumiera. La paloma, que es símbolo del Espíritu Santo, significaba que también el Espíritu Santo está presente en la Eucaristía. Pues donde está el Hijo, allí también está el Padre y el Espíritu Santo.