Cornelius a Lapide

Deuteronomio XXXII


Índice


Sinopsis del capítulo

Este capítulo es el canto del cisne de Moisés, que está a punto de morir. Pues Moisés, previendo por inspiración divina que los hebreos después de su muerte se apartarían de Dios y por tanto habrían de ser severamente castigados por Él: Primero, invoca al cielo y a la tierra como testigos y encomienda la clemencia, la justicia y la perfección de Dios. Segundo, en el versículo 6, reprende a su futura generación perversa, recordándoles tantos beneficios de Dios hacia ellos, porque después de estos, disueltos en el lujo, se apartaron de Dios hacia los ídolos. Tercero, en el versículo 28, canta que a causa de sus pecados fueron entregados por un Dios airado, que retiró su protección de ellos, a diversos males y plagas. Cuarto, en el versículo 35, promete la misericordia de Dios y la venganza sobre sus enemigos, una vez que hayan vuelto en sí, amonestados por sus aflicciones.

Por eso los hebreos llaman a este cántico un resumen o compendio de toda la ley. Pues hace mención de la magnificencia de Dios, la creación del cielo y la tierra, el culto al Dios único, el diluvio, la división de lenguas y tierras, la elección del pueblo de Israel, los beneficios que Dios les otorgó en el desierto, la resurrección de los muertos, etc.


Texto de la Vulgata: Deuteronomio 32:1-52

1. Escuchad, cielos, lo que hablo; oiga la tierra las palabras de mi boca. 2. Crezca como la lluvia mi doctrina, fluya como el rocío mi elocuencia, como aguacero sobre la hierba, y como gotas sobre las gramíneas. 3. Porque invocaré el nombre del Señor: dad magnificencia a nuestro Dios. 4. Las obras de Dios son perfectas, y todos sus caminos son juicios: Dios es fiel y sin iniquidad alguna, justo y recto. 5. Pecaron contra Él, y no son sus hijos en sus inmundicias: generación depravada y perversa. 6. ¿Es esto lo que devolvéis al Señor, pueblo necio e insensato? ¿Acaso no es Él tu padre, que te poseyó, y te hizo, y te creó? 7. Acuérdate de los días antiguos, piensa en cada generación: pregunta a tu padre, y te lo declarará; a tus mayores, y te lo dirán. 8. Cuando el Altísimo dividía las naciones, cuando separaba a los hijos de Adán, estableció los confines de los pueblos según el número de los hijos de Israel. 9. Mas la porción del Señor es su pueblo: Jacob es el lote de su herencia. 10. Lo encontró en una tierra desierta, en un lugar de horror y de vasta soledad: lo guió por todas partes, y lo instruyó, y lo guardó como la pupila de su ojo. 11. Como el águila que provoca a volar a sus polluelos, y revolotea sobre ellos, extendió sus alas, y lo tomó, y lo llevó sobre sus hombros. 12. El Señor solo fue su guía, y no había con él dios extranjero. 13. Lo estableció sobre tierra elevada, para que comiese los frutos de los campos, para que chupase miel de la roca, y aceite de la piedra durísima; 14. manteca del ganado, y leche de las ovejas, con la grasa de los corderos, y de los carneros hijos de Basán: y cabras con la médula del trigo, y bebiese la sangre purísima de la uva. 15. El amado engordó, y coceó: engordado, engrasado y dilatado, abandonó al Dios que lo hizo, y se apartó del Dios su salvador. 16. Lo provocaron con dioses ajenos, y lo incitaron a la ira con abominaciones. 17. Sacrificaron a los demonios, y no a Dios: a dioses que no conocían: nuevos y recientes vinieron, a quienes no adoraron sus padres. 18. Abandonaste al Dios que te engendró, y olvidaste al Señor tu creador. 19. Lo vio el Señor, y se movió a ira: porque lo provocaron sus propios hijos e hijas. 20. Y dijo: Esconderé mi rostro de ellos, y consideraré su fin: porque es generación perversa, e hijos infieles. 21. Ellos me provocaron con lo que no era dios, y me irritaron con sus vanidades: y yo los provocaré con lo que no es pueblo, y con una nación necia los irritaré. 22. Un fuego se ha encendido en mi furor, y arderá hasta lo más profundo del infierno; y devorará la tierra con sus frutos, y quemará los cimientos de los montes. 23. Acumularé males sobre ellos, y gastaré mis flechas contra ellos. 24. Serán consumidos por el hambre, y las aves los devorarán con mordedura amarguísima: enviaré contra ellos los dientes de las bestias, con el furor de los que se arrastran sobre la tierra y de las serpientes. 25. Fuera los devastará la espada, y dentro el terror; al joven y a la doncella por igual, al lactante con el anciano. 26. Dije: ¿Dónde están? Haré cesar su memoria de entre los hombres. 27. Pero a causa de la ira de los enemigos lo diferí, no sea que sus enemigos se ensoberbecieran y dijeran: Nuestra mano es excelsa, y no el Señor hizo todas estas cosas. 28. Son una nación sin consejo y sin prudencia. 29. ¡Ojalá fueran sabios, y entendieran, y previesen su fin último! 30. ¿Cómo perseguiría uno solo a mil, y dos pondrían en fuga a diez mil? ¿Acaso no es porque su Dios los vendió, y el Señor los encerró? 31. Porque nuestro Dios no es como sus dioses, y nuestros mismos enemigos son jueces. 32. Su viña es de la viña de Sodoma, y de los arrabales de Gomorra; su uva es uva de hiel, y sus racimos amarguísimos. 33. Su vino es hiel de dragones, y veneno incurable de áspides. 34. ¿Acaso no están estas cosas guardadas junto a Mí, y selladas en mis tesoros? 35. Mía es la venganza, y yo retribuiré a su tiempo, para que su pie resbale: cerca está el día de su perdición, y los tiempos se apresuran a llegar. 36. El Señor juzgará a su pueblo, y tendrá misericordia de sus siervos: verá que su mano se ha debilitado, y que los encerrados también desfallecieron, y los restantes fueron consumidos. 37. Y dirá: ¿Dónde están sus dioses en quienes confiaban? 38. De cuyas víctimas comían la grasa, y bebían el vino de las libaciones: que se levanten y os ayuden, y os protejan en vuestra necesidad. 39. Ved que yo solo soy, y no hay otro Dios fuera de Mí: yo mataré y yo haré vivir; yo heriré y yo sanaré, y no hay quien pueda librar de mi mano. 40. Alzaré al cielo mi mano, y diré: Vivo yo para siempre. 41. Si afilare mi espada como el relámpago, y mi mano empuñare el juicio: rendiré venganza a mis enemigos, y retribuiré a los que me odian. 42. Embriagaré mis flechas con sangre, y mi espada devorará carnes, con la sangre de los muertos y de los cautivos, de la cabeza desnuda de los enemigos. 43. Alabad a su pueblo, naciones; porque vengará la sangre de sus siervos, y dará venganza sobre sus enemigos, y será propicio a la tierra de su pueblo. 44. Vino, pues, Moisés, y habló todas las palabras de este cántico en los oídos del pueblo, él y Josué hijo de Nun. 45. Y completó todas estas palabras, hablando a todo Israel, 46. y les dijo: Poned vuestros corazones en todas las palabras que os testifico hoy; para que las mandéis a vuestros hijos guardar y cumplir, y cumplir todas las cosas que están escritas en esta ley: 47. porque no os fueron mandadas en vano, sino para que cada uno viviese por ellas; y haciéndolas perseveréis largo tiempo en la tierra a la que, cruzando el Jordán, entráis para poseerla. 48. Y habló el Señor a Moisés en el mismo día, diciendo: 49. Sube a este monte Abarim, es decir, de los pasos, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab, frente a Jericó: y mira la tierra de Canaán que entregaré a los hijos de Israel para que la posean, y muere en el monte. 50. Al cual cuando hayas subido, serás reunido con tu pueblo, como murió Aarón tu hermano en el monte Hor y fue reunido con su pueblo: 51. porque prevaristeis contra Mí en medio de los hijos de Israel en las Aguas de la Contradicción en Cadés del desierto de Sin, y no me santificasteis entre los hijos de Israel. 52. Verás la tierra enfrente, y no entrarás en ella, la cual yo daré a los hijos de Israel.

Versículos 1-2: Escuchad, cielos

1. ESCUCHAD, CIELOS, LO QUE HABLO. En hebreo, «porque yo hablo», como si dijera: Vosotros, cielo y tierra, que vivís para Dios y siempre le obedecéis, sed testigos eternos de las cosas que estoy a punto de decir y predecir a los hebreos. Véase lo dicho en el capítulo 4, versículo 26.

Tropológicamente, por «cielos» se significa el orden de los prelados, por «tierra» el pueblo común de los súbditos, dice San Gregorio, libro 2 de los Morales, capítulo 26, como si dijera: Escuchad, prelados, escuchad, súbditos, la ley y las amenazas de vuestro Dios.

2. CREZCA COMO LA LLUVIA MI DOCTRINA. En hebreo, «destile como la lluvia mi doctrina», es decir, en los corazones de los hebreos; por eso la preposición «en» se usa por «como»: «como lluvia», es decir, a manera de lluvia. Pues así los hebreos frecuentemente usan la preposición beth (en) por kaph (como), como si dijera: ¡Ojalá mi doctrina no sea vana, estéril e inútil entre vosotros, sino que dé fruto y haga lo que la lluvia y el rocío hacen en los campos y hierbas cuando los fecundan! De donde los Setenta traducen: sea esperada como la lluvia mi doctrina; y el Caldeo: sea dulce como la lluvia mi doctrina, sea recibida como el rocío mi palabra.

Nótese aquí: Moisés dice lo mismo con muchas palabras sinónimas o casi sinónimas, tanto por énfasis como por el hebraísmo. Pues los hebreos acostumbran, especialmente en el canto, repetir en el segundo hemistiquio, con palabras diferentes, lo mismo o casi lo mismo que dijeron en el primero; esto es clarísimo en los Salmos, como: «Oh Dios, atiende en mi ayuda»; pues esto es lo mismo que lo que sigue: «Señor, date prisa en socorrerme»; asimismo: «A ti ha sido abandonado el pobre», es casi lo mismo que lo que sigue: «Tú serás auxiliador del huérfano»; asimismo: «Señor, escucha mi oración», es lo mismo que lo que sigue: «Y mi clamor llegue a ti»; y así en muchísimos otros. Así aquí: «Crezca como la lluvia mi doctrina» es casi lo mismo que lo que sigue: «Fluya como el rocío mi elocuencia, como aguacero sobre la hierba, y como gotas sobre las gramíneas».

Nótese en segundo lugar, que la palabra de Dios se compara acertadamente a las gotas y al rocío: porque como el rocío suaviza, humedece, enriquece y fecunda el alma. De ahí que el abad Pimenión respondió a uno que se quejaba de que, aunque estaba poseído por un gran deseo de la palabra de Dios, sin embargo no podía aferrarla: «La naturaleza del agua es muy blanda, pero la dureza de las piedras es inmensa; sin embargo, cuando cae gota a gota sobre un duro pedernal, finalmente lo perfora: así también la palabra de Dios es blanda y dulce, pero nuestros corazones son duros y menos capaces de recibirla. Pero el corazón de quien frecuente y diligentemente escucha la palabra de Dios finalmente se ablanda de modo que pueda percibir plenamente su dulzura y fruto».

Además, Horapolo, libro 1 de los Jeroglíficos, capítulo 35, dice: Los egipcios, cuando representaban la sabiduría, pintaban el cielo derramando rocío, porque así como el rocío ablanda y fecunda las hierbas pero no las piedras, así la sabiduría ablanda y llena a los dóciles, no a los estúpidos, duros e indóciles.


Versículo 3: Invocaré el nombre del Señor

3. Porque invocaré el nombre del Señor, como si dijera: Adoraré, alabaré y celebraré la majestad del Señor; de donde también vosotros, oh hebreos, dad magnificencia a nuestro Dios, proclamando su grandeza y alabanza. Pues así se entiende esta frase en Génesis 4, último versículo. De ahí, inversamente, que el nombre de Dios sea invocado sobre alguien significa que Dios es adorado por esa persona, y esa persona es y se llama siervo o pueblo de Dios, como dije en el capítulo 28, versículo 10.


Versículo 4: Las obras de Dios son perfectas

4. LAS OBRAS DE DIOS SON PERFECTAS, como si dijera: Dios ha de ser invocado y magnificado porque sus obras son perfectas en todo sentido, de manera que de ningún modo pueden ser censuradas, reprendidas o enmendadas; y específicamente esta obra, por la cual prometió a vuestros padres dar la tierra de Canaán, la ha cumplido ya tan fiel y magníficamente, y casi completado, que os ha conducido hasta la entrada de esa tierra, como si dijera: Las obras de Dios no son como las de los hombres — perecederas, defectuosas, incompletas y viciosas, en las que casi siempre falta algo; sino que son estables, completas y perfectas. Además, cuando un hombre comienza alguna obra, a menudo no la termina, sino que cambia su concepción y sus planes; asimismo cuando ha prometido algo, a menudo no lo cumple: pero Dios nunca revoca los planes que ha iniciado ni las promesas que ha hecho, sino que siempre los completa y cumple; tercero, Dios no creó tus obras, oh Israel, oh hombre, imperfectas y viciosas, así como no te creó pecador, sino que tú las formaste, tú te hiciste pecador por tu propia voluntad; pues como dice el Salmista: «Tus ojos vieron mi imperfección»; y Oseas: «Tu destrucción, oh Israel, viene de ti solo; solo en Mí está tu auxilio»: porque las obras de Dios son perfectas; cuarto, no hay nada que Dios no lleve a la perfección ya sea por sí mismo o por medio de otro, dice Molina.

Nótese: En lugar de «Dios», en hebreo se dice tsur, es decir, roca o peñasco; porque tal es Dios, tanto por su estabilidad, inmutabilidad y fidelidad en el cumplimiento de sus promesas, como porque fortifica y robustece firmísimamente a los que lo adoran y esperan en Él.

Y TODOS SUS CAMINOS (todas sus obras son) JUICIOS, es decir, son justos y equitativos: pues los hebreos frecuentemente usan lo abstracto por lo concreto, especialmente donde hay énfasis.

Nótense aquí siete epítetos y atributos de Dios: primero, que es magnífico; segundo, que es tsur, es decir, roca inmutable; tercero, que es perfecto en todas sus obras, para que aprendas de Dios aquel dicho del Sabio: «En todas tus obras», aun las pequeñas, «sé excelente»; cuarto, que es justo; quinto, que es fiel; sexto, que está sin iniquidad alguna, es decir, es santísimo; séptimo, que es recto, a quien ni el favor, ni el odio, ni los regalos, ni las lisonjas apartan de lo recto y equitativo. Imiten esto los santos, como hijos de Dios, para que sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto.


Versículo 5: Pecaron contra Él

5. PECARON CONTRA ÉL, Y NO SON SUS HIJOS EN SUS INMUNDICIAS. Nuestro traductor ha traducido con claridad el hebreo, que es complejo, y dice que los hebreos pecaron contra Él, y por tanto no son sus hijos, ya que se revuelcan en la inmundicia de sus pecados; sino que negaron completamente su adopción, y por tanto son una generación depravada y perversa. El hebreo literalmente dice: «Esta generación perversa y retorcida se corrompió a sí misma (es decir, sus caminos y acciones, los que) no son sus hijos en sus manchas».

Los Setenta, por metátesis, leyeron el hebreo de modo diferente; pues traducen: «no pecaron contra Él»; a lo cual también alude el Caldeo: «se destruyeron a sí mismos, y no a Él, hijos que sirvieron a los ídolos». Explicando esto, San Agustín en la Cuestión 55 dice: «No pecaron contra Él», porque quien peca no daña a Dios, sino a sí mismo; o «no contra Él», entiéndase: «sometiéndose como a un médico», porque rehusaron hacer penitencia por sus pecados, ni volver a Dios para ser sanados por Él.

GENERACIÓN DEPRAVADA Y PERVERSA. El Caldeo traduce de modo diferente: «los órdenes del mundo están pervertidos a causa de ella», como si dijera: Toda la armonía de este mundo se disuelve a causa de los pecados, como mostré en Génesis 6:7.


Versículo 6: ¿Es esto lo que devolvéis al Señor?

6. ¿ES ESTO LO QUE DEVOLVÉIS AL SEÑOR, PUEBLO NECIO E INSENSATO? «Necio» es quien actúa en contra de la razón, dice Abulense; «insensato» es quien falla en juzgar rectamente. De donde, propiamente, necio es quien tiene un juicio depravado y perverso, y a partir de él produce afectos malvados y acciones perversas. Pues dado que tres cosas, como dice Aristóteles al comienzo del libro 6 de la Ética, son los principios de los actos humanos, a saber, el intelecto, la voluntad y los sentidos; si los sentidos y los atractivos sensuales corrompen el intelecto, el intelecto corromperá la voluntad, que es la causa eficiente y próxima de todas las acciones humanas; y así esas acciones serán igualmente corrompidas.

¿ACASO NO ES ÉL TU PADRE, QUE TE POSEYÓ, Y TE HIZO, Y TE CREÓ? Pues «que te poseyó» puede traducirse del hebreo como «que te adquirió o compró», es decir, redimiéndote de los egipcios y reclamándote para sí, para que fueras herencia del Señor, siendo esto un clímax o gradación; pues Dios primero te redimió; segundo, te hizo, es decir, te formó en el Sinaí en su Iglesia, pueblo y república; tercero, te creó, en hebreo «estableció y confirmó», a ti y a tu reino. Así también los Setenta.

Abulense toma «creó» en su sentido propio; de donde infiere: «Moisés, dice, prueba aquí que Dios debe ser adorado por siete razones: la primera es en razón de la creación, que atestigua al Dios verdadero y el poder infinito, a quien sólo se debe verdaderísimamente la latría, y a ninguna otra cosa». Pero en ese caso, «creó» debería preceder a «poseyó». El sentido, por tanto, que di a partir del hebreo parece más genuino; especialmente puesto que Moisés da aquí un título particular a los judíos, por el cual ellos, elegidos por encima de las demás naciones, estaban obligados hacia Dios, como es claro por lo que sigue.


Versículos 7-9: Acuérdate de los días antiguos

7. ACUÉRDATE DE LOS DÍAS ANTIGUOS, los días de los tiempos pasados; en hebreo, «los días del siglo»: lo cual también puede entenderse como los días del mundo, como si dijera: Trae a la memoria los días desde que el mundo comenzó a existir, y encontrarás que Dios creó a todos los hombres, y a ti y a tus padres, y se comportó como padre hacia ellos y hacia ti, y te eligió de entre todas las naciones, y preparó para ti esta excelente herencia de Canaán.

8. CUANDO EL ALTÍSIMO DIVIDÍA LAS NACIONES, etc., ESTABLECIÓ LOS CONFINES DE LOS PUEBLOS SEGÚN EL NÚMERO DE LOS HIJOS DE ISRAEL. Procopio y Lirano lo explican así, como si dijera: Cuando Dios en Babel dividió y dispersó las naciones, estableció tantas naciones como personas había en el pueblo de Israel que entraron en Egipto con Jacob, a saber, setenta: pues los hebreos cuentan setenta lenguas en la división de lenguas y dispersión de naciones en la torre de Babel, tantas como las naciones divididas y dispersadas. Pero que no fueron setenta sino muchas menos, lo mostré en Génesis 10.

El sentido, por tanto, es: Cuando Dios dispersó a las naciones en Babel, estableció los confines de regiones y tierras para todas ellas, y esto con el fin de separar y reservar una extensión suficiente de tierra para los hijos de Israel, aún no nacidos sino por nacer, como habitación.

9. MAS LA PORCIÓN DEL SEÑOR ES SU PUEBLO: JACOB ES EL LOTE DE SU HERENCIA. Del hebreo puedes traducirlo más aptamente: «pues la porción», etc.; así el Caldeo, como si dijera: No es de extrañar que Dios amara tanto a los hijos de Israel que según su número estableció los confines de los pueblos, porque Jacob, es decir, los israelitas, son su pueblo y como su porción hereditaria, que aquí se llama «cordel», porque antiguamente solían medir la tierra con cordeles y dividirla entre los hermanos, como es evidente por Amós 7, último versículo: de donde «cordel» se toma por la herencia misma, como en el Salmo 15:3: «Los cordeles me cayeron en lugares excelentes»; lo cual explica a su manera habitual, añadiendo: «En verdad, mi herencia es excelente para mí». Pasajes similares son el Salmo 77:55; Sofonías 2:5, y otros.


Versículos 10-11: Lo encontró en una tierra desierta

10. LO ENCONTRÓ (Dios encontró) A ÉL (a su pueblo, es decir, a Israel) EN UNA TIERRA DESIERTA, como si dijera: El Señor apareció en columna de nube a Israel cuando erraba por el desierto, y allí comenzó a conducirlo a la tierra prometida. Dice que lo «encontró» en el desierto porque en Egipto Israel servía a los ídolos y estaba unido a los egipcios; pero en el desierto, a saber, en el Sinaí, fue atraído al pueblo y a la Iglesia de Dios.

LO GUARDÓ COMO LA PUPILA DE SU OJO. Mira cuán grande es la solicitud, el cuidado, la providencia y la custodia de Dios hacia los suyos: a saber, tan grande como el cuidado del hombre por la cosa más querida, más tierna y más preciosa, es decir, la pupila de su ojo.

De ahí aquel amor propio de los judíos, tal que el rabino David se atreve a decir que Dios no tiene cuidado ni providencia alguna de las demás naciones sino en cuanto de algún modo pertenecen a Israel; es decir, que Dios no castiga a las demás naciones sino en cuanto dañan o hacen injuria a Israel; ni les hace bien, sino en cuanto han ayudado a Israel en algún asunto. Pero esto es una locura tan necia como blasfema.

11. COMO EL ÁGUILA QUE PROVOCA A VOLAR A SUS POLLUELOS, etc., EXTENDIÓ SUS ALAS, como si dijera: Dios, como un águila, provocó a Israel como a su polluelo, mediante diversas señales en Egipto, a salir y volar de allí, y cuando Israel se preparaba para partir, lo tomó como sobre las alas extendidas de su providencia, lo protegió y lo elevó, tanto por sí mismo, como por medio del ángel que era guía del camino, y por medio de la columna de fuego y de nube.

Nótese: El águila es símbolo de Dios: primero, porque es la reina de las aves; segundo, porque es fecunda y longeva; tercero, porque es imagen del sol, pues lo contempla con ojos descubiertos e inmóviles; cuarto, porque mientras las demás aves ascienden por un camino oblicuo, sola el águila vuela directamente hacia arriba: de ahí que los poetas la llamen ave de Júpiter, como «el ave llevó el imperio de Júpiter al cielo»; quinto, aquí Dios se compara propia y acertadamente al águila por su singular amor hacia sus polluelos, sobre lo cual San Jerónimo escribe acerca de Isaías 65: «Entre todos los demás seres vivientes, el amor de las águilas por sus polluelos es ciertamente el mayor, pues colocan sus nidos en lugares elevados e inaccesibles, para que la serpiente no dañe a la cría. También escriben que entre sus polluelos se encuentra una piedra de amatista, con la cual se vencen todos los venenos. Si esto es cierto, con razón el afecto de Dios hacia sus criaturas ha sido comparado a las águilas, que con todo esfuerzo protege a sus hijos, para que el dragón y la antigua serpiente el diablo no se arrastre sobre la nueva cría, de modo que al nombre de la piedra que se pone en los cimientos de Sión, todas las insidias de los adversarios sean quebrantadas».

Bellamente, doctamente y piadosamente, San Ambrosio, en el libro 2 de Sobre Salomón, capítulo 2, compara a Cristo Salvador con el águila por otras cuatro analogías; primero: «Así como el águila, dice, como habitante es siempre madre de un solo nido, y nunca busca otro lugar de descanso para engendrar cría; segundo, cuando los polluelos brotan por primera vez de los huevos calientes en el momento maduro del nacimiento, saca a los polluelos implumes y los sostiene contra el rostro del sol ardiente, de modo que cualquier polluelo que baje su mirada débil y endeble ante el asalto centelleante de los rayos, condenado por el juicio materno y separado de la compañía de sus hermanos, es arrojado a tierra; tercero, así como esta ave es enemiga de las serpientes, a las cuales, elevándolas atándolas con el remo de sus alas, desgarra y despedaza con su pico ganchudo y sus patas armadas como con ciertas armas, y cuando las devora, extingue aquel veneno nocivo con su calor interno: así primero, Cristo el Señor ama a la única Iglesia, como el águila a su nido, a la que defiende del calor de la persecución con la sombra de sus alas; segundo, asimismo arroja fuera de la Iglesia a aquellos en quienes la luz de la fe es débil, que, contaminados con vicios mundanos, no pueden soportar la luz ardiente de los Evangelios; tercero, como el águila devora las serpientes y digiere su veneno con su calor interno, así también Cristo nuestro Señor, habiendo herido al dragón, es decir, habiendo desgarrado al diablo, mientras asumió para sí un cuerpo humano, extinguió aquel pecado que tenía al hombre sujeto, como un veneno mortal, según dice el Apóstol: "Y en cuanto al pecado, condenó al pecado en su carne"; y en otro lugar: "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado". Y más abajo añade un cuarto punto: "El águila no pisa el suelo, sino que elige un lugar elevado: así también Cristo, suspendido en la alta cruz, con estruendo tronante y vuelo terrible hizo un asalto desde los infiernos, y arrebatando a los santos regresó a las alturas de arriba"». Añade un quinto punto: así como el águila vuela altísimo, así Cristo ascendió por encima de todos los cielos; de donde aquel dicho de Proverbios 30: «Tres cosas son difíciles para mí, etc., el camino del águila en el cielo». San Ambrosio, en el lugar citado, entiende esto de Cristo ascendiendo al cielo. Y sexto, el águila es generosa y comparte la presa que ha capturado con otras aves: así también Cristo comparte la presa de la bienaventuranza eterna con los santos. Séptimo, el águila sobresale en agudeza de vista y discierne cosas lejanas a distancia: así Cristo nuestro Dios mira las cosas humildes en el cielo y en la tierra, Él que habita en las alturas.


Versículos 13-14: Lo estableció sobre tierra elevada

13. LO ESTABLECIÓ SOBRE TIERRA ELEVADA. En hebreo, «lo hizo cabalgar sobre las alturas de la tierra», porque la tierra prometida es alta y montañosa. Nótese: Proféticamente, aquí y en lo que sigue, se usa el tiempo pasado por el futuro; «lo estableció», es decir, pronto y ciertamente lo establecerá, y en su predestinación y presciencia ya lo ha establecido.

PARA QUE CHUPASE MIEL DE LA ROCA, como si dijera: En Canaán Israel tendrá tal abundancia de miel que incluso entre las rocas las abejas producirán miel espontáneamente.

Y ACEITE DE LA PIEDRA DURÍSIMA, de modo que incluso entre las rocas los olivos fructificasen maravillosamente y produjesen aceitunas abundantemente, las cuales o destilaban aceite libremente por sí mismas, o al ser prensadas lo soltaban y derramaban. Añade que los olivos aman el suelo rocoso, y por la maravillosa providencia de la naturaleza y de Dios, mejores y más abundantes crecen allí, como vemos que sucede en Tívoli; pues Tívoli, situado en un monte y peñasco, abunda en los más finos olivos y aceitunas: de donde el aceite tiburtino es célebre en toda Italia.

Alegóricamente, San Gregorio, Homilía 26 sobre los Evangelios, dice: La roca, es decir Cristo, dio miel, es decir, mostró la dulzura de los milagros a sus discípulos; también dio el santo óleo de la unción, cuando después de la Resurrección envió al Espíritu Santo sobre ellos.

Y Ambrosio, libro 2 de Sobre Salomón, capítulo 9, dice: Por la miel se significaba que Dios daría ciertamente la dulzura del Evangelio; por el aceite, que daría el Espíritu Santo mediante la unción del crisma.

Tropológicamente, algunos aplican estas palabras a la vida religiosa y a los religiosos: pues Dios los guardó sobre la tierra elevada, a saber, el estado de la vida religiosa, para recoger frutos celestiales, para alimentarse con la miel de la consolación divina, y para ser ungidos con el óleo celestial. Pues la vida religiosa es una tierra elevada que mana leche y miel; es «un monte pingüe, un monte cuajado, un monte en el cual agrada a Dios habitar», Salmo 67; es «un huerto cerrado», Cantar de los Cantares 4, en el cual los religiosos son plantados como árboles que dan frutos gratísimos a Dios; es «una fuente sellada», que apaga la sed del mundo; es «una torre de marfil», rodeada por todas partes por el coro de la castidad; es «la torre de David», de la cual penden mil escudos, toda la armadura de los fuertes, Cantar de los Cantares 4. Pues toda armadura contra los vicios se encuentra en la vida religiosa, como un arsenal

del mundo es la vida religiosa, del cual se sacan armas contra el demonio, la carne y el mundo. «Es un muro, sobre el cual están edificados baluartes de plata», Cantar de los Cantares 8, es decir, los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. «La puerta del cielo está enmarcada con tablas de cedro», de todas las virtudes. Finalmente, de ella puedes decir rectamente con Jacob: «¡Cuán terrible es este lugar! No es otro sino la casa de Dios y la puerta del cielo». Pues la vida religiosa es terrible para los demonios, «como un ejército ordenado en batalla»; en ella hay una escalera que conduce de la tierra al cielo; es un estado angélico.

14. CON LA GRASA DE LOS CORDEROS, Y DE LOS CARNEROS HIJOS DE BASÁN, es decir, de los carneros que se nutren en los mejores y más ricos pastos de la región de Basán. Pues los israelitas, habiendo matado al rey Og, ocuparon Basán, y aquella región era fertilísima y excelente para el pastoreo; de donde las vacas de Basán y los toros de Basán se llaman las vacas y los toros más gordos.

BEBIESE LA SANGRE DE LA UVA. Poéticamente llama al jugo exprimido de las uvas, a saber, el mosto y el vino, «sangre», porque es de color sanguíneo o rubí.


Versículo 15: El amado engordó

15. El amado engordó. Todos estos tiempos pasados significan proféticamente el futuro: pues Moisés preveía todas estas cosas futuras tan ciertamente como si ya hubieran sucedido. Así «engordó», es decir, engordará con riquezas, delicias y lujo en Canaán; «amado», en hebreo Jesurún, es decir, «el recto», como nuestro traductor lo traduce en el capítulo siguiente, versículo 5; llama a Israel «recto» porque adoraba al Dios verdadero con la más recta fe y religión. Nuestro traductor aquí lo traduce como «amado», porque Jesurún también significa «dirigido», a saber, por Dios, es decir, «amado». Y este epíteto conviene más a este pasaje. Pues así los hijos y discípulos que han sido amados y suntuosamente mantenidos y alimentados por sus padres y maestros acostumbran cocear contra ellos. Así el Apóstol prohíbe que las viudas jóvenes sean mantenidas por la Iglesia, porque, dice, «cuando se han entregado a la molicie contra Cristo (en griego, contra Cristo, es decir, en injuria de Cristo), quieren casarse», 1 Timoteo 5:11. En tercer lugar, Jesurún podría derivarse de shor, es decir, «toro», como si dijera: Jesurún, es decir, entre los rebaños de los pueblos fue como un toro, el líder del rebaño, es decir, fue para Dios como un primogénito y príncipe de las demás naciones: así Forerio sobre Isaías capítulo 44.

SE APARTÓ DEL DIOS SU SALVADOR, es decir, su Salvador. Así los Setenta; el Caldeo: se apartó del Dios su Redentor, que lo redimió de la esclavitud egipcia.


Versículos 16-17: Sacrificaron a los demonios

16. LO PROVOCARON (provocaron a Dios a ira e indignación) CON DIOSES AJENOS, adorándolos, a saber.

17. SACRIFICARON A LOS DEMONIOS. En hebreo, shedim, es decir, «destructores», que saquean y devastan las almas, los cuerpos y los bienes de todos sus adoradores: pues esto es lo que hacen los demonios, que son los mayores tiranos.

NUEVOS Y RECIENTES VINIERON, recientemente comenzaron a ser, a ser tenidos por tales, y a ser adorados como dioses.

Tales son también los dogmas o invenciones de los herejes, que el Apóstol en consecuencia llama novedades profanas de palabras, inventadas por innovadores, es decir, herejes. Por lo cual los presbíteros y diáconos cristianos de Alejandría respondieron al prefecto que los exhortaba al arrianismo: «Deja de atemorizarnos con esas palabras; refrénate de palabras vanas; pues no adoramos a un Dios novicio ni reciente: y aunque tú seas zarandeado como por olas y temerariamente arrojes espuma de tu boca, y te abalances sobre nosotros con violencia como un viento furioso, sin embargo nos adheriremos firmemente a la doctrina de la piedad hasta nuestro último aliento». Así Teodoreto, libro 4 de la Historia, capítulo 20.

Verdadera y atinadamente dijo nuestro Ogilbeo, mártir en Escocia este año: «La fe de los ministros de Escocia tiene solo ocho años; pues dos artículos primarios de fe, que hace ocho años incluso condenaron en libros publicados, ahora los creen y enseñan, a saber, que el rey es cabeza de la Iglesia, y que los obispos y obispados deben ser admitidos». San Hilario dijo aún más, a saber, que «la fe de los herejes tiene dos o tres meses», porque cambian los dogmas de su fe cada año, en verdad cada mes: «La práctica de innovar la fe se ha arraigado, dice San Hilario al emperador Constancio, y la fe se ha convertido en asunto de tiempos más que de Evangelios. Es sumamente peligroso y ciertamente deplorable para nosotros que ahora existan tantas fes como voluntades, y tantas doctrinas como costumbres». Nuestro Frusio dice con verdad: Siendo la fe una sola, que nuestros padres nos enseñaron: ¿Por qué ahora la fe única se ridiculiza con tantas cuerdas?


Versículo 18: Abandonaste al Dios que te engendró

18. ABANDONASTE AL DIOS QUE TE ENGENDRÓ, Y OLVIDASTE AL SEÑOR TU CREADOR. Es una expresión de asombro, como si dijera: ¿Cómo pudo suceder, oh Israel, que dieras al olvido a Dios, que sufrió dolores de parto y te engendró, y que, siendo poderosísimo, te sacó fuerte y poderoso y te formó? De donde el hebreo dice así: «La Roca que te engendró, la olvidaste; olvidaste al Fuerte que te dio a luz».


Versículos 20-21: Esconderé mi rostro

20. Y DIJO (Dios, airado por los pecados de los israelitas): ESCONDERÉ MI ROSTRO DE ELLOS (retiraré y quitaré mi favor, cuidado, protección y beneficios — pues el rostro es símbolo de estas cosas — de los ingratos; y así contemplaré ociosamente) Y CONSIDERARÉ SU FIN, a saber, qué les sucederá finalmente una vez que los haya abandonado, y qué fruto recogerán de sus ídolos y pecados.

21. ELLOS ME PROVOCARON CON LO QUE NO ERA DIOS, etc., Y YO LOS PROVOCARÉ CON LO QUE NO ES PUEBLO. Por «provocaron» y «provocaré», en hebreo se dice aqni'em, es decir, provoco a la envidia, a la emulación y a los celos, así como cuando una novia prefiere a un rival sobre otro, lo incita a los celos. Pues así los judíos, adhiriéndose a ídolos vanos y descuidando a su verdadero Dios, en cuanto estuvo en su poder, lo provocaron a emulación y celos; de donde Dios justamente los castiga con una emulación semejante, como si dijera: Yo a mi vez los provocaré a emulación y envidia, prefiriendo a otros pueblos sobre ellos. Pues haré que aquellos que no son pueblo de Dios, más aún, que son gentiles e idólatras, vivan felizmente, abunden en riquezas, imperio y gloria, y ciertamente subyuguen y dominen sobre mi pueblo, es decir, los hebreos, y los aflijan, saqueen y maten.

Abulense explica esto de otra manera: de modo que «en» se tome como «como», como si dijera: Así como ellos me irritaron con lo que no era dios, es decir, tratándome, o actuando contra mí, como si yo no fuera Dios y fuera semejante a los ídolos: así yo los irritaré con lo que no es pueblo, es decir, con uno como aquel que no es mi pueblo, sino un enemigo, «y con una nación necia los irritaré», es decir, los provocaré de tal modo a la ira o a la burla, como son provocados los hombres necios. Pues así los babilonios y los romanos se burlaron de los judíos. Pero el sentido anterior es más sencillo y más genuino.

Y CON UNA NACIÓN NECIA LOS IRRITARÉ, los moveré a ira y envidia, prefiriendo a ellos una nación necia, vil e ingloriosa, a saber, los asirios, babilonios, persas, etc., que podrán vencerlos, subyugarlos y atormentarlos. San Jerónimo, escribiendo a Fabiola sobre las 42 Estaciones, al final, refiere esto a la vocación de los gentiles, siendo rechazados los judíos: pues en este último cántico de Moisés, dice, la Sinagoga es abiertísimamente rechazada y la Iglesia es unida al Señor; más aún, el Apóstol enseña que estas palabras deben referirse sobre todo a esto, en Romanos 10:19: véase lo dicho allí. De donde también Teodoreto, en la Cuestión 41, explica así, como si dijera: «Así como vosotros, abandonando al Dios único, preferisteis muchos dioses falsos a Él, así yo, dejando a un solo pueblo, conferiré la salvación a todas las naciones: pero vosotros adorasteis a quienes verdaderamente no eran dioses, ni pudisteis hacerlos dioses adorándolos; pero yo verdaderamente llenaré a las naciones necias del Espíritu divino, y vosotros, viéndolo, os consumiréis de envidia».


Versículo 22: Un fuego encendido en mi furor

22. UN FUEGO SE HA ENCENDIDO EN MI FUROR, Y ARDERÁ HASTA LO MÁS PROFUNDO DEL INFIERNO (como si dijera: La venganza de mi ira e indignación contra ellos está preparada y arderá como fuego, tanto que llega hasta las profundidades más bajas del infierno: es una metáfora e hipérbole, que se explica por las palabras siguientes, es decir, así): PARA DEVORAR LA TIERRA CON SUS FRUTOS, Y QUEMARÁ LOS CIMIENTOS DE LOS MONTES, a saber, para consumir los lugares más bajos y profundos de la tierra y los montes y convertirlos en esterilidad; pues Dios frecuentemente amenazó con esta esterilidad y frecuentemente la infligió a los hebreos a causa de sus pecados.

Alegóricamente, Procopio, Ruperto, Rábano y Gregorio en el libro 18 de los Morales, capítulo 12, entienden por este fuego el fuego del infierno y de los condenados.

Nótese primero aquí que se dice que este fuego ya está encendido, tanto porque existe desde el principio del mundo, Mateo 25:41; Isaías 30:33; como porque ha sido preparado en la presencia y predestinación de Dios, para quemar a los pecadores y réprobos a su debido tiempo.

Segundo, se dice que este fuego fue encendido «en el furor del Señor»: porque su autor es el furor del Señor, es decir, su voluntad y firme propósito de castigar a los impíos de un modo horrible e inaudito, como suele sugerir el furor. Pues la ira y el furor en Dios no son pasiones como lo son en nosotros, sino una voluntad tranquila y racional, pero agudísima y eficacísima, y omnipotente para infligir castigos eternos: y así, puesto que su efecto iguala e incluso supera todo furor, con razón se llama furor.

Tercero, que este fuego «arderá hasta lo más profundo del infierno», como si dijera: Aquel fuego no solo prenderá y envolverá a los impíos aquí en la tierra (cuando el Señor juzgue al mundo), sino también en el infierno y en el abismo más profundo de la tierra arderá por toda la eternidad.

Cuarto, que este fuego «devorará la tierra», es decir, todo el suelo y la superficie de la tierra y cuanto crece de la tierra, a saber, todos los árboles, selvas, cosechas y hierbas; y reducirá a cenizas y pavesas todas las casas, fortalezas, palacios, ciudades, torres, y todas las riquezas que contienen, 2 Pedro último capítulo, versículos 10 y 12.

Quinto, que este fuego también «quemará los cimientos de los montes», hundidos hasta las profundidades más bajas, tanto porque consumirá los metales, gemas y todas las riquezas contenidas en las entrañas de la tierra; como porque con su fuerza disolverá todas las cosas compuestas y las reducirá a sus primeros y simples elementos; esto es lo que canta el Salmista en el Salmo 96: «Los montes se derritieron como cera ante la faz del Señor, ante la faz del Señor toda la tierra»; y Judit capítulo 16: «Los montes serán removidos de sus cimientos junto con la tierra; las rocas se derretirán como cera ante tu faz». Sabemos que con un calor inmenso las piedras se licúan y fluyen de los montes por las llanuras como un torrente de fuego; tal será este fuego: piensa en esto cuando peques. ¿Quién habitará con fuego devorador, con ardores eternos?

San Próspero describe así los castigos del infierno, breve pero vigorosamente, en el libro 3 de Sobre la vida contemplativa: «Gemido continuo, dice, tormento eterno, dolor supremo, sensación punitiva — atormentan a las almas pero no las exprimen; castigan a los cuerpos pero no los acaban; el fuego no extingue a los destinados a él, para que mientras permanezca la capacidad de sentir, permanezca el castigo, y tenga encadenados en cuerpos eternos para el sufrimiento más que para la vida a aquellos a quienes la inmortalidad de la segunda muerte mata en llamas vivientes». Aquel santo abad en las Vidas de los Padres, libro 7, capítulo 44, continuamente se ponía este fuego ante sí mismo, diciendo: «Me he condenado al infierno a causa de mis pecados, y digo: Está con aquellos de quienes eres digno; pronto serás contado entre ellos. Veo

lágrimas. Los contemplo rechinando los dientes, y saltando con todo el cuerpo, y temblando de la cabeza a los pies. Veo también un mar inconmensurable de fuego hirviente, con olas fluyendo alrededor y rugiendo, de modo que algunos piensan que las olas de fuego alcanzan los cielos, y en aquel mar terrible innumerables seres humanos arrojados, y todos gritando y aullando juntos con una sola voz, tales aullidos y gritos como nadie en la tierra ha oído jamás, y todos ardiendo como leña seca; mientras la misericordia de Dios se aparta de ellos. Y entonces me lamento del género humano, que se atreve a hablar o atender a cualquier cosa, con tan grandes males guardados para el mundo. Y en estos pensamientos mantengo mi mente, meditando el luto, juzgándome indigno del cielo y de la tierra».


Versículos 23-24: Flechas, hambre y bestias

23. Y gastaré mis flechas contra ellos. «Gastaré», es decir, las enviaré plenamente; «flechas», es decir, todos mis castigos y plagas.

24. Serán consumidos por el hambre. El Caldeo traduce: serán abrasados por el hambre.

LAS AVES LOS DEVORARÁN. Por «aves», en hebreo la palabra es resheph, que generalmente significa todo lo que, volando, quema, incendia e inflama; pues por metátesis alude a saraph, es decir, «quemar, abrasar»: aunque San Jerónimo traduce resheph como «que se arrastra sobre el vientre», como si por otra metátesis resheph aludiese a raphas, o ramas, es decir, «arrastrarse».

De ahí que tanto los Setenta como el Caldeo, Símmaco, Áquila, Teodocio y la Quinta edición traducen resheph como «ave» o «criatura alada», como atestigua San Jerónimo en Habacuc 3 y 4; y Jerónimo añade que los hebreos dicen que resheph es también el nombre de un demonio, que es llamado ave y volador a causa de su velocidad y movimiento rápido; de donde en Habacuc 3:4, nuestro traductor traduce resheph como «diablo».

De ahí, segundo, resheph significa fuego o relámpago, que como las aves se desplazan velocísimamente y queman, como en el Salmo 77:48.

Tercero, resheph significa flechas de fuego, que los soldados disparan poderosa y velocísimamente desde sus arcos para incendiar casas y ciudades, como es evidente por el Salmo 76, versículo 4.

ENVIARÉ CONTRA ELLOS LOS DIENTES DE LAS BESTIAS, como si dijera: Enviaré contra ellos bestias feroces, como lobos, leones, osos y tigres. Así la historia sagrada enseña que Dios envió leones contra los israelitas que adoraban ídolos, en 4 Reyes 17:25.

CON EL FUROR DE LOS QUE SE ARRASTRAN SOBRE LA TIERRA, Y DE LAS SERPIENTES. En hebreo: con el furor de las serpientes en el polvo, es decir, con serpientes venenosas y furibundas, que reptan y horrendamente, para horror de los que las contemplan, se arrastran por el suelo, para que se enfurezcan contra ellos, los muerdan y desgarren.


Versículos 28-29: ¡Ojalá fueran sabios!

28. SON UNA NACIÓN SIN CONSEJO. En hebreo se antepone la partícula ki, es decir «porque»; de donde Vatablo piensa que aquí se da la razón de lo precedente, a saber, por qué los enemigos de Israel se ensoberbecieron y dijeron: «Nuestra mano es excelsa, y no el Señor hizo todas estas cosas», porque ellos mismos son una nación sin consejo, entendimiento y prudencia. Pero ki frecuentemente es redundante en hebreo y simplemente introduce una frase. Por tanto nuestro traductor rectamente la omitió; de donde mejor referiremos estas palabras a los propios israelitas: pues contra ellos truena continuamente Moisés aquí.

29. ¡OJALÁ FUERAN SABIOS, Y ENTENDIERAN, Y PREVIESEN SU FIN ÚLTIMO! Vatablo y Abulense continúan refiriendo estas palabras a los enemigos de los judíos, como si dijera: Si estos enemigos hubieran sido sabios, habrían entendido que no por su propia fuerza sino por la mía, es decir, la de Dios, se cumplió que yo afligí y destruí a esta nación mía, es decir, a los judíos, no ellos mismos: habrían entendido además qué fin o resultado les espera; habrían entendido que las mismas cosas les sucederían a causa de sus propios pecados que le sucedieron a mi pueblo, dice Vatablo. Pues así los asirios, porque se jactaban de haber destruido a los israelitas, fueron por ello destruidos por los caldeos; a su vez los caldeos, porque se jactaban de haber destruido a Judá, fueron por ello destruidos por los persas y medos, dice Abulense.

Pero como dije poco antes, Moisés no se ocupa aquí de los enemigos de los judíos, sino de los judíos mismos: pues aunque estas cosas sucederían después, aquí los aguijonea y estimula con el temor de su fin último, para que vuelvan de los ídolos a Dios, de la transgresión a la penitencia y a la ley de Dios, como si dijera: ¡Ojalá los judíos, afligidos por sus enemigos y por tantas plagas enviadas sobre ellos por Mí, volvieran en sí, se arrepintieran, y entendieran lo que significa pecar contra Dios; y previesen lo que les sucederá en el último tiempo, y cuál será la recompensa de su pecado e impiedad, tanto en esta vida como en la vida futura, o más bien en la muerte y el infierno! Pues como dice el Sabio: «Acuérdate de tu fin último, y jamás pecarás». ¡Oh cuán sabios son quienes continuamente ponen estas cosas ante sus propios ojos y los de los demás!

Rectamente dijo el abad Alejandro a un hermano vencido por la pereza: «Si en tu celda consideraras cuidadosamente el reino de los cielos y el tormento eterno, en tu celda no sentirías pereza». Testigo es Sofronio, o más bien Juan Mosco en el Prado Espiritual, capítulo 142. Nuevamente en el capítulo 169, Alejandro se anima a sí mismo así: «¡Ay de ti, Alejandro! ¡Cuán grande será tu confusión cuando los demás sean coronados!»

Y en el capítulo 156, cierto anciano dijo a dos filósofos que le pedían una palabra de edificación: «Sois celosos de la elocuencia, no de la verdadera filosofía; pues ¿hasta cuándo estaréis aprendiendo a hablar, como si no supierais hablar? Que

sea, pues, la obra de vuestra filosofía meditar siempre en la muerte, y acostumbraos al silencio y a la quietud».

El abad Silvano, en las Vidas de los Padres, libro 5, bajo el título De la compunción, habiendo sido arrebatado en éxtasis y volviendo en sí, cayó de bruces y lloró; preguntado por qué, dijo: «Fui llevado al juicio, y vi a muchos de nuestro hábito yendo a los tormentos, y a muchos laicos yendo al reino». Y el anciano se dolía y ya no quería salir de su celda; pero si se veía obligado a salir, se cubría el rostro con su capucha, diciendo: «¿Qué necesidad hay de ver esta luz temporal, en la que no hay nada útil?»

En el mismo lugar, cierto monje que había vivido negligentemente, estando enfermo, fue llevado al juicio, y encontró a su madre, ya muerta, entre los que eran juzgados. Cuando ella lo vio, se asombró y le dijo: ¿Qué es esto, hijo mío? ¿Tú también has sido mandado venir a este lugar de condenación? ¿Dónde están aquellas palabras tuyas que solías decir: Quiero salvar mi alma? Él mismo, confundido, y volviendo en sí, se encerró en penitencia y llanto por su negligencia: y cuando muchos le pedían que moderase su llanto excesivo para no hacerse daño, rehusó ser consolado, diciendo: «Si no pude soportar el reproche de mi madre, ¿cómo podré soportar la vergüenza que Cristo y sus santos ángeles me infligirán en el día del juicio?»

En el mismo lugar, otro anciano dijo: «Si fuera posible que las almas de los hombres perecieran de miedo ante la venida de Dios después de la resurrección, el mundo entero moriría de terror y espanto. ¿Pues qué es ver los cielos rasgados, y a Dios revelado con ira e indignación, y ejércitos innumerables de ángeles, y todo el género humano reunido a la vez? Por esta razón debemos vivir aquí como quienes habrán de dar cuenta a Dios de cada uno de nuestros movimientos».

Otro anciano vio a alguien riendo y le dijo: «Vamos a rendir cuenta de toda nuestra vida ante el Señor del cielo y de la tierra, ¿y tú ríes?»

Piadosamente, San Bernardo dice en el Sermón sobre los Apóstoles Pedro y Pablo: «¡Ojalá fueran sabios!, etc., dice, para que la imagen de la eternidad sea reformada en nosotros; a saber, que gobernemos las cosas presentes mediante la sabiduría, juzguemos las pasadas mediante el entendimiento, y proveamos para las últimas con cautela!»

El mismo, Epístola 202: «¡Ojalá, dice, fueras sabio en las cosas de Dios, entendieras las cosas del mundo, y previeras las cosas del infierno! Seguramente temblarías ante las de abajo, desearías las de arriba, y despreciarías las del mundo». Así fue sabio el abad Olimpio en el Prado Espiritual, capítulo 141: pues cuando se le preguntó: ¿Cómo te sientas en esta cueva? ¿Cómo soportas el calor y los mosquitos?, dijo: «Soporto estas cosas para ser librado de los tormentos futuros; padezco los mosquitos para escapar del gusano inmortal; así también soporto el calor, temiendo el fuego eterno: pues estas cosas son temporales, pero aquéllas no tienen fin». Así también fue sabio el abad Moisés, en las Vidas de los Padres, libro 7, capítulo 26, diciendo: «Para que

sea hermoso». Y otro en el capítulo 44, cuyo ejercicio diario era este: «Yo, dice, contemplo a los ángeles ascendiendo y descendiendo para llamar a las almas, y siempre espero mi fin, diciendo: Preparado está mi corazón, oh Dios, preparado está mi corazón». Y otro en el mismo lugar: «Yo, dice, desde que renuncié al mundo, me he dicho a mí mismo cada día: Hoy has nacido de nuevo, hoy comenzaste a servir a Dios; sé así cada día un peregrino, y uno que será liberado mañana». He citado más en Levítico 16, hacia el final del capítulo.


Versículos 30-31: ¿Cómo perseguiría uno solo a mil?

30. ¿Cómo perseguiría uno solo (así debe leerse con los textos romanos, no «perseguía») a mil, y dos pondrían en fuga a diez mil?, como si dijera: De esto mismo que diré, debieron haber sido advertidos de su impiedad, e incitados a hacerse sabios, y a aprender y observar los juicios de Dios: ¿pues cómo podría suceder que uno de los enemigos persiga a mil israelitas, y dos pongan en fuga a diez mil de ellos, sino porque Dios los entregó y, por así decir, los vendió a sus enemigos, y los encerró en sus manos?

31. PORQUE NUESTRO DIOS NO ES COMO SUS DIOSES, que permiten muchos pecados de sus adoradores, y que son impotentes para vengarse a sí mismos o a los suyos, para hacer bien o mal a nadie, de lo cual incluso nuestros enemigos son testigos, quienes han experimentado el poder, la severidad y la justicia de nuestro Dios en comparación con sus ídolos, tales como los egipcios, los amalecitas, los amorreos, y las demás naciones por las cuales pasamos, y que en adelante experimentarán las mismas cosas.


Versículos 32-33: La viña de Sodoma

32 y 33. SU VIÑA ES DE LA VIÑA DE SODOMA (como si dijera: Con razón entregó, es decir, que entregue, Dios a los judíos a sus enemigos, porque este pueblo, que fue para Mí como una viña escogida, degenerando, se ha hecho como las viñas de Sodoma y los arrabales y campos de Gomorra, como si dijera: Se ha hecho el peor, imitando a los sodomitas y al pueblo de Gomorra, como si hubiera nacido de ellos, no de los santos patriarcas. De donde también) SU UVA

ES UVA DE HIEL (como si dijera: Las uvas de tal viña, es decir, los frutos y obras de los judíos están llenos de hiel, son amarguísimos y pésimos. De ahí también) SU VINO ES HIEL DE DRAGONES, Y VENENO INCURABLE DE ÁSPIDES, como si dijera: «Su vino», es decir, la doctrina expresada y que mana de tales impíos, que ofrecen a otros para derramar sobre ellos sus crímenes, es venenosa y letal, como la hiel de los dragones, y un veneno cruel e incurable que mata y destruye a todos los que lo beben.

Así Isaías, capítulo 1, versículo 10, llama a los líderes de los judíos «príncipes de Sodoma» y al pueblo «pueblo de Gomorra». Así Ezequiel 16:3, dirigiéndose a los judíos impíos, dice: «Tu padre fue amorreo y tu madre hitita». Por el contrario, los gentiles que imitan la fe y las obras de Abrahán son llamados hijos de Abrahán. Así Procopio.

Acertadamente aquel hombre honorable, cuando alguien le reprochó su familia innoble, respondió: «Mi linaje es un oprobio para mí, pero tú eres un oprobio para tu linaje», según refiere el bienaventurado Gregorio Nacianceno en su discurso Contra un noble de mal carácter.

Abulense aplica esto de manera algo diferente: «El pecado, dice, se consuma en tres etapas: primero, en el corazón; segundo, en la boca; tercero, en la acción; por eso se ponen aquí tres cosas, a saber, la viña, respecto a lo primero; la uva, respecto a lo segundo; el vino, respecto a lo tercero: y hay un orden entre ellos, porque de la viña viene la uva, y de la uva el vino; así del pecado del corazón procede el pecado de la boca, y de ahí el pecado de la acción».

Moralmente, San Gregorio, en el libro 4 sobre 1 Reyes, capítulo 4, dice: «Bajo el nombre de viñas se representan rectamente las concupiscencias de la mente, porque embriagan los corazones de los réprobos y los enajenan del conocimiento de la verdad. El que llena su mente con las más abominables concupiscencias saca su viña de la viña de Sodoma y su sarmiento de Gomorra; pues el que, por así decirlo, hace una viña, por ello olvida las cosas eternas mientras se embriaga con sus concupiscencias: y el que se refresca como bajo la sombra de la viña y la amenidad del deleite perverso, se prepara a sí mismo la retribución del fuego eterno; de donde los frutos de esta viña son uvas de hiel y racimos de amargura; la uva está en la apariencia, la hiel en el gusto; deleita la vista pero amarga el paladar: porque en verdad la mente réproba se complace grandemente en lo que desea, pero en el castigo eterno, lo que ahora le es dulce se volverá amargo».

Finalmente, San Ambrosio, en el libro Sobre Elías y el ayuno, capítulo 14, entiende el vino y la embriaguez aquí literalmente y observa que se les llama veneno no tanto del cuerpo como de la mente.


Versículos 34-35: Mía es la venganza

34. ¿ACASO NO ESTÁN ESTAS COSAS GUARDADAS JUNTO A MÍ?, como si dijera: No penséis que con el paso del tiempo olvido estas cosas: pues la memoria de estas culpas, que se significan bajo el nombre de viña, uvas y vino, permanece junto a Mí escondida y profundamente guardada en mi mente.

34 y 35. Y SELLADAS EN MIS TESOROS (como si dijera: Así como las cosas que están en tesoros, es decir, cuidadosamente cerradas para que nadie pueda robarlas: así todas las cosas que los judíos hacen y harán se conservan en el secreto de mi conocimiento, sabiduría y memoria, como selladas, aseguradas y cerradas con llave, para que a su debido tiempo yo las castigue y vengue. Pues) MÍA ES LA VENGANZA, como si dijera: A Mí me compete, a Mí pertenece la venganza, Mío es el vengar, y no lo demoraré: porque el día de vuestra destrucción está cerca y los tiempos de la venganza se apresuran.

De este pasaje el abad Sisoes, en las Vidas de los Padres, libro 5, capítulo 16, sobre la Paciencia, persuadió a cierto monje que había sido ofendido y quería vengarse, a dejar la venganza a Dios; y cuando el monje rehusó, dijo: «Oremos, hermano». Y levantándose dice: «Oh Dios, ya no te necesitamos para que pienses en nosotros, puesto que nosotros mismos estamos tomando nuestra propia venganza». Oyendo esto, el hermano cayó a sus pies, diciendo: «Ya no peleo con aquel hermano; pero te ruego, perdóname». Es nuestro, pues, desear para nuestros enemigos no la venganza de Dios, sino su bendición: pues la venganza pertenece a Dios, Salmo 93: «El Señor es el Dios de la venganza; el Dios de la venganza obró libremente. Álzate, Tú que juzgas la tierra; da la retribución a los soberbios».

Memorable es lo que Valerio Máximo escribe sobre M. Bíbulo, varón distinguidísimo, en el libro 4, capítulo 1: «Él, dice, estando en Siria, supo que sus dos hijos de excelente carácter habían sido muertos por soldados gabinianos en Egipto. La reina Cleopatra le envió a sus asesinos atados, para que ejecutase la venganza de este gravísimo desastre a su arbitrio. Pero él, presentado con un favor mayor del cual ninguno podía ser otorgado a un doliente, obligó a su dolor a ceder ante la moderación, y ordenó que los verdugos de su propia sangre fueran devueltos intactos inmediatamente a Cleopatra, diciendo que el poder de esta venganza no debía ser suyo sino del senado». ¿Un príncipe pagano resignará la venganza de una injuria privada, y la más grave, al senado, y un cristiano no resignará la misma a su Dios?

PARA QUE SU PIE RESBALE, de modo que caigan en todos los males y plagas, especialmente ante sus enemigos.


Versículo 36: El Señor juzgará a su pueblo

36. EL SEÑOR JUZGARÁ A SU PUEBLO, como si dijera: El Señor vengará y castigará justamente los pecados de su pueblo.

Y TENDRÁ MISERICORDIA DE SUS SIERVOS. Cuando los haya castigado y ellos, mediante este castigo, hayan vuelto al Señor, entonces el Señor se moverá nuevamente por la misericordia hacia ellos como hacia sus siervos.

PUES VERÁ QUE SU MANO SE HA DEBILITADO (es decir, su fuerza y su poder, de modo que) incluso los que estaban encerrados (en torres) desfallecieron (y aquellos pocos que quedaban). LOS RESTANTES son (casi enteramente) consumidos. En hebreo: ki azelal yad, es decir, «que la mano se ha ido», es decir, que están sin mano, que nada pueden, que

están disueltos en fuerzas y desfallecientes, como si les hubieran cortado las manos. De donde los Setenta traducen: «debilitados y agotados». Viendo, pues, esta extrema miseria suya, tendrá misericordia. «Pues aquí se describe la tribulación de los judíos, dice Abulense, a la manera de una ciudad sitiada por enemigos, en la cual primero los defensores de las murallas se cansan y mueren; luego, tomada la ciudad, los que se encerraron en campamentos fuertes y torres inexpugnables son muertos por el hambre y la sed», y finalmente el vulgo indefenso que queda es capturado y consumido.


Versículos 37-39: ¿Dónde están sus dioses?

37. Y DIRÁ (Dios, por medio de los profetas que enviará a los judíos, para que vuelvan en sí y retornen a Dios): ¿DÓNDE ESTÁN SUS DIOSES? ¿Dónde están vuestros ídolos en quienes confiasteis?

38. DE CUYAS VÍCTIMAS COMÍAN LA GRASA; (dice esto con burla: pues en el verdadero y ordenado culto de Dios, toda la grasa de las víctimas no debía ser comida por nadie, sino quemada solo para Dios, como es claro por Levítico 3:17; así) Y BEBÍAN EL VINO DE LAS LIBACIONES (es decir, el que debía ser derramado y ofrecido solo a Dios, ellos sacrílega mente, a la manera de los gentiles, lo bebían).

QUE SE LEVANTEN Y OS AYUDEN. Es una enálage de persona: pues pasa de la tercera persona a la segunda.

39. YO MATARÉ Y YO HARÉ VIVIR; YO HERIRÉ Y YO SANARÉ. Armacano, en sus Cuestiones Armenias, asevera que supo por un cierto hebreo docto que las palabras hebreas debían puntuarse pasivamente así: ani amat vaechia muchatsti vaani eraphe, es decir, «yo seré muerto y viviré, seré traspasado y seré sanado»; y que así está escrito en un códice escrito por la mano de Esdras, que se conserva en Bolonia con los Padres Dominicos: como si esto fuera una profecía sobre Cristo, y se dijera de Él que sería muerto por los judíos y pronto resucitaría de la muerte por su propio poder, como Señor de la vida y de la muerte. Pero la credibilidad de esto quede con él. Pues nuestro traductor, el Caldeo y los Setenta lo leen de otra manera.


Versículos 40-42: Alzaré mi mano al cielo

40 y 41. ALZARÉ AL CIELO MI MANO (es decir, juraré; pues la costumbre de los que juran es alzar las manos a lo alto como invocando por testigo a Dios que habita en las alturas, como si dijera: Yo, Dios, como con mano alzada juraré por Mí mismo y por mi vida, diciendo): VIVO YO PARA SIEMPRE (como los hombres juran y dicen: Vive el Señor), SI AFILARE MI ESPADA COMO EL RELÁMPAGO, Y MI MANO EMPUÑARE EL JUICIO (como si dijera: Cuando haya preparado la espada de mi venganza, para que como un relámpago brille, aterrorice y penetre velocísimamente, y mi poder vengador se haya vuelto a ejecutar el juicio): RENDIRÉ VENGANZA A MIS ENEMIGOS. Considera cuán terrible es y será el juicio de Dios, especial-

mente el último, cuando los condenados serán adjudicados al infierno. Escucha a San Anselmo en su libro Sobre la miseria del hombre: «De un lado estarán los pecados acusadores, del otro la justicia aterradora; abajo el horrendo abismo abierto del infierno, arriba el juez airado; dentro la conciencia ardiente, fuera el mundo en llamas. El justo apenas se salvará: el pecador así atrapado, ¿hacia qué lado se apretará?»

42. EMBRIAGARÉ MIS FLECHAS CON SANGRE (como si dijera: Empaparé completamente mis flechas en sangre, a saber) LA SANGRE DE LOS MUERTOS (como sigue) Y DE LA CAUTIVIDAD DE LA CABEZA DESNUDA DE LOS ENEMIGOS, es decir, con la sangre de los enemigos cautivos que, despojados de cabeza, o con las cabezas descubiertas, son obligados como vencidos y cautivos a marchar delante de sus enemigos victoriosos.


Versículo 43: Alabad a su pueblo, naciones

43. ALABAD A SU PUEBLO, NACIONES. «Su», a saber, de Dios, como si dijera: Oh naciones, en cuanto entendéis estas cosas, alabad al pueblo del Señor, porque tiene un Señor tan misericordioso y justo; pues aunque los entregó por un tiempo a enemigos impíos para castigo, sin embargo finalmente vengará y dará la retribución sobre sus enemigos, y tendrá misericordia de su pueblo que ha vuelto a Él.

Los Setenta parafrasean así: Alegraos, cielos, juntamente con Él, y adórenlo todos los ángeles de Dios. Alegraos, naciones, con su pueblo, y fortalézcanse en Él todos los hijos de Dios: porque vengará la sangre de sus hijos, etc. Teodoreto explica bellamente esto como refiriéndose a la vocación de los gentiles en la Cuestión 42; en verdad el Apóstol, en Romanos 11:15: porque así como literalmente estas palabras prometen la liberación del pueblo de Dios de la violencia de sus enemigos, así místicamente prometen la liberación futura por medio de Cristo, que ha sido cumplida tanto para los gentiles como para los judíos.


Versículos 44-46: Moisés habló al pueblo

44. VINO, PUES, MOISÉS, Y HABLÓ, etc., EN LOS OÍDOS DEL PUEBLO; habló al pueblo que escuchaba y prestaba oídos. Esto es una recapitulación; pues aquí la Escritura recapitula que Moisés oyó y aprendió este cántico del Señor en el tabernáculo, en el capítulo precedente, versículos 13 y 19, y luego lo promulgó al pueblo.

San Crisóstomo pregunta, sobre Isaías 1, por qué Moisés llama y canta esto como un cántico, cuando es más bien una aguda reprensión del pueblo; y responde sabiamente

que lo hace para que mediante el canto suavice la aspereza de la reprensión. Por la práctica, dice, de la sabiduría espiritual, mediante la modulación de un cántico le sustrajo su efecto deprimente. Ciertamente fue el arte de un buen pastor de almas, como endulzar para las ovejas con una flauta el amargo pasto, que sin embargo sabía que sería provechoso para su salud.

46. PONED VUESTROS CORAZONES EN TODAS LAS PALABRAS (aplicad vuestra mente y atended a todas mis palabras) QUE OS TESTIFICO (es decir, solemnemente declaro) HOY, en este día en que moriré, habiendo traído testigos, a saber, invocando al cielo y a la tierra.


Versículos 48-52: Sube al monte Abarim

48, 49 y 50. Y HABLÓ EL SEÑOR A MOISÉS EN EL MISMO DÍA, DICIENDO: SUBE A ESTE MONTE ABARIM, etc., AL CUAL CUANDO HAYAS SUBIDO, SERÁS REUNIDO CON TU PUEBLO. De aquí se colige suficientemente que Moisés, en el mismo día que cantó este cántico, ascendió al monte, y desde él contempló la tierra santa, y poco después partió de esta vida.

49. ABARIM, ES DECIR, DE LOS PASOS. La palabra «de los pasos» no está en el hebreo, sino que fue añadida por el traductor a modo de explicación; pues Abarim en hebreo significa «pasos» en plural: quizás porque por él se cruzaba de Moab a Canaán por varias rutas. De donde el traductor caldeo traduce Monte Abarim como «el monte de los que cruzan». Además, por este monte cruzó Moisés, no a Canaán, sino de esta vida al Limbo, y de allí al cielo. Subamos también nosotros con Moisés frecuentemente al Monte Abarim, y contemplemos nuestro paso de esta vida a la otra: qué casa nos espera allí, qué lugar, qué ciudadanos, qué siglo, qué eternidad, y aprendamos a morir y a pasar. Así ascendió San Basilio, pero más directamente que Moisés, de quien escucha a San Gregorio Nacianceno en sus alabanzas: «Cuando, completado su curso y guardada su fe, era poseído por el deseo de la disolución y anhelaba el tiempo de las coronas, y ciertamente no había oído: "Sube al monte y muere", sino más bien: "Muere y asciende a nosotros"; aquí también produjo un milagro en nada inferior a los anteriores. Pues cuando estaba casi muerto y sin vida, y había completado en su mayor parte su vida, en torno a sus últimas palabras cobró fuerza, para que partiera con palabras de piedad».

AL MONTE NEBO. Nebo era una cima o cumbre del Monte Abarim.

52. DESDE ENFRENTE, es decir, desde el lado opuesto.