Cornelius a Lapide

Números XX


Índice


Sinopsis del capítulo

Muere María. En segundo lugar, versículo 3, el pueblo murmura a causa de la sed: de ahí que Moisés y Aarón, irritados junto a las aguas de la Contradicción, ofendan a Dios, y por ello sean excluidos de la entrada en la tierra prometida. En tercer lugar, versículo 14, Moisés pide paso al rey de Edom; éste lo niega. En cuarto lugar, versículo 22, Aarón muere en el monte Hor.


Texto de la Vulgata: Números 20:1-30

1. Vinieron los hijos de Israel y toda la multitud al desierto de Sin, en el primer mes; y el pueblo se estableció en Cadés. Y allí murió María, y fue sepultada en el mismo lugar. 2. Y como el pueblo careciese de agua, se reunieron contra Moisés y Aarón; 3. y vueltos a la sedición, dijeron: ¡Ojalá hubiéramos perecido entre nuestros hermanos ante el Señor! 4. ¿Por qué habéis sacado la asamblea del Señor al desierto, para que tanto nosotros como nuestro ganado muramos? 5. ¿Por qué nos hicisteis subir de Egipto y nos habéis traído a este lugar tan miserable, que no puede sembrarse, que no produce higueras, ni viñas, ni granados, y además no tiene agua para beber? 6. Y Moisés y Aarón, despedida la multitud, entraron en el tabernáculo de la alianza, y se postraron rostro en tierra, y clamaron al Señor, y dijeron: Señor Dios, oye el clamor de este pueblo, y ábreles tu tesoro, una fuente de agua viva, para que, saciados, cese su murmuración. Y la gloria del Señor apareció sobre ellos. 7. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 8. Toma la vara, y congrega al pueblo, tú y tu hermano Aarón, y hablad a la roca delante de ellos, y ella dará aguas. Y cuando hayáis sacado agua de la roca, beberá toda la multitud y su ganado. 9. Tomó pues Moisés la vara, que estaba ante el Señor, como Él le había mandado, 10. y congregada la multitud ante la roca, les dijo: Oíd, rebeldes e incrédulos: ¿acaso podremos sacaros agua de esta roca? 11. Y cuando Moisés hubo alzado su mano, golpeando la roca dos veces con la vara, brotaron aguas en gran abundancia, de modo que bebió el pueblo y el ganado. 12. Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: Porque no me creísteis, para santificarme ante los hijos de Israel, no introduciréis a estos pueblos en la tierra que les daré. 13. Esta es el agua de la Contradicción, donde los hijos de Israel contendieron contra el Señor, y Él fue santificado en ellos. 14. Entretanto Moisés envió mensajeros desde Cadés al rey de Edom, para que dijeran: Esto manda tu hermano Israel: Conoces todo el trabajo que nos ha sobrevenido, 15. cómo nuestros padres bajaron a Egipto, y habitamos allí largo tiempo, y los egipcios nos afligieron a nosotros y a nuestros padres: 16. y cómo clamamos al Señor, y Él nos oyó, y envió un ángel, que nos sacó de Egipto. He aquí que estamos en la ciudad de Cadés, que está en los confines extremos de tu territorio, 17. te rogamos que se nos permita pasar por tu tierra. No iremos por los campos, ni por las viñas, no beberemos aguas de tus pozos, sino que iremos por el camino público, sin desviarnos a la derecha ni a la izquierda, hasta que hayamos pasado tus fronteras. 18. A lo cual respondió Edom: No pasarás por mi tierra, de lo contrario saldré armado contra ti. 19. Y los hijos de Israel dijeron: Iremos por el camino trillado; y si nosotros y nuestro ganado bebiéremos de tus aguas, daremos lo que sea justo; no habrá dificultad en el precio — solo déjanos pasar rápidamente. 20. Pero él respondió: No pasarás. E inmediatamente salió a su encuentro con una multitud infinita y mano fuerte, 21. ni quiso acceder a la petición, para conceder el paso por sus fronteras: por lo cual Israel se apartó de él. 22. Y cuando levantaron el campamento de Cadés, llegaron al monte Hor, que está en los confines de la tierra de Edom; 23. donde el Señor habló a Moisés: 24. Vaya Aarón, dijo, a su pueblo; pues no entrará en la tierra que he dado a los hijos de Israel, porque fue incrédulo a mi palabra, junto a las aguas de la Contradicción. 25. Toma a Aarón y a su hijo con él, y los conducirás al monte Hor. 26. Y cuando hayas despojado al padre de su vestidura, revestirás con ella a Eleazar su hijo: Aarón será reunido y morirá allí. 27. Hizo Moisés como el Señor había mandado: y subieron al monte Hor ante toda la multitud. 28. Y cuando hubo despojado a Aarón de sus vestiduras, revistió con ellas a Eleazar su hijo. 29. Y cuando Aarón hubo muerto en la cima del monte, descendió con Eleazar. 30. Y toda la multitud, viendo que Aarón había muerto, lloró por él durante treinta días en todas sus familias.


Versículo 1: El desierto de Sin y Cadés

1. VINIERON LOS HIJOS DE ISRAEL Y TODA LA MULTITUD AL DESIERTO DE SIN, EN EL PRIMER MES, Y EL PUEBLO SE ESTABLECIÓ EN CADÉS. — Este desierto de Sin es diferente del Sin en el que comenzó a llover el maná, Éxodo XVI, 1 y 13. Pues en aquel estaba la octava estación de los hebreos, o lugar de parada: pero en éste estaba la trigésima tercera; de ahí que en hebreo este Sin se escribe con tsade, pero aquel del Éxodo se escribe con samech.

En el primer mes. — Entiéndase: del año cuadragésimo desde la salida de los hebreos de Egipto, como comúnmente explican todos los intérpretes: pues, como agudamente observa Abulense, Moisés solo describe los acontecimientos de tres años en el desierto, a saber, los dos primeros, y esto desde el capítulo XII del Éxodo hasta este punto; y el cuadragésimo o último, desde este capítulo en adelante. Los restantes treinta y siete años intermedios los envuelve en silencio, quizá porque nada memorable ocurrió en ellos. Y así, puesto que este primer mes no puede ser del primer o segundo año de la salida de Egipto — pues ya trató de aquellos hace tiempo en el Éxodo, el Levítico y los Números hasta este punto —, se sigue que este primer mes ha de entenderse del año cuadragésimo: y esto se colige claramente, en segundo lugar, de Números XXXIII, 37 y 38, donde se dice que los hebreos vinieron de Cadés (del que se trata aquí) al monte Hor, donde estaba la trigésima cuarta estación de los hebreos, y donde se dice que Aarón murió, en el año cuadragésimo de la salida de los hijos de Israel de Egipto, en el quinto mes. De donde se colige clara y verosímilmente que los hebreos llegaron a la estación precedente de Cadés en el mismo año cuadragésimo, pero en el primer mes, como se dice aquí.

Desde este capítulo, pues, hasta el final del Pentateuco, se describen los acontecimientos del año cuadragésimo, que fue el último de la peregrinación de los hebreos en el desierto.


Cadés distinguida de Cadés-Barnea

Y EL PUEBLO SE ESTABLECIÓ EN CADÉS. — Abulense y Andrés Masio, en Josué XV, 3, piensan que esta Cadés es la misma que Cadés-Barnea. Pero digo en verdad: esta Cadés es diferente de Cadés-Barnea, cerca de la cual estaba la decimoquinta estación de los hebreos, como dije en el capítulo XIII, 1 y 27. Pues en esta Cadés estaba la trigésima tercera estación, como consta del capítulo XXXIII, 36. En segundo lugar, lo mismo enseñan los corógrafos de la Tierra Santa, como Wolfgang, Ziegler, Adricornio y otros. En tercer lugar, lo mismo demuestra Tornielo en sus Anales, página 346, por el hecho de que Cadés-Barnea estaba situada en la frontera sur de la tierra de Canaán, como consta de Números XXXIV, 4, y Josué XV, 3, donde se sitúa en la suerte de la tribu de Judá. Pero esta Cadés estaba lejos de Canaán: pues estaba situada en los confines extremos de Edom, en el lado que mira al sur, como consta de Números XX, 16, no muy lejos del Mar Rojo. Pues desde Ezión-Guéber, que estaba junto al Mar Rojo, vinieron los hebreos a Cadés, y de allí al monte Hor, que está en los confines de Edom; de donde desde Cadés los hebreos aquí, versículo 20, enviaron mensajeros al rey de Edom, para que les concediese paso por su tierra; cuando él lo rehusó, los hebreos se vieron obligados a ir por un camino más largo rodeando y pasar por sus fronteras orientales, luego a través de los moabitas y amonitas, para que finalmente, cruzado el Jordán, entrasen en Canaán por su lado oriental. De ahí San Jerónimo en sus Lugares Hebreos, y en su carta a Fabiola, Sobre las 42 Estaciones, en la 33.ª: «Cadés, dice, es una ciudad en el desierto, junto a la ciudad de Arabia que se llama Petra. En Cadés el rey de Sodoma fue derrotado con los suyos por Quedorlaómer, Génesis XIV, 7. Allí también murió María, hermana de Moisés; allí también Moisés y Aarón, a causa de las aguas de la Contradicción, ofendieron al Señor y se les prohibió cruzar el Jordán.» De ahí que también Cadés en hebreo se diga por antífrasis, como lo más opuesto a Cadés, es decir, santa, o la santidad de Moisés fue convertida en ofensa. Cadés también fue llamada la Fuente del Juicio, Génesis capítulo XIV, versículo 7, porque allí el rey de Sodoma fue juzgado con los suyos; o por anticipación, porque allí fueron juzgados Moisés y Aarón, como consta de este capítulo, versículo 12.


La muerte de María

Y MURIÓ ALLÍ MARÍA — es decir, en Cadés, en el primer mes del año 40. María murió, pues, cuatro meses antes que su hermano Aarón; pues éste murió el primer día del quinto mes del año 40, como consta de Números XXXIII, 38; y once meses antes que Moisés: pues Moisés murió hacia el final del mismo año 40 (como constará en Deuteronomio, último capítulo), que fue el año del mundo 2493.

Nótese: María murió a la edad de aproximadamente 130 años; pues ella era fácilmente una década mayor que Moisés, como dije en Éxodo II, 4 y 7. Y Moisés, que murió en este mismo año, falleció a la edad de 120 años, como consta de Deuteronomio, último capítulo, versículo 7.


Sentido alegórico: profecía, sacerdocio y ley

Alegóricamente, parece que en María murió la profecía, en Aarón y Moisés el sacerdocio y la ley de los judíos llegaron a su fin: porque ni ellos mismos podían pasar a la tierra prometida, ni conducir al pueblo creyente a ella desde el desierto de este mundo, sino solo Jesús, es decir, el Salvador, verdadero Hijo de Dios, dice San Jerónimo arriba, y a partir de él, Rábano.


Versículo 2: La necesidad de agua del pueblo

Y COMO EL PUEBLO CARECIESE DE AGUA. — Había pozos y fuentes en Cadés: éstos parecen haberse secado mientras los hebreos permanecían allí, y por ello los judíos, padeciendo sed, murmuraron contra Moisés.

Los hebreos transmiten, y específicamente el rabino Salomón, que a causa de María Dios había dado a los judíos un pozo de agua que los precedía dondequiera que acampasen: a causa de Moisés les había dado el maná: a causa de Aarón, la columna de nube; de ahí que, al morir éstos, aquellas cosas cesaron: de ahí también que los hebreos fueron atacados por Arad el rey, en el capítulo siguiente, porque Arad, viendo que tras la muerte de María el pozo había sido retirado a los hebreos, pensó que habían sido abandonados por Dios, y que por tanto podían ser fácilmente vencidos y destruidos.

Pero éstas son fábulas: pues es cierto que ni la columna de nube ni el maná cesaron con la muerte de Aarón o Moisés; sino mucho después, cuando los hebreos ya habían entrado en Canaán y habían probado los frutos de la tierra, como consta de Josué capítulo V, versículo 12.


Versículo 3: La ingratitud del pueblo

3. ¡OJALÁ HUBIÉRAMOS PERECIDO ENTRE NUESTROS HERMANOS ANTE EL SEÑOR! — En hebreo, ojalá hubiéramos expirado con nuestros hermanos en el desierto, y eso «ante el Señor,» que reside y preside en la columna de nube y en el tabernáculo. Pues el Señor nos condenó a muerte, a causa de la murmuración de los espías, en el capítulo XIV, versículo 19.

Véase aquí de nuevo la ingratitud del pueblo, y la gran caridad de Moisés luchando contra ella y venciéndola. Narra Laercio, libro IV, capítulo 1, que Antístenes, al oír que Platón hablaba mal de él, dijo: «Es propio de un rey, cuando se ha hecho el bien, oír el mal.» Pues es señal de un espíritu elevado no dejarse disuadir del celo de beneficiar a todos por la ingratitud de los hombres.

Diógenes, al ser preguntado: «¿Qué envejece más rápido entre los hombres?», respondió: «Un favor.»

Platón llamaba a Aristóteles mulo: porque el mulo, cuando se ha saciado de la leche materna, cocea a su madre. Significaba pues Platón la ingratitud de Aristóteles, que, educado por él, había abierto escuela en el Perípato y criticaba sus ideas y doctrinas. Así Eliano, libro IV.

Cuando se le preguntó a Aristóteles «por qué había dejado Atenas,» respondió: «Para que los atenienses no pequen dos veces contra la Filosofía,» reprochando veladamente la muerte de Sócrates y también su propio peligro. Así Eliano, libro VI.

Demóstenes, mientras huía y miraba repetidamente hacia la ciudadela de Palas, con las manos alzadas dijo: «¡Oh Palas, señora de los asuntos, por qué te deleitas con tres bestias muy funestas: la lechuza, el dragón y el pueblo!» Pues la lechuza es sagrada para Palas; ella tiene también al dragón como emblema; y el pueblo es una bestia de muchas cabezas, acostumbrada a devolver con la peor gratitud a quienes mejor le han servido, como a Sócrates, Foción, Escipión, etc. Así Plutarco.

Epaminondas, acusado de haber mantenido el mando cuatro meses más allá del tiempo que le había sido asignado, obligado por la necesidad, dijo a un perrito que le halagaba: «Éste me paga con gratitud por un favor, pero los tebanos, de quienes a menudo y grandemente he merecido con ilustres servicios, han decretado contra mí la pena de muerte por su sentencia.» Así Eliano, libro XIII.

Pompeyo dijo a Marcelino, a quien había promovido, pero que se había vuelto hostil y lanzaba insultos: «¿No te avergüenzas, Marcelino, de insultarme a mí, que te hice hablar cuando eras mudo y vomitar cuando estabas hambriento?» Así Plutarco en los Apotegmas.

Alfonso, Rey de Aragón, cuando se le reprochó haber conferido tan grandes beneficios a Álvaro de Luna, hombre completamente ingrato con él, que ni siquiera se acordaba de ellos: «¿Acaso no sabéis, dijo, que un gran beneficio nunca puede ser adecuadamente correspondido sino con una gran ingratitud?» El mismo rey dijo: «Prefiero salvar a muchos por mi clemencia y mansedumbre que destruir a unos pocos por mi severidad.» Testigo es Panormitano en su Vida.


Versículo 6: Moisés y Aarón entran en el tabernáculo

6. Y MOISÉS Y AARÓN, DESPEDIDA LA MULTITUD, ENTRARON EN EL TABERNÁCULO DE LA ALIANZA — para consultar al Señor.

Moralmente, San Gregorio, XXIII Moralia, XXI: «Dejar las multitudes y volver al tabernáculo, y dejando a un lado los tumultos de las cosas exteriores, entrar en el secreto de la mente: pues allí se consulta al Señor, y lo que ha de hacerse públicamente fuera se oye en silencio dentro; esto hacen diariamente los buenos Rectores: cuando reconocen que no pueden discernir los asuntos dudosos, vuelven al secreto de la mente, como a una especie de tabernáculo, y habiendo ponderado la ley divina, consultan al Señor como si estuviera ante ellos el arca puesta ante ellos, y lo que primero oyen en silencio dentro, después lo dan a conocer actuando exteriormente.»


La oración de Moisés

SEÑOR DIOS, OYE EL CLAMOR. — Esta oración de Moisés ya no se encuentra en el hebreo, caldeo y Septuaginta; o bien cayó de ellos, o ciertamente nuestro traductor la suplió parafrásticamente. Pues es cierto que Moisés, al orar, no oró otras cosas sino éstas mismas, a saber, que Dios diese agua al pueblo que murmuraba por la sed. Así Abulense. De modo semejante «Salgamos fuera,» Génesis IV, 8, ya no se encuentra en el hebreo, caldeo y griego.


La fuente de agua viva

ÁBRELES TU TESORO, UNA FUENTE DE AGUA VIVA. — Agua viva se llama a la que brota, o a la que fluye, así como el Mar Muerto es estancado. Llama a tal fuente tesoro, porque las cosas que están ocultas y aún no descubiertas se dice que están en los tesoros de Dios: de ahí aquel pasaje del Salmo XXXIII, 7: «Pone los abismos en sus tesoros;» y Salmo CXXXIV, 7: «Saca los vientos de sus tesoros;» y Deuteronomio XXVIII, 12: «El Señor abrirá su mejor tesoro, el cielo, para dar lluvia;» y capítulo XXXIII, versículo 19: «Mamarán la abundancia del mar como leche, y los tesoros escondidos de la arena.»

PARA QUE, SACIADOS — es decir, cuando hayan sido saciados.

Y LA GLORIA DEL SEÑOR APARECIÓ — a saber, el esplendor de la columna de nube, lanzando rayos nuevos e inusitados, de la columna, digo, que reposaba sobre el tabernáculo.


Versículo 8: Hablad a la roca

8. HABLAD A LA ROCA — ¿qué? Es probable que fuese esto: «Roca, en el nombre del Señor Dios, da aguas.»


Versículo 9: La vara ante el Señor

9. TOMÓ PUES MOISÉS LA VARA, QUE ESTABA ANTE EL SEÑOR — la que había sido colocada en el tabernáculo. Esta vara era la de Moisés, obradora de tantos prodigios, no la de Aarón que había florecido: pues ésta última era solo un signo del sacerdocio asignado a Aarón, y para testimonio de esto había sido colocada junto al arca de la alianza: así dicen algunos. Pero puesto que consta que la vara de Aarón fue colocada en el tabernáculo, mientras que de la vara de Moisés se ignora qué fue de ella, de ahí que entendamos aquí con más certeza la vara de Aarón, no la de Moisés.


Versículo 11: Moisés golpea la roca dos veces

11. Y CUANDO MOISÉS HUBO ALZADO SU MANO, GOLPEANDO LA ROCA DOS VECES CON LA VARA, BROTARON AGUAS EN GRAN ABUNDANCIA. — Esta roca y este golpe son diferentes de los de Éxodo XVII, 6. Pues aquel fue en Refidim, cerca del Sinaí, en el segundo año; pero éste ocurrió en Cadés en el año cuadragésimo. Además, Dios aquí por sí solo sobrenaturalmente produjo aguas de la roca, convirtiendo el aire cercano en agua; pero en Refidim extrajo una vena subterránea de agua hacia la piedra golpeada por Moisés, la cual, hendiendo la piedra, brotó de ella, y eso continua e incesantemente. Pues los cosmógrafos transmiten que en Refidim esta fuente de la roca golpeada por Moisés perdura, y las aguas continúan brotando, dice Abulense. Así Teodosio el Abad, habiendo primero orado, golpeando una roca con un bastón, extrajo de ella una fuente de agua perenne, que por acueductos irrigaba el monasterio vecino, edificado por él en un lugar árido. Esta fuente se secó después cuando se construyó un baño en el monasterio; pero cuando el baño fue destruido, comenzó a fluir de nuevo. Pues Dios, así como no falta a los suyos en las necesidades, así no sobreabunda en las superfluidades; testigo es Teodoreto en el Filoteo, capítulo X.


Sentido alegórico: Cristo en la cruz

Alegóricamente, la roca es Cristo, 1 Corintios X, 5; el agua es la gracia espiritual que fluye de Cristo; la vara es la cruz de Cristo; es golpeada dos veces, porque dos maderos cruzados forman la cruz. Moisés lleva el tipo de los judíos: así como Moisés, golpeando la roca con la vara, dudó del poder de Dios: así aquel pueblo, que estaba bajo la ley dada por Moisés, clavando a Cristo al madero de la cruz, no creyó que Él fuese el poder de Dios; pero así como de la roca golpeada manó agua para los sedientos, y Dios fue santificado por medio de ella: así por la herida de la pasión del Señor se obró la vida para los creyentes; la cruz, pues, hace brotar agua, de contradicción para los incrédulos, de santificación para los creyentes, dice San Agustín aquí, Cuestión XXXV, y libro XVI Contra Fausto, capítulo XV, y Ruperto.


Versículo 12: El pecado de Moisés y Aarón

12. PORQUE NO ME CREÍSTEIS, PARA SANTIFICARME ANTE LOS HIJOS DE ISRAEL, NO INTRODUCIRÉIS A ESTOS PUEBLOS EN LA TIERRA QUE LES DARÉ.


Cinco opiniones sobre el pecado de Moisés

Se preguntará: ¿cuál fue esta incredulidad o pecado de Moisés? En primer lugar, algunos responden que fue que golpeó la roca dos veces, cuando debería haberla golpeado una sola vez.

En segundo lugar, otros dicen que, a petición del pueblo, golpeó una roca diferente de la que el Señor había designado; y que esto es lo que Moisés quiere decir cuando dice: «¿Acaso podremos sacaros agua de esta roca (que vosotros, oh hebreos, designáis, no el Señor) Así los rabinos.

En tercer lugar, otros dicen que habló no a la roca, como el Señor había mandado, sino al pueblo, reprendiéndolo y exasperándolo, llamándolos incrédulos y rebeldes: de donde el pueblo, provocado, aunque viera el milagro de las aguas, no santificó al Señor, alabándolo y dándole gracias. Así Abulense, Teodoreto, Oleaster, Lirano, y esta opinión es bastante probable. Pues es duro y difícil de creer que Moisés dudase del poder de Dios, habiéndolo experimentado tantas veces en tantos prodigios.

En cuarto lugar, otros dicen que, estando más agitado e indignado contra el pueblo murmurador, se expresó ambiguamente preguntando: «¿Acaso?» etc., lo cual debería haber expresado de modo absoluto y afirmativo, diciendo: «Roca, da aguas;» y esto es lo que se dice de Moisés en el Salmo CV, versículo 34: «Dividió con sus labios,» es decir, pronunció las palabras de Dios de modo diferente al que debían ser pronunciadas.

En quinto lugar y con mayor verdad, el pecado de Moisés fue que él, ya claramente envejecido (pues los ancianos fácilmente se incitan a la bilis, la impaciencia, la desconfianza y la pusilanimidad), estando tanto irritado como abatido, y perturbado por la nueva e insólita murmuración del pueblo (pues desde el segundo año hasta el cuadragésimo, cuando sucedieron estas cosas, no leemos de ninguna murmuración del pueblo), golpeó la roca con duda: no porque dudase del poder de Dios, o de su fidelidad hacia él: pues él, por celo de la fe, reprende aquí la incredulidad del pueblo, y en prodigios mucho mayores realizados por él, y ciertamente en el golpe semejante de la roca en Refidim, había creído a Dios, Éxodo XVII, 6; sino porque juzgó al pueblo, tan rebelde y tan provocador de Dios, indigno de este milagro, y por tanto dudó de si Dios lo haría, y de si verdaderamente lo había prometido, o solo por ironía y sarcasmo, o condicionalmente, si los hebreos cesaban de murmurar y creían que Dios daría aguas de la roca. Pero ahora, viéndolos incrédulos, golpea la roca con duda, como si fuera imposible o improbable que el agua brotase de la roca para tales incrédulos. Pues esta duda es claramente significada por las palabras de Moisés: «Oíd, rebeldes e incrédulos: ¿acaso podremos sacaros agua de esta roca?»

¿Qué más claro? Pero Dios había prometido, no irónicamente, ni condicionalmente, sino verdadera y absolutamente, que sacaría agua de la roca, con la cual tanto los hebreos como su ganado pudiesen saciar su sed. Además, lo mismo es claramente significado por las palabras de Dios a Moisés y Aarón en los versículos 12 y 24: «Porque no me creísteis.» Pecaron, pues, por cierta incredulidad, duda y desconfianza respecto al agua prometida por Dios. Así San Agustín, Cuestión XIX, Rábano, Ruperto, Cayetano y otros.


Por qué Dios permitió la caída de Moisés

Dios permitió esta caída de Moisés para que, en tan alta cumbre de honor y virtudes, recordase que era hombre, es decir, falible y débil, no ángel, no Dios. Pues «recordar todas las cosas y no errar en nada en absoluto es propio de la divinidad más que de la mortalidad,» dice el emperador Justiniano. Y para que por su ejemplo los Santos, que han servido a Dios con la mayor diligencia, especialmente los Prelados, se humillasen, temiendo y diciéndose a sí mismos: El que está en pie mire que no caiga; para que con temor y temblor continuasen obrando su salvación, como quienes están inciertos de la perseverancia, incluso en el último día de su vida. En la vejez cayó Salomón, el más sabio de los mortales, Orígenes, Tertuliano, Lucifer de Cagliari; ¡y qué grandes hombres fueron! Oremos pues sin cesar: «Cuando mi fortaleza desfallezca, hasta en la vejez y las canas, oh Dios, no me abandones.» Esto nos enseña esta lamentable caída de Moisés al final de su vida; la cual, aunque no fue un pecado mortal, sin embargo lo excluyó de la tierra santa tan deseada. Pues la muerte le fue impuesta no tanto por una sentencia de Dios, cuanto por la necesidad de la naturaleza que decaía y desfallecía: pues ya estaba en el año 120 de su edad. Lo mismo digo de su hermano Aarón: pues éste era tres años mayor que Moisés. Ambos, pues, debían morir pronto; pero Dios dispuso que ambos muriesen antes de la entrada, ya inminente, en la tierra santa, porque Él había excluido a ambos por su sentencia.

En segundo lugar, Dios permitió esta caída de Moisés por la causa y significación alegórica, que fue que Dios había destinado en su mente a Josué como sucesor de Moisés, para que él, como tipo de Jesucristo, introdujese al pueblo en la tierra prometida.

Alegóricamente, pues, Moisés lleva la figura de la ley, Josué la de Cristo; y así, del mismo modo que Moisés sacó al pueblo de Egipto, mientras Josué introdujo al mismo en Canaán: así la ley libra a los creyentes de la impiedad, pero la gracia evangélica los introduce en el reino de los cielos. Así Teodoreto, Cuestión XLIII sobre el Deuteronomio, y San Agustín aquí, Cuestión LIII, quien dice: «Cuando a ambos hermanos, Moisés y Aarón, se les dice que serán reunidos con su pueblo, es claro que no estaban bajo la ira de Dios, que separa de la paz de la comunión eterna. De donde se manifiesta que no solo sus oficios, sino también sus muertes, fueron signos de cosas futuras, no castigos de la indignación de Dios.» Donde San Agustín claramente significa que este pecado de Moisés fue leve y venial, y por tanto que la muerte fue para él no tanto un castigo cuanto una corrección, la cual era más bien signo y significación de una cosa futura, ya mencionada: y esto es en conjunto lo más probable.


Para santificarme ante Israel

PARA SANTIFICARME ANTE LOS HIJOS DE ISRAEL — para que les mostraseis que yo soy santo, omnipotente, veraz y clementísimo, que concedo incluso a los impíos e ingratos aquellas cosas (como podéis y debéis recordar que he hecho más a menudo hasta ahora) que he prometido, a saber, agua de la roca.

Nótese: Los fieles que en los asuntos perplejos y difíciles esperan en Dios, y con Abrahán creen contra la esperanza en la esperanza, éstos santifican a Dios; pues Dios quiere que de Él se esperen cosas grandes: de ahí que diga en Sabiduría capítulo I: «Pensad del Señor con bondad.»


Exclusión de la tierra prometida

NO INTRODUCIRÉIS A ESTOS PUEBLOS EN LA TIERRA QUE LES DARÉ — es decir, en Canaán mismo, al otro lado del Jordán: pues por lo demás Moisés sí entró en la tierra prometida situada de este lado del Jordán, a saber, en los reinos de Og y Sijón, y los dio a la tribu de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés; pero no cruzó el Jordán hacia Canaán, a la tierra prometida a todas las demás tribus, cuyos límites se describen en Números 34. Así Abulense, Cuestión XLVIII, y San Agustín. Este fue un castigo notable y una mortificación de Moisés, el que no pudiese ver la tierra prometida que mana leche y miel, tan deseada, y que fuese frustrado del fin y fruto de su larguísimo y pesadísimo liderazgo. Así Dios mortificó a San Francisco Javier y a otros Santos en la muerte misma, para que aprendiesen a morir plenamente al mundo y a sí mismos, y a vivir para Dios, y para que tuviesen esto como purgatorio de sus faltas leves, por el cual, purificados, volasen pronto al cielo.


Versículo 13: El agua de la Contradicción

13. ESTA ES EL AGUA DE LA CONTRADICCIÓN — de disputa y contienda (pues el hebreo meribá significa todas estas cosas), donde contradijeron y murmuraron.

DONDE LOS HIJOS DE ISRAEL CONTENDIERON CONTRA EL SEÑOR, Y ÉL FUE SANTIFICADO EN ELLOS — es decir, fue declarado santo, veraz, fiel, clemente y generoso, al darles a ellos, aunque incrédulos y rebeldes, de beber agua, y así venciendo y confundiendo su incredulidad. Así imitan la santidad de Dios quienes aman a sus enemigos y vencen el mal con el bien.


Versículo 14: Mensajeros al rey de Edom

14. ENTRETANTO MOISÉS ENVIÓ MENSAJEROS DESDE CADÉS AL REY DE EDOM (pues Cadés estaba cerca de Edom, a través de la cual los hebreos debían pasar si iban en dirección recta a Canaán) PARA QUE DIJERAN: ESTO MANDA (esto nos dio en mandato para decirte. De donde el hebreo, caldeo y Septuaginta tienen: Esto dice) TU HERMANO ISRAEL — tu hermano Jacob, es decir, los jacobitas, o los descendientes de Jacob, que son vuestros hermanos: pues su antepasado Jacob fue hermano de Esaú, que fue vuestro antepasado y el de todos los edomitas.


Versículo 16: El ángel y la ciudad de Cadés

16. Y ENVIÓ UN ÁNGEL — nuestro guía, que nos precedía en la columna de nube.

HE AQUÍ QUE ESTAMOS EN LA CIUDAD DE CADÉS. — «En,» es decir, cerca: pues no es verosímil que los hebreos entrasen en ciudades en el desierto; pues los habitantes, temiendo a los hebreos, no lo habrían permitido: ni las ciudades habrían podido acoger a tan gran multitud de gente. Así Abulense.


Versículo 17: No beberemos de tus pozos

17. NO BEBEREMOS AGUAS DE TUS POZOS — es decir, gratuitamente y sin precio, sino que las compraremos con dinero, como se dice en el versículo 19. Pues en aquellos desiertos hay gran aridez y escasez de agua: de ahí que para que los edomitas no teman por sus aguas situadas fuera de las ciudades, que necesitaban para la sed de ellos mismos y de su ganado, los hebreos prometen que no beberán sus aguas sino con su consentimiento y mediante pago.


Versículo 18: La negativa de Edom

18. A LO CUAL EL REY DE EDOM RESPONDIÓ: NO PASARÁS POR MI TIERRA — por mi territorio.

20. E INMEDIATAMENTE SALIÓ A SU ENCUENTRO CON UNA MULTITUD INFINITA (en hebreo, con un pueblo pesado, es decir, denso, numeroso y muy grande, al que comúnmente llamamos infinito) Y MANO FUERTE — una gran fuerza de soldados.


Versículo 21: Israel se aparta de Edom

21. POR LO CUAL ISRAEL SE APARTÓ DE ÉL — es decir, de modo que invirtiendo su curso rodearon Edom por su lado oriental, y en consecuencia tuvieron que pasar necesariamente por alguna parte de Edom, para llegar a Moab y Amón, y de allí a Canaán. Pues esto es lo que se dice en Deuteronomio II, 4 y 8: «Y cuando hubimos pasado junto a nuestros hermanos, los hijos de Esaú.»


Versículos 22-24: El monte Hor y la muerte anunciada de Aarón

22, 23 y 24. Y CUANDO LEVANTARON EL CAMPAMENTO DE CADÉS, LLEGARON AL MONTE HOR, DONDE EL SEÑOR HABLÓ A MOISÉS: VAYA AARÓN A SU PUEBLO — es decir: Que muera Aarón, y pase a sus padres justos en el Limbo, y sea reunido con ellos: pues esto es lo que significa aquella frase, ir o ser reunido con su pueblo, y por eso se dice casi exclusivamente de los justos.


Versículo 26: La investidura de Eleazar

26. Y CUANDO HAYAS DESPOJADO AL PADRE DE SU VESTIDURA. — De aquí consta que Aarón se había revestido con las vestiduras pontificales en el campamento, y desde allí salió así vestido al monte Hor, para morir con decoro y gloria, y para que en el monte Moisés le quitase estas vestiduras y revistiese con ellas a Eleazar, el hijo primogénito de Aarón, como en efecto hizo; y así por este solo rito de investidura, sin otra unción o consagración, consagró a Eleazar como sumo sacerdote y sucesor de su padre en este monte. Así Abulense.

Esto se hizo contra la ley y la costumbre. Pues en primer lugar, estando el padre vivo, un hijo en la ley antigua no podía llegar a ser sumo sacerdote. Pues el sumo sacerdocio entre los judíos era hereditario y perpetuo, de modo que ni siquiera los padres mismos podían resignarlo en sus hijos mientras pudiesen desempeñar el oficio. En segundo lugar, Eleazar fue consagrado sumo sacerdote fuera del tabernáculo y del campamento, y por la sola investidura de las vestiduras pontificales. Pero Eleazar, como primogénito, estaba obligado a aceptar el sumo sacerdocio, y no podía rechazarlo en favor de su hermano Itamar, porque Dios había mandado que los hijos primogénitos sucediesen a su padre en el sumo sacerdocio, y lo asumiesen, y sirviesen en él, a menos que tuviesen un defecto, del que habla Levítico XXI, 17.


Versículo 29: La muerte de Aarón

29. Y CUANDO HUBO MUERTO EN LA CIMA DEL MONTE. — Aarón murió en el año cuadragésimo desde la salida de Egipto, a la edad de 123 años, en el quinto mes, como se dice en Números XXXIII, 38, y esto fuera del campamento, como también Moisés, para que los hebreos, propensos a la idolatría, no los adorasen a ellos y a sus cuerpos como divinidades; y en el monte Hor, es decir, en el monte del monte, para que se mostrase un lugar digno de sus méritos, dice San Jerónimo a Fabiola, Sobre las 42 Estaciones, en la 34.ª: pues Aarón en hebreo significa lo mismo que «montañés,» quien con razón muere en un monte, porque como un monte superó a los demás, tanto en oficio como en virtud.


Los tres privilegios de Aarón en la muerte

De aquí consta que Aarón tuvo estos tres privilegios en la muerte: primero, que murió sin ninguna herida previa, enfermedad ni hastío de la vida, sino en plena salud (pues subió al monte Hor sano y fuerte), como si hubiese sido tomado de esta vida mientras dormía. Segundo, que vio a su hijo Eleazar sucederle, y ser revestido con las vestiduras pontificales, y así ser consagrado sumo sacerdote. Tercero, que expiró en presencia y, por así decirlo, en los brazos de su queridísimo hermano Moisés y de su hijo Eleazar, y ellos mismos le cerraron los ojos; y Moisés y Eleazar, asistiendo a Aarón moribundo, no contrajeron de ello impureza legal, porque Dios, por el hecho mismo de que les mandó asistir al moribundo, los dispensó de esta ley e impureza legal. Así Abulense.

El rabino Salomón añade un cuarto punto, que crea quien quiera, que estos tres, es decir, Moisés, Aarón y Eleazar, subiendo al monte Hor, encontraron una cueva, y un lecho preparado, y una lámpara encendida, como suele disponerse para los moribundos, y de esto reconoció Moisés que aquel lugar había sido preparado por Dios para el reposo de Aarón. Despojado pues de las vestiduras, y revestido Eleazar, Aarón se recostó en el lecho, y con los ojos cerrados fue recibido por el Señor en paz: y Moisés, viendo una muerte tan plácida, deseó una semejante, la cual también le fue prometida en el capítulo XXVII, 13, y Deuteronomio XXXII, 50.


Versículo 30: Treinta días de luto

30. Y TODA LA MULTITUD, VIENDO QUE AARÓN HABÍA MUERTO, LLORÓ POR ÉL DURANTE TREINTA DÍAS. — Así también lloraron a Moisés cuando murió durante treinta días, Deuteronomio, último capítulo, y José con los suyos hizo duelo por la muerte de su padre Jacob durante 30 días.

Se dirá: Génesis L, 3, dice que José lo lloró durante 70 días. Respondo: De estos 70 días, los primeros 40 pertenecieron al embalsamamiento del cuerpo con aromas, según la costumbre de los egipcios, como consta del mismo pasaje, versículo 3; pero los últimos treinta fueron propiamente el luto. De este período de treinta días, pues, la Iglesia recibió la costumbre de observar tricenarios por los difuntos, es decir, un memorial de treinta días, oraciones y limosnas. Así Abulense.