Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del capítulo
Moisés renueva la ley sobre los animales puros e impuros, acerca de la cual véase Levítico XI. En segundo lugar, en el versículo 22, además de los primeros diezmos, ordenados en Números XVIII, manda que se den segundos diezmos, y terceros diezmos en el versículo 28.
Texto de la Vulgata: Deuteronomio 14:1-29
1. Sed hijos del Señor vuestro Dios: no os haréis incisiones, ni os haréis calvicie por un muerto. 2. Porque eres pueblo santo para el Señor tu Dios: y Él te eligió para que fueses su pueblo peculiar, de entre todas las naciones que hay sobre la tierra. 3. No comáis lo que es impuro. 4. Este es el animal que comeréis: el buey, la oveja y la cabra, 5. el ciervo y la gacela, el búfalo, el tragélafo, el pigargo, el órice y el camelo-pardal. 6. Todo animal que tiene la pezuña hendida en dos partes y rumia, lo comeréis. 7. Pero de los que rumian y no tienen la pezuña hendida, no debéis comer, como el camello, la liebre y el conejo: estos, porque rumian pero no dividen la pezuña, serán impuros para vosotros. 8. También el cerdo, porque divide la pezuña pero no rumia, será impuro. No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres. 9. Esto comeréis de todo lo que habita en las aguas: lo que tiene aletas y escamas, comedlo; 10. lo que no tiene aletas ni escamas, no lo comáis, porque es impuro. 11. Todas las aves puras, comedlas. 12. Las impuras no las comáis: el águila, el grifo y el águila marina. 13. El ixión, el buitre y el milano según su especie; 14. y toda especie de cuervo, 15. y el avestruz y el búho, la gaviota y el halcón según su especie; 16. la garza y el cisne, y el ibis, 17. y el somormujo, el porfirión y el cuervo nocturno, 18. el pelícano y el chorlito, cada uno según su especie; también la abubilla y el murciélago. 19. Y todo lo que se arrastra y tiene alas será impuro y no se comerá. 20. Todo lo que es puro, comedlo. 21. Pero lo que se halle muerto, no lo comáis. Dáselo al extranjero que está dentro de tus puertas, para que lo coma, o véndelo: porque tú eres pueblo santo del Señor tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. 22. Separarás la décima parte de todos tus frutos que crecen en la tierra cada año, 23. y comerás en presencia del Señor tu Dios, en el lugar que Él haya elegido para que su nombre sea invocado allí, el diezmo de tu trigo, de tu vino y de tu aceite, y los primogénitos de tus rebaños y de tus ganados: para que aprendas a temer al Señor tu Dios en todo tiempo. 24. Pero cuando el camino sea más largo, y el lugar que el Señor tu Dios haya elegido, y Él te haya bendecido, y no puedas llevar allá todas estas cosas, 25. lo venderás todo y lo reducirás a dinero, y lo llevarás en tu mano, e irás al lugar que el Señor tu Dios haya elegido: 26. y comprarás con ese dinero lo que te plazca, sea de los rebaños o de las ovejas, también vino y bebida fuerte, y todo lo que tu alma desee: y comerás ante el Señor tu Dios, y festejarás, tú y tu casa, 27. y el levita que esté dentro de tus puertas: cuida de no abandonarlo, porque no tiene otra porción en tu posesión. 28. En el tercer año separarás otro diezmo de todo lo que te naciere en ese tiempo; y lo guardarás dentro de tus puertas. 29. Y vendrá el levita que no tiene otra porción ni posesión contigo, y el extranjero y el huérfano y la viuda que están dentro de tus puertas, y comerán y se saciarán; para que el Señor tu Dios te bendiga en todas las obras de tus manos que hagas.
Versículo 1: Sed hijos del Señor vuestro Dios
1. SED HIJOS DEL SEÑOR VUESTRO DIOS — comportaos como hijos de Dios, adorad y venerad a Dios como vuestro Padre eterno y supremo, y obedecedlo en todas las cosas.
Ni os haréis calvicie
NI OS HARÉIS CALVICIE. — En hebreo, no pondréis calvicie entre vuestros ojos por el muerto, es decir, dice Vatablo, cuando uno de vuestros amigos haya muerto, no rasuraréis la parte delantera de la cabeza, que está entre los ojos, como hacen los gentiles, que no tienen esperanza de la vida futura ni de la resurrección. Véase lo dicho en Levítico XIX, 28. Pues aun ahora los judíos creen en la inmortalidad del alma y en la vida futura: de ahí que oren por los difuntos, como es evidente por su Credo, que Genebrardo cita en su Crónica. Además, los judíos aún observan hoy este rito funerario. Primero, cuando alguien muere, los amigos y parientes más cercanos inmediatamente rasgan sus vestiduras, y no comen ese día en aquella casa, sino fuera. Segundo, no comen carne ni beben vino, a menos que sea sábado. Tercero, durante siete días de duelo no lavan el cuerpo ni lo ungen con ungüentos. Cuarto, tienden su lecho en el suelo y se abstienen de relaciones conyugales. Quinto, siguen el funeral con los pies descalzos, y encienden una lámpara en el suelo de la casa durante siete noches, porque creen que el alma del difunto regresa al lugar donde dejó el cuerpo y lamenta su disolución. Sexto, dicen una oración en la que piden que el alma del difunto descanse y sea conducida al paraíso.
Versículo 5: El tragélafo
5. EL TRAGÉLAFO — esto es, el hircociervo, es un animal nacido de un macho cabrío y una cierva: no ficticio, como toman este nombre los dialécticos, sino real y existente junto al río Fasis, que tiene la barba y el pelo de los hombros del macho cabrío, y el resto semejante al ciervo. Así Plinio, libro VIII, capítulo XXXII. Los hebreos piensan que es el macho cabrío silvestre. Por tanto el tragélafo, así como el pigargo y el órice, eran animales puros, que los judíos podían comer.
El pigargo
El pigargo aquí no es el águila así llamada, de la que habla Aristóteles: pues todas las águilas están enumeradas entre las aves impuras, Levítico XI, 13; pero el pigargo aquí se cuenta como animal puro. El caldeo piensa que es el unicornio; más verdaderamente el pigargo es una especie de corzo, semejante al gamo, del que escribe Plinio, libro VIII, capítulo LIII.
El órice
EL ÓRICE. — El órice es un animal nacido en Getulia, de pezuña hendida y de un solo cuerno, por lo demás no desemejante a la cabra, con el pelo dispuesto en contra de la naturaleza de los demás animales, vuelto hacia la cabeza: al salir la Canícula, como si presintiera la llegada de aquella constelación, mira con ojos fijos aquella región del cielo donde este signo aparece primero, y al verlo, estornuda y como reverentemente lo adora. Así Plinio, libro II, capítulo XL, y libro VIII, capítulo LIII, y Columela, libro X.
El camelo-pardal
EL CAMELO-PARDAL. — Era un animal puro, y por tanto diferente del camello, que era impuro. El camelo-pardal es pues un animal de la estatura del camello, con el color de la pantera, que tiene manchas, con un cuello delgado, una cabeza semejante a la del camello, y patas y pies como los del buey. Así Plinio, libro VIII, capítulo XVIII, y Dio, libro XLII de la Historia Romana. Véase Antonio de Nebrija en la Quinquag. capítulo VIII.
Sentido tropológico del camelo-pardal
Tropológicamente, el camelo-pardal es símbolo del hombre cambiante e hipócrita. Pues así como tiene el cuello de caballo, los pies de buey, la cabeza de camello y las manchas de tigre o leopardo: así algunos hombres, desiguales consigo mismos, exhiben diversas formas humanas: si miras su cuello, pensarías que es algún santo; si oyes su discurso, creerías que habla un sátrapa; si examinas su vida, encuentras un bribón; si sus escritos, un labrador. Así algunos en el templo son ángeles, en el foro y la curia son demonios, en la conversación son hombres, en la mesa son lobos, en la alcoba son Venus.
Pero puesto que el camelo-pardal era un animal puro, puede entenderse más aptamente por él al hombre versátil y afable, que se acomoda a las costumbres y disposiciones de todos, en cuanto es lícito, y sabe volverse en todas direcciones y formas: tal fue Ulises, a quien Homero en consecuencia llama hombre de muchos giros. Así San Pablo se hizo todo para todos, para ganarlos a todos: de ahí que con los judíos observaba las ceremonias legales, y con los gentiles vivía a la manera de los gentiles.
Versículo 13: El ixión
13. EL IXIÓN. — Es un ave del género de los buitres; de ahí que en Levítico XI, Moisés la pasó en silencio, y la incluyó y prohibió bajo los buitres. En hebreo se llama raa, de ver, porque es fuerte en la agudeza de sus ojos. Así Vatablo y el Abulense. Los demás animales puros e impuros están explicados en Levítico XI.
Versículo 21: Dáselo al extranjero
21. DÁSELO AL EXTRANJERO PARA QUE COMA. — Por extranjero entiéndase un gentil que permanece en el paganismo: pues no estaba obligado por las leyes judías, y por tanto podía comer animales impuros. Distinto era el caso del gentil prosélito, es decir, convertido al judaísmo: pues estaba obligado por la ley judía, y en consecuencia por la abstinencia de alimentos impuros. Así el Abulense.
Versículo 22: El triple sistema de diezmos
22. SEPARARÁS LA DÉCIMA PARTE DE TODOS TUS FRUTOS. — De este pasaje y de Josefo, Teodoreto en su Cuestión XIII aquí, el Abulense, Oleaster y Cayetano concluyen que se prescribía a los judíos un doble diezmo cada año. Los primeros diezmos eran de todos los frutos de la tierra, los rebaños y los ganados, los cuales se daban enteramente a los levitas; y no se llevaban a Jerusalén, sino que los levitas, a quienes pertenecían, los recogían por las ciudades cercanas a ellos; de estos diezmos, los levitas a su vez pagaban un diezmo al sumo sacerdote y a los sacerdotes, como es evidente por Números XVIII, 26 y 28. Pues allí se trata de estos primeros diezmos.
Los segundos diezmos eran aquellos que cada año los hebreos separaban, después del primer diezmo ya mencionado, tomando un diezmo de las nueve partes restantes para sí mismos, de modo que con él, al ir al tabernáculo (lo cual había de hacerse tres veces al año, como es evidente por Éxodo XXIII, 17, y capítulo XXXIV, 23), en parte vivieran durante el camino, en parte ofrecieran sacrificios pacíficos, de los cuales comieran ante el Señor, junto con los levitas a quienes invitaban a banquetear consigo. Lo que dije sobre estos diezmos, lo mismo digo sobre las primicias: porque después de las primicias que se daban enteramente al Señor, cada uno separaba algo para sí, como segundas primicias, de las que se serviría al subir al Señor. Lo mismo digo sobre los primogénitos de ovejas y bueyes, a saber, que después del primogénito dado a Dios, los hebreos separaban otro animal como sacrificio pacífico: lo mismo digo sobre los votos y ofrendas. De estos segundos diezmos, pues, habla esta ley hasta el versículo 28, y el capítulo XII, 17 también trató de ellos.
Los terceros diezmos eran diezmos que se separaban cada tres años y se daban a los pobres, las viudas, los huérfanos y los levitas a modo de limosna, para que estos, por causa de la pobreza, no se viesen obligados a servir a los gentiles, por quienes fácilmente habrían podido ser conducidos a la idolatría. De estos terceros diezmos se trata en el versículo 28, donde se dice: «En el tercer año separarás otro diezmo.» De donde es claro que este no era el mismo diezmo que el primero, como si los diezmos que durante dos años pertenecían a los levitas fueran mandados en el tercer año a ser compartidos con los pobres igualmente que con los levitas, como algunos pretenden; sino que era otro, a saber, un tercero: pues así lo traduce el intérprete. Así se dice de Tobías, capítulo I, versículo 7, que en el tercer año daba todo su diezmo a los prosélitos y extranjeros. Si los judíos pagaban triple diezmo, ¿por qué no habrían de dar los cristianos diezmos únicos y simples a Dios? Si los judíos alimentaban a sus pobres con diezmos, ¿por qué no habrían de hacer lo mismo los cristianos? Conozco a grandes hombres de la vida pública que dan la décima parte de sus bienes, e incluso de todas sus ganancias, a los pobres, y se consideran obligados a ello por la ley de la caridad y la religión.
Los Padres de la Iglesia sobre la limosna
Bellamente dice Gregorio de Nisa en su libro Sobre las Bienaventuranzas: «Si el título de misericordioso conviene a Dios, ¿a qué otra cosa te exhorta la palabra de Cristo, sino a que te hagas Dios, por así decirlo, marcado con la nota propia de la divinidad?» Y Gregorio Nacianceno en su discurso Sobre el amor a los pobres: «Sé Dios para el afligido, imitando la misericordia de Dios.» Y San Juan Crisóstomo, homilía 3 al Pueblo: «Mejor es conocer este arte de dar limosna que ser rey. Pues este edifica casas en los cielos que durarán para siempre; este enseña cómo puedes hacerte semejante a Dios.» Y en la homilía 36: «Gran cosa es el hombre, y precioso es el hombre misericordioso. Esta es una gracia mayor que resucitar a los muertos: pues aquí tú mereces de Cristo; allí Él merece de ti: pues los milagros se los debes a Dios.»
Ejemplo de San Severino y los ciudadanos de Lauríaco
Oíd un notable ejemplo acerca de estos diezmos, que narra Eugippio en la Vida de San Severino, Apóstol del Nórico, capítulo XVII, y que ocurrió hacia el año del Señor 475. Los ciudadanos de Lauríaco, habiendo sido amonestados por San Severino a dar diezmos a los pobres, habían retrasado hacerlo, y por ello la roya invadió sus cosechas, por lo demás hermosas; ellos, volviendo en sí, confesaron su culpa y pidieron perdón a San Severino, quien les respondió: «Si hubieseis ofrecido diezmos a los pobres, no solo gozaríais de una recompensa eterna, sino que también abundaríais en comodidades presentes; pero puesto que castigáis vuestra culpa con vuestra propia confesión, os prometo por la misericordia del Señor que esta roya, aunque tan severa, no causará daño: tan solo que vuestra fe no vacile más;» entonces exhortó a que se proclamase un ayuno, y una vez cumplido, una lluvia suave disipó los desastres de la cosecha ya desesperada. Hasta aquí Eugippio, discípulo de San Severino y testigo ocular de lo acontecido.
En efecto, aun hoy los judíos más piadosos, aunque no tienen templo, sacerdotes ni levitas, dan sin embargo la décima moneda de todos sus bienes a los pobres, y tienen este proverbio: «Da diezmos, para que te enriquezcas:» pues esto, dicen, lo prometió Dios por medio de Malaquías, capítulo III, versículo 10, y es verdad.