Cornelius a Lapide

Números XXIV


Índice


Sinopsis del capítulo

Balaam bendice a Israel por tercera vez, y una cuarta, versículo 15, donde profetiza acerca del reino de Cristo, que ha de nacer de Israel como una estrella; igualmente acerca de Amalec, los cineos, el reino de los romanos y su destrucción.


Texto de la Vulgata: Números 24:1-25

1. Y cuando Balaam vio que agradaba al Señor bendecir a Israel, no fue como antes había ido a buscar augurios, sino que dirigió su rostro hacia el desierto, 2. y alzando sus ojos, vio a Israel acampado en sus tiendas según sus tribus, y el espíritu de Dios irrumpió sobre él, 3. y tomando su parábola, dijo: Dijo Balaam hijo de Beor: dijo el hombre cuyo ojo está cerrado: 4. dijo el que oye las palabras de Dios, el que contempló la visión del Todopoderoso, el que cae, y así se abren sus ojos. 5. ¡Cuán hermosos son tus tabernáculos, oh Jacob, y tus tiendas, oh Israel! 6. Como valles boscosos, como jardines junto a ríos que riegan, como tabernáculos que plantó el Señor, como cedros junto a las aguas. 7. Brotará agua de su cubo, y su descendencia estará entre muchas aguas. Su rey será depuesto a causa de Agag, y su reino le será quitado. 8. Dios lo sacó de Egipto, cuya fuerza es semejante a la del rinoceronte. Devorarán a las naciones que son sus enemigos, y quebrarán sus huesos, y los traspasarán con flechas. 9. Recostándose durmió como un león, y como una leona, a la cual nadie osará despertar. El que te bendijere será también él mismo bendito: el que te maldijere será tenido por maldito. 10. Y Balac, airado contra Balaam, batió sus manos y dijo: Te llamé para maldecir a mis enemigos, y por el contrario los has bendecido tres veces; 11. vuelve a tu lugar. Yo había decidido honrarte magníficamente, pero el Señor te ha privado del honor dispuesto. 12. Balaam respondió a Balac: ¿Acaso no dije a tus mensajeros que me enviaste: 13. Si Balac me diera su casa llena de plata y oro, no podría traspasar la palabra del Señor mi Dios, para proferir cosa buena o mala de mi propio corazón; sino que lo que el Señor dijere, eso hablaré? 14. Sin embargo, yendo a mi pueblo, te daré consejo sobre lo que tu pueblo hará a este pueblo en los últimos días. 15. Entonces, tomando su parábola, dijo de nuevo: Dijo Balaam hijo de Beor: dijo el hombre cuyo ojo está cerrado: 16. dijo el que oye las palabras de Dios, el que conoce la doctrina del Altísimo y ve las visiones del Todopoderoso, el que cayendo tiene los ojos abiertos. 17. Lo veré, pero no ahora: lo contemplaré, pero no de cerca. Nacerá una estrella de Jacob, y se levantará una vara de Israel; y herirá a los caudillos de Moab, y devastará a todos los hijos de Set. 18. Y Edom será su posesión: la herencia de Seír caerá en manos de sus enemigos; pero Israel obrará con valor. 19. De Jacob vendrá Aquel que dominará, y destruirá los restos de la ciudad. 20. Y cuando vio a Amalec, tomando su parábola, dijo: Amalec es el principio de las naciones, cuyo fin será la destrucción. 21. Vio también al cineo, y tomando su parábola, dijo: Tu morada es ciertamente fuerte; pero si pones tu nido en la roca, 22. y hubieres sido elegido de la estirpe de Cin, ¿cuánto tiempo podrás subsistir? Porque Asur te tomará. 23. Y tomando su parábola habló de nuevo: ¡Ay, quién vivirá cuando Dios haga estas cosas! 24. Vendrán en galeras desde Italia, vencerán a los asirios, y devastarán a los hebreos, y al fin también ellos mismos perecerán. 25. Y Balaam se levantó, y volvió a su lugar: y Balac también regresó por el camino que había venido.


Versículo 1: Cuando Balaam vio que agradaba al Señor

1. Y CUANDO BALAAM VIO QUE AGRADABA AL SEÑOR BENDECIR A ISRAEL. -- Vio, es decir, Balaam reconoció, por una iluminación interna de Dios. Pues Dios, antes de que Balaam fuera según su costumbre a buscar augurios, se le anticipó, impulsando su voluntad e iluminando su entendimiento, para que viera claramente qué clase de pueblo era Israel, cuán aceptable a Dios y cuán digno de bendición: por lo cual no acudió a sus augurios, sino que inmediatamente bendijo al pueblo.

NO FUE, COMO ANTES HABÍA IDO, A BUSCAR AUGURIOS. -- Los Setenta: al encuentro de las aves. Pues el augurio es una adivinación tomada del vuelo, canto o alimentación de las aves, y se llama augurio, como si dijera «lectura de aves», porque se tomaba del comportamiento de las aves; de ahí, sin embargo, se transfiere a cualquier adivinación, como dije en Génesis xliv, 5. Si Balaam, pues, acostumbraba buscar su augurio, es decir, su adivinación, de las aves, o de las entrañas de las víctimas, o de un demonio familiar solamente, no consta: esto consta, que fue verdaderamente augur y hechicero, como mostré en el capítulo xxii, 5.


Versículo 2: El Espíritu de Dios irrumpiendo sobre él

2. EL ESPÍRITU DE DIOS IRRUMPIENDO SOBRE ÉL. -- «El Espíritu de Dios» aquí es el espíritu de profecía, o la luz sobrenatural infundida en el entendimiento del Profeta, para comprender las cosas ocultas; porque aquella luz es como algo viviente, por eso se llama Espíritu de Dios, es decir, inspirado por Dios. Pues espíritu se dice de «aspirar» y «mover»: de donde todo lo que tiene vida y movimiento se dice que es un espíritu, o que tiene espíritu; esta luz, por tanto, no es otra cosa que una iluminación y revelación comunicada a la mente del Profeta: y esta iluminación es un acto vital, como es evidente.


Versículo 3: El hombre cuyo ojo está cerrado

3. TOMANDO SU PARÁBOLA. -- «Parábola», es decir, profecía, significando: profetizando. Véase lo dicho en el capítulo xxiii, versículo 7.

DIJO: BALAAM DIJO: DIJO EL HOMBRE CUYO OJO ESTÁ CERRADO -- es decir, que perdió uno o ambos ojos, dice R. Salomón. Pues piensa que Balaam era tuerto o ciego. Pero estas son invenciones suyas. En segundo lugar, otros por el ojo entienden el intelecto práctico. Pues aunque Balaam, en la profecía, tenía abierto el ojo especulativo del intelecto para discernir lo futuro, tenía sin embargo cerrado el ojo práctico que lo dirigiría a obrar bien y rectamente: pues era un hombre impío. De donde Rábano dice: «Balaam tenía el ojo cerrado para corregir su propio error y para venerar al autor de la profecía misma; mientras que su ojo estaba abierto para percibir los misterios de la profecía.» Pero este sentido parece más bien místico que literal.

Digo, pues, «cuyo ojo está cerrado», el sentido es, como si dijera: Quien en sueños, cuando los ojos están cerrados, recibió de Dios una visión profética. Pues es claro que Dios habló a Balaam en sueños una y otra vez, por el capítulo xxii, versículos 8 y 20. Así Rábano y Abulense, quien, aunque al principio parece refutar esta exposición, poco después la aprueba y la prefiere a las demás. Podría en segundo lugar explicarse así: «cuyo ojo está cerrado», es decir, quien, arrebatado en éxtasis y enajenado de los sentidos, vio visiones de Dios.

Los autores más recientes traducen lo contrario, cuyos ojos están abiertos, pero incorrectamente. Pues en hebreo satam, escrito con sin, al igual que satam escrito con samec, significa cerrar, no abrir, como rectamente muestra Oleaster.


Versículo 4: Quien cae, y así se abren sus ojos

4. Quien cae (a saber, en el sueño, o en la enajenación de los sentidos), Y ASÍ SE ABREN SUS OJOS -- a saber, de la mente, por la luz profética. Pues dice lo mismo, pero con otras palabras, que lo dicho en el versículo precedente. Así los Setenta y Filón. En segundo lugar, los hebreos, y Jerónimo Prado en Ezequiel i, 2: «Quien cae», dicen, es decir, quien cae en un desvanecimiento de mente y cuerpo, de modo que el cuerpo se desploma y cae, tan pronto como sus ojos se abren en la visión.

Tropológicamente San Gregorio, homilía 9 sobre Ezequiel: «Balaam, dice, cayendo tenía los ojos abiertos, el cual vio lo recto que debía decir, pero despreció hacer lo recto; cayendo ciertamente en obras perversas, y teniendo los ojos abiertos en la santa predicación.» Pues, como dice San Agustín en las Sentencias, Sentencia 6: «La verdadera confesión del que bendice es cuando el sonido de la boca y el del corazón son el mismo: pero hablar bien y vivir mal no es otra cosa que condenarse a sí mismo con la propia voz.»


Versículos 5-6: ¡Cuán hermosos son tus tabernáculos, oh Jacob!

5 y 6. ¡Cuán hermosos son tus tabernáculos, oh Jacob!, etc., como valles boscosos, como jardines junto a ríos que riegan, COMO TABERNÁCULOS QUE PLANTÓ EL SEÑOR, COMO CEDROS JUNTO A LAS AGUAS. -- En vez de valles boscosos, en hebreo se lee kinchalim nittaiu, es decir, como valles que extienden, a saber, las ramas de sus árboles. De donde los Setenta traducen: como valles que dan sombra. Puede en segundo lugar traducirse con el Caldeo y los modernos: como torrentes que se extienden, es decir, que fluyen espaciosa y ampliamente.

Nótese: Los tabernáculos de Israel se comparan aquí, primero, a un valle boscoso, que tiene muchos árboles como un bosque; pues así como en aquel bosque hay, primero, verdor y belleza de árboles; segundo, conveniencia; tercero, sombra: así igualmente estas tres cosas había en los tabernáculos del campamento de Israel.

En segundo lugar, se comparan a jardines junto a ríos que riegan: pues estos siempre están verdes y dan fruto abundante a su tiempo; tales eran los tabernáculos de Israel y de otros piadosos. De donde se dice del justo en el Salmo i: «Y será como un árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, que dará su fruto a su tiempo, y su hoja no caerá, y todas las cosas que hiciere prosperarán.»

En tercer lugar, se comparan a tabernáculos que plantó el Señor, que son sólidos y firmes, erigidos y establecidos por Dios: tales eran también los campamentos de Israel; de modo que ningún enemigo podía sacudirlos, porque Dios los conservaba firmemente. Nótese: En vez de tabernáculos, puede traducirse con el Caldeo y Vatablo como casia, o árboles aromáticos, que el Señor plantó: pues a estos se comparan rectamente Israel y los varones piadosos.

En cuarto lugar, se comparan a cedros junto a las aguas; pues los cedros, como son grandes y altos, necesitan mucho riego y alimento, y por tanto crecen sobre todo cerca de las aguas: así también Israel, situado cerca de las aguas y del mar, es decir, cerca de su Dios, que abundantemente derramaba sobre él el maná y todo lo que necesitaba, crecía maravillosamente: y esto es lo que el propio Moisés se gloría para ellos, diciendo en Deuteronomio iv, 7: «Ni hay otra nación tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella, como nuestro Dios está presente a todas nuestras súplicas.»

Por lo cual el Paráfrasis Jerosolimitano traduce más estrechamente así: «¡Cuán buenos son los tabernáculos en que oró Jacob su padre, y el tabernáculo de la alianza que hicisteis para mi nombre, y los tabernáculos alrededor de la casa de Israel! Como los torrentes prevalecen, así también los israelitas prevalecerán sobre sus enemigos. Como los jardines están plantados junto a las fuentes de aguas, así serán sus ciudades, produciendo Escribas y Doctores de la Ley. Y como el cielo que la palabra del Señor extendió para morada de su reposo, así vivirán y perdurarán los israelitas para siempre. Son hermosos y célebres como cedros junto a las aguas, que se elevan al crecer.»

Anagógicamente, por estos tabernáculos se significa la belleza de la Jerusalén celestial. Así San Fulgencio, al llegar a Roma y ver, mientras Teodorico rey de los godos celebraba corte, la nobleza, esplendor y orden de la corte romana, dijo a sus compañeros: «Hermanos, ¡cuán hermosa debe ser la Jerusalén celestial, si así resplandece la Roma terrestre! Y si en este mundo se da tan gran dignidad de honor a los que aman la vanidad, ¿qué honor, gloria y paz será otorgado a los Santos que contemplan la verdad?» Así lo relata el autor de su Vida en el capítulo xiii.


Versículo 7: Brotará agua de su cubo

7. BROTARÁ AGUA DE SU CUBO. -- Llama cubo al linaje y posteridad de Israel, como si dijera: Así como un cubo lleno da agua copiosa, así el linaje de Israel será fecundo y engendrará muchos hijos: que este es el sentido genuino y literal es claro por el hemistiquio siguiente, que como de costumbre explica el precedente, cuando dice: «Y su descendencia estará entre muchas aguas.»

En segundo lugar, simbólicamente: «Brotará agua de su cubo», como si dijera: Así como el agua sacada de un pozo por medio de un cubo se derrama de él en otros vasos, así el agua de la sabiduría y de la ley divina, sacada por medio de los cubos, es decir, por medio de los libros y Profetas de Israel, se derramará y esparcirá entre otras naciones. En sentido semejante dice Isaías en el capítulo ii: «De Sión saldrá la ley, y la palabra del Señor de Jerusalén.» Así Lirano y Cayetano.

De aquí, en tercer lugar, alegóricamente los hebreos entienden aquí al Mesías, o a Cristo, y esto primero, porque Cristo como agua fluyó del cubo de Israel, es decir, de la semilla de los patriarcas. Segundo, porque de Cristo como de un cubo manó el agua, es decir, la doctrina salvadora: pues Cristo la derramó como agua, tanto por sí mismo como por sus discípulos. De donde Él mismo dice en Juan vii, 37: «Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba: el que cree en Mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva manarán de su seno.» Así Abulense.


Su descendencia estará entre muchas aguas

Y SU DESCENDENCIA ESTARÁ ENTRE MUCHAS AGUAS. -- He aquí que aquí explica el cubo, y lo llama descendencia, la cual «estará, dice, entre muchas aguas», es decir, entre muchos pueblos. Pues la Escritura con frecuencia significa pueblos por aguas, como en Isaías xlviii, 1: «De las aguas (es decir, de la posteridad) de Judá habéis salido»; y Jeremías xlvii, 2: «He aquí que aguas (es decir, Nabucodonosor con su multitud) suben del norte»; y Apocalipsis xvii, 15: «Las aguas que viste son pueblos», como si dijera: La descendencia, es decir la posteridad, de Israel se propagará entre muchos pueblos, tanto propia y naturalmente por generación, para que sus descendientes crezcan en gran multitud: de donde Vatablo traduce: su descendencia estará entre muchas aguas, como si dijera: La posteridad de Israel será fecunda, y sus semillas tomarán gran incremento, como suelen hacerlo los brotes en lugares regados. También políticamente por el dominio: de donde los Setenta y los caldeos traducen: un hombre saldrá de su semilla, y dominará sobre muchas naciones, de modo que aquí se designa a Saúl, el primer rey de Israel, del cual se habla inmediatamente a continuación.

Ahora bien, el sentido simbólico y alegórico aquí es el mismo que di para el primer hemistiquio: así Abulense.


Su rey será depuesto a causa de Agag

SU REY SERÁ DEPUESTO A CAUSA DE AGAG. -- El traductor vierte correctamente; pues en hebreo, literalmente es: quitará su reino a causa de Agag; pues la palabra hebrea rum significa no solo exultar, sino también quitar y separar; de donde therumah se llama separación. Ahora bien, el sentido es, como si dijera: Saúl, el primer rey de Israel, a causa de Agag, rey de los amalecitas, conservado por él (porque, es decir, le perdonó después de capturarlo, contra el mandato del Señor), será depuesto, de modo que no sea heredero del reino, y por tanto su reino le será quitado, para que no recaiga en sus descendientes, sino que sea transferido a David y a su linaje. Véase la historia en I Reyes (I Samuel) xv. Así Rábano y Beda aquí, y San Jerónimo en Ezequiel capítulo xxxviii.

En segundo lugar, el hebreo puede traducirse con el Caldeo y Vatablo así: su rey será exaltado más que Agag, y su reino será ensalzado; y esto es verdad, pues Saúl prevaleció sobre Agag y lo capturó en guerra. Los Setenta traducen: y su reino será exaltado por encima de Gog (pues así debe leerse, no Psoc, como tienen las ediciones regias. Pues Rábano y Cipriano, libro I de los Testimonios a Quirino, testimonio 10, leen Gog). Gog, es decir, por encima del techo, dice Rábano. Pues Gog en hebreo significa techo, como si dijera, según lee San Ambrosio en el Salmo xxxvii: «Su reino será elevado a lo alto.»

Pero Gog se toma aquí propiamente, no como apelativo: de ahí que Eusebio, libro IX de la Demostración del Evangelio iii, por Gog entiende al Emperador Romano, como si dijera: Su reino será exaltado, en el tiempo de Cristo. Pero Balaam profetiza aquí acerca del reino, no de los romanos, sino de los judíos.

Por lo cual traducen mejor Símaco y Teodocio, según se encuentra en Procopio: su reino será exaltado por encima de Gog, a saber, de Cristo rey, que ha de nacer de Israel; y esto es lo que parecen haber querido decir los Setenta. Pues traducen: un hombre saldrá de su semilla, y dominará sobre muchas naciones, y su reino será exaltado por encima de Gog, como si Balaam profetizara aquí la victoria de Cristo contra el Anticristo y sus caudillos Gog y Magog, sobre los cuales véase Ezequiel xl.

Pero la lectura verdadera es Agag, no Gog, como es claro por el hebreo, el caldeo y nuestra Vulgata: por tanto, el primer sentido es el genuino.

Finalmente, el Paráfrasis Jerosolimitano toma estas palabras literalmente de Cristo: y así traduce: «Un rey se levantará entre sus hijos, y su redentor de entre ellos. Él también estará entre ellos, y los congregará, a saber, sus cautividades de las provincias de sus enemigos: y sus hijos dominarán sobre los pueblos. Será más fuerte que Saúl, que perdonó a Agag, rey de los amalecitas; y el reino del Rey Mesías se multiplicará.» Pero esta paráfrasis no es literal.


Versículo 8: Cuya fuerza es semejante a la del rinoceronte

8. Cuya fuerza es semejante a la del rinoceronte. -- Véase lo dicho en el capítulo xxiii, versículo 22.

DEVORARÁN (a saber, los israelitas) A LAS NACIONES (que son) SUS ENEMIGOS -- a saber, de Israel, matándolas y consumiéndolas. De donde el Caldeo traduce claramente: la casa de Israel devorará la soberbia de los pueblos que son sus enemigos, y se deleitarán con el botín de sus reyes, y poseerán su tierra.

Nótese: Cuando la Escritura habla de alguna nación o pueblo, habla de ella ora en singular, ora en plural. De donde en vez de «devorarán», aquí en hebreo es «devorará», a saber, Israel, a sus enemigos.

Y QUEBRARÁN SUS HUESOS -- En hebreo: descarnarán los huesos; Vatablo: roerán sus huesos, a saber, los israelitas; los Setenta traducen: extraerán la médula de su gordura.


Versículo 9: Recostándose durmió como un león

9. RECOSTÁNDOSE DURMIÓ COMO UN LEÓN. -- Esta es una profecía, como es claro; por tanto, el tiempo pasado debe tomarse por el futuro: durmió, es decir, dormirá, es decir, Israel descansará seguro en la tierra prometida, y será terrible para las naciones vecinas, y fuerte como un león, y fiero y combativo como una leona a la que arrebatan sus cachorros, de modo que nadie osará atacarlo. Tal fue Israel, especialmente en tiempos de David y Salomón.

EL QUE TE BENDIJERE SERÁ TAMBIÉN ÉL MISMO BENDITO -- como si dijera: El que te deseare bien, bien le será deseado: asimismo, el que te hiciere bien, bien le será hecho. Por el contrario, el que te hiciere mal, o te maldijere, mal le será hecho, y los hombres lo maldecirán; dirigiéndolo Dios así y premiando a tus amigos, y castigando a tus enemigos.


Versículo 13: No puedo traspasar la palabra del Señor

13. NO PUEDO TRASPASAR (no puedo transgredir) la palabra del Señor.


Versículo 14: Te daré consejo

14. SIN EMBARGO TE DARÉ CONSEJO SOBRE LO QUE TU PUEBLO HARÁ A ESTE PUEBLO EN LOS ÚLTIMOS DÍAS. -- Balaam veía que ante el rey Balac era poseído por el Espíritu del Señor y no podía maldecir al pueblo de Israel; pensó, pues, que si se apartaba de él, yendo a su propio pueblo, sería abandonado por el Espíritu de Dios, y así daría al rey Balac un consejo perverso para destruir a los hebreos, y consecuentemente obtendría el oro que le había prometido; aquí se manifiestan claramente su maravillosa impiedad y su ciega avaricia.

¿A qué no empujas los corazones de los mortales, oh maldita hambre de oro? Por oro se venden los derechos; por oro se venden las cosas sagradas.

¡Cuánto más excelso y santo fue el papa Liberio, quien enviado al destierro por el emperador Constancio, rechazó una gran suma de oro enviada por él para provisiones, diciendo: «Tú has saqueado las iglesias del mundo, ¿y ahora me ofreces limosna como a un condenado y desvalido? Vete primero y hazte cristiano tú mismo.» Así Teodoreto, libro I de la Historia, capítulo xvi. Y Eusiquio el ermitaño en el territorio de Berry, quien dijo al rey Childeberto que le ofrecía 50 monedas de oro: «Dádselas a los pobres, yo no las necesito», como relata Gregorio de Tours en su libro De la Gloria de los Confesores, xxviii. Y Hormisdas, noble persa, quien, despojado de su nobleza y riquezas por su fe en Cristo, y oyendo del rey: Ahora, por fin, niega al hijo del carpintero; rasgó la túnica barata con que había sido vestido por orden del rey y la arrojó al rey, diciendo: «Si piensas que abandonaré la piedad por causa de esto, quédate con tu regalo junto con tu impiedad.» Así Teodoreto, libro V, capítulo xxxviii.

LO QUE TU PUEBLO HARÁ A ESTE PUEBLO. -- De modo totalmente opuesto al hebreo traducen los Setenta, el Caldeo y los modernos, a saber: te aconsejaré qué hará este pueblo a tu pueblo, en los últimos días. Lo cual Rábano explica así, como si dijera: Te daré consejo, es decir, te anunciaré el consejo y decreto de Dios, que ha de cumplirse en los últimos días, para que sepas qué hará este pueblo a tu pueblo, consejo que se expresa en el versículo 17, cuando dice: «Se levantará una vara de Israel, y herirá a los caudillos de Moab.» Pero como Balaam no pronunció esta profecía yendo a su pueblo, sino permaneciendo todavía con Balac; y porque la palabra hebrea iaats propiamente significa aconsejar, no adivinar o predecir: de ahí que nuestro traductor vierta mejor el hebreo, que literalmente traducirías: te daré consejo (pues aunque la palabra hebrea «a ti» no se lee en la Biblia Romana, ni en otras ediciones latinas generalmente, sin embargo se sobrentiende) sobre lo que tu pueblo hará a este pueblo: pues el prefijo lamed, que se antepone a la palabra ammecha, no siempre es indicador del dativo, sino a veces también del nominativo, como es claro por los léxicos hebreos. El sentido, pues, es como si dijera: Veo que no puedo dañar a los israelitas por medio de augurios y adivinaciones; partiendo, pues, te daré a ti, oh Balac, consejo, por el cual a través de mujeres los israelitas puedan ser seducidos al culto de Beelfegor, y así ser destruidos. Pues que Balaam sugirió este consejo es claro por el capítulo xxxi, versículo 16, y Apocalipsis ii, 14, y Josefo lo relata expresamente, libro IV de las Antigüedades, capítulo vi; y que le salió bien, será claro en el capítulo siguiente. Así Teodoreto, Cuestión xlv, San Agustín, Cuestión lx, y otros.

Pues, como bellamente enseña San Ambrosio, libro VI, carta 37, y Niseno en su libro De la Vida de Moisés, hacia el final, y Próspero, parte II de las Predicciones, capítulo xii, Filón y Abulense: Balaam, ávido del favor real y del oro de Balac, quería privar a los israelitas de la protección divina y de los demás bienes que había profetizado sobre ellos; para esto el mejor método le pareció que los israelitas fueran arrastrados a la lujuria: para que así ofendieran a Dios, que es amante de la castidad, como el rinoceronte (dice Ruperto), y de este modo fueran apartados del culto de Dios hacia la idolatría, y así Moisés se airara contra ellos, y se enfureciera contra ellos, y un vengador se levantara: pero para provocarlos a la idolatría, aconsejó que las más hermosas mujeres moabitas y madianitas fueran apostadas, como si fueran a vender alimentos o a comerciar, cerca del campamento de Israel, con sus ídolos y alimentos consagrados al ídolo, las cuales primero atraparían a los israelitas con su belleza, amor y abrazo; luego los seducirían a adorar a su obscenísimo ídolo Beelfegor, o Príapo, y Balaam sugirió e instó a que esto se hiciera durante todo el camino, a saber, desde Fasga hasta Gálgala, o hasta la entrada de Canaán. Pero se hizo solo una vez, y después fue impedido por la terrible venganza de Dios, como será claro en el capítulo siguiente: y así lo enseña Miqueas, capítulo vi, versículo 5. Aprende aquí cuán grave y peligrosa es la tentación de las mujeres; así Salomón fue llevado por las mujeres a los ídolos: pues «el vino y las mujeres hacen apostatar a los sabios.» Sobre una tentación semejante de mujeres, pero que tuvo un resultado diferente, narra un bello ejemplo Damasceno en su libro De Barlaam y Josafat, capítulo xxx.


En los últimos días

EN LOS ÚLTIMOS DÍAS -- es decir, en los días siguientes después de que me aparte de ti; pues la palabra hebrea acharit, es decir, último o final, en la Escritura frecuentemente no se dice respecto del tiempo que pudiera seguir, como si fuera el tiempo final después del cual ningún otro sigue; sino que se dice respecto de lo que precedió; y es lo que sigue después de otra cosa, aunque después de ello sigan todavía otras cosas; por tanto, «último» o «final» significa lo mismo que «siguiente» o «posterior». Esto es claro tanto por la propia raíz hebrea achar, es decir, fue posterior, se retrasó, como también por los ejemplos. Pues así en Génesis xxxiii, 2, en hebreo, se dice que Jacob puso a Lía y a sus hijos en último lugar: sin embargo, después de Lía venía Raquel con su hijo José. Así los Profetas generalmente llaman al tiempo del Mesías «el último», porque es posterior. Similares son Génesis xlix, 1, Isaías ix, 1: de donde rectamente aquí puedes traducir con Oleaster: en días posteriores. Véase Ribera, Miqueas iv, 5.


Versículo 16: Tomando de nuevo su parábola

16. ENTONCES, TOMANDO SU PARÁBOLA (profecía) DIJO DE NUEVO. -- Nótese la palabra «entonces», como si dijera: Puesto que Balaam ya pensaba en partir, antes de que se fuera, permaneciendo todavía con Balac, no pudo dejar de bendecir a los israelitas; por tanto, como despidiéndose, los bendijo de nuevo y por última vez.

17. DIJO EL HOMBRE CUYO OJO ESTÁ CERRADO -- por el sueño o el éxtasis. Véase lo dicho en el versículo 2.


Versículo 17: Una estrella nacerá de Jacob

LO VERÉ (a Israel), PERO NO AHORA, — es decir, lo veré en el día del juicio, cuando resucitaré con él en el valle de Josafat, dice el Abulense. En segundo lugar, y más aptamente en relación con lo que sigue: «Lo veré», no con mis propios ojos, sino con los ojos de mis descendientes y sucesores. Porque ellos verán a Israel, maravillosamente adornado por el nacimiento del Mesías, que ha de nacer de ellos. Pues sobre esto añade: «Una estrella nacerá de Jacob.» Porque Dios y los Profetas acostumbran predecir y prometer ciertas cosas que han de cumplirse no en la persona a quien se prometen, sino en su posteridad: así San Juan Crisóstomo, homilía 8 sobre Mateo, y Eutimio sobre Mateo i. Así la tierra de Canaán es prometida a Abrahán, es decir, a su posteridad, Génesis xv, 7. Así Jacob, Génesis xlix, bendiciendo a sus hijos, promete aquellas cosas que sucederán a su posteridad. Así se dice en Ageo ii, 24: «Te tomaré, Zorobabel», a saber, en Cristo; esto es, tomaré a Cristo, que nacerá de ti, oh Zorobabel. Similares son Génesis xii, 3, Génesis xxvii, 29.

UNA ESTRELLA NACERÁ DE JACOB. — Algunos entienden por la estrella y la vara a David, y hay ciertas cosas que convienen a David. Porque David, como una estrella, resplandeció en sabiduría, piedad, valor militar y la gloria de su reino, de modo que nadie osaba tocar a uno tan exaltado, así como nadie puede tocar las estrellas. Además, David sometió a Moab y a los edomitas, II Reyes (II Samuel) viii, lo cual se dice aquí de la estrella. Pero el sentido literal principal es acerca de Cristo; de donde el Caldeo traduce clarísimamente: un rey surgirá de la casa de Jacob, el Cristo será ungido de la casa de Israel, y matará a los príncipes de Moab, y dominará sobre todos los hijos de los hombres. Cristo, por tanto, es llamado aquí, como vara, así también estrella: primero, porque Él mismo es la luz del mundo; segundo, por el resplandor y la gloria, tanto de la vida celestial como de la resurrección y la bienaventuranza: por cuya razón Cristo es llamado la estrella resplandeciente y matutina, Apocalipsis xxii, 16, Apocalipsis ii, 28. Véase lo que se dijo allí.


Cristo, la estrella matutina

Donde nótese: Cristo es llamado la estrella matutina, es decir, el lucero, primero, porque en esta vida disipó las tinieblas de la incredulidad, y en la vida futura disipará las tinieblas de la mortalidad. Segundo, porque así como el lucero da fin a la noche y principio al día, así Cristo trajo fin al pecado y a la ignorancia, y principio a la fe y a la salvación. Tercero, es la estrella matutina, porque «cuando nos ofreció en sí mismo el ejemplo de la resurrección, indicó qué luz había de seguir», dice San Gregorio, XXIX Morales xxx, sobre aquellas palabras de Job xxxviii: «¿Acaso puedes tú producir el lucero a su tiempo?» Y Beda: «Cristo, dice, es la estrella matutina, porque pasada la noche del mundo, promete y revela a los santos la luz de la vida eterna.» Y Ruperto: «Por el trabajo con que el obispo en esta vida, como en la noche, trabajó con vigilancia en el cuidado de las almas encomendadas a él, me manifestaré a él, yo que soy la estrella resplandeciente y matutina.» Y Haymón: «Cristo, dice, es la estrella matutina, esto es, el lucero, porque en la resurrección, disipadas las tinieblas de la mortalidad, aparecerá como el lucero, y mostrará el día perfecto de la eternidad.» Así también Pererio, Viegas y Ribera.

Además, más plena y claramente, la estrella matutina es la luz de la gloria y la visión clara de Dios, que el alma victoriosa obtiene por la gracia de Cristo después de la muerte. Se llama estrella por el resplandor de la contemplación. «¡Oh Señor, dice el Salmista, en tu luz veremos la luz!» Se llama matutina, primero, porque después de la noche de esta vida y de este mundo amanecerá; segundo, por el comienzo de la bienaventuranza, que se completará en la resurrección de los cuerpos, cuando esta estrella matutina se transformará, por así decirlo, en sol del mediodía, a saber, cuando el alma derramará su gloria en el cuerpo. Ambos sentidos, esto es, acerca de Cristo y de la gloria del alma bienaventurada, los sostienen Ricardo de San Víctor, Primasio y Aretas, en el pasaje citado del Apocalipsis.

Tercero, Cristo es llamado estrella, porque por una estrella fue significado el nacimiento de Cristo. Pues Cristo, como estrella divina nacida de la simiente de Jacob, emitió aquella estrella corpórea y, por así decirlo, la lanzó de sí mismo, la cual convocaría a los Magos hacia Él en Belén. Que se hace referencia aquí a la estrella de los Magos es claro tanto por el texto hebreo, que en lugar de «nacerá» tiene darach, es decir, avanzó, recorrió el camino y fue delante, lo cual conviene propiamente a aquella estrella que iba delante de los Magos; como porque la opinión común de los Padres es que los tres Magos fueron descendientes o sucesores de este Balaam, y habían sido instruidos por esta profecía suya de que algún día surgiría una estrella que indicaría el nacimiento de un gran Rey de los judíos; y de ahí que los Magos, al ver la estrella, fueron inmediatamente movidos a buscar al rey significado por la estrella, y las palabras de los Magos significan esto: «Hemos visto su estrella», como si dijeran: Hemos visto no alguna estrella desconocida, sino «su estrella», conocida, es decir, y predicha por Balaam, que sería su estrella, a saber, la señal de Cristo. Así lo enseña Orígenes, homilías 13, 15, 18 aquí; Epifanio en el Epítome; Cipriano, sermón Sobre la estrella y los Magos; Basilio, homilía Sobre el nacimiento humano de Cristo; León, sermón 4 Sobre la Epifanía; Ambrosio, libro II sobre Lucas, capítulo Sobre los Magos; Niseno, oración Sobre la santa Natividad de Cristo; Eusebio, libro IX de la Demostración, i; Próspero, parte II de las Predicciones, xii; Procopio y Ruperto aquí, San Jerónimo, Crisóstomo, Teofilacto, Eutimio y otros sobre Mateo ii. De estos, Orígenes y algunos otros piensan que los tres Magos eran caldeos, porque Balaam, su antepasado o predecesor, era caldeo o mesopotámico. Otros, más numerosos, piensan que eran árabes: pues esta profecía sobre la estrella fue pronunciada en Arabia por Balaam, de donde su memoria allí, así como entre los vecinos, permaneció célebre durante muchos siglos.

Y de este oráculo de Balaam sobre esta estrella parece haberse originado aquella famosa tradición antaño difundida en Oriente acerca de un rey que habría de nacer en Judea y que poseería todas las cosas, la cual mencionan Suetonio en la Vida de Vespasiano, Cicerón en el libro II Sobre la Adivinación, Orosio, Hegesipo y otros. Además, del hebreo darach, es decir, la estrella avanzó desde Jacob, algunos piensan con probabilidad que esta estrella fue vista primeramente por los Magos estando en Oriente, sobre Judea y Belén, y como suspendida sobre ella: pues de esto los Magos parecen haber conocido que el rey de Judea había nacido, y que debía ser buscado en Belén. Luego esta estrella voló con rápido movimiento desde Judea hacia Oriente, para convocar a los Magos, y reposó allí hasta que los Magos emprendieron su viaje. Pues los Magos dicen, Mateo ii, 2: «Vimos su estrella en Oriente.» Así piensa Sebastián Barradio, libro IX de la Armonía de los Evangelios, capítulo ix. Concuerda Procopio, sobre Números xxiv, 17, y Haymón, sermón 3 Sobre la Epifanía, quienes enseñan que la estrella fue vista por los Magos de pie perpendicularmente sobre Judea.

Simbólicamente: «La estrella, dice Hugo el Cardenal, tiene seis rayos, con los cuales ilumina la noche, y Cristo tiene seis virtudes, con las cuales ilumina a todo hombre.» La primera es la humildad; la segunda es la mansedumbre, Mateo capítulo xi: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.» La tercera es la obediencia, Filipenses capítulo ii: «Cristo se hizo obediente por nosotros hasta la muerte, y muerte de cruz.» La cuarta es la paciencia. La quinta es la misericordia, de la cual Job xxxi: «Desde la infancia creció conmigo la compasión, y desde el vientre de mi madre salió conmigo.» La sexta es la caridad, de la cual Juan capítulo iii dice: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito», etc.


Prodigios en el nacimiento de los Santos

Nótese: En lugar de «nacerá», el hebreo tiene cochab, es decir, estrella; R. Akiba y los judíos antiguamente leían cosab, o cosba, es decir, mentira. Pues de aquí quisieron probar que su impostor, de nombre Bar Cosba (como si dijeras, hijo de la mentira), era el verdadero Mesías; por lo cual Bar Cosba, habiendo reunido un ejército grandísimo, como si fuera el Rey Mesías, se rebeló contra los romanos. Pero el emperador Adriano lo sitió en la ciudad de Béter, y tomada ésta, Bar Cosba fue degollado, y tuvo lugar una gran matanza de judíos, como entre otros narra Galatino, libro IV, capítulo xxi.

Nótese: Así como una estrella fue el presagio de Cristo, así prodigios luminosos demostraron el nacimiento de Santos ilustres. Escúchense los ejemplos:

Hortulana, la madre de Santa Clara, próxima al parto, orando ante el crucifijo, oyó una voz: «No temas, mujer, porque darás a luz una luz que iluminará el mundo más brillantemente»; instruida por este milagro, ordenó que la recién nacida fuese llamada Clara en el bautismo. Así lo refiere su Vida.

Cuando San Swiberto, obispo de Werden, nacía de su ilustrísima madre, la condesa Berta, un resplandor excesivo llenó toda la cámara real, y permaneció extendido con rayos inquebrantables hasta que él mismo fue traído a la luz, dice Marcelino en su Vida.

La madre de San Wilibrordo, obispo de Utrecht, de noche en sueños vio algo como una luna nueva que crecía hasta la plenitud; contemplándola más atentamente, de repente cayó en su boca, y al tragarla, sus entrañas se llenaron de esplendor. Despertando aterrorizada de miedo, relató el sueño a cierto sacerdote religioso, quien le dijo: «La luna que viste crecer de pequeña a grande es el hijo que concebiste aquella noche, el cual con la luz de la verdad dispersará los tenebrosos errores de la oscuridad, y dondequiera que vaya, acompañado del esplendor de la luz celestial, mostrará el orbe pleno de su perfección, y con el brillante resplandor de su fama y la belleza de su carácter, atraerá hacia sí la mirada de muchos.» Cumplido el ciclo de los días, la mujer dio a luz un hijo, al que llamó Wilibrordo en el bautismo. Así lo refiere Alcuino, el maestro de Carlomagno, en la Vida de San Wilibrordo.

La madre de San Columbano Abad, estando encinta, vio de noche en sueños un sol radiante que procedía de su seno, brillando con resplandor excesivo y dando una inmensa luz al mundo. En verdad, este santo resplandeció en la Iglesia como un sol, según aquellas palabras de Débora, Jueces v: «Pero los que te aman brillen como el sol cuando sale en su fuerza.» El testigo es el abad Jonás en su Vida.

La madre de Santo Domingo vio que llevaba en su vientre un perrito, el cual portaba en su boca una antorcha encendida, y habiendo salido del vientre, iluminaba e inflamaba todo el mundo. De aquí que los Santos ilustres y los Doctores resplandecerán en el cielo como estrellas por toda la eternidad. Daniel xii. Véase lo que se dijo allí.


Se alzará una vara de Israel

Y SE ALZARÁ UNA VARA DE ISRAEL, — como si dijera: Cristo nacerá de Israel, quien con la vara, o, como está en hebreo, el cetro de su reino, es decir, con potestad real, herirá, en hebreo, traspasará, a los caudillos de Moab. Porque Cristo, por sí mismo y por medio de los Apóstoles, convirtió y sometió inmediatamente a su fe a los moabitas, sirios, edomitas y otras naciones vecinas de Judea.

Donde nótese: Los Profetas dicen que Cristo mató, hirió, traspasó a las naciones, porque mató sus costumbres y vicios, y los hizo, por así decirlo, hombres nuevos, de modo que de impíos se hicieron piadosos, de injustos justos, de ebrios sobrios, y de incastos castos; y así Él, por así decirlo, mató a un mismo hombre mientras le daba la vida: pues mató, por ejemplo, a Pedro el ebrio, el fornicador, el rapaz, cuando por su gracia lo hizo sobrio, casto, justo, etc. Véase el Canon 42.

En segundo lugar, los caudillos de Moab místicamente son los príncipes de las naciones idólatras que adoran al demonio. Pues Moab en hebreo significa lo mismo que «del padre», es decir, nacido por incesto; y tales son los idólatras, que han nacido del padre diablo por la incredulidad, como si fuera por incesto. Así el Abulense.

A su vez, Rábano entiende por los caudillos de Moab a los demonios mismos; pues éstos son los caudillos y padres de los moabitas espirituales, es decir, de los impíos e idólatras. A éstos Cristo los traspasó cuando despojó a sus principados y potestades de su dominio, y los clavó y fijó a su cruz, triunfando sobre ellos en sí mismo, como dice Pablo.


Todos los hijos de Set

Y DESTRUIRÁ A TODOS LOS HIJOS DE SET, — es decir, a todos los hombres. Así el Caldeo; porque todos los hombres después del diluvio descendieron de Noé, y consecuentemente de Set: pues toda la progenie de Caín pereció en el diluvio. Porque Cristo destruyó a todos los hombres — ¿cómo? Matando sus costumbres y vicios, y subyugándolos a sí mismo, como acabo de decir. De donde el Caldeo por «destruirá» traduce «dominará». A su vez, en el juicio Cristo destruirá todo el mundo y a todos los impíos.

Nótese: En lugar de «destruirá», el hebreo es kirkar, que proviene de kir, es decir, pared, y es de doble significación. Primero, significa desmurar, es decir, derribar paredes, destruir, y, como traducen los Setenta, consumir y saquear. Segundo, significa encerrar con un muro, cautivar, encarcelar, de modo que el hebreo kerker es lo mismo que el latín carcer (cárcel): y esta significación es la que mejor cuadra aquí. Pues el sentido es, como si dijera: Cristo encerrará a todos los hombres dentro de sus leyes, su Iglesia, su fe y su gracia, y así, por así decirlo, encarcelará la impiedad y a los impíos. Así Oleaster.


Versículo 18: Edom será su posesión

18. Y EDOM SERÁ SU POSESIÓN. — Balaam menciona aquí a Edom como debiendo ser sometido a Cristo, más bien que a otras naciones, tanto porque mira y alude al pueblo israelita, para quien los edomitas eran sumamente hostiles, así como Esaú, su progenitor, fue en otro tiempo sumamente hostil a su piadoso hermano Israel, o Jacob; como porque alude a David, que fue el antepasado y tipo de Cristo: pues David sometió a los edomitas. Dice, pues: Los edomitas, es decir, los enemigos más hostiles a Cristo, serán sometidos a Él, como si dijera: Por tanto, con mayor razón todos los demás serán sometidos a Él.

Tropológicamente, Edom es nuestra carne, que fue tomada de Adamá, es decir, tierra: ésta es subyugada a Cristo y al espíritu por la gracia de Cristo.

LA HERENCIA DE SEÍR CAERÁ EN MANOS DE SUS ENEMIGOS. — Seír, es decir, Edom. Porque Esaú fue llamado Seír porque era velludo: fue llamado también Edom porque era rojizo. De donde su región fue llamada Seír y Edom, o Idumea. Pues lo mismo se repite en el segundo hemistiquio de este poema hebreo que se dijo en el primero.

PERO ISRAEL OBRARÁ CON VALENTÍA. — «Israel», es decir, David y los demás israelitas. En segundo lugar, y con mayor razón, «Israel», es decir, Cristo y los cristianos, como si dijera: Cristo, que es mucho más fuerte y más prevaleciente ante Dios que el patriarca Jacob, que por eso fue llamado Israel; Cristo, digo, con sus hijos los Apóstoles y sus seguidores, obrará con valentía, y someterá a su fe y ley a todo el orbe. Véase lo dicho en el versículo 17.


Versículo 19: De Jacob saldrá quien domine

19. DE JACOB SALDRÁ QUIEN DOMINE, Y DESTRUIRÁ LOS RESTOS DE LA CIUDAD. — «La ciudad», es decir, Roma, que por antonomasia es llamada la ciudad y la metrópoli, y que fue la capital del paganismo y de los enemigos paganos de Cristo, como si dijera: De Cristo nacerá el emperador Constantino, cristiano, y otros semejantes, quienes, convertidos a Cristo, derribarán el paganismo de los romanos, y convertirán los restos de los paganos, y así harán toda Roma cristiana y la someterán a Cristo, y de allí las demás provincias y ciudades seguirán a Roma como señora y capital del mundo, y eliminarán el paganismo y a los paganos, de modo que casi todo el orbe adorará y dará culto a Cristo. Así el Abulense.

El mismo Abulense señala que aquí hay una profecía sobre Cristo, pero con alusión a David, y así se tocan aquí los hechos de David: por lo cual ciertas cosas se dicen aquí que más particularmente convienen a David, tales como: «Herirá a los caudillos de Moab»; y: «Edom será su posesión; pero Israel obrará con valentía.» Otras cosas, sin embargo, pertenecen más propiamente a Cristo, tales como: «Una estrella nacerá de Jacob, destruirá los restos de la ciudad», etc. Véase el Canon 35.


Versículo 20: Amalec, el primero de las naciones

20. Y cuando vio a Amalec. — Balaam estaba en los confines de Moab, en la cima más alta del monte Pisgá; desde donde podía ver fácilmente la región vecina de los amalecitas, al menos de modo general; de donde también Moisés desde el mismo monte vio y contempló toda la tierra de Canaán, según sus partes, a saber, en general y de modo global, Deuteronomio xxxiv, 1.

Tomando su parábola (es decir, profecía, o sea: profetizando), DIJO: AMALEC ES EL PRIMERO DE LAS NACIONES, — como si dijera: La más noble de las naciones, o la primera de aquellas naciones que habitaban en aquel tiempo cerca de la tierra prometida, era Amalec. Otros dicen: «El primero de las naciones», a saber, de las hostiles a Israel, fue «Amalec»; de donde el Caldeo traduce: Amalec fue el principio de las guerras de Israel. Porque Amalec fue el primero en salir armado al encuentro de Israel cuando venían de Egipto, Éxodo capítulo xvii, y por eso «su fin será destruido», es decir, como lo tienen los Setenta, su descendencia perecerá. Porque Saúl destruyó a los amalecitas, I Reyes (I Samuel) xv.


Versículo 21: Vio también al cineo

21. Vio también al cineo. — Los cineos son los descendientes de Jetró, como dije en el capítulo x, 29. Balaam, pues, así como desde la cima más alta del monte Pisgá vio a Amalec, Moab y Edom, así también vio a los cineos, porque estaban en el campamento de Israel, y al mismo tiempo vio la suerte que tendrían en Canaán en la tribu de Judá. De donde dice:

TU MORADA ES EN VERDAD FUERTE (y lo será), — porque ya habitas entre las doce fortísimas tribus de Israel, y en Canaán habitarás en la tribu de Judá, que es la más fuerte.

PERO SI PONES TU NIDO EN LA ROCA, — como si dijera: Aunque tu morada será fortísima, como se acaba de decir. Alude al hebreo ken, es decir, nido, y a keni, es decir, cineo, como si dijera: Con razón te llamas cineo, porque como las aves pondrás tu ken, es decir, nido, o sea tu morada, en lo más alto, como en una roca; de allí, sin embargo, Asiria te arrancará.

Tropológicamente Gregorio, XXXI Morales xxxiv: Construyen para sí el nido de la esperanza en lugares altos y rocosos, dice, quienes con aquella águila (San Pablo) dicen: «Nuestra morada está en los cielos.»


Versículo 22: Y habrás sido escogido de la estirpe de Cin

22. Y habrás sido escogido de la estirpe de Cin. — El hebreo, según los puntos vocálicos que los masoretas colocaron debajo (pues ellos puntuaron Caín en vez de Cin), difiere mucho aquí de nuestra versión. Pero que no debe leerse Caín (pues ninguna mención previa de Caín había precedido; ni los cineos descendían de Caín, sino de Set), sino Cin, es claro por los Setenta y todos los antiguos. De donde también Vatablo lee no Caín, sino Cin, y traduce: porque en verdad el cineo será consumido, o será devastado por el fuego devorador. A su vez, nuestro traductor, por el intercambio de dos letras guturales afines, esto es, leyendo chet por ayin, es decir, leyendo lebachur en lugar de lebaher, traduce correctamente: si será para el escogido de Cin, es decir, si Cin habrá sido escogido, como si dijera: Aunque la estirpe de Cin, o de Jetró, ha sido elevada por Dios por encima de otras naciones, y asociada a los israelitas, tanto en el desierto como en la tierra prometida, sin embargo será capturada por los asirios. De aquí se ve que Cin, del cual reciben su nombre los cineos, era el nombre de una estirpe o familia de la cual descendieron los cineos.

PORQUE ASIRIA TE CAPTURARÁ. — Pues cuando Salmanasar trasladó a las 10 tribus de Israel a la tierra de los medos, IV Reyes (II Reyes) xvii, entonces trasladó con ellas a los cineos, es decir, a la progenie de Héber el cineo, que se había separado de los demás cineos y habitaba en la suerte de Neftalí. Porque entonces los neftalitas fueron trasladados, y consecuentemente los cineos que habitaban entre ellos. Otros cineos, sin embargo, que habitaban en Judá, permanecieron: pues de ellos surgieron los recabitas, a quienes alaba Jeremías, capítulo xxxv.


Versículo 23: ¡Ay, quién vivirá!

23. ¡AY, QUIÉN VIVIRÁ! — como si dijera: ¡Ay, quién deseará vivir, cuando tengan lugar tan grandes matanzas de los cineos y amalecitas, o más bien de los asirios, hebreos y romanos, de los cuales hablan los versículos siguientes! Pues estas palabras son una nueva profecía, y por tanto pertenecen a lo que sigue, no a lo que precede. Así el Abulense.


Versículo 24: Vendrán en galeras desde Italia

24. VENDRÁN EN GALERAS (trirremes) DESDE ITALIA, VENCERÁN A LOS ASIRIOS, Y DEVASTARÁN A LOS HEBREOS, Y AL FINAL TAMBIÉN ELLOS MISMOS PERECERÁN. — En lugar de Italia, el hebreo tiene kittim, o cetim, que propiamente significa Chipre. Pues Citio fue una ciudad de Chipre, de la cual procedió Zenón, el padre de los estoicos: de Citio, por tanto, toda la isla de Chipre parece haber sido llamada Cetim. De ahí Cetim significa cualesquiera otras islas, y más allá, todas las naciones, tanto insulares como ultramarinas. De donde en hebreo, literalmente, es: vendrán del lado de Cetim, es decir, vendrán de Italia, como traducen los Setenta, nuestro traductor, el Caldeo, Vatablo y otros. Pues Cetim, o Chipre, y otras islas yacen entre Judea e Italia, de modo que Italia, con respecto a Judea, está del lado de Chipre, o Cetim. Nuestro Gaspar Sánchez sobre Isaías capítulo ii, número 21, piensa que todas las islas que se extienden desde Chipre hasta el Mar Occidental hasta Cádiz fueron atribuidas a Cetim, hijo de Javán, Génesis x, 4, y recibieron su nombre de él, ya sean esas islas pertenecientes a la costa libia, italiana o griega: y de estas islas Italia, Macedonia y otras regiones adyacentes a ellas son llamadas Cetim, conjetura que no carece de probabilidad. El Caldeo traduce expresamente: vendrán naves de los romanos. Pues aunque Roma, en tiempos de Balaam, aún no había sido fundada (pues fue fundada bajo Acaz, rey de Judá, como enseña Eusebio en la Crónica, o, como otros dicen, bajo Jotám, padre de Acaz), sin embargo, Balaam preveía por el espíritu profético que Roma y los romanos serían fundados, y que éstos librarían estas guerras.

Predice, por tanto, aquí el amplísimo poder de los romanos, a saber, que ellos mismos subyugarán a los asirios, entonces dueños del mundo, y consecuentemente a todas las demás naciones, e incluso a los hebreos mismos. Pues a éstos los subyugó primero Pompeyo, luego César Augusto, quien sometió a Judea a Herodes de Ascalón, y después de él a tetrarcas y gobernadores, como consta por Lucas iii, 1, y finalmente Tito y Vespasiano, los romanos, destruyeron por completo a los hebreos: y por último, que los romanos mismos perecerán, con la caída del imperio, bajo Alarico y Genserico, reyes de los godos; pero especialmente bajo diez reyes al fin del mundo, que derribarán completamente y quemarán Roma; a quienes después el Anticristo en parte matará, en parte subyugará, como predijo Daniel en el capítulo vii, 8 y 24, y San Juan en el Apocalipsis capítulo xvii, versículos 12 y 16.