Cornelius a Lapide

Números XXV


Índice


Sinopsis del capítulo

Los hebreos fornican con las madianitas y adoran a Baal-Peor: por ello hasta 24 mil, en parte son colgados por Moisés, en parte muertos por Dios. Fineés detiene esta plaga matando a Zambrí y Cozbí, y por ello Dios le concede el sacerdocio a perpetuidad.


Texto de la Vulgata: Números 25:1-18

1. Moraba entonces Israel en Sitim, y el pueblo fornicó con las hijas de Moab, 2. las cuales los invitaron a sus sacrificios. Y comieron, y adoraron a sus dioses. 3. E Israel fue iniciado en Baal-Peor; y estando el Señor airado, 4. dijo a Moisés: Toma a todos los príncipes del pueblo, y cuélgalos en patíbulos contra el sol, para que mi furor se aparte de Israel. 5. Y Moisés dijo a los jueces de Israel: Que cada uno mate a sus prójimos que se han iniciado en Baal-Peor. 6. Y he aquí que uno de los hijos de Israel vino delante de sus hermanos a una ramera madianita, a la vista de Moisés y de toda la multitud de los hijos de Israel, que lloraban ante la puerta del tabernáculo. 7. Y cuando Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, lo vio, se levantó de en medio de la multitud, y tomando un puñal, 8. entró tras el hombre israelita en el lupanar, y los atravesó a ambos juntos, al hombre y a la mujer, por las partes genitales. Y cesó la plaga de los hijos de Israel, 9. y fueron muertos veinticuatro mil hombres. 10. Y el Señor dijo a Moisés: 11. Fineés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón sacerdote, ha apartado mi ira de los hijos de Israel, porque fue movido con mi celo contra ellos, para que yo mismo no destruyese a los hijos de Israel en mi celo. 12. Por tanto, dile: He aquí que le doy la paz de mi alianza, 13. y será tanto para él como para su descendencia alianza de sacerdocio eterno, porque fue celoso por su Dios, y expió la maldad de los hijos de Israel. 14. Y el nombre del hombre israelita que fue muerto con la madianita era Zambrí, hijo de Salú, príncipe del linaje y tribu de Simeón. 15. Y la mujer madianita que fue muerta con él se llamaba Cozbí, hija de Sur, príncipe nobilísimo de los madianitas. 16. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: 17. Que los madianitas os sientan como enemigos, y heridlos, 18. porque ellos también obraron hostilmente contra vosotros, y os engañaron con astucias por el ídolo de Peor, y por Cozbí, hija de un príncipe de Madián, hermana de ellos, que fue muerta el día de la plaga por el sacrilegio de Peor.


Versículo 1: Israel habitaba en Sitim

1. Y MORABA ENTONCES ISRAEL EN SITIM. — Esta es la 42.ª y última estación de los hebreos en el desierto, es decir, en las llanuras de Moab; pues desde Sitim Josué envió dos espías, después de la muerte de Moisés, a Canaán, Josué ii, 1. En Sitim, pues, se hicieron y dijeron todas las cosas que se describen en lo sucesivo en Números, y a lo largo de todo el Deuteronomio. Este lugar, Números xxxiii, 49, se llama Abel-Sitim, con la palabra añadida abel, es decir, duelo, quizá a causa del duelo por los idólatras que, siendo hebreos, se narra en este capítulo que fueron muertos en Sitim. Así Abulense.


Versículos 1-2: Fornicación con las hijas de Moab

1 y 2. Y el pueblo fornicó con las hijas de Moab, las cuales los invitaron a sus sacrificios. — He aquí la ejecución del consejo de Balaán, que este al partir de Balac le había prometido darle, en el capítulo precedente, versículo 14. A saber, los moabitas y madianitas, para salvaguardar sus propias vidas y no ser vencidos y muertos por los hebreos, enviaron a sus hijas más hermosas al campamento de los hebreos, para que los sedujeran primero con la lujuria, y de ahí con la idolatría, de modo que Dios se airara contra ellos, los abandonara, y permitiera que fueran tanto vencidos como masacrados por los moabitas.

Aprende aquí cuán grande es la seducción y el poder de la belleza en las mujeres. Contra los soldados hebreos, el rey Balac ordenó desplegar no tropas armadas sino mujeres hermosas, y esto por consejo de Balaán, a quien Orígenes introduce aquí hablando así: «No debéis luchar con el valor de los soldados, sino con la hermosura de las mujeres, no con la fuerza de los hombres armados, sino con la suavidad de las mujeres; apartad lejos la tropa de armados, y reunid un escogido séquito de bellas doncellas: la belleza vence a los hombres armados, la hermosura cautiva al hierro; son vencidos por la belleza quienes no son vencidos en la batalla.»

Nótese aquí en primer lugar la bajeza y el ánimo vil de los moabitas y madianitas, que prostituyeron a todas sus vírgenes ante una nación extranjera y enemiga — vírgenes por las cuales y por cuya castidad todos habrían debido luchar hasta la muerte. Habrían obrado, pues, más varonilmente cayendo con valentía en la batalla, o exponiéndose a cualquier género de muerte, que persuadiendo, más aún, permitiendo que sus vírgenes sufrieran tales cosas indecibles, más aún, que las hicieran. Esta era la ceguera de los gentiles, que hacían poco caso de la castidad y mucho de la vida. Así Abulense.

Nótese en segundo lugar: Estas muchachas llevaron consigo a sus dioses, a saber, los ídolos de Baal-Peor, y los idolotitos, es decir, alimentos sacrificados y consagrados al ídolo, para que pudieran seducir a los jóvenes hebreos, primero a comer los idolotitos, y de ahí a través de ellos a adorar a los ídolos mismos. Las seducciones y las artes con que engañaron a los hebreos las narra bellamente Josefo, Antigüedades libro IV, cap. v; de la misma manera también Juliano el Apóstata buscó seducir, más aún, obligar a los cristianos de Constantinopla a adorar ídolos mediante los idolotitos, como narra Nectario, arzobispo de Constantinopla, en la oración que pronunció al inicio de la Cuaresma, y Teodoreto, Historia eclesiástica libro I, cap. xiv.

Nótese en tercer lugar que estas muchachas primero sedujeron a los hebreos hacia el deseo de ellas con su belleza, adorno y halagos; luego, cuando los vieron arder de amor por ellas, no les permitieron tener trato con ellas hasta que mediante sus halagos los llevaron a comer de los idolotitos de Baal-Peor, y finalmente a ofrecer incienso o sacrificio al mismo Baal-Peor; y así se consumó la iniquidad y la idolatría. O más bien, parece que estas muchachas primero sedujeron a los hebreos al trato carnal; luego, habiéndolos ya atado a sí mismas, los sedujeron hacia los idolotitos, y finalmente hacia los ídolos, a saber, hacia el culto de su Baal-Peor. Pues esta última interpretación es más indicada por el orden de las palabras aquí en la Sagrada Escritura; y esta es la costumbre de las rameras, primero enredar a los jóvenes con su amor, luego llevarlos a donde quieran. Pues si estas muchachas hubieran propuesto primero la idolatría a los hebreos, su fraude habría quedado al descubierto, y con sus ídolos los hebreos las habrían rechazado. Y de esta misma manera Salomón fue llevado de los abrazos de las mujeres a los ídolos por las mismas mujeres. Pues el amor y la lujuria enloquecen las mentes de los sabios; y, como dice Platón: «El alma del amante, muriendo en su propio cuerpo, vive en el ajeno.»

Nótese en cuarto lugar: Casi todos los hebreos fueron atrapados por este fraude y la seducción de las muchachas, y esta fue la razón por la cual Moisés no los castigó; pues que la mayor parte del pueblo se volvió hacia ellas, de modo que no temían a Moisés, se ve claramente por el hecho de que, a la vista de Moisés y de todo el pueblo, aquel hombre hebreo entró con la mujer madianita, versículo 6. Pues si hubiera temido a Moisés o al resto del pueblo, o no habría ido a la ramera, o no lo habría hecho abiertamente. Moisés, por tanto, no se atrevió a castigarlos, sino que lloraba, como se dice en el versículo 6, y se dolía grandemente con los pocos que tenían celo de Dios, y oraba a Dios como de costumbre ante la puerta del tabernáculo. De donde Dios ordenó que estos fornicadores fueran colgados, e inmediatamente por orden de Dios Moisés recuperó su vigor y ánimo para castigarlos, y de hecho los colgó; pues sabía que Dios, que mandaba, daría la fuerza para ejecutarlo, y haría que nadie pudiera resistir. Y así sucedió; pues muchos, incluso entre los principales, fueron colgados, sin que nadie contradijera ni se atreviera a abrir la boca. Así Abulense.

Moralmente, aquel Abad en las Vidas de los Padres, libro V, título Sobre la fornicación, dio este remedio a alguien tentado por el espíritu de fornicación: «Sabes,» dijo, «lo que hicieron los madianitas: adornaron a sus hijas, y las pusieron a la vista de los israelitas; sin embargo, no forzaron a nadie a tener trato con ellas, sino que los que quisieron cayeron sobre ellas. Otros, en cambio, indignándose, amenazaron, y con la destrucción de los que habían osado, vengaron la fornicación: así hay que proceder con la fornicación. Y cuando empiecen a hablar en tu corazón, no les respondas; sino levántate y ora, y haz penitencia, diciendo: Hijo de David, ten misericordia de mí.»

Con las hijas de Moab — y con las hijas de Madián, como es claro por los versículos 6 y 17; pues a causa de este fraude y crimen todos los madianitas fueron muertos por los hebreos, como se verá en el capítulo xxxi.


Versículo 3: Israel fue iniciado en Baal-Peor

3. E ISRAEL FUE INICIADO EN BAAL-PEOR — es decir, Israel fue iniciado en los ritos sagrados de Baal-Peor, se consagró, unió y dedicó a él. Así el hebreo, el caldeo y los Setenta. Vatablo traduce: Israel se desposó con Baal-Peor. Pues el idólatra contrae una especie de matrimonio y unión con el ídolo, especialmente con Príapo; pues a este se le adoraba mediante cópula meretricia.

BAAL-PEOR. — Peor, Fogor y Baal-Peor son lo mismo; pues Baal o Beel, Bel y Belo (pues todos estos son lo mismo) era el nombre general de los dioses, que se determinaba a uno particular añadiendo otro nombre, de modo que Beelzebub era el dios de zebub, es decir, de las moscas, porque invocado por los ciudadanos había liberado la ciudad de Ecrón de las moscas; Baal-Sefón era el dios del Norte; Baal-Berit era Baal, es decir, el dios de la alianza; Baal-Farasim era el dios de Farasim. Así Baal-Peor era Baal o el dios de Peor.


Baal-Peor y Príapo

En segundo lugar, Beel-Fegor o Fegor era aquel a quien los gentiles, con el nombre algo alterado (pues Fegor en hebreo se dice Peer, de donde Príapo), llamaron Príapo; así enseña San Jerónimo, libro VIII sobre Isaías, capítulo xxv, cerca del final del libro: «Beel-Fegor,» dice, «se interpreta como Príapo;» e Isidoro, libro VIII, capítulo Sobre los dioses de los gentiles: de Beel-Fegor, dice, los latinos llaman Príapo, y lo adoran como el dios de los huertos; pues este era de Lampsaco, ciudad del Helesponto, de la cual fue expulsado, y a causa del tamaño de su miembro viril, los griegos lo trasladaron al número de sus dioses, y lo consagraron bajo el nombre de los huertos: de donde se dice también que él preside los huertos, por su fecundidad. Lo mismo enseñan Andrés Masio y Arias Montano sobre Josué xiii, 20, y otros en diversos lugares.

En tercer lugar, Príapo fue llamado Beel-Fegor, es decir, el dios del deseo, esto es, de la concupiscencia, y por ello fue representado con la boca abierta, dice Arias Montano sobre Oseas ix. O fue llamado Beel-Fegor por el monte Fogor en el que era adorado; o más bien Beel-Fegor en hebreo significa, por así decirlo, el dios de la apertura o de la desnudez; pues la raíz paar significa abrir y descubrir. Pues Príapo, como patrón de la obscenidad, exhibía los miembros desnudos, al igual que sus sacerdotes en sus ritos sagrados. Más aún, algunos piensan que de este obsceno dios Fegor o Fogor recibió su nombre el monte Fogor, porque era adorado en él. De ahí que San Jerónimo, libro II del Comentario sobre Oseas ix: «Beel-Fegor,» dice, «se interpreta como que tiene en su boca una hinchazón, es decir, que tiene la piel en la punta, para exhibir la parte vergonzosa del miembro viril.»

En cuarto lugar, Beel-Fegor era una imagen de un hombre desnudo, que tenía la piel de un muerto en la boca, con lo cual se significaba que no hay remedio para la mortalidad, ni puede retenerse la naturaleza fugaz, a menos que por la boca, mediante comida y bebida, se suministre materia para la lujuria y la generación; por la cual la naturaleza fugaz es retenida y propagada en la prole, dice Cristóbal de Castro sobre Jeremías xxvii, 7. Sin embargo, San Jerónimo, citado poco antes, dice que esta piel era el prepucio del miembro viril, y Ribera sobre el capítulo ix de Oseas: «Beel-Fegor,» dice, «se interpreta como que tiene en la boca, es decir, en la punta de la parte vergonzosa, el glande descubierto.»


El culto de Baal-Peor

En quinto lugar, el culto de Beel-Fegor consistía en la ociosidad, los banquetes, la libertad y licencia respecto de toda disciplina, honor y castidad. De ahí que los sacerdotes tenían mujeres, a saber, rameras, Oseas iv, 14, cuya principal era Maacá, madre de Asá rey de Judá, a la cual Asá depuso, y derribó a Príapo; III Reyes xv, 13. Los ritos más vergonzosos de adoración de Príapo los relata Heródoto en Euterpe, y otros.

En sexto lugar, Castro piensa, y Adricómio en la Descripción de la Tierra Santa, p. 129, y otros, que Beel-Fegor es Camós: pues ambos eran dioses de los moabitas, y se dice en hebreo Camós de la palabra kemas, es decir, como quien palpa y manosea, pues era sumamente obsceno; o de kamis, es decir, ocultarse, esconderse, de modo que Camós era Baco el nocturno, a quien adoraban de noche mediante banquetes y lujurias desenfrenadas, y de esto las fiestas se llaman komos, es decir, cantos y danzas lascivos. De donde Ateneo, libro I, capítulo vii: «En gran honor,» dice, «es tenido Príapo en Lampsaco, quien por su epíteto es el mismo que Dionisio (es decir, Baco).» Por tanto, Beel-Fegor, Príapo, Camós y Baco el nocturno son lo mismo; por tanto, quienes se entregan a las orgías y a las lujurias adoran a este dios. Por consiguiente, este ejemplo de los israelitas entregados a las orgías, y su castigo, que se relata en los versículos 4 y 9, puede proponerse adecuadamente a los cristianos durante el Carnaval. Pues estos fueron los primeros que celebraron orgías: pues estas cosas sucedieron en el año cuadragésimo desde la salida de Egipto, que fue 1490 antes de Cristo, 2488 del mundo, como dije en el capítulo xx, al principio.


Versículo 4: Cuélgalos contra el sol

4. Toma a todos los príncipes, y cuélgalos contra el sol. — La palabra «ellos» Vatablo y otros la refieren a los príncipes, como si todos ellos, siendo culpables del crimen, o consintiendo en él, o no impidiéndolo, fueran aquí ordenados a ser colgados. Pues este sentido parece llano y obvio. Otros, sin embargo, y con más verdad, refieren «ellos» no a los príncipes, sino a los fornicadores e idólatras, de quienes habló en el versículo 3; es decir: Toma, o, como dice el hebreo, recibe, es decir, convoca y congrega a los príncipes, para que ellos, como jueces, sometan a colgar contra el sol a los que son culpables de fornicación y de la idolatría de Baal-Peor. De donde el caldeo claramente traduce: toma a todos los príncipes del pueblo, para que maten a quien fuere culpable. Moisés, pues, aquí ordenó congregar a los príncipes, no como reos para ser colgados, sino como jueces, que investigarían quiénes estaban implicados en el crimen, y los colgarían, cualesquiera que fueran, aunque fueran príncipes.

Que esto es así se ve claro, primero, porque no es verosímil que todos los príncipes hubieran aquí apostatado de Dios y fueran colgados; más bien consta lo contrario del hecho de que, después de esto, Zambrí, príncipe de la tribu de Simeón, fornicando con la mujer madianita, no fue colgado, sino atravesado con un puñal por Fineés. Segundo, porque estos príncipes eran jueces del pueblo, a quienes Moisés luego dijo en el versículo 5: «Que cada uno mate a sus prójimos, que se han iniciado en Baal-Peor.» Así Abulense, Eugubino y los hebreos.

CUÉLGALOS CONTRA EL SOL. — Nótese: Estos fornicadores e idólatras son ordenados a ser colgados contra el sol, para que sus rostros sean expuestos a la vergüenza, ellos que no se avergonzaron de cometer tan gran maldad: y para que tropológicamente esta figura proclame, dice Cirilo, libro XIV Sobre la adoración, que nadie puede escapar ni a la mano ni al ojo de aquel supremo Juez, quien como el sol contempla todas las cosas, incluso los secretos que se hacen en las alcobas y los lechos, y que Él mismo sacará a los que pecan y fornican en secreto al público en el día del juicio, para que toda carne lo vea, como dice Isaías, último capítulo, último versículo, y les exigirá las más gravísimas penas.

Añádase: por el mero hecho de que los hebreos iban a estas rameras, había una fuerte presunción de que comerían sus ofrendas idolátricas y adorarían a Baal-Peor; pues para lograr este fin, estas rameras con sus ídolos estaban enteramente dedicadas, y en realidad llevaban a todos sus amantes a ese punto.

Para que mi furor se aparte — el cual de otro modo se desataría contra todo el pueblo, ya sea por consentir, ya por descuidar el castigo de estas abominaciones, como muchas otras veces se desató. Aprendan aquí los príncipes y jueces cristianos que Dios venga los adulterios, las fornicaciones y demás pecados, especialmente los públicos, sobre todo el pueblo que los tolera en su congregación o república, y por tanto, si quieren ser guardianes del pueblo, como deben, castiguen a los culpables, y satisfagan la justicia ofendida de Dios: y así apartarán la ira y la venganza de Dios tanto de sí mismos como de todo el pueblo.


Versículo 5: Que cada uno mate a sus prójimos

5. Que cada uno mate a sus prójimos que se han iniciado en Baal-Peor. — «Mate,» es decir, cuelgue. Pues esto es lo que Dios mandó en el versículo 4. Moisés aquí ordena a los príncipes investigar a los criminales, y castigar a los que encuentren culpables: de donde se ve que muchos eran inocentes. Distinto era el caso del becerro de oro: pues todos lo habían adorado; de donde todos fueron muertos indiscriminadamente por Moisés y los levitas, Éxodo capítulo xxxii, versículo 27.

Por tanto, aquí el asunto se condujo judicialmente, y los pecadores convictos por testigos fueron condenados a la horca. Es verosímil, como dice Abulense, que todos los que fueron probados por testigos de haber entrado en las tiendas de estas muchachas moabitas fueron por ello mismo condenados. Pues estas tiendas suyas eran lupanares, como es claro por el versículo 8. Así como, pues, un soldado o un joven que va deliberadamente a un lupanar puede por ello mismo ser convicto y condenado por fornicación. Pues esta entrada da la más fuerte presunción del crimen, que se comete en secreto y no puede probarse de otra manera: ¿pues quién puede observar a los que yacen en el lecho? Así Fineés, viendo a Zambrí entrar en la tienda de la mujer madianita, lo persiguió con puñal desenvainado para matarlo, y no requirió otra prueba del crimen. Por tanto, al ir a las rameras moabitas, se les tenía por haber fornicado con ellas, y consecuentemente por reos de muerte, porque Dios había prohibido gravísimamente a los hebreos, Éxodo capítulo xxxiv, 16, y Deuteronomio capítulo vii, 3, contraer matrimonio con extranjeros: por tanto había igualmente prohibido gravísimamente fornicar con ellos. Pues la razón de la ley, a saber, que no fueran seducidos por ellos hacia los ídolos y vicios de los gentiles, se aplicaba en ambos casos igualmente. De donde también entre los cristianos, los adúlteros, los sacrilegos y los incestuosos son castigados con la misma pena que aquellos que desean contraer matrimonio con personas casadas, monjas o parientes. Así Abulense.


Versículo 6: Zambrí y la mujer madianita

6. Y he aquí que uno de los hijos de Israel vino delante de sus hermanos a una ramera madianita. — Este era un príncipe de la tribu de Simeón, llamado Zambrí; y la mujer madianita era hija de un príncipe de Madián, como es claro por el versículo 14: tanto mayor fue el celo y la valentía de Fineés, que los mató a ambos. Pues con razón podía temer que toda la tribu de Simeón se levantara contra él en defensa de su príncipe y lo apedreara.

Josefo añade — juzgue el lector cuánto crédito darle — que Zambrí quiso tomar a esta mujer madianita por esposa, y lo declaró ante Moisés, y se levantó contra él. El mismo Josefo relata su insolente discurso.


El celo de Fineés

Moralmente, aprende de Fineés que se necesita celo para emprender cosas difíciles. El ardor del alma hace diligente y vigoroso; la frialdad hace perezoso y negligente, como aquel de Proverbios xxvi: «Dice el perezoso: Un león hay en el camino, y una leona en los senderos;» cree que las hormigas son leones y leonas en el camino de Dios; pero el hombre ferviente considera incluso a los leones como hormigas, y dice: «Si se levantaran ejércitos contra mí, mi corazón no temerá.» De ahí que San Bernardo en la vigilia de San Andrés: «La voluntad de Adán,» dice, «no tuvo fortaleza, porque no tuvo fervor.» Si pues deseas nobles victorias sobre la carne, el mundo y el demonio, sé ferviente. Las palmeras aman las regiones cálidas: así las victorias exigen hombres fervientes. Navegas hacia el cielo contra la corriente; el ímpetu del fervor es necesario para vencer la fuerza del río. Bellamente el Venerable Beda sobre Lucas III dice: «Si la lucha de la mente no arde fervientemente, no se vence la ola del mundo, por la cual el alma es arrastrada siempre hacia lo profundo.» Más aún, los filósofos naturales enseñan que la ira nos ha sido implantada por la naturaleza, para ser piedra de afilar y acicate de la virtud: pues la flema es lenta, torpe y perezosa.

Además, ved aquí cómo Dios y los hombres castigan la lujuria, y premian a los defensores de la castidad. Plutarco refiere en su Vida de C. Mario que Lucio, sobrino de Mario por su hermana, cuando intentó atentar contra la castidad del soldado Trebonio, fue muerto por este; Trebonio, acusado ante Mario, confesó el hecho, y dando como razón de la muerte la defensa de la castidad, fue coronado con una guirnalda por Mario.

Titio, hijo de Júpiter y Elara, cuando asaltó a Latona para violarla, fue traspasado con flechas por Apolo; refieren que fue arrojado a los infiernos, y allí tan atado que de ningún modo podía moverse; los poetas añaden que su hígado era desgarrado por dos buitres.

Faón, el adúltero, sorprendido con Safo, fue muerto, como atestigua Eliano en su Historia varia.

Los persas, cuando ebrios y deshonestamente manoseando a las concubinas de los macedonios, fueron muertos en un banquete por el rey Alejandro.

Livia, hermana de Germánico, esposa de Druso, hijo de Tiberio César, después de que su esposo fue asesinado, habiéndose unido a Sejano, fue ejecutada por Tiberio con los más atroces tormentos junto con Sejano.

Valentiniano III, el emperador, cuando atentó contra la esposa de Máximo, un patricio romano, fue muerto por este, quien también se apoderó del imperio. Así Zonaras.

Los argivos habían establecido para sí una guarnición de mil hombres: el comandante Brías estaba al mando de ellos. Este violó a una doncella; ella, aquella misma noche, privó a Brías de los ojos mientras estaba vencido por el sueño. Descubierta al amanecer, huyó como suplicante ante el pueblo. Cuando los mil soldados la reclamaron, el pueblo se negó a entregarla; por lo cual, habiendo llegado el asunto a una batalla, el pueblo victorioso atacó a los soldados de la guarnición con todo género de castigo. Así Pausanias en su libro Corintio.


Versículo 8: La plaga cesó

8. Y cesó la plaga de los hijos de Israel. — De aquí se ve que una plaga de pestilencia, fuego u otra cosa semejante había sido enviada por Dios contra los hebreos que fornicaban y adoraban ídolos, y esto antes de que Zambrí entrara con la mujer madianita y fuera allí muerto por Fineés: pues Fineés, viendo esta plaga, mató a Zambrí para apartarla, y una vez muerto, la plaga cesó inmediatamente. Así la Escritura frecuentemente después del hecho menciona algo como ya realizado, y lo toca brevemente, aunque no haya narrado previamente la manera e historia del suceso. He aquí que, por ambas partes, es verdadero aquí aquel dicho del Papa Juan: «El celo purga el crimen;» y: «La venganza suaviza y aplaca a Dios airado.» Con razón, pues, San Gregorio, homilía 15 sobre Ezequiel, pone a Fineés como ejemplo de celo y rectitud: «¿Nos inflamamos,» dice, «con el celo de la rectitud contra los vicios? Pongamos ante nuestros ojos a Fineés, quien, traspasando con la espada a los que se unían, devolvió al pueblo a la castidad, y él mismo airado aplacó la ira de Dios.»


Sobre la necesidad de la justicia

Los Anales de Francia refieren de San Luis rey que, cuando estaba recitando oraciones de los salmos de David a Dios, y alguien que pedía perdón para un criminal condenado a muerte había intervenido, y el rey, como si atendiera a otra cosa, había asentido con la cabeza, pero poco después cayó sobre aquel versículo del Salmo 105: «Bienaventurados los que guardan el juicio y practican la justicia en todo tiempo;» inmediatamente ordenó que el hombre a quien había concedido el perdón fuera llamado de vuelta, y lo revocó, pronunciando esta memorable sentencia: «Un príncipe que puede castigar un crimen y no lo castiga no es menos culpable ante Dios que si él mismo lo hubiera cometido; y es obra de piedad, no de crueldad, ejecutar la justicia.» Y así es en verdad. «Ni (como dice Séneca) puede sacrificarse a Dios víctima más pingüe que un hombre malvado.» Y con razón se dice: «Quien perdona a los malos daña a los buenos.» Por esta razón dicen que el emperador Maximiliano I solía pasar reverentemente junto a los lugares destinados al castigo de los criminales con esta solemne sentencia: «Salve, justicia.» Pues la justicia es el fundamento y columna de la república, y es como el lucero vespertino, dice Aristóteles, más aún, el sol del mundo. M. Catón solía decir: «Aquellos magistrados que no reprimen a los malhechores con castigos no solo no deben ser tolerados, sino que deben ser abrumados con piedras, para que por el descuido del castigo no se mine la salud de la república,» según refiere Plutarco.


Las siete plagas de los Números

Esta es la séptima plaga que en este libro de los Números se narra como enviada contra los hebreos a causa de sus pecados: pues la primera fue en los Sepulcros de la Concupiscencia, donde mientras la carne estaba aún entre sus dientes, el furor del Señor los golpeó con una plaga grandísima, Números xi, 33; la segunda fue contra Coré, Datán y Abirón, que fueron tragados por la tierra y descendieron vivos al infierno, Números xvi, 33; la tercera fue el mismo día, cuando salió fuego del Señor y mató a 250 hombres rebeldes que ofrecían incienso, ibíd. versículo 35; la cuarta fue al día siguiente, de los que murmuraban contra Moisés y Aarón y decían: Vosotros habéis matado al pueblo del Señor, y fueron heridos 14.700, ibíd. versículo 49; la quinta fue cuando, a causa del murmullo por el trabajo del camino, Dios envió contra ellos serpientes abrasadoras, Números xxi, 6; la sexta fue aquí, versículo 4, cuando Dios ordenó que los que fornicaron con Baal-Peor fueran colgados; la séptima fue en este versículo, cuando Dios envió una plaga a causa del mismo crimen, que Fineés con su celo apartó y disipó. Así Ruperto.


Versículo 9: Veinticuatro mil muertos

9. Y fueron muertos (a saber, tanto por la plaga enviada por Dios como por la sentencia y horca de los jueces, de lo cual véase el versículo 5) veinticuatro mil hombres. — Pues si los colgados por los jueces no estuvieran incluidos en este número, ciertamente la Escritura los habría contado por separado. Así Abulense. He aquí, dice Ruperto, cómo Dios, como un rinoceronte o más bien un unicornio, es amante de la castidad, y castiga y derrota al vergonzosísimo Baal-Peor y a sus seguidores.


Versículo 12: La paz de Mi alianza

12. He aquí que le doy (a Fineés) la paz de Mi alianza — es decir, la seguridad y certeza de Mi pacto, queriendo decir: A causa de este celo de Fineés, firmemente decreto, y como quien hace un pacto, le prometo.


Versículo 13: La alianza de sacerdocio eterno

13. Y será tanto para él como para su descendencia alianza de sacerdocio eterno — a saber, que él con su linaje, después de su padre Eleazar, sucederá en el pontificado, de modo que el pontificado permanezca inviolablemente en su familia y posteridad para siempre, es decir, mientras la república de los judíos y el judaísmo subsistan. Así Abulense.

Otros piensan que el sacerdocio es llamado aquí la paz de la alianza, es decir, una alianza de paz o una alianza pacífica, por hipálage, por dos razones: la primera es que los sacerdotes por encima de los demás hombres parecen estar en la paz, amistad y comunión de Dios. Pues diariamente moran en presencia de Dios, conversan con Él y reciben sus respuestas: le ofrecen las oraciones, oblaciones y votos de sí mismos y del pueblo; la segunda, que el sacerdocio debidamente administrado era la causa de la paz, la concordia y toda tranquilidad y felicidad entre Dios y los hombres, a causa de las oraciones y sacrificios de los sacerdotes por los cuales Dios es aplacado hacia el mundo.


Fineés y Elías

Oíd aquí la paradoja del Beato Pedro Damián, en la carta 12, capítulo 11, a Nicolás II, Pontífice Romano, donde dice que Dios quiso que en adelante el propio Fineés, como recompensa de esta noble hazaña, viviera hasta el fin del mundo, y piensa que Fineés fue la misma persona que luego fue llamada Elías; ciertos hebreos antiguos sostuvieron la misma opinión, como atestigua Orígenes, tomo VII sobre Juan. Pues allí Damián, citando estas palabras de este capítulo: «He aquí que le doy la paz de Mi alianza, y será tanto para él como para su descendencia alianza de sacerdocio eterno,» dice así: «El Señor ciertamente le dio la paz de Su alianza, porque, calmada toda perturbación corporal, lo estableció para vivir hasta el fin del mundo en las delicias del paraíso. Pues él es, si no me equivoco, el profeta Elías, que fue trasladado al cielo por caballos de fuego: a quien ciertamente el nombre de Fineés le fue dado por sus padres, pero Elías es un nombre adquirido por el acontecimiento: pues Elías se interpreta como el Señor Dios, lo cual se cree que le fue impuesto con esta ocasión, porque cuando fue enviado como legado del pueblo a Rubén y Gad, que habían construido un nuevo altar, recibió de ellos esta respuesta de excusa: El Señor Dios poderosísimo Él mismo sabe, si construimos este altar con espíritu de transgresión. Por tanto, Fineés fue llamado Elías, de modo que la respuesta de aquellos parece ser su nombre.»

Esta opinión es novedosa e improbable, la cual Tornielo refuta con muchos argumentos. Damián, sin embargo, la prueba, primero, por San Jerónimo, quien en las Cuestiones Hebraicas sobre el libro I de Crónicas enseña lo mismo. Respondo que aquel libro o no es de San Jerónimo, como algunos han notado, o que San Jerónimo dice estas cosas, como otras, no por su propia opinión, sino por la opinión de los hebreos.

En segundo lugar, la prueba por I Crónicas ix, 19, donde la Escritura, hablando de los que habían regresado del cautiverio de Babilonia, dice así: «Estos son los coraítas sobre las obras del ministerio, etc., y Fineés, hijo de Eleazar, era su jefe;» luego Fineés vivió hasta e incluso después del cautiverio de Babilonia. Respondo que aquel Fineés es distinto del nuestro: pues aquel era levita, este era sacerdote: aquel era de los descendientes de Coré, este era nieto de Aarón: por lo cual también el Eleazar que era padre de aquel Fineés era distinto de nuestro Eleazar.


El pontificado de Fineés

Por tanto, solo se promete aquí a Fineés la continuación del pontificado en sus descendientes. Esta fue una gran recompensa. Pues el sumo sacerdote de los judíos estaba en el más alto honor y en las mayores riquezas: pues la mayor parte de las oblaciones, primicias y diezmos — más aún, como muchos sostienen, el diezmo del diezmo, es decir, la centésima parte de todos los frutos de toda Judea — él solo la recibía. De ahí que él era el supremo juez de todos, Deuteronomio capítulo xvii, 9, y contraía matrimonios con reyes, más aún, finalmente obtuvo el propio cetro del reino. Pues los Macabeos eran al mismo tiempo sumos sacerdotes, y al mismo tiempo caudillos, y poco después reyes de Israel. Pues Aristóbulo, hijo de Juan Hircano y nieto de Simón Macabeo, fue sumo sacerdote y el primero en colocarse la diadema regia, como enseña Josefo, libro XIII de las Antigüedades, capítulo xix; y después de él reinó su hijo Alejandro, al cual sucedió el más joven Aristóbulo, y estos fueron simultáneamente sumos sacerdotes y reyes: y todos estos descendían de Fineés, como dice y se gloría su antepasado Matatías, I Macabeos ii, 54. Ved aquí qué merecen ante Dios el celo y los celosos.

Objetarás: Por la ley y el derecho de gentes, Fineés, como primogénito, estaba obligado a suceder a su padre Eleazar en el pontificado: luego ningún nuevo beneficio se le confiere aquí. Respondo que ciertas cosas nuevas se le confieren aquí: pues primero, se le asegura una vida más larga, a saber, que sobrevivirá a su padre, y así será efectivamente sumo sacerdote. Segundo, se le asegura que el pontificado permanecerá en su familia.

Objetarás en segundo lugar: El pontificado, poco después de Fineés, fue transferido de su familia a la familia de Itamar, a saber, a Elí: pues, como enseña Josefo, libro V de las Antigüedades, último capítulo, y libro VIII, capítulo 1, a Eleazar le sucedió en el pontificado su hijo Fineés, a este su hijo Abiezer, a este su hijo Buquí, a este su hijo Uzí; de quien fue transferido a Elí (que era de la familia de Itamar, como es claro por I Crónicas xxiv, 3), al cual sucedió Ajitob, nieto por su hijo Fineés, a este su hijo Ajías, a este su hermano Aquimelec, a este su hijo Abiatar, de quien nuevamente Salomón transfirió el pontificado a Sadoc, que era de la familia de Eleazar y Fineés: ¿cómo, pues, se promete aquí a Fineés un pontificado eterno?

Cayetano responde en primer lugar que esta promesa es de derecho, no de hecho: pues por derecho el pontificado se debía a la familia de Fineés a perpetuidad; pero de hecho fue transferido a Elí, por breve tiempo; en segundo lugar, Dionisio Cartujano responde que se promete aquí a Fineés un pontificado eterno, no absolutamente, sino bajo la condición de que sus descendientes sigan la piedad del padre, y no merezcan ser privados del pontificado por sus pecados: pero que los descendientes de Fineés pecaron, y por tanto por su propia culpa perdieron el pontificado por un tiempo; una tercera respuesta, y fácil de dar, es que se promete aquí a Fineés un pontificado eterno en este sentido, que no le sea arrebatado permanentemente, como le fue arrebatado a Elí; sino que el pontificado se adherirá a su familia hasta el fin de la Sinagoga del judaísmo, aunque por breve tiempo fuera interrumpido y transferido a Elí y sus descendientes: pues poco después volvió a la familia de Fineés, y permaneció con ella continuamente hasta Cristo. Así se dice en Génesis xlix, 10 que no se apartará el cetro de Judá hasta que venga Cristo: pero consta que este cetro faltó en el primer año del reinado de Herodes, mientras Cristo nació en el año 35 del reinado de Herodes; por tanto el cetro se había apartado de Judá 35 años antes de Cristo. Pero la Sagrada Escritura no cuenta ni tiene en consideración este pequeño número en medio de tan gran multitud. Lo mismo hace aquí.


Expió el pecado de los hijos de Israel

Porque fue celoso por su Dios, y expió el pecado de los hijos de Israel. — «Expió,» primero, es decir, castigó y vengó a los culpables y malvados. Pues así cuando los jueces castigan a los culpables, como que expían su república ante Dios y ante todo el mundo. Pues la justa venganza de los crímenes es la expiación de la república. Segundo, «expió,» es decir, limpió: porque logró que nadie se atreviera a cometer cosas semejantes en adelante; tercero, «expió,» es decir, quitó el pecado de la negligencia de los israelitas, con la cual descuidaban corregir y castigar este crimen; cuarto, «expió,» porque ofreció la sangre de Zambrí, como víctima expiatoria, a Dios por la salvación de los demás. Así Abulense.


Versículo 15: Cozbí, hija de Sur

15. La mujer madianita, etc., se llamaba Cozbí, hija de Sur, príncipe nobilísimo de los madianitas. — En hebreo se lee: Cozbí, hija de Sur: él era cabeza de los pueblos, y cabeza de la casa paterna en Madián. Pues en Madián reinaban cinco reyes, como es claro por el capítulo xxxi, versículo 8, pero pequeños, que por eso en Josué xiii, 11, son llamados príncipes: entre estos cinco, el más noble y principal era Sur, quien aquí prostituyó a su hija a los hebreos, para engañarlos y apartarlos, o vencerlos por este medio, siguiendo el consejo de Balaán. Tan grande era su temor y el de todos, tan grande su amor por la vida y el reino. Pues estos gentiles no conocían el bien del honor, la castidad y la virtud.


Versículos 16-17: Que los madianitas os sientan como enemigos

16 y 17. Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Que los madianitas os sientan como enemigos, y heridlos. — Aquí Dios manda que los autores del crimen y fraude de Baal-Peor, a saber, los madianitas, sean vengados con la guerra; pero tácitamente exime a los moabitas, que habían sido gran parte y causa del crimen y del desastre, porque quiso que los moabitas fueran preservados: en parte por los méritos de Lot, como se dice en Deuteronomio ii, 19; en parte por Rut, de quien David (pues David era bisnieto de Rut) y Cristo habrían de tomar su origen; pues Rut era moabita, nacida en Moab: de donde antes de que naciera Rut, los hebreos no habían hecho la guerra contra los moabitas; pero después de que ella nació y emigró de Moab a los judíos, David castigó y derrotó notablemente a los moabitas, como es claro por II Reyes viii, 2. Así Abulense.

Los hebreos podían, por el derecho de naturaleza y de gentes, haber atacado a los madianitas por quienes habían sido dañados en guerra, pero esperaron el mandato del Señor; pues el Señor en el desierto los dirigía tanto a sus campamentos, como a las guerras, y a todas las demás cosas, como guía del pueblo. De ahí que inmediatamente después del crimen de Baal-Peor, mandó hacer la guerra contra los madianitas.


Versículo 18: Porque ellos os engañaron

18. Porque ellos también obraron hostilmente contra vosotros, y os engañaron con astucias (con fraudes, de los cuales hablé en el versículo 1) por el ídolo Fogor (es decir, Baal-Peor, como dije en el versículo 3), y por Cozbí, la hija de un príncipe de Madián, hermana de ellos (es decir, su pariente; pues Cozbí era madianita, y consecuentemente era hermana, es decir, pariente y allegada de los madianitas. Pues ella engañó a Zambrí, el jefe de la tribu de Simeón, cuyo ejemplo, como jefe, muchos de la misma tribu, como se verá en el capítulo siguiente, versículo 14, y de otras tribus siguieron. Pues los pecados de los príncipes y señores tienen muchos imitadores), que fue herida (por Fineés) el día de la plaga — pues en el mismo día se desató la plaga, enviada por Dios, versículo 8; pero después de que Fineés mató a Cozbí con Zambrí, la plaga cesó inmediatamente.


Moral: El peligro del trato con mujeres

Moralmente, aprende de este capítulo cuán peligroso es el trato con mujeres, y cuánto deben los hombres huir de las mujeres, y las mujeres de los hombres. Eva sedujo a Adán, Betsabé a David, las mujeres a Salomón. Aquel anciano en Sofronio, en el Prado espiritual, capítulo cxix, dice bellamente: «Hijitos,» dice, «la sal procede del agua, y si se acerca al agua, inmediatamente se disuelve y perece: y el monje igualmente procede de la mujer; y así si se acerca a una mujer, él mismo se disuelve, y llega a esto, que ya no es monje.»

Todos los santos enseñaron esto tanto con la palabra como con el ejemplo. Santo Domingo permaneció virgen hasta la muerte, hasta tal punto que incluso inspiraba virginidad a los demás. De donde cierto estudiante, besando su mano, recibió de ella tal fragancia y gracia que desde entonces fue casto tanto en mente como en cuerpo. Y sin embargo, Santo Domingo instaba a los devotos de la castidad a huir por completo de todas las mujeres, y él mismo también lo hacía, y además se afligía con ayunos y penitencias.

San Francisco declaró que la conversación con una mujer era frívola, excepto únicamente para la confesión, o la más breve instrucción.

San Jordán, que inmediatamente sucedió a Santo Domingo en el generalato, reprendió a cierto hermano porque había tocado la mano de una mujer; y cuando el hermano replicó: Esta mujer es piadosa y devota; Jordán respondió: «La lluvia es buena, y la tierra es buena, y sin embargo de su mezcla se hace lodo.»

Santo Tomás de Aquino, cuando fue tentado por sus hermanos mediante una mujer lasciva, la puso en fuga con un tizón encendido, y formando con él la señal de la cruz en la pared, y orando allí con lágrimas, y pidiendo perpetua virginidad, se quedó dormido, y vio a dos ángeles que le ceñían los lomos (tan fuertemente que gritó de dolor), diciendo: «He aquí que te ceñimos con el cíngulo de la castidad, que nunca será desatado.» De donde él mismo quedó libre de todo sentido de lujuria en adelante: y sin embargo, él mismo desde entonces siempre se estremeció ante todas las mujeres y huyó de ellas como de serpientes.

La reina de Sicilia, madre de San Luis, obispo de la familia franciscana, cuando este vino a ella a Nápoles, quiso besarlo como a su hijo, según la costumbre francesa; San Luis se negó; entonces ella dijo: «¿Acaso no soy tu madre?» a lo cual él respondió: «Lo sé, pero eres mujer, a la que un siervo de Dios no le es lícito besar;» pues, como dice San Bernardo: «Todo el cuerpo de la mujer es fuego.» Así huyó José de su lasciva señora, dejando el manto en sus manos. Así San Agustín, como atestigua Posidio, no quiso tener siquiera a su propia hermana viviendo en su casa. Así huyó más de una vez San Bernardo, cuando a causa de su notable belleza era solicitado al pecado por mujeres impuras. En otras ocasiones ahuyentó a las mismas de noche, gritando: ¡Ladrones! ¡Ladrones! y finalmente, para librarse de toda tentación, huyó al claustro del monasterio cisterciense, tal como dice el Sabio: «Del vestido sale la polilla, y de la mujer la iniquidad del varón;» y: «Mejor es la iniquidad del varón que una mujer que hace el bien.»

Así finalmente huyó el gran San Juan el Anacoreta, que predijo la victoria al emperador Teodosio. Pues, como narra Paladio en la Historia lausíaca, capítulo xliii, no vio a ninguna mujer durante 40 años. Y cuando tenía 90 años de edad, encarecidamente rogado por un tribuno para que permitiera a su esposa, que insistentemente lo pedía, verlo, respondió: «Esta noche me apareceré a ella en sueños, y que no persista más en ver mi rostro en la carne.» Así se le apareció en sueños como un fantasma, y no se dejó ver por ella de ninguna otra manera; y en el capítulo xliv, narra la lamentable caída de cierto ermitaño por causa de una mujer. Más ejemplos di en Génesis capítulo xxxiv, versículo 1.