Cornelius a Lapide

Números XXXII


Índice


Sinopsis del capítulo

Los rubenitas y gaditas, abundantes en ganado, piden que la tierra de Galaad les sea dada como su porción, por ser apta para el pastoreo; Moisés los reprende, pero habiendo reconocido la sinceridad de su intención, accede y les da Galaad; mas con la condición de que ellos mismos vayan armados delante de las demás tribus y las conduzcan a Canaán.


Texto de la Vulgata: Números 32:1-42

1. Los hijos de Rubén y de Gad tenían mucho ganado, y su hacienda en animales era inmensa. Y cuando vieron las tierras de Jazer y de Galaad, aptas para alimentar animales, 2. vinieron a Moisés y al sacerdote Eleazar y a los príncipes de la multitud, y dijeron: 3. Atarot, y Dibón, y Jazer, y Nimrá, Hesbón, y Elealé, y Sebam, y Nebó, y Beón, 4. la tierra que hirió el Señor a la vista de los hijos de Israel, es una región riquísima para el pastoreo de animales: y nosotros tus siervos tenemos muchísimo ganado; 5. y te rogamos, si hemos hallado gracia ante ti, que la des a nosotros tus siervos como posesión, y no nos hagas cruzar el Jordán. 6. Moisés les respondió: ¿Acaso irán vuestros hermanos a la batalla, y vosotros os quedaréis aquí sentados? 7. ¿Por qué socaváis la resolución de los hijos de Israel, para que no se atrevan a pasar al lugar que el Señor les dará? 8. ¿No hicieron así vuestros padres, cuando los envié desde Cadés-Barné a explorar la tierra? 9. Y cuando llegaron hasta el valle del Racimo, habiendo inspeccionado toda la región, subvirtieron los corazones de los hijos de Israel, para que no entraran en los confines que el Señor les había dado. 10. Y Él, airado, juró diciendo: 11. Estos hombres que subieron de Egipto, de veinte años en adelante, no verán la tierra que prometí con juramento a Abrahán, Isaac y Jacob; porque no quisieron seguirme, 12. excepto Caleb hijo de Jefoné el quenezeo, y Josué hijo de Nun: éstos cumplieron mi voluntad. 13. Y el Señor, airado contra Israel, los condujo por el desierto durante cuarenta años, hasta que se consumió toda la generación que había hecho el mal ante sus ojos. 14. Y he aquí, dijo, que vosotros os habéis levantado en lugar de vuestros padres, prole y discípulos de hombres pecadores, para aumentar el furor del Señor contra Israel. 15. Y si no queréis seguirlo, abandonará al pueblo en el desierto, y vosotros seréis la causa de la muerte de todos. 16. Mas ellos se acercaron y dijeron: Construiremos rediles para las ovejas y establos para el ganado, y ciudades fortificadas para nuestros hijos; 17. pero nosotros mismos, armados y ceñidos, marcharemos a la batalla delante de los hijos de Israel, hasta que los introduzcamos en sus lugares. Nuestros hijos, y todo lo que poseamos, estarán en ciudades amuralladas, por las emboscadas de los habitantes. 18. No volveremos a nuestras casas hasta que los hijos de Israel posean su herencia: 19. ni buscaremos nada al otro lado del Jordán, porque ya tenemos nuestra posesión en su lado oriental. 20. Moisés les dijo: Si cumplís lo que prometéis, salid armados ante el Señor a la batalla; 21. y todo hombre de guerra cruce el Jordán armado, hasta que el Señor derroque a sus enemigos, 22. y toda la tierra le sea sometida: entonces quedaréis sin culpa ante el Señor y ante Israel, y obtendréis las regiones que deseáis ante el Señor. 23. Pero si no hacéis lo que decís, no hay duda de que pecaréis contra Dios: y sabed que vuestro pecado os alcanzará. 24. Edificad pues ciudades para vuestros hijos, y rediles y establos para vuestras ovejas y ganado: y cumplid lo que habéis prometido. 25. Y los hijos de Gad y de Rubén dijeron a Moisés: Somos tus siervos; haremos lo que nuestro Señor manda. 26. Nuestros hijos, y mujeres, y rebaños, y ganado los dejaremos en las ciudades de Galaad; 27. pero nosotros tus siervos todos marcharemos armados a la guerra, como tú, señor, dices. 28. Entonces Moisés dio órdenes a Eleazar el sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a los jefes de las familias de las tribus de Israel, y les dijo: 29. Si los hijos de Gad y los hijos de Rubén cruzan el Jordán con vosotros, todos armados para la guerra ante el Señor, y la tierra os es sometida, dadles Galaad en posesión. 30. Pero si no quieren cruzar armados con vosotros a la tierra de Canaán, reciban lugares para habitar entre vosotros. 31. Y los hijos de Gad y los hijos de Rubén respondieron: Como ha hablado el Señor a sus siervos, así haremos; 32. nosotros mismos marcharemos armados ante el Señor a la tierra de Canaán, y reconocemos que ya hemos recibido nuestra posesión al otro lado del Jordán. 33. Así pues, Moisés dio a los hijos de Gad y de Rubén, y a la media tribu de Manasés hijo de José, el reino de Sijón rey de los amorreos, y el reino de Og rey de Basán, y su tierra con sus ciudades en derredor. 34. Por tanto, los hijos de Gad edificaron Dibón, y Atarot, y Aroer, 35. y Atrot, y Sofán, y Jazer, y Jogbehá, 36. y Bet-Nimrá, y Bet-Harán, ciudades fortificadas, y rediles para sus rebaños. 37. Y los hijos de Rubén edificaron Hesbón, y Elealé, y Quiriataim, 38. y Nebó, y Baal-Meón, con nombres cambiados, así como Sibmá, imponiendo nombres a las ciudades que habían edificado. 39. Y los hijos de Maquir, hijo de Manasés, marcharon a Galaad y la devastaron, matando a los amorreos habitantes de ella. 40. Así pues, Moisés dio la tierra de Galaad a Maquir hijo de Manasés, quien habitó en ella. 41. Y Jaír hijo de Manasés fue y tomó sus aldeas, a las que llamó Javot-Jaír, es decir, las Villas de Jaír. 42. Nobaj también fue y tomó Quenat con sus aldeas menores; y la llamó Nobaj, según su propio nombre.


Versículos 1-2: La petición de Rubén y Gad

1 y 2. LOS HIJOS DE RUBÉN Y DE GAD TENÍAN MUCHO GANADO, etc., Y CUANDO VIERON LAS TIERRAS DE JAZER Y DE GALAAD, APTAS PARA ALIMENTAR ANIMALES, VINIERON A MOISÉS — para pedir que estas tierras les fueran dadas como su lote y herencia. Eran éstas las tierras de Jazer y Galaad, a este lado del Jordán, en el territorio que los hebreos habían tomado de Sijón y Og, reyes de los amorreos, capítulo xxi, versículo 24. Por tanto, los rubenitas y gaditas, abundantes en ganado, piden su tierra como pastizal, y Moisés se la dio, junto con la media tribu de Manasés, para que la poseyeran.

Tropológicamente, San Gregorio, XXVII Morales capítulo x: «A los que muchos enredos del mundo ocupan», dice, «no quieren cruzar el Jordán: porque no buscan la morada de la patria celestial.» Véase lo demás en su obra.


Versículo 4: Tenemos muchísimo ganado

4. TENEMOS MUCHÍSIMO GANADO (es decir, animales).


Versículos 6-9: La reprensión de Moisés

6, 7, 8 y 9. Moisés LES RESPONDIÓ (pensando que por temor a los cananeos y a las guerras que debían emprender con ellos, no querían pasar al otro lado del Jordán hacia Canaán): «¿Por qué socaváis las mentes de los hijos de Israel, para que no se atrevan a cruzar», etc.? «¿No hicieron así vuestros padres?», etc. «Subvirtieron» (es decir, apartaron, quebraron, disolvieron — pues el hebreo heni significa quebrar, apartar, disolver, frustrar) «los corazones de los hijos de Israel» — que estaban dispuestos a entrar en la tierra prometida; pero habiendo oído a los espías, fueron heridos de temor y, no atreviéndose a avanzar, quisieron volver a Egipto; como diciendo: Ved que no hagáis lo mismo.


Versículo 9: Para que no entraran en los confines

9. PARA QUE NO ENTRARAN EN LOS CONFINES QUE EL SEÑOR LES HABÍA DADO. — La palabra ut significa no la intención, sino la consecuencia y el resultado del asunto: pues de la persuasión de los espías surgió la murmuración del pueblo, de la murmuración vino el castigo y la justa sentencia de Dios, de que todos murieran en el desierto y ninguno de ellos entrara en Canaán.


Versículo 11: De veinte años en adelante

11. ESTOS HOMBRES QUE SUBIERON DE EGIPTO, DE VEINTE AÑOS EN ADELANTE, NO VERÁN LA TIERRA, etc. — La frase «de veinte años» se refiere no a «que subieron de Egipto», sino a «estos hombres». Pues aquellos que al tiempo del éxodo de Egipto no habían alcanzado aún su vigésimo año, pero lo habían alcanzado al tiempo de la murmuración, están incluidos en esta sentencia y son castigados por ella, como dije en el capítulo xiv, versículo 29.

NO QUISIERON SEGUIRME. — En hebreo, «no cumplieron tras de mí», es decir, no me siguieron plenamente, de modo que me obedecieran continua y constantemente y avanzaran bajo mi guía hacia Canaán; sino que se detuvieron en el camino y se apartaron de mí, queriendo volver el camino hacia Egipto.


Versículo 13: Los condujo por el desierto durante cuarenta años

13. Y EL SEÑOR, AIRADO CONTRA ISRAEL, LOS CONDUJO POR EL DESIERTO DURANTE CUARENTA AÑOS. — Los Setenta expresan de modo muy elocuente esta volubilidad giratoria de ser conducidos en círculos, cuando traducen «los hizo girar como un rombo» por el desierto durante cuarenta años, donde los giros de los hebreos en el desierto se comparan acertadamente con un rombo, como nota Eugubino, ya se tome rombo como el pez (pues éste gira de modo admirable) o como el huso trilateral y cruzado de las mujeres, en el que éstas desenredan y extienden los ovillos que han hilado, para que los tejedores puedan fácilmente desenrollar y tejer los hilos, al cual los belgas llaman den haspel. Pues los hebreos hicieron tales giros inversos y muchísimas revoluciones continuamente durante 40 años, como se ve claramente en las tablas de Adricomio.


Versículo 14: Prole y discípulos de hombres pecadores

14. Y HE AQUÍ, DIJO, QUE VOSOTROS OS HABÉIS LEVANTADO EN LUGAR DE VUESTROS PADRES, PROLE Y DISCÍPULOS DE HOMBRES PECADORES. — En lugar de «prole y discípulos», en hebreo se encuentra tarbut, que literalmente significa «multitud» o «multiplicación», pero metafóricamente se atribuye a alumnos y discípulos; pues así lo traducen los Setenta, el Caldeo y nuestra Vulgata aquí: de donde también rab, o rabbi, derivado de la misma raíz, significa un maestro, que es «grande», esto es, eminente, y difunde y multiplica su enseñanza a través de sus discípulos. El sentido, pues, es como si dijera: Vosotros sois los hijos y discípulos de hombres impíos para acrecentar los pecados y colmar la medida de vuestros padres; admirablemente propagáis su estirpe impía, así como sus crímenes, y los hacéis crecer.


Versículo 17: En ciudades amuralladas

17. NUESTROS HIJOS, etc., ESTARÁN EN CIUDADES AMURALLADAS, POR LAS EMBOSCADAS DE LOS HABITANTES (es decir, de los vecinos). — Pues los rubenitas y gaditas eran vecinos de los moabitas, edomitas, cananeos y otros enemigos. Por tanto, no hay duda de que, junto con los niños, también quedaron hombres de guerra para su protección, como pronto se verá con mayor claridad.


Versículo 20: Ante el Señor

20. «Salid pertrechados ante el Señor» — es decir, en presencia del Señor, a saber, ante el arca y la columna de nube, que contiene y representa al Señor.

Nota: La expresión «estar ante el Señor» significa dos cosas: primero, tener al Señor como observador y testigo. Así se toma en 2 Reyes III, 38, Salmo LIII, 25, Eclesiastés II, 26, y en otros lugares. Segundo, «estar ante el Señor» significa tener al Señor aprobando y favoreciendo: pues así traduce nuestra Vulgata en Jueces XVIII, 6, y en otros lugares; y así puede tomarse también aquí.


Versículo 21: Todo hombre de guerra cruce el Jordán

21. «Todo hombre de guerra (de entre vosotros) cruce armado el Jordán.» — «Todo», es decir, todo aquel que pueda cruzar cómodamente. Pues no era seguro dejar a los niños y el ganado y al resto de la familia sin protección, en la cercanía de tantos enemigos. Así, en otros pasajes, «todo» se toma frecuentemente por «muchos»; de donde, de los rubenitas, gaditas y manasesitas, solo 40.000 cruzaron el Jordán para la batalla contra los cananeos, como consta en Josué IV, 13, aunque poco antes habían sido contados en total 110.000 de entre ellos, capítulo xxvi, versículo 18 y siguientes: pero los restantes 70.000 permanecieron en Galaad para la protección de los niños, esposas y ganado. Por tanto, Moisés ordena aquí que estas tres tribus no se queden ociosas en casa, fuera del alcance de las armas; sino que acompañen a los demás a la batalla, más aún, que los precedan, y esto, en primer lugar, para que quiten a los demás la sospecha de pereza y cobardía y den ejemplo de audacia y valor. En segundo lugar, para que aquel único pueblo hebreo, antes de que la victoria fuera ganada en la guerra, la república establecida por la división de la herencia, y finalmente la religión establecida por la colocación del arca y la inauguración de los ritos sagrados, no se divida y la Iglesia naciente no se escinda; lo cual claramente habría sucedido si aquellos (como se temía) que permanecían a este lado del Jordán se negaran a cruzar el Jordán para las guerras y para el tabernáculo y los ritos sagrados de las otras tribus, y erigieran para sí en Galaad su propio tabernáculo, altar y ritos sagrados: de donde también el altar luego erigido por ellos en el mismo lugar, aunque por diferente razón, arrojó gran sospecha de esto sobre los demás y casi dio ocasión a una guerra civil, como consta en Josué capítulo XXII, versículos 10 y 12.


Versículo 23: Vuestro pecado os alcanzará

23. «Pero si no hacéis lo que decís, no hay duda de que pecaréis» (de que pecaríais: así los Setenta. Pero el Caldeo y el Hebreo lo tienen en tiempo pasado, «habéis pecado», a saber, después de que hayáis rehusado la batalla), «y sabed que vuestro pecado» (es decir, el castigo de vuestro pecado) «os alcanzará» — pues el daño sigue a la cabeza, y el castigo acompaña a la culpa inseparablemente, como un lictor acompaña al acusado.


Versículo 26: En las ciudades de Galaad

26. NUESTROS HIJOS, etc., LOS DEJAREMOS EN LAS CIUDADES DE GALAAD — es decir, en la tierra de Og y Sijón, asignada a nosotros. Galaad, pues, aquí no se toma en sentido estricto por el territorio galaadita, o la tierra que propiamente se llama Galaad; sino en sentido más amplio: pues abarca toda la asignación de los gaditas, rubenitas y la media tribu de Manasés.


Versículos 29-30: La condición impuesta

29 y 30. «Si los hijos de Gad cruzan el Jordán con vosotros», etc. «Dadles Galaad», etc. «Pero si no», etc. «Reciban lugares para habitar entre vosotros» — como diciendo: Si han faltado a su palabra y se niegan a salir con vosotros a la batalla, obligadlos a cruzar el Jordán, a combatir y habitar con vosotros.


Versículo 31: Como ha hablado el Señor

31. COMO HA HABLADO EL SEÑOR — a saber, Dios por medio de Moisés: esto es claro por el hebreo.


Versículo 34: Los hijos de Gad edificaron

34. POR TANTO, LOS HIJOS DE GAD EDIFICARON DIBÓN, etc. — «Edificaron», es decir, restauraron; pues estas ciudades habían existido antes, y los gaditas no habrían podido edificar estas ciudades desde los cimientos tan rápidamente: pues poco después de la muerte de Moisés, que siguió inmediatamente a estos acontecimientos, ellos mismos partieron con las demás tribus al otro lado del Jordán hacia Canaán; de donde también en el versículo 38, se dice que cambiaron los antiguos nombres de estas ciudades e impusieron otros nuevos: de lo cual se ve claro que estas ciudades habían existido anteriormente, y no habían sido edificadas por ellos, sino restauradas.


Versículo 38: Con nombres cambiados

38. CON NOMBRES CAMBIADOS. — Los hebreos aquí, como vencedores religiosos, dieron los nombres de su propia nación a las ciudades de los amorreos, habiendo abolido los anteriores nombres gentilicios, especialmente porque algunos de ellos parecen haber derivado de ídolos, a saber, de Baal, tales como Bamot-Baal y Baal-Meón; cuáles fueron aquellos nombres hebreos, la Escritura no lo especifica aquí, excepto dos, a saber, Javot-Jaír y Nobaj, versículos 41 y 42. Pues los demás nombres se encuentran mayormente iguales tanto antes de estos tiempos, Números xxi, versículo 30 y siguientes, como después, Josué XIII, 17 y siguientes.


Versículo 40: Galaad dada a Maquir

40. ASÍ PUES, MOISÉS DIO LA TIERRA DE GALAAD A MAQUIR, HIJO DE MANASÉS. — «Maquir», es decir, a los descendientes de Maquir, o a la media tribu de Manasés descendiente de Maquir; pues Maquir, hijo de Manasés y nieto de José, había muerto hacía mucho tiempo. Pues si hubiera vivido hasta ahora, habría tenido al menos 210 años; edad que no le correspondió a nadie en aquella época.


Versículo 41: Jaír hijo de Manasés

41. JAÍR HIJO DE MANASÉS — no hijo inmediato, sino descendiente remoto. Así, frecuentemente los nietos son llamados hijos, como en Lucas I, 5; Mateo I, 1.

Nótese en primer lugar: Jaír descendía por línea paterna no de la tribu de Manasés, sino de Judá; pues ésta es la genealogía: Judá engendró a Fares, éste a Hesrón, éste a Segub, éste a Jaír. Pero porque Hesrón tomó por esposa a la hija de Maquir, hijo de Manasés, y de ella engendró a Segub, padre de Jaír, como consta en 1 Crónicas II, 21, sucedió que Jaír siguió a los manasesitas, porque descendía de la hija del más célebre hijo de Manasés, Maquir: y en este sentido la Escritura lo llama aquí hijo de Manasés.

Nótese en segundo lugar: Este Jaír fue un hombre muy valiente; de donde en Galaad conquistó Javot-Jaír, es decir, aldeas, a las que dio el nombre de Jaír según su propio nombre, y por esta razón sucedió que, aunque arriba en el versículo 1 solo los rubenitas y gaditas habían pedido su lote a este lado del Jordán, la media tribu de Manasés les fue añadida, puesto que había prestado su esfuerzo con gran valentía en la conquista de aquellas ciudades; así Andrés Masio sobre Josué XIII, 31. Por lo demás, este Jaír fue diferente, y estas villas de Jaír fueron diferentes, del Jaír y sus villas, no conquistadas sino sometidas, que se mencionan 300 años más tarde en Jueces capítulo x, versículo 4. Véase aquí al Abulense, Cuestión XII.


Versículo 42: Nobaj tomó Quenat

42. NOBAJ TAMBIÉN FUE Y TOMÓ QUENAT. — Nobaj aquí parece haber sido de la tribu de Manasés, al igual que Jaír que lo precedió; de donde la ciudad fue llamada Nobaj por su nombre, en la cual fue colocado después el tabernáculo. De ahí que a esta Nobaj vino David, huyendo de Saúl, a ver al sumo sacerdote Ajimelec, 1 Reyes xxi, 1. Así el Abulense.


Tropología: Los tres estados de la Iglesia

El Abulense trae aquí, al final del capítulo, una tropología rigurosa y temible. Estas tres tribus, dice, significan tres estados de la Iglesia, a saber: Rubén significa a los obispos y prelados, pues Rubén en hebreo significa lo mismo que «hijo de la visión»; de donde denota el rango de los prelados, que supervisan las vidas de los demás. Gad, como el más fuerte, significa a los príncipes. Manasés significa a los monjes opulentos, es decir, a aquellos que olvidan su estado y vocación (pues este olvido es lo que Manasés significa en hebreo). Estos tres permanecen a este lado del Jordán, porque el mayor número de aquellos tres estados, de los que viven a este lado de la tierra prometida en el cielo, permanecen en esta tierra y mueren aquí: mientras buscan establos para su ganado, es decir, palacios gloriosos, para poner sus nombres sobre sus tierras, y los deleites del ganado, es decir, deleites derivados de los brutos y compartidos con los brutos. Éstos, si alguna vez conducen a otros al otro lado del Jordán, a la tierra prometida, es decir, al cielo, enseñando y amonestando, ellos mismos sin embargo vuelven a este lado del Jordán a sus placeres pasajeros, y nunca van al cielo para morar allí: hasta aquí el Abulense. Lo cual debe entenderse convenientemente de aquellos que, con los gaditas y rubenitas, ansían la tierra y las cosas terrenas. De tales personas habló también aquel predicador del Emperador Alberto I, quien, viendo a los nobles recibir soñolientos sus palabras, dijo en voz alta: «Se pregunta si los príncipes pueden salvarse.» Y después de debatido el asunto por ambas partes y sacudido el sueño de los oyentes: «¿Por qué no?», dijo, «con tal de que mueran llorando en la cuna después de recibir el bautismo», como refiere Eneas Silvio, libro III de Sobre los hechos de Alfonso. Pues es cierto que no faltan obispos, religiosos y príncipes eminentes que aspiran a las cosas celestiales y aventajan y brillan ante los suyos en virtud y religión.

Además, San Gregorio, XXVII Morales x, aplica esto a los fieles que defienden la fe pero aman y siguen sus propias concupiscencias; pues éstos alimentan animales brutos fuera de la tierra prometida.