Cornelius a Lapide

Números XXII


Índice


Sinopsis del capítulo

Balac convoca a Balaán para maldecir a los hebreos; Dios primero se lo prohíbe; segundo, le permite ir. Parte, pero con la intención de maldecir a los hebreos; por lo cual, en el versículo 22, es reprendido por un ángel que habla por boca de su burra.


Texto de la Vulgata: Números 22:1-41

1. Y partieron y acamparon en las llanuras de Moab, donde Jericó está situada al otro lado del Jordán. 2. Y Balac, hijo de Séfor, viendo todo lo que Israel había hecho al amorreo, 3. y que los moabitas le habían temido en gran manera y no podían soportar su embestida, 4. dijo a los ancianos de Madián: Este pueblo ahora devorará a todos los que están en nuestros confines, del mismo modo que un buey suele arrancar las hierbas de raíz. Él era en aquel tiempo rey de Moab. 5. Envió, pues, mensajeros a Balaán, hijo de Beor, el adivino, que habitaba junto al río de la tierra de los hijos de Amón, para que lo llamasen y le dijesen: He aquí que un pueblo ha salido de Egipto, que ha cubierto la faz de la tierra y se ha asentado frente a mí. 6. Ven, pues, y maldice a este pueblo, porque es más fuerte que yo; por si acaso pudiese yo herirlo y expulsarlo de mi tierra; pues sé que a quien tú bendices es bendito, y aquel sobre quien acumulas maldiciones es maldito. 7. Y los ancianos de Moab y los ancianos de Madián salieron, llevando en sus manos el precio de la adivinación. Y cuando llegaron a Balaán y le comunicaron todas las palabras de Balac, 8. él respondió: Quedaos aquí esta noche, y os responderé lo que el Señor me dijere. Mientras se quedaban con Balaán, Dios vino y le dijo: 9. ¿Qué quieren estos hombres contigo? 10. Respondió: Balac, hijo de Séfor, rey de los moabitas, me ha enviado a decir: 11. He aquí que el pueblo que ha salido de Egipto ha cubierto la faz de la tierra; ven y maldícelo, por si acaso pudiese yo combatirlo y expulsarlo. 12. Y Dios dijo a Balaán: No vayas con ellos ni maldigas al pueblo, porque es bendito. 13. Levantándose por la mañana, dijo a los príncipes: Id a vuestra tierra, porque el Señor me ha prohibido ir con vosotros. 14. Los príncipes regresaron y dijeron a Balac: Balaán rehusó venir con nosotros. 15. De nuevo envió emisarios, mucho más numerosos y más nobles que los anteriores. 16. Los cuales, al llegar a Balaán, dijeron: Así dice Balac, hijo de Séfor: No vaciles en venir a mí. 17. Estoy dispuesto a honrarte, y te daré cuanto desees; ven y maldice a este pueblo. 18. Balaán respondió: Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, no podría alterar la palabra del Señor mi Dios, para decir ni más ni menos. 19. Os ruego que os quedéis también esta noche aquí, para que sepa qué me responda de nuevo el Señor. 20. Dios vino, pues, a Balaán de noche y le dijo: Si estos hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos; pero solo a condición de que hagas lo que yo te mandare. 21. Balaán se levantó por la mañana, y habiendo ensillado su burra, partió con ellos. 22. Y Dios se airó. Y el Ángel del Señor se puso en el camino contra Balaán, que cabalgaba sobre su burra y tenía consigo dos siervos. 23. La burra, al ver al Ángel de pie en el camino con la espada desenvainada, se apartó del camino y se fue por el campo. Cuando Balaán la golpeó y quiso llevarla de vuelta al sendero, 24. el ángel se puso en el paso estrecho entre dos muros con los que las viñas estaban cercadas. 25. Al verlo, la burra se apretó contra la pared y aplastó el pie del jinete. Pero él de nuevo la golpeó; 26. y no obstante, el ángel, pasando a un lugar angosto donde no había modo de desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, se plantó en el camino. 27. Y cuando la burra vio al ángel de pie, cayó a los pies del jinete, el cual, enfurecido, golpeó sus costados más violentamente con un palo. 28. Y el Señor abrió la boca de la burra, y ella habló: ¿Qué te he hecho? ¿Por qué me golpeas? He aquí ya la tercera vez. 29. Balaán respondió: Porque lo has merecido y te has burlado de mí; ¡ojalá tuviese una espada para herirte! 30. La burra dijo: ¿Acaso no soy tu animal, sobre el cual siempre has acostumbrado montar hasta el día de hoy? Dime si alguna vez te he hecho algo semejante. Y él dijo: Nunca. 31. Al instante el Señor abrió los ojos de Balaán, y vio al ángel de pie en el camino con la espada desenvainada, y lo adoró postrado en tierra. 32. El ángel le dijo: ¿Por qué has golpeado a tu burra tres veces? Yo vine a oponerme a ti, porque tu camino es perverso y contrario a mí; 33. y si la burra no se hubiera apartado del camino, cediendo el lugar a quien le resistía, yo te habría matado, y ella habría vivido. 34. Balaán dijo: He pecado, sin saber que tú estabas en mi contra; y ahora, si te desagrada que vaya, regresaré. 35. El ángel dijo: Ve con estos hombres, y cuida de no decir sino lo que yo te mandare. Fue, pues, con los príncipes. 36. Cuando Balac oyó esto, salió a su encuentro en un pueblo de los moabitas, que está situado en los confines más remotos del Arnón. 37. Y dijo a Balaán: Envié mensajeros a llamarte; ¿por qué no viniste a mí enseguida? ¿Acaso no puedo recompensar tu venida? 38. Él respondió: Heme aquí; pero ¿acaso puedo decir algo distinto de lo que Dios ponga en mi boca? 39. Prosiguieron, pues, juntos, y llegaron a la ciudad que estaba en los confines más remotos de su reino. 40. Y cuando Balac hubo inmolado bueyes y ovejas, envió regalos a Balaán y a los príncipes que estaban con él. 41. Y al llegar la mañana, lo condujo a los lugares altos de Baal, y desde allí contempló la parte más extrema del pueblo.


Versículo 1: Las llanuras de Moab

1. Y PARTIERON Y ACAMPARON EN LAS LLANURAS DE MOAB — que antiguamente habían pertenecido a Moab, pero que ahora eran de Sijón, y con él muerto, pertenecían a los hijos de Israel. Segundo, «de Moab», es decir, que eran adyacentes a Moab; de donde la Septuaginta traduce: al occidente de Moab, a saber, frente a Jericó, como se dice a continuación. Pues los hebreos estaban ya muy cerca del Jordán y de Jericó, y de la propia Canaán.


Versículos 2-3: Balac ve lo que Israel ha hecho

Versículos 2 y 3. Y BALAC (rey de Moab, como consta en el versículo 4) VIENDO QUE LOS MOABITAS (súbditos suyos) LE HABÍAN TEMIDO EN GRAN MANERA (a Israel) Y NO PODÍAN SOPORTAR SU EMBESTIDA — en hebreo: que estaban angustiados ante la faz de Israel.


Versículo 4: Dijo a los ancianos de Madián

4. DIJO A LOS ANCIANOS DE MADIÁN. — Pues los madianitas son vecinos de los moabitas; por tanto, Balac, rey de Moab, los incitó a que resistieran junto con él a los israelitas que se aproximaban. Tanto los madianitas como los moabitas, pues, lucharon contra los judíos; pero solo los madianitas fueron castigados y muertos, capítulo 25:17 y capítulo 31:2, porque Dios no quiso que se atacase a los moabitas y amonitas, en atención al justo Lot, de quien eran descendientes, Deuteronomio 2:9.

ESTE PUEBLO DESTRUIRÁ (en hebreo: lamerá) TODO, etc., DEL MISMO MODO QUE UN BUEY SUELE ARRANCAR LAS HIERBAS DE RAÍZ — como si dijera: Los hebreos no someten a los pueblos bajo su dominio, como suelen hacer otras naciones, sino que los matan y consumen a todos, como hace un buey con las hierbas. Obrad, pues, oh madianitas; proveed no solo a vuestro territorio sino también a la vida de todos vosotros, pues lo que aquí está en juego es el pellejo de todos. Tomad consejo, pues, y unid vuestras fuerzas con las mías, para que apartemos la fuerza de los hebreos de nuestros cuellos. Orígenes, Homilía 11 sobre el Éxodo, lee: «Pues así como un becerro lame la hierba verde en los campos, así este pueblo lamerá al pueblo que está sobre la tierra; por lo cual (dice), según hemos recibido de nuestros mayores, se indica (místicamente) que el pueblo de Dios no combate tanto con la mano y las armas cuanto con la voz y la lengua, es decir, derramando oración a Dios.»


Versículo 5: Balaán, hijo de Beor

5. ENVIÓ, PUES, MENSAJEROS A BALAÁN, HIJO DE BEOR, EL ADIVINO. — En lugar de «adivino», el Caldeo y la Septuaginta conservan la palabra hebrea como si fuera un nombre propio de lugar, y traducen: a Petor de Siria. Pues así lo entienden todos los hebreos, en Deuteronomio 23:4, en el hebreo; pues este nombre puede tomarse de ambas maneras, dice Eugubino.


¿Qué clase de profeta era Balaán?

Cabe preguntar: ¿Qué clase de profeta era Balaán, de Dios o del diablo? Eugubino responde que era profeta de Dios, al igual que lo fueron las Sibilas y Hermes Trismegisto entre los egipcios; quienes, aunque profetizaron muchas cosas verdaderas, fueron, no obstante, idólatras, como lo fueron también Zoroastro entre los persas, Orfeo entre los griegos, Ábaris entre los hiperbóreos y Zamolxis entre los getas — aunque sobre estos la evidencia no es tan clara como sobre Hermes y las Sibilas. Pues estas mujeres no eran judías sino gentiles, al igual que Balaán, y en virtud del mérito de su virginidad obtuvieron de Dios el don de la profecía, como enseña San Agustín. Segundo, porque Balaán, cuando estaba a punto de profetizar, buscó aquí a Dios, Dios le salió al encuentro y dio oráculos por medio de él, como consta en el capítulo 23:3.

Tercero, porque los hebreos, según Ruperto y el Autor del Comentario a Job, capítulo 32 (que se encuentra entre las obras de San Jerónimo pero no es de San Jerónimo), refieren que Balaán fue amigo del santo Job, quien es llamado Elihú en el libro de Job, y que era un hombre santo y profeta de Dios, que después, por desobediencia y deseo de recompensas, cuando quiso maldecir a Israel, fue llamado con el título de adivino o sortílego.

Pero yo digo que Balaán era profeta no de Dios sino del diablo. Pues el nombre de «adivino» lo indica, como es claro; de donde que Balaán fue un mago lo enseñan San Cirilo, Teodoreto, San Agustín, San Ambrosio, Niseno, Procopio y Rábano, cuyos pasajes citaré en el capítulo 23:3. Segundo, porque Balaán buscó un augurio, como consta en el capítulo 24:1, y para obtenerlo erigió siete altares al propio Baal y le inmoló víctimas, como consta en el capítulo 22, último versículo, y capítulo 23:1. Tercero, porque él mismo quiso maldecir a Israel, y a este fin buscó estos augurios y vaticinios del diablo; pero Dios se le presentó en lugar del diablo y lo obligó, contra su voluntad, a bendecir a Israel. Era, pues, un mago, y buscaba conversar con el demonio, y solía consultarle y ser instruido por él. Cuarto, que Balaán no era Elihú consta en Job 32:2, donde la Septuaginta dice que Elihú era de la región de Ausitis, es decir, era edomita; pero Balaán era de Mesopotamia, como consta en Deuteronomio 23:4. Finalmente, que Balaán era un hombre impío y perverso consta no solo de su mala voluntad con la que quiso maldecir a los hebreos, sino también del escándalo de fornicación y de la idolatría de Baal-Peor que les puso delante; por lo cual fue justamente muerto por ellos, como constará en el capítulo 31, versículos 8 y 16.

QUE HABITABA JUNTO (al lado de) EL RÍO — a saber, el Éufrates, como traduce el Caldeo, que es el río de Mesopotamia, y que por antonomasia es llamado «el río» en la Escritura, tanto por su gran tamaño como porque era el más conocido por los hebreos. Pues el Éufrates fue dado por Dios a los hebreos como límite de la tierra prometida, como consta en Josué 1:4. Pues Balaán era mesopotámico, como ya he dicho; de donde en el capítulo 23:7, él mismo dice que fue llamado de Aram; y Mesopotamia en hebreo se llama Aram-Naharaim, es decir, Aram o Siria, que se encuentra entre dos ríos, a saber, el Éufrates y el Tigris, y está encerrada por ellos. Balaán fue, pues, llamado desde Mesopotamia por Balac a Moab, y cuando pensaba regresar de allí a los suyos, emigró a Madián (invitado quizá por los madianitas, como aquí por Balac), y allí fue muerto junto con los demás madianitas, porque se había opuesto de nuevo a los hebreos junto con ellos, como consta en el capítulo 31:8. Así Abulense, Vatablo y otros; aunque Andrés Masio en Josué 13:23 piensa que Balaán era madianita de origen, opinión que no es improbable.

JUNTO AL RÍO DE LA TIERRA DE LOS HIJOS DE AMÓN. — Es decir, junto al, es decir, al lado del Éufrates; pues el Éufrates pasa junto a los amonitas. En hebreo, en lugar de Amón, se lee ammó, es decir, «de su pueblo»: así la Septuaginta, el Caldeo y los autores más recientes. Pero este sentido es vacío y tautológico; pues, ¿quién ignora que Balaán habitaba entre los suyos? Nuestro Traductor, por tanto, lee más correctamente Amón de otros manuscritos hebreos, o entendió Amón por ammó; pues la letra nun en Amón no es radical sino formativa y añadida; de donde también en Génesis 19, último versículo, Amón no se llama Amón sino ben ammí en el hebreo.

ASENTADO (acampando) FRENTE A MÍ — como si dijera: Israel ahora me amenaza a mí y a mi reino; maldícelo y así apártalo de mí.


Versículo 6: El poder de las maldiciones de Balaán

6. PUES SÉ QUE A QUIEN TÚ BENDICES ES BENDITO, Y AQUEL SOBRE QUIEN ACUMULAS MALDICIONES ES MALDITO. — Como si dijera: He aprendido por experiencia que tus imprecaciones y adivinaciones son verdaderas y se verifican en la realidad, de modo que, tal como tú adivinas, así en efecto le sobreviene a cada uno el bien o el mal. Pues así también nuestros magos y hechiceras frecuentemente infligen males por el poder del demonio, y a su vez los remueven cuando quieren, y devuelven la salud a hombres y animales. Pues el Rabino Salomón inventa, como es su costumbre, cuando dice que Dios tiene cada día una hora en la que se aíra contra los malvados, y que Balaán conocía esta hora, y por eso acostumbraba pronunciar contra alguna persona malvada la maldición de Dios a esa misma hora, la cual inmediatamente le sobrevenía.


Versículo 7: El precio de la adivinación

7. Y LOS ANCIANOS DE MOAB Y LOS ANCIANOS DE MADIÁN SALIERON, LLEVANDO EL PRECIO DE LA ADIVINACIÓN. — En hebreo dice: llevando adivinaciones; pero así como «pecado» se usa frecuentemente por la víctima expiatoria del pecado, así adivinación se usa aquí por el precio de la adivinación, por metonimia. Así el Caldeo y otros.

Balaán fue, por tanto, culpable de simonía tanto al vender, como Balac al comprar, esta maldición, al menos en sus mentes y conciencias, puesto que la esperaban de Baal, a quien creían ser el verdadero Dios.


Los males de la avaricia

Moralmente, aprended aquí cuán mala es la avaricia, que destruyó a Balaán: «Pues todas las cosas obedecen al dinero.» De aquí que los griegos inventaran una respuesta de Apolo a Filipo, rey de Macedonia, diciendo que «obtendría la victoria si combatía con lanzas de plata», es decir, si sobornaba a los enemigos con dinero para que traicionasen su causa; de donde el mismo rey, habiendo experimentado el poder del dinero, dijo que «ninguna fortaleza, por fortificada que estuviese, dejaba de poder ser tomada, con tal que se pudiera enviar a su interior un burro cargado de oro.» De ahí aquel dicho de Glabro: «Con un puño de oro se rompe un muro de hierro.» Con razón, pues, dijo Quilón según Laercio: «El oro se prueba en las piedras de toque, las mentes de los hombres con el oro»; y San Ambrosio, en el libro Sobre el bien de la muerte, capítulo 5: «Hay trampa en el oro, liga en la plata.»

Con razón, pues, los hombres sabios y santos huyeron de la avaricia. Cuando Alejandro envió cien talentos a Foción, este preguntó por qué Alejandro los enviaba a él solo entre todos los atenienses. Los enviados respondieron que Alejandro lo tenía por hombre honrado; entonces Foción replicó: «Que me permita entonces ser y parecer tal»; y devolvió todo el dinero, pidiendo solo que liberase a ciertos cautivos, como escribe Isidoro de Pelusio, libro 2, epístola 146. San Antonio, dice San Atanasio, al ver una gran masa de oro reluciente en el camino, huyó inmediatamente de ella como de un incendio y se precipitó monte arriba. El abad Pambo, dice Paladio, Lausíaca 10, rechazó trescientas libras de oro ofrecidas por Melania.

El beato Barlaán, en la obra de Damasceno, cuando Josafat le pidió que aceptase una pequeña suma para comida y vestido, respondió: «Si la posesión del dinero fuese buena, la habría compartido antes con mis compañeros; pero como sé que es ruinosa, no enredaré ni a ellos ni a mí mismo en tales lazos.» San Hilarión olía corporalmente el hedor de la avaricia, como atestigua San Jerónimo en su Vida. Cada vez que se le ofrecía dinero a San Vicente mientras predicaba por los pueblos, prohibía a sus compañeros aceptarlo. San Francisco vio una serpiente salir de una bolsa encontrada en el camino; entonces dijo: «He aquí que el dinero no es otra cosa para los siervos de Dios que el diablo y una serpiente venenosa»; pues si tomas un poco, desearás más y más: «Pues el amor al dinero crece tanto como crece el dinero mismo.» Seguid, pues, el consejo de Casiano, libro 7, capítulos 21, 28 y 30: «Esta será la victoria suprema: que ni siquiera por la más pequeña moneda se manche la conciencia de un monje, para que no alimentemos dentro de nosotros la yesca de esta chispa, es decir, el pequeño fuego de la avaricia.»


Versículo 8: Quedaos aquí esta noche

8. QUEDAOS AQUÍ ESTA NOCHE, Y OS RESPONDERÉ LO QUE EL SEÑOR ME DIJERE. — De noche, según su costumbre, Balaán quiso consultar al demonio que le era familiar (invocándolo ya con la voz, ya mediante signos mágicos y encantamientos), y pretextó aquí falsamente el nombre del Señor como cobertura, como si consultase a Dios y no al demonio. Pero Dios se presentó en lugar del demonio, y esto no por consideración a Balaán sino a los hebreos, a quienes quiso bendecir por medio de él. Esto quedará más claro en el capítulo siguiente, versículo 4, y en el capítulo 24:1.

DIOS VINO — a saber, un ángel, llevando la persona de Dios: vino, digo, o visiblemente en un cuerpo asumido, o solo mediante una voz humana, o en la imaginación de Balaán, conversando con él mediante una visión.


Versículo 12: No maldigas al pueblo

12. NO VAYAS CON ELLOS NI MALDIGAS AL PUEBLO (los hebreos), PORQUE ES BENDITO. — Balaán quiso, para obtener dinero de Balac, maldecir a los hebreos; de ahí que Dios le prohíba ir a Balac: Porque, dice, este pueblo Israel es bendito, pues yo lo he bendecido y seguiré bendiciéndolo, es decir, haciéndole bien, dándole toda prosperidad, de modo que venzan a todos sus enemigos y obtengan Canaán.

Nota: Estos hechos y palabras de Balaán los supo y escribió Moisés no por medio de hombres sino por revelación de Dios.


Versículo 18: No podría alterar la palabra del Señor

18. NO PODRÍA ALTERAR LA PALABRA DEL SEÑOR. — Balaán, aunque impío y avaro, reverenciaba a Dios hasta este punto: que no se atrevía a resistir las palabras y el mandato de Dios; pues temía la ira y la venganza de Dios.


Versículo 20: Dios vino a Balaán de noche

20. DIOS VINO, PUES, A BALAÁN DE NOCHE Y LE DIJO, etc.: VE CON ELLOS. — Balaán era llamado por segunda vez y con más urgencia por Balac; de donde Dios, que al principio le había prohibido ir, para refrenar su avaricia y deseo de maldecir a los hebreos, aquí le permite, ya refrenado y contenido, partir, pero con esta condición: que no diga sino lo que oiga de Dios; y esto con el propósito de que, por medio de Balaán, Dios se glorificase a sí mismo y a su pueblo Israel, y de que Balac fuese herido, por así decirlo, por Balaán como por su propia espada. Pues Balac había querido que Israel fuese maldecido y dedicado a la destrucción por medio de Balaán, y le había dicho: «Sé que a quien tú bendices es bendito, y aquel sobre quien acumulas maldiciones es maldito.» Ahora Dios vuelve esto contra su propia cabeza, haciendo que Balaán — convocado y dispuesto a maldecir — bendiga en cambio a Israel, de modo que Balac se convenza de que Israel es ciertísimamente bendecido por Dios.


Versículo 22: Dios se airó

22. Y DIOS SE AIRÓ. — Pues aunque le había concedido a Balaán permiso para ir a Balac, sin embargo le había prohibido hacer o decir cosa alguna distinta de lo que Él mismo le mandase; pero Balaán, ávido de oro, iba a Balac con la intención de maldecir a los hebreos, lo cual sabía que Dios no quería; pues había oído de Él en el versículo 12: «No maldigas al pueblo, porque es bendito.» Que Balaán quiso hacer lo contrario aquí consta de la reprensión del ángel en el versículo 32: «Yo vine,» dice, «a oponerme a ti, porque tu camino es perverso y contrario a mí» — porque, es decir, vas con la intención y la esperanza de maldecir a mi pueblo, cuyo guardián y protector soy yo; pues Balaán esperaba hacer precisamente eso. De donde también en 2 Pedro 2:15 se dice que amó «el salario de la iniquidad» (es decir, de una maldición injusta), pero que tuvo como corrector a un animal de carga.


El ángel como adversario

Y EL ÁNGEL DEL SEÑOR SE PUSO EN EL CAMINO CONTRA BALAÁN. — En hebreo: como satán (adversario) de Balaán, para mostrarse adversario de Balaán. Este ángel se mostró no a Balaán sino solo a la burra sobre la que cabalgaba. Así los bienaventurados en sus cuerpos glorificados se aparecen a quien quieren y se ocultan de quien quieren.


Versículo 27: La burra cayó bajo el jinete

27. Y CUANDO LA BURRA VIO AL ÁNGEL DE PIE, CAYÓ A LOS PIES DEL JINETE — en parte aterrorizada, en parte porque no veía paso alguno ni otra escapatoria. Pues veía al ángel amenazando de muerte con la espada desenvainada si proseguía; cedió, pues, ante él tanto como pudo, para que la dureza y la ceguera de Balaán fuesen tanto más reprendidas por medio de ella; de donde la burra también habló.


Versículo 28: El Señor abrió la boca de la burra

28. Y EL SEÑOR ABRIÓ LA BOCA DE LA BURRA, Y ELLA HABLÓ. — El ángel movió la lengua de la burra para que hablase, del mismo modo que el demonio había movido la boca de la serpiente para hablar a Eva, y del mismo modo que un ángel movió la boca del hipocentauro y la boca del sátiro, para que hablasen a San Antonio y le mostrasen en el desierto el camino hacia San Pablo Eremita, como atestigua San Jerónimo en la Vida de San Pablo. Este habla se producía, pues, por medio de los órganos de la burra, pero con el ángel dirigiéndolos de manera apta para formar la voz articulada, y supliendo por medio del aire cercano lo que a los órganos de la burra les faltaba.


Notas sobre la burra que habló

Nótese primero: Propiamente hablando, la burra aquí no habló. Pues hablar es expresar el propio pensamiento con la voz; pero la burra no podía concebir ni entender lo que aquellos sonidos, proferidos por su boca, significaban. Estos sonidos fueron, por tanto, formados en la boca de la burra no por el alma o la mente de la burra, sino por un motor extrínseco, a saber, el ángel; del mismo modo que cuando una persona, con su mano, golpea los labios y dientes de otra persona, se producen ciertos sonidos agudos. De donde se sigue que este habla no fue un acto vital de la burra, porque no fue producido por la fuerza de su alma o de su imaginación, sino por el ángel; mucho menos fue un acto vital del propio ángel, sino que fue recibido en el aire y en la boca de la burra. Pues una acción vital es aquella que es elicitada por el alma y recibida en la misma.

Nótese segundo: El ángel, sin embargo, no formaba estos sonidos en el aire cercano ni en la boca de la burra sin usar los órganos de la burra; pues de otro modo no se diría que la burra habló más que si se dijera que habló una casa en la que el ángel estuviese hablando. Ahora bien, la Sagrada Escritura y los Padres — como San Agustín, Orígenes, Teodoreto, San Ambrosio y otros — dicen que la burra habló y que reprendió a Balaán.

Nótese tercero: Los órganos de la burra por sí solos, como los de los demás brutos (exceptuadas ciertas aves, como el papagayo), no bastan para la formación del habla humana. Pues para ello se requiere una boca humana o semejante a ella; pues solo esta tiene la facultad y la disposición orgánica interna por la cual se recoge el aire para la formación de la voz, y por la cual se produce la debida percusión y colisión del aire contra el paladar, los labios, los dientes, etc., para la emisión de tal o cual sonido particular, que es articular la voz. Pero la boca de una burra y de los demás brutos carece de estas características; pues, por no mencionar otros puntos, su boca, al ser larga y abierta por los lados, no puede recoger el aire que viene de dentro y quebrarlo contra los dientes, porque todo el aire fluye lateralmente por la abertura. El ángel, pues, suplió por medio del aire cercano esto mismo, así como todo lo demás que a los órganos de la burra les faltaba; pues retuvo firmemente el aire para que resistiese, para que el aire y la voz no se escapasen de la boca de la burra; y por otro lado, golpeó y lanzó el aire en la boca de la burra contra los órganos de la boca de tal modo que produjese voz articulada. Así Abulense.

Nótese cuarto: Fue el mismo ángel quien había hablado a Balaán en su casa, diciéndole que fuese a Balac; el mismo que le salió al paso armado en el camino; el mismo que habló por boca de la burra; pues los ángeles tienen una vasta esfera de presencia y actividad.

Nótese quinto: El ángel apareció con una espada reluciente para enseñar a Balaán que, si quería maldecir a los hebreos que eran bendecidos por Dios, estaría emprendiendo guerra contra Dios y los ángeles. Así San Cirilo, libro 6 Sobre la adoración.

Nótese sexto: Que este ángel era Miguel (quien era el guardián de la Sinagoga de los judíos, como ahora lo es de la Iglesia cristiana) lo refieren Procopio y otros en Teodoreto, Cuestión 42.

Semejante es lo que leemos en la Vida de San Galgano de Siena, publicada en el año del Señor 1572, y tomada de ella por Felipe Ferrari en su Catálogo de los Santos de Italia, bajo el cuarto día de diciembre. Pues Galgano, nacido en la campiña sienesa durante el reinado del emperador Federico I, hacia el año del Señor 1153, llevaba una vida de placeres cuando fue amonestado dos veces en sueños por el arcángel Miguel a cambiar sus costumbres y hacerse soldado de Cristo. Vino al Monte Siepi, donde por tercera vez fue amonestado por el mismo ángel a dejar el mundo y consagrarse a Dios. Su madre y parientes intentaron con todo empeño disuadirlo de este propósito, proponiéndole una esposa elegante y rica; pero cuando, persuadido por ellos, cabalgaba para ver a su prometida, su caballo se detuvo repentinamente, de modo que, espoleado para avanzar, se dice que habló y declaró que un ángel le prohibía seguir adelante; y las huellas de los cascos del caballo se muestran todavía en la roca de aquella montaña. Por lo cual, cambiando de rumbo y retirándose al desierto, llevó una vida celestial en oración, ayuno y toda austeridad, y después de un año, llamado al descanso eterno por una voz celestial con estas palabras: «Basta con que hayas trabajado; ahora cosecharás lo que has sembrado,» se durmió en el Señor a la edad de 33 años, hacia el año del Señor 1181, y fue ilustre por milagros tanto en vida como después de la muerte.

Nótese séptimo: Dios se sirvió de la voz de una burra, tanto porque es conveniente que una mente embrutecida sea enseñada por un bruto, como, según dice Niseno en su libro Sobre la vida de Moisés, hacia el final, para que fuese instruida y castigada la vanidad del adivino (Balaán), que acostumbraba observar el rebuzno de las burras y el gorjeo de las aves como presagios que significaban acontecimientos futuros. Pues que los gentiles observaban supersticiosamente presagios semejantes lo enseña Cirilo de Alejandría, libro 3 Contra Juliano, donde también añade: «Mencionaré la encina de Dodona, de la que dicen que usó voz humana.»

Tropológicamente, San Gregorio, Parte 3 de la Regla Pastoral, Admonición 13, y siguiéndolo Rábano: «La lenta burra ve al ángel, al que Balaán todavía no veía; porque muy a menudo la carne lenta, mediante sus aflicciones, indica con su azote a la mente el Dios que la mente que preside sobre la carne no veía.» La burra, por tanto, es decir, la carne castigada, frecuentemente revela y muestra a Dios a Balaán, es decir, a la mente ciega y depravada.

A su vez, el mismo San Gregorio, Morales 27, capítulo 1: «Así como un animal irracional profirió palabras de razón, y sin embargo no alcanzó por ello la naturaleza de un ser racional, así también frecuentemente cualquier persona indigna recibe palabras santas por medio del espíritu de profecía; y sin embargo no alcanza la gloria de la santidad, de suerte que se eleva por encima de sí mismo al hablar y permanece torpemente por debajo de sí mismo por su modo de vivir.»


Versículo 29: ¡Ojalá tuviese una espada!

29. ¡OJALÁ TUVIESE UNA ESPADA PARA HERIRTE! — Ved aquí la arrogancia y la locura de Balaán y de los hombres malvados, que persiguen con palabras y golpes a quienes les advierten y buscan su salvación. Así Herodes mató a su propio consejero Juan el Bautista. Así Alejandro Magno, estando ebrio, traspasó a Clito, su amigo y consejero más fiel. Aquí es verdadero aquel dicho del Cómico: «La complacencia gana amigos; la verdad engendra odio.» Así, como escribe Séneca en el libro 3 Sobre la ira, capítulo 14: Prexaspes, su amigo más querido, solía aconsejar a Cambises, que era adicto al vino, que bebiera con más moderación, diciendo que la embriaguez era vergonzosa en un rey al que todos los ojos y oídos seguían. A esto el rey dijo: Para que sepas que nunca pierdo el dominio de mí mismo, ahora probaré que después del vino mis ojos y mis manos siguen cumpliendo su deber. Bebió entonces más copiosamente que de costumbre; y ya cargado y embotado, mandó al hijo de su crítico que se adelantase más allá del umbral y se pusiera de pie con la mano izquierda levantada sobre la cabeza. Luego tensó su arco y atravesó el corazón mismo del joven, y abriendo su pecho, mostró la flecha clavada en el corazón mismo; y volviéndose hacia el padre, le preguntó si tenía la mano bastante firme. Así obró aquel bárbaro. Con verdad dijo el Sabio, Proverbios 15:12: «El hombre pestilente no ama al que lo corrige, ni va a los sabios»; y capítulo 29, versículo 1: «Al hombre que endurece la cerviz contra la reprensión, de repente le sobrevendrá la destrucción sin remedio.» Así Cambises fue poco después privado de vida y reino; y así también Balaán fue poco después muerto por los hebreos en batalla, capítulo 31, versículo 8.


Versículo 30: Dime si alguna vez te he hecho algo semejante

30. DIME SI ALGUNA VEZ TE HE HECHO ALGO SEMEJANTE. Y ÉL DIJO: NUNCA. — De esto quedó convicto Balaán de que había golpeado a la burra sin razón, y de que ella no había querido burlarse de él sino que había sido forzada por el ángel; de donde poco después el ángel, revelándose a Balaán, lo convenció claramente tanto de su ceguera como de su maldad. Pues la ceguera y la furia de Balaán eran asombrosas: al oír hablar a la burra por milagro, no se aterró, no se asombró, ni investigó la causa y el significado del milagro; sino que, movido por la ira, amenazó de muerte a la burra, pensando que, puesto que hablaba con voz humana, ella había querido burlarse de él como si estuviese dotada de razón.

Los talmudistas refieren — o más bien, fabulan — que Dios creó diez cosas en el sexto día del mundo, al ponerse el sol cuando comenzaba el sábado: a saber, primero, la boca de la tierra, que tragó a Coré, Datán y Abirón, de lo cual hablé en el capítulo 16. Segundo, la boca del pozo, que estaba siempre abierta para los judíos mientras vivió María, la hermana de Moisés, y que precedía a los hebreos, de lo cual véase el capítulo 20, versículo 1. Tercero, la boca de la burra de Balaán para hablar, de lo cual se trata aquí. Cuarta fue el arco iris, o arco celeste, de lo cual véase Génesis 9:13. Quinto fue el carnero que Abrahán sacrificó en lugar de Isaac, Génesis 22:13. Sexta fue la vara de Moisés, que dividió el Mar Rojo, Éxodo 14:21. Séptimo fue el maná. Octavas fueron las primeras tablas de la ley, que Dios tanto dio como inscribió con el Decálogo. Novenos son los propios demonios, que se aparecen a los hombres. Décimas son las tenazas; pues dicen que las primeras tenazas descendieron del cielo y no podrían haberse hecho de otra manera, y así resuelven aquella cuestión vulgar de si fue primero el martillo o las tenazas. Abulense revisa estas cosas y las refuta extensamente en la Cuestión 10: pues son meras fábulas.


Versículo 31: El Señor abrió los ojos de Balaán

31. AL INSTANTE EL SEÑOR ABRIÓ LOS OJOS DE BALAÁN, Y VIO AL ÁNGEL — es decir, Dios hizo que Balaán viese al ángel, y esto porque removió o la ofuscación con que lo había golpeado, o la nube u otro obstáculo que había puesto ante sus ojos; o porque el ángel, que anteriormente había enviado una imagen de sí mismo solo a los ojos de la burra, ahora envió también la misma imagen a los ojos de Balaán — y una imagen aterradora y amenazante, además, con una espada reluciente.


Versículo 32: Tu camino es perverso

32. TU CAMINO ES PERVERSO Y CONTRARIO A MÍ — a saber, por la intención perversa con la que vas a Balac, es decir, a maldecir a los hebreos. Nota: Esta visión y conversación con el ángel le sucedió solo a Balaán; pues los príncipes de Balac se habían adelantado — los que lo habían convocado lo escoltaban también — y Balaán los seguía no muy lejos detrás de ellos, y por eso solo él vio al ángel y habló con él.


Versículo 33: Si la burra no se hubiera apartado

33. Y SI LA BURRA NO SE HUBIERA APARTADO DEL CAMINO, CEDIENDO EL LUGAR A QUIEN LE RESISTÍA (el ángel que se me oponía), YO TE HABRÍA MATADO, Y ELLA HABRÍA VIVIDO. — En hebreo: le habría dado vida. De donde los hebreos concluyen que esta burra, tan pronto como habló, murió, y esto por el honor no de Balaán sino del género humano, para que no sobreviviese una burra que había convencido a un hombre mediante la razón. Pero esto no puede concluirse de estas palabras; pues con ellas el ángel solo significa que habría matado a Balaán pero no a la burra, si ella se hubiera apartado. Pues «dar vida» entre los hebreos significa frecuentemente lo mismo que «conservar en vida», o «no quitar la vida sino concederla». Pues el acto significado no es uno comenzado sino continuado, como si dijera: Al matarte a ti, no habría matado a la burra, sino que la habría conservado en vida; pues tuya sola, como fue la culpa, así habría sido también el castigo.


Versículo 38: ¿Acaso puedo decir algo distinto de lo que Dios ponga en mi boca?

38. ¿ACASO PUEDO DECIR ALGO DISTINTO DE LO QUE DIOS PONGA EN MI BOCA? — Es decir, lo que Dios me ha revelado y me ha mandado declarar. Balaán se anticipa a esto para desviar de sí la indignación de Balac, si acaso profetizase en contra del deseo y la voluntad de Balac.


Versículo 39: La ciudad en los confines más remotos

39. Y LLEGARON A LA CIUDAD QUE ESTABA EN LOS CONFINES MÁS REMOTOS DE SU REINO. — En hebreo: vinieron a la ciudad de Husot, como si dijera: a la ciudad que estaba fuera, o situada más allá del reino en sus confines. Segundo, Oleastro traduce: vinieron a la ciudad de las divisiones, es decir, que era el límite del reino, dividiéndolo de los vecinos. Tercero, Vatablo piensa que Husot es nombre propio de la ciudad.


Versículo 40: Balac envió regalos a Balaán

40. Y CUANDO BALAC HUBO INMOLADO BUEYES Y OVEJAS, ENVIÓ REGALOS A BALAÁN, etc. — Como si dijera: Balac, con motivo de la gozosa llegada de Balaán, estableció fiestas, sacrificios y banquetes, y de estos envió regalos y porciones para banquetear al propio Balaán y a sus príncipes que lo habían acompañado; pues los gentiles, en ocasiones de festividades, triunfos y sucesos gozosos, instituían banquetes sagrados en los que primero sacrificaban víctimas a sus dioses; después con ellas establecían un festín solemne y cuasi-sagrado, y finalmente enviaban una porción de este banquete a los amigos ausentes.


Versículo 41: Los lugares altos de Baal

41. Y AL LLEGAR LA MAÑANA, LO CONDUJO A LOS LUGARES ALTOS DE BAAL, Y DESDE ALLÍ CONTEMPLÓ LA PARTE MÁS EXTREMA DEL PUEBLO — como si dijera: Por la mañana Balac condujo a Balaán a los lugares altos, es decir, a sitios elevados, a saber, al monte que contenía un templo o santuario en el cual se rendía culto a Baal, y esto con el propósito de que Balaán, viendo el campamento de Israel desde este monte y sacrificando al ídolo Baal, recibiese de él fuerza, inspiración y una especie de frenesí extático para maldecir a Israel. Por esta razón erigió allí siete altares, y en ellos Balaán sacrificó, como se dirá en el capítulo siguiente, versículo 1. Así Abulense. Este era el monte Abarim, que dividía a los moabitas del reino de Sijón y Og, una parte del cual se llamaba Pisgá, y la otra Nebo, en la cual murió Moisés, como consta en Deuteronomio 32:49 y capítulo 34, versículos 1 y 5. Junto a este monte, pues, estaba situado el campamento de Israel, en lugares llanos que por eso comúnmente se llaman las llanuras de Moab; y desde este monte Balaán observó el campamento de Israel y, al profetizar, los bendijo en contra de su propia intención.