Cornelius a Lapide
Índice
Sinopsis del capítulo
Moisés ordena que se designen tres ciudades de refugio como asilo para el homicida involuntario, a las cuales se han de añadir otras tres conforme aumente el pueblo, versículo 9; véase lo expuesto en Números 35. Al homicida voluntario, en cambio, ordena que sea sacado del asilo y ejecutado, versículo 11. Finalmente, en el versículo 16, decreta la pena del talión contra el falso testigo.
Texto de la Vulgata: Deuteronomio 19:1-21
1. Cuando el Señor tu Dios haya destruido las naciones cuya tierra está a punto de entregarte, y tú la poseas y habites en sus ciudades y edificios; 2. separarás para ti tres ciudades en medio de la tierra que el Señor tu Dios te dará en posesión, 3. preparando cuidadosamente el camino; y dividirás toda la provincia de tu tierra en tres partes iguales: para que quien sea fugitivo a causa de un homicidio tenga un lugar cercano al cual pueda huir. 4. Esta será la ley del homicida fugitivo cuya vida ha de ser preservada: El que hiera a su prójimo sin saberlo, y de quien se compruebe que no tenía odio alguno contra él ayer ni anteayer; 5. sino que fue con él sencillamente al bosque a cortar leña, y al cortar la madera el hacha se le escapó de la mano, y el hierro, deslizándose del mango, golpeó y mató a su amigo: este huirá a una de las ciudades mencionadas, y vivirá; 6. para que no lo persiga su pariente, cuya sangre fue derramada, aguijoneado por el dolor, y lo aprese si el camino fuere demasiado largo, y hiera de muerte a quien no es reo de muerte: porque se demuestra que no tenía odio previo contra el que fue muerto. 7. Por eso te mando que dividas tres ciudades a igual distancia unas de otras. 8. Y cuando el Señor tu Dios haya ensanchado tus fronteras, como juró a tus padres, y te haya dado toda la tierra que les prometió, 9. (si, no obstante, guardas sus mandamientos y haces lo que hoy te mando, que ames al Señor tu Dios y camines en sus caminos en todo tiempo) añadirás tres ciudades más y duplicarás el número de las tres ciudades mencionadas: 10. para que no se derrame sangre inocente en medio de la tierra que el Señor tu Dios te dará en posesión, y no seas reo de sangre. 11. Pero si alguno, teniendo odio contra su prójimo, acecha su vida, y levantándose lo hiere, y este muere, y el agresor huye a una de las ciudades mencionadas, 12. los ancianos de aquella ciudad enviarán a apresarlo del lugar de refugio, y lo entregarán en mano del pariente cuya sangre fue derramada, y morirá. 13. No te apiadarás de él, y quitarás la sangre inocente de Israel, para que te vaya bien. 14. No tomarás ni moverás los linderos de tu prójimo, que los anteriores poseedores fijaron en tu posesión, la cual el Señor tu Dios te dará en la tierra que recibirás para poseer. 15. No se levantará un solo testigo contra nadie, cualquiera que sea el pecado o el crimen: sino que por el testimonio de dos o tres testigos se establecerá todo asunto. 16. Si un testigo falso se levantare contra un hombre, acusándolo de transgresión, 17. ambas partes cuya causa se trata se presentarán ante el Señor en presencia de los sacerdotes y jueces que estuvieren en aquellos días. 18. Y cuando, tras investigación diligentísima, hallaren que el falso testigo ha proferido mentira contra su hermano, 19. le harán como él pensó hacer a su hermano, y quitarás el mal de en medio de ti: 20. para que los demás, al oír esto, tengan temor y nunca se atrevan a hacer tales cosas. 21. No te apiadarás de él, sino que exigirás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.
Versículo 5: Sino que fue con él sencillamente al bosque
5. SINO QUE FUE CON ÉL SENCILLAMENTE AL BOSQUE. -- Tropológicamente San Gregorio, libro X de los Morales, capítulo 9: «Vamos al bosque con un amigo», dice, «cada vez que nos volvemos con cualquier prójimo a examinar nuestras queridas ocupaciones: y sencillamente cortamos leña cuando cercenamos los vicios de los pecadores con piadosa intención. Pero el hacha se escapa de la mano cuando la reprensión se arrastra hacia una aspereza mayor de la necesaria. El hierro salta del mango cuando de la corrección se escapa una palabra demasiado dura, y golpeando al amigo lo mata, porque la injuria proferida da muerte a su oyente apartándolo del espíritu del amor. Este ha de huir a tres ciudades, porque si, convertido a los lamentos de la penitencia, se oculta bajo la esperanza, la fe y la caridad, no es tenido por reo del homicidio que cometió.»
Versículo 6: Para que no lo persiga su pariente
6. PARA QUE NO LO PERSIGA SU PARIENTE -- es decir, el pariente del muerto, que en hebreo se llama goel, esto es, redentor, porque el derecho de redimir la herencia, si hubiera sido vendida, correspondía al pariente más cercano.
Y HIERA DE MUERTE SU VIDA -- es decir, su vida: es una metonimia; así se toma «alma» más adelante en el capítulo 22, versículo 26, y en el capítulo 24, versículo 6, y en Hechos 20:24: «No estimo mi vida (alma) más preciosa que a mí mismo.»
Versículo 13: Quitarás la sangre inocente
13. QUITARÁS LA SANGRE INOCENTE -- es decir, suprimirás el derramamiento de sangre inocente, matando, a saber, al que la derramó. De ahí que el Caldeo traduce: quitarás al que derrama sangre inocente de Israel. Hay, pues, aquí una doble metonimia: la primera, por la cual «sangre» se pone en lugar de «derramamiento de sangre»; la segunda, por la cual el «derramamiento» se pone en lugar del «homicida».
Versículo 14: No moverás los linderos
14. NO TOMARÁS NI MOVERÁS LOS LINDEROS DE TU PRÓJIMO. -- «Linderos», a saber, de los campos, para añadir algo de la posesión ajena a la tuya propia.
Versículo 15: Por el testimonio de dos o tres testigos
15. POR EL TESTIMONIO DE DOS O TRES TESTIGOS SE ESTABLECERÁ (es decir, se confirmará) TODO ASUNTO -- toda acusación, toda declaración, toda causa.
Versículos 18-19: El castigo del falso testigo
18 y 19. Y CUANDO HALLAREN AL FALSO TESTIGO, etc., LE HARÁN COMO ÉL PENSÓ HACER A SU HERMANO. -- Aquí se decreta la pena del talión contra el falso testigo: pues es justo que cualquier castigo que alguien quiso infligir injustamente a otro mediante falso testimonio, él mismo lo sufra justamente. Así los dos ancianos que acusaron falsamente a Susana de adulterio, convictos de mentira, fueron lapidados, Daniel 13.
Escuchad lo que los Padres del VIII Concilio Ecuménico, celebrado en Constantinopla en el año del Señor 869, decretaron contra el cónsul León y el protoespatario Teodoro, quienes por instigación de Focio y del emperador Miguel habían dado falso testimonio contra el Beato Ignacio Patriarca: «Decretamos», dicen, «y promulgamos que estos hombres cumplan una penitencia de siete años (así se llama la pena y censura eclesiástica): que estén durante dos años fuera de la iglesia, y durante otros dos dentro de la iglesia para escuchar las divinas Escrituras hasta el momento de los catecúmenos; sin comulgar de ningún modo, sino absteniéndose de carne y vino durante cuatro años, excepto los domingos y las festividades del Señor: y durante otros tres años permanezcan con los fieles, y merezcan la divina comunión solo en las solemnidades del Señor, con limosnas, oraciones y ayunos, de manera que tres días de la semana, a saber, lunes, miércoles y viernes, se abstengan de carne y vino.»
Ejemplos del castigo divino de los falsos testigos
Gregorio, Obispo de Agrigento, falsamente acusado por Sabino y Crescencio ante un Sínodo Romano de 150 Padres de estupro con la doncella Eudocia, habiendo presentado 110 testigos, repitió el salmo en alta voz: «Se levantaron contra mí testigos inicuos; me imputaron cosas que yo desconocía: me devolvieron males por bienes.»
Concedido lo cual, inmediatamente sobrevinieron grandes tinieblas: y de los acusadores, algunos aparecieron negros en ambas mejillas, otros en una sola. Y a Sabino y Crescencio se les tiñeron los labios de un color oscuro que nunca después pudo lavarse. Así lo refiere la Vida de San Gregorio de Agrigento, que se encuentra en Surio, el 23 de noviembre.
Además, Graciano enseña que los falsos testigos son por el derecho mismo infames, Causa 3, Cuestión 5, tomado del Papa Eusebio, carta 3 a los Obispos de Toscana, con estas palabras: «Decretamos, junto con todos los Obispos que están con nosotros, que los homicidas, hechiceros, ladrones, sacrílegos, raptores, adúlteros, incestuosos, envenenadores, sospechosos, criminales, perjuros, y los que hayan cometido rapto, o dado falso testimonio, o recurrido a sortílegos y adivinos, y los semejantes a ellos -- ninguno de estos sea admitido en modo alguno a la acusación ni al testimonio, porque son infames y justamente deben ser rechazados, porque su voz es mortífera.»
El emperador Constantino el Grande tuvo como esposa a Fausta. Esta, presa del amor por su hijastro Crispo, habiéndolo tentado repetidamente a la lujuria y siendo rechazada, denunció a su marido que aquel había intentado forzarla. Constantino le dio crédito y, por ello, mandó matar a su hijo Crispo. Pero años después, descubierta la verdad, castigó a su esposa con la muerte; así lo refiere Eutropio, libro X de la Historia Romana.
Eusebio relata, libro VI de la Historia, capítulo 12, que tres testigos acusaron falsamente a Narciso, Obispo de Jerusalén, de un crimen infame; y el primero juró que, si la acusación fuera verdadera, Dios lo destruyera por fuego; el segundo, que fuera herido de ictericia; el tercero, que perdiera los ojos. Dios Vengador los escuchó; pues el primero, incendiándose su casa de noche, ardió junto con toda su familia en las llamas vengadoras. El segundo fue atacado y consumido por la ictericia de pies a cabeza. El tercero, viendo estas cosas, se arrepintió y confesó su crimen, y lo lloró con tantas lágrimas que perdió la vista.
Dios confunde a los falsos testigos por medio de los muertos
Más aún, Dios no raramente confunde a los falsos testigos vivos por medio de los muertos. Escuchad los ejemplos. Estanislao el Polaco, Obispo de Cracovia, ofendió gravemente a Boleslao, rey de Polonia, porque había reprendido públicamente su notoria lujuria. Por eso el rey, en una asamblea solemne del reino, dispuso por calumnia que Estanislao fuera citado a juicio ante él, como si estuviera ocupando una aldea que había comprado en nombre de la Iglesia. No pudiendo probarlo con documentos, y temiendo los testigos decir la verdad, el Obispo se comprometió a presentar en el juicio dentro de tres días a Pedro, el vendedor de la aldea, que había muerto tres años antes. Aceptada la condición entre risas, el varón de Dios pasó los tres días enteros en ayuno y oración. El mismo día de lo pactado, inmediatamente después de ofrecer el sacrificio de la Misa, ordenó a Pedro levantarse del sepulcro; este, al punto restituido a la vida, siguió al Obispo que iba al tribunal real, y allí, estando el rey y todos los demás atónitos de asombro, dio testimonio sobre el campo que él había vendido y el precio debidamente pagado a él por el Obispo, y luego otra vez se durmió en el Señor: así lo refiere Longino, y por él Surio, el 8 de mayo, en la Vida de San Estanislao.
La Beata Aia, esposa del conde Hidulfo de Henao, según refiere la Historia de Henao, libro XI, capítulo 4, otorgó sus herencias o dominios a la Iglesia de Mons, los cuales fueron después reclamados por parientes como si les correspondieran por derecho de parentesco; pero dicha Iglesia, hostigada por el litigio, convocó como testigo a Santa Aia, aunque difunta, mediante muchas oraciones: y ella, apareciéndose, respondió que mantenía su donación; por lo cual todo lo que había sido dado permaneció pacíficamente otorgado.
Cuando el Beato Agustín se hallaba aún en Milán, refiere que entre otras cosas ocurrió este notable suceso pertinente a esta materia, en el libro Sobre el cuidado de los muertos, capítulo 11: «Con toda certeza», dice, «cuando estábamos en Milán, supimos que, al reclamarse una deuda a cierto hombre, presentándose el pagaré del padre difunto, que el padre ya había pagado sin que el hijo lo supiera; el hombre comenzó a afligirse gravísimamente y a maravillarse de que su padre moribundo no le hubiera dicho lo que debía, puesto que incluso había hecho testamento. Entonces, estando él sumamente angustiado, su mismo padre se le apareció en sueños y le indicó dónde estaba guardado el documento por el cual aquel pagaré había sido cancelado. Hallado y mostrado, el hijo no solo rechazó la calumnia de la falsa deuda, sino que también recuperó el recibo de su padre que este no había recuperado cuando el dinero fue pagado por él. Aquí, pues, se cree que el alma de aquel hombre cuidó de su hijo y vino a él mientras dormía, para que, enseñándole lo que no sabía, lo librara de gran tribulación.»
Añadamos a esto el hecho semejante relativo a Espiridión, Obispo de Chipre. Tenía una hija llamada Irene, la cual, habiéndole servido bien, murió virgen. Después de su muerte, vino alguien diciendo que le había confiado un depósito. El padre no había sabido del asunto. Se registró toda la casa, pero en ningún sitio se halló lo buscado. Sin embargo, el que lo había confiado insistía y apremiaba con llanto y lágrimas: incluso atestiguaba que se daría muerte a sí mismo si no se le devolvía lo encomendado. Conmovido por sus lágrimas, el anciano se apresuró al sepulcro de su hija y la llamó por su nombre. Entonces ella desde el sepulcro: «¿Qué quieres», dijo, «padre?» «¿Dónde pusiste su depósito?», preguntó él. Y ella, indicando el lugar: «Allí», dijo, «lo encontrarás enterrado.» Volviendo a la casa, halló la cosa tal como su hija había respondido desde el sepulcro, y la entregó al que la reclamaba. Ved aquí cómo Dios es patrón de la verdad y del testimonio veraz.
Macario, monje egipcio y discípulo de San Antonio, cuando alguien se había refugiado en su cueva para buscar auxilio, porque el magistrado lo perseguía como reo de un asesinato recién cometido (pero él afirmaba ser inocente), contuvo con la reverencia de su nombre la violencia de los magistrados; y puesto que solo la sospecha, no los testigos, pesaba sobre el hombre, para que la verdad se hiciera pública, hizo que el muerto hablara desde el sepulcro, oyéndolo todos los presentes; y como el muerto afirmó que su asesinato nada tenía que ver con el entonces acusado del crimen, el magistrado, por la autoridad de Macario, absolvió al hombre que había estado persiguiendo; cuando el magistrado quiso saber quién era el autor del asesinato, pidió a San Macario que lo indagara: este respondió que le bastaba haber liberado a un inocente. Así se refiere en las Vidas de los Padres, libro 2, capítulo 37.
Lo mismo realizó Dios por medio de niños. Gregorio de Tours refiere, libro II de la Historia de los Francos, capítulo 1, que San Bricio, Obispo de Tours, falsamente acusado de fornicación, conjuró ante el pueblo al niño recién nacido de aquella mujer a que dijera si él mismo era su padre. El niño respondió: Tú no eres mi padre; pero cuando el pueblo le pidió que preguntara al niño quién era entonces el padre, Bricio respondió: «Eso no es asunto mío; en lo que a mí me concernía, estuve solícito: si algo más tenéis que averiguar, buscadlo vosotros mismos.» Y cuando el pueblo atribuyó esto a la magia, llevó fuego con su vestidura intacta hasta el sepulcro de San Martín, diciendo: «Así como veis mi vestidura ilesa del fuego, así también mi cuerpo está libre de todo contacto con aquella mujer.»
Un milagro semejante le aconteció al Obispo Broon, que fue discípulo de San Patricio, en el año de Cristo 521; pero allí el niño reveló además quién era el padre, como se encuentra en la Vida de Santa Brígida de Escocia, 1 de febrero.
En la Vida de San Antonio de Padua, que vivió en el año del Señor 1232, se narra que, hallándose él en Padua, fue transportado por un ángel a Lisboa: pues allí su padre era falsamente acusado de haber matado a un muchacho. Por lo cual él mismo interrogó al muchacho muerto si su padre lo había matado; y el muchacho, incorporándose, respondió que no tenía parte alguna en aquel asesinato: y así el padre fue absuelto. De idéntica manera un niño exoneró al abad Daniel, falsamente acusado de adulterio, como refiere Sofronio en el Prado Espiritual, capítulo 114.