Cornelius a Lapide

Deuteronomio XXX


Índice


Sinopsis del Capítulo

Moisés continúa predicando: de donde, primero, les promete el retorno del cautiverio, si regresan a la ley de Dios. Segundo, versículo 11, enseña que la ley de Dios está al alcance de sus manos. Tercero, versículo 15, pone ante ellos la vida y la muerte, el bien y el mal. Cuarto, versículo 19, invoca al cielo y a la tierra como testigos de esto.


Texto de la Vulgata: Deuteronomio 30:1-20

1. Cuando, pues, hayan venido sobre ti todas estas palabras —la bendición o la maldición que he puesto ante ti— y, movido a penitencia de corazón entre todas las naciones a las que el Señor tu Dios te hubiere dispersado, 2. te convirtieres a Él y obedecieres sus mandatos, como yo te mando hoy, con tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, 3. el Señor tu Dios hará volver tu cautiverio, y se compadecerá de ti, y te reunirá de nuevo de entre todos los pueblos entre los cuales te dispersó antes. 4. Si hubieres sido dispersado hasta los confines del cielo, de allí te traerá de vuelta el Señor tu Dios, 5. y te tomará y te introducirá en la tierra que poseyeron tus padres, y la poseerás; y bendiciéndote, te hará más numeroso de lo que fueron tus padres. 6. El Señor tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia: para que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. 7. Y todas estas maldiciones las volverá sobre tus enemigos, y sobre aquellos que te odian y te persiguen. 8. Pero tú volverás y escucharás la voz del Señor tu Dios; y cumplirás todos los mandamientos que yo te mando hoy: 9. y el Señor tu Dios te hará abundar en todas las obras de tus manos, en la descendencia de tu vientre, en el fruto de tus ganados, en la fertilidad de tu tierra y en la abundancia de todas las cosas. Porque el Señor volverá a regocijarse sobre ti en todos los bienes, como se regocijó en tus padres: 10. si, no obstante, escuchas la voz del Señor tu Dios, y guardas sus preceptos y ceremonias que están escritos en esta ley; y te convirtieres al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. 11. Este mandamiento que yo te mando hoy no está por encima de ti, ni lejos; 12. ni está en el cielo, para que puedas decir: «¿Quién de nosotros puede subir al cielo, para traérnoslo, a fin de que lo oigamos y lo cumplamos?» 13. Ni está al otro lado del mar, para que pongas excusas y digas: «¿Quién de nosotros podrá cruzar el mar y traérnoslo, para que podamos oír y hacer lo que se manda?» 14. Sino que la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. 15. Considera que hoy he puesto ante ti la vida y el bien, y por el contrario, la muerte y el mal: 16. para que ames al Señor tu Dios, y camines en sus sendas, y guardes sus mandamientos, ceremonias y juicios; y para que vivas y seas multiplicado, y Él te bendiga en la tierra en la que entras para poseerla. 17. Pero si tu corazón se aparta, y no quieres escuchar, y engañado por el error adoras dioses extraños y los sirves; 18. te anuncio hoy que perecerás, y en breve tiempo morirás en la tierra en la que, cruzado el Jordán, entras para poseerla. 19. Invoco hoy como testigos al cielo y a la tierra de que he puesto ante vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20. y para que ames al Señor tu Dios, y obedezcas su voz, y te unas a Él (pues Él es tu vida y la prolongación de tus días), a fin de que habites en la tierra por la cual el Señor juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, que se la daría.


Versículo 4: Si hubieras sido dispersado hasta los confines del cielo

4. «Si hubieres sido dispersado hasta los confines (en hebreo, hasta la extremidad) del cielo, de allí te traerá de vuelta el Señor». — Es una hipérbole, como si dijera: Si estuvierais en el extremo del orbe, de allí os haría volver Dios; si hubierais sido desterrados a las regiones más remotas de la tierra, que yacen bajo los polos ártico y antártico, de allí os llamaría de vuelta a vuestra patria. De donde Francisco Valesio, capítulo 26 de la Filosofía Sagrada, infiere de nuestro texto que existen los Antípodas; pues quienes habitan bajo el polo ártico son Antípodas de quienes habitan bajo el antártico, y viceversa. Dios, además, da a entender aquí que los hebreos podrían ser dispersados allí, y por consiguiente que existe tierra habitable en esos lugares.

Abulense entiende por «confines del cielo» las cuatro regiones del cielo, a saber, Oriente, Occidente, Mediodía y Septentrión. Pero más acertadamente, por «confines» puedes entender los dos polos ya mencionados: porque así como los goznes de una puerta están fijos e inmóviles, y sobre ellos gira y se mueve la puerta, así los polos están fijos e inmóviles, y sobre ellos gira el cielo.

Este es uno de los pasajes más importantes de la Escritura que los judíos citan en su favor y siempre oponen a los cristianos, a saber, que se encuentran ahora en su cautiverio final, dispersados por las cuatro regiones del mundo, donde aguardan al Mesías que los reunirá de nuevo y los llevará de vuelta a Judea: pues arguyen que esta Escritura no se cumplió en el retorno de la cautividad babilónica, porque en aquella cautividad no fueron dispersados por las cuatro regiones del mundo, y porque solo dos tribus regresaron entonces a Judea, mientras las otras diez permanecieron en Asiria.

Pero Nehemías, capítulo 1, versículos 8 y 9, enseña expresamente que este pasaje y esta promesa se cumplieron en el retorno de la cautividad babilónica; pues Moisés no afirma que serían dispersados hasta los confines del cielo, sino que habla condicionalmente y dice: Aun cuando sucediera que fuerais dispersados hasta los confines del cielo, de allí os haré volver; y es una hipérbole, como dije. Añádase que Moisés habla del estado de la ley y del judaísmo; pues mientras ese estado perduró, les promete el retorno a Judea, si se arrepienten: pero ahora ese estado ha sido abolido, junto con el judaísmo, por medio de Cristo. De donde las dos tribus llevan ya en su plena dispersión y ruina 1600 años; y las diez tribus, dos mil años y más, y cualquier penitencia que hayan hecho o hagan, no hemos visto todavía que en tan largo tiempo hayan sido reunidas. Finalmente, los judíos no pueden arrepentirse y volver a Dios si no reciben a Cristo enviado por Dios: pero esto lo harán al fin del mundo, cuando Él los hará volver a Jerusalén por medio de Elías y Enoc, los convertirá y los salvará.


Versículo 6: Circuncidará tu corazón

6. CIRCUNCIDARÁ TU CORAZÓN, es decir, quitará los deseos superfluos y nocivos, y la dureza de tu voluntad. De donde los Setenta lo traducen como perkathariei, es decir, purificará a fondo tu corazón; véase lo dicho en Levítico, capítulo 26, versículo 41.


Versículo 9: Volverá a regocijarse

9. VOLVERÁ A REGOCIJARSE. No como si Dios fuera mudable, de modo que ahora se regocija y ahora se entristece; sino que la Escritura habla de Dios de manera antropopática. Pues cuando los hombres se compadecen de alguien y lo reciben de nuevo en su favor, se alegran de su buena fortuna y felicidad, mientras que antes lo habían odiado y se habían alegrado de sus castigos y aflicciones. Pero en Dios no hay cambio temporal de tales pasiones; antes bien, Dios se ha regocijado desde la eternidad, simultáneamente y de una vez en un solo acto, sobre todo el orden de castigos y recompensas que se extenderá por toda la eternidad y recaerá sobre estos o aquellos, y en ese acto y ese gozo persevera siempre y perseverará.


Versículo 10: Si, no obstante, escuchas la voz del Señor

10. SI, NO OBSTANTE, ESCUCHAS LA VOZ DEL SEÑOR TU DIOS. Pues si quieres que Dios te escuche, tú primero debes escucharlo a Él, ya sea exteriormente por medio de la ley, la Escritura o un predicador, ya sea interiormente por medio de la santa inspiración que habla dentro. Si quieres que Dios haga tu voluntad, tú primero debes hacer lo que Él quiere y manda. Si quieres que Él vuelva a ti, tú igualmente debes volver y correr a su encuentro. Si quieres que Él se regocije sobre ti, tú también debes regocijarte en Él. «Deléitate en el Señor, y Él te concederá las peticiones de tu corazón».

De ahí que los santos varones obtienen todo lo que piden a Dios, porque a su vez hacen todo lo que Dios les exige. Así, Santo Domingo solía decir que nunca había pedido nada a Dios que no obtuviera de inmediato; y cuando alguien le sugirió: «Pide entonces que el Maestro Conrado (era un Doctor famoso) se haga de tu Orden», dijo: «Esto es ciertamente difícil, pero sin embargo, si lo pido, confío en que sucederá». Pidió, y oró toda la noche, y he aquí que por la mañana Conrado acudió corriendo, impulsado por Dios, y suplicó el hábito de la Orden a Santo Domingo y lo recibió. La razón, por tanto, de que Dios no siempre nos escuche cuando oramos es que nosotros no lo escuchamos a Él, ni obedecemos su voz. ¡Oh, cuánto nos estimaría Dios si siempre lo escucháramos diligentemente y le obedeciéramos! San Francisco acostumbraba, cuando oía una inspiración interior de Dios incluso mientras viajaba, detenerse y atender enteramente a ella, diciendo: «Habla, Señor, tu siervo escucha»; y mientras duraba la inspiración, permanecía quieto, y humilde y atentamente la escuchaba, y luego de inmediato la cumplía con obras; de ahí llegó a ser tan grande.

Por el contrario, Dios no permite que se le desprecie, ni que su voz sea desatendida; pues esto es indigno e injurioso para Dios: de donde Él castiga a tales personas abandonándolas y permitiendo que caigan en graves males y pecados. Pues esto es lo que amenaza en Proverbios, capítulo 1, versículo 24: «Porque llamé, y rehusasteis, etc., yo también me reiré de vuestra desgracia». Quien, pues, sea sabio, escuche aquella palabra del Salmista: «Si hoy escucháis la voz del Señor, no endurezcáis vuestros corazones».


Versículo 11: Este mandamiento no está por encima de ti

11. ESTE MANDAMIENTO, etc., NO ESTÁ POR ENCIMA DE TI, de modo que pudieras excusarte y decir: No puedo alcanzarlo, para conocerlo y cumplirlo. En hebreo se lee: este mandamiento no está separado de ti ni es remoto.


Versículo 14: Cerca de ti está la palabra

14. SINO QUE CERCA DE TI ESTÁ LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZÓN, como si dijera: Tienes la ley de Dios a la mano, para que en tu corazón, es decir, tu memoria, la medites y la pronuncies con tu boca. El Apóstol cita este pasaje en Romanos 10, y alegórica y bellamente, como enseña San Agustín en la Cuestión 53, lo aplica a la fe, para mostrar cuán fácilmente por medio de ella puede el hombre ser justificado: pues no es necesario para ello que alguien ascienda al cielo y de allí nos traiga a Cristo, para que veamos a Cristo y viéndolo seamos salvados; sino que basta creer que Cristo es Dios y descendió del cielo por nosotros. Igualmente no es necesario que alguien descienda a los infiernos y traiga a Cristo de entre los muertos a la vida; sino que basta que creamos que Cristo resucitó por virtud divina: y creer esto en el corazón y profesarlo con la boca es muy fácil. Véase lo dicho en Romanos 10:6.


Versículo 15: He puesto ante ti la vida y la muerte

15. Considera que hoy he puesto ante ti la vida y el bien, y por el contrario el mal y la muerte, a saber, como presa libre, dice San Juan Crisóstomo. Pues quiso que hubiera, por así decirlo, una caza libre de la muerte y la vida, de modo que, suspendidas como en lo alto, fueran puestas ante las almas de los fieles como presa. A esto aludió el Sabio en Eclesiástico 15:17: «Ha puesto ante ti el agua y el fuego: extiende tu mano hacia lo que prefieras. Ante el hombre están la vida y la muerte, el bien y el mal: lo que le plazca le será dado». El libre albedrío del hombre, dice Jansenio en el mismo lugar, Dios lo ha suspendido, por así decirlo, en el aire entre dos elementos: el agua, como símbolo del refrigerio de la vida eterna; el fuego, como expresión de los tormentos del infierno.


Versículo 16: Camina en sus sendas

16. Camina en sus sendas, obedeciendo su ley estudiosa y continuamente. Nótese: la Escritura usa frecuentemente el verbo «caminar», porque es propio de los fieles no detenerse jamás, sino progresar siempre en el camino del Señor. «Nunca», dice San Bernardo, Epístola 253 a Garino, «piensa el justo que ha alcanzado la perfección; nunca dice: Es suficiente; sino que siempre tiene hambre y sed de justicia: porque para siempre se ha consagrado al servicio divino». De ahí que en Proverbios 4:18 se dice: «La senda de los justos, como una luz resplandeciente, avanza y crece hasta el día perfecto». Y Salmo 83, versículo 8: «Bienaventurado el hombre cuyo auxilio viene de Ti: ha dispuesto ascensos en su corazón, etc., irán de virtud en virtud». San Bernardo dice bellamente, Epístola 253: «Allí, oh cristiano, fija la meta de tu carrera y progreso, donde Cristo la puso, quien nunca se detuvo, sino que se alegró como un gigante para correr el camino, hecho obediente hasta la muerte».


Versículo 19: Invoco como testigos al cielo y a la tierra

19. INVOCO COMO TESTIGOS HOY AL CIELO Y A LA TIERRA. Cómo el cielo y la tierra son testigos, tanto de la ley, como de la transgresión y de la venganza divina, lo expliqué en el capítulo 4, versículo 26.

QUE HE PUESTO ANTE VOSOTROS LA VIDA Y LA MUERTE. Así debe leerse con los textos romano, hebreo, caldeo y de los Setenta, no «la vida y el bien», como si dijera: Si guardas esta ley, te prometo una vida larga y feliz aquí: pero si la violas, te amenazo y te predigo una muerte pronta y miserable, tanto en esta vida como en la eternidad. Elige, pues, una de las dos.


Versículo 20: Él es tu vida

20. PUES ÉL ES TU VIDA, Y LA PROLONGACIÓN DE TUS DÍAS, como si dijera: Dios es efectivamente tu vida y tu longevidad, porque Él prolongará tu vida si obedeces su ley. De donde en Hechos 17 se dice: «En Él», es decir, por medio de Él, «vivimos, nos movemos y existimos».

San Dionisio enseña bellamente en el capítulo 6 de los Nombres Divinos que Dios es vida esencialmente en sí mismo; y además que Él es la vida causal de los animales, las plantas, los hombres, los ángeles y los bienaventurados: y esta vida es triple: primero, ejemplar; segundo, eficiente; tercero, final.