Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del capítulo
Se describen el voto, la consagración y los ritos de los nazareos. En segundo lugar, en el versículo 23, se da la fórmula de bendición con la que los sacerdotes bendicen al pueblo.
Texto de la Vulgata: Números 6:1-27
1. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 2. Habla a los hijos de Israel y les dirás: Cuando un hombre o una mujer hicieren voto de santificarse y quisieren consagrarse al Señor; 3. se abstendrán del vino y de todo lo que puede embriagar. No beberán vinagre hecho de vino ni de cualquier otra bebida, ni cosa alguna que se exprima de la uva; no comerán uvas frescas ni secas; 4. todos los días durante los cuales están consagrados al Señor por voto, no comerán nada que pueda proceder de la vid, desde la pasa hasta la pepita de uva. 5. Todo el tiempo de su separación la navaja no pasará por su cabeza, hasta que se cumpla el día durante el cual está consagrado al Señor. Será santo, dejando crecer la cabellera de su cabeza. 6. Todo el tiempo de su consagración no se acercará a un cuerpo muerto; 7. ni se contaminará siquiera en el funeral de su padre o de su madre o de su hermano o de su hermana, porque la consagración de Dios está sobre su cabeza. 8. Todos los días de su separación será santo para el Señor. 9. Pero si alguien muriere repentinamente en su presencia, será contaminada la cabeza de su consagración: la cual rasurará inmediatamente el mismo día de su purificación, y de nuevo el séptimo día; 10. y el octavo día ofrecerá dos tórtolas o dos pichones al sacerdote a la entrada del tabernáculo del testimonio, 11. y el sacerdote ofrecerá uno por el pecado y el otro como holocausto, y hará expiación por él, porque pecó sobre el muerto: y santificará su cabeza en aquel día; 12. y consagrará al Señor los días de su separación, ofreciendo un cordero de un año por el pecado: pero de tal modo que los días anteriores queden anulados, puesto que su santificación ha sido contaminada. 13. Esta es la ley de la consagración. Cuando se cumplan los días que había determinado por voto, lo llevará a la puerta del tabernáculo de la alianza; 14. y ofrecerá su oblación al Señor: un cordero de un año sin mancha como holocausto, y una cordera de un año sin mancha por el pecado, y un carnero sin mancha como ofrenda pacífica, 15. también un canastillo de panes ázimos rociados con aceite, y tortas sin levadura ungidas con aceite, y las libaciones de cada uno: 16. los cuales ofrecerá el sacerdote ante el Señor, y hará la ofrenda tanto por el pecado como en holocausto. 17. Y al carnero lo inmolará como ofrenda pacífica al Señor, ofreciendo al mismo tiempo el canastillo de panes ázimos y las libaciones que por costumbre se deben. 18. Entonces el nazareo será rasurado a la puerta del tabernáculo de la alianza de la cabellera de su consagración; y tomará sus cabellos y los pondrá sobre el fuego que está debajo del sacrificio de las ofrendas pacíficas. 19. Y la espaldilla cocida del carnero, y una torta sin levadura del canastillo, y una oblea ázima, las pondrá en las manos del nazareo, después de que haya sido rasurada su cabeza. 20. Y recibiéndolas de nuevo de él, las elevará ante la presencia del Señor: y siendo santificadas pertenecerán al sacerdote, como el pecho que se mandó separar y el muslo. Después de esto el nazareo podrá beber vino. 21. Esta es la ley del nazareo, cuando haya prometido su oblación al Señor en el tiempo de su consagración, aparte de aquellas cosas que hubiere hallado su mano; conforme a lo que había prometido en su mente, así lo hará para la perfección de su santificación. 22. Y habló el Señor a Moisés, diciendo: 23. Habla a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los hijos de Israel y les diréis: 24. El Señor te bendiga y te guarde. 25. Muestre el Señor su rostro ante ti y tenga misericordia de ti. 26. Vuelva el Señor su rostro hacia ti y te dé la paz. 27. E invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel; y yo los bendeciré.
Versículo 2: Cuando un hombre o una mujer hicieren voto de santificarse
En hebreo, cuando se separaren, o se hicieren admirables al hacer voto, es decir, cuando hubieren hecho el voto del nazareo, para separarse del modo común de vida, costumbres y manera de vivir (lo cual es algo nuevo y admirable), y consagrarse al Señor. Santificación aquí, por tanto, significa separación de la vida común de los hombres, y abstinencia del vino y la bebida fuerte, es decir, de toda bebida que pueda embriagar, y esto para honor y culto de Dios, de cuya separación el nazareo, es decir, el separado, toma su nombre. Más sobre esto en el versículo 7.
Los nazareos entre los judíos
Los nazareos entre los judíos eran hombres religiosos que, para dedicarse más libremente a la ley y a la meditación de las cosas divinas, renunciaban al trato con los demás, ya perpetuamente o por un tiempo, y se entregaban enteramente al Señor; o bien quienes, habiendo abusado antes del vino y otros placeres, se obligaban después a una vida de abstinencia y mayor austeridad, para afligir el cuerpo. Estos eran nazareos penitentes; los primeros eran, por así decirlo, nazareos contemplativos. Así Vatablo. Además, los nazareos eran de dos clases: pues algunos tenían voto perpetuo, como Samuel, 1 Reyes 28, y Sansón, Jueces 13:7; otros por un tiempo determinado, que no estaba fijado por la ley, sino que cada uno establecía el plazo según su propia devoción. Tal nazareo fue San Pablo, Hechos 21:23.
Nota sobre la palabra nezer
Nótese que nezer significa primero, separación; segundo, consagración; tercero, corona; cuarto, la cabellera o melena a modo de corona, que se consagraba a Dios. De ahí que nazir, derivado de nezer, es decir, nazareo, significa primero, separado para Dios; segundo, consagrado; tercero, coronado; cuarto, de larga cabellera.
Sentido alegórico: los nazareos y Cristo
Alegóricamente, Ruperto aplica todas estas cosas a Cristo, de quien se dice a través de los Profetas en Mateo 2, último versículo: «Porque será llamado Nazareno;» lo cual San Jerónimo explica así: Nazareno, dice, se interpreta como santo. Y toda la Escritura proclama que el Señor había de ser santo, y todos estos nazareos, y específicamente el patriarca José, Génesis 49:26, y Sansón, Jueces 13:5, prefiguraron su santidad: como símbolo de lo cual Cristo fue criado en Nazaret, por providencia de Dios, significando con ello que Él era nazareo en vida y costumbres; y León de Castro prueba esto extensamente en su comentario a Isaías 11:1, tanto por otros argumentos como por el hecho de que los Evangelistas siempre escriben Nazarenus con la letra zeta, que corresponde al hebreo zain, con cuya letra se escriben nuestros nazareos. Pues si Nazarenus derivase de netser, Isaías 11:1, es decir, flor o vástago, como muchos pretenden, entonces no escribirían Nazarenus con z, sino con la letra s. Pues netser allí se escribe con tsade, cuya letra siempre es vertida por los escritores sagrados como s, nunca como z; pero esta cuestión debe tratarse con mayor precisión en Mateo 2.
Versículo 3: Todo lo que se exprime de la uva
En hebreo, el residuo de las uvas, es decir, todo el líquido restante que se exprime de uvas ya prensadas y luego remojadas en agua o cocidas. Pues los nazareos no podían comer ni beber nada de esto.
Versículo 4: Desde la pasa hasta la pepita de uva no comerán
Es decir, ni siquiera una sola pepita de uva, o absolutamente nada que pertenezca a la uva, comerán. Pues esto es lo que significa esta expresión hebrea. Una expresión semejante se encuentra en el capítulo 8, versículo 4, en el hebreo, y en Génesis 14:23, donde dice: «Desde un hilo hasta la correa de una sandalia,» es decir, ni siquiera un hilo o una correa aceptaré de todo lo que es tuyo. De aquí se deduce que los nazareos no podían comer pasas ni uvas secas.
Versículo 5: La navaja no pasará por su cabeza
A saber, para rasurar o cortar el cabello del nazareo. Hasta que se cumpla el día durante el cual está consagrado al Señor. — En hebreo, hasta que se cumplan los días durante los cuales se ha separado para el Señor. Será santo dejando crecer la cabellera de su cabeza, — como si dijera, será y será reconocido como nazareo, si conforme a este mandamiento mío deja crecer largo su cabello prometido.
Dios mandó al nazareo dejar crecer su cabello, en parte para que por esta señal se mostrase que estaba separado tanto del cuidado del cuerpo como de los placeres corporales, y en parte para que lo ofreciera al Señor al término de su voto.
Versículo 6: No se acercará a un cuerpo muerto
No irá al funeral de un difunto, ni siquiera de su padre o su madre. En esto los nazareos eran más perfectos que los sacerdotes ordinarios; pues estos podían asistir al funeral del padre, la madre, el hermano y la hermana, y así los nazareos se equiparan al Sumo Sacerdote, que no podía asistir al funeral ni del padre ni de la madre, Levítico 21:11.
Nota: Tres modos de contaminación por los muertos
Entre los hebreos, una persona se contaminaba por un cuerpo muerto de tres maneras: primera, si tocaba un cadáver o huesos, incluso los hallados en un campo; segunda, si iba a las exequias de quienes lloraban a un difunto, o si estaba en una casa en la que yacía un muerto, o uno que estaba agonizando, dice Abulense. Tercera, si tocaba alguno de sus vasos, como consta en Números 19:10 y siguientes.
Versículo 7: Porque la consagración de Dios está sobre su cabeza
Como si dijera: porque la cabellera sin cortar está sobre su cabeza, la cual muestra que está separado, coronado y consagrado al Señor; y en esta cabellera o melena parece haber consistido la principal ceremonia de los nazareos, y aquella por la cual eran más reconocidos y denominados. De donde se sigue:
Versículo 9: Será contaminada la cabeza de su consagración
Es decir, será contaminada su consagración, que es más visible en el cabello de la cabeza; y por ello, para que estos cabellos de los nazareos, siendo por así decirlo sagrados, no fueran después profanados, al término del voto se quemaban para el Señor a quien habían sido consagrados, como consta en el versículo 18.
Sentido tropológico: los nazareos y la vida religiosa
Tropológicamente, Rábano y Cirilo, en el libro XVI de Sobre la adoración, consideran que en los nazareos se significa la vida de los abstinentes y continentes. Por tanto, quien quiera consagrarse a Dios mediante un gran voto, es decir, mediante una vida de justicia perfecta, aparte su ánimo del vino y de la bebida fuerte, es decir, de todo lo que pueda perturbarlo. Estas cosas son el sentido mundano, los deseos terrenales, las solicitudes de la carne y las vanas distracciones. Deje crecer la cabellera de la cabeza, es decir, no tenga una mente desnuda, sino adornada con pensamientos divinos y ciencia. No se acerque a padre ni madre, es decir, renuncie al amor carnal y prefiera a Dios por encima del vínculo de la sangre.
Los religiosos como verdaderos nazareos
Por tanto, los nazareos prefiguraron la vida de nuestros religiosos, como enseña San Gregorio Nacianceno en su discurso en alabanza de San Basilio, San Gregorio en el libro XXXII de los Moralia, capítulo 17, Inocencio citado en el capítulo 4, 49, y Santo Tomás, II-II, Cuestión 186, artículo 6. Los religiosos, pues, son los verdaderos nazareos, es decir, separados de la vida común de los hombres, y asimismo coronados en la cabeza como Reyes y Emperadores, tanto del cielo como de la tierra, de quienes se dice, Lamentaciones 4: «Sus nazareos eran más blancos que la nieve, más puros que la leche, más rubicundos que el marfil antiguo, más hermosos que el zafiro.» En la nieve y la leche se significa la castidad de los religiosos; en el marfil antiguo, su obediencia constante y fuerte; en el zafiro, que es de color celeste, la pobreza que fija su esperanza solamente en Dios. De ahí que en el versículo 21, el estado nazareo sea llamado estado de perfección y santificación, a saber, de la ley antigua: así como la vida religiosa en la ley nueva es un estado de perfección — no de perfección ya adquirida (pues ese es el Episcopado), sino de perfección que ha de adquirirse mediante los tres votos. Pues, como dice Eusebio de Emesa: «Un religioso debe ser quien desdeña el descanso, huye del placer, busca el trabajo, es paciente en la humillación, impaciente del honor, pobre en dinero, rico en conciencia, humilde respecto a sus méritos, soberbio contra sus vicios.» De donde claramente se extravían aquellos conversos a la vida religiosa «que, como dice el Beato Próspero en Sobre la vida contemplativa, no se despojan de nada de sus costumbres anteriores, porque no cambian de mente sino de vestido; no de acción sino de hábito; no de obras sino de palabras. Pues en la vida religiosa viven de modo mundano, buscan la reputación de virtud en lugar de la virtud misma, predican grandes cosas y no las hacen, acusan los vicios y no los deponen, fingen públicamente que les desagrada lo que en secreto cometen.»
Sobre la abstinencia y los peligros de las pequeñas transgresiones
En segundo lugar, así como los nazareos, también los religiosos deben abstenerse del vino y de todo lo que puede turbar o contaminar la mente. Oigan ellos a San Jerónimo instruyendo al monje Paulino: «Sea tu comida sencilla y vespertina — hierbas y legumbres; de vez en cuando cuenta un pequeño pez entre tus mayores delicias: quien desea a Cristo y se alimenta de aquel Pan no se preocupa mucho de cuán costoso sea el alimento del que hace excremento.» Y más adelante: «No me contento con que nada en ti sea mediocre; deseo que todo sea sumo, todo perfecto.»
En tercer lugar, los nazareos debían abstenerse incluso de las pepitas de uva, para que de las pepitas no pasaran a las uvas, y de las uvas al vino: así los religiosos deben cercenar toda ocasión de gula y de pecado, aun la más pequeña y remota. Pues, como rectamente dice la Glosa sobre aquel pasaje de Job 31, Hice un pacto con mis ojos: «A la vista sigue el pensamiento, al pensamiento la delectación, a la delectación el consentimiento, al consentimiento la obra, a la obra la costumbre, a la costumbre la necesidad, a la necesidad la desesperación, a la desesperación la condenación.»
Oigan los religiosos, oigan los eclesiásticos, qué produce el descuido de los más pequeños cánones y ordenaciones, como enseña San Antonino, Parte 2 de su Historia, título 15, sección 2, después de haber tratado de muchas Órdenes religiosas: «Las antedichas Órdenes religiosas,» dice, «que comenzaron con gran fervor y santidad de vida, descuidando lo más mínimo de las tradiciones paternas, con el transcurso del tiempo gradualmente decayeron y se vaciaron, hasta sus mismos cimientos, a saber, sus votos sustanciales; pero por la misericordia divina, brotando de nuevo después de setenta años, reflorecieron en unos pocos que se reformaron a la vida regular.»
Oigan a San Anselmo, Epístola 6 a los monjes: «Es certísimo,» dice, «como hemos aprendido por experiencia en muchas iglesias, que en un monasterio donde las cosas más pequeñas se observan estrictamente, donde el rigor de los monjes permanece inviolable, allí reina la paz entre los hermanos, y cesan las quejas en los capítulos. Pero donde se descuidan las más pequeñas transgresiones, allí todo el Orden se disipa y destruye gradualmente. Si por tanto queréis ascender de virtud en virtud, temed siempre ofender a Dios en los más pequeños detalles.»
Con razón, pues, amonesta San Gregorio Nacianceno a los religiosos y religiosas, en su discurso Sobre la disimulación, diciendo: «Quisiera que no ignoraseis que una sola arruga es más vergonzosa para vosotros que las mayores heridas lo son para quienes viven en el mundo; pues una mancha no produce una fealdad tan notable y visible en vestiduras sucias como la produce en vestiduras limpias de un solo color.»
Sobre el cercenamiento de los afectos carnales
En cuarto lugar, el nazareo no podía llorar al muerto, ni siquiera al padre o a la madre: así los religiosos deben cercenar todos los afectos carnales hacia sus padres, y escuchar aquella palabra de Cristo, Mateo 8:22: «Sígueme;» y: «Deja que los muertos entierren a sus muertos;» y aquella del Salmo 44: «Escucha, hija, y mira, e inclina tu oído, y olvida a tu pueblo y la casa de tu padre, y el rey deseará tu hermosura.»
En quinto lugar, el nazareo se contaminaba incluso por la mera presencia de un cadáver: así un religioso debe estar lo más alejado posible de todo pecado, sobre lo cual hay más en el versículo 9.
En sexto lugar, la santificación de los nazareos consistía principalmente en dejar crecer su cabellera. Pero esto místicamente representa el brotar de los pensamientos santos, por los cuales la persona se hace santa; y estos los fomentan y nutren los religiosos.
Siete aplicaciones ulteriores a la vida religiosa
En séptimo lugar, si sucedía que el nazareo era contaminado por un cuerpo muerto, su cabellera era rasurada como contaminada, para que creciera cabellera nueva: así los religiosos, si sus pensamientos y afectos son manchados por alguna mancha de pecado, inmediatamente los cercenan y convocan otros nuevos y santos.
En octavo lugar, si el nazareo era contaminado, los días pasados de su nazareato se consideraban nulos, y estaba obligado a comenzar de nuevo el tiempo de su voto; pues Dios se complace sobre todo en la comunión ininterrumpida. Así el religioso, si ha caído en negligencia o algún otro pecado, debe emprender de nuevo el camino de la virtud con renovado esfuerzo, como si no hubiera hecho nada antes, y decir con el Salmista, Salmo 76: «Dije: Ahora comienzo.»
Sobre la quema del cabello y el religioso como holocausto
En noveno lugar, cuando se cumplía el tiempo del voto, el nazareo era rasurado, y los cabellos se quemaban sobre el altar del holocausto; con lo cual se significaba, dice Gregorio, libro II de los Moralia, capítulo 39, «que entonces alcanzamos la cumbre de la perfección cuando de tal modo vencemos nuestros peores vicios que incluso cortamos de la mente los pensamientos superfluos, cuya quema en verdad con el fuego del sacrificio es encenderlos con la llama del amor divino, para que el corazón religioso arda enteramente con el amor de Dios.» Y entonces el nazareo se ofrecía a sí mismo, primero, como ofrenda por el pecado, que significa la plena remisión de los pecados que los religiosos reciben a su entrada en la vida religiosa. De ahí que tanto por San Jerónimo, en su epístola a Demetríade, como por San Bernardo, en el libro Sobre el precepto y la dispensa, capítulo 23, y otros, la entrada en la vida religiosa se llame segundo bautismo; segundo, como ofrenda pacífica, que significaba que Dios se aplaca fácilmente y accede a las oraciones de los religiosos; tercero, como holocausto, que significaba que la vida religiosa no es otra cosa que un holocausto, como enseña Santo Tomás, II-II, Cuestión 186, artículo 7, porque así como en el holocausto se quemaba toda la víctima, así un religioso no tiene nada que no ofrezca a Dios. Pues ofrece sus bienes exteriores mediante el voto de pobreza, el bien del cuerpo mediante el voto de castidad, y el bien del alma mediante el voto de obediencia. Finalmente, para que a la vida religiosa no le falte ningún género de sacrificio, ella misma es también un ilustrísimo martirio. Pues, como dice San Jerónimo en el Epitafio de Paula, «el servicio inmaculado de una mente devota es un martirio cotidiano;» y San Bernardo, en el Sermón 1 de la fiesta de Todos los Santos: «Verdaderamente,» dice, «la pobreza voluntaria es un género de martirio.»
Los deberes y martirios de un monje
Escucha cuáles son los deberes y martirios de un monje, según San Jerónimo a Rústico: «En el monasterio,» dice, «que uno te enseñe el silencio, otro la mansedumbre; no hagas lo que quieras; come lo que te manden, viste lo que recibas; cumple la tarea que te asignen, sométete a quien no querrías; llega exhausto a tu lecho, y duerme mientras caminas, y sé obligado a levantarte antes de que se haya terminado tu sueño. Recita el salmo en tu turno, en el cual no se busca la dulzura de la voz sino la devoción de la mente; sirve a los hermanos, lava los pies de los huéspedes, sufre la injuria en silencio, teme al superior del monasterio como a un señor, ámalo como a un padre; cree que todo lo que él te mande es saludable para ti, y no juzgues la opinión de tus superiores, cuyo deber es obedecer y cumplir lo que se manda; que las mujeres conozcan tu nombre pero no tu apariencia; durante mucho tiempo aprende lo que podrás enseñar, y no creas a tus aduladores — más bien, a tus burladores.»
Estas cosas y más pueden encontrarse en Viegas sobre Apocalipsis 9:2, sección 11. Véase también Jerónimo Plato, Sobre el bien del estado religioso, libro II, capítulo 19, y capítulos 12 y 15.
Sobre la contaminación repentina del nazareo
Pero si alguien muriere repentinamente en su presencia, será contaminada la cabeza de su consagración. — ¿Por qué esto? Responde Lirano: para que el nazareo atribuyera tal muerte a sus propios pecados. Pues tan grande debe ser la humildad de un hombre religioso que atribuya a sus propios pecados cualquier mal que suceda.
En segundo lugar, Viegas arriba: Se considera contaminado el nazareo, dice, si alguien muere en su presencia, porque podría sospecharse que él fuese el asesino de aquella persona; para significar que un hombre religioso debe por todos los medios huir incluso de la mera apariencia y presunción del mal, aun estando libre de culpa, conforme a 1 Tesalonicenses 5: «Absteneos de toda apariencia de mal.»
En tercer lugar, y en el sentido llanamente genuino, Abulense: El nazareo era contaminado, dice, si alguien moría en su presencia, porque él mismo estaba obligado a ser inmune de toda contaminación; pues era santísimo en grado sumo, y en el caso de los muertos, la contaminación era máxima bajo aquella ley. De ahí que igualmente, si un cadáver o los huesos de un muerto hubieran caído por casualidad sobre el nazareo, o si él mismo hubiera sido llevado o hubiera caído por casualidad en la casa de un muerto, habría quedado contaminado; y esto para significar que un hombre religioso debe estar lo más alejado posible de todo pecado (pues el cadáver era el tipo del pecado), incluso del pecado accidental y subrepticio, incluso del pecado ajeno.
Sobre el doble rasurado del nazareo contaminado
La cual rasurará inmediatamente el mismo día de su purificación, y de nuevo el séptimo — día rasurará su cabeza, y esto para mayor limpieza. Pero los hebreos y Vatablo piensan que la cabeza del nazareo no debía ser rasurada el primer día, sino solamente el séptimo; pues el hebreo implica esto, leyendo así: Rasurará su cabeza el día de su purificación, el séptimo día la rasurará. Pero nuestro Traductor comprendió sagacísimamente que, según el modo hebreo, se ha de sobreentender la conjunción «y», como si dijera: Y el séptimo día la rasurará. Pues no es verosímil que el nazareo permaneciera en su contaminación hasta el séptimo día, sino que debía ser purificado y rasurado inmediatamente; y el hebreo vav, es decir «y», lo sugiere suficientemente, lo cual nuestro Traductor acertadamente traduce como «inmediatamente»; pues el hebreo lee, y será contaminado y rasurará, es decir, tan pronto como haya sido contaminado, rasurará.
Nota: Nazareos temporales y perpetuos
Este rasurado solamente debía hacerlo un nazareo temporal: pues uno perpetuo nunca era rasurado, por más que fuese contaminado, y en consecuencia tampoco ofrecía tórtolas o pichones para su expiación, como enseña Abulense, Cuestión 11 sobre el capítulo 13 de Jueces. Pues todas las prescripciones de este capítulo pertenecen solamente al nazareo que lo es por un período determinado de tiempo, como consta en los versículos 4, 5, 6, 13 y 18.
Versículo 10: A la entrada de la alianza del testimonio
Es decir, a la entrada del tabernáculo del testimonio. Así el hebreo, el caldeo y los Setenta. El tabernáculo, por tanto, aquí se llama alianza por metonimia: porque era el signo de la alianza establecida entre Dios y el pueblo por medio de Moisés.
Versículo 11: El sacerdote ofrecerá uno por el pecado
«Ofrecerá,» es decir, lo sacrificará y lo degollará; pero la carne corresponderá al sacerdote. Pues en el sacrificio por el pecado, solo la grasa debía ser quemada y consumida según la ley de Levítico 7:1. Pero en la tórtola y la paloma no hay grasa; por tanto, solo su sangre debía ser derramada y ofrecida a Dios.
Porque pecó sobre el muerto, — porque fue contaminado sobre un muerto, es decir, porque fue manchado por el funeral del difunto. Pues «pecado» aquí no significa culpa, sino impureza legal. Véase lo dicho en Levítico 15:15.
Versículos 11-12: Santificará la cabeza y consagrará los días
Y santificará su cabeza en aquel día, y consagrará al Señor los días de su separación, — en hebreo, los días de su nazareato, es decir, desde ese momento comenzará de nuevo a contar el tiempo de su nazareato, esto es, el tiempo durante el cual el otro había hecho voto de ser nazareo, como si dijera: el sacerdote, mediante esta purificación, restaurará la cabeza del nazareo a su anterior santidad y consagración, de modo que desde aquel día de purificación comiencen de nuevo los días de su voto y consagración: pues los primeros días habían quedado anulados por la impureza sobrevenida.
Versículo 13: El triple sacrificio al cumplimiento del voto
Cuando se hayan cumplido los días que había determinado por su voto, lo llevará (suplir: el sacerdote, pues él es el ministro del tabernáculo y de todas las cosas sagradas) a él (al nazareo) a la entrada del tabernáculo de la alianza, — para que ofrezca en su nombre todo género, es decir, el triple género de sacrificio, a saber: «un cordero para el holocausto, un carnero para la ofrenda pacífica, y una oveja por el pecado» — no por algún pecado particular y determinado, sino por el pecado en general, por si hubiera cometido alguno antes, especialmente durante su nazareato. Así lo sostiene el Abulense.
Versículo 15: Un canastillo de panes ázimos
También un canastillo de panes ázimos que estén amasados (es decir, trabajados) con aceite (cuando la harina se amasaba y se trabajaba), y las libaciones de cada uno, — que están prescritas en el capítulo 15:4.
Versículo 18: El rasurado y la quema del cabello
Entonces el nazareo será rasurado ante la entrada del tabernáculo de la alianza, etc., y (el sacerdote) tomará sus cabellos y los pondrá sobre el fuego. — Los cabellos del nazareo se queman en honor de Dios, como ya sagrados y consagrados a Él: pues por los cabellos, que son la cobertura de la cabeza, se significaba que la cabeza misma del nazareo estaba consagrada a Dios; y puesto que la cabeza misma no podía ser ofrecida y quemada a Dios sin destruir a la persona, por tanto, en lugar de la cabeza, los cabellos eran dados a Dios y quemados, de modo que con este símbolo «consagrasen la perfección de su devoción al Señor,» dice Isidoro. De manera semejante, también los gentiles dedicaban sus cabellos a sus dioses, es decir, a los demonios, cuando se ofrecían a ellos, como atestigua Teodoreto sobre el capítulo 19 de Levítico, Cuestión 28, y Cirilo, Libro 16 de Sobre la Adoración. San Gregorio, Libro 2 de los Moralia, capítulo 6, y Ruperto interpretan estas cosas místicamente de otra manera, como dije en el versículo 7, a saber, que los cabellos significan pensamientos superfluos y presuntuosos, y por eso se manda quemarlos y consumirlos en honor de Dios.
Sobre la tonsura eclesiástica
Además, Isidoro enseña que el uso de la tonsura eclesiástica comenzó con los nazareos, en Sobre los Oficios Divinos: «La práctica de este ejemplo (de los nazareos),» dice, «fue introducida por los Apóstoles, para que aquellos que están dedicados al culto divino y consagrados al Señor, como nazareos, es decir, santos de Dios, fueran renovados por el corte del cabello; de modo que con este signo y práctica religiosa se cortasen los vicios, y fuésemos despojados de los crímenes de nuestra carne, como de cabellos, despojándonos del hombre viejo con sus obras: renovación que debe realizarse en la mente, pero demostrarse en la cabeza, donde se sabe que la mente misma habita; y porque la parte superior de la cabeza se afeita mientras se deja una corona circular abajo, creo que el sacerdocio y el reino de la Iglesia se figuran en ellos. De aquí también la tiara se colocaba entre los antiguos sobre la cabeza de los sacerdotes, porque vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real.»
También se da otra razón para esto, a saber, por la perpetua memoria de la corona de espinas de Cristo: y que esto fue practicado por los Apóstoles y transmitido a la Iglesia, Beda lo enseña con firme aseveración en el Libro 5 de la Historia Eclesiástica de los Ingleses, capítulo 22: «Ni tampoco,» dice, «nos tonsuran en corona solo porque Pedro fue así tonsurado, sino porque Pedro fue así tonsurado en memoria de la pasión del Señor: por tanto, también nosotros, que deseamos ser salvados por la misma pasión, llevamos el signo de esa pasión en la coronilla de nuestra cabeza juntamente con él. Así como los fieles llevan el signo de la cruz en la frente contra los espíritus malignos, y para aprender que deben crucificar la carne con sus vicios: así los clérigos y los monjes llevan la forma de la corona que Cristo portó, corona de espinas, sobre Su cabeza en Su pasión, para que Él llevase, es decir, quitase y apartase de nosotros las espinas y los cardos de nuestros pecados: de modo que ellos, por su misma apariencia, se enseñasen a sí mismos a soportar con voluntad y prontitud las burlas y los insultos por Cristo; de modo que mostrasen que siempre esperan la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman, y que por alcanzarla desprecian tanto las adversidades como las prosperidades del mundo.» Esto y más cosas enseña Beda, y también Albino Flaco, Sobre los Oficios Divinos.
Sobre el rasurado monástico de la cabeza
Pero para los monjes, desde el tiempo de San Dionisio Areopagita ya, como él mismo atestigua en la Jerarquía Eclesiástica, Partes 2 y 3, se acostumbraba rasurar la cabeza: pues el rasurado de la cabeza es un recordatorio y símbolo, primero, de una persona que está de luto y afligida; segundo, de alguien casto y «sin adorno, con el ornamento de la modestia,» como dice San Paulino, Epístola 7; tercero, de quien desprecia las cosas terrenas y medita sobre las celestiales. Véase más en Baronio en el año de Cristo 58.
Versículo 20: Las porciones santificadas para el sacerdote
Las porciones santificadas (es decir, las elevadas y ofrecidas a Dios) pertenecerán al sacerdote, como el pecho (así también) y el muslo, — la espalda derecha, como tiene el hebreo; pues esta espalda, como también el pecho, en las ofrendas pacíficas correspondía al sacerdote y era separada para él de la víctima, como es claro por Levítico 7:31 y 32.
Versículo 21: La ley del nazareo
Esta es la ley del nazareo, cuando haya hecho voto de su ofrenda al Señor, al tiempo de su consagración, — es decir, cuando ha hecho voto del nazareato, o de ser nazareo, y consecuentemente cuando ha hecho voto de la ofrenda que debe hacerse al final del voto, que yo aquí he prescrito para los nazareos: lo ha prometido, digo, en el día de la consagración, es decir, en el día en que se consagró a Dios y comenzó a ser nazareo.
Además de aquello que su mano hallare (como si dijera: ofrecerá las víctimas ya prescritas en el versículo 14, además de aquellas que quiera ofrecer voluntariamente, según sus medios y recursos; y esto) para la perfección de la santificación. — En hebreo: según la ley de su nazareato, que pertenece a su perfección en la santidad del estado de aquel tiempo, a saber, del Antiguo Testamento.
Versículos 23-24: La bendición sacerdotal
Habla a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los hijos de Israel: Que el Señor te bendiga, — es decir, que el Señor te conceda abundancia de todos los bienes temporales y espirituales; pues esto es lo que significa la bendición entre los hebreos.
Versículo 25: Que el Señor muestre Su rostro hacia ti
En hebreo: Que el Señor haga brillar Su rostro sobre ti, es decir, que Dios se muestre benigno, alegre, propicio y generoso contigo. Pues esto es lo que significan la luz y la iluminación en la Escritura, como en el Salmo 96:11: «La luz se ha levantado para el justo, y la alegría para los rectos de corazón;» y el Salmo 44:4: «Pues no fue por su espada como poseyeron la tierra, ni su brazo los salvó, sino Tu diestra y Tu brazo, y la luz de Tu rostro, porque Te complaciste en ellos.»
En segundo lugar, el sentido mejor y más genuino es: como si dijera, que el Señor sea para ti como una luz y una lámpara, de modo que dirija todas tus acciones. Que esto es así queda claro por el hecho de que en el Salmo 66:1, donde se repiten estas bendiciones, cuando el Salmista había dicho: «Que Dios haga brillar Su rostro sobre nosotros,» inmediatamente añade como explicación: «Para que conozcamos Tu camino sobre la tierra.» De aquí también en el Salmo 4:7 se dice: «La luz de Tu rostro, oh Señor, se ha grabado sobre nosotros,» como si dijera: la lámpara de la razón y de la fe ha sido encendida en nosotros por Tu luz divina, oh Señor. En sentido similar se dice en el Salmo 17:29: «Porque Tú iluminas mi lámpara, oh Señor;» y el Salmo 118:135: «Haz brillar Tu rostro sobre Tu siervo, y enséñame Tus preceptos;» y Lucas 1:79: «Para iluminar a los que están sentados en tinieblas y en sombra de muerte, para dirigir nuestros pies por el camino de la paz;» y el Salmo 89, último versículo: «Sea el esplendor del Señor nuestro Dios sobre nosotros, y dirige las obras de nuestras manos sobre nosotros.»
Versículo 26: Que el Señor vuelva Su rostro hacia ti
Como si dijera: que el Señor te consuele, te ayude y te proteja. Metafóricamente se atribuye a Dios la conversión del rostro, como también su aversión, significando Su ayuda presente, así como la aversión significa Su abandono. En esta bendición sacerdotal, dice Rábano, que está formulada en forma triple, el nombre del Señor se establece y se repite tres veces, para significar la Santísima Trinidad, de la cual, por la cual y en la cual están todos los bienes: de aquí que también ahora entre los cristianos, la bendición eclesiástica se confiere por los nombres de las Personas de la Santísima Trinidad, diciendo: Que os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo; o: Que Dios esté en tu corazón y en tu boca, para que debidamente anuncies Su Evangelio, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Versículo 27: Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel
En hebreo: y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, a saber, invocándolo sobre ellos; de donde Vatablo y los hebreos lo explican así, como si dijera: cuando los sacerdotes bendigan a los hijos de Israel, unirán a su bendición mi nombre tetragrama.
Sobre la eficacia de la bendición sacerdotal
Y yo los bendeciré. — Nótese aquí la eficacia y el efecto de la bendición sacerdotal, incluso en la ley antigua. Pues Dios promete aquí que escuchará esta bendición y la cumplirá realmente, y bendecirá, es decir, hará el bien al pueblo así bendecido por el sacerdote. De este modo, la bendición de los padres, especialmente de los moribundos, dada a sus hijos era antiguamente eficaz, y por eso era ávidamente buscada por los hijos, como es evidente en la bendición de Isaac, Génesis 27, y de Jacob, Génesis 29, y de Moisés, Deuteronomio 31. Y esto es lo que dice el Sabio, Eclesiástico 3:11: «La bendición del padre fortalece las casas de los hijos; pero la maldición de la madre arranca sus cimientos.» ¿Qué tiene de extraño, pues, que la bendición de los sacerdotes del Nuevo Testamento sea eficaz? Especialmente si se pide y se recibe con la fe y la devoción que conviene. De aquí que los verdaderos católicos acostumbren a pedirla y recibirla con reverencia. Así la mayoría de los ingleses, incluso los nobles, cuando un sacerdote entra en la casa, se postran con toda su familia en el suelo y le suplican humildemente su bendición. Así, de los Santos Padres y ermitaños, los cristianos de antaño, incluso los príncipes, solían pedir la bendición, y experimentaban su gran fruto. Así, finalmente, Cristo, sumo sacerdote, ascendiendo al cielo, bendijo a los suyos, Lucas, último capítulo, versículo 51. Más sobre esta bendición pontifical he tratado en Eclesiástico 36:19.