Cornelius a Lapide

Números XVII


Índice


Sinopsis del capítulo

Moisés recibe doce varas de los doce príncipes de las tribus: entre ellas sola la vara de Aarón florece, y por este milagro y señal, el sacerdocio es asignado y confirmado a Aarón por Dios.


Texto de la Vulgata: Números 17:1-13

1. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 2. Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos varas, una por cada parentela, de todos los príncipes de las tribus, doce varas, y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara, 3. pero el nombre de Aarón estará en la tribu de Leví, y una vara contendrá todas las familias por separado: 4. y las pondrás en el tabernáculo de la alianza ante el testimonio, donde hablaré contigo: 5. a quien de entre estos yo eligiere, su vara germinará: y haré cesar de mí las quejas de los hijos de Israel, con las cuales murmuran contra vosotros. 6. Y Moisés habló a los hijos de Israel: y todos los príncipes le dieron varas por cada tribu; y hubo doce varas, además de la vara de Aarón. 7. Y cuando Moisés las hubo colocado ante el Señor en el tabernáculo del testimonio, 8. al día siguiente, regresando, encontró que la vara de Aarón en la casa de Leví había germinado: y las yemas hinchadas habían brotado en flores, las cuales, extendiéndose las hojas, se habían transformado en almendras. 9. Moisés, pues, sacó todas las varas de la presencia del Señor a todos los hijos de Israel; y vieron y recibieron cada uno su vara. 10. Y el Señor dijo a Moisés: Devuelve la vara de Aarón al tabernáculo del testimonio, para que se guarde allí como señal de los hijos rebeldes de Israel, y cesen sus quejas de mí, para que no mueran. 11. Y Moisés hizo como el Señor había mandado. 12. Y los hijos de Israel dijeron a Moisés: He aquí que hemos sido consumidos, todos hemos perecido: 13. quien se acerca al tabernáculo del Señor muere: ¿acaso todos hemos de ser completamente destruidos?


Versículo 2: Toma de ellos varas, una por cada tribu

2. HABLA A LOS HIJOS DE ISRAEL, Y TOMA DE ELLOS VARAS, UNA POR CADA PARENTELA (es decir, tribu). — Pues Moisés recibió aquí solamente doce varas, según el número de las doce tribus, a saber, una de cada tribu, además de la vara de Aarón.

Nota: A causa de la sedición y la murmuración de Coré y sus seguidores, quienes contendían con Aarón acerca del sacerdocio, como se describe en el capítulo precedente, Dios manda aquí que cada tribu y sus príncipes traigan sus varas, para que por un nuevo milagro — el florecimiento de la sola vara de Aarón — dirima esta disputa y le asigne y confirme el sacerdocio. De ahí que este milagro parece haber ocurrido en el mismo año que la sedición de Coré, a saber, el segundo año después de la salida de Egipto, como dije en el capítulo precedente, versículo 2, que fue el año del mundo 2455.

Y ESCRIBIRÁS EL NOMBRE DE CADA UNO SOBRE SU VARA. — «De cada uno», a saber, del príncipe de cada tribu. Esto es claro por el hebreo, que dice: «Y que cada uno (a saber, el príncipe) escriba su nombre sobre su vara.» Pues todos los príncipes eran los primogénitos de todo el pueblo y de cada tribu, y por tanto, por encima de todos los demás, el derecho del sacerdocio parecía pertenecerles a ellos: de ahí que, para dirimir toda disputa sobre ello, solo los nombres de los príncipes fueron inscritos en las doce varas, y en la decimotercera se inscribió el nombre de Aarón, que era el primogénito en la tribu de Leví; pues el hijo primogénito de Leví era Quehat, el de este era Amrán, y el de este era Aarón: pues Aarón era mayor que Moisés, su hermano.


Versículo 3: El nombre de Aarón en la tribu de Leví

3. PERO EL NOMBRE DE AARÓN ESTARÁ EN LA TRIBU DE LEVÍ. — En hebreo dice, «en la vara de Leví.» Así también los Setenta. Pues cada tribu, o como sigue, todas las familias de una tribu tenían una vara, en la cual se inscribía el nombre del príncipe o primogénito de esa tribu. Por tanto es muy probable que la vara de Aarón fuera diferente de la vara de Moisés, con la cual este trajo plagas sobre Egipto y dividió el Mar Rojo; y esto se prueba primeramente porque esta vara se llama aquí la vara de Leví, no de Moisés. Segundo, porque de otro modo la suerte de las varas habría sido desigual, y los demás príncipes habrían sospechado de Aarón y de Moisés, si Moisés hubiera dado a su hermano aquella vara que había sido instrumento de tantos prodigios, mientras los otros traían un bastón o cayado ordinario como su vara; y en consecuencia habrían atribuido el milagro de la vara floreciente no a Aarón, sino a la vara misma. La vara de Aarón era, por tanto, una vara ordinaria, semejante a las varas de los otros príncipes. Así Abulense, Cayetano y otros. De ahí que los hebreos relatan que todas estas trece varas provenían del mismo almendro, y Cirilo en la Cadena de Francisco Zéfiro dice: «Eran todas varas de almendro, según la costumbre de aquella nación, que usaba ese árbol por encima de todos los demás para bastones; pues tal árbol lleva el símbolo de la vigilancia.» Pues el almendro sobresale en producir renuevos o ramas que son rectos y altos: por tanto es muy apto para cortar de él bastones para los ancianos y cetros para los príncipes.

Escucha lo que relata o sostiene San Simeón, según lo cita Galatino, Libro 6, último capítulo: «Aquella vara con la que Moisés y Aarón obraron milagros en la tierra de Egipto, y que después floreció en el desierto, fue cortada de aquel árbol que Dios mostró a Moisés en el desierto, para que las aguas amargas se volvieran dulces. Y este árbol fue cortado del árbol de la vida que estaba en el paraíso, por manos de los ángeles; lo enviaron a Adán, cuando este había enviado a su hijo Set al paraíso a implorar la misericordia de Dios por su pecado. Y los ángeles dijeron a Set que plantara este árbol, y tan pronto como diera fruto, las misericordias de Dios descenderían sobre él y las puertas del cielo, que estaban cerradas, serían abiertas. Set recibió este árbol, o más bien rama, y lo plantó en el desierto, el cual Moisés encontró después en el desierto, y de él cortó su vara, y por eso fue llamada la vara de Dios. Y cuando Israel llegó a Mará y no podía beber sus aguas (pues eran amargas), Dios mostró a Moisés este árbol, para endulzar aquellas aguas. Y este es aquel árbol en el cual Moisés colocó la serpiente de bronce, por medio del cual Dios resolvió salvar al mundo entero y enviar su misericordia sobre Adán, cuando viniese el Rey Mesías. Pues entonces este árbol dará frutos con los cuales por segunda vez las aguas amargas serán endulzadas, y purgarán el primer pecado y todas las ofensas que los hombres han cometido y cometerán.» Insinúa que la cruz de Cristo fue hecha de este árbol. Pero estas cosas saben a invenciones y fábulas de los judíos.


Versículo 4: Ponlas ante el testimonio

4. Y LAS PONDRÁS EN EL TABERNÁCULO DE LA ALIANZA ANTE EL TESTIMONIO — es decir, ante el arca del testimonio, en la cual estaba el testimonio, esto es, las tablas de la ley, que eran testimonio tanto de la alianza establecida entre Dios y el pueblo, como de la voluntad de Dios, a saber, lo que Dios quería que hiciesen los hebreos. De ahí parece que todas estas varas fueron colocadas en el Santo de los Santos, ante el arca: y en ella fue después colocada la vara de Aarón, como es claro por el versículo 10 y Hebreos 9:4, como señal y memorial perpetuo de tan gran milagro, por el cual Aarón fue designado y confirmado como sumo sacerdote, así como en el mismo Santo de los Santos estaba el maná, como señal y memorial perenne del alimento dado a los hebreos en el desierto, y las tablas de la ley recibidas de Dios. Y parece que con esta vara de Aarón fue golpeada la roca cuando dio agua, Números 20, como se colige del versículo 9 de allí. Qué fue de la vara de Moisés es incierto, especialmente puesto que el Apóstol, en Hebreos 9:4, solo menciona la vara de Aarón que había germinado.


Versículo 5: Su vara germinará

5. A QUIEN DE ENTRE ESTOS YO ELIGIERE, SU VARA GERMINARÁ (daré las razones simbólicas de esta germinación en el versículo 8), Y CONTENDRÉ DE MÍ (es decir, haré cesar, y, como leen los Setenta, apartaré de mí) LAS QUEJAS DE LOS HIJOS DE ISRAEL.


Versículo 6: Doce varas además de la de Aarón

6. Y HUBO DOCE VARAS, ADEMÁS DE LA VARA DE AARÓN. — Eugubino y los hebreos piensan que este pasaje ha sido mal traducido. Pues ellos piensan que no hubo aquí trece, sino solo doce varas, el mismo número que las tribus. Pues en hebreo dice literalmente: «Hubo doce varas, y la vara de Aarón estaba en medio de sus varas.» Pero que había doce tribus, y en consecuencia doce varas, además de la tribu y vara de Leví y Aarón, es claro por Números 1:5 y siguientes, y versículo 49. Pues la tribu de José fue dividida en dos, a saber, Efraín y Manasés: de ahí que Leví no era contado entre las doce tribus; y nuestro traductor entendió que esto se significaba aquí, cuando se dice: «Y la vara de Aarón estaba en medio de sus varas», a saber, estaba colocada en medio de las doce varas de las otras tribus y príncipes, como la decimotercera. Pues la tribu de Leví, aunque no era contada en la distribución y herencia de la tierra de Canaán, sin embargo era contada donde se trataba de las cosas sagradas y del sacerdocio (como aquí).


Versículos 7-8: Germinó la vara de Aarón

7 Y 8. Y CUANDO MOISÉS LAS HUBO COLOCADO ANTE EL SEÑOR, etc., AL DÍA SIGUIENTE, REGRESANDO, ENCONTRÓ QUE LA VARA DE AARÓN (quien era el primogénito) EN LA CASA (es decir, la tribu) DE LEVÍ HABÍA GERMINADO. — Este milagro fue una clara indicación de elección divina, a saber, que Aarón había sido designado por Dios como sumo sacerdote; pues estas varas estaban completamente secas y marchitas, pues eran bastones como los que tienen los viajeros o pastores de ovejas: de ahí que no podían naturalmente revivir y reverdecer.

8. Y LAS YEMAS HINCHADAS HABÍAN BROTADO EN FLORES, LAS CUALES, EXTENDIÉNDOSE LAS HOJAS (pues las hojas de las flores se extienden y caen cuando las flores se transforman en almendras u otros frutos), SE HABÍAN TRANSFORMADO EN ALMENDRAS — es decir: Al cambiar y cesar la forma de las flores, sus yemas se transformaron en frutos de almendras. En hebreo dice: «Y he aquí que la vara había producido un brote, y florecido una flor, y dado almendras.» Primeramente, pues, esta vara produjo un brote, luego una flor, e inmediatamente frutos, casi al mismo tiempo. Por «brote» entiéndase no hojas y follaje, sino bayas o yemas, como traduce nuestro intérprete. Pues estas bayas o cálices, pronto abriéndose y extendiendo sus pétalos, maduraron y se convirtieron en flores y luego en frutos. Pues el almendro florece antes de echar hojas; acostumbra producir yemas y flores antes que follaje. Esta vara de almendro, pues, produjo, antes de cualquier follaje, primero yemas, segundo flores, tercero frutos, y estos maduros, y todo súbitamente. De ahí que en hebreo dice: «y destetó almendras», es decir, tenía almendras ya maduras y llevadas a su tamaño y madurez propios, así como los niños son más grandes y desarrollados cuando son destetados.

De esto queda suficientemente claro que esta vara de Aarón era de madera de almendro; pues de otro modo, si hubiera sido un manzano o un peral, no habría producido almendras, sino manzanas o peras.

Nótese que hubo aquí un triple milagro: primero, que la vara seca germinara yemas; segundo, que al mismo tiempo estas yemas se convirtieran súbitamente en flores; tercero, que estas mismas flores se transformaran súbitamente en frutos, a saber, almendras. Abulense sostiene con plausibilidad que esta vara jamás se secó después, sino que siempre permaneció con flores, o más bien frutos, tanto porque las obras y milagros de Dios son perfectos, como porque esta vara era un memorial y testimonio perpetuo para la posteridad de lo acontecido, a saber, que mediante esta vara floreciente el sacerdocio había sido asignado a la familia de Aarón: pues esto no podía probarse ante la posteridad por una vara seca, sino por una verde. Pues de manera semejante, el maná, siempre el mismo y semejante a sí mismo e incorruptible, fue conservado en el tabernáculo, para dar a la posteridad prueba cierta de aquel maná que Dios había dado a sus padres en el desierto.

Oportunamente usó Dios aquí el almendro en la declaración de Aarón como sumo sacerdote: porque el almendro es el primero entre los árboles en florecer y el primero en producir sus yemas y flores: de ahí que en hebreo se llama shaqed, es decir, «el vigilante», porque es el primero entre los árboles en despertar y florecer después del invierno. De ahí aquella sentencia de Jeremías 1:10: «Veo una vara vigilante»; otros traducen, «veo una vara de almendro.» Esta vara de almendro, por tanto, significaba oportunamente que el derecho de primogenitura (pues esta entre los hijos es como el almendro, que florece primero entre los árboles), es decir, el sacerdocio, pertenecía a Aarón, de quien era esta vara. Se dice también que el almendro es el último entre los árboles en perder sus hojas, dice Filón, Libro 3 de la Vida de Moisés: y así significaba aquí la larga y casi perpetua vitalidad del sacerdocio aarónico.

Escucha a San Ambrosio, Libro 10, epístola 82: «Aquella vara floreciente de Aarón, ¿qué otra cosa muestra, sino que la gracia sacerdotal nunca se marchita, y en la mayor humildad posee en su oficio la flor de la autoridad que le fue confiada?» Añade Ambrosio que esta señal del almendro floreciente ocurrió cuando Aarón era ya anciano y se acercaba a la muerte (pues tenía en ese tiempo al menos 86 años), para significar que «el pueblo anciano y sacerdotal», a saber, el pueblo judío y aarónico, «carcomido por la antigüedad de su prolongada infidelidad, en los últimos tiempos del mundo, reformado por el ejemplo de la Iglesia, producirá por la gracia revivida la flor de la fe y la devoción que había estado muerta durante tantos siglos.»

Simbólica y tropológicamente, esta vara significa cómo debe ser el Obispo y Pastor: a saber, primero, que debe ser vigilante: pues el almendro, como dije, es ejemplo y símbolo de vigilancia. Segundo, que debe ser activo, ágil y pronto en toda obra y en el progreso de las virtudes. Pues este almendro súbitamente, y casi simultáneamente, produjo yemas, flores y frutos. Tercero, que debe ser laborioso, paciente, fuerte y vigoroso. Pues siendo el almendro el primero entre los árboles en florecer, necesariamente debe ser el primero en soportar y vencer el frío, las lluvias, los granizos y los vientos. Cuarto, debe estar entregado a una vida austera y a la mortificación. Pues las almendras son amargas. «La vida del sacerdote», dice Gregorio de Nisa en su libro Sobre la vida de Moisés, hablando de esta vara, «debe ser exteriormente áspera, y sobria y dura; pero interiormente, en lo oculto, debe contener un cierto alimento dulce, que se manifiesta cuando ha madurado y cuando la corteza astringente y envolvente se ha corrompido y la cáscara leñosa de la nuez ha sido quebrada.» El almendro, dice Filón, significa que se necesita un esfuerzo áspero y un trabajo para que alguien alcance el dulce fruto de la virtud: pues para disfrutar del fruto de la almendra, primero hay que romper la dura cáscara que cubre el fruto.

Tal vara fue San Nicolás cuando fue hecho obispo de Mira: pues aunque sus anteriores costumbres habían sido bien ordenadas por una cuidadosa disciplina, sin embargo, sabiendo que una cosa es la conducta de un hombre privado y otra la de uno que ejerce un cargo, pensó que toda su vida y carácter debían transformarse conforme a su dignidad. Por tanto, contento con una sola comida al día, y esa por la tarde, dedicaba diligentemente todo el día a los asuntos públicos. Durante la cena nunca faltaba la lectura de los libros sagrados, o al menos estaban presentes sacerdotes aprobados en saber y vida, por quienes era alimentado con algún alimento más dulce del alma. Retirándose de la mesa a su habitación, se sumergía enteramente en el campo de la contemplación celestial, y mediante la meditación nocturna reponía su mente, que había sido distraída por los variados cuidados del día. Habiendo pasado la mayor parte de la noche en estas delicias, finalmente dejaba su cuerpo en el suelo y lo reponía con un brevísimo sueño. También entonces comenzó a usar vestidura más simple y llana de lo que antes acostumbraba, en la cual no había absolutamente ningún esplendor u ostentación, sino más bien la marca de una disciplinada humildad y modestia: pues de ningún otro modo podía más sabia o fácilmente cortar el lujo de los sacerdotes en su vestimenta. Y sin embargo, tan lejos estuvo ello de disminuir su reputación, que la aumentó grandemente. Así relata su Vida.

San Andrés de los Carmelitas, cuando tenía cincuenta y ocho años de edad, tuvo su unánime elección como obispo de Fiésole por los canónigos, confirmada por el Espíritu Santo por boca de un infante en un voto milagroso; pues él, para guardar su castidad, una vez consagrada pero siempre bien protegida, constantemente mortificaba su cuerpo mediante gran sobriedad, y ceñía su cuerpo desnudo bajo las vestiduras con una cadena de hierro, y no dormía en otro lecho que en sarmientos de vid. Además, incluso en su ya avanzada edad, evitaba las conversaciones con mujeres no de otro modo que como se evitarían las fértiles semillas del vicio, como relata su Vida.

Digno de alabanza es lo que leemos del Papa Pío II, cuyas muchas otras virtudes se refieren, y especialmente esta: que acostumbraba comer alimentos moderados, ni suntuosos ni delicados, y siempre estaba contento con lo que se le pusiera delante, fuera lo que fuese. Usaba el vino muy parcamente, y bien aguado. Despreció de tal modo una mesa elaborada que usaba un servicio no pontificio sino humilde y casi rústico. Mientras comía hablaba del estudio de las artes liberales, recordando la memoria de los antiguos. Todo su placer, siempre que estaba libre de deberes públicos, estaba puesto en la lectura y la escritura frecuentes. Tenía los libros más caros que los zafiros y las esmeraldas, y solía decir que contenían una gran abundancia de crisolitos. Usaba vestidura simple, y vajilla de plata frugal más que regia. Así Platina y otros.

Del Cardenal Julián Cesarini queda registrado en la historia que acostumbraba dormir casi completamente vestido, llevaba una prenda interior no de lino sino de paño basto, practicaba largos ayunos, ayunaba todos los viernes a pan y agua, celebraba Misa diariamente, y finalmente — para añadir también esto — era tan generoso en sus limosnas que era llamado por los suyos un segundo Martín. Así nuestro Platina, libro Del oficio del cardenal, capítulo 13.

Alegóricamente, la vara con hojas es Cristo niño, la vara floreciente es Cristo joven, la vara fructífera es Cristo adulto que nos redime. Asimismo, la vara es Cristo; el fruto de almendra es la doctrina de Cristo, que exteriormente a primera vista parece amarga, pero interiormente está llena del dulcísimo sentido del conocimiento y la sabiduría. Segundo, Cristo en la Pascua, como el almendro, fue el primero en florecer, es decir, el primero en resucitar; pues Él es las primicias de los que resucitan. Así San Gregorio, Libro 14 de los Morales, capítulo 29. Cristo, pues, resucitando de entre los muertos, es vara por su poder, flor por su fragancia, fruto por la dulzura de su sabor, hojas por su constante protección, con la cual protege y escuda a los suyos del calor de las tentaciones. Así Rábano y San Bernardo, Homilía 2 sobre el Missus. Tercero, el mismo Bernardo y Ruperto entienden también por esta vara a la Santísima Virgen, y por la flor a Cristo, según aquella sentencia de Isaías 11:1: «Saldrá una vara de la raíz de Jesé, y una flor ascenderá de su raíz.»

Así también San Agustín, Sermón 3 Sobre los tiempos, tomo 10: «La vara de Aarón fue la virgen María, que concibió y nos dio a luz a Cristo, verdadero Sacerdote. Que esta vara produjera nueces fue imagen del cuerpo del Señor. Pues la nuez tiene en su cuerpo una triple unión de sustancia: la piel, la cáscara y el núcleo. En la piel se compara la carne, en la cáscara los huesos, en el núcleo el alma interior. En la piel de la nuez significa la carne del Salvador, que tenía en sí la aspereza o amargura de la Pasión. En el núcleo revela la dulzura interior de la divinidad, que proporciona alimento y cumple el servicio de dar luz. En la cáscara, interponiendo la madera de la cruz, que no separó lo que estaba fuera de lo que estaba dentro, sino que unió lo terreno y lo celestial mediante la interposición de la madera mediadora, como dice el Apóstol, Colosenses 1:20.»

Anagógicamente, esta vara floreciente significa la resurrección, en la cual las yemas, flores, frutos y hojas son las cuatro dotes del cuerpo glorificado, a saber, agilidad, claridad, sutileza e impasibilidad. Así San Agustín, Sermón 99 Sobre los tiempos.


Versículo 9: Moisés sacó las varas ante todo Israel

9. MOISÉS, PUES, SACÓ TODAS LAS VARAS DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR A TODOS LOS HIJOS DE ISRAEL. — Se requiere, dice Orígenes, Homilía 6, y se cita en el canon Licet, 8, Cuestión 1, que el pueblo esté presente en la ordenación de un sacerdote, para que todos sepan que aquel que es el más destacado entre todo el pueblo, el más docto, el más santo, el más eminente en toda virtud — ese es el que es elegido para el sacerdocio.


Versículo 12: Hemos sido consumidos, todos hemos perecido

12. Y LOS HIJOS DE ISRAEL DIJERON A MOISÉS: HE AQUÍ QUE HEMOS SIDO CONSUMIDOS, TODOS HEMOS PERECIDO — como si dijeran: Una gran parte del pueblo ha sido consumida por estas plagas de Dios, a saber, más de quince mil, como es claro por el capítulo precedente; y así es absolutamente de temer que todos seamos consumidos y perezcamos del mismo modo, si alguna vez siquiera levemente ofendemos a Dios o murmuramos; especialmente puesto que quienquiera que se acerca al tabernáculo para quemar incienso o sacrificar a Dios es inmediatamente muerto por Él, como si dijeran: ¿Qué consejo, pues, para que no muramos? A lo cual el Señor responde en el capítulo siguiente, versículo 1, a saber, que empleen a Aarón, como sumo sacerdote designado, como intercesor ante Dios por toda ofensa del pueblo, y que por tanto lo sustenten a él y a su posteridad, como sacerdotes, dándoles diezmos y primicias. Nota: Por «pereceremos», con los hebreos, los Setenta y las ediciones romanas, debe corregirse a «hemos perecido», como si dijeran: Tan ciertamente pereceremos, como si ya hubiéramos perecido; es tan cierto que moriremos, como si ya hubiera sucedido, como si ya estuviéramos sepultados en una fosa.